Elvis siempre me hace llorar



Me he pasado la tarde escuchando canciones de Elvis. He estado rebuscando los títulos que tiene en Spotify y no se acababan, no sabía que el Rey había grabado tantas y tantas canciones.

Y me he quedado en bucle con mi vida y con mis pensamientos. Y ahí sigo.

Post en directo escrito con capucha de camisa de cuadros rojos, negros y blancos (para no olvidarme de escribir)



Me pregunto si habrás encontrado la electricidad. Yo me levanto a veces convencida de que la he hallado pero otros días me veo disparando al azar a los retrovisores de las vespas. No sé si pensarás en mí en las tormentas, si ya te habrás acostumbrado a no verme, a no escuchar mi voz al teléfono. Si tus pasos sonarán afinados por las mañanas cuando vas a trabajar. 

Me pregunto, como el tipo de la canción, si cabe la posibilidad de que te pueda olvidar en algún momento, de que te vuelva a encontrar en algún incendio.

Donde explico por qué Martin Scorsese y George Harrison son unos malditos genios


 

Me estoy empapando de películas de Scorsese, ahora sería largo y aburrido explicar el motivo de mi intensa investigación. Por cierto, recomiendo Vinyl, que yo no soy de series pero creo que hay unas cuantas que es obligatorio ver (mi criterio es que no tengan más de tres temporadas y que sean actuales, nada de repasar antiguallas).

Así ha sido cómo me he topado con el documental que hizo Scorsese sobre George Harrison -el beatle más joven y místico- Living in the material world. Qué grande es este tipo, ¿que necesita que el documental dure 208 minutos?, pues venga, lo hace porque le da la gana y porque es Scorsese y sus pelis son larguísimas. Lo adoro.

Cada noche veo un ratito de documental y luego, durante el día, en mis trayectos de autobús, escucho los discos del beatle. Hoy ha sonado My sweet Lord y realmente tuvo que estar muy pirado para decidirse a sacar una especie de himno religioso que se canta como un mantra. En el documental lo explica muy bien. Y pese a todo eso, la canción se colocó en el número uno. Es un gran tema y hoy me ha emocionado mientras lo escuchaba, aunque yo no sea nada mística.

A eso me dedico en los días previos al cambio de estación.

Tal para cual



Me he pasado media tarde pasando trastos de una habitación a otra porque en un ataque novelescodespilfarrador he comprado unos cuantos libros (entre ellos el tan deseado de Gloria Fuertes, que estaba loca por él) y me he visto obligada a reordenar algunas estanterías.

He echado en falta un libro autobiográfico que me encantó: Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett, el cantante de EELS. Lo recuerdo muy crudo, muy sincero, muy auténtico. Pero lo he debido de perder o tal vez se lo dejé a alguien que no me lo devolvió. Quién sabe. Fin del inventario.

He recordado mi domingo. Nos despertamos al mismo tiempo, nos quedamos en la cama como dos cachorros y nos levantamos, hambrientas perdidas, para desayunar. Pasamos la mañana mirando pisos de alquiler en Barcelona con un presupuesto de entre 2000 y 6000 euros. Queríamos saber qué tipo de viviendas tiene alquiladas la gente de bien. Por extraño que parezca, no nos gustó ninguna, o nos parecían catetas en general, o mal conservadas. En medio de la investigación descubrimos una historia que nos fascinó, la del edificio Walden-7

Montamos un aperitivo con unas Mahou -herencia de Madrid, que ya no queremos volver a beber ninguna otra marca- y nos pasamos un buen rato jugando al futbolín. Entonces, ella me miró y dijo: ¿te has fijado? En el piso de arriba se oye a un bebé llorar mientras que aquí sólo resuenan los golpes de la pelota del futbolín. 

Qué contrastes tienen algunas vidas, pensé. Somos dos adolescentes que nos hemos encontrado en el momento y en el espacio justos.

De cuando suena Nico por las tardes y acompaña mi superficialidad



Hay días en los que no apetece hacer absolutamente nada. Se me han pasado las horas desvariando en mis asuntos, planificando viajes imaginarios y tramando estrategias amatorias varias.

Mi sobrina me ha enviado una foto mía de hace unos seis años. Llevo jodida desde que la he visto. En esa foto estoy muy buena de cuerpo, sé que puedo parecer una engreída por afirmar algo así pero es que es la verdad. No tenía barriga, mis brazos estaban estupendos y mis piernas parecían las de una atleta. Sufría algo de tanorexia, ahora lo sé, pero eso es lo de menos. Madre mía, qué cuerpo me dejó el Taekwondo. Llevo pensando en ello desde que vi mi imagen de antes. Una superficial, lo sé, eso es lo que soy y lo que siempre he sido, para qué ocultarlo bajo otras capas más correctas.

