Ay, no te metas en quereres porque se pasa mucha fatiga...

No soy mucho de releer lo que escribo aquí pero hoy, al buscar un dato concreto, he acabado leyendo todas las entradas de unas fechas determinadas, qué curioso. No he podido resistirme y he seguido buceando en las entrañas del blog durante un rato.

Tirando del hilo he recordado el listado de personajes que he ido creando a lo largo de estos once años y lo cierto es que me he asustado un poco al hacer el recuento: una motorista que viaja en una Ducatti roja, un tipo amargado porque está colgado de una chica que no le podría humillar más, una profesora de griego con un apellido precioso, su alumna predilecta que no pudo evitar colgarse de ella, una cantante de jazz que oculta que apenas sabe de música, una poeta que se llama como un mes del año, una mujer que tiene el mismo nombre que el de un personaje de una de mis novelas preferidas, una forastera extraña nacida en un país nórdico... Y alguno más que seguro que me olvido.

Antes me gustaba mucho inventar personalidades con vidas disparatadas, trazarles el camino y conducirles por tramas aunque la mayoría de veces perdía a mis personajes y se quedaban pausados en algún momento concreto. Ahora me cuesta mucho, lo cierto es que he dejado de hacerlo, o no soy capaz o no siento la necesidad de ello, no lo sé. Tan sólo me limito a hablar con mi preferido, al que tengo más cariño de todos. Igual esto parece un disparate pero pienso en él como si realmente existiera y fuera mi mejor amigo, un amigo de esos torturados que siempre acude cuando le llamas. 

Llevo dándole vueltas muchos días y creo que estoy en un momento extraño (Me has conocido en un momento extraño, que diría mi querida Marla Singer). No es tristeza ni agotamiento, es otra cosa. Tal vez lo de la crisis de los cuarenta sí que existe y me está atacando justo ahora. Puede que llevar el mismo estilo de zapatos que cuando tenía veinte años no sea suficiente o que dejar de fumar me haya afectado más de lo que pensaba (aunque debo admitir que me permito la licencia de fumar un pitilllo sólo en ocasiones solemnes). Intento no pensar pero no lo consigo, es algo que me vuelve como una mala digestión.


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Cada vez estoy más orgullosa de mis genes andaluces. Llevo un par de días recuperando las canciones de Las Migas, qué gran grupo, sobre todo cuando estaba en ella Silvia Pérez Cruz (aunque a mí la que me ponía era la guapa del violín). No sé por qué se fue, a ella en solitario no le ha ido nada mal pero a mí nunca me ha vuelto a poner la piel de gallina como cuando cantaba con sus compañeras. Ahora están grabando un nuevo disco, creo, pero de la formación original me parece que sólo queda una guitarra y me temo que el tipo de música que elaboran ahora no me va a gustar...

Siempre que vuelvo a Las Migas (las de antes) se me caen las lágrimas y me mareo, es como una bajada dulce de tensión. El flamenco que nos une a los del norte y a los del sur. Dejo un par de regalazos como dos balazos:






Nunca te hagas preguntas trascendentes un viernes por la tarde porque las carga el diablo o quién sea

Ella está en un parque con su cachorro.
Yo estoy en casa matando el tiempo
Mientras suena Norah Jones,
Que siempre acude cuando la llamas.
Ahora ya no fumo por las tardes
Ni bebo chupitos de licores raros.
Eso me quita puntos, supongo.
Ya no sé sonreír en las fotos
Ni compro en el Mercadona.
Eso también me reduce la puntuación.
Ella está en un parque con su cachorro
Y me pregunto si piensa en mí
Y si coincidimos en las coordenadas
Secretas e invisibles
Que le mando apuntadas
Dentro de una moneda de dos euros
Partida por la mitad,
Como hacían los espías rusos
En la Guerra Fría.
Ella está en un parque con su cachorro
Y los viernes no lo llevo nada bien.
La echo de menos
Y me pregunto por qué
Cruel motivo
No puedo ir a buscarla
Para irnos a cenar
Platos imposibles japoneses
Con los labios pintados
Y sin bolso.
Ella está en un parque con su cachorro
Y yo,
Mientras,
Intento averiguar
Si ella podría ser mi caso sin resolver.
Mi flashback al revés.

