Ordenar el caos en dos movimientos



Me han asignado un caso demasiado difícil y noto que me faltan recursos, no sé si es la edad, el calor, el cansancio o simplemente el creer que no voy a ser capaz de lograr los resultados esperados.

La trama principal está bastante clara pero me despistan las secundarias, esas subtramas complejas que lo embadurnan todo y que impiden ver con claridad lo que está al final. Sé que no es motivo suficiente para justificar mi torpeza y que lo que debería hacer es fumar menos, beber menos y pensar con la cabeza más fría. Me resulta imposible.

Espacio, tiempo y personajes. Los tres malditos ejes. Repaso las pistas una y otra vez, con cuidado, con guantes, con las gafas bien limpias, revisando mis anotaciones. No salgo del bucle: podría ser todo o podría ser nada.

La impaciencia fustiga al ser humano. Nos empeñamos en tener al momento lo que deseamos, en conseguirlo de forma instantánea como el que paga en una tienda por unos vaqueros. Absurdo. Es como mirar fijamente al limonero para que maduren los frutos más rápido. Caerán cuando tengan que caer. No podemos acelerar los procesos. 

Cierro la noche bebiendo un vasito de leche fría en medio de una gran confusión. A pesar de todo, mi madeja interior se alivia porque he sido capaz de desenredarla, aunque me haya costado tiempo y muchas noches en vela. La madeja exterior no depende de mí, ni de mis manos, que tal vez podrían ayudar tirando de uno de los hilos, el correcto, claro, ningún otro. Tomar indecisiones, que decía la Gaite. Y yo me siento como uno de esos jugadores de cartas que acaban de mostrar las suyas poniéndolas sobre la mesa de golpe, esperando la respuesta. Y después, dos opciones: salir del antro y besarme con el rival en la calle o perder todo mi dinero en aquel cuarto, marcharme sin nada.

No me preocupo, sólo que hoy voy un poco de Tom Waits chica, no deja de ser una pose porque en realidad ya he ganado algo inesperado. Cada día lo tengo.

Un cursor parpadeando es como un corazón bombeando a lo lejos.


Post dedicado a V y a M


Me he pasado casi dos horas en la biblioteca haciendo acopio de material de ficción para mi retiro espiritual: dos cómics, una novela, un cedé, cuatro películas y un documental. No está nada mal, estoy contenta con la selección. Y pensar que hay políticos que sueltan tales imbecilidades por su boca...

Entro en la biblioteca y enseguida me siento en paz. Es frecuente que me vuelva loca buscando las referencias porque no tengo demasiada orientación en ese sentido aunque al final doy con el objetivo, y suelo encapricharme de algo más de lo previsto.

He tomado el camino más largo para volver a casa porque hacía una temperatura estupenda y me apetecía caminar en modo videoclip. Sigo haciendo estas cosas a pesar de los años, me sigo flipando con pequeños detalles que tal vez a cualquier otra persona le pasarían desapercibidos. Hoy -debían de ser las cinco y media de la tarde más o menos- he tenido conciencia de un hecho muy definido. Y lo he leído delante de mi cuerpo como si de un titular invisible se tratara, sólo para mí, única lectora.

Ya en casa, he revisado mi botín y he comenzado a leer El azul es un color cálido. No he podido dejarlo, me he arrebujado en el sofá y me he aislado del mundo durante las 156 páginas. Es el cómic que ha inspirado La vida de Adèle, que no he visto todavía pero pensé que valdría la pena descubrir el cómic. Un acierto. Precioso.

Y ahora, a última hora de la tarde -vespre, adoro ese término- destapo una Heineken caducada (espero no morir, caducó en mayo, pero está deliciosa), enciendo el segundo pitillo del día y pienso en dos amigas con las que he hablado hoy porque tienen algo que las agobia. Los típicos problemas de (ham)burguesa, que siempre digo. Hoy he sido consejera, otros días lo son ellas para mí.

La importancia de empatizar, de aprender a relativizar algunos sucesos de nuestras vidas, con frecuencia se nos olvida. Y nos ahogamos en caminos que en realidad podemos despejar dando una buena patada, no sé si soy muy críptica, peco de eso justamente.

Y cierro el post con el tercer cigarrillo y sonriendo porque, para variar, he vuelto a dispersarme en un post en el que sólo quería explicar cuánto me ha gustado el cómic de Julie Maroh.

Julio se escapa como un mes y un chico moreno

Acabar cantando Just like a woman con acento de ninguna parte en los labios. Bebida en una mano y en la otra una hierba bastante sugerente. Y la vida es justo esto.


Sábados valientes y documentales que te abren el pecho en canal


Comienzo a cerrar el domingo con una copita de vino blanco y el segundo pitillo del día. En el exterior han sucedido muchas cosas y en el interior también, aunque de otra índole, claro.

