Mi regalo para cerrar el año + una carta a la sra. Blenk (dos entradas en el mismo día)

Siempre he dicho que lo mejor de este blog es la banda sonora y hoy la he actualizado de nuevo (está en Spotify, que es uno de los mejores inventos de la humanidad): Narraciones (Carol Blenk)

La comencé en 2010 y contiene 396 canciones que duran justo 26 horas. Creo que es el mejor regalo que os puedo hacer antes de que termine el año así que ahí la tenéis, con todo mi cariño.


Ah, y nunca os olvidéis de las bandas sonoras... Las historias son muy importantes, cierto, pero sin las bandas sonoras no seríamos los mismos.

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Querida Mery Blenk,

Te escribo aquí porque tú no me lees y porque no tengo arrestos de redactarte una carta de las de verdad y entregártela. Sí, soy una hija cobarde y absurda. Ya sé que no debería escribirte en castellano sino en inglés pero no me veo capaz de expresar en tu lengua todo lo que te quiero decir así que tendrás que hacer un esfuerzo en comprensión lectora.

Sé que estás hundida porque tu hermana está a punto de desvanecerse, sé que haces un gran esfuerzo para que no se te note pero yo intuyo la de vueltas que le debes de estar dando a la cabeza durante estos días. Las malditas navidades, lo sé. Intento ayudar, intento ser cercana pero en nuestra familia todo ha sido siempre muy aséptico, muy oficial, muy respetuoso. Ninguno de nosotros llora en público, ninguno se hunde, ninguno brinca de felicidad, ninguno brinda. En el fondo es una tristeza de familia, siempre he sentido que no me pegaba nada pertenecer a ella porque yo soy mucho más visceral y veloz. 

No somos una mala familia, no es eso, al contrario. Somos más bien una familia seria, de las que no cantan, de las que no se besan demasiado (sólo cuando es tu cumpleaños o te vas de viaje).

Mery Blenk, aunque jamás me lo hayas dicho yo sé que eres la persona que más me quiere en este mundo y, muy probablemente, la que más me querrá jamás. Tener conciencia de ello es algo que me asusta y me conmueve a partes iguales, no sé, es extraño. 

Me gustaría explicarte tantas cosas... Hablarte de mis proyectos locos, de las pelis que he visto, de las historias de mis amigos, de que me gusta una chica, de que me gusta de verdad...

Y como todo eso no es posible, me refugio en esta carta virtual y en dedicarte el último post del año, deseando que sigas tan lúcida, crítica, cínica, honesta, sincera y bondadosa como siempre. Y que siempre sigas confiando en mí.

El lado oscuro de la Navidad (parte... no lo recuerdo ya, hace demasiado tiempo para llevar bien la cuenta)

Hace muchos años solía escribir unos posts titulados El lado oscuro de la Navidad, recuerdo que disfrutaba mucho creándolos, hasta que un día los olvidé y dejé la serie. El año pasado volví a recordar aquellos escritos y sentí algo de nostalgia. A veces noto cierta añoranza al recordarme en el pasado, no porque fuera mejor o peor, no se trata de eso, creo que es más bien porque yo era algo más joven y me sentía más esperanzada.

No me gusta pensar que tengo el futuro escrito o trazado pero ahora admito que tanta incertidumbre me angustia un poco. Mantenerte sobre la cuerda floja puede ser divertido durante un tiempo; si la cosa se alarga, al final puedes llegar a interiorizar que ése es tu estado natural y lo asumes así, sin más.

Igual es que tengo ganas de bajarme ya del tren en la estación definitiva, cesar de hacer un transbordo tras otro.

Hoy es uno de esos días en lo que vuelvo a sentir el lado oscuro de la Navidad. Pero Elena ya no está para emborracharse conmigo en aquella taberna de los viernes por la noche. Faltan demasiadas canciones en la lista. Se han borrado muchas notas. Cada vez tengo más canas. Me da miedo ponerme lentillas. Ya no tengo buen tipo. Ewan se fue a vivir con la finlandesa que tenía el poder de saber con quien te habías liado tan sólo con mirarte a los ojos.

Le dije que, sobre todo, no se enamorara de ella, ni lo más mínimo. Que firmaría su condena, que sufriría un siglo entero, que iba a llorar por las mañanas, que fumaría más, que se volvería más guapo aún, que perdería kilos. Pero sé que Ewan se ha colgado de la finlandesa rubia sol y pálida. Mi pobre Ewan, mi gran amigo.

Y la finlandesa es una errante, una flecha que nunca apunta al mismo lugar.

Ewan, siempre nos enamoramos de quien no debemos y nos jodemos la vida. Tú y yo. Yo y tú.

A mi edad todavía me sangran las rodillas como si fuera una puta cría. Y eso, querido Ewan, pasa cuando te cuelgas de quien no debes. ¿Te acuerdas de cuando imaginábamos que la historia sucedía al revés y se enamoraban terriblemente de nosotros? ¿Te acuerdas? Yo sí. Y aún confío en que me escribas para contarme que a ti te ha pasado.

Y te echo de menos como me echo de menos a mí misma cuando escribía con los párpados.

El lado oscuro de la Navidad está ahí, acechando como un tipo miserable y vengativo...

Y suenan los Pixies tratando de rescatarme.

now there's a hole in the sky
and the ground's not cold
and if the ground's not cold
everything is gonna burn

Ike y John Lennon

Ike murió el 8 de diciembre de 2011, el mismo día que John Lennon. No llegué a conocerle en persona, tan sólo intercambiamos algunos correos, pero eso me bastó para darme cuenta de que era un ángel

Estaba muy enfermo de una de esas extrañas dolencias incomprensibles que nadie entiende y que todo el mundo cree que no van a llegar a tu vida. Ike, amigo, iremos a verte cuando estés un poco mejor. Y por dejar el tiempo pasar, por no coger un puto avión, se nos fue. 

Creemos que vamos a estar en este mundo para siempre, que nunca enfermaremos, que las personas a las que amamos nunca se van a separar de nosotros.

Pero los ángeles también se marchan.

Sigo sintiendo mucha pena por él, tal vez es incomprensible porque nunca fuimos los mejores amigos del mundo. No sé. Supongo que lo asocio a una de esas pérdidas injustas y fulminantes (¿acaso no lo son todas?, me recrimino a mí misma).

Llevo casi dos días con un dolor de cabeza insoportable. Hoy he caminado una hora y cuarenta y cinco minutos exactos. Necesitaba que me tocara el aire frío, caminar sin pensar en nada, dejarme llevar sorteando peatones. Creo que estaba esquivando volver a casa.

Ha sido un día muy extraño. La sra. Blenk me ha contado muchas cosas y yo la he escuchado lo mejor que he podido, su inglés profundo no me permite acercarme más a su discurso. Luego me ha formulado algunas preguntas bastante incómodas y las he intentado evitar, sintiéndome una estafadora de sentimientos.

Mientras caminaba esta tarde he pensado en ella. En que algún día también se marchará y con ella desaparecerán también todos esos secretos y emociones que nunca compartimos y que siempre me atraviesan la garganta.

Hoy me he dado cuenta de que ella también es un ángel.

Y he sentido mucha tristeza.


(Hace unos meses estuve justo delante del edificio Dakota, en Nueva York. Me quedé parada frente al portero, con ganas de colarme dentro para asomarme un poco. Lo sé, soy la típica mitómana pero es que aquello era demasiado fuerte para mí. Después de estar un buen rato mirando, decidí que ya era hora de marchar).

"Correr sin rumbo" parece una frase normal pero encierra una pista clave

Siempre me han gustado los videoclips en los que aparece gente que corre aparentemente sin rumbo. No sé, es una debilidad de esas tontas que tengo. 

Eso es lo que pienso un viernes a las 19:35 h. También pienso en lo mucho que me cuesta ponerme a escribir aquí, en este blog. A veces me planteo cerrarlo para siempre porque me veo como una de esas propietarias de un bar semi abandonado que ya no tiene apenas fuerzas para madrugar, subir la persiana y ponerse a preparar cafés antes de que la gente acuda al trabajo.

Antes solía encontrar temas para comentar, ideas fugaces pero ideas al fin y al cabo. Y ahora... Ahora poco, muy poco, demasiado poco.

