A veces me dan ganas de tener un hijo pero después de un par de cervezas se me olvida el impulso

Hoy he recibido una declaración de amor espontánea, directa y sincera. Mi sobrina pequeña se ha inventado un test de cuatro preguntas orientado a saber si hacemos buena pareja, es decir, si tenemos conexión las dos.

Hemos empatado así que hemos tenido que improvisar una quinta pregunta que, por desgracia, hemos contestado de forma diferente. Ella ha elegido la opción A y yo la C.

El resultado final me ha llegado de sus manos en forma de papelito escrito con caligrafía temblorosa y un par faltas ortográficas infantiles:

"No acemos buena pareja peró sigues siendo la mejor tita Carol del mundo".

Se me han saltado las lágrimas al leerlo, al ver su carita morena mirándome, al sentir su cuerpecillo recostado en el mío mientras veíamos otro capítulo repetido de los Simpson.  

Amor en estado puro.

¿Cómo inventar una voz que jamás se ha conocido?



Henry Blenk, mi abuelo. Murió de una enfermedad tan extraña que no tenía ni nombre. Unos meses después, inventaron la vacuna pero ya era demasiado tarde, mi abuela había perdido la cabeza y decidió no volver a hablar nunca más en su vida. Una historia bien extraña que he ido recomponiendo como si de un puzzle infinito se tratara y al que aún le quedan algunas piezas por encajar. Pocas, pero decisivas.

El dibujo lo he sacado a partir de una fotografía en blanco y negro que he encontrado en un libro de mi madre, el Llibre d'absències, de Miquel Martí i Pol. Uno de los poemarios más perfectos que he leído jamás. Henry Blenk fue un inglés que iba de americano, siempre lo imaginé en una granja, mascando tabaco y bebiendo algún licor fuerte. Lo cierto es que no he llegado a saber demasiados detalles de su vida.

Hoy, precisamente hoy, mi madre ha contestado por fin a una de mis preguntas.

- Henry Blenk era poeta, Carolina, deja de preguntarme más por él, please.

A continuación, ha empezado una letanía de insultos en inglés profundo ante los que yo no he podido hacer otra cosa que callarme y empezar a pensar en el mejor modo de encontrar la pista de mi abuelo poeta.

Y aquí estoy, cerrando los ojos e imaginando cómo sería la voz de Henry Blenk.

La pérdida vs la perdida

Elena me explicaba el otro día lo duro que había sido perder a su gato. Me confesaba que no pasaba ni un sólo día que no se acordara de él en algún momento: al mirar su rincón preferido, al ver su marca de comida en el supermercado, al pasar junto al árbol en el que solía rascarse el lomo... Sus huellas seguían allí, junto a ella, en los lugares comunes a ambos.

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Ahora tardo más en llegar a casa. No tengo prisa. Ahora nunca tengo prisa. Antes galopaba durante todo el trayecto pero estos días me estoy acostumbrando a frenar el paso, a pararme para contemplar el paisaje. Y estoy descubriendo muchas perspectivas que desconocía, planos generales fabulosos que antes sólo eran encuadres turbios.

Este mediodía me he quedado muy quieta mirando el agua caer desde una guarida que me encanta, un antiguo refugio de bandoleros granaínos que se refugiaban de los malos en el XIX.


Y en ese lugar -totalmente sola, sin nadie cerca ni a lo lejos, en completo silencio- he pensado en el gato de Elena y en que las palabras pérdida y perdida se diferencian en una tilde. He llegado a la conclusión de que son términos muy diferentes, aunque pueda parecer que la primera te lleva a la segunda.

No siempre es así, por suerte para Elena y para todos.

La importancia del presente sin otros añadidos o presentimientos


Esta mañana, en casa de mi madre, me ha dado por curiosear entre mis cintas de cassette, debe de haber doscientas o tal vez más, la mayoría grabadas, no originales. Me ha llamado la atención una de ellas, un ragalo de Nestlé de la década de los noventa. Y me he quedado eclipsada por una frase:

"Antes de dar la vuelta a la cinta, déjala pasar hasta el final."

