El último post de un año en el que he escrito poquísimo y ello me hace sentir un poco mal, aunque no tanto como para doblarme y cerrarme como una caja

Como cada año trato de escribir algo más o menos inspirado en el último momento pero no lo consigo y al final decido elegir una canción para compartirla.



Hay luz en la casa del fabricante de alas de mariposa.
Cada día que pasa allí se cumple un año.
¿Dónde guardarás tantos regalos?


Hace insectos pendientes, para niñas buenas
también fabrica alas a medida.
Hay niños que cantan con las dos manos
recién, recién cortadas.


La luna no brillará hoy,
un niño se perderá hoy,
un niño partido en dos.

Has tenido en vida tanto afecto y tanto amor,
que acabarás en casa disecado como yo.
Alas como manos, tu belleza se acabó,
volando sobre el campo causaras admiración.

Hay luz en la casa del fabricante de alas de mariposa.
Ahora está eligiendo algunos colores
que hagan juego con tu cara.

Has tenido en vida tanto afecto y tanto amor,
que acabarás en casa disecado como yo.
Alas como manos, tu belleza se acabó,
volando sobre el campo causaras admiración.



Salud, amor y toda la felicidad del mundo para vosotros.

Los antojos que se materializan son peligrosos como lápices afilados que se te clavan al escribir vocales


En Rock 'n' Roll Suicide David Bowie se desgañita tratando de animar a alguien, probablemente a un tipo que se debate entre el suicidio y el alcoholismo.
Si pego un repaso a todos los proyectos que comencé para luego abandonar realmente tengo que sentarme para no perder la cabeza del cabreo. Listas de música, listas de relatos, de poemas, de fotos, de ropas, de cócteles… Listas que jamás se cierran, que se quedan indefinidamente olvidadas, como los astronautas que aún siguen dando vueltas por el espacio.
Tenéis que volver a ver – o descubrir- 2001, una odisea espacial. Es tan indie, tan espacial… Me acordé de muchos de vosotros, lectores, al verla porque pensé que a muchos os debía de gustar.
Es curioso el mundo blog, me sigue sorprendiendo después de tantos años. Sé perfectamente que si volviera a sentirme sola de nuevo sería uno de mis salvavidas.
Adoro esta versión de Poupée de cire, poupée de son.
El antojo de este domingo podría ser tener un grupo como ellos y cantar temas en italiano para lograr hacer llorar a los que se sienten felices…

Una agenda equivocada no puede torcer un año porque no es ni un huracán ni una inundación



Me encanta Come to me, de Björk. Hipnótica y con una letra sencilla pero que no dice nada más aparte de lo necesario. La versión acústica de la MTV no está mal pero la original es más acuática todavía.

Mi pequeño drama de hoy es que me he comprado una agenda Moleskine (como cada año) y me he equivocado de modelo. Las semanas no son horizontales -como creía- sino verticales, lo cual dificulta mucho la escritura porque apenas hay espacio y voy a tener que adaptar mi caligrafía a un espacio realmente diminuto.

Me pregunto si este error me va a traer mala suerte para el 2013 y me inquieta. ¿Podré seguir haciendo mis anotaciones de detective en esas columnas ridículas?






Tengo que intentarlo porque comprar otra nueva me parece una opción de tipa cobarde que abandona si algo no le sale bien. Hay que encajar los errores. Siempre.



Quiero seguir siendo la misma, siempre.


Hace más de diez años impartía unas clases de publicidad. Siempre analizábamos espots en aquellas sesiones: la idea inicial, los recursos audiovisuales, los personajes, etc. Recuerdo que iba a clase cargada con cintas de vídeo en las que tenía grabados los ejemplos para visionar en clase. Era un trabajo bastante laborioso porque me requería pasar horas frente a la tele esperando a que pusieran los ejemplos que me interesaba grabar. Además, debía demostrar una puntería increíble tanto para iniciar la grabación como para detenerla. Todo ello sin olvidar lo desgastadas que terminaban las cintas tras tantos visionados…
Uno de los ejemplos que más me gustaban es el que he insertado más arriba. No he olvidado que sentía el alma estrujada cada vez que lo ponía. La carrera, la Sarabande de Haendel, los impactos, la velocidad, la destrucción de los muros, como si todos los elementos se dirigieran a mí.
Ya no imparto esas clases así que hasta hoy no había vuelto a ver el anuncio.
Me ha parecido una metáfora de lo que siento durante estos días apocalípticos y, cómo no, de final de año. La carrera vital en la que sólo has de mirar hacia delante porque sólo existe eso: el futuro. Y para llegar a ese futuro se han de romper muchas puertas, derribar muchos muros con el cuerpo, sin armas, y sin llorar. Dejando atrás cualquier debilidad.
Acabar el año con certezas.
Cada vez me gustan más las óperas de Wagner.

Semillas negras que se vuelven pequeñas, invisibles y lejanas

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Voy todos los días a rehabilitación. Un problema de rodillas de nombre difícil de recordar y que me ha vuelto a los diez años, como una ex que regresa aporreando tu puerta un viernes por la noche.
No lo negaré, me deprimen esas sesiones rodeada de la tercera edad, aunque sea gente maravillosa y auténtica que no deja de hablar ni un segundo. En realidad, creo que son afortunados de estar allí haciendo ejercicios para que los huesos no se les derritan aún más. La suerte de estar vivo, en definitiva.
Cada mañana me pongo un chándal negro Adidas y una cazadora raída de polipiel negra. Me miro en el espejo y pienso que si estuviera en NY sería moderna pero aquí, en esta ciudad, soy la chunga del primero segunda.
Mañana me hacen una radiografía. Tengo la creencia estúpida de que con cada radiografía te roban algo de alma. Pensamiento absurdo, o vagabundo, que diría Leonor (la Leonor de antes, la que nos gustaba tanto).
(Pausa. Me pongo Semilla negra y me fumo el segundo cigarrillo del día).
Qué maravilla.
Con la crisis y la economía nos hemos olvidado del amor. De las penas románticas, de las cartas a las tres de la mañana, de las ojeras, de los perrillos que te miran en los escaparates de las tiendas de animales, de los novios que trabajan en el turno de noche, en la cadena de montaje. De todo eso nos hemos olvidado.
Pienso en toda la gente que aprecio y que sufre por amor. Por semillas negras. Y me duele lo que a ellos les duele. Y se me pone un nudo porque yo también pasé por eso, todos hemos pasado, o pasaremos de nuevo. No lo sé.
Empiezas hablando de rodillas y terminas con los dramas de amor.
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Cuando nos conocimos, Marlango estaba en su mejor momento y nosotras en nuestro peor con nuestras sombras.
Ahora fumo y bebo cerveza con limón (cuánto glamour) mientras tú planeas tus cosas en otra habitación que se mantiene en un mundo aparte pero que sé que no tardaré más de tres segundos en alcanzar.
Y me parece un milagro si lo pienso.
Te vi llorar en el cumpleaños de Ronaldo.
Pareces perdida, no puedes, no, disimularlo.
Menudo error, te las prometías tan felices,
y en vez de recibirlos, tendrás que devolver regalos.

