Post en directo... ni idea, van tantos...

Es bonito preparar una cena para los amigos a los que quieres y ponerte alguna lista en Spotify, y darte cuenta de la gran cantidad de buenas canciones que aún te quedan por descubrir. Y decides abrir mientras el vino y servirte una copita y liarte un cigarrillo y ponerte a escribir en directo porque de repente te has envalentonado como si estuvieras loca perdida en los sanfermines, aunque tú no hayas ido jamás, que siempre te han dicho que es una fiesta un poco guarra, pero es lo de menos ahora porque miras la mesa y te encantan las servilletas de fantasmas que has comprado en esa tienda tan indie de la esquina, que la han puesto nueva y no debe de llevar ni un mes abierta, y recuerdas la cola que viste el otro día de toda esa gente que quería comprarse el último modelo de iPhone y que sentiste un poquito de pena pero no, que no era pena, que tal vez era como envidia de verles detrás de una ilusión material aunque sea sólo eso, y tú ahora sólo harías cola para encontrarte contigo misma, la señorita carlo Blenk, por favor, sí, aquí la tiene, medio descosida por dentro pero volviendo de un viaje que parecía de no retorno, un no direction home o algo así, que ahora estoy liada con el inglés y parece que avanzo biem, con ritmo de swing por lo menos, que ya llevo tres o cuatro copas y es lo que tiene ser tan puntual como soy yo incluso en mi propia casa, sobre todo en mi propia casa, aunque mañana maldiga al planeta cuando tenga que levantarme a las 7:30, y ya dormiremos cuando estemos muertos o algo mejor, como dice la rubia.




Fueron miles de días perfectos



Just a perfect day
drink Sangria in the park
And then later
when it gets dark, we go home

Just a perfect day
feed animals in the zoo
Then later
a movie, too, and then home

Oh, it's such a perfect day
I'm glad I spend it with you
Oh, such a perfect day
You just keep me hanging on
You just keep me hanging on

Just a perfect day
problems all left alone
Weekenders on our own
it's such fun

Just a perfect day
you made me forget myself
I thought I was
someone else, someone good

Oh, it's such a perfect day
I'm glad I spent it with you
Oh, such a perfect day
You just keep me hanging on
You just keep me hanging on

You're going to reap just what you sow
You're going to reap just what you sow
You're going to reap just what you sow
You're going to reap just what you sow

Casa Tía Julia: el refugio de ideas de mi querida Editora con carrito

Supongo que esta batallita la debo de haber contado cien veces pero hoy tengo que repetirla, una vez más. Cuando la conocí, me encantaron inmediatamente sus ideas de proyectos locos, recuerdo que me dijo algo así como que sus dos sueños eran montar una editorial y una casa que fuera una especie de refugio rural cultural. Yo, que soy bastante racional, pensé que aquella chica no estaba muy cuerda y, sí, no me equivoqué porque sin que ella se percatara, le miré los pies. Efectivamente era lo que me temía: Nuria, la Editora con carrito, no tenía los pies en el suelo, era casi imperceptible pero yo me di cuenta. Caminaba unos centímetros por encima del suelo y, lo mejor, se sentía feliz con ello.

Cumplió su primer sueño, montar una editorial: Ediciones con carrito. Y ahí podéis comprar los títulos de Sonia Fides y Julio Oliva, grandísimos ambos.

Y ahora está a punto de realizar su segundo sueño: poner en marcha Casa Tía Julia. La idea es ésta:

Casa Tía Julia ofrece TIEMPO en un entorno lejos del ruido y las prisas para poder crear, innovar, compartir y generar ideas.

Como veis, la idea es pequeña, sencilla y quizás revolucionaria: si cada día nos quejamos de la falta de tiempo, ¿por qué no construirlo?

Me gusta pensar en Casa Tía Julia como un “refugio de ideas”, aunque seguramente muchos lo llamen “centro de innovación”, que es uno de esos nombres que ahora suenan “modernos”. En realidad, CTJ surge de esa idea de ofrecer tiempo y es mucho más que levantar una casa.
Se trata de construir un motor que reactive una comarca especialmente deprimida de Soria (la provincia más deshabitada de todo España) y de crear un espacio que promueva la creatividad y los nuevos enfoques en cualquier ámbito de trabajo y entorno.

