Día 21

Las monjas me han traído unas cuantas ramas de laurel y me han explicado cuál sería mi tarea. Primero debía sacar todas las hojas, desprenderlas una a una de las ramas; después las tenía que sumergir en agua para dejarlas bien limpias; y por último, extenderlas sobre una superficie para que se sequen. También me han dicho que tenía que ir removiéndolas de vez en cuando para que se aireen correctamente.

Ésta va a ser la última noche que pase en el convento, si todo sale como está previsto. En teoría, el sábado era mi último día pero gracias a Sor Elena voy a poder regresar antes a casa.

Ella me dejó un documento decisivo en un bote de Cola-Cao. En él, hay una autorización de Sor Consuelo -la monja jefa- con la fecha de mi salida del convento que, obviamente, ha sido modificada.

Así que mañana me reuniré con Sor Elena que, amablemente, se ha ofrecido para llevarme en su Mini azul cielo a Barcelona. Si me lo cuentan antes, no me lo creo.

Ahora tengo que pensar qué historia me voy a inventar para que Mary Blenk, mi madre, no sospeche nada de mis fechorías.

No sé cuándo podré volver a escribir así que, de momento, me despido.

No sé qué habría hecho si no hubiera podido compartir todos estos días en el blog. Ha sido un placer.

Día 20

En tres días y catorce horas podría llegar cambiando desde Barcelona a Venecia. Me parece muy accesible; si saliera el lunes, el jueves ya podría cenar al lado del Gran Canal.

Me fascina buscar rutas a pie en Google Maps, lo cierto es que me anima muchísimo. Imagino los trayectos, el equipaje, los caminos...

Es una forma de pasar el tiempo y de tomar conciencia de que todo es más sencillo de lo que parece. Lo que parece imposible se puede conseguir, incluso. Aunque los de Google siempre te tracen la ruta nadando.

Caminando se llega a todas las ciudades.

Día 19

A veces me encantaría convertirme en una cantante melodramática indie pelirroja, guitarrilla en mano, y cantar algo del tipo "Hey There Delilah", para saber qué sienten las cantantes de ese estilo. Luego me arrepiento y prefiero algo más del estilo Madonna, acercándose a Ani Difranco.

No puedo escaparme de este tema, no puedo insertar el enlace de una forma más bonita, pero es éste:

X-Static Process

El día de hoy ha sido entre musical y animal. Me ha picado una abeja o una avispa, no me ha dado tiempo a preguntarle. Es la primera vez en mi vida, me dan pánico y casi me mareo del susto. Hiperbólica, como siempre.

Estoy en la cuenta atrás y ahora sólo puedo pensar en regresar a salvo.

Día 18

Las monjas se me han adelantado y han cogido todos los pimientos del patio, antes de que me haya dado tiempo de hacerles una última fotografía.

Ahora estoy sola escribiendo casi a oscuras porque me he escapado y he salido al patio, escapando del calor de mi cuarto.

Si alguien me preguntara qué es la vida en estos momentos no sabría qué responder. Estoy en blanco, anulada, harta. Cansada. Me pregunto qué sucede. Qué vacío me atrapa. Qué es. Qué es.

Todo esto, evidentemente, a las monjas les importa una mierda. Sólo les preocupa el buen fajo de euros que ha pagado mi madre para ver si soluciona lo de mi desencanto anual. A mi madre también le importo yo una mierda, aunque a veces me parezca todo un espejismo.

Día 17

Hoy ha sido el día del derrumbe. De sentir demasiado y de oler lo terrible de algunos olores.

Hoy no quisiera ser yo pero no me queda más remedio que acostarme en mi propia cama conmigo. Una noche más.

