Nunca hay que decir que será el último post, y nunca hay que decirlo de nada en la vida, o de casi nada

Me da como cosa no escribir nada hoy, el último día del 2014. Como estoy poco inspirada y algo nerviosa, creo que lo más útil que puedo hacer es dejar una lista de las películas que más me han gustado este año. Voy a copiarlas de la Moleskine que compré para las fichas de filmes, una gran adquisición, si duda. Ahí van:

Submarine
El Gran Hotel Budapest
La plaga
Tú y yo
Allan Turing: Codebreaker
Las ventajas de ser un marginado
Los amores imaginarios
Laurence anyways
Yo maté a mi madre
Battle Royale
Funny Games
De tal padre, tal hijo
The Grandmaster
Her
Carmina y amén
Free fall
Esperando septiembre
El niño pez
La gran belleza
Nymphomaniac I y II
Dallas Buyers Club
Alabama Monroe
Los reyes del verano
Elephant
Amor bajo el espino blanco
Maléfica
Ayer no termina nunca
Foxfire: confesiones de una banda de chicas
Los secretos del corazón
Precious
Azuly no tan rosa
Amor eterno
En la casa
Ciutat morta
La mujer del lago
Las partículas elementales
Stockholm
Quiéreme si te atreves
Tomboy
Diamond flash
Begin again
Los juegos del hambre (todas) 

Dicho esto, os deseo lo mejor para este año que estrenaremos esta noche. Que tengáis siempre salud y que seáis todo lo felices que se pueda ser. Espero encontraros, como siempre, por aquí. 

Un abrazo gigante.

Me siento como las que esperan al soldado que regresa a casa



Hacer las cosas a capela contigo es, ahora mismo, lo mejor del planeta.

No entiendo el mapa, que cantaba aquella

He actualizado la banda sonora de mi blog en Spotify, ahora hay 368 canciones que duran 24 horas y 26 minutos. La comencé en octubre de 2010 y reconozco que la actualizo cuando me acuerdo, lo siento. En mi favor, eso sí, puedo decir que todas las canciones que aparecen en el blog (de manera explícita o implícita) están en esa lista. Para mí tiene un valor incalculable.

Por si os interesa dejo aquí el enlace, gracias a todos lo que la seguís, me hace mucha ilusión que no sea un desierto:


Ani DiFranco, un maestro, los Housemartins y fiestas imaginarias



Me chiflan los Housemartins. Nadie los recuerda. Yo sí. Tengo un vinilo de ellos del 87, creo. Iba a EGB cuando a todas las niñas les gustaban Modern Talking y esos estilos tan ajenos a mí.

Me he abierto una cerveza y he bailado esta canción en el comedor. Sólo lo iluminaba las luces de Navidad así que lo he tenido fácil para imaginar que estaba en una discoteca pop. Es un tema perfecto para bailar sola. He abierto la segunda cerveza y la cosa se ha venido arriba, estaban pinchando genial. Mi comedor es perfecto para las fiestas imaginarias porque es muy grande y los muebles se retiran muy fácil a patadas, porque pesan poco y no están sujetos a ningún lugar, son muebles nómadas. Tercera cerveza y el cansancio de los que bailan como si no existiera un mañana ha empezado a notarse.

Me he tenido que sentar en el suelo, espalda apoyada en un mueble. Han dejado de pinchar en mi club imaginario y me he quedado en silencio.

Entonces he recordado que el otro día me crucé con mi maestro de Taekwondo por la calle. Él no me vio porque iba distraído pero yo lo reconocí al momento. Estaba joven, guapo, elegante como siempre. Yo iba con los cascos puestos, incluso recuerdo la canción que sonaba en aquel instante, una de Ani DiFranco. Sentí una punzada en el pecho y me tuve que apoyar en un portal, estaba muy cerca de casa pero me parecía un reto imposible llegar.

Así es la vida. Pasas de estar bailando, semiborracha, canciones de los Housemartins en un club imaginario, a entristecerte recordando a alguien que te enseñó tanto.

Who the fuck anyway wants a Christmas tree (yo no, desde luego, con que te vengas conmigo me basta)



I bought no gifts this year
and I slept with your sister
I know I should have thought twice
before I kissed her
but with the year we had last
and the dress that she wore
I just went along for the ride
and I came back for more

And I'm sorry baby.....


Queridos/as profesores de inglés de todos los niveles:

Este año ya es algo tarde pero tal vez con esta carta pueda contribuir a que las próximas navidades dejéis, de una vez por todas, de ponernos en clase el maldito tema de Navidad de Mariah Carey. No os lo pido: os lo ruego, os lo suplico... Y no puedo dejar de preguntarme por qué cada puto año -da igual en qué nivel estés- nos machacáis con ese horrible y manido tema musical.

He analizado la letra decenas de veces y no creo, sinceramente, que sea tan imprescindible para mejorar nuestro conocimiento de la lengua inglesa. 

Os podría hacer una lista de canciones navideñas muchísimo mejores, dónde va a parar, y seguro que con ellas en clase los estudiantes no acabarían tan deprimidos y tan hasta el gorro de la maldita sesión en la que, para mayor recochineo, se nos pide que cantemos tan maravillosa letra.

Por ejemplo, A Christmas Duel, de The Hives & Cindy Lauper, me parece un tema brutal para escuchar en clase. Por la salud mental de vuestros alumnos os lo digo. Y, de paso, por mantener un poco el espíritu navideño, pero no el cursi, joder, nunca el cursi.


That's all ok honey cause see...
I bought no tree this year
and I slept with your brother
I wrecked your daddy's car
and went down on your Mother.
I set your record collection on fire
and said I never knew
felt kind of bad about that
and I know you did too

So whatever you say, it's all fine by me
who the fuck anyway wants a Christmas tree
cause the snow keeps on fallin' even though we were bad
It'll cover the filth, we should both just be glad

And spend this Christmas together.

Ya he encontrado la canción de Navidad de este año, el tema perfecto



Las canciones de Navidad son súper tristes. He estado revisando un montón de temas y prácticamente todos hablan de que no estás por Navidad, o por favor vuelve a casa estas Navidades, o el año pasado estabas aquí conmigo, etc. Me ha parecido descorazonador.

Aunque, todo hay que decirlo, las más tristes me han parecido las más bellas.

En fin. Nos pondremos un buen escudo o una buena armadura, como los caballeros medievales.

Sed felices y tratad de no desperdiciar demasiado la vida y las oportunidades, de verdad lo digo.

Tú no necesitas esa máquina de los nazis para saber lo que deseo



Ayer empecé a ver Alan Turing: Codebreaker (Clare Beavan, 2011). Cada noche suelo ver una película entera o media, así me paso las noches porque la tele me aburre infinito. Ahora me toca estar fascinada por Alan Turing, que lo acabo de descubrir, no sabía quién era. O yo soy una inculta o a este tipo no le han dado toda la fama que se merece. Puede que sean ambas cosas pero me parece muy sospechoso que, con lo precursor que fue, se haya hablado tan poco de él.

Alan Turing se hizo famoso por formar parte del equipo de personas que se dedicaron noche y día a descifrar el código de las máquinas Enigma de los nazis, las que empleaban para encriptar los mensajes y enviarlos así de una forma totalmente segura. Él era algo así como el jefe del equipo o algo similar. Me parece un tema apasionante para investigar. He averiguado que, gracias a las descodificaciones de los mensajes de los nazis, la Segunda Guerra Mundial terminó dos años antes de lo que estaba previsto.

Por lo visto, esto no se supo hasta la década de los sesenta, se mantuvo totalmente en secreto la labor que hicieron todos esos cieníficos. Y en febrero de 2006 se pudo descifrar el último mensaje que quedaba aún por resolver (este último dato me ha parecido inmensamente poético).

La vida de Alan Turing fue tan apasionante como triste. Fue condenado por su homosexualidad (en los años 50 era delito en el Reino Unido) y murió tras comer una manzana envenenada con cianuro. Unos dicen que fue un sucidio, otros afirman que lo asesinaron. 

Fue un científico visionario, un precursor que en 1936 ya escribía sobre computadores, alguien que apuntó a lo que supondría años más tarde el concepto de inteligencia artificial, etc.

Sin sus investigaciones hay mucha tecnología que tal vez no existiría en estos momentos.

La película que empecé a ver ayer es un documental algo ficcionado que me está fascinando, ya lo he dicho. En 2015 se estrenará The imitation game y me parece que Turing se pondrá de moda.

Genial entonces, porque se lo merece dondequiera que esté, probablemente rodeado de sus unos y sus ceros.

Tokio nos va a tener que esperar un poco más pero siempre nos quedará Cuenca



Tiendas, tiendas, tiendas, coches y tiendas
pasos de cebra,
más coches, más tiendas
no ayudan a pensar.
Fue como el chiste del inglés,
del francés y el español.

Uno de los tres engañó a los otros dos,
se abre el telón, y sales tú con él
en la misma habitación
en la que en su ausencia
a veces salgo yo.


