Noneim o el día en que mi caballo regresó a casa dos años después

El 14 de enero de 2014 escribí esto:

Mi madre ha tenido la brillante idea de regalarme un caballo para reyes. Lo he llamado Noneim y lo alimento de jamón porque es lo único que le gusta. Ya se me ha escapado dos veces y la última de ellas lo tuve que ir a buscar a la policía nada más y nada menos.

Creo que mi vida va a ser más complicada de ahora en adelante. Mi experiencia con los animales nunca fue demasiado fácil (véase la historia del lince bebé, por ejemplo, y las movidas que tuve por aquel entonces con los de la protectora).

Ahora duerme en mi sofá amarillo. Lo miro a oscuras con la ayuda de una linterna -es tan sensible que no puedo ni encender la luz- y me conmueve. En realidad, es un animalillo indefenso y vulnerable, siento que depende de mí y eso me hace sentir muy responsable. Es una sensación extraña, me gusta pero al mismo tiempo me aterra no ser capaz de cuidarlo como se merece.

¿Cómo saber si lo que hacemos es lo correcto? 


El 12 de junio seguí explicando más cosas de Noneim:

[...] La señora Blenk me ha vuelto a plantar las macetas que se me había marchitado. Ahora las tiene en proceso de vigilancia, hasta que estén bien agarradas, y luego podré llevarlas a casa. Me pone triste no saber cuidarlas. Como me abate cada vez que las protectoras me alejan de alguna de mis mascotas. Tuve un pingüino (Steve) que comía salchichas de frankfurt, un lince bebé (que se dormía con canciones de los Stones) y un caballo llamado Noneim. Se los llevaron a todos. Soy una tipa que pone en peligro las vidas de sus animales bebé. Como la canción de Los Planetas, esa que dice lo de no voy a decir que cuidaré de ti, ni siquiera sé cuidarme, es posible que sea yo quien necesite que lo salven. [...]
  


El 20 de junio de 2014 le perdí la pista definitivamente:

[...] Ayer, durante la movida del nuevo rey, vi a Noneim, mi caballo. Llevaba la bufanda republicana que le tejió mi madre, estaba entre la multitud de caballos de la guardia real, camuflado entre ellos, pero tuve tiempo de verlo en los dos segundos que duró el plano en mi televisión. Me sentí inquieta y preocupada porque sabía que iban a detenerlo... y así fue. Me llamó una amiga desde Madrid.

- Carolina.
- Que no me llames así, que así sólo me llama mi madre.
- Vale, Carol, vale.
- ¿Qué pasa?
- Supongo que lo has visto, ¿no?
- Sí, lo sé, tienen a Noneim.
- Puedo pagar la fianza si quieres.
- Te lo agradezco pero sabes que sigo sin poderme hacer cargo de él...
- Lo sé, Carol, pero no puedes dejarlo ahí toda la noche.
- Gracias.

Mi caballo detenido por republicanismo animal. Es lo que me faltaba. [...] 


El último día de septiembre de 2016:

Me he asomado al balcón muy nerviosa, había oído un relincho que me era familiar, excesivamente familiar. Ahí estaba Noneim, casi dos años después, sucio y fatigado pero mirándome con los mismos ojos de siempre. Noneim, mi querido caballo blanco, perdona que llore pero es que por un momento he regresado al 2014 cuando te encontré a la salida de mi clase de inglés y le envié una foto a ella, te puedes creer lo que me he encontrado, ¿a que es un cielo?, y ella no me quería creer, que le parecía otra de mis trolas. Que no, que no, que es verdad, que hoy mismo me lo llevo a casa, está solo y perdido.

Fue verle y quererle. Aquel caballo me había mirado como nadie, sincero, suplicante, con ganas de tener un hogar. Los dos ansiábamos formar un hogar, a él lo habían abandonado, yo tenía una casa incompleta. Le necesitaba y me necesitaba como se necesitan los huérfanos pequeños.

Noneim ha vuelto y no sé si voy a ser capaz de darle lo mejor. De momento tengo que pensar en esconderle porque posiblemente ya tenga a varias protectoras pisándole los talones.

Lo acabo de acostar en el sofá amarillo, como antes. Le he puesto su canción preferida, un tema de Carlos Sadness que le ayuda a dormir. Le encantan las canciones con letras poéticas. A mí también me gusta, esta noche voy a dormir a su lado.

No he visto en el espacio nada igual que tú.


La vida era más fácil o al menos esa era la creencia a la que me aferraba



La vida era más fácil cuando estaban las Cocorosie cantando Terrible angels y todavía nos comprábamos los cedés. No existía Spotify ni otras maravillas pero existíamos nosotros tarareándonos las canciones para hacerlas presente.

La vida era más fácil cuando las Cocorosie aparecieron con sus bigotillos pintados y con sus juguetes infantiles relinchando y cantando como los gallos. Estaban loquísimas pero allí, de pie ante nosotros, nos ponían delante todo su universo extravagante.

La vida era más fácil con las Cocorosie de fondo porque podíamos escribir la historia desde cero, no como ahora, que me da tanto miedo herir a nadie que a veces me trago las palabras sin masticar, incluso las esdrújulas, que son las que más cuestan de digerir.

La vida era más fácil porque las Cocorosie te ayudaban a imaginar tu futuro perfecto pero también el imperfecto. En eso consistía ir avanzando, en ir escuchando canción tras canción y empezar siempre desde la primera sin llegar a cansarte.

El descubrimiento



Por qué a mí me cuesta tanto
decirle que no al placer
pensar como todo el mundo
y saber cuándo volver



El conocimiento, la conquista, el descubrimiento. Cuántas veces se sienten esos momentos en la vida, siempre es algo nuevo, nunca se parece a las veces anteriores porque cambia el objeto del deseo y no vale con copiar los esquemas generales del cortejo con otras anteriores. Conoces a una chica y te intercambias cuatro frases con ella, o pasa el filtro o se queda fuera. Si lo pasa, entonces llega la etapa de la cultura musical, si cita a PJ Harvey o a los Pixies ya está dentro. Luego continúas con el sentido del humor y con los matices irónicos, esto es decisivo para seguir dentro sin tambalearse. Logrado.

