"Cuando no estás junto a ti"

¿He contado alguna vez que saludé a Lídia Pujol a la salida de un concierto de Ani diFranco? Supongo que unas mil veces pero es que fue tan bonito... Dio la casualidad de que unos días después la iba a ver a ella en concierto así que el encuentro fue especial puesto que salíamos de ver a otra grande, diFranco.

Lo llaman procrastinar. Yo prefiero llamarlo perder el tiempo viendo vídeos que no conocías y que te chiflan cuando los descubres.

Por eso la entrada de hoy es sólo para fans de Lídia Pujol, claro, y para todos aquellos que se atrevan a descubrir quién es, si es que no la conocen.
A mí la música de Lídia Pujol siempre me devuelve belleza, emoción y elegancia, por no hablar de su voz que creo que es una de las más perfectas del mundo. Y justo hoy he descubierto un vídeo en el que canta junto a Mayte Martín aunque la gracia de la grabación es todo el rollo que suelta Lídia al inicio y cómo se mofa (amistosamente y con muchísimo cariño) de su compañera de escenario.

Me ha alegrado la mañana. Y, sin remedio alguno, ha logrado que mis casos acumulen más retraso.



PD: Els amants de Lilith creo que es el mejor trabajo de Lídia Pujol. Una obra de arte que a mí, personalmente, me pone la piel del revés cada vez que lo escucho. Debería ser patrimonio de la humanidad. "La dama enganyada" i "L'enamorada desesperada" son, sin duda, mis dos favoritas.



Ahora es cuando le echamos la culpa a los boleros



Toña la Negra era una cantante de boleros mexicana. Yo no la conocía y la descubrí en un capítulo de mi serie preferida, cuando los protagonistas se besan. Sonaba la canción y pensé que era buenísima, ideal para acompañar ese beso tan deseado.

Subestimamos el poder que tiene un beso porque, una vez que te has besado con alguien, ya estás perdido, vas a querer repetir y si no puedes hacerlo sentirás que te falta algo inexplicable.

Por supuesto, huelga decir que ese beso ha de ser con alguien que te guste de verdad.

El post de hoy es una simple verdad de perogrullo pero es que sólo dispongo de diez minutos antes de salir de casa.

Estoy bien jodida. Besé a una chica y ahora no puedo dejar de pensar en ella. Yo, que me creía inmunizada, incomunicada, desengañada y desconectada de los labios de chica. La besé como una quinceañera, como si fuera mi primer beso. Qué suerte poder sentir eso, ¿no?. Esos rayos en el estómago, esa resaca amorosa.

Estoy bien jodida. Lo sé, porque cuando escuchas un bolero como el de Toña la Negra y piensas sólo en un beso... Esa es la prueba definitiva.

Me había prometido mentalmente no volver a escribir de amor en el blog.

Una vez más, incumplo mis promesas.



Somos tan ridículos que seguimos guardándonos cosas que deberíamos decir

Sant Jordi me sigue pareciendo una fiesta fabulosa, aunque estés sola, jodida, cabreada o triste. Esta mañana había tanta gente por la calle que resultaba imposible avanzar así que en algunos momentos me he tenido que apartar de las hordas de personas para tomar un poco de aire. No recordaba un 23 de abril tan multitudinario como éste.

Se me hace raro pasar un día como hoy sola, se me sigue haciendo extraño. Trato de hacerme la fuerte, de disfrutar de pequeños placeres -un café al sol, un menú degustación de semipija, unas fotos tomadas con cuidado- pero al final siempre me queda un regusto amargo. Como cuando sales a cenar con amigos y al llegar la hora de volver a casa tú te alejas sola mientras que el resto regresa de dos en dos. De dos en dos. De dos en dos.

No lo llevo mal. Bueno, a veces sí lo llevo mal. Lo de regresar de uno en uno, claro.

Entonces trato de recordar cosas bonitas.

Como los dos días de la semana en los que me escapo a ver a mi sobrina favorita -la que tengo prohibido ver- y compartimos juntas cinco minutos del trayecto de su colegio a su casa, sólo hasta doblar la esquina. Cuando me ve me abraza como si yo fuera un soldado que regresa de la más mortal de las guerras y me deja su patinete porque sabe que me encanta subirme en él y dejarme llevar. Ella jamás me juzga, nunca me cuestiona, le parece normal dejarme su patín, no como el resto, que sé que me mira de reojo. Luego nos despedimos, abrazo de soldado, hasta el próximo día. Siempre la sigo con la mirada hasta que se aleja, como en la películas de drama.

Las cosas que valen la pena son las que me salvan un poco de la melancolía tonta.

Cuando estás sola dispones de tanto tiempo para ti que a veces puede resultar incluso un tanto abrumador. Puedes desayunar lo que te dé la gana y donde te dé la gana, puedes ir al teatro a ver una obra raruna, puedes pasarte media hora viendo fragmentos de Cosas que nunca te dije en YouTube, puedes darte cuenta, en definita, de que ese tiempo es tuyo y de que nadie más lo comparte. 

Y entonces te preguntas cómo pasarán los días los otros que están como tú, los que viven como tú. 

Cada vez quedan menos, Carol, cada vez menos. De dos en dos felices, de uno en uno con hijo, de dos en dos con hijo, de uno en uno ligando sin parar, de dos en dos con infidelidad, de dos en dos rompiéndose poco a poco. 

A veces sí lo que llevo mal, joder. Y encima ha llovido con truenos.





¿Cómo se puede estar tan buena?


Sin saber por qué será y sin podérmelo explicar




Farruca: Palo flamenco procedente del folclore del norte de España, que se interpreta con aire de soleá.

'Pandémica y celeste' es tal vez mi poema preferido (en recuerdo al Día Mundial de la Poesía)



Ella y yo
Tal vez somos
Un oxímoron
Descabellado
Y galopante.

No ve de cerca
Y yo de lejos.

Me pregunto si nuestras
Líneas paralelas
Van a colisionar algún día.

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