La La Love You donde quiera que estés



A mi lado, en el bus, una niñita con uniforme de colegio caro. Saca una libreta rojísima, imitación de Moleskine, y un bolígrafo. Me mira brevemente. Yo con gafas de sol, nublado, y auriculares. Me vuelve a mirar, no le doy miedo, sé que le intrigo. La niña empieza a musitar. Detengo la música pero sigo con los cascos puestos. Dibuja un perro. Imita el ladrido. Dos veces. Guau, guau. Observo su dibujo, se parece más a una metralleta que a un chucho. Ella se emociona por momentos. Dibuja un segundo perro, más abajo, más pequeño. Guau, guau. Lo miro. El trazo es idéntico, una metralleta de nuevo. Y así dos veces más. Dos perros-metralleta más. La cría me mira. Sé que se siente orgullosa con su obra. La sonrío. En ese momento nos hacemos amigas clandestinas. Escribe un título con caligrafía temblorosa: Familia, mamá, papá, hijo, yaya. Ahora las metralletas perrunas son una familia. Acabo de confirmar que la niña no tiene ni idea de dibujar. Pasa la página y observo una serie de sumas, los números parecen hechos por un borracho. Ni una sola de las sumas está bien. Cada vez me cae mejor la cría. Ahora confirmo que, además de no saber dibujar, tampoco sabe sumar. Comienza a imitar el tono de una maestra a la vez que dibuja esos símbolos típicos de validación que son como una letra v pero con un extremo más largo, los de check. Los va poniendo al lado de cada perro-metralleta y de cada suma. Inunda la libreta con los check. Está contentísima porque se está evaluando a sí misma. La calificación es buena. No doy crédito. En ese momento la abuela la llama, Marta, venga, que nos tenemos que bajar, y ella salta por encima de mis piernas sin mirarme. Me quedo algo decepcionada porque pensaba que se despediría mentalmente de mí pero no ha sido así.

Esa cría me ha dado toda una lección. Sus dotes de dibujo y matemáticas eran una birria pero ella se ha aprobado, se ha validado a sí misma y eso la ha hecho sentir bien. No ha necesitado nada más, a nadie más.

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Me he acordado de mi hija Jimena, la pequeña albina que ahora tendrá cinco años. El otro día me pareció verla con su carita pegada al cristal de un autobús escolar.

Hasta que todo te encaje (lo que me he burlado yo de este tipo y mira ahora, cómo me tengo que ver)

Enero es un mal mes, no hay duda. Llevo días tambaleándome y dudando entre quejarme o pasarlo en silencio. Y ahí sigo. Igual es que tenemos a la felicidad demasiado valorada y en cuanto se asoma cualquier tristeza le ponemos una mordaza y nos encargamos de silenciarla.

Dicen que hoy es el lunes más triste del año. Joder, pues ya lo creo. Que sí, que si investigamos saldrá que todo fue un semi invento de una agencia de viajes pero... ¿por qué no? Rendirse a las ecuaciones matemáticas que lo prueban —pseudociencia lo llaman por ahí— es tentador.

Hoy he estado en dos bancos diferentes. En uno de ellos el chico me ha despedido con un beso que me ha dejado descolocada (¿acaso pretendía ligar o era simple peloteo financiero?) y en el otro un ingrato nisiquiera me ha chocado la mano. He sentido un asco profundo por los dos.

Luego me he comido un helado de chocolate y se me ha pasado un poco.

Después, al llegar a a oficina, he leído una carta de una ancianita andaluza que me ha escrito pidiéndome que le encuentre a un antiguo amor de su juventud, de cuando tenía catorce años nada más y nada menos. Para ambientarme y ponerme en situación me ha narrado algunos detalles de su niñez que me han calado hondo...

[...] mi padre murió cuando yo tenía tan sólo diez u once años, no recuerdo. Me pusieron de negro de la cabeza a los pies y a mí y a mi hermana nos cubrieron la cabeza con un velo, también negro. ¡Yo era sólo una niña! Mi madre no lo pudo soportar y perdió la cabeza, no como una loca de atar, no, ella se quedó ausente. Tenía la mirada ausente, el cuerpo ausente, la mente ausente. Mi madre había decidido abandonar el mundo el día en que murió su amor.

