Las mujeres seguimos siendo lo más negro del mundo



John Lennon era un puto genio. Y Yoko Ono también, ya sabéis que siempre he sido una gran defensora de ella. Juntos eran capaces de componer canciones perfectas como la que muestro hoy, una composición desgarradora que es una de mis preferidas y que forma parte de un concierto alucinante, el Live in New York City de 1972 (que, por cierto, es uno de mis vinilos más apreciados). En YouTube se puede ver entero, es la última vez que tocaron juntos John y Yoko.

Quiero que leáis la letra con calma porque es conmovedora y tristemente actual.

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La mujer es la más negro del mundo, sí. La esclava de los esclavos. La última de todas las filas. El cero a la izquierda. El decimal más lejano. La canción no miente, refleja este asco de sociedad en que vivimos.

Parezco la tipa más pesimista del mundo, lo sé, pero es que últimamente sólo veo señales negativas e indicios de que la situación no cambia, es más, que incluso va a peor. Por ejemplo, el otro día me fui de cena y estaba con la sra. Blenk cuando me dijo "no vuelvas sola después de la cena". Tengo 42 años y creo recordar que mi madre no me había hecho esa advertencia desde que era adolescente. ¿Adónde estamos regresando? ¿A la paranoia? ¿Al miedo a ir por la calle de noche o a frecuentar calles peligrosas? Me veo a mí misma fingiendo que hablo por el móvil cuando veo a alguien sospechoso detrás de mí o empuñando las llaves entre los dedos como si fuera un puñal.

Las que no tenemos novio o novia volvemos a casa siempre solas, es lo que hay, así que nos las tenemos que apañar como podemos. No debería ser así, no tendríamos que acelerar el paso o cerrar la puerta del portal con el corazón al borde de la taquicardia. La noche de la cena regresé a casa en taxi y también desconfié del taxista porque le pillé mirándome un par de veces por el retrovisor.

Tal vez la paranoia y la desconfianza también se han apoderado de mí. Antes no me fijaba en estos detalles pero ahora no puedo dejar de indignarme con todo lo que veo a mi alrededor. Por ejemplo, en verano suelo llevar falda y escote por nada en especial sino simplemente porque me gusta, no debe de existir un motivo, no sé, algunas prendas que tengo son así y punto. Y además hace calor, motivo suficiente. Siempre, y cuando escribo siempre es un siempre de verdad, pillo algún tipo mirándome con una de esas miradas que te revuelven las entrañas. También me fijo en las otras chicas y sucede lo mismo, siempre hay alguien que babea al mirarles el culo o las tetas o todo el conjunto.

En esas miradas hay mucho más que deseo sexual: hay desprecio, hay dominio, hay superioridad, hay poder... En mi mirada hay asco. Y tristeza, mucha tristeza porque veo que esto va a más, que los jóvenes de hoy están más chapados a la antigua que la gente de mi generación, por ejemplo. Veo actitudes machistas cada día: los celos, el control, el no soportar el rechazo, etc.

Las mujeres seguimos siendo lo más negro del mundo, sí, mi querido Lennon. 

Y ya sé que no se ha de generalizar y todo eso políticamente correcto pero... lo cierto es que los hombres son la causa de la gran mayoría de males del planeta. Y punto, yo lo veo así, es muy feo decirlo pero considero que si la sociedad estuviera compuesta sólo por mujeres otro gallo nos cantaría. Menos agresiones, menos muertes y menos guerras, eso seguro.

Ya me podéis fusilar.




Pienso en esa ciudad y en el poder fascinante que tiene sobre mí



Agosto se agota y me doy cuenta de que en realidad ha pasado más rápido de lo que imaginaba.

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Una hora después retomo esta entrada y no sé cómo continuar porque no recuerdo de qué pensaba escribir. He recibido una llamada de teléfono y he estado chateando con varias personas. Se me ha ido el santo al cielo, como suele decirse, así que no voy a escribir nada esta noche. Simplemente voy a cenar y luego me pondré una buena peli en Filmin. Así es mi noche de viernes, bastante tranquila, para compensar el ajetreado día que me espera mañana.