Entonces llegan los juegos de palabras, los puntos suspensivos colocados con estrategia casi militar, que te juegas mucho y sabes que una palabra bien elegida puede hacerte ganar puntos. La edad y la experiencia te dan bastante ventaja y te sientes tan segura que incluso te permites algunas extravagancias fingiendo que no te interesa demasiado esa historia. Si la chica es valiente no se rendirá a la primera y apostará todo para lograr que sonrías de verdad. Lo es. Y mucho, porque se arriesga como si tú fueras un tesoro que no se puede dejar arrebatar. El tiempo es oro pero también sabes que los preliminares son lo mejor y que requieren calma, prepararlo todo bien, pensar el recorrido, saborerar las respuestas esquivas, el sonrojarse, el fumar mirando a los ojos.

Y te sientes afortunada por volver a vivir eso, como si fueras un soldado inmortal que ha estado en mil batallas, que ha resultado muy malherido en algunas de ellas pero que, sin embargo, siempre se enfrenta con la misma ilusión y valor a cualquier combate. 

A veces te preguntas de dónde sale tanto amor, cómo es que nunca se te acaba y tu cuerpo actúa como una especie de imán que tiembla ante el simple roce de una mano. Ella también ha temblado, lo sabes y lo has visto en sus gestos, en ese apartarse el flequillo de forma algo nerviosa, en su mirada desafiante que tú sabes que podrías desarmar en dos segundos con un parpadeo de rayo.

El descubrimiento es la mejor de las fases. Contarte a ti misma, narrarte ante ella y seducirla -que te seduzca ella, las dos a la vez- poco a poco sabiendo que llegará el momento del beso que te derrumbará por dentro. El descubrimiento. El ir atravesando las capas de su vida, de manera gradual, ordenada, porque a ti te gusta siempre hacerlo bien, hacerlo de verdad, no sabes fingir en estas situaciones. 

El descubrimiento. Siempre es nuevo. Siempre es volver a empezar como si no lo hubieras vivido nunca. Como si fueras la amnésica más feliz del planeta. 

(La canción soy totalmente yo en estos días).

¡Ay!, del que se enamora hasta en un desierto, que decía Manolo cuando molaba



Un sábado cualquiera
Te topas con una chica
Casi rubia
Y habláis hasta que anochece
Sin agotar los temas.
Te explica detalles de
La literatura del XIX
Y los Stones.
Su mirada es de esas
Que te tatuan las pupilas
Sin pedir permiso
Y vuelves a casa
Sintiendo
Ese nerviosismo
De una primera vez
Desconociéndote
Y conociéndola a ella.
Te recomienda una canción
Y tú a ella un disco.
Si se acierta será decisivo
Bien lo sabes
Gracias a tus autoapuestas.
Llevas casi dos días
Con ella
En la cabeza.
Con su canción.
Bang.

El hueco

Un hombre anónimo. Cualquiera de vosotros. Cuando es de noche... subo a la montaña y cambio el cartel sin que nadie me vea... En la autopista del norte, km 32. Tenerife. Islas Canarias

Esta es la descripción que se puede leer en el blog Anoniman, que también tiene su página web y, cómo no, su propio Facebook.

La idea es sencilla: un tipo sube a la montaña y coloca un cartel de 20 metros con una frase breve, cada cierto tiempo lo va cambiando al tiempo que él prefiere mantenerse en el anonimato. Sí, tal vez algunas de las frases te pueden dar rabia porque son las típicas "buenrollistas" pero he de reconocer que hay algunas que me han gustado bastante (Aprender a irse; cuenta contigo; ve a esa fiesta; mi cole es una aventura).


Cuando hago estos descubrimientos te echo de menos. Venzo el impulso de enviarte un mensaje para decirte, mira, qué te parece, es chulo, ¿no? A veces no sé qué hacer con tu hueco, no lo puedo borrar, ni doblarlo para que se haga más pequeño, ni sacarlo de aquí para tirarlo por un acantilado, en plan criminal. Lo llevo pegado al pecho, mientras voy en bici, cuando llego al trabajo o en mis viajes. Me pone tristilla que no sepas ya nada de mi vida, ni saber yo de la tuya. Explicarte los líos en los que me meto últimamente por no saber morderme la lengua o el miedo que me da recibir los resultados del médico. En ese hueco están todas las risas, las complicidades, los vermuts, las canciones y los besos. Por las mañanas miro el hueco, esperando ver algo, no sé, un atisbo de recuerdo, un ¿estás ahí, Carol? yo también te echo de menos. No es un hueco de pena, es un hueco de echar de menos, como cuando tu mejor amigo se marcha a Alaska y sabes que será muy muy difícil volveros a ver. Algo así. Es el hueco de no haber tenido tiempo de llevarte a la ópera, ni a Japón (era ambicioso pero habría esperado un mundo si me lo hubieras pedido), ni a alguna ciudad en tren. Es el hueco del tiempo que me ha faltado contigo. Y sí, soy algo cretina al escribirte así, empleando la segunda persona y a bocajarro pero es la libertad de saber que no estás al otro lado y que, por lo tanto, puedo escribir lo que se me antoje. La libertad del anonimato, como el tipo del kilómetro 32 de la autopista del norte en Tenerife. Y porque nadie sabe quién eres, nunca te descubrí precisamente por lo mucho que me importabas, para qué darte un nombre o un apodo ficticio si tú y yo ya lo teníamos en nuestra historia.

No sentirse merecedor de lo que más se ama: la clave de Otello






Hoy escribo dos veces porque me acabo de enterar de esto, por los pelos, y me ha parecido un acontecimiento demasiado importante como para guardármelo.
 