Como no puedo volver al Taekwondo, he pensado un plan para tratar de recuperar la forma. Una hora de bicicleta al día, caminar muchísimo y pasar una media de dos horas en el gimnasio cada día. Creo que necesito verme parecida a aquella época, ya no tanto por el culto al cuerpo sino por la salud y esas cosas. Me estoy cubriendo de gloria, lo sé.

Por otra parte, la señora Blenk parece que está mejor. Hace meses que me lleva de cabeza con sus desvaríos varios. Está sufriendo. Mucho. Sabe que se va a morir, como nos moriremos todos, pero ella sabe que ha iniciado una cuenta atrás y que lo mismo son diez años, que cinco, que ocho. Todo eso la debe de atormentar. A mí me atormenta y a veces me gustaría comportarme como cuando era adolescente y todo se esfumaba con una borrachera barata. Ahora no se puede. Todo acaba flotando y saliendo a la superficie. No se puede escapar, hay que dar la cara junto a ella, defenderla y tratar de que no piense demasiado en la muerte. Intento ponerme en su lugar. A mí me queda la mitad de la vida aún, bueno, eso siendo positiva, claro está. Y a veces ya me da vueltas la cabeza pensando en ello así que me imagino sus noches y sus pensamientos torturados, entre otras cosas.

Joder, he empezado superficial y he acabado metafísica perdida.

A partir de mañana sólo voy a ponerme a Nico. En bucle.






De cómo una frase bien elegida puede cambiarte la vida y traerte a la chica más especial del planeta a tu cama



Me ha caído esta mañana esta canción de la hermana de Rufus y me la he apuntado para no perderla. No sé de qué habla, ni siquiera la he buscado porque creo que es tan bella que podría tratar de la genética de los pingüinos en el siglo XIX y me parecería igual de increíble.

Mañana me voy de viaje a la ciudad que más amo. Quiero llevar allí a Suzanne porque nunca ha estado y eso me parece una oportunidad buenísima para hacerle de cicerone y perdernos por los sitios que más me gustan. Ya sé dónde desayunaremos, dónde comeremos y qué calles vamos a pisar.

Tengo suerte de poder vivir todo esto. No me voy a hacer la petulante y a fingir que no es nada, que no tiene valor porque en el fondo sé que ha sido una gran carambola, lo que pasa es que me avergüenza mencionarlo. Me siento a veces como si me hubiera tocado la lotería y no quisiera que el vecindario lo supiera, por sentirme tan afortunada. Por eso apenas hablo de ella. Por eso digo que estoy bien, sin pararme en los detalles.

Pero, sinceramente, me siento como si habitara el mejor de los poemas de Kavafis. Esos que tanto me agradan.

"Deja de buscarme, no estoy en la lista, mira mi pulsera: ¡yo soy la artista!"



Cada día se asesinan mujeres, cada día se insulta a mujeres, cada día se viola a mujeres, cada día se maltratan mujeres. Aquí, allí y en cualquier rincón de este planeta. Pienso en ello y me da muchísima pena, además de rabia e impotencia. No le veo fin, no veo luz, no vislumbro esperanza. Cada vez existe más machismo, más delincuencia sexual, más violencia dirigida a los que están solos o son débiles. 

Las mujeres y los niños estamos bien jodidos en este mundo, por un motivo o por otro.

De grupos desconocidos y tardes con el móvil desconectado



A veces me pregunto si volveré a convivir con alguien. Llevo cuatro años viviendo sola y me cuesta imaginarme compartiendo habitaciones, armarios, comida y películas con alguien. No es que me haya vuelto una antisocial sino que me he habituado a hacer lo que me da la gana y respondo sólo a mis mandatos. No sé si es algo bueno o malo. Las costumbres, cuando arraigan, tal vez pueden ser algo peligrosas.

He descubierto un grupo que me encanta, The Limiñanas, que me suenan a alimaña. Me recuerdan a la Velvet, a Serge Gainsbourg y a esos grupillos poperos franceses de los sesenta. Suenan a viejo pero a moderno, no sé si me explico. Me gusta que sean dos y que la chica toque la batería y que no tenga platillos.