Pienso en todo eso cuando sucede el milagro. Cuando cualquier día descubro una canción o recupero una buena película y me digo Carol, esto tienes que compartirlo en el blog porque es demasido hermoso o bello para que te lo quedes tú sola.

Y así se suceden los días.

Mañana me voy al cine a ver la última de Isabel Coixet. Con ese título tan bello es imposible que sea una mala película.

Como decía al inicio, siempre me han gustado los videoclips en los que aparece gente que corre aparentemente sin rumbo. Aunque eso no es real, siempre hay un rumbo al final de todo.



Y hace tiempo que yo ya me fui, yo siempre me estoy yendo.
Pero siempre estoy contigo
aunque a veces pienses que no hay nada.
Cuando me quedo mirando como si estuviera ausente
es porque estoy viajando. No pienses que voy a perderme. 

"Esa mirada extraña hizo mella en mí"



Llevo dos días con esta canción en la cabeza. Me acuesto con ella, desayuno con ella y trabajo con ella de fondo. No conozco al grupo, nisiquera lo he investigado. Me vuelve loca este tema y nada más.

Igual es porque llevo una copa de más.

Igual es porque llevo dos días echándote de menos como echan de menos las adolescentes.


Nunca dije que yo fuera profunda o inteligente



Hoy miércoles, exactamente a las 17:06 horas, mientras colocaba la compra en la cocina (brócoli, manzanas, zanahorias, naranjas, nueces, pan de molde, etc.) me he dado cuenta de qué es realmente lo que me importa y me emociona.

No lloro con los himnos, ni con las banderas. Ningún partido me mueve al voto, no hay patria que me involucre y me lleve a las urnas. Me importa un pito haber nacido en Catalunya, que mi madre sea inglesa y mi padre andaluz, que mi familia esté dispersa por las Baleares y por Madrid. Porque todo eso es simplemente aleatorio, para mí no es genético, y me emociona por igual besar a una portuguesa que a una sueca.

A mí lo que me conmueve es el estreno de la última de Star Wars, irme este domingo de barbacoa con mis amigos, encontrar a mi sobrina pequeña por la calle y que me estruje con su abrazo, saborear los deliciosos spaguetti de la Sra. Blenk, recibir un email con una buena noticia, sacar un 16 sobre 20 en una redacción de inglés, pasar con ella horas interminables en la cama.

Lo que me une a las personas es compartir a los Stones, a la Velvet,  la exposición de Munch en Madrid,  las pelis de Wes Anderson, el inicio del Parsifal... Porque mi vida está plena y soy feliz gracias a todo eso, a todas esas personas que conectan conmigo con todo eso. Así que hoy he tenido conciencia de todo lo que le debo a esos músicos, escritores, pintores, artistas en general, desde los más grandes hasta los más pequeños.

Porque ellos sí son mi patria, porque con ellos sí que tiemblo, sin necesidad de que nos unan lenguas o banderas o partidos. Como con la canción de Jarvis Cocker.

Valientes son los que declaran su amor sólo a quien lo merece

Esta mañana he ido al cementerio con la Sra. Blenk y con dos de mis hermanas, la pija y la divorciada. Tal y como marca la tradición, hemos acudido a cambiar las flores de mi padre y a estar un ratito en otras tumbas conocidas. Hacía un día de verano, he ido sin chaqueta y con unos de mis tejanos favoritos. He limpiado la lápida con limpiacristales y un trapo gris, con las gafas de sol puestas. No me pongo triste en esa situación pero hoy he sentido un escalofrío mientras limpiaba, que lo cierto es que limpiaba sobre limpio porque la lápida nunca está sucia debido a su situación. Siempre le da el sol. El caso es que de repente he pensado en quién limpiará mi lápida y se me ha encogido el corazón. Reconozco que ha sido un pensamiento algo macabro pero me ha venido de repente y no he tenido tiempo de esquivarlo. He pensado en mis hermanas, en mis sobrinos, en mis amigos. Mi hermana pija ha dejado caer que no quiere que la entierren, que desea incinerarse y yo le he dicho que no, que yo quiero algo tradicional, que me entierren como siempre se ha hecho, que se me puedan poner flores. Joder, vaya post más animao.

Aparte de eso, todo bien.

He conseguido una buena copia de Juegos de guerra. Mi película de la infancia. No sé si he hablado alguna vez de ella. Recuerdo que mi hermano tenía un Amstrad y, tras ver la peli, me quedé tan impactada que pasé un tiempo creyendo que podría acceder al Gobierno o a otros organismos. Me veo a mí misma peinada con una trenza, tecleando comandos absurdos y exageradamente lógicos sin recibir ninguna respuesta.

Es una película maravillosa, todos los críos deberían verla aunque creo que ahora no tendría el impacto que tuvo en los ochenta. Todo ha cambiado de una forma espectacular. Igual me la reservo para mañana domingo.

Y, ya para concluir, una canción increíble del último disco de Ricardo Vicente. Porque sigo teniendo mucha esperanza en el presente y, aunque a veces no lo parezca, en el futuro.


Nunca más volverá a ser 21 de octubre de 2015



El futuro ya está aquí. Justo el que imaginaba cuando tenía once años y soñaba con ese tiempo tan moderno y lejano.

Me alegro de que la llegada al futuro me haya pillado con ella.

Las chicas deberían poder llevar patillas, bigote o barba (este mundo es un atraso)

Pronto hará tres años que vivo sola. Nunca había vivido sola así que tuve que apañármelas con las rutinas de cualquier mortal: cambiar el nórdico, acarrear con la compra del supermercado, sobrevivir a las tormentas por la noche. Durante todo este tiempo me he dado cuenta de lo importante que es aprender a estar solo, no ya como algo que te ha tocado en suerte sino como un saber estar en el mundo. También he aprendido a sacarle provecho, a exprimir todo lo positivo que tiene. 

A veces hago cosas sola aposta. Podría reclamar compañía pero no lo hago, necesito probarme a mí misma que soy capaz de hacerlo y, lo que es más importante, de disfrutar con ello. Comencé con los museos y algún concierto. Luego seguí con tomarme una cerveza y un pincho. Después con comidas en restaurantes bonitos. Lo último ha sido ir al teatro.

Ha sido un aprendizaje jodido pero ahora tengo la sensación de que no ha sido en vano. Compruebo que me gusta mucho hacer todos estos planes en compañía pero que, si no es posible, no me voy a morir por hacerlos sola.

Menuda mierda de post rollo autoayuda que me está saliendo. No era la intención pero al releerlo me da la risa. 

A mí lo que me gustaría es saber escribir como Julio de la Rosa y dejarme patillas y bigote.



Aunque el caso es que caigo y recaigo
Y no gano a tortazos.
Me tropiezo y levanto
Y un paso adelante y atrás.
No es que busque un amor
Para siempre jamás
Pero algo que aguante
Aunque sea un temporal.
Te ofrezco mi vida
Y te juro que no lo haré mal.

Aunque no soy normal,
No soy tan especial.
Déjame hacerte feliz
Aunque sea un rato. 

2 de octubre de 2004 - 2 de octubre de 2015

Este blog acaba de cumplir once años (he aquí mi primera entrada). Ojalá pudiera invitar a una copa a todos los que se pasan por aquí habitualmente, o a todos lo que se han pasado alguna vez.

Y cuánto ha llovido desde entonces. Lo único que he mantenido estable es el trabajo y los amigos. Cambié de casa, de ropa, de color de pelo, de móvil, de dieta, de gafas, de chica.

Para celebrarlo, recupero la primera canción a la que hice alusión en el blog, un clásico de Christina Rosenvinge (con los Subterráneos), no podía ser de otra manera, nadie escribe letras tan buenas.

Gracias por seguir aquí, una vez más. Siento que cada vez somos menos los que escribimos (los maléficos de Facebook y Twitter lo están devastando todo, siempre lo digo) pero que cada vez el acto de mantener un blog en pie se convierte un poco más en algo clandestino y marginal, y eso no puede ser malo.

Un consejo: si os halláis cerca de la felicidad o instalados en ella, deteneos y tomad conciencia de ello. Somos tan imbéciles que no la saboreamos cuando la tenemos sino mil años después, una vez perdida. Parece una obviedad pero no lo es.