¿Cómo se llama esta canción?
¿Cómo se llama? Adivínalo.

A veces te quiero, y a veces no. 

He descubierto a Luis Brea y ya estoy colgada de su música. Me encanta este tipo, sus letras, su estilo, su voz, su pose. Me gusta porque te lo podrías encontrar en la cola del supermercado y no repararías en él. Me llega porque todas sus canciones me parece que hablan de mí o de mis historias y eso me parece brutal, que no lo digo en plan "soy el ombligo del mundo" sino en plan "me gusta sentirme algo arropada en este lunes terriblemente frío en el que hoy a las siete de la mañana marcaba un grado en la calle".

Cuánta belleza a veces, joder.

Después de una noche de borrachera y risas me pone algo triste volver a casa sola



Mi psicóloga se ha ido de la ciudad. Yo dejé de ir a su consulta hace más de un año, más o menos. No obstante, saber que estaba allí me tranquilizaba, me hacía sentir segura, como quien sabe que el chaleco salvavidas está disponible, bajo el asiento; como el que aterriza en una ciudad desconocida pero sabe que el mapa en su bolsillo le asegurará el regreso a casa. 

He sentido una especie de sensación de desamparo al conocer su marcha. No sabía qué hacer, deseaba ir a verla pero imaginaba que iría muy liada esta última semana así que he pensado en escribirle una carta, como las de toda la vida, a mano. Y así lo he hecho pero, como iba justa de tiempo, no me ha quedado más remedio que ir a su consulta y deslizarla por debajo de la puerta, como en las películas. Siempre he soñado con que alguien me enviara una carta así, sin sello, por debajo de mi puerta. Carolina, deja de fantasear, me diría mi madre probablemente.

Ayer por la noche salí con unos amigos. Hicimos lo mismo que hace veinte años: cenar, reír, beber, fumar bajo el frío -bueno, yo ahora no fumo, sólo acompaño-, charlar, seguir bebiendo, fumar de nuevo. 

Llegué a casa. Sola. Me lavé los dientes, bebí agua, tuve insomnio por la resaca, me arrebujé en la cama y abrí mi correo: tenía un mensaje de mi psicóloga. Lo leí, lloré porque era muy bonito y me decía palabras que nunca habría imaginado. 

Me hice muy pequeña en la cama de 1'50. Entonces pensé en ella. En lo mucho que me habría gustado que saliera conmigo esa noche. Y en cómo se pueden echar de menos ciertas cosas.

(La versión en italiano de Bowie creo que la puse alguna vez pero es que es tan preciosa... Como la secuencia de aquella peli...)

Un deseo breve para hoy



Llevo gran parte de la tarde tratando de elegir una canción para ti, para tu gran día. Ninguna me parece del todo especial, será que me he vuelto una exigente con la edad, no sé, qué importa.

Dudaba entre una de los Tachenko y ésta y al final me he decantado por esta nana un tanto peculiar porque creo que es un tema que te va a venir muy bien, ya sabes, por la racha que llevas últimamente... Pero de esto ya hablaremos tú y yo dentro de poco...

Hoy he pensado mucho en ti y te he imaginado sonriente, moviéndote como una salvaje de un lado para otro, sin entender demasiado este planeta en el que prácticamente acabas de aterrizar. No te preocupes, tampoco hay demasiado que entender, y en todo caso a tu lado tienes a alguien increíble que te lo explicará todo de la mejor forma posible, lo sé. Eres muy afortunada, bueno, ambas lo sois.

No podrás leerme, ya lo sé, pero yo también conservo una parte algo salvaje que es la que me impulsa a hacer estas cosas tan tontas...

Quizás dentro de muchos años alguien te explique quién fui yo y lo que me gustaba que escucharas a los Tachenko y a La Costa Brava, y sólo espero que nunca olvides a todos esos grupos...

Mi deseo para ti es que seas feliz, todo lo feliz que puedas, durante toda tu vida.

No es un post triste, es un post raro, como de no saber cómo sentirte si es lunes

Estoy fascinada por una canción que he descubierto estos días. Soy muy pesada con lo musical, si me topo con algún tema que me gusta, soy capaz de machacarlo una y otra vez, día tras día, mañana tras mañana, sin descanso ni tregua. Ese tema sólo se ha reproducido 4330 veces en YouTube, me parecen poquísimas.

Voy a imprimirme el blog, son 1135 páginas hasta octubre aproximadamente. De repente, me ha dado mucho miedo pensar que puedo perder lo único que he hecho en mi vida con cierta constancia, durante estos últimos diez años. 

Cambiaría las 1135 páginas por haber compuesto esa maldita canción.

Porque haber escrito esa canción te convierte en la chica más sexy del planeta, la más increíblemente atractiva... Suena materialista e interesado. Tal vez. Pero es que al final todos hacemos cosas para ser queridos y no me vengáis ahora con los típicos cuentos del bendito individualismo, de matemos a las medias naranjas, bla, bla, bla. Ya sé de qué va todo eso.

El otro día vi cómo atropellaban a un hombre en un paso de cebra. Yo salía de un bar con dos amigas, las tres llevábamos demasiadas cervezas encima. El coche se dio a la fuga y yo llamé a una ambulancia, aún no sé cómo lo hice. Expliqué lo que había ocurrido y mi móvil fue saltando de una mano a otra -el lugar se llenó de gente enseguida- hasta que llegó al herido que, por suerte, estaba bastante bien y relataba su estado a la persona al otro lado del altavoz.

Pienso mucho en la muerte últimamente, supongo que es porque se termina el año, no sé, por hallar una justificación, supongo.

Por eso quiero imprimir el blog, por eso me habría encantado componer una gran canción, porque las canciones no mueren nunca y siempre, siempre, siempre, fascinan a quienes las escuchan, estén donde estén.

Si no reconoces la ilustración es que eres un adulto, y por ello te compadezco



Pedir un domingo entero
Para quedarse en la cama
Y que esas horas de calma tranquila
Y azul se queden bajo las sábanas,
Protegidas en mis trincheras.

Pedir un domingo entero
Que no comience viendo
Documentales de la
Segunda Guerra Mundial
Porque siempre me ponen muy
Triste y minúscula
Pero aún así
Sigo viéndolos
Mientras desayuno
Y hago la cama
Como si fuera una
Exiliada y desterrada más.

Pedir un domingo entero
Aunque sea con trampas,
A pesar de los enemigos
Que pretenden ser tan valientes
Como mis manos,
A pesar de la lluvia que no le cae
A mis plantas
Maltrechas de tantos vientos anónimos
Y fugaces
Y crueles.

La chica que rechazó a Elvis



El concierto del 68 es, para mí, el mejor de todos. Un acústico brutal, potente, fresco, en el que el Rey ofreció lo mejor de sí mismo y, además, se mostró como un tipo divertido y natural que bromeaba mientras actuaba. 

Siempre que pienso en Elvis me invade una sensación de pérdida, tal vez porque creo que era uno de los solos más solos del planeta. Y sigo fascinándome cuando investigo sus historias, como la de la chica que rechazó a Elvis.


Enganchada a un momento



—Mamá.

Tell me, Carolina, what's up.

—He conseguido entrada para el concierto de U2.

Oh, that's incredible, ¿y cuándo es?

—En octubre.

October?

—Del 2015, claro.

You're a fool. Falta un año, Carolina, ¿en qué estás pensando? Tú no eres de planes a largo plazo.

—Igual estoy cambiando, mamá. Yo qué sé.

Well, si te mueres siempre nos quedará la reventa...

—Cómo te pasas, no me hace gracia.


Pero a mi madre sí le hacen gracia esas ironías de la vida o como se quieran llamar. El caso es que me siento muy contenta de saber que si todo va bien iré a un concierto fantástico, que ahora mismo me apetece muchísimo. Y esta canción es una de mis grandes preferidas.


Y así se cierra esta entrada que en principio parece muy superficial pero que en realidad encierra en su subtexto una de mis mayores preocupaciones.

Ella eres tú, o igual tú estás en todo y empiezo a asumirlo



Esta mañana he descubierto a Sharon Van Etten como suelen descubrirse las delicias, sin proponértelo, saltando de un sitio a otro, musicalmente hablando.

Me he quedado enganchada a ella y a su canción Tarifa. He buscado el vídeo y ahí estaba ella, una tipa indie de las de verdad, de las genuinas. Entonces he sentido un dolor minúsculo en el pecho: su estilo y ella me han recordado a ti. Me han venido unas ganas locas de irte a buscar al trabajo para, simplemente, darte un beso.

Pero no puedo hacer eso.

Así que Sharon Van Etten me ha ayudado a hacer algo más soportable esta mañana de jueves sin ti.

Ike, amigo, siempre pensaremos en ti en presente.