Elena acaba de enviarme una foto de su bebé, durmiendo sobre una cama enorme, atrincherada entre cojines para no caer rodando al suelo, que para ella es como un precipicio mortal. Al lado descansa su gato pelirrojo, que parece que vela su sueño. La instantánea me ha conmovido, dos cachorrillos durmiendo felices y tranquilos, ajenos a todo lo malo de este mundo. Me ha parecido una imagen hermosa de hogar y ello me hace preguntarme cuál podría ser mi imagen de hogar, la del mío propio. 

Se me ocurre que sería mi desayuno por las mañanas, milimétrico y completo. O mi bici plegada al lado del armario. Las plantas del balcón, cuando han salido las flores. Mi agenda nueva con mi boli preferido sobre ella. Mis anillos y mis chapas. Mi colección de zapatos, cada vez más exageradamente grande. Mi cama blanca con las sábanas recién cambiadas, oliendo a nuevo y a esperanza.

Joder, pues menos mal que no iba a escribir nada hoy.

Elvis sigue siendo nuestro ángel de la guarda y eso es importante porque nos protegerá de todo lo malo, aunque nadie nos crea

Me fui a la cama a las 23:45. Concentración, respiración tranquila y profunda. No podía dormir, demasiado ruido en la calle: la parada de metro cercana, los borrachos soltando sus truenos al viento, los adolescentes agitados retrasando al máximo la vuelta al hogar. Y yo en otra casa, en una cama desconocida con sábanas limpias y frescas. Y yo en un dormitorio ajeno aunque extrañamente acogedor. Qué necesario el dormir de vez en cuando en camas lejanas para reencontrarse a una misma en la primera esquina de los insomnios. La 1:45 y decido soltar el móvil tras hacer el recorrido completo por las noticias de cultura, de tecnología e injusticias varias. Quiero irme a su habitación y pedirle que me abrace, que me ayude a sujetarme porque me estoy escurriendo por los límites del colchón y no quiero hacerme más daño. No me atrevo ni a respirar porque no deseo parecer una intrusa, porque sé que una cama ajena es un hogar exclusivo que merece respeto y distancia. Las cinco de la mañana y ella tampoco puede dormir. Pienso en Ciudad sin sueño, de Morente, no en ese instante sino ahora. Y entonces ella se tumba a mi lado y nos partimos el insomnio como si fuera un bizcocho recién hecho. Y luego me deja entrar en su cama, en su refugio, tras ese pequeño parapeto que parece que nos va a dar un par o tres de horas de sueño. Me desaparece el miedo a los ruidos callejeros y sus brazos me vuelven a acoger como si no hubieran pasado los años, pero ahora sin sexo, sin deseo, sin ninguna violencia ni pasión extrema. Siento que su piel es la misma de siempre, joven y morena, limpia, aunque conozco que también ha sufrido durante este tiempo, al igual que yo. Nos abrazamos todo lo que resta de noche como se abrazan los que se han amado de verdad durante muchos años.

Siempre te recordaré, Natasha, siempre



De nuevo en casa. Y muy triste porque Natasha, mi querida planta carnívora, se ha muerto. Es la única que no ha sobrevivido a mi ausencia, la he encontrado con las hojas del todo ennegrecidas, con restos de insectos pegados a ella. No ha debido soportar el exceso de calor o tal vez la falta de agua, el caso es que he sentido una pena enorme. Hemos compartido muy poco tiempo juntas pero ha sido muy intenso y ella me ha escuchado muchos días en los que nadie ha estado tan cerca.

Siempre te recordaré, Natasha, siempre.

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Estoy nerviosa, mañana tengo cita en una de esas peluquerías modernas en las que tipos tatuados hasta las cejas te peinan mientras suena Sidonie. Me han dicho que te cortan el pelo basándose en tu estilo de ropa así que me han recomendado que me vista en plan "con la ropa que te sientas mejor o más guapa". Qué estrés y qué tensión, me estoy jugando la estética del final del verano y no deseo meter la pata, justo ahora no, por favor.