Y aquí viene la manera en la que podemos ayudar a llevar a cabo este estupendo y original proyecto: colaborando. Es muy fácil, se puede amadrinar una teja para empezar a construir el refugio de ideas.



Nuria nos anima a amadrinar: ¡Empecemos la casa por el tejado! Ya llevan 1717 tejas, y sólo faltan 1333.

Pues sí, es una locura de proyecto. Leed la historia, descubrid cómo Nuria compró la casa de su tía Julia para convertirla en su sueño... Es una narración preciosa. Y yo, que me emociono enseguida, no he podido evitar un nudo en la garganta al descubrir que me cita en su blog, cuando dice que la culpa de todo la tienen los libros (y me coloca al lado de Michael Ende y Carmen Martín Gaite, joder, es demasiado para mí):

Debo admitir que era algo que había ansiado muchas veces pero que, como demasiadas vivencias en la vida, acabas dejando para más tarde, como si el tiempo durara siempre igual y la disposición fuera la misma. Vaya error.

Me alegro, querida editora, de haber contribuido un poco con mis letras a tu locura, de haberte inoculado unos gramos de carpe diem, tan necesario en estos momentos.


Que te regalen una postal en mano es precioso cuando cae en lunes pero el jueves ya se te ha desvanecido el efecto y necesitarías más dosis de autoestima o lo que sea para caminar más alto



He cenado leche con colacao y galletas. Qué cena más poco elegante. Qué escueta. Qué nada. Mi pereza me impide cocinar algo más complejo, de hecho, mi pereza vital ha logrado que hoy no recordara que tenía que ir a trabajar y me han llamado desde la oficina para recordarme que debía acudir, como cada mañana. Al abrir los ojos no sabía qué día de la semana era, podía ser martes o sábado, pero no jueves desde luego.

Es mi cuarto día con el parche. La gente me sigue mirando pero creo que ya empieza a darme igual. He aprendido a vivir con sólo el 50% del encuadre, mi perspectiva está más sesgada que nunca pero creo que incluso lo prefiero porque ahora sólo miro hacia la mitad del mundo que me interesa, la que sale en blanco y negro.

Hoy me ha dado por pensar en los flashbacks, los cinematográficos, no las analepsis literarias. Sobre todo en los que tienen como función explicar hechos del pasado sin los cuales no podemos comprender el presente.

Por ejemplo, el flashback de Casablanca. Lo peor que te puede pasar en la vida es que te dejen sin darte un motivo, como le sucede a Rick. Gracias a la retrospección, entendemos qué pasó realmente para que Ilsa se comportara de ese modo. Las historias no cambian el desenlace tan fácilmente.

Qué escalofrío me acaba de dar al ver que en lo que acabo de escribir hay una pista que conecta a Nat King Cole con Casablanca. Ha surgido sin pensarlo.

Y nadie sabrá cuál es la conexión secreta.

Christina



El momento semifeliz acaba de producirse justo ahora al descubrir una canción de Christina que desconocía. Estaba en un EP que no tengo. Pues genial porque no hay nada que me alegre más que saber que aún tengo cosas por conocer.

Es casi la una de la mañana y llevo decenas de minutos leyendo letras de canciones de Christina. Y hablo en voz alta -ahora lo hago, algunas tardes y algunas noche también- porque imagino que ella me escucha dondequiera que esté. Y me hace llorar con una simple nana de agosto.

Le pregunto -tal vez lo sepa- cuándo se pasa la añoranza, la tristeza o como diablos se llame esto que se me ha colado por dentro y que no me deja dormir en calma. Porque ya se me ha desvanecido el momento de semifelicidad de haber descubierto una canción nueva.

Le formulo la misma cuestión una y otra vez cambiando el orden de los complementos pero no recibo respuesta. Sólo otra noche a contrapelo.