Mi tía me quitó el velo negro y me llevó con ella a su pueblo a pasar el verano. Sabía que una cría tan pequeña no podía soportar el peso de tanta tristeza familiar. Y allí fue donde le conocí. Eran dos hermanos, yo me enamoré de uno pero fue el otro hermano el que se había enamorado de mí y me pretendía [...]

Ahí me detuve un rato, deleitándome en el verbo pretender. Ahora nadie lo usa pero a mí me parece de una belleza absoluta. 

Gracias a esa carta me he dado cuenta de que este lunes, este enero, este año o el tiempo que pueda, quiero seguir pretendiéndola


No presiento certezas sino una ficción tras otra (el personaje suplanta cada vez mejor a la persona)

Los odiosos ocho a la sesión de las cuatro.
—¿Dos?
—No, una.

Sí, maldito imbécil, una entrada solamente. Voy al cine a que Tarantino me salve de mis demonios y, afortunadamente, lo consigue porque las buenas historias siguen teniendo ese poder sobre mí. Y las buenas bandas sonoras, claro, que aún estoy temblando de gusto al recordar la apertura de la película: nieve y Ennio Morricone. Superad eso. 

Y sé que las cosas son como son. Que a veces voy de listilla y de super tipa que se mueve por el mundo con chaleco antibalas, la que se sabe todos los trucos y todas las estrategias, pero sigo cometiendo los mismo errores o puede que no sean sólo errores sino que debería aceptar que no soy la que aparento ser y que las cosas, aunque son como son, me fastidian soberanamente cuando tomo conciencia de ellas.

Mis amigos se emparejan y tienen hijos. Ley de vida, instintos naturales, eso de la felicidad compartida. Y yo sigo pasando el tiempo con las mismas cosas que hace veinte años. Pongo la música alta, escribo aquí, dejo todos mis proyectos inacabados, jamás terminé el doctorado, lloro por la calle cuando el reproductor está en modo aleatorio y me apuñala sin compasión.

Qué difícil es todo, joder. Qué difícil es todo.

A veces siento que no avanzo. Que si nadie se queda a mi lado será por algo y que ese algo tal vez está en mí, en mi falta de madurez, en mis fantasías, en mis insomnios o en que sigo mirando por debajo de la cama antes de irme a dormir.

Si el monstruo te da miedo para qué le das de comer, o algo así cantaba Christina.

A pesar de que yo nunca le he dado de comer, de hecho, suelo dormir con la pistola bajo la almohada, siempre lista para meterle un balazo. Y un botellín de agua envenenada por si le ataca la sed y se la bebe sin que me percate.

No sé qué debo hacer, cómo seguir, no sé dónde está mi lugar ni si estoy haciendo lo correcto con mi vida. Tal vez eso no se sabe nunca.

Demasiados interrogantes. Mataría por una sola certeza.



Y mi cabeza gira locamente en sentido inverso al que lleva la órbita terrestre y eso me hace equivocarme una y otra vez...

Jessica Jones (ojo, esta entrada seguro que te destripa la serie si no la has visto, avisado estás)



La entrada de hoy es para recomendar una serie que me tiene totalmente fascinada. Yo no soy de ver series, me resultan todas demasiado largas, imposibles de seguir y la mayoría no me resultan interesantes. Jessica Jones consta de sólo una temporada y trece capítulos así que me decidí a verla porque contenía los ingredientes requeridos.

Anoche me quedé hasta las dos de la mañana terminándola y puedo afirmar que es una de las mejores que he visto nunca. Es bastante turbia, las tramas son algo oscuras así que no es una serie fácil de digerir; de hecho, más de una noche me costó conciliar el sueño tras verla.

La protagonista es brillante y enseguida te atrapa: una detective privada con problemas de alcoholismo (bueno, en el fondo no es un problema porque ella lo lleva muy bien) y que no se aferra sentimentalmente a nadie, posee una especie de alma nómada. Lo único que me falla de esta historia es que ella es hetero, eso me rompe los esquemas, no me pega nada que no le gusten las chicas.