Me quedan un par de semanas aquí antes de retirarme al convento, como cada verano. Esta vez mi madre ha decidido llevarme a otro situado más al centro, en algún punto entre Ávila y Toledo. Julio está pasando mucho más rápido de lo que esperaba y eso supongo que es buena señal; lo único malo es que no me estoy centrando demasiado y creo que voy a dejar demasiados proyectos a medio hacer. Procastinar, verbo feo fonéticamente donde los haya pero exquisito de llevar a cabo como el mejor de los pecados.

Un verano más, comienzo a preparar mis pequeñas fechorías para saltarme las normas de seguridad del convento: ocultar el móvil en un falso compartimento, algunos cigarrillos, una petaca con bebida de más de cuarenta grados (a dosificar convenientemente para que me dure tres semanas) y una tableta de chocolate, puesto que también está terminantemente prohibido allí.

Busco en la RAE la definición de valiente y creo que la acepción que más me agrada es la segunda: Esforzado, animoso y de valor.

Siempre hay una canción para cada momento grande y yo ya he hallado la de éste. Por supuesto, es totalmente secreta y sólo se la diría a una persona, para que la disfrutara tanto como yo ahora mismo.

Qué valientes podemos ser a veces, qué superpoderes podemos desarrollar sin proponérnoslo.   


La armónica más preciosa del mundo sé dónde puede estar aunque espero que nadie la descubra antes de que yo llegue



La idea era llegar a casa temprano, ducharme, hacer la cena y emplear el tiempo en tareas de provecho. Hay dos miembros de mi familia que son especialistas en husmear desde lejos si has llegado a casa para llamarte por teléfono y explicarte su vida: mi madre y mi hermano mayor. Desde que estudio inglés, me cuesta un poco menos entender a mi madre y la verdad es que me he sentido incluso orgullosa de mí misma al ser capaz de responder con fluidez a sus preguntas. Mi hermano, como siempre, me ha narrado todas sus mini tragedias semanales mientras que yo he aprovechado para preparar una ensalada inventada.

En resumen: son las 23:36 y sigo dispersa. Los amigos son lo peor porque te recomiendan mil entretenimientos y una, alma floja donde las haya, se pone a investigar a la mínima excusa. Por lo tanto, algunas de mis tareas pendientes son:

- Ver el documental sobre Banksy, Exit Through the Gift Shop.
- Ver Searching for Sugar Man, el fenómeno del momento, según parece.

Creo que eso es lo más interesante que me ha pasado hoy. Bueno, sí, olvidaba explicar que ha llovido y que me he mojado los pies. Yo creo que esa lluvia significa algo, últimamente sólo veo señales. 

Olvidaba la cita con la psicóloga, que cada día me gusta más. Nos hemos encontrado por la calle y hemos caminado juntas hasta la consulta. Me he dado cuenta de que es muy guapa, rubia, delgada, y con un vestido diferente para cada día. Jamás flirtearía con ella, no lo podría tener más claro, pero reconozco que es una tipa muy atractiva. Nos hemos reído juntas, hemos bromeado y, al salir, nos hemos despedido con un par de besos. Ignoro si todas las psicólogas se despiden de ti besándote, ella simpre lo hace y a mí me gusta mucho porque me siento más cerca de ella. 

Así ha resultado mi jueves. Lo termino dándome cuenta de que aún no he visto I'm not There y siendo consciente de que es un error tremendo. En el fondo, supongo, no he tenido todavía mi momento.

(Es mi entrada número mil así que lo mismo habría que celebrarlo un poco o algo, así que me voy a poner un chupito de crema de orujo, que parece que es lo que más me pega en estos momentos)

Es una cuestión de justicia poética y adoro esta canción



Pido disculpas por ser tan críptica pero no puedo escribir de otra manera en estos momentos y lo cierto es que tampoco me apetece otra cosa. 

Llegar a casa con treinta cervezas de más, encender el cigarrillo penultimísimo y sonreír pensando que sí, que lo mejor está por llegar, que los amigos están ahí contigo y que siguen los capítulos de tu vida como quien devora la mejor de las series.

Es la primera vez que me siento realmente feliz en muchos meses, desde la punta de mis pestañas hasta la camiseta de Elvis que no me ponía desde el 2010.

Comprender que sólo existe el presente no es algo sencillo y no sucede todos los días.

Fue aquel verano cuando aprendí
a ver las cosas de otro modo...

"Era un sueño y ahora es real", canta Nacho, que podría ser mi hermano

Después de la clase de inglés y de fumar un cigarrillo con mis compañeros, he ido a hacer la compra:

- Un paquete de pan de molde
- Mantequilla
- Maíz
- Galletas

Me fascina observar la compra de los demás, siempre creo que los objetos están repletos de pistas. Por ejemplo, el tipo con barba que se lleva tres botellas de tinto carísimo y algunas latas de aceitunas, o la modernilla que compra pasta y salsa ya preparada.

¿En qué grupo deben de etiquetarme a mí?

Por la mañana, en el autobús, me he puesto a llorar por culpa de una canción y de un sentimiento vagabundo (guiño a otra canción para lectores rápidos de reflejos).