"Con motivo del Bicentenario del Teatro Real, RTVE ofrecerá este sábado en directo la representación de Otello. La ópera de Verdi basada en la obra de Shakespeare se retransmitirá en streaming para todo el mundo, y también podrá seguirse en plazas e instituciones culturales de más de 80 municipios de España, en una iniciativa que pretende poner la ópera al alcance de todos.

Además de en los municipios, también se podrá ver en un montón de instituciones emblemáticas como el Museo del Prado, Museo Thyssen-Bornemisza, Círculo de Bellas Artes, Fundación Giner de los Ríos, Residencia de Estudiantes, Fundación Canal de Isabel II, en Madrid; Museo Guggenheim de Bilbao; MARCO, Museo de Arte Contemporáneo de Vigo, etc.

También se retransmitirá en directo para 140 países en la plataforma audiovisual Shakespeare Lives, en las webs de los centros de British Council en todo el mundo, y en teatros como el Shakespeare Theatre de Gdansk (Polonia) o el Teatro Nacional de Rumanía. Además de en las plataformas online The Opera Platform y ARTE Concert."

La historia de Otello siempre me ha parecido fascinante, tuve la suerte de estudiarla a fondo desde el punto de vista literario y, sobre todo, del retórico en la universidad. Los celos, el racismo, la mentira, la manipulación... Todo eso aparece en la obra. Irresistible.

"Y en este contexto, Otello nos coloca ante uno de los miedos más inconfesables del ser humano: no sentirse merecedor de lo que más se ama". He ahí la clave. Aquellas personas que renuncian a lo que aman por su inseguridad, por sus miedos, por esa especie de complejo de inferioridad que les hace abandonar lo que les produce placer o felicidad. Su oasis.

Por eso nos siguen atrapando los clásicos. Por eso se me atraganta el alma cuando escucho esta ópera o cuando releo la obra teatral. Porque hablan de mi vida, de nuestras miserias, de nuestros sentimientos más privados. Porque siento que me narran a mí desde mi centro.

Así que hoy, a las 19:55 h, me conectaré a la tele y desconectaré mi móvil para ver esta maravilla.  

Tan sólo hay que registrarse gratis aquí: 


C’era questa cosa strana, fra noi, che non parlavamo tanto, però ci volevamo bene



La recomendación de hoy es una película maravillosa: Un bacio, de Ivan Cotroneo. No creo que sea bueno ver el trailer (soy antitrailers, a pesar de que siempre los pongo aquí) sino directamente el filme. No voy a explicar nada de esta ficción porque sencillamente creo que es una película perfecta y estoy totalmente enamorada de los tres protagonistas.

Me han invitado a una fiesta de cumpleaños sorpresa para celebrar los cincuenta años de la homenajeada. Cincuenta años, eso ya es un nivel. Aún no sé si voy a ir porque ello implica un gasto bastante importante puesto que  me supondría coger un AVE, etc. y con ese dinero podría planear una escapada a Madrid, por ejemplo. Mi relación con la chica que cumple años es mínima pero creo adivinar que la invitación es una especie de encerrona para rodearme de gente a la que se supone que me haría más feliz conocer. A las fiestas hay que asistir sólo si apetece y jamás por obligación así que pensaré en ello.

Mientras, la vida sigue. Inicio proyectos que sé que van a marcar mi futuro profesional -espero que para bien- y que a primera vista me imponen un poco aunque soy consciente de que con miedo nunca se avanza. 

Lo cierto es que tengo ganas de que se termine este año a pesar de que ello implica envejecer un poco más. El otro día me dijeron que mis canas no están mal, que podría incluso marcar tendencia con ese estilo. Me morí de la risa cuando en el fondo me sentí algo absurda. Las canas sólo se descubren cuando me recojo el pelo así que puedo jugar con ese detalle dependiendo de lo que me interese mostrar.

Lo casos acumulados sobre la mesa parece que me miran de reojo como preguntándome cuándo me voy a dedicar a ellos, que los tengo tan abandonados. Sigo siendo buena en eso, en lo de recoger pistas para luego descifrarlas aunque necesito lo más fundamental: clientes que me aporten casos. Sin eso mi trabajo no serviría de nada y mi vida avanzaría lenta y sin ningún valor. 

En fin, lo único a lo que hay que prestarle atención de esta entrada es a la película. No se puede dejar escapar, de verdad.

Por favor, sorpréndeme



Estúpidas creencias, normas o saber estar. Creo que me he hecho un reset sin querer y no recuerdo muchos de los puntos clave de los últimos años. Ignoro si esto es bueno o malo. Este mediodía he tenido un amago de ataque de ansiedad, me lo he notado, estaba con la sra. Blenk y he tenido que disimularlo a pesar de la sensación de asfixia. Igual es que se me está quitando la capa de valentía, como esos coches mal pintados en los que cualquier día empieza a asomar la pintura que había debajo, la más antigua. 

Está lloviendo y me anima. A veces mi cara oscura se alegra de estas cosas. Y a partir de esta sentencia algunos me van a dejar de leer porque de repente voy a caer fatal. Barcelona ya no mola nada. Porque nos han dividido -aunque nos hayamos resistido (la gran mayoría)- y esto ya no tiene arreglo, los dos bandos nos miramos entre nosotros sin reconocernos. Batalla de pregones en las fiestas de la Mercè y otros hechos absurdos que no deseo nisiquiera investigar.

Barcelona molaba en 1988, cuando se hizo público lo de las Olimpiadas. Qué felices y salvajes fuimos, recuerdo que los coches pitaban por las calles, que nos abrazábamos todos y que aquello era lo único que parecía importar. No había diferencias, no existían los bandos, al menos a nivel de calle.

En el colegio nos hicieron escribir un poema dedicado a los Juegos Olímpicos y yo pinté los aros con lápices de color, encabezando mi oda. Rimaba y todo, tuvimos que cuadrar los versos para que cuadraran las sílabas. No sé si la ignorancia nos hacía más felices, estábamos todos conectados, unidos por una ilusión deportiva, aquello iba a ser la bomba, sin duda.

De aquel espíritu -llamadme pesimista- creo que no queda nada, ni rastro.

