Nunca hay que decir que será el último post, y nunca hay que decirlo de nada en la vida, o de casi nada

Me da como cosa no escribir nada hoy, el último día del 2014. Como estoy poco inspirada y algo nerviosa, creo que lo más útil que puedo hacer es dejar una lista de las películas que más me han gustado este año. Voy a copiarlas de la Moleskine que compré para las fichas de filmes, una gran adquisición, si duda. Ahí van:

Submarine
El Gran Hotel Budapest
La plaga
Tú y yo
Allan Turing: Codebreaker
Las ventajas de ser un marginado
Los amores imaginarios
Laurence anyways
Yo maté a mi madre
Battle Royale
Funny Games
De tal padre, tal hijo
The Grandmaster
Her
Carmina y amén
Free fall
Esperando septiembre
El niño pez
La gran belleza
Nymphomaniac I y II
Dallas Buyers Club
Alabama Monroe
Los reyes del verano
Elephant
Amor bajo el espino blanco
Maléfica
Ayer no termina nunca
Foxfire: confesiones de una banda de chicas
Los secretos del corazón
Precious
Azuly no tan rosa
Amor eterno
En la casa
Ciutat morta
La mujer del lago
Las partículas elementales
Stockholm
Quiéreme si te atreves
Tomboy
Diamond flash
Begin again
Los juegos del hambre (todas) 

Dicho esto, os deseo lo mejor para este año que estrenaremos esta noche. Que tengáis siempre salud y que seáis todo lo felices que se pueda ser. Espero encontraros, como siempre, por aquí. 

Un abrazo gigante.

Me siento como las que esperan al soldado que regresa a casa



Hacer las cosas a capela contigo es, ahora mismo, lo mejor del planeta.

No entiendo el mapa, que cantaba aquella

He actualizado la banda sonora de mi blog en Spotify, ahora hay 368 canciones que duran 24 horas y 26 minutos. La comencé en octubre de 2010 y reconozco que la actualizo cuando me acuerdo, lo siento. En mi favor, eso sí, puedo decir que todas las canciones que aparecen en el blog (de manera explícita o implícita) están en esa lista. Para mí tiene un valor incalculable.

Por si os interesa dejo aquí el enlace, gracias a todos lo que la seguís, me hace mucha ilusión que no sea un desierto:


Ani DiFranco, un maestro, los Housemartins y fiestas imaginarias



Me chiflan los Housemartins. Nadie los recuerda. Yo sí. Tengo un vinilo de ellos del 87, creo. Iba a EGB cuando a todas las niñas les gustaban Modern Talking y esos estilos tan ajenos a mí.

Me he abierto una cerveza y he bailado esta canción en el comedor. Sólo lo iluminaba las luces de Navidad así que lo he tenido fácil para imaginar que estaba en una discoteca pop. Es un tema perfecto para bailar sola. He abierto la segunda cerveza y la cosa se ha venido arriba, estaban pinchando genial. Mi comedor es perfecto para las fiestas imaginarias porque es muy grande y los muebles se retiran muy fácil a patadas, porque pesan poco y no están sujetos a ningún lugar, son muebles nómadas. Tercera cerveza y el cansancio de los que bailan como si no existiera un mañana ha empezado a notarse.

Me he tenido que sentar en el suelo, espalda apoyada en un mueble. Han dejado de pinchar en mi club imaginario y me he quedado en silencio.

Entonces he recordado que el otro día me crucé con mi maestro de Taekwondo por la calle. Él no me vio porque iba distraído pero yo lo reconocí al momento. Estaba joven, guapo, elegante como siempre. Yo iba con los cascos puestos, incluso recuerdo la canción que sonaba en aquel instante, una de Ani DiFranco. Sentí una punzada en el pecho y me tuve que apoyar en un portal, estaba muy cerca de casa pero me parecía un reto imposible llegar.

Así es la vida. Pasas de estar bailando, semiborracha, canciones de los Housemartins en un club imaginario, a entristecerte recordando a alguien que te enseñó tanto.

Who the fuck anyway wants a Christmas tree (yo no, desde luego, con que te vengas conmigo me basta)



I bought no gifts this year
and I slept with your sister
I know I should have thought twice
before I kissed her
but with the year we had last
and the dress that she wore
I just went along for the ride
and I came back for more

And I'm sorry baby.....


