Me ha dado por poner todas las canciones de Ringo



I'd like to be under the sea
In an octopus's garden with you.

Fantástica banda sonora, eso siempre es decisivo

Acabo de ver El gran Gatsby en la versión de Baz Luhrmann y me ha fascinado. Tiene una estética muy parecida a la de Moulin Rouge, es muy evidente que el director ha dejado su impronta en las dos. Creo que ha sido la mejor manera de cerrar este domingo. 

Tengo tantas cosas en la cabeza que me colapso si trato de escribirlas. Algunos tenemos un Gatsby en nuestro interior.


A veces querer no es poder, por eso cada vez quiero menos cosas y vivo de una forma más austera, creo que ahí hay una buena pista para mi propio caso

Lo más interesante que he aprendido estos últimos días es que si frotas un globo inflado contra la ropa adquiere electricidad estática y lo puedes dejar pegado al techo del comedor bastante horas.

Últimamente no tengo tiempo para nada, ni siquiera para escribir. Sólo pienso en mi electricidad estática, la que genero yo misma.

La estoy transformando en electricidad estética poco a poco.

Convertirme en tu guarida



Esta noche no sé qué podría narrar. El problema es que la canción que he dejado es tan rematadamente buena que por mucho que diga no va a estar a la altura y quedará absurdo.

Me he despedido de mi psicóloga. Sabía que llegaría el momento y lo he estado retrasando hasta que ha sido demasiado evidente. Me gusta demasiado para renunciar a ella pero hay que ser coherente y saber decir adiós cuando toca. El último día nos reímos mucho y prometimos escribirnos y esas cosas que hacen las buenas amigas cuando acaba el verano y hay que regresar al otoño y al colegio.

Es una gran tipa. Y me encanta que ella también me explique pequeños secretos, como lo mucho que le costó dejar de fumar y que ojalá que ella también fuera capaz de dosificar los pitillos como yo lo hago.

La echaré de menos. Será duro pasar por delante de su consulta y vencer la tentación de ir a visitarla y dejarle alguna película en un pendrive, como solíamos hacer.

Hemos prometido escribirnos porque quiere saber de mí y, sobre todo, de mi novela. Me pareció entrañable que me torturara para que le explicara el argumento...

Supongo que lo que más aprecio de ella es que es imperfecta y humana.

Vuelvo a esta noche. Apago el segundo cigarrillo. Bebo agua y me voy a la cama.

La palabra guarida me parece exquisita.

Hay días, como el de hoy, en el que me planteo ser madre y encima lo verbalizo


Me he pasado la mañana en el Hospital Sant Joan de Déu. No lo conocía y me ha parecido el hospital materno-infantil más bonito que he visto nunca. Como muestra, una de las puertas de los lavabos, decorado con una inscripción preciosa: Mírate en el espejo como una princesa.

Todo el mundo dice que hace frío en Barcelona y yo me siento un bicho raro porque no lo creo así. Para mí está resultando uno de los inviernos más cálidos de los últimos años pero esto no lo puedo comentar con nadie porque me miran raro y creen que desvarío.





Pensamientos en directo que me roban horas de sueño y de lucidez, aunque a estas alturas no sé cómo no me he acostumbrado ya a ello



Quiero una chica como la del videoclip, me da igual que sea la rubia o la morena. Tal vez mejor incluso la morena, que tiene como más estilo. La estética y el estilo son tremendamente importantes. Una chica que por las mañanas me muerda los hombros y me lama el cuello, que sea capaz de ponerme cachonda sólo con mirarme profundamente. Que haga temblar mi cama y tenga que comprarme una nueva cada semana. Que me sacuda el alma y me desordene las ideas como cuando empiezas una partida de dominó y mezclas las fichas, eso es lo que quiero, que mezcle mis objetos y rompa este jodido orden. Que tenga narices de llevarme la contraria y que se ría de mis pensamientos torturados. Que nunca me tome confianza y que me obligue a dormir ocho horas seguidas cada día. Que me secuestre en la cama entre semana y me haga café y me ponga un cigarrillo encendido en los labios. Que no se interese por mi pasado ni por mi futuro y que me venga a buscar al trabajo y me bese delante de todos los imbéciles que me caen mal. Que se cargue todas mis creencias con un balazo y luego me pinte los labios para besarme una y otra vez. Que me abrace por las noches como un candado reluciente que se cierra y que se abre de forma infinita. Que le quite la comida a los monstruos que habitan bajo mi cama para que no vuelvan en una temporada o, mejor, para que no vuelvan nunca. Que me salve un poco, sólo un poco, porque a las detectives nadie las salva para siempre, que eso nadie lo puede lograr por mucho que lo intente.