Querido Ike,

Hoy hace tres años que te fuiste. ¿Sabes por qué me acuerdo de la fecha exacta? Porque te fuiste el mismo día que John Lennon y, ya sabes, yo siempre he sido muy fan de los de Liverpool. Cuando era pequeña este día, 8 de diciembre, era una fecha muy especial porque en la radio siempre emitían programas sobre Lennon y yo me preparaba mis cintas de casette para grabarlos. Era muy emocionante porque solían emitir canciones inéditas y entrevistas, todo lo que le podrían interesar a una verdadera fan.

El 2011 fue un año de mierda y así acabó, con tu marcha. Creo que no llegaste a saber muchas de las cosas terribles que pasaron ese año y, realmente, me alegro de ello porque no habría valido la pena. 

Eres un ángel, Ike, ahora lo sé. Y sigo arrepintiéndome de no haberte llegado a conocer en persona. Tu isla estaba muy lejos de mi ciudad pero eso no debería haber sido una excusa, claro que no. Los aviones nos llevan donde están los ángeles. Los ángeles que dibujan como verdaderos artistas. Y tú lo eres, uno de mis dibujantes preferidos. Tú sí que tienes estilo, Ike.

Te escribo aquí porque es el único medio que se me ocurre para que me leas. Y sé que lo harás, lo sé.

Seguiremos pensando en ti en presente. Siempre.


Inter-locutor (poemilla escrito en 03:58 minutos)



Para ser sincera
Debería admitir
De una vez por todas
Que mi deseo más antiguo
Era toparme con una chica
Que me dedicara Ol'55
En la radio.
Sintonizar a Tom Waits
Es un detonante rojo
Que te estalla en medio
De los párpados
Si no eres precavido,
Si sales sin bufanda
En diciembre y en enero.
Para ser sincera
Debería prometerme
A mí misma
Que nunca voy a soltarme
De la mano
De Tom.

What if...?

La historia contrafactual, llamada también historia alterna o historia virtual es el resultado de un ejercicio mental que responde a la pregunta «¿qué habría pasado si...?».


Algunos historiadores, tales como Niall Ferguson, han promovido la historia contrafactual como un método válido del estudio de la historia. Sin embargo, la historia alterna es también una fuente de ficción comparable con la literatura fantástica o la ciencia ficción, en lo que se denominan ucronías. 

Todavía muchos historiadores consideran la historia contrafactual como meras especulaciones y la historia alterna más como un caso para la literatura de ficción que para el análisis histórico académico serio.

(Fuente: Wikipedia)

Lo de la historia contrafactual -lo del what if de toda la vida- siempre me ha fascinado tanto como inquietado. Suelo hacerme demasiadas preguntas:

¿Qué habría pasado si...?
No hubiera contestado aquel correo.
Aquella mañana hubiera salido de casa con abrigo.
Hubiera estudiado aquel curso en Logroño.
Nunca hubiera empezado a fumar.
Hubiera aceptado una invitación para comer en una casa en Malasaña.
No hubiera roto aquel papel con un número de móvil.
No hubiera acudido a aquella fiesta en una ciudad lejana.

Los qué habría pasado si... son muy peligrosos porque te hacen sentir pequeño, con una vida que se te queda corta, que te aprieta como esas fundas ridículas de paraguas o de cualquier otro objeto en general -un saco de dormir, una  manta de viaje-, que siempre lo piensas, que el que diseña las fundas lo hace mal ya que van demasiado justas, pero igual tiene un motivo y han de ser así para que sean útiles.

Lo útil, bien lo sabes, es dejarte de historias contrafactuales y aferrarte a tu presente.


(La canción es para morirse de lo bella que es. Loquillo musica un poema brutal del gran Luis Alberto de Cuenca. Y duele de tan bueno).
Cuando vivías en la Castellana
usabas un perfume tan amargo
que mis manos sufrían al rozarte
y se me ahogaban de melancolía.
Si íbamos a cenar, o si las gordas
daban alguna fiesta, tu perfume
lo echaba a perder todo. No sé dónde
compraste aquel extracto de tragedia,
aquel ácido aroma de martirio.
Lo que sé es que lo huelo todavía
cuando paseo por la Castellana
muerto de amor, junto al antiguo hipódromo,
y me sigue matando su veneno.

El consumismo te lleva a la tristeza más tonta o a la felicidad más tonta

Me he comprado un belén de esos modernos de Playmobil y he pasado buena parte de la tarde montándolo. También me he comprado dos botellines de zumo de tomate Big Tom -que me vuelve loca- y un panetone relleno de chocolate. Lo he abierto y he merendado un buen trozo. Me he quedado mirando el belén y he pensado que quedaba realmente bonito. Me he puesto algo triste porque todas esas cosas me han parecido bellas, con emoción, con alma, pero estaba sola y no lo podía comentar con nadie. Sí, claro, ahora el rollo ese de que hay que saber estar sola y apañarte en el mundo por ti misma y ser fuerte e irte a dormir sin ningún beso. Claro que sí, que lo de las medias naranjas es una de esas mentiras que consuelan y tal, porque nadie debe de necesitar a nadie para ser feliz ni para habitar en este planeta.

Pero a veces es jodido, a veces es realmente jodido.

Y ahí estaba yo sola a las seis de la tarde merendando panetone italiano y preguntándome qué será de mi vida, qué será de mi 2015. Y el panetone estaba realmente delicioso. Y puedo pagar las facturas, y no me duele nada, y tengo gente a la que llamar pero a veces, repito, los días se te hacen cuesta arriba y te enfadas un poco con tu sombra, que no se separa de ti y que te llena de pensamientos grises.


Proyecto Reyes Magos de verdad (yo sigo creyendo en Gaspar por encima de todo)

Niños en hogares de acogida. Niños que han sido separados de sus familias o que se les ha quitado la tutela a sus padres. Niños que viven con sus madres en la cárcel o en pisos de acogida. Niños de familias desestructuradas o con grandes necesidades económicas…. Todos ellos recibieron su regalo el año pasado.

Creo en este proyecto que he descubierto hace apenas unas semanas. Y como creo en él, me encantaría que alguien más creyera y lo difundiera (y si además se colabora, ya sería fantástico). Es tan sencillo como registrarse en un formulario y en unos días se recibe la carta escrita a mano de un niño o de un anciano (se puede elegir de quién se prefiere o si esto da igual). La carta te llega a tu dirección de correo electrónico y puedo asegurar que lo que he sentido al leer esa misiva ha sido... indescriptible.

La niña que me ha tocado tiene seis años, le gusta ir a la piscina y bailar. Cree que este año se ha portado bien y por eso pide un único juguete en su carta. La quiero desde el primer momento en que leí su caligrafía infantil temblorosa, a pesar de que no la he visto jamás, aunque sé que nunca volveré a saber nada de ella.

Ahora mismo lo que más deseo es que reciba su juguete, que no vendrá de mí sino de sus Reyes Magos, que jamás dejarán de existir.


Para registrarse en el proyecto:

Nunca me había llovido tanto en Madrid, creo que eso es una señal de algo nuevo y debe de significar algo importante

Este fin de semana he estado en Madrid. 

Podría escribir sobre mis calles favoritas, o sobre el nudo que se me pone en la garganta cada vez que entro en la Plaza Mayor y que justo por eso siempre llevo gafas oscuras, aunque sea injustificado. O podría relatar lo bien que se come en el Yakitoro o lo geniales que son los desayunos en Le Pain Quotidien.

Pero no lo voy a hacer porque creo que es necesario, absolutamente necesario y urgente, que esas imágenes sean suyas y mías, para que no se desgasten, para mantenerlas secretas, aunque sea un poco.

Me fui de Madrid muy triste y no se lo conté a nadie. En la Gran Vía hay una viejecita pidiendo limosna, pasamos ante ella antes de coger el AVE y le dimos unas monedas. Yo me quedé rezagada y le cogí la mano, llevaba unos guantes negros desgastados pero me parecieron suaves, ahora sé que era por la bondad que desprendía ese cuerpo. Le apreté la mano, fue instintivo, y ella me miró a los ojos y me dijo: Que seáis muy felices, las dos. Me estremecí.

Lloré en silencio, con disimulo. Pensando en lo injusta que es la vida. Aquella mujer podría haber sido mi abuela, la abuela que no conocí, la abuela con la que he soñado miles de veces. Y le di unas miserables monedas, ¿por qué no le di al menos un billete? ¿Qué son 50 euros para mí y qué podrían haber significado para ella? 

No puedo dejar de pensar en esa viejecilla. Me sigue haciendo llorar, me sigo poniendo muy triste porque no hice apenas nada por ella y porque debe seguir allí, en plena Gran Vía, en la acera de los números impares.

Las palabras que me dijo son las más sinceras y preciosas que me ha dicho jamás un desconocido.

