Ennio Morricone es la mejor banda sonora para escribir sobre traidores

Voy a dedicarte exactamente 07:30 minutos, que es lo que dura la canción que acabo de poner para ambientarme un poco. Y te voy a escribir en directo, sin puntos para ir más rápida. Probablemente no lees mi blog, no lo puedo saber ni me interesa saberlo, la verdad. O puede que sí lo leas de vez en cuando, por puro morbo, para saber si estoy bien o si estoy en la miseria. Por suerte no compartimos amigos, ni siquiera vivimos en el mismo continente, es imposible que tenga noticias tuyas porque todos mis conocidos saben que no deseo saber nada de ti, ya les dije que mataría al mensajero así que durante estos tres años han sabido perfectamente lo que había que evitar. Hoy es tu cumpleaños, lo recuerdo muy bien. Si menciono este detalle es por si el azar te trae hasta aquí y dudas. No lo hagas, sabrás muy bien que esto va por ti aunque te parezca extraño que después de estos años escriba algo relacionado contigo. Qué ironías tiene la vida, ¿verdad? Aquel día te felicité y tú ya me estabas apuñalando por la espalda, como los amigos miserables, ya estabas robando algo que no te pertenecía, ensuciando mi presente. Jamás había conocido a alguien tan traidor y falso como tú, ni en las ficciones más terribles podía imaginar un personaje así. Me pregunto si dormías con la conciencia tranquila, si alguna vez te llegaste a plantear escribirme o llamarme para pedirme perdón. Ahora ya no pienso en ello, sé que la gente como tú es como esos pirómanos que prenden fuego sin volver la vista atrás, sin importarles todo el mal que han hecho con sus acciones. No soy una tipa perfecta, también tengo mi lado oscuro como todo el mundo pero puedo jactarme de dormir tranquila. Para mí la amistad tiene un valor, tiene un lugar, jamás la mancharía. Me alegro de no haber sabido nada de ti durante este tiempo y ojalá no vuelva a saber nada, ojalá no volvamos a cruzarnos, es muy poco probable, por no decir imposible. No te escribo en plan venganza, ya te gustaría tener ese protagonismo. Te escribo porque el tiempo me ha dado la serenidad necesaria para ponerte en el lugar que te mereces: la nada.

Siempre vuelvo a los Simpson y el día en que no lo haga méteme un balazo sin dudarlo



(Este dramático tema de Bjork con aire flamenco me sirve para este martes en el que reina el viento)

Acabo de estrenar gafas y me siento algo rara. Son muy ligeras y bonitas, eso me parece, cada vez que me cambio de gafas creo que también lo hago de cara, es curioso. Mi oftalmóloga ha decidido modificar la graduación, me la ha bajado porque considera que veo perfectamente con menos dioptrías así que ahora debo acostumbrame a los cristales. Es como cuando te dicen que vas a cobrar menos, que te puedes apañar igual, o que has de limitar el número de cervezas o de tabletas chocolate. Puedes vivir con menos, dear.

Al regresar a casa, tratando de no perder el equilibrio a causa del viento, he recordado el capítulo en el que Bart vende su alma, es uno de mis favoritos de los Simpson. Él vende su alma a Milhouse y éste la revende a su vez. Al principio no sucede nada pero poco a poco Bart se va percatando de que no tener alma te convierte en una especie de ser inanimado, podría decirse. Las puertas automáticas no se abren a su paso, no logra empañar los cristales con su aliento, su madre, al abrazarlo, dice que lo siente raro, como si le faltara algo, su perrillo le rehuye. Es una situación terrible. 

Eso pensaba al volver, en cómo debe de ser no poseer alma o, peor aún, haberse desprendido de ella a cambio de cualquier otra baratija.

Carol


(Leer la entrada mientras suena el inicio de la banda sonora, si es posible)

Se han apagado las luces. Ha comenzado a sonar la banda sonora de Carter Burwell y me he sentido como si estuviera dentro de un cuadro de Hopper. 

[...]

Se han encendido las luces. He salido del cine con el corazón encogido y me he puesto a deambular durante casi una hora. Las calles estaban llenas de gente paseando y me he dado cuenta de que no quería volver a casa. He comenzado a llorar, presa del síndrome de Stendhal.

Me dolía todo y he desviado mi camino por calles secundarias, lejos del bullicio y de los comercios. Hacía mucho frío, de hecho en el cine estaba congelada, como si me hubiera metido tanto en la ficción que incluso me estaba rozando la nieve.

Carol siempre fue una referencia para mí, lo debo de haber contado alguna vez en este blog; si me llamo así es por la protagonista, Carol Aird. Ese libro fue una revelación cuando trabajaba de dependienta, supongo que en realidad soñaba con mi propia Carol, con que un día cualquiera me toparía con una mujer así. 

Nunca sucedió. Carol no apareció en mi vida pero, sin embargo, yo fui la Carol de muchas otras.

Y así pasaron los años.

Hoy se cierra el círculo de alguna manera. 




Publicación de 'La pertenencia' de Gema Nieto, el evento que va a salvar febrero y que, tal vez, nos salve un poco a todos de tanta realidad gris

No recuerdo cuándo descubrí su blog ni de qué manera llegué a él pero lo que es seguro es que en el 2008 ya me deslumbraba su escritura. Siempre he leído muy pocos blogs y ahora, lamentablemente, menos todavía porque los que más me gustaban han desaparecido. Su blog ya no existe y eso me apena porque desde que se cerró hemos perdido a una gran escritora. Cada vez que la leía la admiraba un poco más y, lo reconozco, ansiaba llegar a escribir con su fuerza, con su perfección, con su talento.