Y reclamo que se acabe octubre para que llegue noviembre, sin saber con certeza si entonces pediré que se fugue noviembre para que diciembre me limpie. Y temo que se acabe el año. Y que el 2014 me estampe otra bofetada donde más duele. Aquí.



Un domingo interminable que se acabó convirtiendo en lunes sin avisar



A veces me quedo de guardia y son las tres de la mañana y todavía no doy cabezadas de sueño. Y me desconcierta comprobar la gran cantidad de personas que veo despiertas como yo y que vagan por Facebook o por Whatsapp a esas horas.

Gente que no puede dormir tampoco. Personas que beben infusiones relajantes, o vodka o agua. Algunos fuman pitillo tras pitillo, otros se muerden las uñas,  otros mascan chicle. Gente que tiene miedo del lunes, de sus fantasmas pasados o de los presentes. Algunos incluso de los del futuro, que son los que pueden dar más miedo.

Todos los insomnes respirando como zombies a las dos de la mañana, a las tres, a las cuatro, hasta que sale el sol traidor y ha llegado la hora de ducharse, vestirse, engullir un café e, inevitablemente, salir a la calle para acudir a un trabajo que nos hará aún más insomnes.

Los que estamos en guardia esperando algo que no acertamos a definir.

Que me guíe el minotauro, por favor lo pido



Suelo apuntar en una libretita todas las películas que me interesan, ya sean recomendaciones de amigos o descubrimientos que hago detectiveando. Hoy he visto una película muy buena, muy indie, muy cierta: Joven y alocada (2012), de la chilena Marialy Rivas. Despertó bastante revuelo y fue premiada en Sundance, que suele ser una garantía. No voy a poner enlaces para verla online porque ahora esto está muy vigilado y sólo falta que me cierren el blog (vuelvo a recordar que convivo con un lince bebé clandestino, así que bastante dosis de ilegalidad tengo ya en mi propia casa).

(Reflexión: si esta película en lugar de ser chilena y modesta fuera americana y la hubiera firmado cualquier director modernillo seguro que ahora estaría súper valorada y sería archiconocida, pero no).

La historia de Daniela puede ser la de la muchas personas. Te crees que tu camino es uno y luego resulta que es otro bien diferente. Los sentimientos son muy complejos a veces y en momentos puntuales de la vida ello te puede hacer tambalear de la cabeza a los pies.

¿Y si de repente me gusta un chico? ¿Qué pasaría? Si empiezo a sentir que pienso en él por las mañanas al despertarme y justo cuando me voy a dormir. Si tengo ganas de preguntarle qué tal le ha ido el día o simplemente qué va a cenar. Es un chico. Y yo no soy hetero en absoluto. ¿O eso es lo que había pensado hasta la fecha? Si fantaseo con sus labios y con acariciar su espalda o si me imagino que vamos a cenar juntos y me enciende un cigarrillo mientras nos emborrachamos en una terraza.

Y todo se complica si el chico me parece atractivo. Y se lía aún más si él escribe que te mueres y si sabe siempre cómo encontrar la canción perfecta que me toque ahí, en el estómago, que es donde comienza todo.

Y el colmo de los dramas es saber que el chico -el chico hetero que te gusta a ti, chica bollo- tiene novia y que por ti no siente nada más que una conexión de amiga confidente especial.

Salir de un bollodrama para meterte en un heterodrama.

En resumen, los asuntos de los sentimientos son muy complejos y en estos momentos de mi historia siento -lo voy a confesar aquí y ahora- que cada día que pasa es como si fuera para mí el penúltimo. Y creo de verdad que esto es algo realmente hermoso.

Te estoy siguiendo desde hace un tiempo



Cumpleaños feliz y el carnet de conducir,
está en tu cara el sol de España.
Carrusel infantil, cuando vas a irte a dormir,
te estoy siguiendo desde hace un tiempo.
Y los bomberos en tu honor
hacen sonar la sirena del camión.