Por favor, sorpréndeme. Como los de la canción.


I'll keep warm in the glow of your love

El tema musical que destaco hoy dura 02:43 minutos. Para entender esta entrada recomiendo escuchar primero la canción, con los ojos cerrados si es posible, no pensando en nada más. Es muy intensa y no se puede escuchar de otro modo (sobre todo si es la primera vez).



Boy you and I should hide away
As far as love will let us stray
we will dance for ever and a day
Be together for eternity.

We shall bloom in our spring affair
Steal a kiss beneath the golden moon
Run hand in hand without a care
And flourish in the summer sun.

I love you.

Autumn's breeze blows gently
through your hair
To you I give my heart completely
And as winter days grow dark and cold
I'll keep warm in the glow of your love

I love you, yes I do
I love you, yes I do
I love you
I love you 

Debía de ser 1985 o 1986 cuando los Communards pegaron fuerte. Yo tenía unos once o doce años y mi padre me compró el cassette en un mercadillo, mucho tiempo después me di cuenta de que era pirata porque el papel parecía una fotocopia y el audio no tenía demasiada calidad. En aquel momento todo esto me pasó desapercibido porque aquel álbum me encantó. Recuerdo que había un tema en concerto, La dolarosa, que me atravesaba, incluso sin tener ni idea de qué decía la letra. Me dolía mucho, no era tristeza sino una especie de melancolía infantil.
Hoy, unos treinta años después, me lo he vuelto a encontrar de casualidad y me ha vuelto a atravesar, con la misma intensidad pero con un añadido que me ha hecho volverme del revés. Mi padre ya no está. Apenas recuerdo detalles de él, su voz, sus gestos, su forma de fumar o de replicarme. Cada vez su imagen me resulta más indefinida y es como si la estuviera perdiendo irremediablemente.

No creo que vuelva a poner esta canción nunca más. Tal vez lo de dejarlo por escrito haya sido una manera consciente de dejarme aquí el aviso, como cuando pegas un post-it en la nevera: no volver a remover esas partes del pasado que tanto duelen.

Lo que pienso antes de irme al cine



Se me va la cabeza pensando en imposibles que son tan imposibles que nisiquiera los puedo dejar plasmados aquí. 

Se me va la cabeza y siento que no me regresa, que se me escapa y que ella, en algún lugar del planeta, se la queda entre las manos.

Y ya no sé qué es lo que debe de estar haciendo con ella. Conmigo.

Siguen siendo Dios



Los Pixies tocan en Barcelona el 20 de noviembre.

La única persona con la que me apetecería ir jamás me lo va a pedir.

Porque desconoce que ella es la única persona del planeta con la que me gustaría ir.

No saber que eres alguien tan especial para otra persona es algo muy curioso.

A mí me gustaría saberlo, desde luego.


Llevo casi dos semanas pensando en una noche que tuvo lugar hace muchos años



quise leer en todas las señales
pero todas las pistas fueron falsas

La canción de hoy me parece de lo más bello que se ha compuesto últimamente. Hubo una época en la que la escuchaba en vena. Siempre. A todas horas. Seguramente pensaba en alguna ella pero es curioso porque no recuerdo en cuál de ellas.

El 26 de diciembre de 2005 (sí, hace mil años de eso) escribí una entrada que titulé "Caduca a las pocas horas" y, tal como rezaba el título, horas más tarde la borré y escribí una pequeña explicación para que se pudiera entender el motivo de mi acto.

Hoy he estado revisando las entradas del blog y he visto que tenía 60 en modo borrador, la mayoría son ideas que voy apuntando y que la mayoría de veces se quedan ahí porque no recuerdo qué quería contar. Me he detenido en el post que publiqué con fecha de caducidad y he decidido volverlo a sacar a la luz, ahora ya para dejarlo definitivamente puesto que han pasado once años. Me ha conmovido releerlo y he sentido un estremecimiento al darme cuenta de que me ha vuelto como un boomerang justo en este momento de mi vida, ni antes ni después.

He tenido la sensación de que pronto va a haber una especie de cataclismo, algo muy increíble, me he sentido como esos perros que huelen la tormenta y que se esconden bajo las camas, temblorosos. Nunca se equivocan. Pero yo, ¿acaso me estoy equivocando yo?

....................................................................................................................................................................

La primera vez que sentí su pelo golpeando mi cuerpo creí que iba a enloquecer. Nunca escribo sobre el deseo porque me parece que pierde misterio, que se elimina todo el morbo. Porque no puedo encontrar palabras. Al igual que no puedo definir o concretar el olor de su pelo. Su champú era el mío pero mi cabello nunca olía igual.

Seis años después, he vuelto a recordar ese olor.

Y me ha subido un golpe de sangre, desde el corazón hasta la punta de los dedos. Casi me he mareado porque el recuerdo ha sido demasiado fuerte.

Cuando alguien te dice que la mejor noche de su vida la ha pasado contigo, jamás lo olvidas. Por muchas historias que hayan pasado luego. Pasó varias veces pero aquella noche nos abrazamos hasta que nos dolieron los huesos. Recuerdo que al día siguiente, ya lejos, antes de ir a trabajar, lloraba bajo la ducha. Me dolía eliminar ese olor.

Una vez, hace años, me confesó que su hermana, en la cena de Nochevieja, llevaba mi perfume. Y que le dio un vuelco el corazón, la cena le resultó insoportable. Y eso que la historia ya tenía el punto final bien definido.

Seis años antes, yo vivía dolorosamente feliz un papel de amante que me iluminaba los días de aquella navidad. La Nochebuena en el suelo de un oscuro local haciendo el amor, después de escaparnos de cenas respectivas y mentir. La capacidad de mentir se nos agudizó. La Nochevieja enviándonos mensajes de deseo y añoranza. Compartiendo cama con la persona equivocada.

Jamás el deseo había salido vencedor con tanta belleza. Tretas, estrategias, todo para hacer posible los encuentros a las horas más despiadadas. Verla a las cuatro de la mañana no me importaba. Una hora a su lado equivalía a un fin de semana con pareja convencional. Poder cenar juntas se convertía en un momento hermoso en medio de tanta mierda.