La última semana en el convento ha sido una pesadilla. No puedo explicar lo que ha sucedido exactamente porque no me implica sólo a mí y siempre he sido muy discreta con las historias ajenas así que no puedo ventilar los trapos sucios de la familia Blenk. Lo único que puedo comentar es que las monjas se despidieron con una misiva escueta y clara:

Apreciada Mary Blenk:

Carolina Blenk no ha demostrado ningún tipo de avance ni mejoría durante estas semanas debido, sin duda alguna, a su total falta de interés y a su carácter extravagante e hiperbólico. 

Atentamente,

Sor Julia

La sra. Blenk ya tuvo cuidado de dejar la carta bien visible sobre el salpicadero del Mini para que yo la pudiera leer. No le hice ningún comentario al respecto, ¿de qué habría servido? Tal vez esperaba que le dijera algo pero nunca soy capaz de expresar mis sentimientos ante ella. La maldita barrera idiomática.

Estoy nerviosa. Por lo de mañana y porque dentro de cuatro días estaré haciendo la maleta de nuevo, en esta ocasión para viajar sola. Quiero huir de casa lo antes posible, antes de que me pille el final del verano.



DÍA 17 (la entrada de hoy es totalmente prescindible pero no he tenido tiempo de más ni mejor)


Me he despertado a las 6:30 y ya no he podido dormir. He empezado a pasar lista a todos mis despropósitos y extravagancias y, a pesar de que sabía que eso no me iba a relajar, mi mente ha seguido haciendo de las suyas. Cuando me desvelo siempre pienso en cuántas personas deben de estar desveladas como yo, a esa misma hora, en otras camas, en otras ciudades. Si el significado de desvelar fuera “quitar el velo” sería bonito, pensaba en la cama, y otras tonterías similares. También pensaba que tengo ganas de volver a Barcelona para ver un par de exposiciones que me atraen mucho: la de Bruce Davidson y la de Philippe Halsman. Queda superguay ir a exposiciones de foto pero yo no lo hago por hacerme la moderna ni la cultureta, que no sabía ni quiénes eran estos tipos hasta hace unas semanas. Me gusta ir a exposiciones porque me evado de todo, la sensación que tengo de inmersión es brutal, como cuando leo una buena novela o veo una buena peli, sencillamente es eso. Pasarme horas viendo arte me relaja mucho y es como si me metiera un chute de algo, una felicidad pasajera pero muy real. También tengo ganas de ir a visitar la casa de les Punxes, que la acaban de abrir, pero esto ya será en otoño, sin prisa. Y el Museo Picasso porque, aunque me avergüence decirlo, nunca lo he pisado a pesar de vivir al lado. Para Madrid me reservo la de El Bosco, que a mediados de septiembre la retiran y entonces… no puedo seguir escribiendo, me tengo que ir.


(Darth Vader, te amo. Ya tengo el aliciente para diciembre)

DÍA 16 (la mejor manera que se me ocurre de despedirme es con una de mis canciones favoritas)

La entrada de hoy será la última o la penúltima, aún no lo sé. A partir de mañana mi estancia va a ser mucho más complicada que hasta ahora ya que me van a trasladar a otra celda, en el ala norte del convento, un lugar inhóspito y apartado.

La culpa ha sido mía, para variar. Ayer por la tarde alguien dejó un Camel al lado de mis papeles, así como quien no quiere la cosa. Llevo unos veinte días sin fumar pero al ver aquella delicia me vinieron las ganas, que una no se topa con un pitillo tan rico todos los días aquí en el convento. Sabía que me la estaba jugando porque fumar está prohibidísimo pero me creí más lista y pensé que si me agazapaba en el rincón de detrás de las tomateras nadie podría pillarme.

Al poco llegó Sor Maléfica –no sé cuál es su nombre real, la sra. Blenk siempre la ha llamado así- y se me quedó mirando con cara de asco mientras yo expulsaba el humo con la mirada hacia abajo. Espero que seas consciente de lo que te va a pasar a partir de ahora, dijo mientras se alejaba.

