Añoranza bebé



Me he despertado con una mezcla de tristeza y de añoranza, empapada en sudor. He soñado con mi ex bebé, habían pasado muchos años y nos volvíamos a ver. Ella se acordaba de mí, era inverosímil pero en el sueño seguía teniendo dos años. Al verme, se ponía a dar saltitos de felicidad, sonreía como una loca y repetía sin cesar ¡es Carol, es Carol, es Carol! Como si no se lo acabara de creer.

Ella aún se acordaba de mí y yo me emocionaba en el sueño. 

Después he escrito a P y le he dicho que estaba muy triste. Me ha recomendado que no me niegue la añoranza bebé, que es normal que la eche de menos, que era un ser puro inocente, que me lo debo permitir. Le he dicho que escribiría un post porque necesito soltar todo esto, como los barcos que sueltan la carga para seguir avanzando. O como esos globos que alquilas durante una hora o dos.

Más tarde he estado llorando. He llorado todo lo que no había llorado antes, lo tenía acumulado, supongo. He recordado su piel de bebé, los juegos que me inventaba para ella -como aquellos trozos de madera que eran amigos y conducían un coche para irse de picnic al campo- he recordado su tienda de campaña, repleta de juguetes, su manía de no querer subir al carrito, su voz, su sonrisa, todo lo que ya no tengo y tanto me enternecía.

Ha sido una mañana de mierda, para qué negarlo.

Supongo que tengo que pasar la añoranza como quien pasa una gripe.

Y ahora a hacer la maleta otra vez. Mañana me voy al convento, como cada verano.

Pero eso ya forma parte de otro post.

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Acabo de descubrir que esta canción es una versión de un gran poema de Luis García Montero. Por lo visto, Quique González la escribió para Enrique Urquijo y él también la incluyó en uno de sus discos.

Me recuerda a ella, a la madre de mi ex bebé. Aunque ella no lo sepa.

Sentirte pequeña no implica que seas una pusilánime



Ayer pillé al azar uno de esos programas de Radio3 que tanto me gustan, era de música surf. Lo escuché mientras planchaba la ropa que me he de llevar al viaje por Europa. Pensé que no pegaba nada porque no voy a pisar ninguna zona con playa, voy a estar en tierras de interior. También añoré ir a la playa con una chica, tomar el sol en silencio, con ese olor inconfundible mezcla de bronceador y piel mojada en el ambiente. Comentar algo de vez en cuando, reír, comprar unas cervezas, besarte bajo el sol. Todo eso pensaba mientras ponía a punto mi ropa.

Vuelvo a tener miedo a volar, es inevitable. Intento ponerme en modo racional pero cada vez me cuesta más, no lo entiendo, con lo que me gustaba antes y ahora es algo que no soporto. Creo que es a causa de mi apego a la vida, de mis ganas de hacer cosas, de planear proyectos -aunque luego nunca los lleve a cabo, es uno de mis defectos. Y volar implica siempre un riesgo, aunque las estadísticas sean tranquilizadoras.

Voy a preparame algo para comer. Sólo me queda en la nevera un par de huevos, queso, algo de jamón, manzanas, una naranja y un par de kiwis. Con eso tengo que pasar todo el día. Suficiente.


Una mujer es violada cada ocho horas

Una mujer es violada cada ocho horas.

Una mujer es violada cada ocho horas.

Una mujer es violada cada ocho horas.

Me repito el dato mentalmente. Una mujer es violada cada ocho horas. Una y otra vez.

Qué mierda de país es éste. Qué mierda de sociedad. Qué mierda de universo. Qué mierda de personas.

Es el peor crimen del mundo, el más terrible, el más doloroso, el más triste. Trato de imaginar qué se debe sentir pero sé que no podría llegar ni al principio de esa pesadilla. Tu vida se parte en mil, tu interior se despedaza, tu cuerpo llora. 

Una mujer es violada cada ocho horas.

Cada ocho horas hay una mujer que se arrebuja en un sofá cualquiera -en una calle sin nombre- y se queda en silencio esperando que pasen las horas por si todo ha sido un mal sueño.

Cada ocho horas hay una mujer que no puede dejar de llorar porque no comprende qué es lo que ha pasado, porque no puede entender cómo existen en el mundo esos hombres-monstruos que se han abalanzado sobre su piel.

Cada ocho horas hay una mujer que preparará el biberón de su hijo con los ojos hinchados porque no ha podido volver a dormir en paz ni una sola noche desde aquel día.

Cada ocho horas hay una mujer que se atiborra a pastillas a escondidas, fingiendo ante su madre que está bien y que este año terminará por fin sus estudios.

Cada ocho horas hay una mujer que jamás podrá volver a hacer el amor con nadie.

Jamás en la vida.

Nunca.

Porque todo ese amor se lo han destruido de la manera más terrible.

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Dejo una de las canciones más conmovedoras que se han escrito nunca sobre el abuso sexual a una mujer. De Christina Rosenvinge, no podía ser de otra manera.


Alicia sueña que baila
Entre filos y cuchillas
Busca algo suave en la radio
Y se traga otra pastilla
Enciende la luz y pregunta
¿Qué habéis hecho conmigo ?
Era mi noche libre
Estrenaba un vestido
Y ahora al despertar
Me siento tan mal

Alicia
Los golpes más duros no dejan señal

Te dijeron que no era tan grave
Cuando decidiste hablar
Que tal vez tú te lo buscaste
Con tu forma de andar
Y ahora al despertar
Te sientes tan mal

Alicia
Te acuerdas de aquella vez
En el túnel del terror
Dijiste: " no quiero entrar,
No me gusta la oscuridad "

Los Pixies estrenan álbum el 30 de septiembre y me pregunto en qué aventura estaré metida por esa fecha

Últimamente muchas personas llegan hasta aquí buscando la frase "la memoria es el perro más tonto", la sentencia se completa con un "le tiras un palo y te trae cualquier cosa". En mayo del 2012 entré en uno de los lavabos de mi antigua facultad y me topé con esta frase escrita en la puerta, era de Ray Loriga, lo descubrí después.