Día 16

Hoy pensaba en que pronto hará ocho años que escribo en el blog y en cómo ha cambiado Internet desde entonces, el 2004. Por aquella época, todo el mundo (o una gran mayoría de internautas, mejor dicho) tenía una bitácora (gran palabra, ¿alguien la emplea aún?) y nos leíamos los unos a los otros con verdadera pasión. Intento recordar los blogs que todavía se mantienen desde entonces y realmente son poquísimos, e incluso en muchos casos apenas se actualizan.

No pretendo teorizar, en absoluto, pero me da la impresión de que la tendencia ahora es escribir menos, sintetizarlo todo, compartirlo todo... Y dejar de lado la ficción y el narrar las vivencias propias.

Que a la gente le da pereza leer y escribir, pue se utiliza Twitter y en unos pocos caracteres se quedan tan anchos, y encima la mitad del mensaje es el rollo ese de retuiteado por no sé quién y citado en no sé dónde. Para eso más vale que seamos todos mudos y nos comuniquemos con lenguaje de signos. Ah, olvidaba que también sirve para que todo el mundo sepa si estás en el váter o en un restaurante japo súper cool. Qué risa.

Que a la gente le gusta fardar de sus viajes: Facebook para marcar en un mapa todas las ciudades extranjeras a las que has ido (visitar España no cuenta, claro, mola más pirarte a países de fuera, tirados de precio, tipo la Europa chunga o Centroamérica, que seguro que te roban, jaja). Oh, sí, el rollo ése de que viajar enriquece... Pues debo de ser imbécil perdida porque apenas he viajado fuera, ¿no? Qué tema tan cansino. Miedo me da septiembre.

En fin, que me disperso. Debo de ser una sentimental, una antigua, o una tonta pero sigo enamorada de los blogs y de los nicks que hay tras ellos. Y me sigue entusiasmando entrar en las direcciones para comprobar, sorpresa incluida, si mis preferidos han actualizado. Sin herramientas, ni lectores, ni puñetas varias, guardados en favoritos, como toda la vida.

Reivindico los blogs tradicionales y a los lectores geniales que son capaces de leer y de seguir los posts con la misma alegría con la que los escribimos algunos.

Olé.

P.D. Querida Nieves, sigo entusiasmada tus noticias acerca de Sor Elena. Hoy he intentado recoger el mensaje pero no me ha sido posible. Mañana tengo que limpiar una parte de la cocina y entonces aprovecharé para acercarme al bote de Cola-Cao. Gracias por ayudarme a resolver este pequeño enigma.

Día 15

Me he pasado el día jugando a videojuegos. Uno de ellos me ha interesado especialmente, era bélico -Brothers in arms 2, versión gratis para iPad- , consistía en matar a soldados japos. Lo malo es que te vas quedando sin munición y para conseguir más has de lograr objetivos o medallas. Algo complicado pero al final vas sobreviviendo.

Como la vida misma, más o menos. Hay que lograr objetivos para ir avanzando, aunque ello a veces implique tener que eliminar a los manos o, por lo menos, alejarte de ellos.

Cuando me quedaba sin municiones, me iba corriendo o bien me agachaba para esconderme y que de ese modo no me impactaran las balas. Es un buen truco, también funciona.

Hay que tener puntería, ser rápido cargando el fusil y, sobre todo, no dejar que te hieran, protegerte bien el cuerpo.

La vida es una puta guerra y hay que ganarla como sea.

Día 14

Ya está conseguido, he logrado pasar la barrera de las dos semanas sin desfallecer.

Hoy ha venido a verme mi madre, es la primera vez que lo hace aquí, en el convento. Me ha recibido ofreciéndome un regalo mientras me soltaba un You look so good, you know? I'm so glad to see you today, the Elvis day...

El regalo ha consistido en un frasco de sérum rejuvenecedor de tres zonas y una crema antiarrugas de la misma marca, que también actúa en tres zonas: cara, cuello y contorno de ojos. Se lo he agradecido, por fin me ha regalado la antiarrugas, no sé cómo se ha contenido tantos años. Ha insistido en que no es una indirecta, sino que debo empezar a cuidarme la piel pero ya, de una forma urgente.