Queridos/as profesores de inglés de todos los niveles:

Este año ya es algo tarde pero tal vez con esta carta pueda contribuir a que las próximas navidades dejéis, de una vez por todas, de ponernos en clase el maldito tema de Navidad de Mariah Carey. No os lo pido: os lo ruego, os lo suplico... Y no puedo dejar de preguntarme por qué cada puto año -da igual en qué nivel estés- nos machacáis con ese horrible y manido tema musical.

He analizado la letra decenas de veces y no creo, sinceramente, que sea tan imprescindible para mejorar nuestro conocimiento de la lengua inglesa. 

Os podría hacer una lista de canciones navideñas muchísimo mejores, dónde va a parar, y seguro que con ellas en clase los estudiantes no acabarían tan deprimidos y tan hasta el gorro de la maldita sesión en la que, para mayor recochineo, se nos pide que cantemos tan maravillosa letra.

Por ejemplo, A Christmas Duel, de The Hives & Cindy Lauper, me parece un tema brutal para escuchar en clase. Por la salud mental de vuestros alumnos os lo digo. Y, de paso, por mantener un poco el espíritu navideño, pero no el cursi, joder, nunca el cursi.


That's all ok honey cause see...
I bought no tree this year
and I slept with your brother
I wrecked your daddy's car
and went down on your Mother.
I set your record collection on fire
and said I never knew
felt kind of bad about that
and I know you did too

So whatever you say, it's all fine by me
who the fuck anyway wants a Christmas tree
cause the snow keeps on fallin' even though we were bad
It'll cover the filth, we should both just be glad

And spend this Christmas together.

Ya he encontrado la canción de Navidad de este año, el tema perfecto



Las canciones de Navidad son súper tristes. He estado revisando un montón de temas y prácticamente todos hablan de que no estás por Navidad, o por favor vuelve a casa estas Navidades, o el año pasado estabas aquí conmigo, etc. Me ha parecido descorazonador.

Aunque, todo hay que decirlo, las más tristes me han parecido las más bellas.

En fin. Nos pondremos un buen escudo o una buena armadura, como los caballeros medievales.

Sed felices y tratad de no desperdiciar demasiado la vida y las oportunidades, de verdad lo digo.

Tú no necesitas esa máquina de los nazis para saber lo que deseo



Ayer empecé a ver Alan Turing: Codebreaker (Clare Beavan, 2011). Cada noche suelo ver una película entera o media, así me paso las noches porque la tele me aburre infinito. Ahora me toca estar fascinada por Alan Turing, que lo acabo de descubrir, no sabía quién era. O yo soy una inculta o a este tipo no le han dado toda la fama que se merece. Puede que sean ambas cosas pero me parece muy sospechoso que, con lo precursor que fue, se haya hablado tan poco de él.

Alan Turing se hizo famoso por formar parte del equipo de personas que se dedicaron noche y día a descifrar el código de las máquinas Enigma de los nazis, las que empleaban para encriptar los mensajes y enviarlos así de una forma totalmente segura. Él era algo así como el jefe del equipo o algo similar. Me parece un tema apasionante para investigar. He averiguado que, gracias a las descodificaciones de los mensajes de los nazis, la Segunda Guerra Mundial terminó dos años antes de lo que estaba previsto.

Por lo visto, esto no se supo hasta la década de los sesenta, se mantuvo totalmente en secreto la labor que hicieron todos esos cieníficos. Y en febrero de 2006 se pudo descifrar el último mensaje que quedaba aún por resolver (este último dato me ha parecido inmensamente poético).

La vida de Alan Turing fue tan apasionante como triste. Fue condenado por su homosexualidad (en los años 50 era delito en el Reino Unido) y murió tras comer una manzana envenenada con cianuro. Unos dicen que fue un sucidio, otros afirman que lo asesinaron. 

Fue un científico visionario, un precursor que en 1936 ya escribía sobre computadores, alguien que apuntó a lo que supondría años más tarde el concepto de inteligencia artificial, etc.

Sin sus investigaciones hay mucha tecnología que tal vez no existiría en estos momentos.

La película que empecé a ver ayer es un documental algo ficcionado que me está fascinando, ya lo he dicho. En 2015 se estrenará The imitation game y me parece que Turing se pondrá de moda.

Genial entonces, porque se lo merece dondequiera que esté, probablemente rodeado de sus unos y sus ceros.

Tokio nos va a tener que esperar un poco más pero siempre nos quedará Cuenca



Tiendas, tiendas, tiendas, coches y tiendas
pasos de cebra,
más coches, más tiendas
no ayudan a pensar.
Fue como el chiste del inglés,
del francés y el español.