Conténtate con ser feliz

al lado de un buen muchacho.

Adiós a los días de fiesta, a los telediarios y a las caracolas.

Adiós a las ruedas de prensa, los falsos robados y las amazonas.
Adiós a los trajes de baño, los viajes pagados, los sitios de moda.
No habrá más copas de yate, tirar las botellas, dormir a deshoras.

No llores más, la vida está bien si no te rindes.

Sé que eres más fuerte que el delantero más notable.
Me llamo Fran y quiero que todo el mundo se haga rico,
para pasar junto a ti un verano interminable en Tarifa.

Anúnciate en el periódico,

podrás estar siempre a mi lado.

Adiós a los días de fiesta, a los telediarios y a las caracolas.

Adiós a las ruedas de prensa, los falsos robados y las amazonas.
Adiós a los trajes de baño, los viajes pagados, los sitios de moda.
No habrá más copas de yate, tirar las botellas, dormir a deshoras.

Remando al viento después de viente años (o más)



Cuando tenía unos quince o dieciséis años recuerdo que me pasaron en clase (de Literatura, cómo no, las clases que más daño hacen en almas adolescentes torturadas y grunges) una película, se titulaba Remando al viento. Trataba del mítico encuentro de Lord Byron, Mary Shelley, Percy B. Shelley y Polidori en el que ellos decidieron hacer una apuesta: escribir una historia de terror. triunfó, evidentemente, Mary Shelley con Frankestein.

Pasé más de veinte años con el recuerdo vago de aquel largometraje. No acertaba a ubicar la trama, ni los personajes, ni mucho menos el título, que era la pista más importante. Sólo sabía que había visto una película de escritores románticos y que ésta me había impactado cuando era muy joven. 

Por aquella época no existía Internet y todo era más difícil de encontrar. No podía insertar unas cuantas palabras clave y voilà.

Ahora la he reecontrado y espero un momento perfecto, de un día perfecto, para sentarme a verla y volver -espero y deseo- a impactarme con la historia.

Me pongo nerviosa sólo de pensarlo.

Los lunes no tienen ya los dientes afilados


Hoy le he tenido que esconder a mi madre un prospecto porque últimamente le ha dado por leer todos y cada uno de los efectos secundarios de las escasas medicinas que toma y eso la alerta gratuitamente.

- Es ca en el paper pone precausiones and I believe that this is a...

- Ya, mamá, a ver, pero es que todos los medicamentos tienen un apartado de "precauciones", no me digas ahora que no lo sabías.

Qué paciencia. Entre su desconfianza y su pésimo castellano asumo que es muy difícil que se convenza de que unas simples pastillas de calcio son simplemente eso, unas vitaminas y no cianuro en dosis minúsculas.

A veces me canso de tratar de convencerla. Yo sé que en el fondo la desespera tener conciencia de su edad y comprender que no va a sobrevivir a muchos acontecimientos destacados. Me pongo en su piel y yo también tendría días de todo tipo, de azules a rojos.

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Ayer rechacé un pequeño trabajo puntual, sin continuidad, como autónoma. Lo hice por despecho, porque sé que está mal pagado y sé que si vamos aceptando estas limosnas será difícil salir de este callejón. No me habría sacado de pobre, desde luego, así que hoy me siento bien por haber dicho que no, que tal vez lo hará otro, lo sé, pero a mí desde luego no me van a escurrir, al menos en esta ocasión.
 

Christina siempre está ahí. Inmortal. Rubísima. Labios rojísimos. La más indie sin quererlo, la más indie por dentro, en lo profundo. La más bella, el ángel que protege de todo lo sucio.

Islas Baleares

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Los bárbaros gritan en la calle
Porque su líder
Con cara de espanto
No es capaz de salvar a su equipo.

Aquí suena En s’estiu,
Faré que tota sa meva vida
Sigui un viatge com aquest,
En de dia trec sa barca
En sa nit arròs de peix.

Condromalacia rotuliana
Podría ser el nombre de una
Chica griega
De túnica impoluta
Y cabellos en bucle.
Eso es lo que me obliga a desobligarme
Mientras me esfuerzo en no caerme.


Carta para Sara, deseando que algún día vuelva a abrirse un blog, que la blogosfera ya no es lo que era sin ella



Querida Sara,
Te debo esta carta desde hace mucho tiempo, demasiado, tal vez. Finalmente me he decidido a escribirte hoy —precisamente hoy, 2 de octubre— porque es el aniversario de mi blog y he pensado que podría hacerte ilusión la coincidencia, ya sabes, yo soy mucho de azares y encuentros.
Ocho años de blog en los que he perdido y he ganado equipaje. Conocerte a ti, sin duda, ha sido una de las partes del equipaje más preciosas que he recogido en este trayecto. Ha habido etapas en las que hemos estado más cerca y otras más lejos, inevitablemente, pero eso no ha impedido que te tuviera siempre presente, como algo valioso. Dichosa la gente que te puede llamar para tomar una cerveza porque te tiene lejos; y sí, ya sé que Murcia —Andalucía, Extremadura y Murcia, unidas, algún día dominarán España, siempre lo digo y, si no, tiempo al tiempo— no es Australia pero es complicado coincidir a pesar de que últimamente nos hemos visto con bastante frecuencia.
Las personas como tú son un gran tesoro y poder contar contigo es algo que no se puede comparar con nada. Saber que siempre estás ahí, que te puedo escribir o llamar porque vas a entender mis cuitas como nadie es un alivio para el alma. Poca gente se comporta como tú, de una forma tan honesta, tan limpia y tan sincera. Ah, e inteligente, ya sabes, mi admiración está ahí, por todo lo que has conseguido, todo lo que has luchado y que te has ganado porque eres una tipa lista. Alguien que habla latín y griego merece que me quite el sombrero, aunque suene a copla la rima.
Te debía la carta, Sara. Te debía los halagos porque me has ayudado mucho durante este tiempo difícil. Pero también te la debía porque sí, porque hay sentimientos que jamás se han de dar por sobreentendidos y si mañana desaparezco a causa de un cataclismo, por ejemplo, todas estas palabras nunca llegarían hasta ti y resultaría imperdonable.
Va por ti el octavo aniversario de blog, para que siempre estemos en contacto como durante todo este tiempo. Y va por ti para pedirte que jamás cambies, porque si hubiera más personas como tú el mundo funcionaria mejor, eso está claro. Bueno, y también te dedico la celebración porque somos familia, cuñada.
Y nada, no me alargo más. Te dejo una foto de la Kitty, que te manda un beso emocionada y una canción que espero que te guste tanto como a mí.