La he observado de la cabeza a los pies, mentalmente he calculado que entre ropa, bolso, zapatos y gafas de sol, debía de llevar encima unos dos mil euros. Indignante, ¿verdad? Con ese dinero haría yo tantas cosas pero, claro, cada uno lo gasta como le da la gana...

Nos hemos sentado en el patio y hemos conversado un buen rato, hasta que me he cansado de traducir al castellano lo que me decía. Es que no hay manera, yo sigo sin aprender inglés y ella se niega a dirigirse a mí en castellano. Jamás dará su brazo a torcer, lo sé.

Hemos observado a dos remolinos que han empezado a moverse por el suelo, mecidos por el viento. No se separaban ni un segundo, parecía que iban juntos de la mano, como una pareja. Ambas sabíamos que es imposible porque los remolinos no son seres vivos -¿o sí lo son? que alguien me saque de la duda- y por lo tanto no pueden unirse en plan pareja. Alucinante. Han pasado varios minutos y ellos seguían correteando unidos, salvando obstáculos de todo tipo. Lo más bonito es que ha haido un momento en que se han separado y luego se han perseguido mutuamentenhasta quende nuevo han vuelto a unirse.

He grabado un vídeo con el móvil pero nompuedo subirlo, tal vez cuando vuelva a casa lo edite y lo suba. Es que se oye de fondo la voz de mi madre y sé que le molestaría que lo hiciera público, es tan reservada.

Dejo la fotografía como muestra del amor entre remolinos.

Día 13

Hoy no he hecho nada interesante. El día se me acercaba lento y aburrido así que he optado por leer "1Q84" (libros 1 y 2). De Murakami sólo había leído -cómo no, como buena bollo) "Sputnik, mi amor" y me pareció una novela buenísima, la que me gustaría escribir a mí, en caso de que tuviera que arrimarme a un estilo literario en concreto.

(Nota: ya sé que los títulos de obras literarias van en cursiva pero desde este dispositivo no puedo acceder a ellas así que por eso empleo las comillas. Lo comento porque a mí es algo que me pone nerviosa incumplir, por si algún alma gemela se siente identificada).

La novela de Murakami tiene 936 páginas y voy por la 251, no está mal. Hacía siglos que no abordaba una obra tan larga, será la edad.

Esta tarde he estado repasando mentalmente muchos temas, el cerebro me trabajaba tan rápido, de una manera tan desordenada que ahora me siento incapaz de explicarlo de forma más o menos lógica.

He pensado en la vuelta al trabajo y me he puesto triste. Sé que soy una privilegiada por el mero hecho de tener trabajo (aunque no esté fija) pero ello no implica que no tenga ganas de seguir alargando el verano. Me gustaría comenzar otro trabajo, diferente, uno de esos trabajos de tener tu mesa, tu ordenador, tu espacio... Sé que mucha gente pensará que eso es propio del típico trabajo de oficina aburrido pero a mí me gustaría probar. Por ejemplo, ser coordinadora de algo, o jefa de la sección de algo, o diseñadora de la sección de algo.

Pero para acceder a eso tal vez debería ponerme a estudiar...

Y pensado estas cosas me he agobiado tanto que me he refugiado en el recuerdo de los viajes. Y ha aparecido Madrid. He deseado volver la capital con ella. Y regresar a los mismos bares, las terrazas, a los restaurantes, a pasear por todas esas calles de nombres maravillosos.

No deseo perder los amuletos de mi vida. Madrid es uno de ellos.

(Hoy he descubierto que también tengo a mi cargo, en el patio, una higuera).

Día 12

Mi cena ha consistido en una ensalada muy buena que me he preparado siguiendo una antigua receta de mi madre. Todos los ingredientes se cortan en trozos muy pequeños y se mezclan con un chorrito de aceite y nada más de aliño:

- Una lata de atún
- Un pimiento verde
- Una cebolla pequeña
- Un tomate
- Un pepino
- Unas doce olivas sabor anchoa cortadas en trocitos

Es un plato algo entretenido de preparar pero vale la pena.