Un bikini sin color de anuncio de televisión,
qué transparente danza del vientre.
Y cuando escucho tu voz sentado en el ordenador
es un misterio, no lo entiendo.

Y los bomberos en tu honor
hacen sonar la sirena del camión.

Y los bomberos en tu honor
hacen sonar la sirena del camión.
Y como hizo Elton John
te regalo esta canción.

Claro que sí, tras un balón siempre hay un niño.
Claro que sí, tras un balón siempre hay un niño.
Claro que sí, tras un balón siempre hay un niño.
Claro que sí, tras un balón siempre hay un niño.
Claro que sí, tras un balón siempre hay un niño.
Claro que sí, tras un balón siempre hay un niño.




Nueve años de ficción

El 2 de octubre de 2004 comencé a escribir en este blog. En realidad no fue mi primer blog, antes tenía otro pero se me fue de las manos la ficción y por eso decidí comenzar en éste desde cero. Y así fue cómo pasé de ser persona a personaje, de explicar a narrar, tratando de mantener el lugar limpio y ordenado, a pesar de que en algunos momentos me desbordaba el caos personal.

Podría ponerme a hacer balance de estos nueve años o inventario pero lo cierto es que no me apetece en absoluto ni le veo la gracia. Releyendo los posts al azar compruebo que detrás de las líneas a veces ha habido un nombre de chica, en algunos momentos con nombre propio y en otros sin él. Puedo saber qué ojos estaban en la base de cada entrada sin miedo a equivocarme. Y eso es bonito porque me hace recordar muchas cosas que podría olvidar sin más.

Me gustaría hacer una copia de todos estos nueve años (¿alguien sabe cómo se hace eso?) e imprimirla para conservarla y puede que releerla cuando sea mayorcísima. Al fin y al cabo, hay una etapa de mi vida aquí, un cambio de década, mucho que preservar o que olvidar.

Me ayuda pensar que he podido acompañar a alguien durante este tiempo, como otros me han acompañado a mí. Y también me apena comprobar que tal vez no conservo ni la chispa, ni el ingenio, ni la inocencia de hace nueve años, eso es lo más duro de todo. Aunque al fin y al cabo de eso se trata, de madurar, de hacerse fuerte, de seguir caminando. 

Tengo que ponerme un colirio en el ojo tres veces al día. Cada vez que me toca lo paso fatal porque escuece tanto como cuando se te cuela jabón en el ojo. Al pasar un rato, el gusto del colirio me llega a la garganta y no lo entiendo, ¿cómo puede ser que desde los ojos llegue a la boca? La señora Blenk me ha dicho que es porque todos los conductos están conectados. A mí me parece una explicación algo pillada por los pelos pero creo que sí, que tiene razón. Todo está conectado.

(La canción es muy especial para mí, es la banda sonora de este blog, el alma)




Sin Roma


A veces una piensa que las cosas están ahí para siempre, inmutables y eternas. Y no es así. Haces una apuesta y la pierdes, como las chicas de la película de Medem. Quiero creer que ellas acaban juntas, que la rusita de piernas de gacela no huye sino que se va con su amor. Quiero creerlo pero en el fondo todos tememos que no es así, que el miedo la paraliza y regresa a su vida. A la de antes de esa noche.

Y una se pregunta también si esa noche fue real, o si lo que es verdaderamente real es el día de antes o el de después.

Y al final, ¿qué es lo real? Lo real es que mi nevera sigue vacía y que no volveré a ir a Roma en mucho tiempo.

Un sábado ataviado de domingo, Schubert y mi nevera que sólo contiene fruta



Me interesa mucho esta obra de Schubert que desconocía: Winterreise (Viaje de invierno) es un ciclo de lieder compuesto sobre poemas de Wilhelm Müller, en 1828.

Cito de la entrada en Wikipedia:


El núcleo de los poemas es el amor no correspondido. Un hombre amaba a una muchacha, pero ella lo dejó. Aquí arranca la historia. No hay una línea dramática, sino que los lieder expresan las reflexiones o impresiones del cantante mientras pasea solo, durante el invierno. Predominan los temas del frío, la oscuridad, el paisaje desolado, y la soledad, pues salvo el organillero final, no encuentra cara a cara a ninguna otra persona.