Me vi reflejado en ti

Hoy he estado con una amiga repasando hits de los 80 y, de rebote, ha sonado Slave to love, de Bryan Ferry. Hemos recordado inevitablemente la secuencia de Nueve semanas y media y esta noche he vuelto a pensar justo en ese fragmento del film.

La primera vez que la vi era muy joven, demasiado para ese tipo de película porque recuerdo que me dejó muy impactada la relación turbulenta de los protagonistas. Una pareja muy turbia, muy oscura, una historia enfermiza. Pero en el minuto 54:45, aproximadamente, que es justo cuando suena Slave to love, la relación se convierte en algo menos truculento y recuerdo que es un momento que se me quedó grabado en mi memoria adolescente. El típico fragmento que te hace creer en esas teorías de amor arrebatado y sincero que sobrevive a todo. De cuando eres muchísimo más joven y nada se ha vivido con esa intensidad.

Esta noche me he puesto la película y he vuelto a buscar ese punto. El diálogo es sencillamente sublime.

- ¿A las otras también las cuidabas igual que a mí? Responde...

[...]

- ¿Cómo sabías que...? ¿Cómo sabías que respondería como lo he hecho?

- Me vi reflejado en ti.


No tener miedo es inhumano

Mi madre ha tenido la brillante idea de regalarme un caballo para reyes. Lo he llamado Noneim y lo alimento de jamón porque es lo único que le gusta. Ya se me ha escapado dos veces y la última de ellas lo tuve que ir a buscar a la policía nada más y nada menos.

Creo que mi vida va a ser más complicada de ahora en adelante. Mi experiencia con los animales nunca fue demasiado fácil (véase la historia del lince bebé, por ejemplo, y las movidas que tuve por aquel entonces con los de la protectora).

Ahora duerme en mi sofá amarillo. Lo miro a oscuras con la ayuda de una linterna -es tan sensible que no puedo ni encender la luz- y me conmueve. En realidad, es un animalillo indefenso y vulnerable, siento que depende de mí y eso me hace sentir muy responsable. Es una sensación extraña, me gusta pero al mismo tiempo me aterra no ser capaz de cuidarlo como se merece.

¿Cómo saber si lo que hacemos es lo correcto?


Un escote de galaxias infinitas



De un tren a una ciudad
De una ciudad a una casa
De una casa a un paréntesis en el tiempo.

Es posible detener las horas
Y que una cama se convierta
En un bote salvavidas.

Rememoras un inventario desordenado
Y subjetivo,
El café recién hecho,
Las dos botellas de Moët,
Comida japo,
Mini viaje en coche,
Un cachorro que se te duerme en los brazos.

Y terminar cantando una de Sam Cooke
Que no escuchabas desde hacía siglos
Y que justo te ha alegrado
Porque las cosas buenas
Siempre están ahí
Para protegernos
De los lunes.

Los mejores casos siempre se resuelven con los labios bien rojos y un pitillo colgando



Este mediodía, mientras caminaba por la calle, me he chocado contra una especie de poste de metal. Ha sido un golpe estúpido, totalmente evitable porque se veía perfectamente pero yo andaba por donde no tenía que andar, supongo. He seguido mi trayecto como si tal cosa a pesar de que un chico me ha visto golpearme y me ha sonreído con un gesto, como queriendo decir te has debido de hacer un daño, chica...

