Remando al viento después de viente años (o más)



Cuando tenía unos quince o dieciséis años recuerdo que me pasaron en clase (de Literatura, cómo no, las clases que más daño hacen en almas adolescentes torturadas y grunges) una película, se titulaba Remando al viento. Trataba del mítico encuentro de Lord Byron, Mary Shelley, Percy B. Shelley y Polidori en el que ellos decidieron hacer una apuesta: escribir una historia de terror. triunfó, evidentemente, Mary Shelley con Frankestein.

Pasé más de veinte años con el recuerdo vago de aquel largometraje. No acertaba a ubicar la trama, ni los personajes, ni mucho menos el título, que era la pista más importante. Sólo sabía que había visto una película de escritores románticos y que ésta me había impactado cuando era muy joven. 

Por aquella época no existía Internet y todo era más difícil de encontrar. No podía insertar unas cuantas palabras clave y voilà.

Ahora la he reecontrado y espero un momento perfecto, de un día perfecto, para sentarme a verla y volver -espero y deseo- a impactarme con la historia.

Me pongo nerviosa sólo de pensarlo.

Los lunes no tienen ya los dientes afilados


Hoy le he tenido que esconder a mi madre un prospecto porque últimamente le ha dado por leer todos y cada uno de los efectos secundarios de las escasas medicinas que toma y eso la alerta gratuitamente.

- Es ca en el paper pone precausiones and I believe that this is a...

- Ya, mamá, a ver, pero es que todos los medicamentos tienen un apartado de "precauciones", no me digas ahora que no lo sabías.

Qué paciencia. Entre su desconfianza y su pésimo castellano asumo que es muy difícil que se convenza de que unas simples pastillas de calcio son simplemente eso, unas vitaminas y no cianuro en dosis minúsculas.

A veces me canso de tratar de convencerla. Yo sé que en el fondo la desespera tener conciencia de su edad y comprender que no va a sobrevivir a muchos acontecimientos destacados. Me pongo en su piel y yo también tendría días de todo tipo, de azules a rojos.

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Ayer rechacé un pequeño trabajo puntual, sin continuidad, como autónoma. Lo hice por despecho, porque sé que está mal pagado y sé que si vamos aceptando estas limosnas será difícil salir de este callejón. No me habría sacado de pobre, desde luego, así que hoy me siento bien por haber dicho que no, que tal vez lo hará otro, lo sé, pero a mí desde luego no me van a escurrir, al menos en esta ocasión.
 

Christina siempre está ahí. Inmortal. Rubísima. Labios rojísimos. La más indie sin quererlo, la más indie por dentro, en lo profundo. La más bella, el ángel que protege de todo lo sucio.

Islas Baleares

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Los bárbaros gritan en la calle
Porque su líder
Con cara de espanto
No es capaz de salvar a su equipo.

Aquí suena En s’estiu,
Faré que tota sa meva vida
Sigui un viatge com aquest,
En de dia trec sa barca
En sa nit arròs de peix.

Condromalacia rotuliana
Podría ser el nombre de una
Chica griega
De túnica impoluta
Y cabellos en bucle.
Eso es lo que me obliga a desobligarme
Mientras me esfuerzo en no caerme.


Carta para Sara, deseando que algún día vuelva a abrirse un blog, que la blogosfera ya no es lo que era sin ella



Querida Sara,
Te debo esta carta desde hace mucho tiempo, demasiado, tal vez. Finalmente me he decidido a escribirte hoy —precisamente hoy, 2 de octubre— porque es el aniversario de mi blog y he pensado que podría hacerte ilusión la coincidencia, ya sabes, yo soy mucho de azares y encuentros.
Ocho años de blog en los que he perdido y he ganado equipaje. Conocerte a ti, sin duda, ha sido una de las partes del equipaje más preciosas que he recogido en este trayecto. Ha habido etapas en las que hemos estado más cerca y otras más lejos, inevitablemente, pero eso no ha impedido que te tuviera siempre presente, como algo valioso. Dichosa la gente que te puede llamar para tomar una cerveza porque te tiene lejos; y sí, ya sé que Murcia —Andalucía, Extremadura y Murcia, unidas, algún día dominarán España, siempre lo digo y, si no, tiempo al tiempo— no es Australia pero es complicado coincidir a pesar de que últimamente nos hemos visto con bastante frecuencia.
Las personas como tú son un gran tesoro y poder contar contigo es algo que no se puede comparar con nada. Saber que siempre estás ahí, que te puedo escribir o llamar porque vas a entender mis cuitas como nadie es un alivio para el alma. Poca gente se comporta como tú, de una forma tan honesta, tan limpia y tan sincera. Ah, e inteligente, ya sabes, mi admiración está ahí, por todo lo que has conseguido, todo lo que has luchado y que te has ganado porque eres una tipa lista. Alguien que habla latín y griego merece que me quite el sombrero, aunque suene a copla la rima.
Te debía la carta, Sara. Te debía los halagos porque me has ayudado mucho durante este tiempo difícil. Pero también te la debía porque sí, porque hay sentimientos que jamás se han de dar por sobreentendidos y si mañana desaparezco a causa de un cataclismo, por ejemplo, todas estas palabras nunca llegarían hasta ti y resultaría imperdonable.
Va por ti el octavo aniversario de blog, para que siempre estemos en contacto como durante todo este tiempo. Y va por ti para pedirte que jamás cambies, porque si hubiera más personas como tú el mundo funcionaria mejor, eso está claro. Bueno, y también te dedico la celebración porque somos familia, cuñada.
Y nada, no me alargo más. Te dejo una foto de la Kitty, que te manda un beso emocionada y una canción que espero que te guste tanto como a mí.

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