Il cielo in una stanza (no dejo de pensar en ti, igual es culpa de la canción o de que mis centinelas siguen bajando su guardia)

Hace tres semanas que he dejado de fumar para siempre. Sí, para siempre, no como un descanso o un paréntesis sino para no volver jamás. Ahora sólo me falta dejar de beber para ser una completa imbécil, le comenté a una amiga el otro día. La gente que no fuma siempre me ha parecido algo sosa, nada sexy y poco atractiva. Bienvenida al gran grupo de los aburridos de la vida, Carol, ya formas parte de ellos, una más en sus filas. Cuando lo pienso me pongo triste porque a mí me encanta fumar y sé que me encantará toda la vida y ya está, no hay más. Ahora sólo me falta comprarme un perro y pasear con él los domingos por la mañana en chándal para acabar de redondear mi gran progreso, le dije a mi amiga un rato después. 

Pienso en fumar. En fumar mientras me tomo una copa de vino blanco, en fumar con el café de después de la comida, en fumar con un spritz, con un gin-tonic, con un mojito. Pienso en fumar mientras espero el autobús. En fumar cuando salgo con un amigo de un bar o mientras llegan los segundos platos. Pienso en fumar cuando me acuerdo cuando paseaba por las calles observando fascinada las fachadas decadentes de Oporto, o en mis calles favoritas de Madrid. Me acuerdo de fumar mientras escribo los posts en directo como éste, cuando trabajo en algún caso complicado. Ya no hay humo invadiendo el pequeño espacio de mi cuarto. Recuerdo fumar cuando llega un día jodido y me derrumbo -como nos derrumbamos todos- y me parece que lo de ser una sola duele bastante y que en ocasiones daría lo que fuera porque las cosas no sean así, pero eso sería otro tema. Que fumar me sentaba como hacer el amor con alguien que te gusta de verdad, que eso es algo increíble, porque besas y tiemblas al mismo tiempo. Fumar cuando cae el sol, en el balcón, escribiendo mensajes profundos, fumar porque ver cómo fuman Lauren Bacall y Bogart me despierta aún más el deseo y nada podría saberme mejor.

Y sí, sí, ya me sé el discurso. Que qué bien te sentirás ahora, tu olfato volverá a funcionar al cien por cien, la ropa no te olerá a nicotina, ahorrarás dinero, tus pulmones estarán impolutos y estarán más en forma que nunca.

Claro, todo eso será cierto, aunque yo fumara habitualmente unos tres o cuatro pitillos al día.

Pero siento que al dejar de fumar hay una parte de mí preciosa que también se ha ido y que, indudablemente, me hará ser menos detective.


(Maravilloso vídeo sin audio de mis dos fumadores preferidos que, como alguien dijo, ahora deben de estar fumando juntos en el cielo)


Mi blog nunca ha sido político, ni social, ni trata temas de esos que quedan tan bien y te hacen parecer respetable (jamás seré adulta, maldita sea, metedme un balazo si algún día crezco)

— ¿Sí?
—¿Carolina?
—Sí, dime.
—No irás a votar mañana, isn't?
—Claro que no, mamá, ¿por quién me has tomado?
—I know, I know, but I prefer...  
 —Ya, ya, vale, oye, que tengo que colgar, que he quedado para tomar el vermut.

Hay cosas en la vida que no cambian: mi madre empeñándose en seguir hablando en inglés y negándose a usar cualquier otra lengua que me facilite la comunicación con ella— y su manía de advertirme sobre algunos peligros que tal vez yo desconozca.

Hoy no iba a escribir ninguna entrada pero he entrado en YouTube y me ha salido un vídeo propagandístico que me ha hecho reflexionar y, cómo no, cabrearme con esta comunidad en la que me ha tocado vivir.


En este vídeo, encabezado por el gran "Arzur", una serie de personajes públicos afirman que irán a votar en representación y en memoria de otras personas muy reconocidas de la sociedad catalana que, lamentablemente, están muertas y por este motivo no podrán ejercer su derecho al voto.

Alucinante, ¿verdad?

No daba crédito a lo que veía. Mi cabreo iba en aumento y ha llegado al momento álgido al ver la imagen de la grandísima escritora Mercè Rodoreda. Hasta aquí podemos llegar. ¿Quién les ha dado permiso para opinar en nombre de los muertos? ¿Acaso saben ellos que todas esas figuras estarían de acuerdo en lo que va a suceder mañana? ¿Saben de verdad que ellos también desearían la independencia? Vale, sí, que Rodoreda se exilió en la época franquista y todo lo que ya sabemos pero, ¿realmente estamos moralmente autorizados a usar su imagen en este vídeo de propaganda independentista? 

Lo siento, pero no estoy de acuerdo y me da mucha pena. 

Estamos viviendo una época muy extraña. Muchos fingen que les interesan estos temas pero en realidad les preocupa más el doble check azul del Whatsapp, eso sí que ha sido un acontecimiento mundial.

Y hablando de acontecimientos, a mí ahora mismo lo único que me parece realmente relevante es volver a verla. A ella.

Que diez años no son nada (lo celebro con los más grandes y tal vez con mi favorita de ellos)

Queridos y queridas:
El 2 de octubre del 2004 escribí el primer post en este blog. 

Hoy, 10 de octubre de 2014, con diez años más sobre las espaldas, sigo emocionándome al teclear una entrada y, sobre todo, al imaginar que puede haber alguien al otro lado leyéndome.

Esto ya no es lo que era, desde luego, porque falta mucha gente a la que me encantaba leer, porque Facebook y Twitter -los grandes enemigos- devoran cada vez más a los blogs, pero a pesar de todo me sigo sintiendo como una tipa que pasea por su antiguo barrio con la mirada emocionada y la gabardina raída de tantos años.

A veces creo que no soy la misma de entonces. A veces creo que sí, que en el fondo la esencia se conserva porque al fin y al cabo me siguen interesando las mismas cosas, las mismas personas.

Gracias por todo. Por estar ahí los fieles, los nuevos, los despistados, los aburridos, los cotillas, los amigos, los conocidos y los desconocidos, los virtuales y los cercanos.

Mil gracias de las buenas. Y un sentido abrazo a cada uno de vosotros.

Y esta vez os voy a contar algo de verdad, sin trampa ni narración: mañana cojo un avión y últimamente me da algo de desasosiego así que no quería volar sin celebrar antes aquí mi pequeño cumpleaños bloguero.

Por eso de que una década es algo simbólico.

Os adoro, 

Carol Blenk


Poemilla en directo y entre paréntesis a las 17:18 de este miércoles interminable



Los balcones con banderas,
Los bancos con pegatinas acusadoras,
Los ríos desbordados
Mientras dedico un pitillo
A pensar en si te gustan los Beach Boys
Y esta canción,
Que tal vez te haga llegar
Algo de sol y calor
Aunque sea brevemente.
Esas son las cuestiones que me inquietan
Ahora mismo y en este momento.
Ya ves, mi irresponsabilidad social
Es inversamente proporcional
A lo que te pienso.

En 1978 nacieron dos maravillas y una de ellas es Grease


(Grease es una de las mejores películas de la historia. Aquí uno de los momentos más torturados de Sandy y que he recordado esta mañana. El plano final con la piscina hinchable es uno de los planos más indies de la historia del cine).

En el momento actual, si no ves series televisivas eres un marginado. Me explico. Todo el mundo ve series, miles de capítulos, cientos de temporadas, infinitas ficciones. La gente las devora, las engulle sin masticar, y entonces las sacan a las terrazas, a las conversaciones de pitillo en el descanso del trabajo, en las mesas de los bares mientras se desayuna... Y si no las sigues te quedas fuera. Y te aburres soberanamente porque, claro, no te enteras de nada, no entiendes las tramas, no te hacen gracia los diálogos memorizados y repetidos en voz alta, no te generan intriga los finales de temporada. 

¿Qué está pasando? Esto es una plaga y me da mucho miedo. En poco tiempo la gente no tendrá ningún otro tema de conversación, nadie comentará el último disco de Nacho Vegas, el último libro de Murakami, el último beso que te has dado con esa chica. Serán temas aburridos que no interesarán a nadie, que no pasarán por el infame Twitter -abajo las síntesis de 160 caracteres, arriba los blogs prolijos- y que se quedarán en tu pensamiento porque cualquiera se atreve a hablar de esas cosas con el resto de adictos a las series.

Y aquí uno tiene dos alternativas: o bien ponerse a ver series como un loco para, simplemente, poder participar en las conversaciones diarias; o bien pasar de todo siendo consciente de que será un marginado en las charlas de ficción televisiva. Otra opción es que te pase lo que a mí, que veo poquísimas series pero resulta que las que veo no las ve nadie y, por lo tanto, no puedo compartirlas con nadie. Debe de ser mi sino. 

Lo tengo muy claro. La próxima vez que se inicie una de esas interminables conversaciones me levantaré y me iré a pensar en mis cosas. Tal vez recordaré cuando se hablaba de Twin Peaks, de Friends o de Doctor en Alaska. Pero sin esta adicción enfermiza y pesada que existe ahora mismo. Me resulta del todo insoportable.

Así que paso aún más de las series. Me seguiré centrando en las películas y en los directores que descubro como, por ejemplo, Jean-Marc Vallée. Un crack.