La he repetido varias veces en voz baja. Me ha parecido críptica, como si encerrara un doble sentido o un mensaje oculto sólo para mí pero, ¿cuál? Cambiando "cinta" por otros sustantivos, tal vez. Insertando un "vida" o un "cabeza" o un "dolor" en su lugar.

Ahora estoy escuchando esa cinta mientras hago otras tareas típicas de sábado por la mañana. Cuando llego al tema de Sonny & Cher, pienso que hicieron un buen cover de 'It never rains in Southern California', que ella antes tenía una voz increíble y que hicieron juntos grandes canciones. La música de Cher ahora me parece sumamente chabacana, pero esto es una opinión muy personal, claro.

Recuerdo que siempre ponía con deleite dos canciones en concreto, una de la cara A y la otra de la B. 

Hoy (es el título más corto de este blog, durante estos años, pero lo acabo de fastidiar con el paréntesis)

Hoy es el primer día que me pongo manga corta desde primera hora de la mañana. Vale, menudo acontecimiento, ¿no? Parecía algo sin importancia pero me he dado cuenta de que hoy es un día importante. De mirar al sol sin titubear, de recuperar una canción maravillosa, de sentir pena por la muerte de Sergio Algora, pero de no volver a renunciar jamás a sus canciones, ni a tantas cosas que aún están aquí. Y yo sin verlas estas últimas semanas.

Hoy me doy el gustazo de sentirme feliz conmigo misma.



Ahora la luna es un collar.
Y cuando vuelvo a despertar sonmíferos he de tomar.
Hay tantas cremalleras en tus trajes
que con dos manos no se pueden, no se pueden bajar.

Me gusta más que desayunar olerte, olerte sin nariz.
Me gusta más envenenar manzanas, que quitarles la piel.
Me gusta más que desayunar olerte, olerte sin nariz.
Me gusta más envenenar manzanas, que quitarles la piel.

Cada caricia es un gran hotel.
Y si vuelvo a trabajar prometo hacerlo sin cobrar.
Hay tantas novedades en tu cuerpo
y un difícil acertijo para poder empezar.

Mira el péndulo,
duerme, ahora feliz, feliz ...

Si bajo de espaldas no me da miedo (copio el título descaradamente de la referencia musical)

Hoy ha sido la tercera vez que han intentado dejarme un paquete en casa sin éxito. Si la entrega se anota entre las 10 y las 13 horas es lógico que no puedan entregármelo si se presentan a las 09:43, por ejemplo. Ello conlleva mis llamadas a un 902 durante interminables minutos de espera bajo una melodía enervante.

Pero por fin lo he recibido. Me gusta ilusionarme así, con objetos que recibo por correo, creo que no hay nada que pueda compararse en este sentido. Recibir un email, una foto o una canción, sí, es emocionante, pero el correo sigue siendo el correo, aunque sigan escribiendo mal mi apellido. Blenk, sí, Blenk, se lo deletreo, b-l-e-n-k, blanca, lucía, elena, nuria, karen. Prefiero los nombres de chica a los geográficos a la hora de deletrear, badajoz, lérida, europa, normadía, kansas. Los he escrito en minúsculas porque he pensado que si se deletrean han de ir en minúsculas.

Y como no me queda más tiempo ni conexión para escribir, lo dejo aquí con una canción que adoro.

Mi caballo es una bicicleta plegable de color oro.


Adoro la palabra "centinela", tiene una sonoridad perfecta si la pronuncias después de besar


 
(Puede que éste sea el momento que más me emociona, aunque es muy complicado elegir solo uno, ella está estupenda y su discurso... es una lección para cualquiera)

Siguiendo con mi revisión de Kevin Smith, el otro día fue el turno de Persiguiendo a Amy. Y de nuevo me tuve que quitar el sombrero de respeto y admiración ante el film. Por cierto, adoro el personaje del gay negro, me parece uno de los mejores personajes del cine mundial, es brutal.

