"Correr sin rumbo" parece una frase normal pero encierra una pista clave

Siempre me han gustado los videoclips en los que aparece gente que corre aparentemente sin rumbo. No sé, es una debilidad de esas tontas que tengo. 

Eso es lo que pienso un viernes a las 19:35 h. También pienso en lo mucho que me cuesta ponerme a escribir aquí, en este blog. A veces me planteo cerrarlo para siempre porque me veo como una de esas propietarias de un bar semi abandonado que ya no tiene apenas fuerzas para madrugar, subir la persiana y ponerse a preparar cafés antes de que la gente acuda al trabajo.

Antes solía encontrar temas para comentar, ideas fugaces pero ideas al fin y al cabo. Y ahora... Ahora poco, muy poco, demasiado poco.

Pienso en todo eso cuando sucede el milagro. Cuando cualquier día descubro una canción o recupero una buena película y me digo Carol, esto tienes que compartirlo en el blog porque es demasido hermoso o bello para que te lo quedes tú sola.

Y así se suceden los días.

Mañana me voy al cine a ver la última de Isabel Coixet. Con ese título tan bello es imposible que sea una mala película.

Como decía al inicio, siempre me han gustado los videoclips en los que aparece gente que corre aparentemente sin rumbo. Aunque eso no es real, siempre hay un rumbo al final de todo.



Y hace tiempo que yo ya me fui, yo siempre me estoy yendo.
Pero siempre estoy contigo
aunque a veces pienses que no hay nada.
Cuando me quedo mirando como si estuviera ausente
es porque estoy viajando. No pienses que voy a perderme. 

"Esa mirada extraña hizo mella en mí"



Llevo dos días con esta canción en la cabeza. Me acuesto con ella, desayuno con ella y trabajo con ella de fondo. No conozco al grupo, nisiquera lo he investigado. Me vuelve loca este tema y nada más.

Igual es porque llevo una copa de más.

Igual es porque llevo dos días echándote de menos como echan de menos las adolescentes.


Nunca dije que yo fuera profunda o inteligente



Hoy miércoles, exactamente a las 17:06 horas, mientras colocaba la compra en la cocina (brócoli, manzanas, zanahorias, naranjas, nueces, pan de molde, etc.) me he dado cuenta de qué es realmente lo que me importa y me emociona.

No lloro con los himnos, ni con las banderas. Ningún partido me mueve al voto, no hay patria que me involucre y me lleve a las urnas. Me importa un pito haber nacido en Catalunya, que mi madre sea inglesa y mi padre andaluz, que mi familia esté dispersa por las Baleares y por Madrid. Porque todo eso es simplemente aleatorio, para mí no es genético, y me emociona por igual besar a una portuguesa que a una sueca.

A mí lo que me conmueve es el estreno de la última de Star Wars, irme este domingo de barbacoa con mis amigos, encontrar a mi sobrina pequeña por la calle y que me estruje con su abrazo, saborear los deliciosos spaguetti de la Sra. Blenk, recibir un email con una buena noticia, sacar un 16 sobre 20 en una redacción de inglés, pasar con ella horas interminables en la cama.

Lo que me une a las personas es compartir a los Stones, a la Velvet,  la exposición de Munch en Madrid,  las pelis de Wes Anderson, el inicio del Parsifal... Porque mi vida está plena y soy feliz gracias a todo eso, a todas esas personas que conectan conmigo con todo eso. Así que hoy he tenido conciencia de todo lo que le debo a esos músicos, escritores, pintores, artistas en general, desde los más grandes hasta los más pequeños.

Porque ellos sí son mi patria, porque con ellos sí que tiemblo, sin necesidad de que nos unan lenguas o banderas o partidos. Como con la canción de Jarvis Cocker.

Valientes son los que declaran su amor sólo a quien lo merece

Esta mañana he ido al cementerio con la Sra. Blenk y con dos de mis hermanas, la pija y la divorciada. Tal y como marca la tradición, hemos acudido a cambiar las flores de mi padre y a estar un ratito en otras tumbas conocidas. Hacía un día de verano, he ido sin chaqueta y con unos de mis tejanos favoritos. He limpiado la lápida con limpiacristales y un trapo gris, con las gafas de sol puestas. No me pongo triste en esa situación pero hoy he sentido un escalofrío mientras limpiaba, que lo cierto es que limpiaba sobre limpio porque la lápida nunca está sucia debido a su situación. Siempre le da el sol. El caso es que de repente he pensado en quién limpiará mi lápida y se me ha encogido el corazón. Reconozco que ha sido un pensamiento algo macabro pero me ha venido de repente y no he tenido tiempo de esquivarlo. He pensado en mis hermanas, en mis sobrinos, en mis amigos. Mi hermana pija ha dejado caer que no quiere que la entierren, que desea incinerarse y yo le he dicho que no, que yo quiero algo tradicional, que me entierren como siempre se ha hecho, que se me puedan poner flores. Joder, vaya post más animao.

Aparte de eso, todo bien.

He conseguido una buena copia de Juegos de guerra. Mi película de la infancia. No sé si he hablado alguna vez de ella. Recuerdo que mi hermano tenía un Amstrad y, tras ver la peli, me quedé tan impactada que pasé un tiempo creyendo que podría acceder al Gobierno o a otros organismos. Me veo a mí misma peinada con una trenza, tecleando comandos absurdos y exageradamente lógicos sin recibir ninguna respuesta.

Es una película maravillosa, todos los críos deberían verla aunque creo que ahora no tendría el impacto que tuvo en los ochenta. Todo ha cambiado de una forma espectacular. Igual me la reservo para mañana domingo.

Y, ya para concluir, una canción increíble del último disco de Ricardo Vicente. Porque sigo teniendo mucha esperanza en el presente y, aunque a veces no lo parezca, en el futuro.


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