Uno de los tres engañó a los otros dos,
se abre el telón, y sales tú con él
en la misma habitación
en la que en su ausencia
a veces salgo yo.


¿Cómo se llama esta canción?
¿Cómo se llama? Adivínalo.

A veces te quiero, y a veces no. 

He descubierto a Luis Brea y ya estoy colgada de su música. Me encanta este tipo, sus letras, su estilo, su voz, su pose. Me gusta porque te lo podrías encontrar en la cola del supermercado y no repararías en él. Me llega porque todas sus canciones me parece que hablan de mí o de mis historias y eso me parece brutal, que no lo digo en plan "soy el ombligo del mundo" sino en plan "me gusta sentirme algo arropada en este lunes terriblemente frío en el que hoy a las siete de la mañana marcaba un grado en la calle".

Cuánta belleza a veces, joder.

Después de una noche de borrachera y risas me pone algo triste volver a casa sola



Mi psicóloga se ha ido de la ciudad. Yo dejé de ir a su consulta hace más de un año, más o menos. No obstante, saber que estaba allí me tranquilizaba, me hacía sentir segura, como quien sabe que el chaleco salvavidas está disponible, bajo el asiento; como el que aterriza en una ciudad desconocida pero sabe que el mapa en su bolsillo le asegurará el regreso a casa. 

He sentido una especie de sensación de desamparo al conocer su marcha. No sabía qué hacer, deseaba ir a verla pero imaginaba que iría muy liada esta última semana así que he pensado en escribirle una carta, como las de toda la vida, a mano. Y así lo he hecho pero, como iba justa de tiempo, no me ha quedado más remedio que ir a su consulta y deslizarla por debajo de la puerta, como en las películas. Siempre he soñado con que alguien me enviara una carta así, sin sello, por debajo de mi puerta. Carolina, deja de fantasear, me diría mi madre probablemente.

Ayer por la noche salí con unos amigos. Hicimos lo mismo que hace veinte años: cenar, reír, beber, fumar bajo el frío -bueno, yo ahora no fumo, sólo acompaño-, charlar, seguir bebiendo, fumar de nuevo. 

Llegué a casa. Sola. Me lavé los dientes, bebí agua, tuve insomnio por la resaca, me arrebujé en la cama y abrí mi correo: tenía un mensaje de mi psicóloga. Lo leí, lloré porque era muy bonito y me decía palabras que nunca habría imaginado. 

Me hice muy pequeña en la cama de 1'50. Entonces pensé en ella. En lo mucho que me habría gustado que saliera conmigo esa noche. Y en cómo se pueden echar de menos ciertas cosas.

(La versión en italiano de Bowie creo que la puse alguna vez pero es que es tan preciosa... Como la secuencia de aquella peli...)

Un deseo breve para hoy



Llevo gran parte de la tarde tratando de elegir una canción para ti, para tu gran día. Ninguna me parece del todo especial, será que me he vuelto una exigente con la edad, no sé, qué importa.

Dudaba entre una de los Tachenko y ésta y al final me he decantado por esta nana un tanto peculiar porque creo que es un tema que te va a venir muy bien, ya sabes, por la racha que llevas últimamente... Pero de esto ya hablaremos tú y yo dentro de poco...

Hoy he pensado mucho en ti y te he imaginado sonriente, moviéndote como una salvaje de un lado para otro, sin entender demasiado este planeta en el que prácticamente acabas de aterrizar. No te preocupes, tampoco hay demasiado que entender, y en todo caso a tu lado tienes a alguien increíble que te lo explicará todo de la mejor forma posible, lo sé. Eres muy afortunada, bueno, ambas lo sois.

No podrás leerme, ya lo sé, pero yo también conservo una parte algo salvaje que es la que me impulsa a hacer estas cosas tan tontas...

Quizás dentro de muchos años alguien te explique quién fui yo y lo que me gustaba que escucharas a los Tachenko y a La Costa Brava, y sólo espero que nunca olvides a todos esos grupos...

Mi deseo para ti es que seas feliz, todo lo feliz que puedas, durante toda tu vida.

No es un post triste, es un post raro, como de no saber cómo sentirte si es lunes

Estoy fascinada por una canción que he descubierto estos días. Soy muy pesada con lo musical, si me topo con algún tema que me gusta, soy capaz de machacarlo una y otra vez, día tras día, mañana tras mañana, sin descanso ni tregua. Ese tema sólo se ha reproducido 4330 veces en YouTube, me parecen poquísimas.

