Cuando escribía sobre el lado oscuro de la Navidad



—¿Carol?
—Ajá.
—Joder, pero cuantísimo tiempo...
—Pues sí.
—¿Y ya está? ¿Ni un abrazo le das a tu camarera favorita?
—Ya me conoces, soy rara en público.
—Jajajajaja, ¿desde cuándo que no vienes por aquí?     
—¿2004? ¿2005?
—Justo, era Navidad...
—Sí, y me ponías a los Pixies, ¿te acuerdas?
—Claro, a ti y a Ewan, ¿qué sabes de él?
—Nos vemos poco, ya sabes, él y sus torturas...
—¿Y Teresa?
—Bueno, supongo que la muy cerda sigue con la francesa aquella, no sé...
—Cómo la odiábamos...
—Infinito...
—Y tú, ¿qué haces? ¿Sigues currando en tus casos? ¿Escribes? 
—Pocas novedades, todo más o menos igual... Pocos casos pero muy interesantes... Y apenas escribo, en fin...
—Oye, ¿y tu lince? ¿Y tu hija Jimena?
—Eso es lo peor, al lince se lo llevaron los ecologistas. Y a Jimena la protectora de bebés.
—Nunca se te dieron bien los cachorros, Carol. 
—Sí, el problema es que me empeñé en intentarlo una y otra vez.
—¿Te pongo algo?
—Claro, lo de siempre, ¿no? Aunque suene a topicazo, me alegra mucho volverte a ver.
—Y a mí, desde que no pasas por aquí hay menos broncas. A la gente no le va demasiado defender ideas incorrectas...
—¿Y tú?
—Bah, yo estoy ya semivieja, cada vez me importa menos todo.
—¿Y eso? No fastidies...
—No te voy a engañar, por cada copa que pongo me quito un minuto de vida.
—Y luego era yo la hiperbólica...
—Me enseñaste bien, Carol.
—¿Plan para esta noche?
—Cero.
—OK, pues cenamos juntas.
—Por el lado oscuro de la Navidad, ¿no?
—Siempre.                            

El Real Madrid es tan sexy...


No me gusta el fútbol. Nunca veo los partidos ni sigo los resultados. Anoche monté otra cena -van ya mil, me estoy convirtiendo en una especie de Gatsby pero en versión pobre- y estuvimos charlando ajenos a la final que se jugaba justo en ese mismo momento. Cuando todo el mundo se fue, me quedé sola en absoluto silencio y miré el resultado: el Real Madrid había ganado. Sonreí. Me sentí contenta y satisfecha, a pesar de que me importara poco en realidad lo que hubiera podido pasar anoche. Es extraño pero saber que el Madrid había triunfado me hizo creer una vez más en el orden del universo, en las sincronías, en los valientes que vencen, en que los buenos también alcanzan sus objetivos. Los blancos simbolizan la ciudad que tanto amo, mis sueños adolescentes, el vértigo, la razón irracional.

Y me preparo para ir a la playa después de más de un año sin pisar ninguna arena. ¿Estará todo igual? ¿El sol seguirá calentando del mismo modo? ¿La gente se comportará como antes? ¿Sabré estar allí, una vez más? Es una playa desconocida para mí -muy lejos de donde vivo- pero eso es algo muy excitante porque lo desconocido tiene un matiz de riesgo innegable.

A veces me pongo canciones que me conectan contigo y sé que haces lo mismo. Como chocolate, cierro los ojos, y me enciendo un cigarrillo. Igual me paso de la raya y bebo más de lo aceptable en una tarde como ésta de jueves festivo en todas las ciudades menos en la mía. Pienso en ti unas doscientas veces seguidas. Me invento otra bebida y elijo con alevosía la siguiente canción. Vuelvo a pensarte, tratando de no alterarme mucho y de aguantar la compostura. Pero ya no tengo coartada que me sirva, me pongo a tiro y me concentro infinito en disparar y tener puntería para el disparo más bello que voy a dar.

Me encanta A place called home.

Estoy en modo Silvio Rodríguez y eso es bastante peligroso

La cosa está en no enloquecer,
en no aceptar, 

en preguntar para qué sirven todos los juguetes
que nos han dado guerra desarmándolos y armándolos.

Tener una cita es una de las cosas más emocionantes de esta vida y requiere muchísima atención

Llevo aproximadamente una semana escuchando ininterrumpidamente el disco de Prodigy titulado Invaders Must Die. Me parece un trabajo brillante, debería ser obligatorio en todas las escuelas, sí, justo ahora que la música desaparece progresivamente de los planes de estudio. Los que han decidido eso son unos cerdos desconsiderados y unos amargados. Unos tristes.