Pensaba que no había sido nada pero al cabo de unos minutos he sentido que la sangre me resbalaba por la cara, me he palpado la frente y la tenía sangrando. Qué golpe más absurdo y más inoportuno, he pensado. Tenía que hacer varias compras así que me he armado de valor y me he tratado de cortar la pequeña hemorragia con un pañuelo de papel. Me he sentido un poco soldado en el campo de batalla.

Las guerras son así, se supone, hay días en que sales peor parado que otros. Hoy me ha tocado sentir dolor pero luego he pensado que tal vez tenía sentido porque mañana...

Sin Tarantino el mundo sería más feo sin duda alguna



Últimamente,  muchas de la personas que me rodean me piden consejo. Sobre trabajo, sobre cuestiones filosóficas y, sobre todo, amorosas. Me repatea bastante dar consejos así que lo que hago -lo considero más útil- es ofrecer un punto de vista exterior a la cuestión. El problema no se resuelve pero se abre la perspectiva y eso suele ayudar a ver el tema desde otro ángulo nuevo que no se había considerado.

Después de mucho tiempo de observar -de observarme también- y de elaborar estadísticas en servilletas de papel, he llegado a una conclusión: nos perdemos en reflexiones, en pensamientos en bucle, en lo que podría pasar si...

Nos pasamos la vida planificando, en el primer acto, en el planteamiento de las historias. Hay que cortar por lo sano esa fase, alargarla lo mínimo para sacar un verbo mucho más efectivo: actuar.

Así que ahora aporto un punto de vista igualmente, pero le añado un verbo actuar más el complemento que toque. Claro, qué fácil resulta decir eso cuando una no está involucrada o no le salpica la sangre. Ya no me vale ese razonamiento, creo firmemente en lo que digo así que defiendo el actuar por encima del pensar, que al final no nos lleva a ningún sitio diferente del que estamos anclados.

Si el interlocutor no se convence, lo acabo rematando con un ¿y qué es lo peor que te puede pasar si actúas así o haces tal cosa? ¿que te mueras?

La respuesta siempre es la misma, que no, que por hacer esto o lo otro no te mueres, que como mucho te puedes caer o perder una batalla pero morir jamás.

La respuesta está servida.

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Llevo dos mañanas seguidas con bandas sonoras de Tarantino en bucle. Creo que es una muy buena señal.

Los Planetas tienen las canciones más cursis de la historia y las más melodramáticas y las más rencorosas, de ahí su encanto


Preparo un viaje con emoción, como si fuera la primera vez que piso un destino desconocido. Es una misión secreta porque me han encargado un caso muy atractivo que debo tratar de resolver en poco tiempo. Me veo muy capaz, he ido recopilando bastantes pistas y creo que el trabajo que he realizado durante los últimos días me va ayudar.

Esta tarde he encontrado la chaqueta de mi vida, la que había buscado siempre. No estaba de rebajas, como suele pasar con aquello que te gusta realmente, no obstante, me la he decidido comprar porque me he quedado prendada de ella. Y una vez que sucede algo así, es complicado olvidarse de la prenda elegida.

Resulta inevitable acordarse de ciertas canciones antes de emprender un viaje, y es increíble ponerse a pensar que tiene nada más y nada menos que veinte años pero no envejece.

Siempre conmigo



Toda la vida a mi lado.

El videoclip es uno de los recuerdos de mi infancia



Gaspar está llorando.

Un post totalmente prescindible porque cada día no se puede tener la dosis necesaria de lucidez para escribir algo que interese mínimamente, aunque trato de cumplirlo siempre

Mañana tengo que madrugar para hacer chocolate con churros para cuatro personas, cinco contándome a mí. Me parece un plan magnífico porque jamás he hecho chocolate para tantas personas y me supone un reto a la vez que algo de nervios porque quiero que salga lo más bueno posible.

Ésta es mi vida ahora, a inicios de enero. Escuchando en bucle a Norah Jones, a la que nunca le había prestado demasiada atención hasta que la descubrí en la película de Wong Kar Wai.