"Avui he pensat en tu" (hoy he pensado en ti)

Recibir un sms en un día clave con una frase como ésta, supongo, es lo que ha hecho que recuerde el olor de su pelo.

Y que olvide o recuerde –poco importa el verbo ya- todo el dolor, todo el daño. Todas las cartas. Todos los juegos, todo el valor, toda la música, todos los besos furtivos en el coche…

Daría lo que fuera por saber en qué punto se halla su deseo. Avui he pensat en tu… es una frase que dice mucho pero también apenas nada.

Siempre me gustó la palabra detonante. Ese inicio, esa mecha que prende y una vez prendida, no se puede apagar. Como la piedra que cae por el precipicio.

No creo que te importe saber



No creo que te importe saber
Que no he vuelto a usar pijama
Nunca más
Y que ahora cocino quinoa
Algunos domingos
Como los modernos
De los que tanto nos burlábamos.

He descubierto algunas canciones
Que te gustarían
De esas que tienen las letras tan torturadas
Que te derriten
Los vinilos.

No creo que te importe saber
Que ya no uso lentillas
Por aquello de mi ojo derecho
Y que apenas bebo
Porque siempre me sienta tan mal
Que me desprotejo
Como una mansión sin alarma.

Salgo con Elena
Muchas tardes
Y me pregunta por ti
Hablamos de lo complicado
Que es coincidir con alguien
En las coordenadas exactas
Guardando la distancia adecuada
Como decía Christina.

No creo que te importe saber
Que me he hecho tan mayor
Sin dramas
Sin envidias
Sin análisis de sangre
Y que soy bastante feliz
En mi piso
De balcón pequeño.

Hoy encontré una lista de la compra
En uno de esos folios
Que conservo para reciclar:
Guisantes, leche, garbanzos...
He recordado que la escribiste
Para aquel verano en la playa.

No creo que te importe saber
Que la he roto en mil pedazos
Qué más podría haber hecho
Con ese fragmento de agosto
Que estaba ahí,
Agazapado
En mi archivador rojo.

Después ha sonado
Aquel tema de Tulsa
Y he sonreído al escuchar lo de
Yo no soy una de esas
Ilustres amigas tuyas
Que la comen tan bien.

Y he sabido que
Si alguna vez la vuelves a escuchar
Te acordarás de mí.

"Eight days a week", el documental definitivo que demuestra, una vez más, que la beatlemanía nunca va a desaparecer



Maravilloso. Si eres beatlemano/a tienes que ver el documental de Ron Howard porque es una ocasión única: tras la obra se proyecta el mítico concierto del 65 en el Shea Stadium (la primera vez en la historia que un grupo tocó en un estadio ante más de 55.000 personas) con material remasterizado (el 4K y esos milagros de la tecnología). Este concierto, pero mejorado:


En el documental se pueden ver y escuchar fragmentos de material que no había visto antes la luz, además de algunos testimonios realmente emotivos, como el de Whoopi Goldberg, que explica lo importantes que fueron los Beatles en su vida; o el de Kitty Oliver, que ha sido el que más me ha impactado. Ella habla de la segregación racial de aquella época, en algunas partes de Estados Unidos, y de cómo los Beatles se negaron a tocar si se obligaba al público a separarse en negros y blancos. Oliver explica lo mágico que fue el estar todos juntos allí, sin importar color de piel, simplemente unidos por la música. Bueno, todo ello mejor expresado en el documental:


Sólo digo que, cuando la proyección se ha terminado, todos nos hemos puesto a aplaudir emocionados.

Los cachorros prisioneros



Los cachorros prisioneros
Son liberados
Todos los viernes
A las cinco de la tarde.

Y se abrazan a sus madres
Se cuelgan de sus cuellos
Únicas sogas que los salvan
De cinco días de llantos
Mocos y tierra en los cabellos.

No entienden porqué los abandonan
Tras un verano
De playa, helados y canciones al sol.
Qué les ha debido pasar a sus madres
Para que actúen con esa crueldad
Y se desentiendan de ellos.

Las horas pasan lentas
Sin que ellas les abracen
Y les digan al oído
Que no están solos
Que no están presos
Que se acabarán acostumbrando
Y que pronto aparecerán
Amigos, nuevas canciones
Guapas profesoras con batas a cuadros
Y entonces no querrán abandonar el colegio.

Mas hasta ese día
Las clases son la peor de las prisiones
Porque el timbre nunca suena
Las ventanas son duros barrotes
Y el resto de críos
Extraños
A los que nada les une.

Se quedan sentados
Toda la mañana
Siempre con el abrigo puesto
Y la mochila al hombro
Como esperando un descuido
Para salir corriendo.

Los cachorros prisoneros
Pasarán los días
Soñando con los viernes
A las cinco de la tarde
Cuando tras las rejas
Aparezcan las madres
Superheroínas anónimas
Para salvarles
Cogiéndoles
De las manitas
Temblorosas
Y diminutas.

En un colegio
De una ciudad lejana
Hay un cachorro que llora
Más alto que los demás.
Y aunque sé que jamás
Volveré a verle
Que jamás sabrá que le escribo
Y que le quiero de verdad
Pienso en su pena
Y la hago un poco mía
Echándole de menos
Echándonos de menos
Aquí
En el silencio de mi casa
Mientras suenan en su honor
Los Klaus & Kinski.

Tengo la cabeza llena de relámpagos



- ¿Edad de la primera regla?
- Doce.
-¿Fecha de la última regla?
- 20 de agosto.
- ¿A qué edad iniciaste tus relaciones sexuales?
- Veinte.
- ¿Tienes regla dolorosa? ¿Anormal?
- No.
- ¿Mantienes relaciones sexuales en la actualidad?
- No.
- ¿Has usado pastillas?
- No.
- ¿Algún otro método anticonceptivo?
- No.
- ¿Has tenido hijos?
- No.
- ¿Algún aborto?
- No.
- Muy bien, pues pasa detrás de cortina y quítate la falda y la ropa interior.
- Sólo tengo relaciones con chicas.

