Mi madre me puso de nombre Carol por Carol Aird



Esta semana he recibido un mensaje de una amiga periodista que está en Cannes diciéndome que Carol -la última película de Todd Haynes- es maravillosa. Me encanta este director (I'm not there es sublime) así que seguro que ha hecho una adaptación estupenda.

Está claro que la película se va a poner de moda, al igual que la novela homónima (qué bien queda decir lo de homónima, aunque suene a homínido, es un término que nunca tenemos ocasión de utilizar). Bueno, pues me alegro si es así, mejor poner de moda Carol que otras basuras de cuyo nombre no quiero acordarme.

No soy capaz de precisar en qué momento exacto de mi vida cayó en mis manos Carol, la novela de Patricia Highsmith. Lo único que recuerdo es que la devoré, por aquella época trabajaba de dependienta y recuerdo que me escapaba para ir al baño y leía todas las páginas que me daba tiempo. Pasaba horas furtivas con aquel libro como cuando las pasas con una amante secreta. Me fascinó. Era una novela perfecta, exquisita, con un final brutal (siempre he soñado con escribir una novela que acabe tan redonda como Carol). 

Se la presté a Elena para que la leyera y recuerdo que me la devolvió hecha un cristo, tenía arena incrustada en las páginas, se la había llevado a la playa. Era la edición de Anagrama, la de la colección amarilla. Se la regalé a la primera chica con la que me besé, recuerdo que subrayé algunos párrafos con bolígrafo azul (fue la primera vez y la última que hice esa barbaridad con un libro) para perduraran y para que nadie los pudiera borrar. Eran fragmentos significativos para que ella captara algunas cosas que le quería transmitir. Por supuesto, no captó nada. O sea, que ahora mismo ese libro no sé dónde debe de estar, igual terminó en la basura, lo cual me parece algo tristísimo.

Compré Carol por segunda vez en una edición más fea (supongo que más barata), la de Compactos Anagrama. Ahora mismo esa edición está en casa de mi editora favorita, se la dejé un día que la insistí para que lo leyera. ¿Alguien que no ha leído Carol? Siempre me ha parecido algo inadmisible.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Esta mañana me he levantado con una resaca absurda, tras pasar la noche pesadilla tras pesadilla, prácticamente en vela. Desayunando, mientras leía las noticias, he llegado a la conclusión de que me falta tener fe en algo. Toda la gente que me rodea se aferra a alguna creencia: o son del Barça o del Real Madrid, o son montañeros, o se ponen en sus perfiles las fotos de sus ídolos políticos. A mí me da la risa cuando veo estas cosas, no es que me sienta por encima de ellos, no es eso, pero es que no lo puedo entender. Luego me pongo triste porque me siento -una vez más, joder- fuera de todo y de todos. No tengo ninguna creencia, no voy a ser más feliz si mañana ganan los azules, los rojos, los verdes o los coletas. De hecho voy a votar en blanco. Me parecen todos una mierda absoluta. Yo, como siempre, perdiendo lectores del blog. Bueno, siempre lo he dicho y me reafirmo: que es como TVE2 de madrugada, alguna alma está por ahí, pero se podrían contar. 

Mis creencias son más mundanas, o más tontas, o poco solidarias, tal vez. Por eso soy menos feliz que los que celebran que el Barça ha ganado no sé cuántas copas, o los que esta noche van a seguir Eurovisión, o los que se van a manifestar por el ídolo político de masas X (aquí vuelvo a perder lectores, lo siento, que no es mi intención, pero es que si no escribiera lo que pienso aquí me estaría autocensurando y eso jamás).

Mis únicas creencias se manifiestan cuando descubro maravillas cinematográficas como la que se considera la primera película lésbica de la historia: Muchachas de uniforme, de Leontine Sagan, una obra de 1931. Es una joya, me ha encantado y creo que es una película moderna donde las haya. No cuento más, hay que verla porque es deslumbrante y terriblemente actual. Al menos eso me ha parecido.

Este post se debería titular "retrato de una imbécil" o "descripción de una absoluta tonta". No sé. Ha sido una semana mala en cuanto a emociones. Me he sentido lejos de todo y de todos, con ganas de escapar a pesar de no saber hacia dónde.

Son jodidos estos problemas de (ham)burguesa.

Huérfana de bailes


Echo de menos bailar. Lo echo de menos terriblemente. Bailar horas y horas, sin pensar en nada, con un vaso en la mano, al borde del éxtasis, sin drogarme, con la música estallándome en cada uno de los huesos del cuerpo.

Creo que mi vida es mucho más triste desde que no salgo a bailar. Una vida más lenta, más vieja, más fea, más estrecha, más inhóspita, una vida sin sudor musical.

Si hoy pudiera pedir un deseo sería que alguien me llamara y me dijera "Carol, venga, que esta noche nos vamos a bailar".

(El próximo post irá sobre Carol, la película. Lo dejo apuntado aquí para que no se me olvide).

La moneda en el aire, puede ser que esta vez salga bien (como en las letras de LHR)



Tengo una bicicleta nueva y es tan preciosa que cuando salgo con ella hay gente que se gira a mirarla, como cuando pasa por la calle una tipa guapa. No exagero, es que es bonita a morir y cuando algo es bello de verdad siempre hay consenso.

Hoy he salido con ella, hacía un día fantástico, me daba el sol en la cara y el viento -a favor- me empujaba así que apenas he tenido que pedalear. Soy muy feliz cuando voy en bici, jamás llevo auriculares porque, además de parecerme peligroso, me desconcentra y no disfruto tanto del paisaje.