El día que yo fui feliz
nunca pensé que fuera así
y como nadie me avisó
no me di cuenta y me dormí...

El blanco y negro nunca dejará de emocionarnos



Hoy me apetecía silencio, hay saturación de discursos y de voces repetidas hasta la saciedad, por eso he decidido ver The artist. Me ha parecido una verdadera obra de arte, no sé cómo he esperado tanto para verla. 

Me ha emocionado de inicio a fin, como las buenas historias, como las tramas bien construidas.

Aquí una de las mejores secuencias (no abrir el enlace si no se ha visto aún la película).

Mitad prosa, mitad poemilla para cerrar este viernes mitad verano, mitad otoño para recordar aquel agosto, mitad con besos, mitad con ausencias

Me he enganchado a esto. No son las mejores del mundo pero tienen algo a lo que no me puedo resistir. Es la nota dulce en medio de tanta hostilidad.

Y así continúa la vida a trompicones.

Lo cierto es que me paso los días pensando en las dos cuestiones que ahora mismo más me importan.

Un viernes
A las 6:22 de la mañana
La zahahoria
Ha desaparecido
De delante de tus labios.
Te das cuenta hoy
Cuando realmente
Hace años que se fugó
Para convertirse justo
En la zanahoria gusano
Que has arrojado a la basura.

No me interesa la nueva patria
Ahora que acabo de descubrir
Que la perfección existe
Y que una media vida
Está en algún punto de
La Costa Brava
Y la otra media
Entre tus piernas.

"Dejemos de invadir países y comencemos a conquistar culos"



Ya os podéis reír, ya. Ya podéis pensar que soy una frívola por publicar hoy este vídeo.

Pero en el fondo, yo sé que cada uno de vosotros, cuando veáis este vídeo en soledad, os vais a emocionar y vais a pensar que sí, que ojalá todo fuera tan sencillo como ese mensaje.

"Dejemos de invadir países y comencemos a conquistar culos". Hacía mucho tiempo que no escuchaba algo tan grande como esto.

Poemilla exprés antes de ir al gimnasio a ver si recupero el tipazo que tenía en el 2011



Con el dinero y con la lástima 
Nos vamos a comprar un día entero en Roma,
Si te apetece...
Y nos sentaremos en una terraza al sol,
Leerás las noticias
Y yo fumaré un pitillo
Porque lo permite mi norma
De fumar el último día
Que paso en una ciudad
Diferente de la mía.
Esas normas que me invento,
Ya sabes.
Comeremos algo profundamente italiano
Dejando que el vino se nos suba
Al sombrero
(Claro que lucimos sombrero,
Es mi imaginación la que fantasea)
Antes de embarcar
Y regresar a tiempo
De compartir cama,
Mordiscos
E insomnio.



Lo que me importa en realidad es volver a verte.

Hay días en que una no tiene nada que interesante que decir y lo mejor es optar por un silencio amarillo

No sabía que Malik Bendjelloul, el director de Searching for Sugar Man, se suicidó el año pasado. Me he quedado consternada. Este tipo sólo hizo ese documental, una obra maestra, deslumbrante, perfecta, no se trata de un documental más.

Si alguien no ha visto aún Searching for Sugar Man, por favor, que lo haga ahora mismo. Narra una de las historias más impresionantes que he conocido jamás. Y ese documental, además, posee el valor de que me salvó de mí misma en el verano de hace unos años.


La felicidad ahora mismo se basa en Star Wars, Julio Medem y los Beatles (post de domingo totalmente prescindible, no acierto a hablar de lo que pretendo la mayoría de veces porque me disperso sin remedio)



Existen canciones sencillas y canciones crípticas. Las primeras se entienden sin ningún problema, en cambio, las otras resultan complicadas de comprender porque requieren tiempo y ganas de ahondar en los posibles diferentes sentidos. I'll get you es de la primera época de los Beatles, una letra sin complicaciones, con un mensaje directo imposible de malinterpretar: me gustas, estoy colado por ti y algún día te voy a conseguir así que ve diciendo adiós a todas tus corazas y escudos. Más o menos eso.

Luego están las canciones de la última época, tipo I'm the walrus o A day in the life o Happiness is a warm gun. Que requieren algo más de esfuerzo para llegar a la base del mensaje.

Esta mañana me preguntaba qué grupo de canciones me gustan más y no he sacado nada en claro porque creo que ambos grupos tienen su gracia. Recordaba algunas canciones con mensajes rotundos:

1

2

3

4

5

La fuerza de la sinceridad de lo sencillo porque, a ver, ¿se puede decir de otra manera que

I think about you night and day
I need you and it's true
When I think about you, I can say
I'm never, never, never, never blue
?

Sí, claro que se puede, pero tal vez mientras buscas unas palabras más complejas y vestidas tu mensaje caduque o la destinataria se fije en otra. Si algo he aprendido en los últimos años es que en las cuestiones que importan (y el amor es una de ellas) el tiempo suele jugar en contra así que es preferible apuntar al centro de la diana desde la distancia más corta posible.

Sé que a muchos les caigo fatal por escribir este tipo de entradas pero es lo que hay

Hoy es un día muy importante, decisivo. Me encanta que sea festivo, que no se trabaje y que las grandes calles estén cortadas al tráfico porque puedo ir en la bici como una bala, cerrando un poco los ojos para que no me entre nada y dejando la mente en blanco.

Hoy es un día muy esperado, muy deseado, uno de esos días que marcas en el calendario y te desesperas porque parece que nunca llega.

Hoy, finalmente, es 11 de septiembre y...

Se estrena la nueva película de mi querido Julio Medem.

Descubrimientos poéticos mientras devoro un pedazo de tarta de queso y les doy largas a mis torturas más intensas



Aún no sé si me va a encantar o si me caerá gorda. Lo único que tengo claro ahora mismo es que vivo fuera de la actualidad, puede que más de lo deseable, porque hasta hoy no me había enterado de su existencia. Algo inconcebible porque por lo visto esta tipa es muy famosa.

Se llama Elvira Sastre, tiene 22 o 23 años y es poeta. Sus libros son rotundos éxitos de ventas de poesía, sí, sí, he dicho poesía. Y yo sin enterarme, está claro que vivo en otro planeta. He investigado un ratito y esta chica ya cuenta con toda una legión de seguidores que tatúan sus versos en carpetas, servilletas y espaldas enamoradas.

Aún no sé si es un fenómeno adolescente o si a los cuarenta también te puede conmover o interesar. Ah, y es lesbiana, así que hemos de añadir lo hambriento que está este colectivo (estamos, que me incluyo) de referentes para que el éxito poético se multiplique.

La respuesta está en sus obras, evidentemente. El título de una de ellas me ha parecido realmente hermoso: Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo. Veremos qué tal.

Las ventas de su próxima novela no sé qué tal le irán pero desde luego novias le van a caer como gotas de lluvia (este comentario es totalmente prescindible).

Más información de ella por aquí:



Räikkönen, my love

Iceman,
Hoy tampoco ha podido ser,
Tu salido ha sido tan espantosa
Que has perdido
La carrera.
¿Qué ha pasado por tu cabeza?
¿En qué pensamiento te detuviste
Para clavar así las ruedas en el suelo?
Iceman,
El quinto puesto,
Y de nuevo han vencido los malos.
Los domingos no son como
Las películas de sobremesa
Con giro final
De carrera al aeropuerto
Y boda truncada.
Iceman,
Nosotros nunca venceremos
Ni subiremos al podio
Sucios de Moët & Chandon.
Igual por eso nunca dejarás de gustarme.

Enhorabuena, no tienes spam (en realidad, podría decirse que aún no has recibido el email de tu vida, que es parecido a la foto de tu vida, pero más jodido)


Night on earth, de Jim Jarmusch es increíble. Explica varias historias, todas tienen lugar en un taxi a las cuatro de la mañana, en diferentes ciudades del mundo. La vi al inicio del verano y me dejó fascinada, al igual que Sólo los amantes sobreviven. Y, encima, sale mi adorada Winona (además de que la banda sonora es de Tom Waits, ¿se puede ofrecer algo mejor?).