Voy a imprimirme el blog, son 1135 páginas hasta octubre aproximadamente. De repente, me ha dado mucho miedo pensar que puedo perder lo único que he hecho en mi vida con cierta constancia, durante estos últimos diez años. 

Cambiaría las 1135 páginas por haber compuesto esa maldita canción.

Porque haber escrito esa canción te convierte en la chica más sexy del planeta, la más increíblemente atractiva... Suena materialista e interesado. Tal vez. Pero es que al final todos hacemos cosas para ser queridos y no me vengáis ahora con los típicos cuentos del bendito individualismo, de matemos a las medias naranjas, bla, bla, bla. Ya sé de qué va todo eso.

El otro día vi cómo atropellaban a un hombre en un paso de cebra. Yo salía de un bar con dos amigas, las tres llevábamos demasiadas cervezas encima. El coche se dio a la fuga y yo llamé a una ambulancia, aún no sé cómo lo hice. Expliqué lo que había ocurrido y mi móvil fue saltando de una mano a otra -el lugar se llenó de gente enseguida- hasta que llegó al herido que, por suerte, estaba bastante bien y relataba su estado a la persona al otro lado del altavoz.

Pienso mucho en la muerte últimamente, supongo que es porque se termina el año, no sé, por hallar una justificación, supongo.

Por eso quiero imprimir el blog, por eso me habría encantado componer una gran canción, porque las canciones no mueren nunca y siempre, siempre, siempre, fascinan a quienes las escuchan, estén donde estén.

Si no reconoces la ilustración es que eres un adulto, y por ello te compadezco



Pedir un domingo entero
Para quedarse en la cama
Y que esas horas de calma tranquila
Y azul se queden bajo las sábanas,
Protegidas en mis trincheras.

Pedir un domingo entero
Que no comience viendo
Documentales de la
Segunda Guerra Mundial
Porque siempre me ponen muy
Triste y minúscula
Pero aún así
Sigo viéndolos
Mientras desayuno
Y hago la cama
Como si fuera una
Exiliada y desterrada más.

Pedir un domingo entero
Aunque sea con trampas,
A pesar de los enemigos
Que pretenden ser tan valientes
Como mis manos,
A pesar de la lluvia que no le cae
A mis plantas
Maltrechas de tantos vientos anónimos
Y fugaces
Y crueles.

La chica que rechazó a Elvis



El concierto del 68 es, para mí, el mejor de todos. Un acústico brutal, potente, fresco, en el que el Rey ofreció lo mejor de sí mismo y, además, se mostró como un tipo divertido y natural que bromeaba mientras actuaba. 

Siempre que pienso en Elvis me invade una sensación de pérdida, tal vez porque creo que era uno de los solos más solos del planeta. Y sigo fascinándome cuando investigo sus historias, como la de la chica que rechazó a Elvis.


Enganchada a un momento



—Mamá.

Tell me, Carolina, what's up.

—He conseguido entrada para el concierto de U2.

Oh, that's incredible, ¿y cuándo es?

—En octubre.

October?

—Del 2015, claro.

You're a fool. Falta un año, Carolina, ¿en qué estás pensando? Tú no eres de planes a largo plazo.

—Igual estoy cambiando, mamá. Yo qué sé.

Well, si te mueres siempre nos quedará la reventa...

—Cómo te pasas, no me hace gracia.


Pero a mi madre sí le hacen gracia esas ironías de la vida o como se quieran llamar. El caso es que me siento muy contenta de saber que si todo va bien iré a un concierto fantástico, que ahora mismo me apetece muchísimo. Y esta canción es una de mis grandes preferidas.


Y así se cierra esta entrada que en principio parece muy superficial pero que en realidad encierra en su subtexto una de mis mayores preocupaciones.

Ella eres tú, o igual tú estás en todo y empiezo a asumirlo



Esta mañana he descubierto a Sharon Van Etten como suelen descubrirse las delicias, sin proponértelo, saltando de un sitio a otro, musicalmente hablando.

Me he quedado enganchada a ella y a su canción Tarifa. He buscado el vídeo y ahí estaba ella, una tipa indie de las de verdad, de las genuinas. Entonces he sentido un dolor minúsculo en el pecho: su estilo y ella me han recordado a ti. Me han venido unas ganas locas de irte a buscar al trabajo para, simplemente, darte un beso.

Pero no puedo hacer eso.

Así que Sharon Van Etten me ha ayudado a hacer algo más soportable esta mañana de jueves sin ti.