Aquí, reconquistándome a mí misma, que es la reconquista más difícil pero también la más agradecida


Un pitillo, Spotify en modo emisora basada en tal grupo y un gin tonic. Con esto puedo ser casi feliz, que la felicidad completa no existe, ya se sabe. Es la hora de pensar en lo que me ha aportado el día, como si fuera la tipa más reflexiva del mundo.

Una niñita de unos cuatro o cinco años se ha subido en el autobús con mi madre. Nada más entrar me ha mirado descarada, yo llevaba gafas de sol y no me he dado cuenta enseguida pero al poco me he percatado de que unos ojos me estaban observando. Entonces la he mirado y me ha sonreído, le he devuelto la sonrisa y nos hemos intercambiado gestos tontos. Me he preguntado por qué le habría caído simpática así, sin hacer nada, sin currármelo. Siempre he creído que los niños tienen una especie de sentido que les hace saber cómo te sientes, aunque no te conozcan, y actúan en consecuencia. Es algo muy curioso que me parece impactante. 

La madre le ha tirado del brazo y se han bajado. Me he quedado sentada, pensando en esa niña desconocida. Y entonces he comenzado a reflexionar sobre la adopción, en todo lo que implica. Hace mucho tiempo me planteé adoptar a un niño y es algo que nunca he llegado a descartar del todo. Algunas personas -poco inteligentes, claro- me han dicho a veces que nunca se puede querer igual a un hijo adoptado que a uno biológico, que la sangre es la sangre y nada tira más que eso. Esos argumentos siempre me han dado mucha risa, de absurdos que me parecen. 

Evidentemente, un hijo que has parido tú debe de ser lo más pero una relación de sangre -no lo olvidemos nunca- siempre surge de una relación de no sangre. Me explico. Conoces a alguien, te enamoras de esa persona y decides formar con él/ella una familia. Ahí surge todo -los vínculos, la sangre- pero nace de una relación con una persona desconocida, que no tiene lazos contigo. Me parece una teoría aplastante de tan cierta.

Por eso la sangre para mí tiene tan poca relevancia.

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Y cuando se ha puesto el sol me ha dado por pensar en las reconquistas.

Reconquistarse a uno mismo es algo muy bueno. Deberían enseñarlo en todas las escuelas.

Ahora sólo me falta hacerme experta en flamenco clásico y ya sí que tengo el cielo ganado (los flamencos son uno de los seres más torturados del mundo)



No sé cómo me puedo dispersar tanto. Si me pagaran por ello sería casi rica. Hoy me ha dado por investigar las cantiñas, un género musical increíble (así llaman al flamenco de Cádiz, que incluye las alegrías, el mirabrás, las romeras y los caracoles, he leído por ahí).

Me encantaría poderme pasar una semana entera escuchando cantiñas y aprendiendo más sobre este tema. Cuando algo me apasiona lo investigo hasta la saciedad y por eso mismo hoy he estado leyendo letras que me han parecido el colmo de lo poético.

“Con los ojos señas
compañera de mi alma
que en algunas ocasiones
los ojos sirven de lengua”
Pericón de Cádiz, Cádiz 1901.
 
«De qué sirve la experiencia
de qué sirve el saber
si luego toíto se olvía
apenas llega el querer”
Fosforito, Puente Guenil (Córdoba) 1932.
 
“Dímelo tú compañera
que me está pasando a mí
que el sueño no lo consigo
si no te tengo a mi vera”
El Torta, Jerez de la Frontera 1952.

Cañones de artillería
aunque me pongas en tu puerta
tengo que pasar por ella
aunque me cueste la vida”
Pericón de Cádiz, Cádiz 1901.

“Serrana que por ti muero
otro te lo dirá
yo nunca te he dicho ná
que soy el que más te quiero”
Fosforito, Puente Guenil (Córdoba) 1932.

“Que yo ya no puedo más
mi locura es tal locura
me siento como una hoja
en medio del vendaval”
Diego Clavel, La Puebla de Cazalla (Sevilla) 1946.

Más tormentos
desengáñame de veras
porque yo mi vida la diera
por saber tu pensamiento”
Chano Lobato, Cádiz 1927 – Encarna Anillo, Cádiz 1983.

“Lo que me despierta a mí
no es la tormenta ni el viento
es el fuego de tus ojos
que no me dejan dormir”
Juanito Villar, Cádiz 1947.

“Tu calor ni tu cariño
ninguna noche me falta
no es porque estés en mi cama
que es porque sueño contigo”
Miguel Ortega, Los Palacios y Villafranca (Sevilla) 1975.   
   

A las siete de la mañana aún es de noche pero cuando llego al trabajo, casi a las ocho, ya ha amanecido y eso me parece alucinante, soy así de impresionable

Qué fatiga de comunidad autónoma. O debería decir automona, tal vez (aquí es cuando vuelvo a quitarme lectores, pero esto siempre me pasa, como cuando hablo de toros, partidos políticos o famosos que salen/entran/duermen en el armario). Me cansan mucho las etiquetas, los adjectivos despectivos, el escuchar contínuamente que los catalanes odiamos a los madrileños, o que ellos nos repudian. Me hastía infinito y ya no sé dónde esconderme para no tener que aguantar tantas estupideces. Y lo que más me entristece es cuando mezclan a los niños en toda esta locura. Como el otro día, el día de la Riada, perdón, de la Diada (aquí va un guiño que nadie entenderá, pero lo entiendo yo y me quedo tan feliz). Iba en el tren rodeada de esteladas humanas -esas banderas tan bonitas que están de moda en los balcones catalanes- y vi todo el proceso en el que una madre le pintaba la cara a su hijo (de unos diez años) con una estelada, vamos, una vulgaridad absoluta. Y el pobre crío allí aguantando el tipo, ya convertido a la doctrina nacionalista, tal vez feliz de contribuir a la causa contra el esclavismo catalán.

Me asquean todas las banderas. Y de igual forma me habría entristecido que al crío le pintaran la bandera española o la italiana. Me fatiga todo esto. Y las mentiras. Y las etiquetas. Y que me llamen facha si no soy nacionalista, y que me llamen roja por ser lesbiana. Y miles de tonterías. Que la gente sigue sin entender que las cosas no son blancas ni negras, que hay miles de matices.

A mí ahora mismo me emociona recordar que por fin he estado en Pamplona y que con ella cualquier pintxo es espectacular. Lo demás me lo puedo y quiero saltar a la torera.

Ocupat no fent res, he hagut de trobar el temps per poder perdre'l amb tu. Avisa'm quan surtis de la feina!

Mi historia se resumiría en infinitas canciones

A veces me hago formulo cuestiones muy profundas. Reconozco que me pongo bastante mística e insoportable. Y me inquieta saber si el resto de personas se hace las mismas preguntas que yo:

- ¿Cambiaría de profesión si pudiera? ¿Y de trabajo?
- ¿Volveré a teñirme el pelo de naranja?
- ¿Tendré un hijo? ¿Lo adoptaré?
- ¿Volveré a temer que me muerda un vampiro por las noches?
- ¿Aprenderé a tocar la guitarra?
- ¿Tendré una enfermedad chunga?
- ¿Me cortaré el pelo algún día en plan radical? (ya lo hice de joven)
- ¿Volveré a vivir con alguien en el futuro?
- ¿Dejaré de fumar de verdad?

Etc. 

Y así pasan los días, algunos más lentos, algunos más oscuros que otros. Suerte que soy una tipa que siempre trata de mirar hacia adelante.



Algo que tengo muy claro es que Francisco Nixon, el gigante, siempre me va a gustar. A morir.


How happy is the blameless vestal’s lot!


Subrayar, no pensar, beber mucha agua, tomar el sol, comer sano, dormir en una cama bien hecha... A eso aspiro ahora

Me han regalado esto:






Son subrayadores en forma de cápsula, muy original pero también muy práctico. Los he empezado a usar y lo hago pensando en algunos de mis quebraderos de cabeza, intentando sugestionarme para que las cápsulas me hagan efecto. Igual es el efecto placebo, no sé.

Siempre he creído que subrayar es una acción muy importante y que se ha de realizar con mucho cuidado. Si subrayas demasiado no sirve porque nada resalta en el conjunto, demasiadas cosas reclamando atención. Es como el uso de la negrita, uno de los más peligrosos por el exceso en su empleo.

He pasado mucho por la vida sin subrayar y a veces me arrepiento. No es cuestión de tener más o menos memoria -para suerte o desgracia carezco de ella- sino de fijarse en lo relevante para destacarlo de lo trivial o de lo gris.

Ahora intento -las cápsulas me van a ayudar, lo sé- subrayar sólo lo que vale la pena y no desperdiciar ni un segundo en asuntos que me hacen daño o que pueden hacerme daño. Y, por supuesto, no pensar en nada más que no sean los casos nuevos que tengo que resolver, que me parecen más complicados que nunca.