Le he vuelto a poner suavizante a la ropa. Anoche, cuando me fui a acostar, la habitación olía a limpio, a mar. Pensé que era un olor de hogar feliz, de hogar tranquilo, pero me dio mucha pena sentirlo estando sola. De repente me sentí muy inquieta, no podía apagar la luz y eran las dos de la mañana pasadas. Me dió vergüenza sentirme así, sentirme así por nada en realidad. Como una capulla. Una tremenda capulla. Una tremenda capulla que se atrinchera bajo sábanas blancas.

Echo de menos dormir acompañada, que me abracen cuando tengo insomnio, que me despierten con un beso real. A veces me da mucho miedo pensar en que no voy a compartir nunca más mi vida, mi casa, mis vinilos, mi tostadora, con alguien. O no volver a hacer esas estupideces que se suelen hacer cuando vives con alguien. Cocinar palomitas, por ejemplo. Cenar en el balcón. No recordar dónde has guardado algo. Hacer una paella. Pararte en una gasolinera a comprar pan. Invitar a cenar a tus amigos sin ser la única desparejada.

Todo eso sucedía anoche. Y pensaba en qué se debe hacer si alguien se siente así un sábado a las dos de la mañana.

Ni siquiera un pitillo.

Hubo un tiempo en el que este blog era ameno y yo escribía en él con una cierta gracia. A veces trato de censurarme para no dejar pasar estas miserias pero no soy capaz porque éste es el único reducto de mi vida que no ha admitido nunca falsedades.

Sé que la vida que importa es mucho más que esto pero hay noches en las que hasta los que vamos de fuertes nos rompemos un poco y se nos clavan algunas astillas.

Igual le sirve a alguien. La recomendación de la película, digo.


Siempre hay una letra de una canción de los Beatles que se ajusta a un momento de tu vida, siempre

Los de Spotify me parecen la caña, cada siete días te envían a tu cuenta una lista que se llama "Descubrimiento semanal", es fenomenal. Me hacen descubrir nuevas canciones y suelen acertar casi siempre con las recomendaciones. Me encantaría trabajar en Spotify, me imagino investigando los perfiles de los usuarios y confeccionado esas listas, sería minuciosa en mi labor y me esmeraría muchísimo -lo sé perfectamente- para que los temas recibidos dieran en el blanco. Tal vez, incluso, conocería a alguna chica con gustos parecidos a los míos y nos enamoraríamos musicalmente, quién sabe. Le enviaría listas semanales para que se prendara de mí, de la trabajadora de Spotify. Y la gente me diría que esas historias no salen bien, a pesar de que yo me empeñaría en que sí. 

Septiembre ha empezado triste. Con lluvias. Con demasiado silencio. Con apatía. Con estancamiento. Con la sensación de volver al trabajo de siempre, a las calles de siempre, a las formalidades de siempre. Sé que son problemas de (ham)burguesa pero son los míos y eso me valida para poder quejarme aunque sólo sea un poco.

He asistido a dos funerales en menos de una semana, bueno, en realidad sólo he ido a uno de ellos porque durante el otro estaba de viaje, muy lejos, y me era imposible llegar a tiempo. El funeral al que pude ir no fue en absoluto triste sino gris, en el sentido de que la ceremonia duró exactamente 14 minutos y el cura se limitó a leer un discurso estándar, prefabricado, como un autómata. Imaginé el redactado con un hueco en blanco en el que posiblemente diría "insertar aquí nombre difunto/a". Tristísimo todo. Para acabar de rematar, el sermón fue en catalán a pesar de que el 80% de los asistentes no lo podía entender (como si me hablaran en inglés, me dijo la mujer que se sentaba a mi lado).

La suma de todos estos factores ha hecho que la entrada en septiembre me parezca prescindible.

Hoy ni me reconozco ni me encuentro.

Y como parece que el corto verano se acaba...



No dejo de pensar en ella.

Estoy esperando que vuelvas



Sé perfectamente que ya publiqué este vídeo
En otra ocasión
Y hoy creo que es el día justo
Para volverlo a recordar
Porque estoy esperando que vuelvas.
(Fuiste tú quien me lo descubrió,
Que yo ya conocía la canción
Mas no las imágenes).

Hoy he vuelto a casa
Después de pasar las últimas semanas
En el convento.
He puesto una lavadora,
He limpiado el balcón,
He hecho mentalmente
Una lista de la compra,
Me he puesto una copa
Y un platito de frutos secos,
Y me he envalentonado un poco
Con esa única bebida
-Joder, Carol Blenk,
Que ya con una sola copa
Te envalentonas,
Cómo te tienes que ver-
Para lanzarte un mensaje
Que tú no verás
Pero tal vez eso sea lo de menos.

Te escribo sin paracaídas
-Como el Calamaro-
Contando las horas
Que me faltan
Para tenerte en mi cama.


Dicen que hoy es el día más feliz del año, pues menos mal, porque a mí me parece que no es en absoluto así, un llapis d'Ikea, un pistatxo, wa yeah, ¿dónde están los de Antònia Font para salvarnos de tanto sábado gris ensuciado?

Este verano he vuelto a ir al Sur, llevaba dos años seguidos con las monjas toledanas pero he conseguido que Mary Blenk (aka la Sra. Blenk) me permita regresar a mi convento preferido, dentro de todo lo malo, claro.

En cuanto llegué aquí pregunté por ella pero todo fue silencio, ninguna de las monjas me dijo -o me quiso decir- nada acerca de su paradero. Es como si a Sor Elena se la hubiera tragado la tierra. En el 2012 se portó muy bien conmigo, compartimos muchas complicidades y, aún lo recuerdo con emoción, ella me llevó de regreso a Barcelona en su Mini azul cielo, ahorrándome pasar los días finales en el convento y logrando burlar las órdenes de la Sra. Blenk.

Anoche volví a ver a Sor Elena. Yo había salido al patio después de cenar, haciendo tiempo para que dieran las doce, que es la hora en la que nos obligan a ir a dormir. Escuché mi nombre susurrado tras unos arbustos y allí estaba ella ofreciéndome un Camel.

—Es que ya no fumo pero… gracias.
—¿Que ya no fumas? ¿Qué me he perdido? ¿Acaso se acaba el mundo o qué?
—Es muy largo de contar, Elena. Pero cuéntame tú, ¿cómo estás? Le he preguntado a todas por ti y nadie ha abierto la boca…
—La lié bien liada, Carol.

Me percaté de que no deseaba hablar del tema así que desvié la conversación y le puse al día de mi vida en estos casi tres años.

—No sé qué decirte, Carol, veo que tu vida ha dado muchos giros, te veo muy diferente a aquel verano… Mucho mejor, no sé, cambiada pero a mejor.
—Bueno, creo que tu vida sí que ha dado realmente un cambio, ya no llevas hábito…
—Conoces la trilogía de El Padrino, ¿no?
—Claro.
—Pues imagínatela pero en monjeril.

Se me escapó una carcajada y tuve que contenerme para que no nos descubrieran. La situación era muy curiosa: ella de rodillas tras los arbustos y yo sentada en el banco de madera roída y desgastada por el sol andaluz, como si nos halláramos en pleno acto de confesión. Podía ver sus pequeños ojos orientales en la oscuridad, mirándome fijamente. No quedaba claro quién le estaba contando los pecados a quién, reconozco lo extravagante de la situación.

—¿Y cómo te has enterado de que este año he vuelto aquí?
—Pues por tu blog.
—¿Aún me lees?

Me sigue pareciendo un milagro que la gente me lea después de tantos años así que siempre hago la pregunta retórica, como queriendo confirmar que es cierto.

—Pues claro, no he dejado de leerte en estos años. Siempre me dejas en ese limbo entre ficción y realidad, Carol.

Entonces hizo algo que me inquietó, me cogió la mano. Y recordé de repente las cartas que me había ocultado a hurtadillas de la monja jefe aquel verano, de los mensajes en el bote de Cola Cao y de tantas otras cosas… Lo cierto es que gracias a ella los días pasaban menos lentos en el convento y siempre se inventaba algo para sorprenderme o para hacerme la estancia más llevadera.

—Siempre me has gustado.