Hoy estoy realmente cansada, las monjas me han puesto a limpiar mirándome con un subtítulo en los ojos que parecía decirme "esto no es un hotel, bonita". Y no es que yo sea vaga, es que hoy me apetecía más quedarme leyendo sin mover ni un dedo. Por suerte, mañana me han dicho que me podré levantar a la hora que me dé la gana -es festivo- ya que no habrá horario limitado para desayunar. Qué alegría.

Echo de menos a Sor Elena porque ella era como mi cómplice aquí. Ahora no tengo a nadie para contarle mis cuitas y ello me pone triste a pesar de que cada día que pasa veo más cerca el momento del regreso a casa.

La carta de Sor Elena era desoladora pero a la vez también me ha parecido muy positiva. El párrafo que más me ha impactado decía...

[...] así que no tardaron mucho en descubrir que no había terminado Magisterio, bueno, cuando se llamaba así la carrera. Ya ves que te mentí y paso de los cuarenta, espero que no te moleste, sabes que el tema de la edad no me agrada demasiado.
Espero que entiendan los motivos o, mejor dicho, que los acepten porque sé bien que no me lo van a poner tan fácil para que no las denuncie.
Siempre tuve la esperanza de que Gonzalo no me había mentido, que había sido todo fruto de una maniobra surrealista del destino, o de las casualidades, por tópico que parezca.
Ahora que sé dónde vive, no puedo permitirme el desperdiciar ni un solo día más de mi vida aquí. Lo único malo es que pasado mañana [...]

Me voy a dormir intentando descubrir en qué lugar pasará esta noche Sor Elena...

Día 11

Ya es oficial: Sor Elena ha desaparecido. Las monjas lo han preferido ocultar hasta que la situación se ha vuelto insostenible. Se han limitado a decirnos que era una mujer que pecaba de ser demasiado soñadora y algo engreída. Lo primero, tal vez, lo segundo, puedo afirmar que no es cierto o por lo menos a mí nunca me ha dado esa impresión.

La noticia me ha dejado algo aturdida así que me he ido al cuarto a intentar echar una siesta. Debajo de la amohada asomaba la esquina de algo blanco que parecía un sobre. Y lo era.

Dentro del sobre una carta de Sor Elena.

La he leído de una vez, sin respirar, sin tragar saliva. Y después, he sentido la necesidad de fumar y de beberme un gin-tonic. Imposible. Llevo once días sin ingerir nicotina ni alcohol y así debo seguir.

A falta de estos elementos perjudiciales, me he comido un chicle ácido.

No puedo sacarme de la cabeza las palabras de Sor Elena.

Ella se ha descubierto igual que los pimientos que no eran verdes, sino rojos.

Día 10

Hoy he matado a un ser vivo. Era una lagartija bebé -salamanquesas, las denominan aquí- que debía de medir apenas un par de centímetros. Se quería colar en el interior de mi cuarto así que no he tenido más remedio que atizarle con un palo. Le he cortado la cabeza y la cola diminuta seguía moviéndose. Era un bichito realmente asqueroso, nada que ver con la belleza de las 'sargantanas' de las Baleares.

Quiero cambiar de comunidad autónoma. No quiero seguir siendo catalana, quiero ser balear. Es más auténtico todo allí y no pierden el tiempo con tantas tonterías como en Catalunya.

Esta mañana he ido a la misa de las 11:30 pero no aquí, en el convento, sino en una pequeña parroquia que está muy cerquita. El domingo nos dejan recibir visitas pero como a mí no me viene a ver nadie pues me lo cambian por dejarme salir sola por la mañana. Me he dado una vuelta por el pueblo, he desayunado en un bar muy bonito, un patio lleno de parras, y finalmente he entrado en la iglesia.