Así pues,
cuando no tengas nada que hacer
y yo pase por tu cabeza,
nadie podrá oírte así que
piensa en mí como si me quisieras.


En Madrid hay una plazuela dedicada a Antonio Vega. Y han tenido que pasar estos años para que la descubra, cuando está allí desde hace tiempo. Y sería tan fácil volver como cierto cada verso de la canción, que podría haber escrito esta noche de mi puño y letra, así la siento. En realidad, todos acabamos esperando un mensaje. Siento que el mío no va a llegar así que tal vez sea hora de retirarme como un boxeador -exhausto y empapado en sudor- que sabe que ha luchado limpio, de la mejor manera posible que ha sabido hacerlo.

Nota: el videoclip - me sobra todo el juego sexual- me parece una mierda pero la canción es realmente sublime.

El verano, los porches inventados y desear ser otra chica


Quisiera una noche de verano.
Una conversación,
Un porche,
Un silencio breve,
Tal vez una copa
Y tal vez un cigarrillo.

Una noche de verano
Que termina
Sin nisiquiera haber comenzado
Y sin que nadie te busque
Bajo ese porche,
Mirando unos ojos.

Luego comprendería
Que el verano fue tan sólo
Un fraude,
Un invento de las rebajas
Y de los hoteles.

Pero, a pesar de ello,
Seguiría deseando
Ser la chica que se apoya en la baranda
Mientras la noche avanza.


Empiezo a estar morena y eso siempre es una buena señal

"Quiero ser recordada por ser una actriz, una cantante, vender todas las entradas de mis conciertos, llegar a los mejores teatros londinenses y actuar en Broadway". Así lo dejó escrito a los catorce años, como un testamento en vida, podría decirse.

Hoy he visto una redacción de su puño y letra y he de reconocer que me ha conmovido leer lo que pensaba y sentía a esa edad. Por ejemplo, que ansiaba poder cantar y que las personas, viéndola actuar, pudieran olvidarse aunque sólo fuera cinco minutos de sus miserias.

Me ha parecido un pensamiento hermoso y he pensado que yo siento algo cercano a eso al escribir aquí, que tal vez deseo que quien me lea sea capaz de salir por unos minutos de lo que le incomode.



(La original aquí, aunque prefiero el cover que hizo ella...)

No perdamos los referentes, por favor (si algún día dejan de gustarme los Pixies, méteme un balazo en medio del pecho)


Quiero un tocadiscos, hoy lo he decidido. Tengo uno -en casa de mi madre- que forma parte de esas minicadenas ochenteras pero deseo algo mejor, con más calidad de audio y que no tenga esa estética anticuada.

He recibido una edición preciosa en vinilo de los Pixies así que es la excusa perfecta para comprarlo. Uno de los discos tiene un color anaranjado que me ha vuelto los ojos ácidos perdidos de la emoción y el otro es sencillamente hermoso.

Y la felicidad es eso. Caminar cuarenta y cinco minutos bajo el sol en busca de un paquete francés para, una vez en casa, destapar un puñado de canciones que sabes que jamás te van a soltar de la mano.

Tumbarte al sol de doce a una y levantarte sin mirar a nadie porque has decidido que ahora lo más importante es volver a caminar en línea recta.



now there's a hole in the sky
and the ground's not cold
and if the ground's not cold
everything is gonna burn...

Con la tontería me van a dar las tres de la mañana y me levantaré con ojos arrimerados (con exceso de rimel)

A las 2:18 de la mañana estoy intentado resolver el caso de mi cuenta de Gmail duplicada a la que me llegan notificaciones de Facebook de alguien que se llama (o hace llamar como yo). La explicación que me ha dado una colega de profesión me parece bastante razonable pero hay un punto en el que me pierdo. No pueden existir dos cuentas de correo idénticas pero... se puede entrar desde una cuenta a otra. Acabo de descubrir las cuentas puente, aquellas que te conducen de un extremo conocido a otro desconocido.

Creo que se ha estrenado ya Antes del anochecer, de Richard Linklater. Escribo un "creo" porque no he querido informarme, me parece tan especial el trabajo de este tipo que me ilusiona poder llegar a ver la película sin saber nada acerca del estreno. Algo hastiada de las críticas y de las opiniones ajenas, así me siento a veces.

Si alguien no conoce la trilogía, que se informe porque merece la pena. Sólo diré que la primera película es del 94, si no me equivoco, la segunda del 2004 y la última es de ahora. Exacto: diez años entre cada una de ellas. Algo harta también de validar todos los datos inexactos en Google, sí, quiero equivocarme en las fechas de vez en cuando. Reivindico la parte más humana de mi existencia.



Uno de los mejores conciertos de la historia de la música. Lo escuchaba en una cinta de cassette y ésta era la canción preferida de mi mejor amiga del colegio, ella me la descubrió y el próximo día que la vea le preguntaré si aún se acuerda de ella, por aquello de la nostalgia.

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