Día 21

Las monjas me han traído unas cuantas ramas de laurel y me han explicado cuál sería mi tarea. Primero debía sacar todas las hojas, desprenderlas una a una de las ramas; después las tenía que sumergir en agua para dejarlas bien limpias; y por último, extenderlas sobre una superficie para que se sequen. También me han dicho que tenía que ir removiéndolas de vez en cuando para que se aireen correctamente.

Ésta va a ser la última noche que pase en el convento, si todo sale como está previsto. En teoría, el sábado era mi último día pero gracias a Sor Elena voy a poder regresar antes a casa.

Ella me dejó un documento decisivo en un bote de Cola-Cao. En él, hay una autorización de Sor Consuelo -la monja jefa- con la fecha de mi salida del convento que, obviamente, ha sido modificada.

Así que mañana me reuniré con Sor Elena que, amablemente, se ha ofrecido para llevarme en su Mini azul cielo a Barcelona. Si me lo cuentan antes, no me lo creo.

Ahora tengo que pensar qué historia me voy a inventar para que Mary Blenk, mi madre, no sospeche nada de mis fechorías.

No sé cuándo podré volver a escribir así que, de momento, me despido.

No sé qué habría hecho si no hubiera podido compartir todos estos días en el blog. Ha sido un placer.

Día 20

En tres días y catorce horas podría llegar cambiando desde Barcelona a Venecia. Me parece muy accesible; si saliera el lunes, el jueves ya podría cenar al lado del Gran Canal.

Me fascina buscar rutas a pie en Google Maps, lo cierto es que me anima muchísimo. Imagino los trayectos, el equipaje, los caminos...

Es una forma de pasar el tiempo y de tomar conciencia de que todo es más sencillo de lo que parece. Lo que parece imposible se puede conseguir, incluso. Aunque los de Google siempre te tracen la ruta nadando.

Caminando se llega a todas las ciudades.

Día 19

A veces me encantaría convertirme en una cantante melodramática indie pelirroja, guitarrilla en mano, y cantar algo del tipo "Hey There Delilah", para saber qué sienten las cantantes de ese estilo. Luego me arrepiento y prefiero algo más del estilo Madonna, acercándose a Ani Difranco.

No puedo escaparme de este tema, no puedo insertar el enlace de una forma más bonita, pero es éste:

X-Static Process

El día de hoy ha sido entre musical y animal. Me ha picado una abeja o una avispa, no me ha dado tiempo a preguntarle. Es la primera vez en mi vida, me dan pánico y casi me mareo del susto. Hiperbólica, como siempre.

Estoy en la cuenta atrás y ahora sólo puedo pensar en regresar a salvo.

Día 18

Las monjas se me han adelantado y han cogido todos los pimientos del patio, antes de que me haya dado tiempo de hacerles una última fotografía.

Ahora estoy sola escribiendo casi a oscuras porque me he escapado y he salido al patio, escapando del calor de mi cuarto.

Si alguien me preguntara qué es la vida en estos momentos no sabría qué responder. Estoy en blanco, anulada, harta. Cansada. Me pregunto qué sucede. Qué vacío me atrapa. Qué es. Qué es.

Todo esto, evidentemente, a las monjas les importa una mierda. Sólo les preocupa el buen fajo de euros que ha pagado mi madre para ver si soluciona lo de mi desencanto anual. A mi madre también le importo yo una mierda, aunque a veces me parezca todo un espejismo.

Día 17

Hoy ha sido el día del derrumbe. De sentir demasiado y de oler lo terrible de algunos olores.

Hoy no quisiera ser yo pero no me queda más remedio que acostarme en mi propia cama conmigo. Una noche más.

Día 16

Hoy pensaba en que pronto hará ocho años que escribo en el blog y en cómo ha cambiado Internet desde entonces, el 2004. Por aquella época, todo el mundo (o una gran mayoría de internautas, mejor dicho) tenía una bitácora (gran palabra, ¿alguien la emplea aún?) y nos leíamos los unos a los otros con verdadera pasión. Intento recordar los blogs que todavía se mantienen desde entonces y realmente son poquísimos, e incluso en muchos casos apenas se actualizan.

No pretendo teorizar, en absoluto, pero me da la impresión de que la tendencia ahora es escribir menos, sintetizarlo todo, compartirlo todo... Y dejar de lado la ficción y el narrar las vivencias propias.

Que a la gente le da pereza leer y escribir, pue se utiliza Twitter y en unos pocos caracteres se quedan tan anchos, y encima la mitad del mensaje es el rollo ese de retuiteado por no sé quién y citado en no sé dónde. Para eso más vale que seamos todos mudos y nos comuniquemos con lenguaje de signos. Ah, olvidaba que también sirve para que todo el mundo sepa si estás en el váter o en un restaurante japo súper cool. Qué risa.

Que a la gente le gusta fardar de sus viajes: Facebook para marcar en un mapa todas las ciudades extranjeras a las que has ido (visitar España no cuenta, claro, mola más pirarte a países de fuera, tirados de precio, tipo la Europa chunga o Centroamérica, que seguro que te roban, jaja). Oh, sí, el rollo ése de que viajar enriquece... Pues debo de ser imbécil perdida porque apenas he viajado fuera, ¿no? Qué tema tan cansino. Miedo me da septiembre.

