Hacer de tu vida un buen cover

Lo descubrí hace tiempo, creo que meses. Iba en autobús (paso cada día unos cuarenta y cinco minutos en este transporte) y la revelación me llegó en forma de cover. Esa versión que un cantante hace a partir de otro tema ajeno y que, en algunos casos, supera en calidad al original. Supongo que si yo fuera cantante me daría algo de rabia que alguien compusiera un cover (una versión, a la española que diríamos) y mejorara mi tema. Insolente que es una.

La revelación me vino a través de Madonna. (Abro un inciso divertidísimo: ¿conocéis la teoría de los seis grados? ¿No? Investigad. A mí me parece fascinante y soy una devota de ella. Puedo afirmar sin miedo a equivocarme -porque tengo la certeza total de que es cierto- que me separan dos grados de Madonna, sí, cuando tuve conciencia de ello casi me desplomo. Cierro el inciso. A veces puedo ser algo graciosa, ya véis.) Comprendí que tenía que convertir mi vida en un cover, que no tenía fuerzas para seguir cada día por el mismo caminillo marcado con señales, que a veces hay que improvisar y alejarte de lo que te protege (o te hunde, tal vez) para llegar a otros hitos. Todo eso a través de un simple cover.

Madonna, lo sabe todo el mundo, se reinventa en sus conciertos. No interpreta los temas tal y como aparecen en su discografía sino que los reinterpreta, los recrea, los engrandece. Y así lo sentí el día en que sonó en mis casos su versión de La isla bonita:



La vida era un cover. Debía serlo. Lo sería. Lo es.

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Volviendo a buenos covers, me interesan sobre todo los que se alejan de la versión original. Adoro estos, por dejar algunos ejemplos:

Don't explain (cover de Cat Power) del original de Billie Holiday. (Dato importantísimo: Cat Power luce un anillo en su pulgar derecho ¿?)

Surrender (cover de Anna Calvi y de Elvis) del original Torna a Surriento, compuesto por Ernesto de Curtis.

Vete (cover de Marlango) del original de Los Amaya.

Superpoder (cover de La Costa Brava) del original de  Frankie Vallie & The Four Seasons.

Poema exprés número 38 para Nadie (cada vez me gustan más las chicas que visten como Cat Power)


 
No concibo mi historia.
Mi historia sin aquello, vacía.
Mi vacío sin historia que contar.

A partir de aquello el tiempo
Que no se cuenta con las medidas
De los hombres
Sino de los astronautas.

A partir de aquello el hueco
Que no se llena con el agua
De los dioses
Sino de los charcos.

Y llegar a tu barrio
El día 15 otra vez
Sin tener claro el portal
Ni el balcón
Ni el crío vagabundo que me mira.

Ojos laguna
Pestañas frío
Cejas viento.
Nadie es la única que entiende
Lo que escribo.



Los discos que marcaron algún momento de mi vida (1)

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Éste fue uno de los últimos discos de Silvio Rodríguez que desgasté. No volví a seguirle la pista. A mí me gustaba el Silvio de las canciones existenciales, amorosas, poéticas, no el Silvio comprometido. 
Escuché aquel disco cientos de veces. Se titulaba Descartes, y estaba formado por canciones descartadas de su anterior trilogía. Era increíble. Hipnótico.

La noche no quiere venir/para que tú no vengas/ni yo pueda ir./Pero yo iré aunque un sol de alacranes me coma la sien.



Tal vez, ¿te conseguiste equilibrar?
Yo aún no. 


No me gustan demasiado los vídeos de Love of lesbian que he podido ver, me parece que los temas pierden si ves los videoclips, no sé, son demasiado explícitos, demasiado al pie de la letra, las típicas historias de amor chico-chica. Y quién soy yo para opinar.

El inicio de esta canción me parece sumamente hermoso.
 
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Movistar nos tuvo unos diez días sin conexión a Internet. Tuvimos paciencia, intentamos ser amables y comprensivas pero lo cierto es que se portaron fatal. Incluso un día tuvieron la desfachatez de colgarnos el teléfono, como si los ofendidos fueran ellos. No sirvió de nada que les explicara que soy una detective autónoma que necesita Internet para rastrear las pistas de los casos para poder subsistir. Les dio igual.

Entonces nos impacientamos y decidimos cambiarnos de compañía, a Orange, que siempre nos había parecido muy indie. Fueron simpatiquísimos y agradables, esa es la verdad, a pesar de que el primer día con ellos nos quedamos sin línea de teléfono. Menudo comienzo. Volvimos a tener paciencia pero nuestra conexión ha perdido muchísimo en velocidad y, además, a veces nos falla el teléfono, no podemos llamar e incluso nos devuelve la llamada un fantasma.

Hemos metido la pata con el cambio de compañía, lo sé. 

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Con algunas canciones me pasa que al reencontarlas me remiten a momentos del pasado muy dolorosos y me da rabia porque no las puedo despegar de esos recuerdos. Intento escabullirme pero me resulta tan complicado... Por otra parte, me niego a dejar de escucharlas, me parece un desperdicio. Con esta canción -este medley de dos temas, mejor dicho- me sucede justo esto. A partir de hoy voy a recuperar estos temas magníficos porque es una pena dejar de comer lo que te gusta sólo porque un día lejano tuviste un empacho.