Soy bastante atea pero tengo a veces estos arrebatos místicos que me pierden. He encendido algunas velas (es una costumbre que he aprendido de alguien) y me he sentado, mezclándome entre la gente del pueblo.

Debo de parecer tonta pero me ha llamado la atención un chavalillo oriental que se ha sentado a mi lado, iba solo, y un negro súper moderno. No me pegaban allí rezando y, sin embargo, lo,estaban dando todo.

El discurso del cura debo reconocer que era hermoso y bien elegido. Me he tragado la misa entera, estaba tranquila, fresquita, y necesitaba salir un poco del convento. Reconozco que me he sentido absurda al pensar que ese cura debía de ser un homófobo, como todos, y he pensado que tal vez no debería de volver a escuchar ninguna misa.

Luego me ha parecido una tontería, pienso seguir entrando donde me dé la gana.

Me parece algo increíblemente poético el que en Corea estén tristes por la pérdida de la medalla de oro en Taekwondo.

(La de la foto puede que sea la madre de la lagartija bebé...)

Día 9

He probado por vez primera los tomates tumaco. Los he comprado a 1,50€ el kilo en el mercado que ponen aquí los sábados. También he comprado otro tipo de tomates a 0,50€ el kilo, una de las variedades típicas de la zona.

Lo cierto es que me parece algo abusivo el precio de los tumaco pero se ve que son un tipo de vegetal que es el fruto de mezclar diferentes variedades y, claro, eso se paga. Recuerdo que muchas personas me habían hablado excelencias de ellos, definiéndolos como los Moët & Chandon de los tomates.

Nada de otro mundo. Los he probado solos sin aliñar y me han parecido un timo, además, la piel es durísima. En cambio, los propios del campo de aquí estaban deliciosos y eran tres veces más baratos. En la foto, los de la derecha son los tumaco y los de la izquierda son los de la tierra.

Y he recordado aquel episodio de los Simpson en el que Homer intenta forrarse cultivando y vendiendo un injerto de tomates y tabaco, que resulta ser un producto tan delicioso como adictivo.

Mi rezo de hoy se centra en pedir que mañana bajen las temperaturas para que pueda concentrarme en labores algo más intelectuales para no sentirme una inútil por dejar escapar así las horas.

No pienso comprar más tumaco, por supuesto.

Día 8

Hoy he vivido -¿malvivido?- el peor día de todos porque ha sido el más largo y el más caluroso. No leo las noticias aunque supongo que todo el mundo estaría avisado de la subida de temperaturas.

Ayer recibí una llamada de Alicia. La verdad es que nunca me olvido de ella, siempre la tengo presente y me encantaría que algún día alguien la tratara como se merece. Esto último suena a hey nena, te voy a llevar al cielo, pero sé el motivo de decirlo. Le pedí que me escribiera a pesar de que sé que a veces da mucha pereza ponerse a explicar cómo se siente uno. En algunos casos ayuda hacer llegar las cuitas a una amiga. En fin, tanto si me escribe como si no, le dedicaré algún rezo.

Hoy he fotografiado mi ventana. La imagen está tomada desde el patio y me ha parecido bella la estampa, la luz, los tonos...

Acabo el día algo triste. Tengo la sensación de que he desperdiciado un montón de horas aplatanada por el calor asfixiante, delante de un ventilador que Sor Elena ha tenido la amabilidad de proporcionarme.

No tardaré demasiado en irme a la cama.

Sueño intermitentemente con un mar turquesa que me duele a ráfagas.

Día 7

Al quitar el mantel, tras la comida, se ha caído al suelo un vaso de agua. Como siempre digo -es mi refrán inventado favorito- una cagada de tres segundos implica un trabajo de media hora.

El vaso debía de ser de un duralex con aspiraciones de diamante, a juzgar por los cientos de pedacitos que he tenido que barrer.