 
Como ahora voy en bicicleta todos los días (una hora y media), aprovecho el trayecto para reflexionar acerca de lo que veo en las películas. Medito sobre los conflictos, la construcción de los diálogos y el perfil de los personajes, sobre todo. Y me sirve para elaborar conclusiones que trato de aplicar a la vida real, a la mía o a la de las personas que tengo cerca.

Un método poco científico pero divertido, soy consciente.

Si alguien no ha visto la película o la quiere ver en un futuro, tal vez es mejor que detenga aquí la lectura. En todo caso, intentaré no destripar demasiado el argumento.

El protagonista comete un error, pero no es un error simplemente, es el error en mayúsculas. Le da importancia a algo que sí, que la tiene, pero que forma parte sólo del pasado, nada más. Destruye su presente con el mazo del pasado y eso es lo peor que puede hacer.

Deja de ver la realidad tal y como es, a la chica maravillosa con la que se ha encontrado, porque tiene la mirada nublada, enturbiada. Y nada le puede sacar de ahí.

Llega un momento en que es demasiado tarde. El tiempo pasa. Los sentimientos pasan. Al final, todo pasa, aunque suene a tópico. Las estaciones pasan. Las del año y las de los trayectos en tren también, que tal vez son las que más duelen.

Ellos, que lo tenían todo en su presente, ven cómo los cimientos de su relación se derrumban, como esos castillos de naipes, que son tan difíciles de montar. La intolerancia, el orgullo, la rabia, el dolor… Malos centinelas siempre.

Y la revelación suele llegarme al quitarme el caso porque es el momento en que destapo mi cerebro como si de una lata de conserva se tratara.

Que no existe el pasado ni el futuro, que sólo se cuenta con el presente.

Puede parecer una idea muy simple pero, si se medita un buen rato, es tan verdadera que te puede llevar a plantearte toda tu realidad, de inicio a fin, con lo que a cada uno de nosotros nos puede llegar a suponer. Lo positivo, lo negativo, lo que nos llena o lo que nos vacía, lo que nos importa o lo que nos da lo mismo, los colores que elegimos o los que descartamos. Los binomios que nos manejan, tal vez se resuma así.

¿Quién es nuestro interlocutor?



Estoy en casa esperando la llegada de un paquete. Ayer no me lo pudieron dejar porque llegué cinco minutos tarde así que hoy me han asegurado que lo recibiría entre las 10 y las 13 horas. Son las 12:15 h. Bebo zumo de naranja y me fumo un cigarrillo, saltándome mi rutina diaria: no fumar hasta pasadas las cuatro de la tarde.

Mi psicóloga se lleva entre 120 y 180 euros al mes de mi escasa fortuna de autónoma. Es como si me estuviera pagando un gimnasio y clases de italiano. Creo que me ha cogido cariño, a veces me imagino que nos encontramos en la ciudad en la que vive -un sitio que me encanta, es muy especial- y que la invito a una cerveza. Entonces ella me cuenta su vida, la de dentro, la que no me explica cuando nos vemos en su consulta porque allí he de ser yo la narradora.

Y aquí es donde me paro porque ya son las 12:20 h y acabo de recordar algo:

No había sido tan consciente de esto como ahora, a las 00:25 AM. No buscamos novias, ni amigos, ni esposas, ni amantes, ni padres, ni hermanos, ni colegas. Buscamos un interlocutor. Se trata de eso. Si el interlocutor, además, coincide que es tu pareja ya es encontrar el cielo. Si no lo es, pasarán cosas que tal vez es mejor no saberlas.

(De algo que escribí un día cualquiera de 2009)

Una vez más, ha sido Carmen Martín Gaite la que me ha rescatado de mis estupideces diarias.

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