Mi regalo para cerrar el año + una carta a la sra. Blenk (dos entradas en el mismo día)

Siempre he dicho que lo mejor de este blog es la banda sonora y hoy la he actualizado de nuevo (está en Spotify, que es uno de los mejores inventos de la humanidad): Narraciones (Carol Blenk)

La comencé en 2010 y contiene 396 canciones que duran justo 26 horas. Creo que es el mejor regalo que os puedo hacer antes de que termine el año así que ahí la tenéis, con todo mi cariño.


Ah, y nunca os olvidéis de las bandas sonoras... Las historias son muy importantes, cierto, pero sin las bandas sonoras no seríamos los mismos.

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Querida Mery Blenk,

Te escribo aquí porque tú no me lees y porque no tengo arrestos de redactarte una carta de las de verdad y entregártela. Sí, soy una hija cobarde y absurda. Ya sé que no debería escribirte en castellano sino en inglés pero no me veo capaz de expresar en tu lengua todo lo que te quiero decir así que tendrás que hacer un esfuerzo en comprensión lectora.

Sé que estás hundida porque tu hermana está a punto de desvanecerse, sé que haces un gran esfuerzo para que no se te note pero yo intuyo la de vueltas que le debes de estar dando a la cabeza durante estos días. Las malditas navidades, lo sé. Intento ayudar, intento ser cercana pero en nuestra familia todo ha sido siempre muy aséptico, muy oficial, muy respetuoso. Ninguno de nosotros llora en público, ninguno se hunde, ninguno brinca de felicidad, ninguno brinda. En el fondo es una tristeza de familia, siempre he sentido que no me pegaba nada pertenecer a ella porque yo soy mucho más visceral y veloz. 

No somos una mala familia, no es eso, al contrario. Somos más bien una familia seria, de las que no cantan, de las que no se besan demasiado (sólo cuando es tu cumpleaños o te vas de viaje).

Mery Blenk, aunque jamás me lo hayas dicho yo sé que eres la persona que más me quiere en este mundo y, muy probablemente, la que más me querrá jamás. Tener conciencia de ello es algo que me asusta y me conmueve a partes iguales, no sé, es extraño. 

Me gustaría explicarte tantas cosas... Hablarte de mis proyectos locos, de las pelis que he visto, de las historias de mis amigos, de que me gusta una chica, de que me gusta de verdad...

Y como todo eso no es posible, me refugio en esta carta virtual y en dedicarte el último post del año, deseando que sigas tan lúcida, crítica, cínica, honesta, sincera y bondadosa como siempre. Y que siempre sigas confiando en mí.

El lado oscuro de la Navidad (parte... no lo recuerdo ya, hace demasiado tiempo para llevar bien la cuenta)

Hace muchos años solía escribir unos posts titulados El lado oscuro de la Navidad, recuerdo que disfrutaba mucho creándolos, hasta que un día los olvidé y dejé la serie. El año pasado volví a recordar aquellos escritos y sentí algo de nostalgia. A veces noto cierta añoranza al recordarme en el pasado, no porque fuera mejor o peor, no se trata de eso, creo que es más bien porque yo era algo más joven y me sentía más esperanzada.

No me gusta pensar que tengo el futuro escrito o trazado pero ahora admito que tanta incertidumbre me angustia un poco. Mantenerte sobre la cuerda floja puede ser divertido durante un tiempo; si la cosa se alarga, al final puedes llegar a interiorizar que ése es tu estado natural y lo asumes así, sin más.

Igual es que tengo ganas de bajarme ya del tren en la estación definitiva, cesar de hacer un transbordo tras otro.

Hoy es uno de esos días en lo que vuelvo a sentir el lado oscuro de la Navidad. Pero Elena ya no está para emborracharse conmigo en aquella taberna de los viernes por la noche. Faltan demasiadas canciones en la lista. Se han borrado muchas notas. Cada vez tengo más canas. Me da miedo ponerme lentillas. Ya no tengo buen tipo. Ewan se fue a vivir con la finlandesa que tenía el poder de saber con quien te habías liado tan sólo con mirarte a los ojos.

Le dije que, sobre todo, no se enamorara de ella, ni lo más mínimo. Que firmaría su condena, que sufriría un siglo entero, que iba a llorar por las mañanas, que fumaría más, que se volvería más guapo aún, que perdería kilos. Pero sé que Ewan se ha colgado de la finlandesa rubia sol y pálida. Mi pobre Ewan, mi gran amigo.

Y la finlandesa es una errante, una flecha que nunca apunta al mismo lugar.

Ewan, siempre nos enamoramos de quien no debemos y nos jodemos la vida. Tú y yo. Yo y tú.

A mi edad todavía me sangran las rodillas como si fuera una puta cría. Y eso, querido Ewan, pasa cuando te cuelgas de quien no debes. ¿Te acuerdas de cuando imaginábamos que la historia sucedía al revés y se enamoraban terriblemente de nosotros? ¿Te acuerdas? Yo sí. Y aún confío en que me escribas para contarme que a ti te ha pasado.

Y te echo de menos como me echo de menos a mí misma cuando escribía con los párpados.

El lado oscuro de la Navidad está ahí, acechando como un tipo miserable y vengativo...

Y suenan los Pixies tratando de rescatarme.

now there's a hole in the sky
and the ground's not cold
and if the ground's not cold
everything is gonna burn

Ike y John Lennon

Ike murió el 8 de diciembre de 2011, el mismo día que John Lennon. No llegué a conocerle en persona, tan sólo intercambiamos algunos correos, pero eso me bastó para darme cuenta de que era un ángel

Estaba muy enfermo de una de esas extrañas dolencias incomprensibles que nadie entiende y que todo el mundo cree que no van a llegar a tu vida. Ike, amigo, iremos a verte cuando estés un poco mejor. Y por dejar el tiempo pasar, por no coger un puto avión, se nos fue. 

Creemos que vamos a estar en este mundo para siempre, que nunca enfermaremos, que las personas a las que amamos nunca se van a separar de nosotros.

Pero los ángeles también se marchan.

Sigo sintiendo mucha pena por él, tal vez es incomprensible porque nunca fuimos los mejores amigos del mundo. No sé. Supongo que lo asocio a una de esas pérdidas injustas y fulminantes (¿acaso no lo son todas?, me recrimino a mí misma).

Llevo casi dos días con un dolor de cabeza insoportable. Hoy he caminado una hora y cuarenta y cinco minutos exactos. Necesitaba que me tocara el aire frío, caminar sin pensar en nada, dejarme llevar sorteando peatones. Creo que estaba esquivando volver a casa.

Ha sido un día muy extraño. La sra. Blenk me ha contado muchas cosas y yo la he escuchado lo mejor que he podido, su inglés profundo no me permite acercarme más a su discurso. Luego me ha formulado algunas preguntas bastante incómodas y las he intentado evitar, sintiéndome una estafadora de sentimientos.

Mientras caminaba esta tarde he pensado en ella. En que algún día también se marchará y con ella desaparecerán también todos esos secretos y emociones que nunca compartimos y que siempre me atraviesan la garganta.

Hoy me he dado cuenta de que ella también es un ángel.

Y he sentido mucha tristeza.


(Hace unos meses estuve justo delante del edificio Dakota, en Nueva York. Me quedé parada frente al portero, con ganas de colarme dentro para asomarme un poco. Lo sé, soy la típica mitómana pero es que aquello era demasiado fuerte para mí. Después de estar un buen rato mirando, decidí que ya era hora de marchar).

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