Y ahora tres recomendaciones:

Serie: ¿Qué fue de Jorge Sanz?
Todo un descubrimiento, divertidísima, de humor brutal. Hay que verla, son sólo seis capítulos de una única temporada.

Película: Esperando septiembre
Fantástica. Una opera prima muy bien hecha, con una trama original y muy bien construida. Debajo de la capa del humor se esconde un trasfondo muy amargo: el poder del dinero y cómo nos maneja a todos. Hay que verla.

Disco: Diálogos. De Buenos Aires a Granada.
Fantástico trabajo de Miguel Poveda -gigante guapo- y Rodolfo Mederos. Huele a tango y a flamenco. La voz de Poveda me enloquece.

Un post insípido para un uno de septiembre, me podía haber lucido un poco más pero no estoy nada inspirada y paso por aquí como quien se pasa a tomar una caña

Ahora anochece cada vez más temprano y eso me cabrea mucho, me pone algo nerviosa, tengo la sensación de que los días duran poco y no los aprovecho lo suficiente.

Mañana me voy a hacer un horario de esos con cada tarea de un color diferente, y voy a llenar todos los días al máximo. Me voy a apuntar al gimnasio por fin porque noto que mi cuerpo no es el de antes y para estar sana y ser una buena amante es muy importante hacer ejercicio. Y porque quemas mucho mal rollo y eso siempre sienta bien. Necesito disciplina en mi vida. Debería apuntarme a algo en plan juegos del hambre, eso sí me activaría del todo.

Un año y medio después he vuelto a entrar en Facebook. Hice una actualización musical y ya no he vuelto a entrar. Antes me hacía gracia esa red pero ahora reconozco el aburrimiento que me provoca. Soy una romántica fiel al blog, supongo que después de probar todos los medios éste es el que más ilusión me provoca siempre. Será por lo de que necesito tener espacio para expresarme y también porque siempre me han agobiado las multitudes.

Hoy he visto a mi sobrina preferida. Me ha dado un abrazo de película y casi se me saltan las lágrimas, ella sí sabe cómo abrazar, es increíble. Me pone tan feliz verla... Y más ahora que me ha dicho quién es su equipo favorito y su entrenador favorito.

Ojalá nunca me deje de abrazar, aunque sea de vez en cuando.

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Scarlett Johansson siempre será moderna.



31 de agosto de 2014 (siento como si se acabara el año)



Hoy he salido a la calle sólo a tirar la basura y a comprar comida. No he cocinado porque me ha dado pereza pero por la tarde me he preparado un mojito espectacular, lo cual me ha hecho sentir algo mejor, como más ama de casa responsable. Hacerte un mojito para ti sola es similar a prepararte una paella, que hay que estar muy entera para eso. Lo he conseguido. Me he fumado dos cigarrillos, estoy bastante contenta por eso a pesar de que ayer -que fue mi sábado torturado- me pasé de la raya.

Tengo una duda acerca de cómo hacer correctamente la cama. No sé cuál es la posición correcta de la sábana, mi madre me enseñó que la sábana se ha de poner con el dibujo hacia abajo para que el embozo (RAE: doblez de la sábana de la cama por la parte que toca al rostro) se vea al doblarlo y quede bonito. A mí, sinceramente, siempre me pareció una manera muy absurda de colocar la sábana: sacrificas todo el dibujo sólo para que se vea el embozo, no sé si me explico. El otro día decidí hacerlo al revés: poner la sábana del lado del dibujo de forma que el embozo quede con el dibujo cara abajo. Me parece mejor que se vea toda la sábana completa sobre la cama.

Para variar, la cuestión de las sábanas me ha hecho reflexionar acerca de otros temas. No sé, es como si a veces sacrificáramos el lado bello de algunas cosas simplemente para que lo más visible se pueda lucir. Creo que es una teoría complicada de explicar, a veces trato de escribir aquí para verbalizar lo que siento o pienso y así no perderlo aunque al final acabo olvidando la mayoría de las teorías.

Me gusta mucho Richi (Ricardo Vicente). Quería poner otra canción pero no la ha encontrado así que he elegido ésta, que me parece muy buena; es realmente conmovedor eso de "aviso que voy a quererte demasiado, aviso por si luego tú te asustas y te crees que he exagerado". Creo que yo no saldría corriendo.

Nadie encaja conmigo

Ya he vuelto a casa. Una casa en la que ahora sólo se fuma en el balcón. Una casa que ahora me gusta con locura. Una casa en la que a veces me tropiezo conmigo misma a pesar de que he estado estudiando muchos meses cómo aprender a evitarme.

Este verano la estancia en el convento no me ha servido para demasiado. Broncas diarias con las monjas, pérdida de dos kilos, tan sólo dos libros leídos, ése ha sido el austero inventario.

El lunes empezará septiembre de nuevo, como cada jodido año. Trato de alargar el verano, mis ganas de ser feliz, mi empeño por sentir que todo se acopla, que la máquina funciona, que nada chirría. En sábados inútiles como éste siento que todo el mundo que me rodea encaja menos yo, la pieza tarada de serie.

Sigues siendo una sola. Y ya está, Carol. Y no le des más vueltas. Y no te obsesiones con no tropezarte contigo misma porque te va a seguir pasando y nadie va a tener la valentía de salvarte, que el mundo no está montado de esa forma, y nada va a suceder para que tú te dejes caer sin red en ese jodido mes de septiembre que ya estás empezando a odiar con todas tus fuerzas, porque hacerse preguntas cuando uno está en modo bucle es muy peligroso y entonces piensas en llamar a Ewan ya que él es el torturado rey y siempre te entiende, siempre te abraza cuando toca -nadie sabe abrazar, joder, nadie sabe cuándo hay que estampar un buen abrazo- pero Ewan ahora tiene una novia formal que se llama Margaret, pobrecillo, que yo sé que él ya se ha enamorado de ella y Margaret es una destrozaalmohadas en toda regla, una tipa más fría que el Polo, pero él se empeña en que ya es su chica y yo, sintiéndolo mucho, le digo con todo el cuidado del mundo que no, que ella no es su chica, que seguramente nunca lo va a ser porque este tipo de chicas tienen el alma hipotecada consigo mismas y nunca dejan a nadie que se acerque de verdad, y la pena que siento por mi amigo es muy profunda, tanto que hasta lloro un poquito por él, porque estas situaciones se ven muy fácil desde fuera, que cuando lo jodido te toca a ti tú también caes en los mismos errores aunque, no obstante, decido escribirle una mini carta a Ewan para aconsejarle que no se fíe de nadie más que de sí mismo porque al final no hay nada sincero y limpio, y por supuesto el amor no se salva, tal vez eso sea lo peor de todo, que caemos como imbéciles en algún momento de nuestras vidas, aunque lo importante es darse cuenta y entonces salir corriendo con la dignidad que nos sobre bien agarrada, y es que Margaret fuma como fuman los mentirosos y de eso me he dado cuenta en seguida, que puedo ser muy lenta para algunas cosas pero capto bastante bien el lenguaje no verbal, y ella no le conviene, Ewan, mi vida, mi chico guapo y perdido, todo esto te lo digo para evitarte dolor, que al final es lo que va a llegar y de nuevo el pasar por todas esas mierdas de fases, la negación, la rabia, el esconderte del mundo, el tiritar solo por las noches, el buscar a los monstruos bajo la cama para asegurarte de que has de seguir durmiendo en el sofá...


A la izquierda de esta cama ahora no hay nadie, nada de nada



Durísimo el día de hoy
En el que he tenido que coger un taxi
Y salir pitando como en las películas
Mientras marcaba el mismo número de teléfono
Una vez tras otra.
Como en las películas,
La chica que sale de casa con el pelo alborotado
Recién mojado de la ducha,
Con los dientes sin cepillar
Y un bolso cazado al vuelo del armario.
Mientras le pagaba al taxista
-Un tipo seco que me preguntaba con sorna
Si conocía Barcelona-
Los 8,75 del trayecto
Recordaba tu escote
Y forcejeaba conmigo misma
Para intentar vencer
La tentación de llamar a tu trabajo
Y pedirte una cita lo antes posible.
Despertarme y comprobar que el animalillo amarillo
Ha estado velando mis sueños
Toda la noche
Sobre mi mesilla
Me ha puesto contenta
Y me he sentido la tipa más protegida
Del planeta,
Como si llevara un escudo nuevo e invisible.

Encuentra la pista y házmelo saber




Éste es un mundo en el que nada nunca se resuelve

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Dentro de unos días hará justo un año que terminé la novela. Y ha tenido que pasar otro año para que haya reunido el valor suficiente para hacerla llegar a las manos que la deben tener. Ahora me muero de la vergüenza al pensar en la historia porque me parece muy tonta, muy de amoríos, infidelidades, y pensamientos torurados pero… es lo que escribí y en ese tiempo es lo que me pasó por la cabeza. Y me gustaba, y disfruté al escribirla. Y lograr poner el punto y final me hizo sentir bien conmigo misma porque fui capaz –por primera vez en mi vida- de terminar algo que me importa realmente.