Parece ser que la frase está siendo bastante buscada y me hace gracia que la gente llegue hasta una entrada que poco tiene que ver con lo que necesitan, seguramente.

Así es la vida. Me doy cuenta de que casi nunca he buscado lo que me ha ido pasando, sobre todo en el terreno emocional, para lo bueno y para lo malo. Claro que a veces sí que inicias búsquedas más o menos conscientes, pero los grandes hallazgos suelen venir ellos solos, sin chófer y por su propio pie.

Está bien lo de seguir sorprendiéndote.

Hoy he asistido a una reunión de trabajo. Me he vestido de estreno y me he pintado los ojos y los labios. Me he hecho una foto en el espejo del baño y se la he mandado a P porque quería que viera mi polo nuevo. Me he sentido muy adolescente haciendo eso pero realmente prefiero verme así antes que muchos de los asistentes a la reunión, envejecidos prematuramente. No sé si sigo el camino adecuado pero desde luego es el que más feliz me hace, el que me hace sentir más viva.

No he hablado con nadie en la reunión. Nadie me ha hablado. Discutían asuntos en los que no tengo nada que ver, ningún tipo de implicación, debía acudir por cortesía, por eso he ido. Mi cabeza pensaba en otros temas: el verano, cuándo voy a regresar a Madrid, lo que me gustaría comprarme por rebajas, qué me voy a regalar por mi cumpleaños... Todo muy profundo, sí.

La reunión ha terminado y yo me he ido sin despedirme. Ha sido todo como muy extraño porque me he sentido invisible, que igual lo soy, empiezo a planteármelo.

En realidad, estaba al borde de un terreno que no sé exactamente cómo es de peligroso. Unas horas antes me había acabado de enterar de que alguien ha impedido que me echen del trabajo aduciendo mi profesionalidad y buen hacer. Me falta curriculum, soy consciente, y eso no se consigue escribiendo en directo ni creando listas musicales en Spotify. 

Por eso hoy me he sentido invisible, porque realmente lo era para todos ellos.



Dearest

Añorar: Recordar con pena la ausencia, privación o pérdida de alguien o algo muy querido (según la RAE)

El verbo añorar viene del catalán enyorar, me acabo de enterar y me ha parecido un detalle precioso. Me gusta mucho cuando las lenguas se hermanan así que saber que este verbo tiene su raíz en el catalán me ha encantado, debo reconocerlo.

Claro que, a su vez, enyorar proviene del ĭgnōrāre latino ("ignorar"), que después tomó el sentido de "ignorar dónde está alguien" y, más adelante, el matiz de "encontrarlo a faltar".

Apasionante, siempre me gustó la etimología.

Sin embargo, no siempre se añora con pena, como consta en la definición académica, a veces se añora con una sonrisa o con la esperanza de que no todo se haya perdido o haya sido en vano.

Llevo días añorando a alguien, sin pena, sin dolor, o al menos eso intento. Mis esfuerzos se dirigen a transformar todo lo que pueda haber de negativo o doloroso en un recuerdo o en una imagen que me acompañe. Joder, esto suena tan místico... Que no va conmigo, siempre he sido mucho más terrenal.

La añoro. A ella. A ella con todas sus virtudes y todos sus defectos. Añoro nuestros mensajes de buenos días, nuestros intercambios de noticias acerca de la situación política, nuestras canciones en Spotify. Añoro compartir con ella mis críticas acerca del mundo más mundano, explicarle que estoy bien jodida porque me han quitado una fuente de ingresos, porque veo a la sra. Blenk cada día más pequeñita, porque temo que cualquier día desaparezca y entonces estaré más perdida que en toda mi vida. Añoro ir a comer con ella a sitios pijos y deleitarnos con los platos o ver películas y explicarle el argumento. Pasear en silencio porque mentalmente estaba todo dicho. Añoro no poder explicarle que Natasha -mi planta carnívora- es muy bonita y que siempre me escucha cuando le explico qué he hecho durante el día, sé que mi Natasha le caería bien. Pero la añoro sonriendo, porque sé que en algún lugar existe y tan sólo debo llamarla para que me responda. Es una añoranza bonita, joder, es el saber que ella ocupaba un lugar y no querer que lo deje. La vida es realmente grande como para que las personas no tengan que competir por los huecos, cada uno ocupa su lugar, ella el suyo, así como ella tampoco podría ocupar el de otras. Cada persona es irrepetible; cada amor, diferente. No besamos igual a todas nuestras amantes así como no hacemos el amor de la misma manera con cada persona. Por eso, cada uno es único e irremplazable. Y da igual si ahora llegan unos labios nuevos, tres o catorce más, mi añoranza seguirá ahí, seguramente cada vez será más tenue, más invisible o más débil, lo sé. Pero no se borarrá, como las añoranzas pasadas de otras personas, se irán acumulando en el tiempo, en la vida, en mis sueños, no sé, por todos esos lugares. Maldita sea, me sueno a mí misma incomprensiblemente cursi, como cuando te grabas la voz y luego la escuchas, que te parece la de otra persona.

La añoro, pero la añoro bien, con estilo. Y creo que lo que más añoro de todo es que me lea.



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