El otro punto a comentar tiene que ver con la amiga, una rubia imponente que trabaja como locutora de radio. Sólo por ver a esa maravilla de tipa ya vale la pena seguir la serie. Es de diez sobre diez. Jessica la protege y lo que me falta en esta serie es, evidentemente, que se enrollen. Hay una cierta tensión entre ellas, no sé, o tal vez es lo que yo me he empeñado en ver en la soledad de mis cenas.

No deja de ser significativo que Jessica sólo le dice te quiero a una persona en toda la historia. Tal vez en el fondo sí que hay algo pero, como a muchas hetero, le da pánico atreverse a vivirlo.

Mención aparte merece el malvado de la historia: Kilgrave. Creo que es uno de los personajes que más terror te pueden provocar, es capaz de controlar tu mente hasta el punto de que si te ordena "clávate un puñal", tú le obedeces como si te mandara a comprar el pan.

En resumen, no se puede dejar escapar esta serie. Os apañará algunas de esas noches largas que no te acompaña ni tu sombra.

Que la fuerza te acompañe siempre, pequeña



El futuro llegó y no lo vi venir,
yo tampoco esperaba que fuera así.
Qué difícil es todo, qué difícil es todo.


(La canción es espléndida pero el videoclip no me parece para nada a la altura)

La vida siempre se abre camino. Bowie muere un lunes y enseguida nace C, una bebé muy esperada, muy deseada, a la que quiero como si fuera algo mío. La fuerza de la sangre, esa tontería.

Mañana te voy a conocer, C. Estoy emocionada y con ganas de saber cómo eres, a quién te pareces y cómo hueles. Mentalmente te diré muchas cosas, a ti y a tu madre, para que no se me olviden y para que mis palabras se busquen un hueco en tu pequeña mano.

Eres el futuro, pequeña C. El futuro que no he visto venir.


El día en que murió David Bowie (o el título que jamás se debió escribir)

Hola Blenk, no te doy los buenos días
porque tengo una mala noticia...
Ha muerto David Bowie

08:43 de la mañana. Éste ha sido el mensaje que he recibido con la inaceptable y cruel noticia. Me he sentado al ordenador sin saber cómo empezar, ni qué escribir, ni cómo sentirme.

He visto las noticias en la tele y la de Bowie no ha sido la primera. ¿En serio a alguien le importa hoy algún otro suceso? Yo es que no entiendo nada. El mundo va a ser una mierda sin él, igual alguien piensa que estoy en modo hiperbólico on pero es lo que pienso de verdad.

Me he pasado el resto del día vagando de pensamiento en pensamiento por sus películas, por sus videoclips, por sus canciones, por sus ojos... Escuchando los programas de Radio3 para no sentirme tan sola.

Creo que al final todo este sentimiento de pérdida tiene que ver con el tomar conciencia cada vez más de que envejezco. Sí, en el fondo la pena por su muerte es la lástima que siento al ver que mis referentes, ídolos o como se quieran llamar están desapareciendo (Mercury, Lou Reed, Bacall...).  Porque el tiempo pasa irremediablemente por ellos pero también por mí, por todos nosotros. Y eso duele.

Ver que se mueren tus referentes es como ver que se mueren tus abuelos o tus padres. Que es ley de vida, ya lo sé, pero esa ley siempre parece una de las más injustas.

Al irse Starman también lo hace mi imagen en una fiesta de fin de año, disfrazada de los setenta y con un rayo plateado pintado en mi cara -copia barata del suyo, claro; se desdibujan otros recuerdos en los que me veo bailando al borde de la extenuación sus canciones; pierdo parte de mi infancia en su inolvidable película que me lleva directamente a cuando era pequeña y me flipaba ese mundo fantástico y él, que era el rey de los Goblins en Dentro del laberinto (1986):




O más recientemente, cuando descubrí la versión en italiano de Space Oddity, en Tú y yo (2012), de Bernardo Bertolucci:



Sin Bowie perdemos emoción en este mundo, perdemos grandes canciones, perdemos belleza. Y nos quedamos un poco más solos y con un pedazo de música menos.

Es difícil elegir un solo tema pero podría ser éste, uno de mis preferidos (y que no es la primera vez que aparece en este blog):


 
Nunca dejarás de sonar en mi vida.

You're not alone

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