La belleza que no muere es la que más duele

En 1946 Salvador Dalí y Walt Disney (ambos brutales) concibieron Destino, un cortometraje que narraba la historia de Cronos (la personificación del tiempo) y su deseo de amor hacia un mortal (una joven). El proyecto no se terminó, tan sólo se trabajó en él unos ocho meses y se mantuvo en secreto hasta que en 2003 salió a la luz y por fin se cerró.
Dalí lo describió como:
Una representación mágica del problema de la vida en el laberinto del tiempo.
Mientras que para Disney era:

Una sencilla historia de una muchacha buscando el amor verdadero.
Y esas dos visiones de una misma historia me hacen pensar que sí, que a veces lo que sucede es que las personas enfocamos los mismos planos de realidad pero con diferentes angulaciones. La perspectiva cambia, a pesar de que los objetos no.

Todo esto no me lleva a ninguna conclusión. Estoy algo saturada de conclusiones, moralejas, teorías y opiniones varias.
Quiero recuperar a mi sola. Mi yo.






El primer post del año debería ser muy pensado. Esta mañana he escrito uno mentalmente que me ha parecido fenomenal y encima le he añadido una canción increíble. Lo malo es que ahora ya no recuerdo ni el tema ni la canción así que me veo forzada a improvisar algo porque me acabo de meter en un berenjenal del que no voy a saber cómo salir.

He comenzado el año visitando al dentista, pero no a mi dentista ojos polniuman sino a otra distinta. Me he cambiado porque no me convencía su trabajo, sí, es algo radical supongo, pero si ves que alguien no responde a tus expectativas es preferible que seas capaz de reaccionar a tiempo.

Mi inventario bucal se compone de dos caries y una funda rota.








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