La película que me hubiera encantado haber escrito, claro. Suele haber una, aunque puede ir variando. Lo cierto es que hoy elijo ésta.




Ser valiente no es sólo cuestión de suerte



Un sábado de diciembre te cae una canción del cielo y en ella encuentras todas las respuestas que, sin tú saberlo, necesitabas. Tan sencillo como eso pero tan difícil porque no sirve una canción cualquiera, ha de contener un mensaje, ha de ser nueva y, sobre todo, te tiene que hacer temblar. Esto último es obligatorio.

Una canción hipnótica, extraña, intrigante. Una canción que, dependiendo del momento, te puede saber a copa de vino o a trinaranjus, a jamón del bueno o a galletas de príncipe, a mandarinas o a mango. Una canción que deambula por la cuerda floja, que se mueve sigilosamente de noche como un ejército de soldados preparados para la batalla. Una canción que te salva pero que al mismo tiempo te condena al insomnio. Una canción que te agarra por la cintura y te besa aunque vayas en un tren al trabajo rodeada de gente.

Porque es una canción valiente.

Desde aquel sábado, suena en mi cabeza y en mi casa todos los días.

Vencida por la estética


Quise ser controladora aérea y también militar. Lo primero lo tuve que dejar porque no me quise operar la miopía y por mi exceso de imaginación; lo segundo, por manifestarme en la Guerra del Golfo, allá por la época del grunge.

Los uniformes siempre me han fascinado. Hoy he recordado este beso uniformado y me ha parecido lo más. Creo que debe de tener un par de años o así. Es muy peliculero pero me gusta, a veces la estética me pierde. A veces no, a quién pretendo engañar, siempre me pierde y me vence.

Hay días en que es mejor no pensar, ni llevar las acciones demasiado lejos. Hoy he vuelto a pasear mucho rato con mi gorro nuevo, me mantiene la cabeza muy caliente aunque la ciudad en la que vivo no es nada fría y lo cierto es que echo de menos que baje más la temperatura. Me he sentado a mirar el infinito de tejados y me ha parecido muy decadente ese paisaje. Y entonces me ha dado por pensar en bucle, imaginando posibles destinos para vivir, porque sé que en esta tierra no voy a quedarme.

En las noticias salía Madrid y estaba lloviendo, las rebajas ya estaban puestas y la calle Preciados abarrotada. Quiero un trabajo en Madrid, una casa en Madrid y desayunar en la calle Libertad los fines de semana.

Nunca fui de rituales ni de dar consejos políticamente correctos

No soy de rituales. Ayer me explicaron que la lencería roja de fin de año se ha de quemar hoy, uno de enero. Lo ignoraba así que resulta que he estado almacenando prendas de ropa interior que no han sido purificadas. Me inquieta saber que tal vez mi vida habría sido otra si hubiera seguido correctamente el ritual del último día del año.

Hoy al llegar a casa he salido al balcón y me he dispuesto a prender fuego a mi lencería roja para cumplir al cien por cien la tradición. Ha sido terrible porque la prenda se resistía a desaparecer, debía contener un alto porcentaje de ropa sintética o similar porque se quemaba desprendiendo un olor tremendo, como quien quema plástico puro y duro.

He tardado mucho en hacerla desaparecer completamente, parecía como si le costara irse de este mundo pero al final lo he logrado con paciencia. Me he sentido bien, como quien cumple con una tarea importante y decisiva para seguir adelante. Como un personaje de videojuego que se carga a cien enemigos y pasa al siguiente nivel.

Ha sido la acción solemne del primer día del año nuevo.

Luego he cenado y he visto los diez primeros minutos de una película porque una amiga me ha escrito confesándome sus inquietudes más inquietas. Me gusta que la gente se acuerde de mí en lo bueno y en lo malo, me hace sentir mejor tipa.



(Uno de mis recuerdos de cuando era pequeña, adoraba esta canción)

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