La anécdota me ha hecho reflexionar. De qué forma nos vemos a veces obligados a emplear nuestro tiempo y nuestro esfuerzo en limpiar las acciones equivocadas de nuestra vida, como romper un simple vaso.

Hoy hace una semana de...

Día 6

Intentaré ver esta noche la final de Taekwondo femenino a la que ha llegado una española. Casualidades de la vida, que ayer pensé en hablar hoy de mi maestro de artes marciales.

He conseguido llegar a cinturón verde justo antes de que mi maestro se haya decidido a dejar de dar clases. Me ha dado mucha pena porque es una persona que te motiva, que te explica un montón de cosas interesantes y, encima, es coreano de pura cepa. Lo más, si adoras el Taekwondo.

Nos hemos quedado huérfanos de conocimientos y ahora tendremos que empezar de nuevo en otro gimnasio y con otro maestro. Sé que será duro pero más duro sería dejar de practicar Taekwondo.

La vida es así. Cuando te encariñas con alguien y encima esa persona te aporta tantas experiencias positivas, va y desaparece. Algo así como cuando te sueltan de la mano y te dicen que ya ha llegado el momento, que puedes dar el salto sola. Te parece que no serás capaz pero sí, al final, siempre se salta.

A final siempre se sale de todo.

Los pimientos son demasiado pequeños para ser los típicos pimientos verdes. Creo que son rojos, de esos pequeñitos que pican horrores, seguiré observándolos. He aquí el hibiscus de hoy, en todo su esplendor.

Día 5

Acabo de descubrir que la mejor manera de abrir una nuez es con un cuchillo de punta. Tanto tiempo comiendo nueces y ahora me percato de que es mucho mejor que los cascanueces o los utensilios varios que tengo en casa.

Hoy he entablado conversación con una mujer que también está en el convento de paso. Debe de tener unos sesenta y cinco años y lo único que desea conseguir es olvidarse de su osteoporosis aunque sea unas semanas. Me ha contado que su hija vive en Ibiza y que este verano se ha bañado cuarenta y tres veces en las playas. ¿Es que las has contado?, le he preguntado asombrada, y me ha contestado que sí, que cada día iba un par de veces y apuntaba con un palito su playa.

Hemos hablado del azul turquesa de las baleares, de la posidonia y de lo deslumbrante que es el vivir allí. Me he notado los ojos húmedos pero no me he permitido derrumbarme, la mujer no lo merecía.

Luego nos hemos separado porque a mí me tocaba regar el patio. El hibiscus se ha cerrado, supongo que mañana ya se habrá marchitado del todo. Los pimientos siguen creciendo sutilmente (lo noto si comparo las fotografías) y hay uno de ellos que parece de un tono más colorado.

Mientras riego pienso en Paola, en los momentos en que la echo de menos. Como cuando fotografío a hurtadillas las flores, o al ver un anuncio determinado en la televisión (me dejan verla sólo por la noche, a veces aprovecho el gesto y otras veces me subo a mi cuarto a leer). Pienso, quiero creer, que todo en la vida tiene un sentido. Echar de menos en la distancia lo tiene. Echar de menos en la cercanía no lo tiene, es algo cruel.

Pienso en el regreso y me pongo contenta.

Hay cosas que siempre me alegran como, por ejemplo, que el final de los cornetes de helado -los envasados, como el de la marca Alacant, de nata, que me acabo de comer- lleve chocolate duro.

El bocado final suele ser el más exquisito.

Creo que mañana escribiré sobre mi maestro de Taekwondo, y sobre lo que me ha enseñado durante este tiempo, que intentaré no olvidar jamás.

Día 4

Día 4

Me he pasado la tarde en la cama. Hoy ha sido un día muy largo y pesado. Los lunes toca hacer la colada y he tenido que lavar al sol un juego de cama, una toalla grande, otra pequeña, una camiseta y varias prendas de ropa interior.