Ya está. Lo soltó. Como quien deja caer toda una cristalería de Bohemia.

—Lo sé. Siempre lo supe, esas cosas se notan a la legua, Elena.

Dejó mi mano y se puso de pie, me levanté de la silla y esperé.

—¿Para qué has venido?

Se encendió otro cigarrillo y tuve que hacer verdaderos esfuerzos malabares mentales para no pedirle una calada.

—Para que te vengas conmigo a terminar el verano.

No daba crédito a las palabras de Sor Elena. Me estaba pidiendo una cita de verano en toda regla, así, a bocajarro, como las verdaderas valientes.

—No puedo, Elena, y tampoco quiero. Tengo a alguien esperándome y muero porque llegue el momento de reunirme con ella.
—Sigues siendo una romántica, Carol, la vida te va a dar muchas más hostias, pero de las que duelen, no las del rito cristiano.

Tuve que contener de nuevo la risa. Aquella situación estaba derivando en lo esperpéntico. Casi eran las doce y yo estaba escuchando algo parecido a una declaración amorosa de los labios de una ex monja con cuerpo de atleta.

Y entonces volvió a coger la mano, me besó el dorso y desapareció en la oscuridad sin dejarme decir nada más. Al cabo de unos minutos escuché el motor de su Mini azul cielo, un acelerón brusco y después de nuevo el silencio del convento.

Volví a mi celda y me tumbé en la cama sin quitarme la ropa, no sé cuánto tiempo pasó hasta que me percaté de que había algo bajo mi espalda, no había encendido la luz así que no había visto nada al entrar. Era una copia del Blonde on Blonde de Dylan, mi preferido. Contenía una nota:

“Carol, si estás leyendo esta nota es porque has decidido no venirte conmigo. En el fondo sé que es lo mejor para ti, porque sólo te voy a causar problemas y yo… Yo en realidad ni siquiera sé qué es lo que busco, ni si lo podría encontrar en ti. Creo que te he idealizado, a ti y a aquel verano del 2012 en que compartimos tantas cosas, supongo que aún te acuerdas. Espero que no me guardes rencor por esto. Te dejo el CD de Dylan, porque sé que te encanta y que vuelves a él cada verano obsesivamente. Tienes un reproductor de CD a pilas en el montón de las toallas, en medio de la segunda y la tercera, de la primera pila, cógelo mañana temprano, antes de que se te adelante alguien. Lleva pilas alcalinas, tal vez te aguante hasta que te vayas.

Aún recuerdo aquello que me repetías, lo de que en realidad todos nos acabamos enamorando de la persona equivocada, me pregunto si aún lo crees, si todavía lo piensas… Yo me reía de ti, de tu escepticismo, pero finalmente me he dado cuenta de lo cierto de tu frase…

Sé feliz, Carol, sé todo lo feliz que puedas. Me alegro inmensamente de haberte conocido.

Elena”.

Estaba atónita tras leer la nota. La tuve que leer una vez más para entender que me hallaba ante un monjadrama en toda regla.

Salí de mi cuarto y fui a buscar el reproductor de CD, necesitaba escuchar inmediatamente a Dylan. Después, de nuevo en la cama, me puse a pensar en todo lo que había pasado con los auriculares puestos y los ojos fijos en el techo.

Me sabe realmente mal por Elena, porque es una gran tipa y me cae bien. Y me sabe mal porque, efectivamente, yo soy la persona equivocada. Somos todos como piezas de un puzzle infinito tratando de encajarnos unas con otras, ignorando deliberadamente que no, que la mayoría de veces resulta imposible, que la pieza con la que encajamos no es esa, que tal vez nunca lleguemos siguiera a conocerla.

No recuerdo cuánto tiempo pasé dándole vueltas a la cabeza, lo único que recuerdo es que me quedé dormida después de escuchar casi todo el disco de Dylan y que después comencé a perder la noción del tiempo y de la realidad con una estrofa… Pero quiero más, yo quiero más, la que cantaba Coque Malla en aquella canción.

6 de agosto de un verano fatalmente amoroso

6 de agosto

De un verano en el que sueño
Con bombas atómicas que se derriten
Sobre el asfalto hirviendo.
Mientras suena alguna 
De Ben Harper
O de Nacho Vegas
Porque justo esta noche
He decidido
No poner ninguna resistencia
A esa mezcla
De saudade y emoción
Por el futuro.
Pienso en Tokio precisamente hoy
Tras ver en las noticias
El aniversario tristísimo
Y a los ancianos 
Que eran niños
Asustados
Asustados
Asustados.
Pienso en Tokio
Y en mis planes
Apareces tú
Inevitablemente.
No imagino Tokio
En soledad
Aunque sea una sola
Y a pesar de que contigo
Sea tal vez
Difícil,
Improbable o
Imposible.
Ahí queda mi hueco para la tortura
De este 6 de agosto
En el que te echo 
Tremendamente de menos
Y mi mente
Entra en esos bucles que tanto 
Odio
Pero que trato de evitar.
Los bucles de besos lejanos
Que se te clavan en la nuca
Y no te dejan dormir
Y te embisten las pesadillas
Y te tapas con la sábana
A pesar de que marca
Treinta y pico grados en la noche.

(Vuelvo a estar en mi retiro estival. La Sra. Blenk me ha vuelto a aislar en un monasterio del Sur para tratar de rebajar mis excesos de ficción, un año más. Esta noche he logrado encender el iPhone y conectarme, a pesar de la prohibición. El texto lo he escrito raudo y veloz así que pido disculpas por si hay algún error, ortográfico o sentimental. Daría la vida por poder escuchar algo de música o por una copa.)

And I wake up alone (brutal título de lo sencillo pero desgarrador que resulta)

Mi profesora de gimnasia me gusta mucho. Me recuerda a rachel de Friends a pero sólo en el físico porque no es nada pija. Nos anima a seguir el ritmo y cuando la clase acaba suele decirnos "ya lo tenemos, equipo" y nosotros aplaudimos. Evidentemente, no soy tan feliz como en la época del Taekwondo con mi maestro coreano pero ya me he resignado a ello y trato, sencillamente, de aprovechar esa hora lo máximo posible.

También he comenzado a hacer yoga, llevo tres sesiones y aún no sé si me va a interesar o no. Los profes me tienen muy desconcertada, visten de calle, no se cambian de ropa y la clase la dan tal cual. A mí eso no me parece serio pero, claro, yo no tengo ni puñetera idea de yoga así que igual sí que tienen esa licencia de vestido. 

Hablan muy bajo y ponen la música a toda caña con lo cual no me entero demasiado de lo que hay que hacer. Lo cierto es que me pierdo bastante, no me siento nada relajada en esas clases cuando se supone que debería ser más bien al contrario. La primera vez casi me río en voz alta, no sé ni cómo me aguanté. El tipo sacó una especie de almirez y empezó a tocarlo y todo el mundo hacía el famoso "ommmmm". Joder, a mí me pilló desprevenida y de repente pensé qué diablos haces aquí, con lo poco mística que eres, Carol. Pero quiero seguir, quiero pillarle el gusto porque todo el mundo habla maravillas del yoga, así que no voy a ser la única que sienta lo contrario (¿o sí?). 

Tenemos un profe y una profa. Ella es algo pánfila, coloca un Buda, le pone un collar y luego enciende incienso, suerte que no me desagrada el olor porque se lía una buena. El último día el profe me piró mirándolo (si hablara más alto no tendría que fijarme en lo que hace todo el mundo) y me espetó un ¿algún problema? que la verdad es que me sentó fatal. Si hay algo que no soporto es esa típica situación en la que todo el mundo se fija en ti y tú te quedas en medio sin saber qué hacer. En fin, trataré de relajarme algo más.

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Y hoy hace 15 años que nos dejó Carmen Martín Gaite y 4 que lo hizo Amy Winehouse. Pensaba que quince años no han sido tanto tiempo para la de cosas que he vivido, al menos esa es la sensación que he tenido. Tal día como hoy yo estaba en Menorca con dos chicas, una era mi amiga y la otra también, pero esta útima me gustaba. Y a la vez estaba olvidando a mi último amor, creo que fue el primero de verdad de la buena. La chica que más intensamente me puteó pero, curiosamente, la única con la que aún me puedo escribir de vez en cuando, algo incomprensible. Pues ahí estaba yo en la preciosa Menorca, haciéndome un tatuaje, borracha de pomada y bailando en medio de algún jaleo. Mientras, Carmen Martín Gaite se moría en la Península.