En fin, que me disperso. Debo de ser una sentimental, una antigua, o una tonta pero sigo enamorada de los blogs y de los nicks que hay tras ellos. Y me sigue entusiasmando entrar en las direcciones para comprobar, sorpresa incluida, si mis preferidos han actualizado. Sin herramientas, ni lectores, ni puñetas varias, guardados en favoritos, como toda la vida.

Reivindico los blogs tradicionales y a los lectores geniales que son capaces de leer y de seguir los posts con la misma alegría con la que los escribimos algunos.

Olé.

P.D. Querida Nieves, sigo entusiasmada tus noticias acerca de Sor Elena. Hoy he intentado recoger el mensaje pero no me ha sido posible. Mañana tengo que limpiar una parte de la cocina y entonces aprovecharé para acercarme al bote de Cola-Cao. Gracias por ayudarme a resolver este pequeño enigma.

Día 15

Me he pasado el día jugando a videojuegos. Uno de ellos me ha interesado especialmente, era bélico -Brothers in arms 2, versión gratis para iPad- , consistía en matar a soldados japos. Lo malo es que te vas quedando sin munición y para conseguir más has de lograr objetivos o medallas. Algo complicado pero al final vas sobreviviendo.

Como la vida misma, más o menos. Hay que lograr objetivos para ir avanzando, aunque ello a veces implique tener que eliminar a los manos o, por lo menos, alejarte de ellos.

Cuando me quedaba sin municiones, me iba corriendo o bien me agachaba para esconderme y que de ese modo no me impactaran las balas. Es un buen truco, también funciona.

Hay que tener puntería, ser rápido cargando el fusil y, sobre todo, no dejar que te hieran, protegerte bien el cuerpo.

La vida es una puta guerra y hay que ganarla como sea.

Día 14

Ya está conseguido, he logrado pasar la barrera de las dos semanas sin desfallecer.

Hoy ha venido a verme mi madre, es la primera vez que lo hace aquí, en el convento. Me ha recibido ofreciéndome un regalo mientras me soltaba un You look so good, you know? I'm so glad to see you today, the Elvis day...

El regalo ha consistido en un frasco de sérum rejuvenecedor de tres zonas y una crema antiarrugas de la misma marca, que también actúa en tres zonas: cara, cuello y contorno de ojos. Se lo he agradecido, por fin me ha regalado la antiarrugas, no sé cómo se ha contenido tantos años. Ha insistido en que no es una indirecta, sino que debo empezar a cuidarme la piel pero ya, de una forma urgente.

La he observado de la cabeza a los pies, mentalmente he calculado que entre ropa, bolso, zapatos y gafas de sol, debía de llevar encima unos dos mil euros. Indignante, ¿verdad? Con ese dinero haría yo tantas cosas pero, claro, cada uno lo gasta como le da la gana...

Nos hemos sentado en el patio y hemos conversado un buen rato, hasta que me he cansado de traducir al castellano lo que me decía. Es que no hay manera, yo sigo sin aprender inglés y ella se niega a dirigirse a mí en castellano. Jamás dará su brazo a torcer, lo sé.

Hemos observado a dos remolinos que han empezado a moverse por el suelo, mecidos por el viento. No se separaban ni un segundo, parecía que iban juntos de la mano, como una pareja. Ambas sabíamos que es imposible porque los remolinos no son seres vivos -¿o sí lo son? que alguien me saque de la duda- y por lo tanto no pueden unirse en plan pareja. Alucinante. Han pasado varios minutos y ellos seguían correteando unidos, salvando obstáculos de todo tipo. Lo más bonito es que ha haido un momento en que se han separado y luego se han perseguido mutuamentenhasta quende nuevo han vuelto a unirse.

He grabado un vídeo con el móvil pero nompuedo subirlo, tal vez cuando vuelva a casa lo edite y lo suba. Es que se oye de fondo la voz de mi madre y sé que le molestaría que lo hiciera público, es tan reservada.

Dejo la fotografía como muestra del amor entre remolinos.

Día 13

Hoy no he hecho nada interesante. El día se me acercaba lento y aburrido así que he optado por leer "1Q84" (libros 1 y 2). De Murakami sólo había leído -cómo no, como buena bollo) "Sputnik, mi amor" y me pareció una novela buenísima, la que me gustaría escribir a mí, en caso de que tuviera que arrimarme a un estilo literario en concreto.

(Nota: ya sé que los títulos de obras literarias van en cursiva pero desde este dispositivo no puedo acceder a ellas así que por eso empleo las comillas. Lo comento porque a mí es algo que me pone nerviosa incumplir, por si algún alma gemela se siente identificada).

La novela de Murakami tiene 936 páginas y voy por la 251, no está mal. Hacía siglos que no abordaba una obra tan larga, será la edad.

Esta tarde he estado repasando mentalmente muchos temas, el cerebro me trabajaba tan rápido, de una manera tan desordenada que ahora me siento incapaz de explicarlo de forma más o menos lógica.

He pensado en la vuelta al trabajo y me he puesto triste. Sé que soy una privilegiada por el mero hecho de tener trabajo (aunque no esté fija) pero ello no implica que no tenga ganas de seguir alargando el verano. Me gustaría comenzar otro trabajo, diferente, uno de esos trabajos de tener tu mesa, tu ordenador, tu espacio... Sé que mucha gente pensará que eso es propio del típico trabajo de oficina aburrido pero a mí me gustaría probar. Por ejemplo, ser coordinadora de algo, o jefa de la sección de algo, o diseñadora de la sección de algo.

Pero para acceder a eso tal vez debería ponerme a estudiar...

Y pensado estas cosas me he agobiado tanto que me he refugiado en el recuerdo de los viajes. Y ha aparecido Madrid. He deseado volver la capital con ella. Y regresar a los mismos bares, las terrazas, a los restaurantes, a pasear por todas esas calles de nombres maravillosos.

No deseo perder los amuletos de mi vida. Madrid es uno de ellos.

(Hoy he descubierto que también tengo a mi cargo, en el patio, una higuera).

Día 12

Mi cena ha consistido en una ensalada muy buena que me he preparado siguiendo una antigua receta de mi madre. Todos los ingredientes se cortan en trozos muy pequeños y se mezclan con un chorrito de aceite y nada más de aliño:

- Una lata de atún
- Un pimiento verde
- Una cebolla pequeña
- Un tomate
- Un pepino
- Unas doce olivas sabor anchoa cortadas en trocitos

Es un plato algo entretenido de preparar pero vale la pena.

