Nunca más volverá a ser 21 de octubre de 2015



El futuro ya está aquí. Justo el que imaginaba cuando tenía once años y soñaba con ese tiempo tan moderno y lejano.

Me alegro de que la llegada al futuro me haya pillado con ella.

Las chicas deberían poder llevar patillas, bigote o barba (este mundo es un atraso)

Pronto hará tres años que vivo sola. Nunca había vivido sola así que tuve que apañármelas con las rutinas de cualquier mortal: cambiar el nórdico, acarrear con la compra del supermercado, sobrevivir a las tormentas por la noche. Durante todo este tiempo me he dado cuenta de lo importante que es aprender a estar solo, no ya como algo que te ha tocado en suerte sino como un saber estar en el mundo. También he aprendido a sacarle provecho, a exprimir todo lo positivo que tiene. 

A veces hago cosas sola aposta. Podría reclamar compañía pero no lo hago, necesito probarme a mí misma que soy capaz de hacerlo y, lo que es más importante, de disfrutar con ello. Comencé con los museos y algún concierto. Luego seguí con tomarme una cerveza y un pincho. Después con comidas en restaurantes bonitos. Lo último ha sido ir al teatro.

Ha sido un aprendizaje jodido pero ahora tengo la sensación de que no ha sido en vano. Compruebo que me gusta mucho hacer todos estos planes en compañía pero que, si no es posible, no me voy a morir por hacerlos sola.

Menuda mierda de post rollo autoayuda que me está saliendo. No era la intención pero al releerlo me da la risa. 

A mí lo que me gustaría es saber escribir como Julio de la Rosa y dejarme patillas y bigote.



Aunque el caso es que caigo y recaigo
Y no gano a tortazos.
Me tropiezo y levanto
Y un paso adelante y atrás.
No es que busque un amor
Para siempre jamás
Pero algo que aguante
Aunque sea un temporal.
Te ofrezco mi vida
Y te juro que no lo haré mal.

Aunque no soy normal,
No soy tan especial.
Déjame hacerte feliz
Aunque sea un rato. 

2 de octubre de 2004 - 2 de octubre de 2015

Este blog acaba de cumplir once años (he aquí mi primera entrada). Ojalá pudiera invitar a una copa a todos los que se pasan por aquí habitualmente, o a todos lo que se han pasado alguna vez.

Y cuánto ha llovido desde entonces. Lo único que he mantenido estable es el trabajo y los amigos. Cambié de casa, de ropa, de color de pelo, de móvil, de dieta, de gafas, de chica.

Para celebrarlo, recupero la primera canción a la que hice alusión en el blog, un clásico de Christina Rosenvinge (con los Subterráneos), no podía ser de otra manera, nadie escribe letras tan buenas.

Gracias por seguir aquí, una vez más. Siento que cada vez somos menos los que escribimos (los maléficos de Facebook y Twitter lo están devastando todo, siempre lo digo) pero que cada vez el acto de mantener un blog en pie se convierte un poco más en algo clandestino y marginal, y eso no puede ser malo.

Un consejo: si os halláis cerca de la felicidad o instalados en ella, deteneos y tomad conciencia de ello. Somos tan imbéciles que no la saboreamos cuando la tenemos sino mil años después, una vez perdida. Parece una obviedad pero no lo es.


El día que yo fui feliz
nunca pensé que fuera así
y como nadie me avisó
no me di cuenta y me dormí...

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