Si hay algo que odio profundamente es la visita al ginecólogo. No es porque me avergüence de nada, ni de mi cuerpo ni de lo que hago con él pero siempre hago la prueba de no decir con quién me acuesto para ver si de una maldita vez me lo preguntan al inicio de todo el interrogatorio, por si hay suerte. Nunca la hay, siempre presuponen que soy hetero y al final la conversación da un giro con mi confesión. 

¿En serio esta gente -que se supone profesional- no es capaz de reciclarse un poco? Alguna vez he optado por fingir que soy hetero porque te miran más cosas, y esto no es broma, muchos de ellos presuponen que si te enrolas sólo con chicas no vas a pillar nada. Qué despropósito.

Como soy una nómada de las consultas ginecológicas -sigo a la espera de una doctora bollo, ¿existe?- cada vez que acudo a visitarme tengo que repetir el historial sexual de mi vida. Es el precio que he de pagar por mi inconformismo.

Prosigamos. La prueba de la citología es la tortura de la época moderna, comparable al garrote vil, a mi entender. El hombre ha ido a la Luna, los móviles ya se pueden mojar, jugamos con la realidad alternativa... ¿De verdad no existe otro método menos doloroso que la maldita citología? ¿En serio? Es que no me lo puedo creer. 

La que me han hecho hoy ha sido la peor de toda mi vida, incluso he chillado del dolor y eso que yo tengo mucho aguante. Relájate, me decía la tipa, clavando su pupila en mi pupila azul (y yo pensando en Bécquer). ¿Cómo diablos me voy a relajar, si siento que me está reventando por dentro? Una no se puede relajar si tiene la sensación de que la está perforando el peor de los villanos.

Jamás me habían hecho tanto daño. No he podido ir al gimnasio e incluso he sangrado un poquito, por lo visto en algunas ocasiones es normal. 

He vuelto a casa escuchando a Tom Waits, un poco como un alma en pena. Las temperaturas han bajado en picado en mi tierra y el otoño se está colando ya en nuestras mañanas.


PD: Y aquí un cover muy interesante de Norah Jones de la canción de Tom Waits del inicio del post.

Quiero llevar bigote y patillas


El poder que tiene la estética sobre mí es algo que me cuesta mucho explicar sin parecer una petulante. Es una especie de religión, de ideología, de salvavidas que te rescata de la mediocridad y la parte gris del mundo. La estética por encima de todas las miserias y tristezas.

Hoy ha sido un día brillante. Las chicas de Hay una lesbiana en mi sopa (de las que ya hablé en otra ocasión en el post "Soy Caroliner") me han publicado un articulillo en una de sus secciones.


Y de bonus track este cover que acabo de descubrir...


Hoy tengo un día Loquillo y eso me gusta a morir

Me encantan las autoapuestas. Ayer, sin ir más lejos, volví a hacer una. Me dije: si no entro en la lista de admitidos para estudiar el C1 me apuntaré a clases de guitarra. Bien, pues el destino ha hecho que el mundo de la música se pierda a una aficionada más.

Debería estar contenta porque el inglés me salvó de algo muy terrible. Y yo nunca exagero, es que tengo lo hiperbólico en los genes. Así que supongo que se lo debo, al inglés, me refiero.

Hoy me he dado cuenta de que todas las chicas con las que me enrolaría ahora mismo aparecen en mis contactos del móvil sin el apellido, qué cosa más curiosa. Como si no necesitaran nada más que el nombre de pila para ser únicas (aunque no tengan los nombres de pila más originales del mundo). Son tres y las tres me escribieron largo y tendido la semana pasada. Y no son de las que suelen escribir, de hecho no había tenido noticias de ellas en mucho tiempo.

No entiendo nada. Pero sigo creyendo que las cosas no suceden porque sí.

Y ahora mismo lo que estoy viviendo me parece increíblemente emocionante.

Al menos eso es lo que vive mi mente adolescente.


Extraña forma de vivir



Hoy voy a bailar alrededor de esta fuente
para intentar encontrarte entre la gente;
hoy voy a escalar por la cara noroeste
para intentar esta vez no caerme.

Soy un animal lleno de deseo,
soy un animal que por ti me muero.
Y al anochecer, cuando el sol se va
persiguiéndote, yo me iré detrás.

Extraña forma de vivir,
estar pensando siempre en ti;
extraña forma de morir,
vivir pensando en ti.

Hoy voy a cantar las canciones de tu vida
para intentar que no te sientas perdida.

Soy el hombre que aún sigue esperando,
soy el hombre que aún sigue soñando
que al anochecer, cuando el sol se va
persiguiéndome, tú vendrás detrás.

Extraña forma de sentir,
estar pensando siempre en ti;
extraña forma de morir,
vivir pensando en ti.