Ese disco me pone muy contenta y ahuyenta todos los fantasmas y monstruos que puedan sobrevivir agazapados bajo la cama, aunque creo que no pueden quedar ya demasiados. El éxodo de los monstruos comenzó hace bastante tiempo. Lo cuento porque tal vez a alguien también le sirva como a mí me ha servido. Siempre es importante compartir lo bueno.






Post rapidísimo musical y amoroso

Me gusta mucho la gente que no pierde sus raíces musicales o que las recupera o que las transforma y las reinventa. Por eso mismo, me cae bien Lorena Álvarez y su Banda Municipal (Nacho Vegas le dedica una de las canciones de su último trabajo). La estoy descubriendo ahora y es algo fantástico, parecido a cuando descubres a una chica desde cero, como si fuera la primera vez en todo.



Otro tema fantástico es Novias.

Y una versión de Vainica Doble con Nacho Vegas, bastante curiosa.

Una de las películas más indies que he visto en mucho tiempo



Submarine me parece una película hermosa, emocionante y diferente. Desde ayer soy fan absoluta de ella. A morir.

And I must be insane to go skating on your name



Si fuera un chico me gustaría tener la voz del cantante de Mishima. Si tuviera una hija la llamaría María, Olivia o Sofía. Si naciera de nuevo aprendería solfeo desde pequeña y tocaría el piano, la guitarra y la batería.

Planes absurdos, pensamientos que tenemos todos insertando un condicional al inicio de cada petición, la vida se ve diferente después de una tarde de tormenta espectacular.

Ayer llegué a casa empapada. Tuve que cambiarme toda la ropa, mi bolso estaba chorreando y el agua había calado hasta el interior. Me salté la clase de inglés y estuve vagueando gran parte de la tarde. Lo cierto es que me sentí muy sola. Y no pasa nada. Siempre hay momentos en que uno se siente solo, en que te has de sentir solo. Y entonces acudes a Tom Waits y a tus pitillos. Y sabes que no se lo puedes contar a nadie, que no se lo puedes transmitir a nadie porque no es necesario, que es algo tan íntimo como cuando te depilas o cuando ves porno del malo. Hay cosas que no se pueden compartir con nadie, es imposible, son tuyas, aboslutamente tuyas, egoístamente tuyas. Como Tom Waits. No podrías escucharlo con nadie. Piensas en tu edad, en la vida que llevas, en las facturas que pagas, en que te acaban de llamar los de Orange pidiendo que vuelvas con ellos, como una amante despechada. Piensas en bucle. Cierras los ojos y escuchas a Tom cantar kiss me like a stranger o algo así de lastimoso y te sientes menos sola porque te imaginas con él. Y empieza tu pequeña película. Que se sienta contigo en un bar oscuro y te pregunta qué haces, y tú le miras y te pones un cigarrillo en los labios para que él te lo encienda con gesto amable. Y no le dices nada, no le explicas nada porque él siempre ha sido un ángel de la guarda -algo torpe y alcohólico- que sabe cuándo hablar y cuándo cogerte de la mano.

Mi fantasía con Tom waits no me salvó la tarde, desde luego. Ahora entiendo que no hay nada que salvar, que las cosas son así y que simplemente se trata de asumir que algunos tenemos muchos gramos de tortura dispersos en la sangre, que somos así por naturaleza.

Le damos demasiadas vueltas a las palabras, cada vez lo tengo más claro. Escribimos mensajes que jamás enviaremos, que redactamos una y otra vez pero que no somos capaces de lanzar a su destino. No nos atrevemos a abrazar a quien nos importa. No invitamos a una copa a quien nos gusta. Perdemos el tiempo pensando en el ridículo, en fallar el disparo, en lo que sucederá si... En los malditos condicionales, siempre los condicionales jodiéndonos la partida.

Post en directo de un miércoles, justo en ese momento increíble en el que se acaba la tarde y comienza el "vespre" en catalán, que tanto me emociona

Hoy, exactamente a las 19:31 horas de la tarde he tenido que levantarme, servirme media copa de vino, encenderme un pitillo y poner una canción. Incapaz de concentrarme, he creído oportuno dejar de trabajar en el último caso que trato de desentrañar.

Despistada, descentrada, desmemoriada, des-todo lo que se pueda pensar. Hoy miércoles sería un buen momento para dejarlo todo en pausa y perder la cabeza. Y no hay más. No habría nada más.

Siento que el presente es como el kilómetro cero de Madrid, como un beso con los labios sin pintar, como una lata de Coca-Cola estrujada, como una libreta llena de versos mal acoplados, como mi ordenador con nuevo fondo de escritorio, como un anillo reluciente, como un sujetador rojísimo que sale desbocado del cajón de mi armario.

El presente es eso. Una adolescencia preciosa que me llega loca perdida, saludándome desde un tren en marcha.

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