El blanco y negro nunca dejará de emocionarnos



Hoy me apetecía silencio, hay saturación de discursos y de voces repetidas hasta la saciedad, por eso he decidido ver The artist. Me ha parecido una verdadera obra de arte, no sé cómo he esperado tanto para verla. 

Me ha emocionado de inicio a fin, como las buenas historias, como las tramas bien construidas.

Aquí una de las mejores secuencias (no abrir el enlace si no se ha visto aún la película).

Mitad prosa, mitad poemilla para cerrar este viernes mitad verano, mitad otoño para recordar aquel agosto, mitad con besos, mitad con ausencias

Me he enganchado a esto. No son las mejores del mundo pero tienen algo a lo que no me puedo resistir. Es la nota dulce en medio de tanta hostilidad.

Y así continúa la vida a trompicones.

Lo cierto es que me paso los días pensando en las dos cuestiones que ahora mismo más me importan.

Un viernes
A las 6:22 de la mañana
La zahahoria
Ha desaparecido
De delante de tus labios.
Te das cuenta hoy
Cuando realmente
Hace años que se fugó
Para convertirse justo
En la zanahoria gusano
Que has arrojado a la basura.

No me interesa la nueva patria
Ahora que acabo de descubrir
Que la perfección existe
Y que una media vida
Está en algún punto de
La Costa Brava
Y la otra media
Entre tus piernas.

"Dejemos de invadir países y comencemos a conquistar culos"



Ya os podéis reír, ya. Ya podéis pensar que soy una frívola por publicar hoy este vídeo.

Pero en el fondo, yo sé que cada uno de vosotros, cuando veáis este vídeo en soledad, os vais a emocionar y vais a pensar que sí, que ojalá todo fuera tan sencillo como ese mensaje.

"Dejemos de invadir países y comencemos a conquistar culos". Hacía mucho tiempo que no escuchaba algo tan grande como esto.

Poemilla exprés antes de ir al gimnasio a ver si recupero el tipazo que tenía en el 2011



Con el dinero y con la lástima 
Nos vamos a comprar un día entero en Roma,
Si te apetece...
Y nos sentaremos en una terraza al sol,
Leerás las noticias
Y yo fumaré un pitillo
Porque lo permite mi norma
De fumar el último día
Que paso en una ciudad
Diferente de la mía.
Esas normas que me invento,
Ya sabes.
Comeremos algo profundamente italiano
Dejando que el vino se nos suba
Al sombrero
(Claro que lucimos sombrero,
Es mi imaginación la que fantasea)
Antes de embarcar
Y regresar a tiempo
De compartir cama,
Mordiscos
E insomnio.



Lo que me importa en realidad es volver a verte.

Hay días en que una no tiene nada que interesante que decir y lo mejor es optar por un silencio amarillo

No sabía que Malik Bendjelloul, el director de Searching for Sugar Man, se suicidó el año pasado. Me he quedado consternada. Este tipo sólo hizo ese documental, una obra maestra, deslumbrante, perfecta, no se trata de un documental más.

Si alguien no ha visto aún Searching for Sugar Man, por favor, que lo haga ahora mismo. Narra una de las historias más impresionantes que he conocido jamás. Y ese documental, además, posee el valor de que me salvó de mí misma en el verano de hace unos años.


La felicidad ahora mismo se basa en Star Wars, Julio Medem y los Beatles (post de domingo totalmente prescindible, no acierto a hablar de lo que pretendo la mayoría de veces porque me disperso sin remedio)



Existen canciones sencillas y canciones crípticas. Las primeras se entienden sin ningún problema, en cambio, las otras resultan complicadas de comprender porque requieren tiempo y ganas de ahondar en los posibles diferentes sentidos. I'll get you es de la primera época de los Beatles, una letra sin complicaciones, con un mensaje directo imposible de malinterpretar: me gustas, estoy colado por ti y algún día te voy a conseguir así que ve diciendo adiós a todas tus corazas y escudos. Más o menos eso.