Un post en directo nada trascendental


Me he levantado a las nueve y poco. Mientras escuchaba "No es un día cualquiera" (mi programa de los fines de semana en RNE) he desayunado y he leído las noticias. Después he quedado para dar una vuelta con Elena y su bebé. He desayunado por segunda vez (un bocata de fuet catalán y un café con leche). Le he regalado una camiseta a la bebé y me han echado la bronca porque la consiento demasiado. A mí me da igual porque apenas queda verano y me ha parecido decisivo que ella luciera esa camiseta tan adorable. Se han ido a la hora de comer y yo he aprovechado para ir a comprar al Caprabo porque hoy hacían una oferta que pintaba muy bien: te devolvían todo el importe de tu cuenta en vales de dinero para gastar en tres meses. Pues vale, me he pulido treinta euros así que me han regalado tres vales de diez euros. El truco está en que sólo se puede utilizar un vale por día y en una única compra y gastándote un mínimo de treinta euros, vale, ahí es cuando te pillan, te has de gastar treinta pavos. "Que nadie da duros a cuatro pesetas", como solíamos decir antes del 2000. he colocado la compra y he decido pasar de la comida para irme a la piscina. Allí he estado un par de horas tomando el sol y bañándome totalmente sola. No entiendo cómo es que casi nunca hay nadie en esa piscina pero lo cierto es que a mí me va de perlas porque me exasperan los adolescentes en el agua. He escrito algunos mensajes y he pensado que tal vez sería el último baño del verano. Me he puesto un poco tristilla por tener esa certeza. La semana que viene comienzo a trabajar en mis casos y este otoño-invierno va a ser bastante duro, me han quitado la mitad de los casos que llevaba así que facturaré la mitad de los ingresos. No quiero preocuparme más de lo necesario por ese tema, por el material, porque es algo que no depende de mí, quiero decir que si mis superiores consideran que no soy tan eficaz como para destinarme un cierto número de casos pues bueno, oye, no puedo hacer demasiado al respecto. Supongo que en breve me pondré a buscar otras vías de ingresos. Como éste es un post en directo, de repente se ha puesto muy oscuro, como si fuera a caer una gran tormenta y sólo son las ocho y diez. Es en estos momentos cuando se me gira toda la piel y echo de menos un abrazo. OK, fin del momento blando. He regresado a casa, me he duchado mientras sonaba la Velvet Underground y he cocinado un plato de pinchitos con una rebanada de pan de pagès con tomate y aceite. He comenzado a ver una peli en Filmin pero la he tenido que dejar de ver porque me ha resultado insoportable, no voy a decir qué película es porque no deseo que nadie más la vez, de tan terrible que me ha parecido. Y yo no soy de las que se escandalizan con todo. Entonces he visto que estaba el remake de Muchachas de uniforme, la de 1931, la que se considera como la primera película lésbica de la historia. Esta versión es de 1958 y pinta bien, aunque creo que se hicieron más versiones como otra mexicana, creo recordar. La he dejado a medio porque tenía que hacer una llamada a una amiga que está hospitalizada este fin de semana, tiene algo y le están haciendo pruebas para saber qué puede ser. Me ha vuelto el miedo a ponerme enferma, no es algo que esté cada día en mi vida pero me vuelve a rachas, sobre todo cuando le toca a alguien de mi alrededor. Ya está lloviendo a mares y tronando, espero que no se vaya la luz y me quede sin terminar esta entrada. Oigo a la gente correr bajo mi balcón y sé que en el fondo me encantaría ser yo la que corre ahí debajo bajo esta lluvia espontánea. Pausa. Acabo de salir al balcón y se me han mojado las gafas y el pecho. Sería un momento de pitillo pero ya no fumo, bueno, miento, sólo fumo en ocasiones muy muy especiales así que si me veis fumar en vuestra presencia sentíos halagados o halagadas. A partir de este momento ya no sé qué más voy a hacer. Está tronando y sólo espero no angustiarme demasiado.










Si soportas el final del concierto, estás salvado para siempre



Un día cualquiera te das cuenta de que estuviste en aquel concierto, de que cantaste a pleno pulmón mientras se te caían las lágrimas de la belleza incontrolada. Lo hacías por Madrid, porque el mundo podría acabarse al día siguiente y era necesario exprimir el tiempo, por tu felicidad real, por todos y cada uno de tus huesos brincando en sincronía con tu voz.

Tengo la sensación de que me acabo de salvar de algo.



La importancia de saber con quién te "enrolas"



Let's all meet up in the year 2000
Won't it be strange when we're all fully grown
Be there 2 o'clock by the fountain down the road
I never knew that you'd get married...


En dos horas he quedado con la primera chica a la que quise de verdad, a mis veintipico, cuando aún pensábamos que en el 2000 la vida sería más fácil montados en coches y patines voladores. Hace siete u ocho años que no nos vemos así que estoy algo nerviosa, bueno, algo no, lo cierto es que lo estoy mucho. Esos nervios de no saber qué ponerte, de hallar el punto justo entre no ir demasiado tirada ni que parezca que vas de boda, ese punto ideal de simular que no te has arreglado pero que todas tus prendas estén perfectamente calculadas.

Y mientras me pregunto qué tal estará físicamente, si seguirá teniendo el mismo delicioso acento mallorquín, si le seguirá gustando la misma música, las mismas comidas... De los veintipico a los cuarenta y pico pasan tantas cosas que no sé si seremos capaces de elaborar un resumen coherente y ordenado o nos explicaremos nuestras vivencias a trompicones.

Siempre he creído que existen dos tipos de ex: con las que jamás te volverías a enrollar y con las que sí. No voy a especificar a qué tipo pertenece ésta ya que creo que ha quedado bastante claro. Tal vez debería cambiar el verbo enrollar por enrolar, que me gusta mucho también: alistarse, inscribirse en la lista de tripulantes de un barco. Enrolarte con una chica, suena genial.

Cielo santo, acabo de caer en la cuenta de que al poco de abrir el blog le pasé mi dirección así que existe una posibilidad entre mil de que ella me lea. Joder. Pues es demasiado tarde, me tengo que duchar y no pienso borrar esta entrada después de haber perdido el tiempo escribiéndola. Que lo que pasa en el blog se queda en el blog, oye.

Quiero ser Morrissey



Quiero ser Morrissey
Cualquier día entre semana
Para irte a buscar al trabajo
Y que se te resbalen los pendientes
De la sorpresa al verme.

Quiero ser Morrissey
Para que te confundas
Para que te vuelvan las dudas
Para que se te caiga ese cielo
Artificial que te has construido
Tú sola
Con tus manos solas
Para que comprendas
Que ese cielo
No va a recibir
Ni un solo bocado
Como los que yo te daba.

Quiero ser Morrisey
Y que tiembles
De frío
A 36 grados
Y que te acojones
Al verme tan cambiada
Pero con la lencería
Preparada para la batalla
Y ganándola
Como siempre.