Además, la comida de hoy -que han sido unas migas realmente deliciosas- me ha sentado mal y tengo una sensación de pesadez que me obligará a no poder cenar nada.

En el convento es obligatorio el lavar a mano la ropa, es una norma nueva de este año. Ingenua de mí, porque a la pregunta de si tenía ropa sucia se me ha ocurrido un:

- Bueno, no estaría de más cambiar la cama y también tengo algunas prendas mías.

No imaginaba lo duro que se puede hacer lavar sábanas a mano al sol. Me he mojado el cuello y la camiseta para tratar de refrescarme porque no lo soportaba.

El lunes siguiente no les mostraré la ropa sucia, sólo sacaré mis prendas interiores (que se lavan muy fácil) y el resto se lo dejaré a la lavadora, ya en casa. Por suerte, tengo ropa de sobra para poder cambiarme y no parecer una mugrienta.

Sor Elena me ha enseñado lo que es un hibiscus. Se trata de una flor muy bonita que tan sólo dura un día. Se puede apreciar a la derecha de la foto, tras la sábana azul. Esa flor estará marchita totalmente mañana, en el suelo.

Hibiscus de un día. Cámbiese el término hibiscus por cualquier otro y obtendremos una frase muy útil.

Pensamientos de un día.
Dolores de un día.
Alegrías de un día.
Fatigas de un día.

Día 3

Revisando las fotos que hay guardadas en el móvil, he recordado la que hice la mañana antes de entrar al convento, una señal de tráfico con una leyenda muy clara: usted no tiene la preferencia.

A veces, es necesario resaltar lo que ya se debería saber y, por supuesto, respetar. Cuando te dispones a entrar en una rotonda no tienes la preferencia así que has de esperar el momento adecuado para incorporarte. Muchas personas no respetan la norma y ponen en peligro la vida de los que sí la respetan.

Algunos no tienen la preferencia pero consideran que sí la tienen. Hay que frenarlos, decirles bien claro que no, que deben esperar como todo el mundo.

Sor Elena me ha pillado mirando las fotos del móvil pero ha hecho la vista gorda. Me ha traido un desayuno especial por ser domingo y que ha consistido en un zumo de naranja natural, un café con leche y un cruasan a la plancha con mermelada de fresa y mantequilla. Se porta muy bien conmigo, es como si supiera qué pienso de todo esto, como si deseara dejar en mí algún tipo de huella invisible para que yo al salir la llevara conmigo y así ella fugarse un poco modo del convento.

Nos han dejado el resto de mañana libre hasta la hora de la comida. Sor Elena se ha ofrecido para llevarme a un cementerio que está en el pueblo de al lado, a unos quince kilómetros. Como cada verano, voy a visitar la tumba de mi tía.

Siempre creí que era rubia pero cuando me hice mayor supe que se teñía. Era una especie de segunda madre, una mujer divertida y llena de manías entrañables.

Desde aquí me llegan los tañidos de las campanas de la iglesia de la plaza mayor. En breve empezará la misa.

Día 2

Día 2

La monja nueva, Sor Elena, se ha convertido en mi cómplice. Hoy me ha llevado al pequeño huerto que hay en la parte trasera del convento y me ha mostrado una planta algo mustia.

- Son pimientos, Carol.

La planta estaba muy seca, se notaba que las altas temperaturas la habían arrojado al límite de la muerte pero, a pesar de todo, los pimientos asomaban, pequeños y verdaderos.

- Te vas a encargar de cuidar esta planta cada día, la regarás y la pondrás a la sombra si es necesario. Será tu reloj natural, tu cronómetro biológico. Ya verás, cuando los pimientos estén listos para ser arrancados de la mata, habrá llegado el día de tu partida.

Es mi segundo día. Una planta de pimientos verdes me parece un pequeño milagro en medio de mi aturdido cerebro.