Hoy estoy realmente cansada, las monjas me han puesto a limpiar mirándome con un subtítulo en los ojos que parecía decirme "esto no es un hotel, bonita". Y no es que yo sea vaga, es que hoy me apetecía más quedarme leyendo sin mover ni un dedo. Por suerte, mañana me han dicho que me podré levantar a la hora que me dé la gana -es festivo- ya que no habrá horario limitado para desayunar. Qué alegría.

Echo de menos a Sor Elena porque ella era como mi cómplice aquí. Ahora no tengo a nadie para contarle mis cuitas y ello me pone triste a pesar de que cada día que pasa veo más cerca el momento del regreso a casa.

La carta de Sor Elena era desoladora pero a la vez también me ha parecido muy positiva. El párrafo que más me ha impactado decía...

[...] así que no tardaron mucho en descubrir que no había terminado Magisterio, bueno, cuando se llamaba así la carrera. Ya ves que te mentí y paso de los cuarenta, espero que no te moleste, sabes que el tema de la edad no me agrada demasiado.
Espero que entiendan los motivos o, mejor dicho, que los acepten porque sé bien que no me lo van a poner tan fácil para que no las denuncie.
Siempre tuve la esperanza de que Gonzalo no me había mentido, que había sido todo fruto de una maniobra surrealista del destino, o de las casualidades, por tópico que parezca.
Ahora que sé dónde vive, no puedo permitirme el desperdiciar ni un solo día más de mi vida aquí. Lo único malo es que pasado mañana [...]

Me voy a dormir intentando descubrir en qué lugar pasará esta noche Sor Elena...

Día 11

Ya es oficial: Sor Elena ha desaparecido. Las monjas lo han preferido ocultar hasta que la situación se ha vuelto insostenible. Se han limitado a decirnos que era una mujer que pecaba de ser demasiado soñadora y algo engreída. Lo primero, tal vez, lo segundo, puedo afirmar que no es cierto o por lo menos a mí nunca me ha dado esa impresión.

La noticia me ha dejado algo aturdida así que me he ido al cuarto a intentar echar una siesta. Debajo de la amohada asomaba la esquina de algo blanco que parecía un sobre. Y lo era.

Dentro del sobre una carta de Sor Elena.

La he leído de una vez, sin respirar, sin tragar saliva. Y después, he sentido la necesidad de fumar y de beberme un gin-tonic. Imposible. Llevo once días sin ingerir nicotina ni alcohol y así debo seguir.

A falta de estos elementos perjudiciales, me he comido un chicle ácido.

No puedo sacarme de la cabeza las palabras de Sor Elena.

Ella se ha descubierto igual que los pimientos que no eran verdes, sino rojos.

Día 10

Hoy he matado a un ser vivo. Era una lagartija bebé -salamanquesas, las denominan aquí- que debía de medir apenas un par de centímetros. Se quería colar en el interior de mi cuarto así que no he tenido más remedio que atizarle con un palo. Le he cortado la cabeza y la cola diminuta seguía moviéndose. Era un bichito realmente asqueroso, nada que ver con la belleza de las 'sargantanas' de las Baleares.

Quiero cambiar de comunidad autónoma. No quiero seguir siendo catalana, quiero ser balear. Es más auténtico todo allí y no pierden el tiempo con tantas tonterías como en Catalunya.

Esta mañana he ido a la misa de las 11:30 pero no aquí, en el convento, sino en una pequeña parroquia que está muy cerquita. El domingo nos dejan recibir visitas pero como a mí no me viene a ver nadie pues me lo cambian por dejarme salir sola por la mañana. Me he dado una vuelta por el pueblo, he desayunado en un bar muy bonito, un patio lleno de parras, y finalmente he entrado en la iglesia.

Soy bastante atea pero tengo a veces estos arrebatos místicos que me pierden. He encendido algunas velas (es una costumbre que he aprendido de alguien) y me he sentado, mezclándome entre la gente del pueblo.

Debo de parecer tonta pero me ha llamado la atención un chavalillo oriental que se ha sentado a mi lado, iba solo, y un negro súper moderno. No me pegaban allí rezando y, sin embargo, lo,estaban dando todo.

El discurso del cura debo reconocer que era hermoso y bien elegido. Me he tragado la misa entera, estaba tranquila, fresquita, y necesitaba salir un poco del convento. Reconozco que me he sentido absurda al pensar que ese cura debía de ser un homófobo, como todos, y he pensado que tal vez no debería de volver a escuchar ninguna misa.

Luego me ha parecido una tontería, pienso seguir entrando donde me dé la gana.

Me parece algo increíblemente poético el que en Corea estén tristes por la pérdida de la medalla de oro en Taekwondo.

(La de la foto puede que sea la madre de la lagartija bebé...)

Día 9

He probado por vez primera los tomates tumaco. Los he comprado a 1,50€ el kilo en el mercado que ponen aquí los sábados. También he comprado otro tipo de tomates a 0,50€ el kilo, una de las variedades típicas de la zona.

Lo cierto es que me parece algo abusivo el precio de los tumaco pero se ve que son un tipo de vegetal que es el fruto de mezclar diferentes variedades y, claro, eso se paga. Recuerdo que muchas personas me habían hablado excelencias de ellos, definiéndolos como los Moët & Chandon de los tomates.

Nada de otro mundo. Los he probado solos sin aliñar y me han parecido un timo, además, la piel es durísima. En cambio, los propios del campo de aquí estaban deliciosos y eran tres veces más baratos. En la foto, los de la derecha son los tumaco y los de la izquierda son los de la tierra.

Y he recordado aquel episodio de los Simpson en el que Homer intenta forrarse cultivando y vendiendo un injerto de tomates y tabaco, que resulta ser un producto tan delicioso como adictivo.

Mi rezo de hoy se centra en pedir que mañana bajen las temperaturas para que pueda concentrarme en labores algo más intelectuales para no sentirme una inútil por dejar escapar así las horas.

No pienso comprar más tumaco, por supuesto.

Día 8

Hoy he vivido -¿malvivido?- el peor día de todos porque ha sido el más largo y el más caluroso. No leo las noticias aunque supongo que todo el mundo estaría avisado de la subida de temperaturas.

Ayer recibí una llamada de Alicia. La verdad es que nunca me olvido de ella, siempre la tengo presente y me encantaría que algún día alguien la tratara como se merece. Esto último suena a hey nena, te voy a llevar al cielo, pero sé el motivo de decirlo. Le pedí que me escribiera a pesar de que sé que a veces da mucha pereza ponerse a explicar cómo se siente uno. En algunos casos ayuda hacer llegar las cuitas a una amiga. En fin, tanto si me escribe como si no, le dedicaré algún rezo.