Ike, amigo, siempre pensaremos en ti en presente.




Querido Ike,

Hoy hace tres años que te fuiste. ¿Sabes por qué me acuerdo de la fecha exacta? Porque te fuiste el mismo día que John Lennon y, ya sabes, yo siempre he sido muy fan de los de Liverpool. Cuando era pequeña este día, 8 de diciembre, era una fecha muy especial porque en la radio siempre emitían programas sobre Lennon y yo me preparaba mis cintas de casette para grabarlos. Era muy emocionante porque solían emitir canciones inéditas y entrevistas, todo lo que le podrían interesar a una verdadera fan.

El 2011 fue un año de mierda y así acabó, con tu marcha. Creo que no llegaste a saber muchas de las cosas terribles que pasaron ese año y, realmente, me alegro de ello porque no habría valido la pena. 

Eres un ángel, Ike, ahora lo sé. Y sigo arrepintiéndome de no haberte llegado a conocer en persona. Tu isla estaba muy lejos de mi ciudad pero eso no debería haber sido una excusa, claro que no. Los aviones nos llevan donde están los ángeles. Los ángeles que dibujan como verdaderos artistas. Y tú lo eres, uno de mis dibujantes preferidos. Tú sí que tienes estilo, Ike.

Te escribo aquí porque es el único medio que se me ocurre para que me leas. Y sé que lo harás, lo sé.

Seguiremos pensando en ti en presente. Siempre.


Inter-locutor (poemilla escrito en 03:58 minutos)



Para ser sincera
Debería admitir
De una vez por todas
Que mi deseo más antiguo
Era toparme con una chica
Que me dedicara Ol'55
En la radio.
Sintonizar a Tom Waits
Es un detonante rojo
Que te estalla en medio
De los párpados
Si no eres precavido,
Si sales sin bufanda
En diciembre y en enero.
Para ser sincera
Debería prometerme
A mí misma
Que nunca voy a soltarme
De la mano
De Tom.

What if...?

La historia contrafactual, llamada también historia alterna o historia virtual es el resultado de un ejercicio mental que responde a la pregunta «¿qué habría pasado si...?».


Algunos historiadores, tales como Niall Ferguson, han promovido la historia contrafactual como un método válido del estudio de la historia. Sin embargo, la historia alterna es también una fuente de ficción comparable con la literatura fantástica o la ciencia ficción, en lo que se denominan ucronías. 

Todavía muchos historiadores consideran la historia contrafactual como meras especulaciones y la historia alterna más como un caso para la literatura de ficción que para el análisis histórico académico serio.

(Fuente: Wikipedia)

Lo de la historia contrafactual -lo del what if de toda la vida- siempre me ha fascinado tanto como inquietado. Suelo hacerme demasiadas preguntas:

¿Qué habría pasado si...?
No hubiera contestado aquel correo.
Aquella mañana hubiera salido de casa con abrigo.
Hubiera estudiado aquel curso en Logroño.
Nunca hubiera empezado a fumar.
Hubiera aceptado una invitación para comer en una casa en Malasaña.
No hubiera roto aquel papel con un número de móvil.
No hubiera acudido a aquella fiesta en una ciudad lejana.

Los qué habría pasado si... son muy peligrosos porque te hacen sentir pequeño, con una vida que se te queda corta, que te aprieta como esas fundas ridículas de paraguas o de cualquier otro objeto en general -un saco de dormir, una  manta de viaje-, que siempre lo piensas, que el que diseña las fundas lo hace mal ya que van demasiado justas, pero igual tiene un motivo y han de ser así para que sean útiles.

Lo útil, bien lo sabes, es dejarte de historias contrafactuales y aferrarte a tu presente.


(La canción es para morirse de lo bella que es. Loquillo musica un poema brutal del gran Luis Alberto de Cuenca. Y duele de tan bueno).
Cuando vivías en la Castellana
usabas un perfume tan amargo
que mis manos sufrían al rozarte
y se me ahogaban de melancolía.
Si íbamos a cenar, o si las gordas
daban alguna fiesta, tu perfume
lo echaba a perder todo. No sé dónde
compraste aquel extracto de tragedia,
aquel ácido aroma de martirio.
Lo que sé es que lo huelo todavía
cuando paseo por la Castellana
muerto de amor, junto al antiguo hipódromo,
y me sigue matando su veneno.

