Hipnotizada en bucle (sé que esta entrada está poco trabajada pero os dejo a José Domingo y eso ya vale la pena)

Llevo todo el día hipnotizada en bucle con la música recién descubierta de José Domingo. Me estoy poniendo sus discos y he observado que cada uno tiene un estilo muy diferente, de momento me estoy centrando más en el último trabajo, Vertical, que me recuerda en algunos momentos al gran Omega y a algunos temas de Los Planetas, los más flamencos y egipcios.

Estoy nerviosa porque mañana me voy de viaje. Estoy apuntando lugares donde comer y trazando mapas para no perderme, para no desperdiciar tiempo porque deseo hacer muchas cosas. Voy a reencontrarme con personas a las que hace siglos que no veo y eso me pone de buen humor.  

Tendré una mañana libre para hacer la sola. Para desayunar allí, donde siempre.  

¿Cómo puedo ser tan feliz en esa ciudad? La gente no lo suele comprender, no tiene ninguna lógica, lo admito. Y que siempre sea como la primera vez. La misma fascinación, el mismo brillo en las pupilas, la emoción, la seguridad, el descubrimiento de pequeños matices.

Que no sólo hay que escribir de lo malo, que lo malo, si ha de llegar, llega solo.



Hace nueve años la vida era muy diferente y sonaba una canción que no he podido volver a escuchar de tanto que me sigue emocionando

Como hoy no sabía qué escribir, he recuperado un poemilla del 2007. Cuando me releo me da como extrañeza, es una sensación muy curiosa la de asomarse a escritos de hace tantos años y tratar de recordar en qué momento vital te hallabas.

Yo estaba esperando
Como quien espera que se vacíe
La barra del bar
Para emborracharse
En el hueco que alguien deja
Para regresar a casa antes de
Una hora imprudente.

Yo cambiaba de canal
Con la furia y la lástima
Acumuladas de varios
Fines de semana.
Largos y azules.

Yo acudía al trabajo
Con la ropa interior
Cuidadosamente combinada
Y elegida
Teniendo presente
Siempre
Las noticias del tiempo.

Yo me temía a mí misma
Y para no temerme tanto
Me hablaba con acento andaluz
Un poco para espantar
El aliento a castañuela,
Un poco para acercarme
A cualquier número de teléfono
Que se dejara olvidar.

Y a la costumbre
Quería siempre
Echarla de mis manos.

Me gustabas más (poemilla imaginario de un lunes por la tarde en que acabo de descubrir una rendija veraniega que me está ilusionando inesperadamente)



Me gustabas más cuando fumabas
Y nos quedábamos despiertas
Hasta la hora en que reinaba
El pitido insoportable
De la carta de ajuste
Y nos creíamos
Todas esas historias
De gánsteres y pelucas rubias.

Me gustabas más cuando no sonreías
En las fotos
En los conciertos
En las bodas
En los juicios
Y llevabas con orgullo
La camiseta desteñida de Cobain
Que robamos en Camden.

Me gustabas más cuando aparcabas
En tripe fila mortal
Desafiando al ayuntamiento enemigo
Mientras mascabas chicles
Interminables de clorofila
Verde como tus ojos reflejados en los míos.

Me gustabas más cuando la vida te parecía
Corta
Arbitraria
Incomunicada
E injusta
Y no llevabas sujetador
Al ir a trabajar.

Me gustabas más cuando la lluvia
Era la primera habilidad
De tu curriculum
Y te dejabas el pelo suelto
Fingiendo ser una espía
En el lado izquierdo de mi cama.



Vuelvo a sentir que me escoltan mis centinelas, aquellos a los que despedí porque sentí que ya no los necesitaba



(El videoclip es realmente bueno)

Me he despertado muy cachonda. He pasado la noche soñando con Najwa Nimri, estábamos saliendo juntas, no sé qué tipo de relación era pero lo que está claro es que ambas nos deseábamos como dos salvajes. Teníamos que asistir a una especie de evento social, su madre también estaba allí e intentábamos darle esquinazo para poder enrollarnos. Recuerdo perfectamente la sensación de tener sus labios en mi cuello, de sentir su aliento y sus palabras en mi oído, ha sido uno de esos sueños tan reales que cuando te despiertas sigues atontada y no deseas levantarte. Joder, qué buena estaba en mi fantasía (he de decir que en mi vida real también me lo parece, creo que es una de las tipas más sexys del planeta). 

Nos hemos pasado todo el sueño mirándonos, rozándonos, poniéndonos cachondas la una a la otra. Su mirada recorría todo mi cuerpo y a mí me daban escalofríos. Era deseo en estado puro. Un regalo de sueño.

Luego, mientras desayunaba, he reflexionado sobre mi vida sexual. Siempre he tenido mucha suerte al respecto -no lo digo en plan pretencioso sino todo lo contrario, agradeciéndolo a los dioses- porque no he tenido apenas períodos de inactividad. De hecho, sólo recuerdo dos etapas en toda mi vida en las que no he tenido relaciones sexuales, una de tres meses y otra de cuatro. 

