'Pandémica y celeste' es tal vez mi poema preferido (en recuerdo al Día Mundial de la Poesía)



Ella y yo
Tal vez somos
Un oxímoron
Descabellado
Y galopante.

No ve de cerca
Y yo de lejos.

Me pregunto si nuestras
Líneas paralelas
Van a colisionar algún día.

Ojalá mis recuerdos hubieran sido de un patio de Sevilla pero son unos de los más distorsionados del planeta



El día del padre. El día del padre para los que perdimos al nuestro. El día del padre para los que no cumplimos la mayoría de edad de su mano. El día del padre para los que nisiquiera hicimos un duelo completo.

Los anuncios, los descuentos, los recordatorios nos siguen llegando a nuestros correos como una burla desgastada que, tras más de veinte años, aún nos duele. 

Mi padre era muy guapo, tenía un mechón blanco en un lado del pelo. He descubierto hace poco que lo he heredado -caprichos de la genética- y me empeño en hacerlo desaparecer arrancando insistentemente los cabellos blancos día tras día. En mi cabeza, libre de canas, ese motín capilar diminuto lucha por hacerse hueco y ahora me doy cuenta de que tal vez debería dejar a la genética hacer su trabajo.

Le gustaba el cine negro y el café solo.  Y me pegó una vez por decir una verdad.

No recuerdo nada más de él.

Ahora le gustaría Bunbury.



Poema del futur (o com plagiar els Mishima quan hi manca la inspiració)

Diuen que mai penses en mi
I que et drogues a les nits
I quan arriba divendres
Diuen que pagues tot l'alcohol.

Diuen que surts totes les setmanes
Fins i tot si has treballat
Però jo sento que el teu cansanci
Només et recorda a mi.

Diuen que et van veure amb aquella noia
Un diumenge al mercat modern
Quan tothom sap que em copia i
Que se'n va al llit amb mitja ciutat.

Diuen que la besaves davant dels meus amics
I que us fotíeu mil ratlles
Que al cap hi duia les ulleres de sol
Que et vaig regalar.

Es veu que heu tingut una filla
I ara la portes a un col·legi de barri
Que te'n vas vendre el cotxe groc
Amb la pegatina vella del darrera.

Diuen que mai no havies estat tan feliç
Però a mi em sembla que s'equivoquen
Perquè jo sé que a tu et falta el més important
Allò que només trobares en mi.



El poema que comenzó superficial (quiero bailar en Madrid) y terminó... muy diferente



Si pudiera elegir
Escaparía a una fiesta
En Madrid
Con los labios pintados
Y sonarían los
Niños Mutantes
O algún otro grupo
De los que nunca
Me defraudan.
Bailaría
De 11 de la mañana
A 10 de la noche
Mientras vuelan
Las mahou.
No suena
Muy original
Lo sé
Pero eso es mejor
Que quedarse
Planchada
Un viernes tarde
Sin descuentos
Posibles.
Debo de ser
La única chica de este barrio
Que no se pavonea con
La bolsa del Mercadona.
Siempre me ha parecido
Feísima y vulgar
Así que prefiero contonearme
Con otras telas más bellas.
(Imagin que som davant sa porta
A s'horabaixa
Som una al·lota
I no tenc res de valor
-Em record tractant
D'evitar s'accent barceloní
Perquè preferisc sempre
El de ses illes
Les que tant enjor)
Lo estético pesa demasiado en mí
Tanto que a veces
Olvido adrede
Los sueños que no tienen
Una buena trama.
A las pesadillas bien guionizadas
Las mantengo en mente
Al menos hasta el desayuno.
Después de eso
Se me suelen meter por dentro
Algunas canciones
Como las de Luis Brea
Y entonces
Siento
Que es el momento de despegar
Pero nadie me chiva
Comandant, armando rampas
Y tengo que improvisar yo sola
Un vuelo sin turbulencias
Que me lleve
Hasta su cama de las alturas.

And true love waits in haunted attics and true love lives on lollipops and crisps



Si pudiera hablar contigo te explicaría que hoy un chaval al que le doblo la edad ha intentado ligar conmigo, de una manera sutil, sí, pero clara. Se ha despedido de mí dejando un mensaje poético en una pizarra y me ha parecido algo hermoso, debo reconocer que me he sentido halagada a pesar de que mi rango imposibilita cualquier expresión pública relacionada con el afecto.

Te contaría que he pasado la mañana con Elena y su bebé, que hemos reído juntas y que, una vez más, me he dado cuenta de cuánto la quiero, a ella y a su cachorro. Que el amor no resta si es del verdadero así que ahora las quiero a las dos por igual. 

También te confesaría que hoy no he ido al gimnasio porque hacía demasiado frío y he preferido quedarme en el refugiocasa trabajando y poniendo algunas ideas en orden. Que he comprado unos billetes de tren, que he descubierto un libro que deseo tener y que mis vecinos acaban de venir de esquiar y yo, que jamás he ido a la nieve, he tenido que tragarme sus aventuras pijogélidas en el portal de mi edificio.

Puede que te dijera que te echo de menos y que es una catástrofe que esta noche no podamos cenar juntas, ni la de mañana, ni la de pasado, ni la del otro... Puede que me derrumbara mientras suena esa canción de Radiohead que no aparece en ningún disco de estudio, sólo en un directo. Puede que te explicara cómo me gustaría saber tocar la guitarra y montar un grupo y dedicarte algo desde un escenario aunque luego me diera vergüenza reconocer que tal vez ya no tengo edad para hacer esas adolescencias.

Puede que me atreviera a decirte que odio los verbos en condicional y que a veces fantaseo con la idea de que no vas a desaparecer y con que el solo de guitarra de Thom Yorke se alarga hasta el infinito y no se acaba nunca.

Luego me doy cuenta de que sólo tengo los bucles de YouTube o de Spotify para sobrevivir y que sólo soy una más de la lista de números que cuelgan en la entrada de las tiendas para saber cuándo te toca el turno.

Si alguien no ha visto Rocky (1976) que no lea esta entrada



He tenido que volver a ver Rocky a mi edad para darme cuenta de que es una película de amor excelente (cuando somos adolescentes a veces no tenemos la suficiente experiencia para apreciar ciertas obras). El final es uno de los más desgarradores que recuerdo. 

El Potro Italiano ha perdido el combate más importante de su vida, apenas se sostiene en pie y le están entrevistando sobre la pelea. El público aúlla enloquecido y Rocky clama desesperadamente el nombre de su chica.

Poco importa que sea un perdedor, ha aguantado vivo todos los asaltos y lo único que desea es el abrazo de ella. La quiere de verdad, se quieren de verdad.

Pato, pato, pato, pato, pato...



No suelo escribir sobre la actualidad política en este blog, no obstante, quiero compartir con vosotros lo que me pasó el otro día.

Suelo comer con la señora Blenk mientras vemos los Simpson, es una tradición que nos gusta y nos evade de las tristes noticias de cada día. Siempre encontramos algo útil en las tramas, disfrutamos conectándolas con la realidad o con nuestras vivencias. 

El capítulo del otro día se emitió justo cuando se producía todo el debate acerca de la investidura del candidato a la presidencia del país, se trata del episodio 10 de la temporada 19, E Pluribus Wiggum.

Ralph Wiggum (uno de mis personajes favoritos) llega a ser candidato tras una espiral de despropósitos increíbles. Por favor, revisad este capítulo porque no tiene desperdicio. La señora Blenk y yo tuvimos que brindar, una vez más, por la grandeza de esta serie. 

En este enlace se puede ver el episodio completo.


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