Luego están las canciones de la última época, tipo I'm the walrus o A day in the life o Happiness is a warm gun. Que requieren algo más de esfuerzo para llegar a la base del mensaje.

Esta mañana me preguntaba qué grupo de canciones me gustan más y no he sacado nada en claro porque creo que ambos grupos tienen su gracia. Recordaba algunas canciones con mensajes rotundos:

1

2

3

4

5

La fuerza de la sinceridad de lo sencillo porque, a ver, ¿se puede decir de otra manera que

I think about you night and day
I need you and it's true
When I think about you, I can say
I'm never, never, never, never blue
?

Sí, claro que se puede, pero tal vez mientras buscas unas palabras más complejas y vestidas tu mensaje caduque o la destinataria se fije en otra. Si algo he aprendido en los últimos años es que en las cuestiones que importan (y el amor es una de ellas) el tiempo suele jugar en contra así que es preferible apuntar al centro de la diana desde la distancia más corta posible.

Sé que a muchos les caigo fatal por escribir este tipo de entradas pero es lo que hay

Hoy es un día muy importante, decisivo. Me encanta que sea festivo, que no se trabaje y que las grandes calles estén cortadas al tráfico porque puedo ir en la bici como una bala, cerrando un poco los ojos para que no me entre nada y dejando la mente en blanco.

Hoy es un día muy esperado, muy deseado, uno de esos días que marcas en el calendario y te desesperas porque parece que nunca llega.

Hoy, finalmente, es 11 de septiembre y...

Se estrena la nueva película de mi querido Julio Medem.

Descubrimientos poéticos mientras devoro un pedazo de tarta de queso y les doy largas a mis torturas más intensas



Aún no sé si me va a encantar o si me caerá gorda. Lo único que tengo claro ahora mismo es que vivo fuera de la actualidad, puede que más de lo deseable, porque hasta hoy no me había enterado de su existencia. Algo inconcebible porque por lo visto esta tipa es muy famosa.

Se llama Elvira Sastre, tiene 22 o 23 años y es poeta. Sus libros son rotundos éxitos de ventas de poesía, sí, sí, he dicho poesía. Y yo sin enterarme, está claro que vivo en otro planeta. He investigado un ratito y esta chica ya cuenta con toda una legión de seguidores que tatúan sus versos en carpetas, servilletas y espaldas enamoradas.

Aún no sé si es un fenómeno adolescente o si a los cuarenta también te puede conmover o interesar. Ah, y es lesbiana, así que hemos de añadir lo hambriento que está este colectivo (estamos, que me incluyo) de referentes para que el éxito poético se multiplique.

La respuesta está en sus obras, evidentemente. El título de una de ellas me ha parecido realmente hermoso: Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo. Veremos qué tal.

Las ventas de su próxima novela no sé qué tal le irán pero desde luego novias le van a caer como gotas de lluvia (este comentario es totalmente prescindible).

Más información de ella por aquí:



Räikkönen, my love

Iceman,
Hoy tampoco ha podido ser,
Tu salido ha sido tan espantosa
Que has perdido
La carrera.
¿Qué ha pasado por tu cabeza?
¿En qué pensamiento te detuviste
Para clavar así las ruedas en el suelo?
Iceman,
El quinto puesto,
Y de nuevo han vencido los malos.
Los domingos no son como
Las películas de sobremesa
Con giro final
De carrera al aeropuerto
Y boda truncada.
Iceman,
Nosotros nunca venceremos
Ni subiremos al podio
Sucios de Moët & Chandon.
Igual por eso nunca dejarás de gustarme.

Enhorabuena, no tienes spam (en realidad, podría decirse que aún no has recibido el email de tu vida, que es parecido a la foto de tu vida, pero más jodido)


Night on earth, de Jim Jarmusch es increíble. Explica varias historias, todas tienen lugar en un taxi a las cuatro de la mañana, en diferentes ciudades del mundo. La vi al inicio del verano y me dejó fascinada, al igual que Sólo los amantes sobreviven. Y, encima, sale mi adorada Winona (además de que la banda sonora es de Tom Waits, ¿se puede ofrecer algo mejor?).

