Las naranjas de Formentera son de las mejores que he probado en mi vida

Cada día, allá donde esté, desayuno un zumo de naranja natural. Me lo inculcó mi madre y me parece un hábito de los más saludables.

En mi tercera semana en Formentera me doy cuenta de lo bien que saben las naranjas de esta tierra. De aspecto no son muy bonitas que digamos pero su zumo es espectacular: la acidez justa y sin apenas pulpa.

Podría ser una gran catadora de zumos de naranjas, si  se inventase esa profesión.

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Voy a imaginar que hemos llegado hoy a la isla y que vamos a pasar aquí el fin de semana, en plan escapada. Para obviar que el tiempo se acaba y tendremos que volver.

Mas el regreso no será con las manos vacías. Me llevo mucho. Todo lo que no cabe en un post, no siquiera en un blog entero.

Afuera está la calima. Las barcas en su casita de barca. El mar revuelto. Los del restaurante con vistas impagables. La pensión que podría haber salido de una novela escrita para ti.

Todo lo que no cabe ni siquiera en mí.

Un verano más, la certeza de que es nuestra isla. Y de que nosotras la habitamos porque nos habitamos.

Y habitar no significa simplemente ocupar un espacio sino dotarlo de sentido.

Un par de naranjas para el zumo y factor del diez. No necesito nada más.

Y tú a mi lado.

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