Hoy he fotografiado mi ventana. La imagen está tomada desde el patio y me ha parecido bella la estampa, la luz, los tonos...

Acabo el día algo triste. Tengo la sensación de que he desperdiciado un montón de horas aplatanada por el calor asfixiante, delante de un ventilador que Sor Elena ha tenido la amabilidad de proporcionarme.

No tardaré demasiado en irme a la cama.

Sueño intermitentemente con un mar turquesa que me duele a ráfagas.

Día 7

Al quitar el mantel, tras la comida, se ha caído al suelo un vaso de agua. Como siempre digo -es mi refrán inventado favorito- una cagada de tres segundos implica un trabajo de media hora.

El vaso debía de ser de un duralex con aspiraciones de diamante, a juzgar por los cientos de pedacitos que he tenido que barrer.

La anécdota me ha hecho reflexionar. De qué forma nos vemos a veces obligados a emplear nuestro tiempo y nuestro esfuerzo en limpiar las acciones equivocadas de nuestra vida, como romper un simple vaso.

Hoy hace una semana de...

Día 6

Intentaré ver esta noche la final de Taekwondo femenino a la que ha llegado una española. Casualidades de la vida, que ayer pensé en hablar hoy de mi maestro de artes marciales.

He conseguido llegar a cinturón verde justo antes de que mi maestro se haya decidido a dejar de dar clases. Me ha dado mucha pena porque es una persona que te motiva, que te explica un montón de cosas interesantes y, encima, es coreano de pura cepa. Lo más, si adoras el Taekwondo.

Nos hemos quedado huérfanos de conocimientos y ahora tendremos que empezar de nuevo en otro gimnasio y con otro maestro. Sé que será duro pero más duro sería dejar de practicar Taekwondo.

La vida es así. Cuando te encariñas con alguien y encima esa persona te aporta tantas experiencias positivas, va y desaparece. Algo así como cuando te sueltan de la mano y te dicen que ya ha llegado el momento, que puedes dar el salto sola. Te parece que no serás capaz pero sí, al final, siempre se salta.

A final siempre se sale de todo.

Los pimientos son demasiado pequeños para ser los típicos pimientos verdes. Creo que son rojos, de esos pequeñitos que pican horrores, seguiré observándolos. He aquí el hibiscus de hoy, en todo su esplendor.

Día 5

Acabo de descubrir que la mejor manera de abrir una nuez es con un cuchillo de punta. Tanto tiempo comiendo nueces y ahora me percato de que es mucho mejor que los cascanueces o los utensilios varios que tengo en casa.

Hoy he entablado conversación con una mujer que también está en el convento de paso. Debe de tener unos sesenta y cinco años y lo único que desea conseguir es olvidarse de su osteoporosis aunque sea unas semanas. Me ha contado que su hija vive en Ibiza y que este verano se ha bañado cuarenta y tres veces en las playas. ¿Es que las has contado?, le he preguntado asombrada, y me ha contestado que sí, que cada día iba un par de veces y apuntaba con un palito su playa.

Hemos hablado del azul turquesa de las baleares, de la posidonia y de lo deslumbrante que es el vivir allí. Me he notado los ojos húmedos pero no me he permitido derrumbarme, la mujer no lo merecía.

Luego nos hemos separado porque a mí me tocaba regar el patio. El hibiscus se ha cerrado, supongo que mañana ya se habrá marchitado del todo. Los pimientos siguen creciendo sutilmente (lo noto si comparo las fotografías) y hay uno de ellos que parece de un tono más colorado.

Mientras riego pienso en Paola, en los momentos en que la echo de menos. Como cuando fotografío a hurtadillas las flores, o al ver un anuncio determinado en la televisión (me dejan verla sólo por la noche, a veces aprovecho el gesto y otras veces me subo a mi cuarto a leer). Pienso, quiero creer, que todo en la vida tiene un sentido. Echar de menos en la distancia lo tiene. Echar de menos en la cercanía no lo tiene, es algo cruel.

Pienso en el regreso y me pongo contenta.

Hay cosas que siempre me alegran como, por ejemplo, que el final de los cornetes de helado -los envasados, como el de la marca Alacant, de nata, que me acabo de comer- lleve chocolate duro.

El bocado final suele ser el más exquisito.

Creo que mañana escribiré sobre mi maestro de Taekwondo, y sobre lo que me ha enseñado durante este tiempo, que intentaré no olvidar jamás.

Día 4

Día 4

Me he pasado la tarde en la cama. Hoy ha sido un día muy largo y pesado. Los lunes toca hacer la colada y he tenido que lavar al sol un juego de cama, una toalla grande, otra pequeña, una camiseta y varias prendas de ropa interior.

Además, la comida de hoy -que han sido unas migas realmente deliciosas- me ha sentado mal y tengo una sensación de pesadez que me obligará a no poder cenar nada.

En el convento es obligatorio el lavar a mano la ropa, es una norma nueva de este año. Ingenua de mí, porque a la pregunta de si tenía ropa sucia se me ha ocurrido un:

- Bueno, no estaría de más cambiar la cama y también tengo algunas prendas mías.

No imaginaba lo duro que se puede hacer lavar sábanas a mano al sol. Me he mojado el cuello y la camiseta para tratar de refrescarme porque no lo soportaba.

El lunes siguiente no les mostraré la ropa sucia, sólo sacaré mis prendas interiores (que se lavan muy fácil) y el resto se lo dejaré a la lavadora, ya en casa. Por suerte, tengo ropa de sobra para poder cambiarme y no parecer una mugrienta.

Sor Elena me ha enseñado lo que es un hibiscus. Se trata de una flor muy bonita que tan sólo dura un día. Se puede apreciar a la derecha de la foto, tras la sábana azul. Esa flor estará marchita totalmente mañana, en el suelo.

Hibiscus de un día. Cámbiese el término hibiscus por cualquier otro y obtendremos una frase muy útil.

Pensamientos de un día.
Dolores de un día.
Alegrías de un día.
Fatigas de un día.

Día 3

Revisando las fotos que hay guardadas en el móvil, he recordado la que hice la mañana antes de entrar al convento, una señal de tráfico con una leyenda muy clara: usted no tiene la preferencia.