El consumismo te lleva a la tristeza más tonta o a la felicidad más tonta

Me he comprado un belén de esos modernos de Playmobil y he pasado buena parte de la tarde montándolo. También me he comprado dos botellines de zumo de tomate Big Tom -que me vuelve loca- y un panetone relleno de chocolate. Lo he abierto y he merendado un buen trozo. Me he quedado mirando el belén y he pensado que quedaba realmente bonito. Me he puesto algo triste porque todas esas cosas me han parecido bellas, con emoción, con alma, pero estaba sola y no lo podía comentar con nadie. Sí, claro, ahora el rollo ese de que hay que saber estar sola y apañarte en el mundo por ti misma y ser fuerte e irte a dormir sin ningún beso. Claro que sí, que lo de las medias naranjas es una de esas mentiras que consuelan y tal, porque nadie debe de necesitar a nadie para ser feliz ni para habitar en este planeta.

Pero a veces es jodido, a veces es realmente jodido.

Y ahí estaba yo sola a las seis de la tarde merendando panetone italiano y preguntándome qué será de mi vida, qué será de mi 2015. Y el panetone estaba realmente delicioso. Y puedo pagar las facturas, y no me duele nada, y tengo gente a la que llamar pero a veces, repito, los días se te hacen cuesta arriba y te enfadas un poco con tu sombra, que no se separa de ti y que te llena de pensamientos grises.


Proyecto Reyes Magos de verdad (yo sigo creyendo en Gaspar por encima de todo)

Niños en hogares de acogida. Niños que han sido separados de sus familias o que se les ha quitado la tutela a sus padres. Niños que viven con sus madres en la cárcel o en pisos de acogida. Niños de familias desestructuradas o con grandes necesidades económicas…. Todos ellos recibieron su regalo el año pasado.

Creo en este proyecto que he descubierto hace apenas unas semanas. Y como creo en él, me encantaría que alguien más creyera y lo difundiera (y si además se colabora, ya sería fantástico). Es tan sencillo como registrarse en un formulario y en unos días se recibe la carta escrita a mano de un niño o de un anciano (se puede elegir de quién se prefiere o si esto da igual). La carta te llega a tu dirección de correo electrónico y puedo asegurar que lo que he sentido al leer esa misiva ha sido... indescriptible.

La niña que me ha tocado tiene seis años, le gusta ir a la piscina y bailar. Cree que este año se ha portado bien y por eso pide un único juguete en su carta. La quiero desde el primer momento en que leí su caligrafía infantil temblorosa, a pesar de que no la he visto jamás, aunque sé que nunca volveré a saber nada de ella.

Ahora mismo lo que más deseo es que reciba su juguete, que no vendrá de mí sino de sus Reyes Magos, que jamás dejarán de existir.


Para registrarse en el proyecto:

Nunca me había llovido tanto en Madrid, creo que eso es una señal de algo nuevo y debe de significar algo importante

Este fin de semana he estado en Madrid. 

Podría escribir sobre mis calles favoritas, o sobre el nudo que se me pone en la garganta cada vez que entro en la Plaza Mayor y que justo por eso siempre llevo gafas oscuras, aunque sea injustificado. O podría relatar lo bien que se come en el Yakitoro o lo geniales que son los desayunos en Le Pain Quotidien.

Pero no lo voy a hacer porque creo que es necesario, absolutamente necesario y urgente, que esas imágenes sean suyas y mías, para que no se desgasten, para mantenerlas secretas, aunque sea un poco.

Me fui de Madrid muy triste y no se lo conté a nadie. En la Gran Vía hay una viejecita pidiendo limosna, pasamos ante ella antes de coger el AVE y le dimos unas monedas. Yo me quedé rezagada y le cogí la mano, llevaba unos guantes negros desgastados pero me parecieron suaves, ahora sé que era por la bondad que desprendía ese cuerpo. Le apreté la mano, fue instintivo, y ella me miró a los ojos y me dijo: Que seáis muy felices, las dos. Me estremecí.

Lloré en silencio, con disimulo. Pensando en lo injusta que es la vida. Aquella mujer podría haber sido mi abuela, la abuela que no conocí, la abuela con la que he soñado miles de veces. Y le di unas miserables monedas, ¿por qué no le di al menos un billete? ¿Qué son 50 euros para mí y qué podrían haber significado para ella? 

No puedo dejar de pensar en esa viejecilla. Me sigue haciendo llorar, me sigo poniendo muy triste porque no hice apenas nada por ella y porque debe seguir allí, en plena Gran Vía, en la acera de los números impares.

Las palabras que me dijo son las más sinceras y preciosas que me ha dicho jamás un desconocido.

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