Igual necesito estar una época larga sola. No sé. O no. Después de tener un sueño así he de reconocer que el cuerpo se me está activando, también influye que la playa y la piscina me ponen mucho, es algo que siempre me ha pasado. Eso de tumbarte al sol, con la piel mojada y morena, el bikini, el calor, las gafas de sol que te permiten mirar otros cuerpos...

Que pase lo que tenga que pasar. Nunca me ha gustado forzar nada. Y menos buscarlo.

Adoro cruzar la ciudad en bici con el viento de cara mientras me concentro en mi respiración (otro día escribo sobre esto)



M me ha llevado a la Costa Brava, a una parte que desconocía. Hemos recorrido el Camino de Ronda de S'Agaró y me ha deslumbrado por su belleza y por los paisajes espectaculares. Nos hemos hecho muchas autofotos y yo he intentado capturar con las cámara los azules turquesa, que me han recordado al mar de las Baleares. Ha sido el primer baño del verano a pesar de que el agua estaba helada, como suele pasar en esa zona de la costa catalana.

M me dio de cenar pizza casera y gazpacho, que también ha sido el primer gazpacho de la temporada. Es curioso porque el gazpacho me pone alegre y melancólica al mismo tiempo, debe de ser porque me recuerda a muchas historias que al final se mezclan en mi cabeza y ya no sé cuál es cuál y me acabo liando con las fechas y con los labios.

Un poco como la canción que he elegido hoy, que empieza con mucha mala leche:

No tengo hambre, la cabeza como un enjambre, 
la cerveza de ayer me ayudó a olvidar, 
aunque esta resaca no me deja proyectar. 
Bajo a las calles del puto Raval, 
me cuesta caminar, me cuesta coordinarme.

pero que luego decide cambiar de tercio para ser así algo más positiva:

Hay días que da igual con que pie te levantes 
porque hay días que no son días, que son puro arte. 
Bajo a las calles, querido Raval, 
tengo ganas de abrazarme hasta con las farolas.

Bueno, igual la letra leída suena cursi pero en la canción queda mucho mejor sin duda.

La vida es un poco eso, creo. Empezar maldiciendo todo para luego desmoronarte ante el más pequeño gesto de cariño. Por ejemplo, ayer estuve chateando con mi sobrina favorita por Gmail (sí, aún existe esa forma de chatear) y se despidió con muchos corazones y con un te quiero. Mis ganas de maldecir se desvanecieron al momento.



 

Todo lo que puedo hacer por ti, mi pequeña Natasha, es cuidarte y velar tus sueños de verano en la ciudad






Hace tiempo me planteé tener un ser vivo en casa para que me hiciera algo de compañía. Sí, es algo tópico, típico y, en cierta medida, egoísta porque es una decisión pensada para aliviar en parte nuestra posible sensación de soledad.

En un principio pensé en comprar un acuario pequeño con un pez pero después me arrepentí porque me dio mucha pereza lo de cambiar el agua, limpiar el recipiente, etc. Además, si me iba de vacaciones o si estaba fuera de casa algunos días, ¿quién se iba a hacer cargo de él? También estaba la cuestión de que me deprime mucho ver a un animal dando vueltas en su acuariocarcel, o sea, que el remedio podría ser peor que la enfermedad.

La semana pasada conocí a Natasha. Nos vimos en Ikea y enseguida supe que la quería llevar a casa, no sé, me causó muy buena impresión, sus colores, su viveza, su aspecto en general. Me dijo que era una Dionaea a lo que le respondí que yo no tenía ni idea de plantas carnívoras, que ella iba a ser la primera.

Creo que mi ignorancia la conmovió porque me miró de una manera muy tierna. 

Mientras regresábamos a casa me explicó cosas acerca de sus cuidados, que necesitaba tomar unas 4-5 horas de sol al día, que no me preocupara por la comida, que ella ya se procuraba moscas, mosquitos, hormigas... Pero que, si alguna semana la caza estaba complicada, me pediría ayuda. Le dije que no me hacía demasiada gracia matar insectos pero me explicó que no era necesario porque se los tenía que ofrecer vivos para facilitarle la digestión, que solía durar entre 15 y 20 días.

Nos quedamos un rato largo en silencio.

Entonces me dijo que me tenía que advertir de algo muy importante para su salud.

- Carol, sobre todo no dejes que nadie juegue con mis hojas-trampa. A la gente le gusta poner el dedo en ellas y ver cómo se cierran pero a nosotras es algo que nos debilita. Cerrar la trampa requiere de un gran esfuerzo y si es en vano, sin comida dentro, nos estresa debido a la gran cantidad de energía que tenemos que emplear en ello.

Le prometí que velaría por su seguridad y que no permitiría a nadie jugar con sus trampas. Creo que se quedó tranquila al oír mis palabras.

Nos fuimos a dormir. Me desvelé a las cinco y pico de la madrugada y me asomé al balcón. Ella tampoco dormía, parecía algo triste. Pensé en lo que me había contado de la gente que toca las trampas para ver cómo se cierran y en el daño que eso le puede hacer.

Me senté en la oscuridad para acompañarla, no le dije nada pero creo que ella supo que estaba allí porque enseguida la vi dormirse algo más relajada.

De repente sentí una punzada en el estómago y me di cuenta de que en ese mismo instante había comenzado a querer a Natasha, mi pequeña planta carnívora. 





 


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