En el convento tengo mucho tiempo para pensar. Demasiado. La otra noche la pasé revisando mentalmente amigos y conocidos. En una lista coloqué a los que están solteros y en la otra a los que han formado una familia, bien sea en pareja o solos con hijos. La primera lista estaba en clara desventaja con respecto a la segunda.

El siguiente paso fue imaginarme a mí en ambas listas. En la primera de ellas me veía como a Rust Cohle, el detective de la serie True detective, que me tiene absolutamente fascinada. En la segunda lista me veía con una familia indeterminada, tal vez con un par de hijas… Y si pudiera recuperar la custodia de Jimena, ya tendría tres. Sí, una vez tuve una hijita pero, al igual que al lince ibérico bebé, la perdí. Eso es una historia pasada, muy antigua, pero sucedió una vez.

Me veo muy diferente en las dos listas. Es evidente que se trata de dos situaciones vitales totalmente opuestas y ahora, con los cuarenta recién cumplidos, siento un desasosiego difícil de explicarle a nadie. Tal vez por eso lo oculto, porque no me veo capaz de concretarlo, y tampoco creo que nadie lo pueda entender ya que hay sentimientos que verbalizo muy mal.

Miro las fotos de antiguos compañeros del colegio en Facebook y los veo sonrientes en sus playas y en sus montañas con sus hijitos y sus parejas, siempre felices, siempre abrazándose, siempre besando. Observo entonces mis fotos y me parecen las de una tipa de veinte años. Con sus cervezas, con sus pitillos, con su moreno de piscina y sus nuevos zapatos de tacón. Y me hago muchas preguntas. Y no sé cómo contestarlas.

Y me encanta Rust Cohle pero está solo. Nadie se queda con él. Él no se queda con nadie. Apenas sonríe. No tiene fotos de familia. Bebe sin cesar. Fuma sin cesar. Se tortura sin cesar.

Y me inquieta pensar en que puedo ser Rust Cohle, en que tal vez ya soy un poco como él. Y no poder hacer nada para impedirlo. Probablemente, no querer hacer nada para detenerlo.

“Éste es un mundo en el que nada nunca se resuelve. Alguien una vez me dijo: ‘el tiempo es un círculo plano’. Todo lo que hemos hecho y todo lo que haremos, lo repetiremos una y otra vez.”

"Si tuviera que vivir mil vidas..."

Aquí en el convento paso muchas horas leyendo, además de realizar otras tareas varias como las que me indican las monjas: regar, limpiar el huerto de malas hierbas, cocinar, etc. No tengo mucho tiempo porque escribo esta entrada desde el iPhone, lo conseguí colar gracias a mi madre pero no tengo cargador así que tengo que dosificar con precaución la batería hasta que salga de aquí.

Hoy sólo escribo para recomendar una novela fantástica: ¡Melisande! ¿Qué son los sueños?, de Hillel Halkin y, dicho sea de paso, traducida con todo el esmero y la perfección del mundo por Vanesa Casanova. En la página de Libros del Asteroide (una editorial muy indie) hay muchas reseñas.

No puedo extenderme tanto como me gustaría pero sólo quiero resaltar que se trata de la mejor novela que he leído en mucho tiempo, se ha convertido en una de mis historias favoritas. No deseo explicar nada sobre el argumento, simplemente se trata de una historia de amor, de recuerdos, de literatura, de pasión, de la vida en estado puro nada más y nada menos.

Los grandes libros te dejan así. Con un nudo en la garganta, con la sensación de que la vida se va gastando y no la apuramos lo suficiente, con ganas terribles de vivir al máximo como los personajes de la novela, de sentir lo que ellos sienten... Las grandes novelas te dejan temblando, tiritando de la emoción, con los ojos más intensos que nunca.

De ahí mis ganas irrefrenables de contarle a todo el mundo lo buena que es Melisande.

La he devorado en tres tardes. Y he soñado con vivir una historia como la de Hoo y Mellie. Me gusta que los amantes se llamen con nombres secretos, con apodos ingeniosos que sólo suenan así en los labios de la persona amada.




Del norte al sur en un coche que atraviesa el cielo (y si sobrevivo a esto será casi un milagro)


Hasta hoy no he podido acceder a un ordenador. Los últimos días han sido una locura. La señora Blenk me ha sacado del convento de Toledo y me ha llevado de nuevo, como en los veranos anteriores, al sur. Todo comenzó de la manera más absurda.

Un martes por la noche comencé a sentirme mal, me dolía horrores el estómago. Me levanté de la cama y fui al lavabo a vomitar. Allí me encontré con Sor Encarna, que salía de uno de los lavabos con la cara pálida. Las dos habíamos cenado exactamente lo mismo, lo recuerdo perfectamente porque éramos las únicas que elegimos salmón a la plancha ese día. Una intoxicación en toda regla.

Al día siguiente la señora Blenk estaba plantada en la puerta del convento esperándome con la puerta de su Audi –que sólo conduce los lunes y los miércoles, curiosa manía- abierta.

Sube al coche, Carolina. I can’t stand this situation.

Subí al coche obediente y atónita.

—¿Qué pasa? Oye, no me encuentro demasiado bien del estómago mejor…

Me interrumpió bruscamente como suele hacer.

Oh, come on… Ya lo sé, esas monjas son unas tacañas y os hacen comer esa… esa… oh, shitWe must go to the south right now…

Me cuesta mucho entender el inglés de mi madre y encima, cuando habla cabreada y fumando, es mucho peor, apenas pillo el sentido. Lo único que creí captar fue que las monjas toledanas eran unas tacañas, que no hacía falta que hiciera el equipaje porque se había encargado ella personalmente de hacerme una maleta nueva, y que nos íbamos en ese mismo momento al convento de hace tres veranos. Su preferido.

Me esperaban bastantes horas de viaje con la única compañía de una madre fría y extraña. La misma que cada año me obliga a retirarme a un convento para, según ella, tratar de curar o aliviar mis excesos de imaginación. Yo le sigo el juego porque en el fondo me gusta. Es como una especie de reto, un estar a solas conmigo misma, sin nigún estímulo exterior, aunque siempre busco una forma de burlar la vigilancia y escribir o mandar mensajes a mis amigos. Eso por no hablar de las historias inolvidables vividas los veranos pasados con algunas monjas que aún recuerdo…

—Mamá, ¿puedes parar un momento?
—Ohhh, what happens now, Carolina? Si seguimos a esta media llegaremos antes de la cena…
—¿Es necesario que conduzcas siempre como si alguien te persiguiera?

Se salió de la carretera y aparcó en una especie de descampado propio de cualquier serie americana de esas en las que los narcos se reúnen para hacer el intercambio de mercancía.

Se encendió un cigarrillo sin mirarme y me invitó a uno.

—Hace casi dos semanas que no fumo.
Sorry, dear, olvidaba que en tu retiro jamás fumas.

Seguía sin mirarme, con las gafas de sol puestas.

—Mamá, hoy es mi cumpleaños, los cuarenta.

Pasaron varios minutos en silencio hasta que vi cómo le resbalaba una lágrima por la mejilla.

Encendió un segundo cigarrillo y el motor del coche. Volvimos a la carretera y, tal como ella había previsto, llegamos al convento a la hora de cenar.

PD: Sé que tengo comentarios que contestar, no me he olvidado de ellos, en cuanto pueda volver a tener acceso a Internet los contestaré todos.

Qué sexy me parece todo últimamente, joder



Ahora mismo sé que estás trabajando y que escuchas a Ben Harper. Pienso en que tal vez lo has elegido porque te recuerda a mí y no puedo evitar sentir esa emoción infantil de corazoncillo acelerado.

De momento estamos a 23 de julio y el verano está siendo justo y bueno conmigo



Llevo dos días enteros escuchando en bucle la banda sonora de Alabama Monroe, una de las mejores películas que he visto últimamente. Hay que verla aunque la historia sea desgarradora y, a veces, casi insoportable. El final, sin embargo, tiene ese atisbo de esperanza al que todos solemos aferrarnos.

Estoy haciendo la maleta como cada verano para irme al convento. Este año tampoco me retiro al sur sino al norte porque las monjas son algo más permisivas y he conseguido convencer a la señora Blenk (la promotora de todo esto, véanse los posts de los años pasados) de nuevo para que me permita cambiar de convento, a pesar de que a ella no le convence demasiado.

En mi equipaje, como es habitual, habrá más libros y películas que ropa. Sin cigarrillos y sin bebidas, de nuevo me pongo a prueba y me desintoxico de lo que evade los pensamientos. Intentaré, una vez más, granjearme la confianza de alguna monja joven para que me permita acceder a Internet y tal vez así poder escribir alguna entrada, aunque no lo puedo asegurar, siempre resulta bastante complicado.