A veces, es necesario resaltar lo que ya se debería saber y, por supuesto, respetar. Cuando te dispones a entrar en una rotonda no tienes la preferencia así que has de esperar el momento adecuado para incorporarte. Muchas personas no respetan la norma y ponen en peligro la vida de los que sí la respetan.

Algunos no tienen la preferencia pero consideran que sí la tienen. Hay que frenarlos, decirles bien claro que no, que deben esperar como todo el mundo.

Sor Elena me ha pillado mirando las fotos del móvil pero ha hecho la vista gorda. Me ha traido un desayuno especial por ser domingo y que ha consistido en un zumo de naranja natural, un café con leche y un cruasan a la plancha con mermelada de fresa y mantequilla. Se porta muy bien conmigo, es como si supiera qué pienso de todo esto, como si deseara dejar en mí algún tipo de huella invisible para que yo al salir la llevara conmigo y así ella fugarse un poco modo del convento.

Nos han dejado el resto de mañana libre hasta la hora de la comida. Sor Elena se ha ofrecido para llevarme a un cementerio que está en el pueblo de al lado, a unos quince kilómetros. Como cada verano, voy a visitar la tumba de mi tía.

Siempre creí que era rubia pero cuando me hice mayor supe que se teñía. Era una especie de segunda madre, una mujer divertida y llena de manías entrañables.

Desde aquí me llegan los tañidos de las campanas de la iglesia de la plaza mayor. En breve empezará la misa.

Día 2

Día 2

La monja nueva, Sor Elena, se ha convertido en mi cómplice. Hoy me ha llevado al pequeño huerto que hay en la parte trasera del convento y me ha mostrado una planta algo mustia.

- Son pimientos, Carol.

La planta estaba muy seca, se notaba que las altas temperaturas la habían arrojado al límite de la muerte pero, a pesar de todo, los pimientos asomaban, pequeños y verdaderos.

- Te vas a encargar de cuidar esta planta cada día, la regarás y la pondrás a la sombra si es necesario. Será tu reloj natural, tu cronómetro biológico. Ya verás, cuando los pimientos estén listos para ser arrancados de la mata, habrá llegado el día de tu partida.

Es mi segundo día. Una planta de pimientos verdes me parece un pequeño milagro en medio de mi aturdido cerebro.

Día 1

Vuelvo, como cada año, a mi retiro espiritual (por llamarlo de algún modo fino). Mi madre se ha encargado de nuevo de realizar todos los trámites para que sea admitida en el convento y me ha dejado -dándome un único beso- en la puerta de entrada con un susurro: hope you'll find your own way.

Cada verano la misma historia de lágrimas, resistencias y penas. Ella sabe que odio estar aquí pero que, al mismo tiempo, lo necesito para desintoxicarme de mí misma. Supongo que si no estuviera aquí recluida, lo estaría probablemente en otro lugar, quién sabe si más inhóspito aún.

Nada más llegar me hicieron dejar mis pertenencias en una taquilla sin llave para mí: el móvil, las fotos, las libretas, los bolígrafos, los anillos. Me las he apañado para colarles un móvil viejo y así tener el iPhone conmigo. De este modo puedo escribir y luego publicarlo en el blog. Sé que lo que hago no está bien, que no es legal y que como me pillen, no quiero ni pensar en las consecuencias y en la multa que tendrá que pagar mi madre.

Tras un breve interrogatorio que ha tenido como resultado un "apta para la reclusión en celda individual", me han obligado a quitarme el esmalte de las uñas de los pies, del vivo rojo al pálido coŀor natural.

Me han acompañado a mi habitáculo y me han despedido dejándome una cartulina beig con el horario de todos los servicios, que se reducen a las comidas y al baño. Esta vez les he pedido también la cartulina del horario de rezos por si me derrumbo y lo necesito. La monja me ha dirigido una sonrisa incrédula como queriéndome decir no vas a rezar así que no deberías gastar una cartulina.

La primera noche la estoy pasando con mucho calor. Ayer observé el termómetro de la entrada y marcaba 45 grados. Imposible de soportar, pensé. Pero al final uno lo soporta todo, incluso lo que te parece más duro.

El móvil se ha convertido en mi pequeño oasis. Miro las fotos del verano, las de mi chica, y me siento como un soldado en la trinchera. A veces siento la tentación de llamarla pero sé que no puedo caer en esa tentación, interceptarían mi llamada enseguida.

Bebo agua y cierro los ojos. El agua tiene una temperatura agradable, la que me gusta, el punto exacto de temperatura. Encendería un cigarrillo, mas están prohibidos. Es una cura de todo y también de nicotina.

A veces me pregunto qué deben pensar de mí las monjas que llevan esto. Si soy un número más, si hablan de mí a mis espaldas, si se ríen de nosotros o si, por el contrario, sienten pena. Una de las más veteranas me dijo al verme que estaba demasiado morena, que parecía una gitana. Me lo soltó con asco, como insultándome. A mí no me pareció un insulto, como si ser gitana lo fuera... Le respondí que el grado de moreno en la piel no se controla, que va con la persona y que mi tez es muy morena, sí, más que la de la meda nacional, supongo. Me miró de arriba a abajo, firmó la admisión y se fue. Nunca he sido santo de su devoción, lo sé.

Hay personas a las que les caemos mal de entrada y ya está, no se puede hacer nada para evitarlo. Es como ese plato determinado que no puedes tragar, te da arcadas y te niegas a comerlo. Así con algunas personas. No puedo obligar a nadie a que me vea simpática sin más. Quien quiera y tenga ganas, que se asome a mi fondo.

Tal vez lo que más me apena al salir de este retiro es comprobar que nadie me ha echado en falta. Al llegar a casa no hallo ningún email, ninguna carta o postal, ninguna señal que me haga ver que alguien se ha acordado de mí en mi ausencia y que se ha preguntado dónde estaba.

Dichosos aquellos que conservan a sus amigos. A mí, por desgracia, pocos me quedan, tal vez ninguno visible. Pero ahora no es momento de preocuparme por eso. Van a darme el desayuno.

Las naranjas de Formentera son de las mejores que he probado en mi vida

Cada día, allá donde esté, desayuno un zumo de naranja natural. Me lo inculcó mi madre y me parece un hábito de los más saludables.