Día 1

Vuelvo, como cada año, a mi retiro espiritual (por llamarlo de algún modo fino). Mi madre se ha encargado de nuevo de realizar todos los trámites para que sea admitida en el convento y me ha dejado -dándome un único beso- en la puerta de entrada con un susurro: hope you'll find your own way.

Cada verano la misma historia de lágrimas, resistencias y penas. Ella sabe que odio estar aquí pero que, al mismo tiempo, lo necesito para desintoxicarme de mí misma. Supongo que si no estuviera aquí recluida, lo estaría probablemente en otro lugar, quién sabe si más inhóspito aún.

Nada más llegar me hicieron dejar mis pertenencias en una taquilla sin llave para mí: el móvil, las fotos, las libretas, los bolígrafos, los anillos. Me las he apañado para colarles un móvil viejo y así tener el iPhone conmigo. De este modo puedo escribir y luego publicarlo en el blog. Sé que lo que hago no está bien, que no es legal y que como me pillen, no quiero ni pensar en las consecuencias y en la multa que tendrá que pagar mi madre.

Tras un breve interrogatorio que ha tenido como resultado un "apta para la reclusión en celda individual", me han obligado a quitarme el esmalte de las uñas de los pies, del vivo rojo al pálido coŀor natural.

Me han acompañado a mi habitáculo y me han despedido dejándome una cartulina beig con el horario de todos los servicios, que se reducen a las comidas y al baño. Esta vez les he pedido también la cartulina del horario de rezos por si me derrumbo y lo necesito. La monja me ha dirigido una sonrisa incrédula como queriéndome decir no vas a rezar así que no deberías gastar una cartulina.

La primera noche la estoy pasando con mucho calor. Ayer observé el termómetro de la entrada y marcaba 45 grados. Imposible de soportar, pensé. Pero al final uno lo soporta todo, incluso lo que te parece más duro.

El móvil se ha convertido en mi pequeño oasis. Miro las fotos del verano, las de mi chica, y me siento como un soldado en la trinchera. A veces siento la tentación de llamarla pero sé que no puedo caer en esa tentación, interceptarían mi llamada enseguida.

Bebo agua y cierro los ojos. El agua tiene una temperatura agradable, la que me gusta, el punto exacto de temperatura. Encendería un cigarrillo, mas están prohibidos. Es una cura de todo y también de nicotina.

A veces me pregunto qué deben pensar de mí las monjas que llevan esto. Si soy un número más, si hablan de mí a mis espaldas, si se ríen de nosotros o si, por el contrario, sienten pena. Una de las más veteranas me dijo al verme que estaba demasiado morena, que parecía una gitana. Me lo soltó con asco, como insultándome. A mí no me pareció un insulto, como si ser gitana lo fuera... Le respondí que el grado de moreno en la piel no se controla, que va con la persona y que mi tez es muy morena, sí, más que la de la meda nacional, supongo. Me miró de arriba a abajo, firmó la admisión y se fue. Nunca he sido santo de su devoción, lo sé.

Hay personas a las que les caemos mal de entrada y ya está, no se puede hacer nada para evitarlo. Es como ese plato determinado que no puedes tragar, te da arcadas y te niegas a comerlo. Así con algunas personas. No puedo obligar a nadie a que me vea simpática sin más. Quien quiera y tenga ganas, que se asome a mi fondo.

Tal vez lo que más me apena al salir de este retiro es comprobar que nadie me ha echado en falta. Al llegar a casa no hallo ningún email, ninguna carta o postal, ninguna señal que me haga ver que alguien se ha acordado de mí en mi ausencia y que se ha preguntado dónde estaba.

Dichosos aquellos que conservan a sus amigos. A mí, por desgracia, pocos me quedan, tal vez ninguno visible. Pero ahora no es momento de preocuparme por eso. Van a darme el desayuno.

Banda sonora del blog

Las canciones que aparecen en el blog

Follow by Email

Sección reivindicativa

De otro planeta

Carol

La pertenencia, Gema Nieto

Seguidores

Desaparecer