De momento estamos a 23 de julio y el verano está siendo justo y bueno conmigo



Llevo dos días enteros escuchando en bucle la banda sonora de Alabama Monroe, una de las mejores películas que he visto últimamente. Hay que verla aunque la historia sea desgarradora y, a veces, casi insoportable. El final, sin embargo, tiene ese atisbo de esperanza al que todos solemos aferrarnos.

Estoy haciendo la maleta como cada verano para irme al convento. Este año tampoco me retiro al sur sino al norte porque las monjas son algo más permisivas y he conseguido convencer a la señora Blenk (la promotora de todo esto, véanse los posts de los años pasados) de nuevo para que me permita cambiar de convento, a pesar de que a ella no le convence demasiado.

En mi equipaje, como es habitual, habrá más libros y películas que ropa. Sin cigarrillos y sin bebidas, de nuevo me pongo a prueba y me desintoxico de lo que evade los pensamientos. Intentaré, una vez más, granjearme la confianza de alguna monja joven para que me permita acceder a Internet y tal vez así poder escribir alguna entrada, aunque no lo puedo asegurar, siempre resulta bastante complicado.

Me llevo algunos casos para resolver, bastante complicados, pero espero poder concentrarme y hallar respuestas. Igual regreso con la cabeza como una cafetera.

Igual algo no funciona en mí muy bien, como dice Nacho



Hoy voy a conocer a la bebé de unos amigos. Me emociona mucho ver a un cachorro pequeño, aterrizando de repente en este mundo a veces tan extraño.

De repente te das cuenta de que practicamente todo el mundo está formando una familia, con sus pequeños cachorros, con sus coches pagados a plazos, con sus casas de balcones minúsculos.

Y tú te miras a ti misma tratando de ser lo más objetiva posible, intentando saber -o descubrir o lo que sea- por qué nadie se queda a tu lado. Y te ves un sábado emborrachándote en un restaurante italiano en un pueblecito de la costa de Girona, comiendo nachos con guacamole y compartiendo una pizza. Te ves a ti misma sacando mil fotos como hace diez años, aunque las de ahora son más falsas, son casi un fraude porque las añades mil filtros y las pones sombras y tintes vintage de esos que están tan de moda.

Incluso te apena pasártelo tan bien y sonreír y ser una tipa graciosa a ratos y recordar el nombre de una película a las cuatro de la mañana cuando tus acompañantes -menos ebrias que tú- te dan pistas más absurdas que tu despeinado peinado a esas horas.

Te apena no ser capaz de tomar una decisión -la decisión de tu vida- no lograr pronunciar un o un no sin temblar. Te ves mayor y lo compensas con escotes, marihuana, cafés con cafeína y alimentos antilight. Lo compensas escuchando con la mayor rabia del mundo las canciones más lentas del mundo.

Te sientes como esos marineros de las coplas que tratan de no encariñarse con nadie porque cualquier día -sin saber fecha ni hora concreta- tendrán que volver a la mar sabiendo que no podrán regresar jamás al mismo puerto.

Como el que fue el mejor superhéroe, perdido con la capa rota.

Y lo que digo cinco veces es verdad, sigue siendo cierto

El miércoles hizo seis años de la muerte de Sergio Algora. Desde hoy se puede escuchar el podcast especial de homenaje a El niño gusano. Dejo abajo el enlace porque me ha encantado el programa, ha sido muy emocionante y me ha hecho sentir ese dolor especial de cuando sabes que hay una parte de tu vida (musicalmente hablando) que ya no va a volver, que será irrepetible pero que, no obstante, te quedan decenas de canciones que nunca se desgastarán.

Todos somos sospechosos - Especial El niño gusano (9 de julio - 6 años sin Sergio Algora). Con la colaboración de Sidonie, Carlos Cros, Sergio Vinadé (Tachenko) y Pigmy. 

 Y aquí una entrevista fabulosa:

 

Y añado un reportaje genial en Aragón TV:

Nadie volverá a escribir ni a componer como Sergio. 

Vamos a celebrar todo lo que nos une


Tengo el día tan glam que no puedo salir de T. Rex



Yo iba a segundo de BUP, tendría unos quince años, supongo. A mi clase iba una chica rubia guapísima -eso me parecía a mí, aunque después me di cuenta de que tal vez no era para tanto- y terriblemente pija. Me pasé todo el curso pendiente de ella y aprovechando la mínima ocasión para tratar de conocerla un poco más. A pesar de ir a la misma clase no teníamos apenas trato ya que ella se juntaba con su grupo de pijas y yo formaba parte de otro sector algo más alternativo.

Cuando pasé a tercero me enamoré de otra chica pero jamás la pude olvidar y, además, nos seguíamos viendo en el instituto. Como suele suceder en estos casos, ella siempre salía con chicos feísimos y que a mí me parecían unos auténticos imbéciles. Nunca le dije nada acerca de lo que sentía por ella. Yo sabía que bajo esa capa de pijerío superficial existía una chica interesante pero no pude comprobarlo.

Una amiga me ha dicho que ella está trabajando en una tienda de muebles de mi antiguo barrio. El otro día pasé por allí y la vi de espaldas, me entretuve dejando pasar un par de semáforos pero no se giró y no pude verle la cara. Sólo pude observar que ya no es rubia.

La última vez que nos vimos fue hace unos veintitrés años.

La moraleja es que las cosas hay que hacerlas en el momento, cuando tienen sentido. Igual ella habría pasado de mí, era lo más probable -pija hetero, no olvidemos- pero habría valido la pena atreverse.

Con Battiato ni meterse



Ojalá Franco Battiato me sacara a bailar. Me parece un tipo extraordinario, al menos en los ochenta. Un valiente que se movía como un loco ante las cámaras de la RAI, luciendo su reloj en la mano derecha, como los limpios de corazón.

Esta canción es realmente inspiradora. Siempre que lo escucho le empiezo a dar vueltas al tema del centro de gravedad y me pregunto, me cuestiono, si tal vez algún día sentiré que yo también tengo ese norte al que aferrarme. Igual soy una de esas personas que viven en modo peonza constante y más me valdría dejar de darle vueltas a esa búsqueda.

Mientras, dejo resbalar la tarde mientras me bebo un vaso de agua fría con un chorrito de limón.

Cerco un centro di gravità permanente
Che non mi faccia mai cambiare idea
Sulle cose sulla gente 


PD: Siempre habrá zorrillas sueltas que pongan en peligro nuestra estabilidad, mi querida CM, pero no te preocupes porque si los castillos son lo suficientemente fuertes nada ni nadie podrá echarlos abajo. La mejor lucha -y el mejor antídoto- es siempre el sentido del humor. No lo olvides.

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