He cocinado brócoli por primera vez en mi vida. Nunca lo había hecho y he tenido que buscar una receta en Internet: asado al horno e impregnado con una salsa hecha con aceite, sésamo, limón y ajo. Estaba delicioso pero no sé si soy objetiva porque no puedo compararlo con otras recetas o versiones de brócoli. Tengo tanto que aprender, y a veces siento que no llego a todo.

Planeo mi verano en correos electrónicos y en calendarios escritos a lápiz. Tengo ganas de volver a Madrid pero no sé cuándo, le he cogido el gusto a ir sola y me encanta porque es como si tuviera toda la capital entera para mí. Nunca había sido consciente de lo que implica viajar sola, es algo muy curioso porque nadie te lo enseña, lo aprendes de repente. Yo lo aprendí hace justo dos veranos, cuando julio sabía a cerveza Mahou y cursos de inglés.

Planeo este verano como si fuera el primero de todos mis veranos. Voy a hacer tres tipos de viaje: uno corto, otro medio y otro muy lejano. Las distancias son: casi dos horas de coche, unas ocho horas de coche y doce horas en avión. En todos los viajes voy a cambiar de acompañante, creo que nunca había tenido un verano tan variado. Pero aún debo encajar Madrid en algún hueco, tal vez en septiembre, sería un mes perfecto.

Tengo el autógrafo de todos los miembros de LHR enmarcado en mi habitación, es muy de tipa fetichista, lo sé pero me gusta verlo ahí. Me lo consiguió una amiga y siempre me recuerda lo grande que fue ese gesto.

La canción de hoy me la guardo para mí

La canción que estoy escuchando ahora mismo no se la dedicaría a nadie, por muy especial que fuera. Hay canciones que tienen que ser de uno obligatoriamente, a la fuerza, sin más. Igual es que me he vuelto una huraña, igual es que ya no creo en eso de dar demasiado a los que nos rodean.

Qué duro es a veces darte cuenta de que te jodieron la historia de los Reyes Magos por segunda vez.

Lo bueno es que ya no habrá una tercera vez porque esa capa de amianto te protege y nadie podría  abrirla. Esto no pinta bien en prosa así que...

Echo de menos fumar.
Echo de menos seguir buscando los premios de las tapas de los yogures,
De las patatas Matutano
(y echo de menos, claro,
que las patatas no se llamen Matutano)
Echo de menos sonreír en las fotografías,
Echo de menos tener tipazo en verano y estar morena
Como una negra,
Me echo de menos a mí misma
Cuando alguien me pregunta
Cómo estoy o
Cómo me va el trabajo.
Echo de menos
Cuando me emborrachaba con Elena,
Pero Elena se ha quedado embarazada
Y dejará de beber,
Dejará de fumar como yo,
Dejaremos esos pequeños placeres
Para volvernos cada día un poco más confusas.
No me contéis batallas,
No fumar es una mierda
Y se acabó.
Sigo con lo de echar de menos
Quedar en aquella taberna
Con Elena
E insultar a las chicas
Que jamás nos quisieron
Y a las que nunca nos dejaron
Ni tan sólo rozar el corazón.
Pero Elena tiene novia
Y llevan juntas cinco años
Y sé que pasarán seguramente
El resto de sus vidas en su historia
Sin grietas.
Mientras yo,
Me quedo sentada en el balcón
Falsamente inmenso
Pensando en las grietas
Que ya nunca me voy a poder disimular.

Querida N

Ara saps que la mort no és morir-te
sinó que mori algú estimat. 


(Ahora sabes que la muerte no es morirte
sino que muera alguien querido.)

Estos versos de Miquel Martí i Pol siempre me vienen a la mente en días como hoy. El poeta perdió a su esposa, Dolors, y escribió uno de los libros más bellos de la literatura catalana, Llibre d'absències (1985). A mí me lo dio a conocer una profesora, poco después de la muerte de mi padre.

Intento escribir algo que tenga sentido pero hoy nada tiene sentido. Llevo toda la mañana sin saber qué pensar, qué decir, a quién escribir. Estoy esperando a que el tipo que arregla calderas venga a arreglarme la mía. Y me pregunto qué sentido tiene que yo hoy arregle mi caldera. Qué sentido tiene que ayer lloviera y que hoy ya no. Qué sentido tienen estas cosas.

Querida N, apenas nos conocíamos, apenas nos habíamos visto en tres o cuatro ocasiones pero confiaba en que esto no iba a pasar, igual sigo siendo una ingenua que cree que la vida es justa y que los buenos no deberían irse tan pronto. 

Prometimos visitarnos en nuestras respectivas tierras, ir a un concierto de Vetusta Morla algún día. Planes sencillos, planes fáciles pero que contigo se transformaban en proezas auténticas. Y al final quedó todo por hacer. 

Este día debería no existir, debería poder borrarse como las pesadillas.

Querida N, de lo único que me acuerdo es de tu sonrisa, porque las pocas veces que nos vimos siempre sonreías. Y de que te daban miedo los perros como a mí. 

Ojalá pudiera escribirte algo más coherente pero no puedo.

Siempre vas a ser una superheroína, siempre valiente, siempre.


La caída es lo de menos, enseguida me levanto.


Algunas canciones de Luis Brea son tan buenas que duelen como si te tragaras un puñado de alfileres en seco.

La caída se puede descargar desde aquí.

Y desde esta canción me he puesto a llorar sin saber el motivo, como cuando se te agolpan demasiadas cosas en poco espacio. 

Joder, pero qué bueno es Luis Brea, qué bueno.

05:48 minutos de intensidad. Inmejorable. Adoro cada una de sus palabras. Genio.

Banda sonora del blog

Las canciones que aparecen en el blog

Follow by Email

Sección reivindicativa

Seguidores

Desaparecer