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2013:

- Adelgazar un par o tres de quilos.
- Hacer deporte.
- Ser constante con mis sesiones de rehabilitación (ahora de forma autodidacta, ¿se dice así?).
- Terminar mi novela y lograr publicarla.
- Ser (y estar) buena.
- Llevar adelante algunos proyectos.
- Mejorar mi estado laboral.
- No preocuparme más de lo necesario por temas que no lo merecen.
- Seguir agradeciendo estar en el mundo.
- Entender todos los mapas.

Gracias por estar ahí, que resulta que al concluir el post me siento algo emocionada. Es curioso, que me siga emocionando al sentir que me leéis.
 
 


Las conductoras rubias de autobús son todas preciosas si llevan gafas de sol y tú también las observas con gafas de sol



Ayer jueves subí al autobús y ella conducía. Hoy, viernes, ha vuelto a llevarme a casa. Es halagador pensar que es una chica bonita la que te conduce a casa, sobre todo si en el autobús sólo hay tres viajeros, cuatro contigo.

La conductora rubia luce una melena sin un sólo rizo y siempre lleva gafas de sol, jamás le he visto los ojos. Me saluda con un hola y me mira fijamente por el retrovisor -lo intuyo, lo sé, lo asumo- mientras me siento en una posición cómoda para seguir observándola.

Nunca charla con los pasajeros ni masca chicle, como suelen hacer el resto de conductores. No parece feliz pero tampoco amargada. No sabría calcular su edad, que debe de estar entre los 28 y los 35. Formidable.

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Hoy ha tenido un desliz brevísimo y rubio: se ha acariciado un mechón de pelo justo cuando sonaba esta canción en mi cabeza. Creo que lo sabe todo.

Lo difícil no es cenar con alguien sino desayunar



Hace mucho mucho tiempo escribí la frase lapidaria que da título a esta entrada. La solté como quien suelta un perrillo loco en medio de un parque para que acabe fatigándose de tanto correr. Es una de las pocas frases que recuerdo de memoria, una de las pocas a las que tengo cierto afecto y, por supuesto, una idea en la que creo como si se tratara de un rezo.

Lo fugaz vs lo que perdura.

Una difícil distinción. Tal vez absurda.

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Hay días en los que me siento abrumada de tanta información y estímulos. Trato de regresar a lo sencillo: a los desayunos de reyes, a los correos electrónicos, a las listas en libretas, a los recordatorios marcados en el calendario de la cocina de mi madre, a las colas de los bancos para hacer un ingreso con dinero en efectivo, nada virtual, dos o tres billetes manoseados que salen del bolsillo de mi abrigo azul, demasiado viejo ya, demasiado poco azul, demasiado querido, demasiado usado, demasiado enamorado.

Regresar a lo sencillo.

Recuperar a Michelle Shocked de casualidad, como quien se acuerda de su infancia en un almacén, jugando con cajas de cartón que se transforman en coches de carreras, los más veloces del mundo, los más bonitos. Y pensar que Michelle Shocked tal vez siga cantando en algún lugar del mundo, que tal vez sea madre, que igual se ha casado o ha puesto una panadería. Quién sabe, desde 1988 no había vuelto a pensar en ella, y me niego rotundamente a buscarla en Google.

Voy a regresar a lo sencillo aunque sólo sea en estas pequeñas cuestiones.

PD: Quería insertar el vídeo con la canción Memories of East Texas, pero no lo he encontrado...

"Yo no le temo a los rayos, porque tienen luz y brillo, lo mismo que mi caballo..."



Llevo unas tres horas actualizando mi ordenador. En más de cuatro años no había hecho mucho más que poner al día algunos programas, solventar vulnerabilidades y poco más. Lo cierto es que no lo había puesto al día porque me funciona perfectamente pero he pensado que todo en esta vida merece una revisión, un corte de pelo, un lavado de cara.

Ella lo narró ayer con su exquisita voz, como siempre. El software que necesitaba ha salido de la República Checa, ha pasado por Piacenza y Milano y, finalmente, ha llegado a  Barcelona a las 09:28 h. He tenido que insertar el DVD unas ocho veces porque me salía un mensaje informándome de que el disco estaba sucio, recomendándome que lo limpiara. Me ha parecido extraño que un DVD recién estrenado me diera tantas veces error pero luego he caído en lacuenta de que era normal, si llevaba de viaje desde el 29 de diciembre.

He comido sola mientras mi ordenador se actualizaba. El menú ha consistido en un bocadillo de tortilla de bacon con una loncha de queso fundido por encima, un tomate y un plato de mango. No ha estado mal, de vez en cuando hay que cometer este tipo de excesos para valorar la comida sana y ligera.

También hay que valorar la soledad, cuando se elige libremente, cuado no se impone con violencia, cuando se disfruta y no te hace sentir insignificante. La buena soledad, no la mala.

Estos últimos días me siento optimista a ratos porque vuelvo a aprender de temas que me atraen y tengo la sensación de que tal vez sea capaz de mejorar algunas cosas en mi vida.

Sigo con el disco de Pony Bravo...

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