Así está la situación, pasaré la semana que viene sin ningún contacto con el exterior y no podré escribir ni ver películas, tan sólo me han dejado llevarme un par de libros, que es lo más analógico que tengo, seguramente.

A veces pienso que sí, que logran el propósito de bajarme el exceso de imaginación. Lo creo por las mañanas, mientras me peino y me lavo los dientes. Que debería centrarme en mi futuro, en allanarme el camino y dejar de cometer fechorías que nunca me reportan nada positivo. Lo medito mientras pongo la mesa de las monjas con sus treinta y cinco tenedores, treinta y cinco cuchillos y treinta y cinco cucharas. Mientras hago gazpacho para treinta y cinco y me concentro para no excederme con ninguno de los ingredientes. Y entonces es cuando me asoma un poco de nostalgia al recordarla a ella -#gazpacholove- porque ya no comeremos gazpacho juntas y hay algo que se me retuerce en el estómago, de las ausencias que pesan demasiado en verano, de las risas que ya no puedo recuperar, de imaginarla al sol, guapa y rebelde. Y hay una punzada de dolor que dura tres segundos al preguntarme si ella también se acordará de mí, si sabrá que estoy en el convento, un verano más, si me habrá echado de menos, a mí y a mí sobre ella, a ella sobre mí, a las dos sobre las dos.

Sacudo la cabeza como para alejar de mí estos pensamientos. Que no duelen, que no perforan, que no dejan huella, son sólo tres segundos, tres segundos, tres segundos que pasan como un caballo en plena fuga.

Entonces es cuando leo la prensa, escucho la radio o veo las noticias en la televisión y me indigno con las putas perseidas. Otro verano más con las jodidas lágrimas de San Lorenzo. Dejadnos ya en paz, de verdad, qué pesados sois desde el inicio de los tiempos. Y siempre es lo mismo, que si la lluvia de este año va a ser la más grande de las últimas décadas, que si desde la sierra de Gredos es desde donde mejor se ven, que si tal… Dejadnos ya de hablar de las putas perseidas, de verdad os lo ruego. Porque me pone muy triste y es algo que no soporto, siempre me destroza esa noticia, desde que tengo uso de razón, ¿tan relevante es para que cada jodido verano os paséis los telediarios hablando de eso? No queremos ver las putas perseidas, no queremos, nos negamos, no queremos saber cuándo van a caer, por mí como si explotan ya de una vez por todas, que es lo mejor que podría pasar. Dejad ya de hablar de ellas, de una vez por todas, por favor.

Y con esta petición (que caerá en saco roto, por supuesto, porque todo el mundo adora a las putas perseidas) digo adiós, hasta que vuelva de regreso a mi hogar, o hasta mañana, no lo sé. En todo caso, ha sido un placer poder estar en contacto desde aquí, un verano más.



Con tu estrella a la deriva 
y los tranvías 
sobre hierba roja
con tu luz del sol. 
Soy lo que quieres. 
Pienso que a veces 
que ya es hora de volver 
desde el cono sur 
no sé 
si los rabinos mienten. 
No te parecen 
No te parecen 
Con el dinero y con la lástima 
nos vamos a comprar 
dos desayunos 
en el vips 
donde amanece 
donde otras veces. 

Con tus maneras de Moldava 
ya te echaron una vez. 
La vieja Europa duerme 
entre tus pieles 
duermen los reyes. 

Quién tratará de impresionarte. 
Quién te comprará dos medias lunas y un café. 
Quién te lo debe 
Quién lo merece.

Con el dinero y con la lástima 
nos vamos a comprar un día entero en Roma. 
Si te apetece 
Si te apetece 
Porque te digo la verdad 
Hoy estoy bien mañana mal 
Lo que me importa en realidad 
es volver a verte.

Con la memoria en la mesilla 
de un casino en Uruguay. 
Puerto Madero llueve. 
Salen las flores. 
Frenan los coches. 
Luego al dejar el buque bus 
te preguntas si eres tú 
o son las diez y veinte. 
Noche de reyes 
No lo parece.



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