El milagro de las cinco de la tarde

Los niños de mi barrio

No visten vaqueros de marca.
Abrazan sonrientes a sus madres
Y mascan chicles verde fluorescente.

Los niños de mi barrio
Se sacuden la tierra de las rodillas
Como salvajes lunáticos
Al oír el timbre de las cinco de la tarde.

Cada día observo la misma secuencia,
La algarabía,
Los pisotones,
Las meriendas improvisadas,
Los patinetes y los cromos 
Siempre repetidos.

El milagro de las cinco de la tarde.

Cuando los niños de mi barrio 
Salen de su pequeña cárcel
Con sus pequeños corazones
Al límite de lo posible.

Cuando paso por aquel colegio
Y sueño con volver a sentirme
De nuevo una salvaje
Con tierra en las rodillas.





Me pasaba una semana entera viendo películas como ésta pero la vida sigue y no vale apretar el pause



A veces me falla bastante la memoria. Disponía de varias películas para hoy y resulta que justo la que había elegido ya la había visto, me he dado cuenta en la primera secuencia. No me ha importado, la he vuelto a ver porque he recordado que era una de esas películas maravillosas, entrañables, genialísima. Uno de mis clásicos, olvidado hasta que un buen día me despierto y recuerdo de repente todos los motivos por los que me fascina.

Clerks es una película que no te puedes perder. Es ideal para un domingo por la tarde. En un principio te parecerá extravagante, algo cutre tal vez, descuidada, o poco profunda. Nada más alejado de la realidad. Conforme avance la historia, te percatarás de que hay un segundo nivel de interpretación que subyace al descaro de los diálogos y de las estrambóticas situaciones.

No te cuento nada más porque prefiero que la descubras tú, si aún no lo has hecho. Podría explicarte toda su génesis, que se produjo con poquísimo presupuesto (y que gran parte se lo llevó la banda sonora), de todo lo que tuvo que mover su director, del impacto que causó… Pero para eso tienes Internet.

Sólo he visto la primera parte, nunca me interesé por la segunda, y creo recordar que la tercera estaba gestándose…

Una buena manera de sonreír en blanco y negro. Adoro Clerks.

Eso son las matemáticas

(Este post lo publiqué el 11 de marzo de 2006, hace más de siete años, en un blog que tal vez rescate porque me gustaba mucho. Hoy lo he releído y he pensado en lo duras que pueden llegar a ser algunas sensaciones después del tiempo. El mismo poema, el mismo diálogo, la misma belleza de los protagonistas. Y yo, la misma, pero en otro espacio y en otro tiempo.)



Las matemáticas pueden dar la respuesta a muchos enigmas, a veces. De esta película recuerdo la conversación entre el profesor y la rubia vulnerable. Un momento genial, justo cuando comparten la primera comida...






- No sé, lo que intento explicarte es que los números son una puerta para entender un misterio que es mejor que nosotros. El modo en que dos personas desconocidas llegan a conocerse. Hay un poema de un escritor venezolano que empieza:

La tierra giró
para acercarnos más,
giró sobre sí misma
y en nuestro interior
hasta que por fin
nos reunió en este sueño


- Muy bonito...

- Tienen que ocurrir tantas cosas para que dos personas se conozcan... en el fondo, eso son las matemáticas.



21 gramos (2003), de Alejandro González Iñárritu

Mi madre me compra semillas de sésamo para desayunar, como si yo fuera un pajarillo



Mediados de julio. Me veo a mí misma tumbada en una camilla. El anestesista es colombiano, muy guapo pero nada creído, y me habla de sus vacaciones en Andalucía, lugar que adora. El cuerpo no me pesa apenas nada, mi boca se relaja, mis miembros flotan. Me pregunto cuánto tiempo estaré allí y si habrá valido la pena operarme la miopía.

Puede que así vea con más claridad mi vida.

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Confieso que no he leído Rayuela. Y estos días, por fin, me he decidido a leer esa gran obra, citadísima y subrayadísima. Si no la he leído antes no ha sido por ningún motivo en especial, tal vez porque siempre me ha dado algo de pereza. Cuando me hablan demasiado de algo en concreto, suelo alejarme de ello porque deja de sorprenderme o de llamarme la atención. Soy más de secundarios desconocidos.

No sé si es buena idea lo de cargar con Rayuela cerca de los cuarenta, siempre me dijeron que esa obra te marca cuando eres un adolescente torturado. Bueno, creo que aún tengo posibilidades porque siempre que he visitado París ha sido de soltera así que todavía puede hacerme daño, en caso de que algún día viaje bien acompañada.

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A veces, al pasar por ciertas calles de Barcelona a solas, ya de noche, tengo miedo de perderme. Entonces recuerdo que dejé un rastro de semillas de sésamo para saber volver porque mi madre me las metió en el bolsillo de la cazadora con una nota secreta: para que nunca te pierdas, Carol.

Y logro volver a casa aunque bastante tarde, sacudiéndome el miedo poco a poco.


Nota: no lean este post los que no hayan visto 'El tercer hombre'

Adoro el final de El tercer hombre.

Es sencillamente espectacular.

El tipo de desenlace que me gustaría algún día ser capaz de escribir.

God only knows, que decían aquellos, y yo escribo un martes antes de cenar porque si lo dejo para luego me habré desinflado



Hoy me he despojado de una buena parte de mi adolescencia. He lanzado a la basura los siguientes objetos:

- 93 cintas de vídeo grabadas de la televisión, algunas de ellas tuneadas de manera maravillosa, aunque bastante rudimentaria (aquí se admite que en la década de los ochenta yo no tenía más que unas tijeras, rotuladores, cinta adhesiva y muchas revistas).

- Decenas de tarjetas de visita de profesionales a los que sé que jamás volveré a ver (exceptuando algún médico, pero para eso ya me sirve Google) así como de restaurantes a los que probablemente tampoco vuelva (sería extremadamente doloroso, ahora lo comprendo, aunque me apena comprobar que ni siquiera los recordaba).

- Papelitos con frases anotadas, de salvavidas del momento, supongo.

- Unas doce cajas de zapatos, vacías. Ya, esto es incomprensible (la señora Blenk se ha guardado las dos más bonitas, lo cual resulta más incomprensible aún).

- Un puñado de bolígrafos nuevos pero tan secos por el paso del tiempo que era absurdo guardarlos. Me ha hecho pensar en lo importante que es escribir/decir/gritar/susurrar lo que sentimos en el momento porque si no lo hacemos se nos secará, como los bolígrafos.

- Otros objetos no destacables.

El otro día pensaba en la canción de los Beach Boys que encabeza el post porque no recordaba la mitad del estribillo. Al leer la letra me he dado cuenta de que es terriblemente dramática. Me planteo elaborar una lista de Spotify con temas de lagrimeo amoroso. Hecho.

Sé que cuando hago listas me reconstruyo un poquito. Eso es bueno.

Ahora pienso en que tal vez si alguien se para a recoger todos esos objetos puede que sepa bastante de mí, pero de mi yo adolescente, que lo mismo ya no tiene casi nada que ver conmigo.


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Acabo con un tema maravilloso que me ha descubierto alguien a quien aprecio muchísimo. Y viene de un poema de Manuel Alcántara. Grande. Sigo descubriendo música buena y eso me alegra.

Le gustaban pocas cosas

Cada día me gusta más

Debe de ser muy difícil componer una canción perfecta. A veces sucede.



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