Le he vuelto a poner suavizante a la ropa. Anoche, cuando me fui a acostar, la habitación olía a limpio, a mar. Pensé que era un olor de hogar feliz, de hogar tranquilo, pero me dio mucha pena sentirlo estando sola. De repente me sentí muy inquieta, no podía apagar la luz y eran las dos de la mañana pasadas. Me dió vergüenza sentirme así, sentirme así por nada en realidad. Como una capulla. Una tremenda capulla. Una tremenda capulla que se atrinchera bajo sábanas blancas.

Echo de menos dormir acompañada, que me abracen cuando tengo insomnio, que me despierten con un beso real. A veces me da mucho miedo pensar en que no voy a compartir nunca más mi vida, mi casa, mis vinilos, mi tostadora, con alguien. O no volver a hacer esas estupideces que se suelen hacer cuando vives con alguien. Cocinar palomitas, por ejemplo. Cenar en el balcón. No recordar dónde has guardado algo. Hacer una paella. Pararte en una gasolinera a comprar pan. Invitar a cenar a tus amigos sin ser la única desparejada.

Todo eso sucedía anoche. Y pensaba en qué se debe hacer si alguien se siente así un sábado a las dos de la mañana.

Ni siquiera un pitillo.

Hubo un tiempo en el que este blog era ameno y yo escribía en él con una cierta gracia. A veces trato de censurarme para no dejar pasar estas miserias pero no soy capaz porque éste es el único reducto de mi vida que no ha admitido nunca falsedades.

Sé que la vida que importa es mucho más que esto pero hay noches en las que hasta los que vamos de fuertes nos rompemos un poco y se nos clavan algunas astillas.

Igual le sirve a alguien. La recomendación de la película, digo.


Siempre hay una letra de una canción de los Beatles que se ajusta a un momento de tu vida, siempre

Los de Spotify me parecen la caña, cada siete días te envían a tu cuenta una lista que se llama "Descubrimiento semanal", es fenomenal. Me hacen descubrir nuevas canciones y suelen acertar casi siempre con las recomendaciones. Me encantaría trabajar en Spotify, me imagino investigando los perfiles de los usuarios y confeccionado esas listas, sería minuciosa en mi labor y me esmeraría muchísimo -lo sé perfectamente- para que los temas recibidos dieran en el blanco. Tal vez, incluso, conocería a alguna chica con gustos parecidos a los míos y nos enamoraríamos musicalmente, quién sabe. Le enviaría listas semanales para que se prendara de mí, de la trabajadora de Spotify. Y la gente me diría que esas historias no salen bien, a pesar de que yo me empeñaría en que sí. 

Septiembre ha empezado triste. Con lluvias. Con demasiado silencio. Con apatía. Con estancamiento. Con la sensación de volver al trabajo de siempre, a las calles de siempre, a las formalidades de siempre. Sé que son problemas de (ham)burguesa pero son los míos y eso me valida para poder quejarme aunque sólo sea un poco.

He asistido a dos funerales en menos de una semana, bueno, en realidad sólo he ido a uno de ellos porque durante el otro estaba de viaje, muy lejos, y me era imposible llegar a tiempo. El funeral al que pude ir no fue en absoluto triste sino gris, en el sentido de que la ceremonia duró exactamente 14 minutos y el cura se limitó a leer un discurso estándar, prefabricado, como un autómata. Imaginé el redactado con un hueco en blanco en el que posiblemente diría "insertar aquí nombre difunto/a". Tristísimo todo. Para acabar de rematar, el sermón fue en catalán a pesar de que el 80% de los asistentes no lo podía entender (como si me hablaran en inglés, me dijo la mujer que se sentaba a mi lado).

La suma de todos estos factores ha hecho que la entrada en septiembre me parezca prescindible.

Hoy ni me reconozco ni me encuentro.

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