Quiero ser Morrissey
Para que algún día
Sin esperarlo yo
Sin apuntártelo tú
Decidas seguirme
Y quedarme
Con un mechón rubio
De trofeo verdadero.


You don't own me: deberíamos tatuarnos esta frase en el exterior del corazón, para evitar mil daños posibles

Parece ser que mi post del otro día, Las mujeres seguimos siendo lo más negro del mundo, le ha interesado a más personas de lo normal en este blog, lo digo por las estadísticas de visitas que ha recibido. Me ha puesto contenta por dos motivos, por la repercusión del tema (hablar de las cosas es necesario), y porque veo que hay gente tras la pantalla que me sigue la pista, a pesar de esta época tan mala para los blogs personales.

Sigo pensando en la violencia machista, en las agresiones, etc. Hoy le daba vueltas a ese otro tipo de violencia: la verbal o psicológica como, por ejemplo, cuando alguien tan cercano como tu pareja trata de manipularte con estrategias que pueden ir desde el chantaje emocional o la manipulación de los hijos hasta la agresión sexual y/o física. Personas que te tratan como si fueras un puto objeto, como si fueras un animal sin alma y sin corazón que no merece un lugar de respeto en este mundo. 

Una vez más he buscado ejemplos en canciones y he recordado una maravilla de cover que hicieron The Blow Monkeys y que forma parte de la increíble banda sonora de Dirty Dancing (sí, válgame el cielo, crecí con esa peli en vena, con su banda sonora para ser más justos, que era lo que más me atraía). 

La letra de ese tema es un lúcido ejemplo de alguien que se niega a que le manipulen y le arranquen lo más auténtico de su persona, alguien que no desea renunciar a su libertad ni a su derecho al respeto. Es toda una declaración de valores que siempre me estremece al recuperarla.

You don't own me,
I'm not just one of your many toys.
You don't own me,
Don't say I can't go with other boys.


And don't tell me what to do,
Don't tell me what to say,
And please, when I go out with you
Don't put me on display, 'cause...


You don't own me,
Don't try to change me in any way.
You don't own me,
Don't tie me down 'cause I'd never stay.


I don't tell you what to say,
I don't tell you what to do,
So just let me be myself,
That's all I ask of you.


I'm young and I love to be young,
I'm free and I love to be free,
To live my life the way I want,
To say and do whatever I please.


Y como suele pasar cuando te vienes arriba tras las grandes pasiones, me he puesto a cantarla porque realmente me parece un tema brutalmente sexy. La voz es mía, sí.

The Blow Monkeys - You don't own me


Mi cuenta pendiente con Susana Hernández: Cuentas pendientes y el resto de su obra



Hoy voy a escribir sobre algo que me da bastante vergüenza admitir pero deseo hacerlo público porque así me comprometo a ponerle remedio lo antes posible y porque, además, creo que estaría bien compartir esta información como se han de compartir las pistas interesantes.

Susana Hernández es escritora, de las de calidad, de las conocidas y reconocidas. Lo suyo es la novela negra y acaba de publicar Cuentas pendientes, que forma parte de una serie protagonizada por la subinspectora Rebeca Santana. La serie incluye hasta la fecha las novelas Curvas peligrosas, Contra las cuerdas y la última, Cuentas pendientes. Su personaje fue elegido mejor personaje femenino de novela negra y policial en los premios LeeMisterio de 2012. Ahí queda eso.

Cuentas pendientes acaba de ganar hace unos días el premio Festival Cubelles Noir 2016 a la mejor novela negra en castellano escrita por una mujer y editada en 2015.

En la página de la editorial podemos leer la sinopsis:

La vida de la subinspectora Rebeca Santana quizá no difiera tanto de la de cualquiera de nosotros. De vez en cuando surgen problemas con la pareja y algunas amistades y, cómo no, tiene algunos conflictos laborales. Pero Santana, que se crió enel popular barrio del Carmelo, en Barcelona, tiene un pasado doloroso que no puede —y no quiere— olvidar y que se ha cobrado un alto precio en la relación con sus padres y entorno más próximo. Mientras Santana y su compañera Miriam Vázquez intentan desmantelar una red de tráfico de menores, que a la postre reabrirá antiguos casos que se creían ya cerrados, los demonios del pasado y del presente perturbarán sus vidas. Por si fuera poco, un asesino que consiguió huir de Santana tiempo atrás parece haber regresado a Barcelona, y su madre, recién salida de la cárcel, es secuestrada. Entretanto, su pareja, Malena, lleva un caso muy delicado y con trasfondos personales en su nueva condición de fiscal. En esta tercera entrega de la serie de la subinspectora Santana, tras Curvas peligrosas (Odisea Editorial 2010) y Contra las cuerdas (Editorial Alrevés 2012), los amantes de esta policía que monta una Harley-Davidson disfrutarán no solo de un nuevo caso, o deberíamos decir casos, sino también de una Santana más humana que nos abrirá las puertas a su pasado y a su relación con Malena, el verdadero amor de su vida.

A ver, ¿cómo puede ser que yo no haya leído ni una sola de las tres novelas protagonizadas por Santana? ¡Una subinspectora bollo resolviendo casos y misterios! ¡Qué más podría pedir! Y encima literatura de calidad... Lo mío ha sido imperdonable, vamos, y encima ganándome la vida como detective. Muero de la vergüenza.

Susana Hernández es de esas tipas que caen bien, nunca hemos coincidido en persona pero la tengo como amiga en Facebook y gracias a eso he podido escucharla hablar en el programa que presenta la fascinante Laura Gonzàlez (una tipa que te hace perder la cabeza sólo con su voz, bueno, y con su belleza también), Todos somos sospechosos (tenéis abajo el enlace).

Blog de Susana Hernández

Entrevista en el programa Todos somos sospechosos, de Radio3, (a partir del minuto 37:50)

Entrevista en Hay una lesbiana en mi sopa

Banda sonora del blog

Las canciones que aparecen en el blog

Follow by Email

Sección reivindicativa

De otro planeta

Carol

La pertenencia, Gema Nieto

Seguidores

Desaparecer