Me llevo algunos casos para resolver, bastante complicados, pero espero poder concentrarme y hallar respuestas. Igual regreso con la cabeza como una cafetera.

Igual algo no funciona en mí muy bien, como dice Nacho



Hoy voy a conocer a la bebé de unos amigos. Me emociona mucho ver a un cachorro pequeño, aterrizando de repente en este mundo a veces tan extraño.

De repente te das cuenta de que practicamente todo el mundo está formando una familia, con sus pequeños cachorros, con sus coches pagados a plazos, con sus casas de balcones minúsculos.

Y tú te miras a ti misma tratando de ser lo más objetiva posible, intentando saber -o descubrir o lo que sea- por qué nadie se queda a tu lado. Y te ves un sábado emborrachándote en un restaurante italiano en un pueblecito de la costa de Girona, comiendo nachos con guacamole y compartiendo una pizza. Te ves a ti misma sacando mil fotos como hace diez años, aunque las de ahora son más falsas, son casi un fraude porque las añades mil filtros y las pones sombras y tintes vintage de esos que están tan de moda.

Incluso te apena pasártelo tan bien y sonreír y ser una tipa graciosa a ratos y recordar el nombre de una película a las cuatro de la mañana cuando tus acompañantes -menos ebrias que tú- te dan pistas más absurdas que tu despeinado peinado a esas horas.

Te apena no ser capaz de tomar una decisión -la decisión de tu vida- no lograr pronunciar un o un no sin temblar. Te ves mayor y lo compensas con escotes, marihuana, cafés con cafeína y alimentos antilight. Lo compensas escuchando con la mayor rabia del mundo las canciones más lentas del mundo.

Te sientes como esos marineros de las coplas que tratan de no encariñarse con nadie porque cualquier día -sin saber fecha ni hora concreta- tendrán que volver a la mar sabiendo que no podrán regresar jamás al mismo puerto.

Como el que fue el mejor superhéroe, perdido con la capa rota.

Y lo que digo cinco veces es verdad, sigue siendo cierto

El miércoles hizo seis años de la muerte de Sergio Algora. Desde hoy se puede escuchar el podcast especial de homenaje a El niño gusano. Dejo abajo el enlace porque me ha encantado el programa, ha sido muy emocionante y me ha hecho sentir ese dolor especial de cuando sabes que hay una parte de tu vida (musicalmente hablando) que ya no va a volver, que será irrepetible pero que, no obstante, te quedan decenas de canciones que nunca se desgastarán.

Todos somos sospechosos - Especial El niño gusano (9 de julio - 6 años sin Sergio Algora). Con la colaboración de Sidonie, Carlos Cros, Sergio Vinadé (Tachenko) y Pigmy. 

 Y aquí una entrevista fabulosa:

 

Y añado un reportaje genial en Aragón TV:

Nadie volverá a escribir ni a componer como Sergio. 

Vamos a celebrar todo lo que nos une


Tengo el día tan glam que no puedo salir de T. Rex



Yo iba a segundo de BUP, tendría unos quince años, supongo. A mi clase iba una chica rubia guapísima -eso me parecía a mí, aunque después me di cuenta de que tal vez no era para tanto- y terriblemente pija. Me pasé todo el curso pendiente de ella y aprovechando la mínima ocasión para tratar de conocerla un poco más. A pesar de ir a la misma clase no teníamos apenas trato ya que ella se juntaba con su grupo de pijas y yo formaba parte de otro sector algo más alternativo.

Cuando pasé a tercero me enamoré de otra chica pero jamás la pude olvidar y, además, nos seguíamos viendo en el instituto. Como suele suceder en estos casos, ella siempre salía con chicos feísimos y que a mí me parecían unos auténticos imbéciles. Nunca le dije nada acerca de lo que sentía por ella. Yo sabía que bajo esa capa de pijerío superficial existía una chica interesante pero no pude comprobarlo.

Una amiga me ha dicho que ella está trabajando en una tienda de muebles de mi antiguo barrio. El otro día pasé por allí y la vi de espaldas, me entretuve dejando pasar un par de semáforos pero no se giró y no pude verle la cara. Sólo pude observar que ya no es rubia.

La última vez que nos vimos fue hace unos veintitrés años.

La moraleja es que las cosas hay que hacerlas en el momento, cuando tienen sentido. Igual ella habría pasado de mí, era lo más probable -pija hetero, no olvidemos- pero habría valido la pena atreverse.

Con Battiato ni meterse



Ojalá Franco Battiato me sacara a bailar. Me parece un tipo extraordinario, al menos en los ochenta. Un valiente que se movía como un loco ante las cámaras de la RAI, luciendo su reloj en la mano derecha, como los limpios de corazón.

Esta canción es realmente inspiradora. Siempre que lo escucho le empiezo a dar vueltas al tema del centro de gravedad y me pregunto, me cuestiono, si tal vez algún día sentiré que yo también tengo ese norte al que aferrarme. Igual soy una de esas personas que viven en modo peonza constante y más me valdría dejar de darle vueltas a esa búsqueda.

Mientras, dejo resbalar la tarde mientras me bebo un vaso de agua fría con un chorrito de limón.

Cerco un centro di gravità permanente
Che non mi faccia mai cambiare idea
Sulle cose sulla gente 


PD: Siempre habrá zorrillas sueltas que pongan en peligro nuestra estabilidad, mi querida CM, pero no te preocupes porque si los castillos son lo suficientemente fuertes nada ni nadie podrá echarlos abajo. La mejor lucha -y el mejor antídoto- es siempre el sentido del humor. No lo olvides.

"No es fácil para mí ser romántica", decía Céline en el taxi



Desconozco muchas cosas. Esta mañana, por ejemplo, me he enterado de que Julie Delpy tiene un par de discos. Es una información que no me va a cambiar la vida, desde luego, pero que me ha hecho saltar de un pensamiento a otro, como es habitual en mí.

Es uno de julio e, irremediablemente, pienso en cómo será el verano. Deseo con todas mis fuerzas convertirme en Jesse, el de Before Sunset -que es la que más me gusta de las tres- aunque comprendo que eso no me va a suceder, es algo demasiado peliculero. Ni siquiera sé francés, no sé adónde pretendo ir. A una conversación de horas y horas por la noche parisina, por ejemplo. Como ellos.

Hay días en los que me gustaría ser algo más fuerte y no haberme desencantado de tantos tópicos y lemas latinos. Omnia vincit Amor, por ejemplo. Suelo preguntarme si es bueno o malo dejar de aferrarse a ciertas ideas o volverse algo más incrédula. En realidad me da pena pisotear la sentencia virgiliana pero es lo mejor, como ser consciente de que fumar no es saludable así como el exceso de copas.

- Vas a perder tu vuelo...
- Ya lo sé.


Tradiciones traicioneras

Son las 20:27 h. Suena la voz de Scarlett Johansson y mis tiestos de colores siguen vacíos, a la espera de que las plantas vuelvan del hospital de plantas. Fumo el tercer pitillo y me bebo un trina de naranja porque me gusta mucho el diseño de la lata. Al final en la vida todo es estética, prácticamente todo. Esa canción me pone triste pero no puedo dejar de escucharla.

A veces se producen situaciones que son injustas. En la escuela de Detectives en la que imparto clases de Criminología y Huellas Camufladas en Cajones de Madera están valorando si me abren o no un expediente. A mí, que tengo la reputación más limpia -laboralmente hablando- de toda la provincia. Trato de defenderme pero cuando te enfrentas a los poderosos es muy difícil sobrevivir, a menos que recurras a métodos sucios. Hacer desaparecer a alguien, pongo por caso.

Son las 20:39 h y podría buscarme una verbena para borrarme todo esto aunque sé que eso sería un poco de tipa floja o de escapista, depende de cómo se mire. Los problemas de (ham)burguesa de siempre, qué le vamos a hacer. Llevo casi diez años quejándome de cosas o celebrándolas. Al final va a ser cierto eso de que soy una tipa demasiado hiperbólica.

Son las 20:43 h y pienso en mi pequeña novela. Lleva guardada casi un año y aún no me decido a hacer nada con ella. Siento una pena diminuta en la yema de los dedos cuando recuerdo lo que me costó acabarla y la ilusión que me hacía. Y ahora está ahí cerrada, como un cachorro abandonado en una gasolinera, como uno de esos juguetes sucios que te encuentras en la basura y se te encoje el alma.  Me incomoda mucho no saber qué hacer con ella.

Son las 20:50 h. Escribo muy lenta porque me disperso mirando por la ventana. Imaginando cómo será este verano, qué haré estas vacaciones, cuándo volveré a Madrid. Sentir que tu vida está en blanco te da una sensación de libertad increíble aunque hay momentos en los que también te puede hacer sentir perdida.

Ahora mismo me encantaría salir corriendo calle abajo, llegar hasta mi antiguo gimnasio y que mi maestro me abrazara. Pero él ya no está, creo que han abierto una vulgaridad de esas de zumba o de salsa.

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