Luego vendría mi primer empleo de verdad, mis amores correspondidos y este blog.  

Creo que si ella no se hubiera muerto yo ahora sería escritora de verdad. 



(Tengo debilidad por este tema. Hoy he estado mirando fotos de Amy, del primer disco hasta el último, y me ha dado mucha pena ver cómo fue cambiando físicamente y, poco a poco, cayendo).


Pequeña oración para el gato bebé de Cuenca

Gato bebé de Cuenca
Desde ayer que no puedo dejar de pensar en ti,
De imaginar tu miedo,
Tu sorpresa,
El no entender nada de este puto mundo.
Anoche lloré por ti
O igual lo hice por todos los gatos bebés
Que han sufrido de esa forma espantosa
O puede que lo hiciera por mí misma
Porque al final todos somos algo egoístas.
Es todo muy siniestro,
Muy oscuro,
Muy injusto
Para un gato bebé precioso,
Un animalillo inocente
Como tú.
Ya debes de estar en el cielo
De los cachorrillos
Saltando como un salvaje
Y bebiendo leche bien blanca.
Ojalá seas feliz
Y hayas olvidado las miserias
Del mundo de los humanos.
Qué vergüenza siento hoy de ser persona
Y no cachorro como tú.
Descansa en paz, gato bebé.

Joder, si es que sigo siendo una maldita peliculera



Hacía mucho que una película no me emocionaba de esta manera. Tenéis que verla obligatoriamente porque es buenísima desde todos los puntos de vista, no sólo en cuanto a la narrativa, a la historia que cuenta, sino porque me parece redonda. Además, creo que en estos tiempos que estamos viviendo el tema que trata puede tener muchas conexiones con la actualidad, aunque no sea lo mismo pero bueno...

No sé qué haríamos sin ficción, sin pelis y sin buenos discos. Desde luego que la vida sería insoportable aunque eso creo que ya lo dijo Nietzsche (que sería un error, para ser más exactos). 

Por eso me paso la vida soñando con protagonizar una Before sunset (ésta y no las otras dos porque no quiero ya ni inicios ni declives en coma triste).

- Baby, you are gonna miss that plane...

- I know.

Qué rabia de post, si yo fuera otra no me leería en días como éste



Que ya no creo en la gente,
Que tomo pastillas rosas,
Que me he vuelto nihilista,
Que no sé decir que sí.

Escuchar la canción de Dorian y no saber si prefiero la versión eléctrica o la otra, cambiarle algo la letra y no saber si soy la que narra o la que escucha a la que explica. Darle vueltas al domingo por la tarde y pensar que el tiempo se mide de una manera muy extraña, dependiendo de si llegas o te vas.

Preguntarte por qué diablos has tenido que despertarte de esa manera tan abrupta y desconcertante. Preguntarte también si existe alguien que se va a quedar a tu lado en los desayunos, en las Navidades y en los domingos astrománticos. Empiezo a creer que algo debo de hacer mal, soy un poco como esas estaciones de paso en las que tan sólo paran algunos trenes a horas muy marcadas, en días señalados. Pero que siempre las abandonan porque han de llegar a otros destinos.

También me pregunto por qué la de Russian Red tiene una voz similar a Anni B Sweet y Helena Goch. Ya, ya, que cada una tiene su estilo y sus matices, pero me parece curioso.

He vuelto a estar en Madrid. He estado un par de noches, un poco de paso, un poco por melancolía. He desayunado donde solía desayunar, he caminado por las mismas calles de hace siglos y he seguido temblando ante las mismas pistas. El último día lloré bajo las gafas de sol en la Puerta del Sol, esquina con Preciados. Unos cabrones con una orquesta se pusieron a tocar boleros sin piedad. Podría dibujar un mapa exacto con los sitios en los que he llorado en la capital. Una ciudad es más bonita cuanto más te apetece llorar en ella así que Madrid es lo más. Me siento muy feliz allí pero también muy sola porque me da la sensación de que tanta belleza se me desparrama de las manos, mi equipaje no soporta cargar con tanto, no sé cómo explicarlo.

Ojalá pudiera vivir en Madrid, empezar desde cero. Estudiar una carrera, comenzar un trabajo, tal vez incluso conocer amigos nuevos, aunque los antiguos son los que deseo conservar. Cambiarme de rostro, de ropa, comprar mil zapatos nuevos porque llevo demasiado en estas suelas. Dejar de leer las noticias.

Lo de las noticias me ha hecho recordar lo bien que se vive sin móvil. He estado dos días en un lugar aislado, con amigos, celebrando algo y no teníamos apenas cobertura ni Internet. Hemos hablado horas y horas, cerveza en mano, con los móviles fuera de la vista y ha sido perfecto. Eso me ha hecho pensar en la maldita manía que tenemos (y me incluyo, aunque sólo un poco) de consultar el móvil constantemente. Hace tiempo yo también era así y conseguí desengancharme (ahora lo puedo celebrar, por fin). Más allá de las adicciones, me fastidia hablar con alguien y que esté pendiente del móvil, me resulta muy frecuente y bastante penoso. Cuando me hallo ante esa situación suelo desconectar de esa persona y poco a poco voy bajando mi nivel de interés en ella. Como decía, el estar aislados me ha hecho reflexionar acerca de lo bien que se vive -aunque sea sólo se forma tempral- sin saber nada de la actualidad política, de los humanos malvados y de la predicción metereológica.

Casillas se ha ido del Real Madrid y eso también me da pena. En realidad hoy todo me da bastante pena. Creo que todos tenemos derecho a tener algún día de pena profunda.

Hoy, sin duda alguna, soy la peor de las compañías.

Que sueño con no soñar,
Que ya no me abrazo a banderas,
Que ya no recuerdo el momento
En el que empezó a darme igual
Estar en cualquier otra parte.

"No te hagas el duro, que no me lo creo"

Es la una de la mañana. Sábado. Ya es 28 de junio. Alegría por las buenas noticias que han llegado desde Estados Unidos. A mí Obama me cae bien, aunque me digas que ha hecho cosas requetemalas, como espiar los teléfonos de los gobiernos europeos. Pues a mí me sigue cayendo bien Obama, igual es sólo porque es negro, o porque es muy defensor de los gays, qué sé yo.

Hoy me he acordado de una canción de Christina, Ni una maldita florecita. Para variar, es una pasada de buena, sobre todo la letra, que dice muchas más cosas de las que parece.

Cuando somos felices, cuando nos sentimos felices, a veces nos sobreviene el acojone. A mí me pasa mucho últimamente y trato de esquivar esa sensación todo lo que puedo. Hace unos días estuve en un templo chino increíble, de los de verdad, con un buda enorme y chinos rezando a los difuntos, o eso me pareció. Dejé un donativo y cogí un papelito doblado y pillado con una goma, se supone que era una predicción del futuro. Me tocó el número 19, que decía lo siguiente:

Probabilidad de éxito: buena.
Tienes un recipiente lleno de néctar hasta el borde.
Se desborda para que otros puedan compartir tu bebida.
Deja que la felicidad se multiplique, sin pestañear,
Deja que tu amigo comparta tu fortuna y ten tu abrigo de visón.


Reconozco que no creo demasiado en los horóscopos ni en los oráculos pero estoy algo perpleja con el mensaje que saqué. Igual debería comprarme un abrigo de visón o algo similar. 

O dejar de darle tantas vueltas a la cabeza en modo centrifugado.

DÍA 10

Esto se acaba, es nuestro último día aquí y justo cuando se esté publicando esta entrada estaremos volando sobre el océano. Se me ponen los pelos de punta sólo de pensarlo ahora (escribiéndote desde el pasado) pero no nos podemos estrellar porque tengo que volver a por ti, porque nos queda mucho por hacer este verano, mucho que celebrar, mucho que contarnos, así que el miedo no tiene cabida. 

La canción que he elegido para terminar esta especie de diario del futuro es... brutal.