Los frecuentes cambios de tonalidad marcan las variaciones del sentimiento (de la alegría a la desesperación), si bien la segunda mitad va hundiéndose totalmente en un tono sombrío y melancólico.

Todo esto viene a colación porque me he estado documentando sobre la melancolía en el XIX y mucho antes -desde la época de Hipócrates- y un musicólogo tocaba al piano esta pieza de Schubert pero no decía en ningún momento el título así que he perdido horas en identificarla.

Ahora ya la tengo para siempre.

El griterío de los niños a la salida del colegio me hace llorar



Hay días que son parecidos a la marea, que te acercan un montón de objetos flotantes sin ton ni son. He vuelto a casa a la hora en que la gente sale a pasear a sus perros y las dependientas aguardan fumando a sus novios. He recordado cuando yo también era dependienta y alguien me esperaba para pasar conmigo el fin de semana.

Joder, qué puta tristeza.

Dejar de escuchar canciones.
De abrir libros.
De comer algunos platos.

No vale coger atajos. Este camino se ha de patear entero, aunque duela a cada puto paso. Aunque se ignore la duración del trayecto.

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Me gusta Orange is the new black, una serie bollo que he descubierto. Mañana debería limpiar y comprar algo de comida, empezar con otra vida. 

Saber quién eres tú, por dónde vas



A mi lado, en el bus, una niñita con uniforme de colegio caro. Saca una libreta rojísima, imitación de Moleskine, y un bolígrafo. Me mira brevemente. Yo con gafas de sol, nublado, y auriculares. Me vuelve a mirar, no le doy miedo, sé que le intrigo. La niña empieza a musitar. Detengo la música pero sigo con los cascos puestos. Dibuja un perro. Imita el ladrido. Dos veces. Guau, guau. Observo su dibujo, se parece más a una metralleta que a un chucho. Ella se emociona por momentos. Dibuja un segundo perro, más abajo, más pequeño. Guau, guau. Lo miro. El trazo es idéntico, una metralleta de nuevo. Y así dos veces más. Dos perros-metralleta más. La cría me mira. Sé que se siente orgullosa con su obra. La sonrío. En ese momento nos hacemos amigas clandestinas. Escribe un título con caligrafía temblorosa: Familia, mamá, papá, hijo, yaya. Ahora las metralletas perrunas son una familia. Acabo de confirmar que la niña no tiene ni idea de dibujar. Pasa la página y observo una serie de sumas, los números parecen hechos por un borracho. Ni una sola de las sumas está bien. Cada vez me cae mejor la cría. Ahora confirmo que, además de no saber dibujar, tampoco sabe sumar. Comienza a imitar el tono de una maestra a la vez que dibuja esos símbolos típicos de validación que son como una letra v pero con un extremo más largo, los de check. Los va poniendo al lado de cada perro-metralleta y de cada suma. Inunda la libreta con los check. Está contentísima porque se está evaluando a sí misma. La calificación es buena. No doy crédito. En ese momento la abuela la llama, Marta nos tenemos que bajar, y ella salta por encima de mis piernas sin mirarme. Me quedo algo decepcionada porque pensaba que se despediría mentalmente de mí pero no ha sido así.

Esa cría me ha dado toda una lección. Sus dotes de dibujo y matemáticas eran una birria pero ella se ha aprobado, se ha validado a sí misma y eso la ha hecho sentir bien. No ha necesitado nada más, a nadie más.

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Al llegar a casa me esperaban mi hija pequeña, Jimena, y mi lince bebé. Vaya panorama. Una niña que lleva varios años teniendo cinco años y un felino ilegal. A veces los miro y los veo tan ajenos a todo que siento una pena profunda. Ojalá no pierdan su inocencia jamás.