Esta tarde me los he puesto en bucle y me he imaginado que tenía una novia rubia y que formábamos un grupo las dos, en plan Raveonettes, o The Limiñanas. Yo me las apañaba con el bajo, que debe de ser fácil de trapichear si no sabes nada de acordes, y con las percusiones. Haríamos versiones y tocaríamos gratis en bares pequeños durante las vacaciones de verano.

Pero nunca he tenido una novia rubia.



"I guess I'll see you in the movies"



Fui a un cine pequeñito. Éramos exactamente doce personas. Me senté sola en la oscuridad durante dos horas largas. Me gustaron los zapatos de él, soñé un poco con ponerme sus trajes, tocar su piano y conducir su coche. 

Debo confesar que la película me gustó más de lo que me esperaba, sobre todo el impactante final, tan real como la vida misma (no sigas leyendo si no deseas que te arruine el argumento o si aún no la has visto). No quise leer críticas ni ver los tráilers, últimamente sólo veo las películas así, sin contaminarme de lo que otros puedan contarme. Aunque saber que era del mismo director que mi admirada Whiplash me dio bastante confianza.

La dicotomía entre luchar por un sueño personal o quedarte con el que se supone que es un amor verdadero, eso es lo que yo extraje del filme. No voy a opinar acerca de la protagonista, de que si se comporta como una cabrona con él porque, al fin y al cabo, es justo él el que la anima a ir a la audición final que la hará convertirse en una estrella (recuérdese los aires que se da al volver al café en el que trabajaba cuando era una don nadie). Evidentemente, me ha llegado más el personaje masculino, no sé, me ha parecido mucho más honrado, honesto y fiel a sus principios.

Cuando has amado mucho a alguien entiendes la mirada final entre los protagonistas. Esa despedida con los ojos, con el alma, como queriendo decir qué bien nos quisimos tú y yo, ¿verdad?, qué grande fue nuestra historia, cuántos momentos históricos, ¿los recuerdas? porque yo jamás los voy a olvidar, y sé que tú tampoco.

Y justo ahí me acordé de ella. Y me pregunté si habría pensado también en mí. No en plan lastimoso sino recordando todo lo grande, todo lo bueno que vivimos en ese momento precioso que tuvimos la suerte de compartir.




Vinilos negros



Aún no es oficial pero creo que es inminente mi catalogación como persona alérgica. Ignoro a qué tengo alergia, lo único que sabemos es que no es primaveral y que no se caracteriza por los síntomas típicos. Es una alergia excéntrica, no podía ser de otra manera.

Anoche terminé de ver la serie Vinyl. Sigo deslumbrada. Rock & Roll.

Soy de estómago fácil y caprichoso y me pierde la estética gastronómica, así que compré un pastel de San Valentín porque me pareció bellísimo a la vista. Me lo estoy comiendo sola, tengo para cuatro días, hoy ha sido el tercero. Me gusta hacer cosas sola, cosas de este tipo, me refiero a lo de cuidarte tú y no dejarte perder. No quiero volver a perderme nunca y por eso de vez en cuando hago simulacros de soledad, como esos de incendio, por si la vida se pone difícil de nuevo. Me entreno para salir en cuarenta y dos segundos del edificio y llegar a un lugar seguro en la calle donde fumar un cigarrillo.

A veces me fumo un pitillo, sólo uno. Es la secuela que me dejó el desamor o cómo se quiera llamar eso.


En defensa del 14 de febrero de 2017



Un año más y el mismo tema. Por tradición pero tal vez sea más por superstición porque acabo de pensar que tal vez caería sobre mí una maldición si no ponía hoy esta gran canción.

El caso es que aquí sigo. Entro en esta casa llena de polvo y de muebles en desorden y casi no me reconozco. Pasan algunos minutos y empieza a picarme el aguijón de la escritura. De volver a sentirme Carol, de retomar mis casos, de escribir en directo y contar qué es lo que hago ahora, a qué me dedico los fines de semana, en qué gasto el dinero. Que me he aficionado al vermut y le gana terreno a la cerveza y al vino, aunque se me suba antes a la cabeza y me haga desvariar un poco.

Sigo defendiendo el 14 de febrero, claro que sí, aunque todos los modernillos lo critiquen y no dejen la letanía del es una fiesta impuesta, inventada por las grandes superficies, por el capitalismo, para que consumamos... O si eres catalán aquello de ay, no, aquí no se celebra "eso", aquí celebramos Sant Jordi, ésa sí que es nuestra fiesta de los enamorados...

Pues yo sí que lo celebro y espero celebrarlo siempre. Porque ello implica que sigo deslumbrándome ante el futuro, creyendo en mí como amante y en seguir destrozando camas.

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