Quando sei qui con me questa stanza non ha più pareti...

DÍA 9

Martes, mañana es nuestro último día aquí así que ya estamos algo melancólicas. Hemos vivido un montón de momentos geniales y lo cierto es que me alegro profundamente de haber decidido hacer este viaje a pesar de que sé que a la vuelta voy a tener que resolver una pila de casos atrasados. En fin, eso es lo de menos ahora.

Cuando viajas pierdes totalmente la noción del tiempo, las horas se expanden de una manera curiosa y llega un momento en que desconoces en qué día te hallas. Es bueno desubicarse de vez en cuando.

Te echo de menos.

Si te gusta verme tanto igual podríamos quedar todos los martes...

DÍA 8

Ya es lunes. Hoy nos hemos dedicado a fundir las tarjetas de crédito comprándonos ropa, a ti también te he comprado algo para celebrar tu cumpleaños, creo que he acertado, al menos lo he intentado aunque lo de los regalos a veces me parece muy complicado. Lo cierto es que te compraría cientos de las cosas que veo por aquí, la ropa es una pasada de indie y la tecnología me mata pero lo cierto es que no puedo arrasar con todo. Tengo facturas por pagar, no olvidemos eso.

¿Recuerdas cuando nos conocimos? No sonaba esta canción, de hecho no sonaba ninguna pero hacía un frío terrible. Este tema siempre me recuerda, sin embargo, al final de un capítulo de los Simpson, Homer y Marge se besan bajo el mar. 

DÍA 7

Esta mañana hemos ido a misa, ya, ya, no es algo muy habitual pero es que aquí todo es diferente y  nos han recomendado asistir a un oficio porque nos iba a encantar. Yo soy bastante mística así que no me ha importado, he aprovechado para rezar un poquito, a pesar de que no sé bien ni cómo se hace, suelo inventarme las plegarias así que me salen frases bastante curiosas del tipo "que todo siga igual, por favor, no me envíes nada malo ni a mí ni a los que quiero".

Después hemos comido en un parque inmenso, de hecho hemos estado un buen rato perdidas hasta que nos hemos vuelto a ubicar. He pensado que era un lugar ideal para enrollarnos tú y yo sobre la hierba húmeda y compartir una botella de vino.

And you think I'm curious...

DÍA 6

Es sábado por la noche y estoy realmente agotada, creo que el paso de los días, las caminatas, el apenas descansar me está agotando bastante pero aún nos quedan cosas por ver y algunos días para gastar. Mis ganas de verte van en aumento cada día que pasa y supongo que habrá un incendio cuando nos veamos, como cantan Los Planetas.

Es un poco rollo lo que te estoy escribiendo por aquí, lo sé, porque apenas te explico nada de mi viaje pero ya sabes que no puedo inventármelo al cien por cien antes de vivirlo realmente. Prometo darte todos los detalles a la vuelta.

La canción de hoy me chifla porque no se sabe si está hablando de las drogas o de enamorarse...

DÍA 5

Ya estamos a la mitad del viaje, ¿ves? Al final el tiempo pasa veloz y ya mismo estaré de regreso. Aún nos queda mucho por descubrir y el viaje de mañana en ferry nos va a llevar al lugar más mítico de esta ciudad, supongo que ya imaginarás de qué se trata porque es su monumento más emblemático.

Cada vez que me quedo un rato sola pienso en ti y en cómo me gustaría poder compartir todos estos momentos contigo.

La canción de hoy es súper típica y previsible pero es que me gusta tanto que no lo he podido/querido evitar.

DÍA 4

Creo que hoy habrá sido un día muy intenso en todos los sentidos. ¿Sabes? Es algo complicado escribir sobre el futuro porque no te puedes mojar demasiado... Cuando te escribo esto todavía no he salido de casa, ni he tomado ningún avión, simplemente he decidido dejarte aquí estos mensajes para  mantener el contacto contigo y, de alguna manera, poder darte las buenas noches. Ojalá pudiera haberte dejado algo más elaborado pero no he tenido apenas tiempo, espero que aun así te haga ilusión.

Voy a dejarte porque creo que hoy nos toca noche de confidencias alrededor de unas cuantas cervezas en nuestra terraza de la parte de atrás. Espero que descanses de todas tus rutinas diarias.

DÍA 3

Desde aquí pienso en la cantidad de conciertos a los que me gustaría ir contigo, creo que la lista es interminable. Por supuesto estaría Bigott, que ya sabes que me parece uno de los mas grandes. Y tiene algunos de los temas más románticos de la historia mundial.
Mañana tenemos que madrugar mucho porque vamos a hacer una visita guiada que nos mostrará los rincones más turbios de la ciudad, me hace muchísima ilusión y ojalá logre sacar buenas fotos.

Espero podértelo contar muy pronto.

DÍA 2

Es el segundo día aquí y debo suponer que la llegada ha ido bien y que la primera impresión ha resultado espectacular. Supongo que me habrá costado mucho dormir, no sé si me habrá tocado dormir esta primera noche en el sofá o en una cama pero lo que sí sé seguro es que habré echado de menos tu voz por la noche, antes de dormir.

Espero que mis canciones te acompañen.

Que para mí el viaje eres tú...

DÍA 1

(Durante unos cuantos días este blog se va a ir actualizando automáticamente, con las publicaciones que habré dejado programadas. Si dejáis algún comentario no creo que pueda publicarlo pero no pasa nada, lo haré a la vuelta. Adonde voy no sé si tendré conexión, por eso lo aviso.)

A estas horas es muy probable que esté subida en un avión. Probablemente me habré despedido de ti con un mensaje porque estarás trabajando y no podrás hablar. Me habré puesto algo dramática, como si me hallara ante una situación extrema pero ambas sabemos que volveré a buscarte dentro de unos días.

Este viaje habría sido perfecto contigo a pesar de que, no te lo voy a negar, no lo voy a disfrutar tanto como si estuvieras a mi lado.




Me sigues pareciendo sacada de un cómic

Me veo incapaz de expresar todo lo que quiero en un post por varios motivos: porque no soy tan hábil ni precisa con las palabras, porque creo que me da vergüenza y, lo más importante, porque siento que si lo hago vas a desaparecer. Sigo siendo un desastre total en algunos aspectos.

Hace cinco años que no grababa ningún karaoke improvisado. Cinco años después, así de repente, me han venido las ganas y lo he hecho como suelo hacer las cosas que me importan de verdad, sin pensar, sin planificar y a la primera. Sí, como ves, en esto también suelo ser un desastre total.

Supongo que si te tuviera delante no serían necesarios los preámbulos, ni las explicaciones, ni las confesiones. Ni siquiera me tendría que poner intensa. Creo que lo entenderías todo a la primera. Te bastaría ver cómo tiemblo porque tu historia, la tuya y la mía, está aquí, delante de nuestros ojos, esperándonos, nueva y sin tachaduras.

 Y ahora sí, ahí lo tienes... No podría haber contado con un mejor compañero de canción...

Bares de taxistas karaoke impulsivo

Y me encontraré contigo
Y estaremos bien...


"Amor, no te llame amor/el que no te corresponde"



Suelo apuntar ideas sueltas en la libreta de notas del iPhone, desde títulos de películas, canciones, enlaces de páginas web, hasta posibles menús para cuando hago alguna comida en casa, apuntes muy diversos en definitiva. 

Hoy he estado haciendo limpieza de notas y he llegado a una misteriosa en la que había escrito hace mucho tiempo:

Y al que le siguen de noche, muerto está por la mañana...

No tenía ni idea de a qué se refería esta nota así que me he puesto a investigar y he dado con la canción de Bola de Nieve que encabeza esta entrada. Maravillosa (también hay una versión cantada por Sara Montiel, mucho menos intensa para mi gusto).

No he podido recordar el motivo de haber apuntado este par de versos, seguro que los oí en algún lugar y me impresionaron tanto como ahora, al volver a leerlos.

Y sí, Lope de Vega se basó en la seguidilla popular (que recoge la leyenda) para escribir El caballero de Olmedo. Otra maravilla.