¿Por qué me gustaba tanto? No lo sé, ¿acaso puedo saber por qué prefiero el ron añejo al blanco o por qué motivo me encantan todas las películas de Wes Anderson? Pues no y tampoco creo que sea necesario justificarlo. Creo que empatizaba mucho con ella y con sus pensamientos; era rubia, fumaba, vivía rodeada de nieve y niebla y sé que guardaba una pistola en algún lugar de su casa, esos detalles nos unían sin duda.

Hay personas que, sin conocerlas de nada y tan sólo con su escritura, te revelan muchas pistas valiosas. Siempre he creído que era una tipa auténtica, honesta, inteligente y con mucho valor (valor de valentía pero también de cualidad).

Hace unos meses recibí un correo suyo en el que me contaba que le iban a publicar su primera novela nada más y nada menos que en una de las grandes editoriales. Desde entonces espero esa obra con la emoción de la llegada de algo que sabes que te va a encantar y emocionar. 

A veces suceden pequeños milagros que logran que vuelva a pensar que el mundo es un gran lugar y que las personas que se lo merecen tienen su oportunidad. Maine (el nick con el que la conocí en su blog) publica el 18 de febrero su primera novela titulada La pertenencia en Caballo de Troya, nada más y nada menos que de la mano de Alberto Olmos.

Ahora que ya la conocéis me encantaría que os animárais a ir a la presentación que será en Madrid el próximo 24 de febrero, estará arropada por Alberto Olmos y Belén Gopegui así que será un evento fantástico.

Y comprad su novela, devoradla, porque sé no os va a defraudar y... porque las personas con talento merecen ser conocidas y que apostemos por ellas, que las apoyemos siempre.


Ay, no te metas en quereres porque se pasa mucha fatiga...

No soy mucho de releer lo que escribo aquí pero hoy, al buscar un dato concreto, he acabado leyendo todas las entradas de unas fechas determinadas, qué curioso. No he podido resistirme y he seguido buceando en las entrañas del blog durante un rato.

Tirando del hilo he recordado el listado de personajes que he ido creando a lo largo de estos once años y lo cierto es que me he asustado un poco al hacer el recuento: una motorista que viaja en una Ducatti roja, un tipo amargado porque está colgado de una chica que no le podría humillar más, una profesora de griego con un apellido precioso, su alumna predilecta que no pudo evitar colgarse de ella, una cantante de jazz que oculta que apenas sabe de música, una poeta que se llama como un mes del año, una mujer que tiene el mismo nombre que el de un personaje de una de mis novelas preferidas, una forastera extraña nacida en un país nórdico... Y alguno más que seguro que me olvido.

Antes me gustaba mucho inventar personalidades con vidas disparatadas, trazarles el camino y conducirles por tramas aunque la mayoría de veces perdía a mis personajes y se quedaban pausados en algún momento concreto. Ahora me cuesta mucho, lo cierto es que he dejado de hacerlo, o no soy capaz o no siento la necesidad de ello, no lo sé. Tan sólo me limito a hablar con mi preferido, al que tengo más cariño de todos. Igual esto parece un disparate pero pienso en él como si realmente existiera y fuera mi mejor amigo, un amigo de esos torturados que siempre acude cuando le llamas. 

Llevo dándole vueltas muchos días y creo que estoy en un momento extraño (Me has conocido en un momento extraño, que diría mi querida Marla Singer). No es tristeza ni agotamiento, es otra cosa. Tal vez lo de la crisis de los cuarenta sí que existe y me está atacando justo ahora. Puede que llevar el mismo estilo de zapatos que cuando tenía veinte años no sea suficiente o que dejar de fumar me haya afectado más de lo que pensaba (aunque debo admitir que me permito la licencia de fumar un pitilllo sólo en ocasiones solemnes). Intento no pensar pero no lo consigo, es algo que me vuelve como una mala digestión.


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Cada vez estoy más orgullosa de mis genes andaluces. Llevo un par de días recuperando las canciones de Las Migas, qué gran grupo, sobre todo cuando estaba en ella Silvia Pérez Cruz (aunque a mí la que me ponía era la guapa del violín). No sé por qué se fue, a ella en solitario no le ha ido nada mal pero a mí nunca me ha vuelto a poner la piel de gallina como cuando cantaba con sus compañeras. Ahora están grabando un nuevo disco, creo, pero de la formación original me parece que sólo queda una guitarra y me temo que el tipo de música que elaboran ahora no me va a gustar...

Siempre que vuelvo a Las Migas (las de antes) se me caen las lágrimas y me mareo, es como una bajada dulce de tensión. El flamenco que nos une a los del norte y a los del sur. Dejo un par de regalazos como dos balazos:






Nunca te hagas preguntas trascendentes un viernes por la tarde porque las carga el diablo o quién sea

Ella está en un parque con su cachorro.
Yo estoy en casa matando el tiempo
Mientras suena Norah Jones,
Que siempre acude cuando la llamas.
Ahora ya no fumo por las tardes
Ni bebo chupitos de licores raros.
Eso me quita puntos, supongo.
Ya no sé sonreír en las fotos
Ni compro en el Mercadona.
Eso también me reduce la puntuación.
Ella está en un parque con su cachorro
Y me pregunto si piensa en mí
Y si coincidimos en las coordenadas
Secretas e invisibles
Que le mando apuntadas
Dentro de una moneda de dos euros
Partida por la mitad,
Como hacían los espías rusos
En la Guerra Fría.
Ella está en un parque con su cachorro
Y los viernes no lo llevo nada bien.
La echo de menos
Y me pregunto por qué
Cruel motivo
No puedo ir a buscarla
Para irnos a cenar
Platos imposibles japoneses
Con los labios pintados
Y sin bolso.
Ella está en un parque con su cachorro
Y yo,
Mientras,
Intento averiguar
Si ella podría ser mi caso sin resolver.
Mi flashback al revés.

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