La muerte más bella es la que sucede en el espacio

Preparo una maleta y compruebo, desesperada y cansada, que la cremallera no cierra. Llenamos las maletas de "por si acaso" en un 50% o más del contenido. El resto lo compone lo que realmente necesitamos y nos vamos a poner. Te llevas cuatro pares de pantalones y al final te pones cada día vaqueros; o acabas desgastando -una vez más- tu camiseta favorita mientras que el resto de blusas se columpian aburridas en las perchas del hotel. Cargas con tres novelas a sabiendas de que no vas a leer ni un solo día.

Y así con la vida. Siempre pensando en el "por si acaso", teniéndolo en cuenta como si fuera lo principal. Qué desgaste. Qué poco productivo al final.

¿Para qué tanto? Aferrarse a lo antiguo, a lo de antes, a lo que ya no sirve porque crees que te va ayudar como si de una red se tratara y tú fueras un trapecista. Así funcionan las historias lineales, las que contienen giros previsibles y tópicos, pero no las que te harán sentir vivo.

Por eso tal vez me gustan tanto las historias de astronautas.

Tarde o temprano, dolorosa frase



Es como si viviera en un loft porque sólo utilizo una habitación de mi casa, la más grande. He limpiado a fondo, he cambiado los muebles de sitio y me he construido yo misma una especie de lugar de trabajo/comedor/salón bastante bonito.

Esta noche he soñado que me compraba un piso en Madrid, creo que en la zona de las Salesas. Hace años me encapriché con ese barrio, tal vez porque una chica que me gustaba vivía en la calle Almirante y a mí me parecía de lo más total que una calle tuviera ese nombre. Ahora esa chica ya no vive allí, se ha vuelto tonta porque es famosa, qué cosas. Creo que ese barrio ahora ya no es lo que era, demasiado dinero en cada adoquín, en cada portal.

Me sentía ilusionada y contenta, el piso era diminuto, blanquísimo, nuevo, muy soleado, tanto que no me podía quitar las gafas de sol en ningún momento. Para acabar de redondear la historia, trabajaba dando clases de catalán a niños y eso era lo más, divertidísimo. Iba de un lado para otro en una bici azul cielo preciosa, con mis libros en el portaequipajes y un pañuelo azul al cuello (el pañuelo es real, es mi preferido). A los niños sólo les leía poemas en catalán y los tenían que recitar con un acento perfecto. Mi pequeña fechoría era que les enseñaba el catalán mallorquín porque es el que prefiero y, evidentemente, eso no les gustaba a mis jefes.

Creo que no era demasiado buena profesora pero los críos (lo recuerdo perfectamente) acababan adorando hablar en catalán y salían a la calle locos y despeinados de felicidad.

Fin del sueño.

O no. A lo mejor no es una idea tan loca. Mi hermana se ha ofrecido a dejarme dinero para que me vaya a probar fortuna a la capital, para que cambie de aires y me establezca en un sitio especial. Hasta que no vuelva de Francia no puedo pensar en eso.

Lo complicado de esta vida es que no te puedes plantear algunas cosas de verdad hasta que no resuelves otras. Es como un juego de superar etapas. Y algunos somos demasiado impacientes para aguantar sin hacer trampa y sin saltarnos las reglas.

(Últimamente me ha dado por beber una mezcla que me preparo yo misma y que sabe deliciosa: agua, hielo, un buen chorro de limón y hojas de hierbabuena. Necesito una tregua de alcohol).

"Puedo convertir un frutero en un drama", que dijo Dylan una vez. Pues eso.

Tout pourrait changer aujourd'hui

Acabo de recibir un correo con una noticia estupenda. Han aceptado mi curriculum y el mes que viene marcho a trabajar a Francia durante tres meses. Se trata de un caso algo extravagante y estaré viviendo durante algunos días en Loubressac, un pueblo precioso. Después iré a otro destino más céntrico, seguramente en las afueras de París.

Los deseos a veces funcionan como una carambola. Y el miedo hay que sentirlo siempre que se empieza algo nuevo, aunque en pequeñas dosis.

Y sí, la canción no puede ser más cursi pero es que la adoro y me pone en modo que le vendo mi alma al diablo.


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