Y ello me lleva a recomendaros una de las mejores series nacionales que he visto en mi vida: El Ministerio del Tiempo. Una temporada de ocho capítulos. Es tan excepcional que no me atrevo ni a explicar de qué trata, es diferente a todo.

Una empieza revisando sus notas y termina recordando la obra de Lope de Vega. Curioso.

El peligro de los domingos sin siesta ni película es que te puedes poner intensa y liarla bien



No tengo tus coordenadas,
Nunca las he conocido,
Probablemente jamás me lleguen
A las manos.
Pero aún así
No cambiaría
El atrincherarme en tu cama
Por nada del planeta.

Y sin embargo...

A veces miro las estadísticas para saber qué busca la gente que llega a este blog de rebote, de casualidad, sin buscarlo. Hace cinco años escribí un post sobre gitanas lesbianas y, todavía hoy, recibo cientos de visitas tras esa pista. 

Comenté una entrevista fabulosa que hizo Jesús Quintero (vaya crack, lo adoro entrevistando, es uno de los mejores, entrevistas como las suyas son irrepetibles) a dos chicas granaínas, una gitana y otra paya, que hablaban de su relación. La entrevista me pareció deslumbrante y, como suele ser habitual, estuve varios días con ese tema entre las manos.

He decidido recuperarlo de nuevo a raíz de una serie que también recomiendo fervorosamente: Vis a vis. Por varios motivos: el guión, las interpretaciones sublimes de Najwa Nimri (la gran Nawja, sí) y Alba Flores, la estética, los puntos de giro, el humor en algunos capítulos...

Quien la haya visto entenderá enseguida la conexión de mi post de las gitanas lesbianas con esta estupenda serie.

Aquí dejo los enlaces a la entrevista:

Parte 1

Parte 2

Parte 3

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Me gusta, me encanta, me vuelve loca Miguel Poveda. Por su voz, por su barba preciosa, por sus gestos. Porque sí, porque en esta vida hay cantantes que hacen que sientas escalofríos. Y ahora mismo, un jueves a las 21:46, estoy temblando con esta canción. Sin remedio alguno.

(Supongo que ya lo sabéis, que Poveda es catalán, ahí está esa mezcla de tradiciones y tierras tan preciosa y genuína que defenderé hasta el final de los finales).


Tendré que confiar en los satélites (yo, que en lo único que confío es en las buenas canciones)



Me escribe una chica a la que no conozco preguntándome qué debe hacer: está enamorada de otra chica, es su amor platónico pero la aterra dar el paso. Se ha colgado de una hetero, algo terrible, todo el mundo lo sabe. No tiene nada claro el tener una posibilidad, por remota que sea, pero tampoco es capaz de olvidarse de ella.

Te contesto por aquí porque llevo días dándole vueltas a este tema, me ha hecho reflexionar acerca de la inutilidad de muchos de nuestros miedos. Además, igual a cualquier otra persona le sirve de ayuda, vete a saber.

Me enternece comprobar que todavía, en pleno 2015, hay gente que se enamora de alguien platónicamente. Me parece lo más alucinante y heroico de este planeta.  ¿Sabes qué te digo? Que te declares, que te tomes un par de cañas -o tres, o trescientas- y que se lo sueltes todo, tal cual lo sientes. Como una valiente con los ojos bien altos y limpios. ¿Qué es lo peor que nos puede pasar en esta vida? Morirnos, ¿verdad? Y eso no te va a pasar, está claro. Entonces, todo lo malo que te pueda suceder después de declararte no es nada comparado con la muerte. Hazme caso, declárate como una salvaje, con toda tu artillería, la pesada y la ligera, con los ojos bien pintados y los labios relucientes.

Declárate a esa chica porque, si no lo haces, tal vez dentro de muchos años te enteres de que ella también estaba colgada de ti. Es improbable, no nos engañemos, pero hay una posibilidad.

Y, créeme, esa sería una de las cosas más injustas y tristes que te podrían pasar jamás, porque no tendrás la segunda oportunidad de retroceder -será demasiado tarde para eso- y te irás a dormir con un cruel what if doliéndote sobre el pecho.

Mi madre me puso de nombre Carol por Carol Aird



Esta semana he recibido un mensaje de una amiga periodista que está en Cannes diciéndome que Carol -la última película de Todd Haynes- es maravillosa. Me encanta este director (I'm not there es sublime) así que seguro que ha hecho una adaptación estupenda.

Está claro que la película se va a poner de moda, al igual que la novela homónima (qué bien queda decir lo de homónima, aunque suene a homínido, es un término que nunca tenemos ocasión de utilizar). Bueno, pues me alegro si es así, mejor poner de moda Carol que otras basuras de cuyo nombre no quiero acordarme.

No soy capaz de precisar en qué momento exacto de mi vida cayó en mis manos Carol, la novela de Patricia Highsmith. Lo único que recuerdo es que la devoré, por aquella época trabajaba de dependienta y recuerdo que me escapaba para ir al baño y leía todas las páginas que me daba tiempo. Pasaba horas furtivas con aquel libro como cuando las pasas con una amante secreta. Me fascinó. Era una novela perfecta, exquisita, con un final brutal (siempre he soñado con escribir una novela que acabe tan redonda como Carol). 

Se la presté a Elena para que la leyera y recuerdo que me la devolvió hecha un cristo, tenía arena incrustada en las páginas, se la había llevado a la playa. Era la edición de Anagrama, la de la colección amarilla. Se la regalé a la primera chica con la que me besé, recuerdo que subrayé algunos párrafos con bolígrafo azul (fue la primera vez y la última que hice esa barbaridad con un libro) para perduraran y para que nadie los pudiera borrar. Eran fragmentos significativos para que ella captara algunas cosas que le quería transmitir. Por supuesto, no captó nada. O sea, que ahora mismo ese libro no sé dónde debe de estar, igual terminó en la basura, lo cual me parece algo tristísimo.

Compré Carol por segunda vez en una edición más fea (supongo que más barata), la de Compactos Anagrama. Ahora mismo esa edición está en casa de mi editora favorita, se la dejé un día que le insistí para que la leyera. ¿Alguien que no ha leído Carol? Siempre me ha parecido algo inadmisible.

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Esta mañana me he levantado con una resaca absurda, tras pasar la noche pesadilla tras pesadilla, prácticamente en vela. Desayunando, mientras leía las noticias, he llegado a la conclusión de que me falta tener fe en algo. Toda la gente que me rodea se aferra a alguna creencia: o son del Barça o del Real Madrid, o son montañeros, o se ponen en sus perfiles las fotos de sus ídolos políticos. A mí me da la risa cuando veo estas cosas, no es que me sienta por encima de ellos, no es eso, pero es que no lo puedo entender. Luego me pongo triste porque me siento -una vez más, joder- fuera de todo y de todos. No tengo ninguna creencia, no voy a ser más feliz si mañana ganan los azules, los rojos, los verdes o los coletas. De hecho voy a votar en blanco. Me parecen todos una mierda absoluta. Yo, como siempre, perdiendo lectores del blog. Bueno, siempre lo he dicho y me reafirmo: que es como TVE2 de madrugada, alguna alma está por ahí, pero se podrían contar. 

Mis creencias son más mundanas, o más tontas, o poco solidarias, tal vez. Por eso soy menos feliz que los que celebran que el Barça ha ganado no sé cuántas copas, o los que esta noche van a seguir Eurovisión, o los que se van a manifestar por el ídolo político de masas X (aquí vuelvo a perder lectores, lo siento, que no es mi intención, pero es que si no escribiera lo que pienso aquí me estaría autocensurando y eso jamás).

Mis únicas creencias se manifiestan cuando descubro maravillas cinematográficas como la que se considera la primera película lésbica de la historia: Muchachas de uniforme, de Leontine Sagan, una obra de 1931. Es una joya, me ha encantado y creo que es una película moderna donde las haya. No cuento más, hay que verla porque es deslumbrante y terriblemente actual. Al menos eso me ha parecido.

Este post se debería titular "retrato de una imbécil" o "descripción de una absoluta tonta". No sé. Ha sido una semana mala en cuanto a emociones. Me he sentido lejos de todo y de todos, con ganas de escapar a pesar de no saber hacia dónde.

Son jodidos estos problemas de (ham)burguesa.

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