En mi tercera semana en Formentera me doy cuenta de lo bien que saben las naranjas de esta tierra. De aspecto no son muy bonitas que digamos pero su zumo es espectacular: la acidez justa y sin apenas pulpa.

Podría ser una gran catadora de zumos de naranjas, si  se inventase esa profesión.

.......................

Voy a imaginar que hemos llegado hoy a la isla y que vamos a pasar aquí el fin de semana, en plan escapada. Para obviar que el tiempo se acaba y tendremos que volver.

Mas el regreso no será con las manos vacías. Me llevo mucho. Todo lo que no cabe en un post, no siquiera en un blog entero.

Afuera está la calima. Las barcas en su casita de barca. El mar revuelto. Los del restaurante con vistas impagables. La pensión que podría haber salido de una novela escrita para ti.

Todo lo que no cabe ni siquiera en mí.

Un verano más, la certeza de que es nuestra isla. Y de que nosotras la habitamos porque nos habitamos.

Y habitar no significa simplemente ocupar un espacio sino dotarlo de sentido.

Un par de naranjas para el zumo y factor del diez. No necesito nada más.

Y tú a mi lado.

Oh my God


Han pasado muchas cosas desde la última vez que escribí aquí. No me veo capaz de resumirlas todas; primero, porque soy incapaz de recordarlas una por una y, segundo, porque no considero que sean todas de interés.
Estoy en plena fiebre de Madonna. Sí, tal como suena. Hace una semana que fui al concierto en Barcelona y puedo asegurar que es el mejor concierto al que he ido en toda mi vida. No podría explicarlo, sólo los que estuvimos allí lo podemos saber.
¿Y para explicar algo tan frívolo te has puesto a escribir, Carol Blenk, después de tantos días?
Pues sí, porque para una tipa tan obsesionada con el paso del tiempo como yo (el síndrome Dorian Gray, podría ser) el verla a ella, con 53 años, tal y como está es sencillamente escalofriante.
Quiero ser como Madonna cuando tenga esa edad. Y, por supuesto, quiero acostarme con ella.
En plena fiebre, esperando que algo me saque de aquí.
Los rescates bancarios, la selección española, la subida del IVA… Y yo repasando la discografía completa de la reina del pop, como si tuviera veinte años menos.
Puede que sea eso lo que busco en el fondo.
O los referentes…
Hablando de referentes, queridos, los o las que buscan siempre referentes porque en este planeta de origen hetero nos faltan imágenes, camas y melenas rubias que nos animen a salir a la calle a tratar de salvar el alma de alguna chica que nos atraiga.
No, no es un post reivindicativo, a pesar de la fecha que es hoy. Prefiero centrarme en los referentes.
Hemos descubierto una serie tipo L Word (salvando las distancias), ambientada en el Reino Unido pero que tiene su gracia. En YouTube se pueden ver las dos primeras temporadas, subtituladas al castellano:
Y de ahí saco el tema I fought the angels, de The Delgados, que no todo va a ser para la rubia… (hay que escuchar el tema y obviar el videoclip, que deja bastante que desear).

La memoria es el perro más tonto




La memoria es el perro más tonto, le tiras un palo y te trae cualquier cosa. Esta frase la leí hace unos días en la puerta de uno de los baños de mi antigua Facultad de Letras. Le hice una foto para no olvidarla porque me pareció sublime. Lo cierto es que recuerdo que cuando estudiaba allí me encantaba leer las frases lapidarias que las chicas habían dejado escritas a modo de consejos preventivos, para no incurrir en los típicos errores, supongo.

Estos días he descubierto en casa de mi madre un archivador repleto de escritos míos. Pasé casi una mañana leyendo textos que nisiquiera recordaba que existían. Algunos terribles, otros esperanzados, otros huidizos. Cerré el archivador con una sensación de vacío, por un lado, y de miedo, por otro. Algo extraño.

Hoy vuelvo a pensar en ello. Miro hacia la habitación como si en ella habitara un monstruo terrible al que sabes que no le has de dar de comer pero al que, sin embargo, le pasas trozos de pan duro a hurtadillas.

Los monstruos a los que no les hemos de dar de comer son los más dañinos. Como aquella fantástica canción de Cocorosie, la que decía algo así como if every angel's terrible, then why do you welcome them… Maravillosa, siempre que la escucho me traspasa.

Por motivos que no vienen al caso, llevo casi cuatro días sin fumar. Ahora pelearía por un cigarrillo pero no puedo. Tenía muchas cosas que contar, mucho por escribir pero me ha pasado lo que me pasa siempre: que cuando puedo escribir no tengo ideas y cuando tengo ideas no tengo la posibilidad de publicar.

Dicen que los blogs ya no están de moda. Que ahora es el imperio de Facebook y de Twitter. Que me aspen si dejo el blog algún día. Ya sé que últimamente no he cuidado este espacio, que se me ha acumulado de polvo pero las cosas van así y no me voy a fustigar por ello. Lo importante es volver al punto de inicio, aunque sea algo tarde, pero regresar siempre. Y si aún recuerdo el camino para llegar aquí debe de ser por algo, así lo siento.

(Me encantan las tortas de Inés Rosales con su toque de anís lejano).

Ha caído una tormenta apocalíptica en mi exbarrio. Ahora acaba de salir el sol y la gente empieza a hacer cola en la panadería que nunca cierra. Me gusta ese ambiente post-lluvia porque es como si el mundo hubiera estado a punto de desaparecer pero no, al final nos hemos salvado porque alguien en el último momento descubrió que había que desactivar un cable verde para que no estallara algo invisible pero letal.

La memoria es el perro más tonto, sí.

Aquí estoy un domingo en el que esperar duele, en el que hay que hacer esfuerzos para que pase el tiempo. En el que me preparo una merienda para olvidar que no puedo meterme un Camel entre los labios. En el que la punta de las pestañas me ensucia constantemente las gafas y es un motivo más para desesperarme.

Voy a recomendarme a mí misma algo para no empequeñecerme.

No me echo de menos, no me he vuelto invisible, tan sólo estoy recuperando las letras de mi segundo apellido



Las 17:40 aproximadamente,
caminando por mi calle
desde el final de mi propia calle
hasta casi el inicio de mi propia calle,
fijándome en la polisemia
del verbo y del sustantivo
como quien repara en un chiste malo.

Poco puede afectarme el recorte del sueldo
el del sueño
o el del precio del atún en conserva
si has parado tu coche
y me has subido como si fuera
una chica desconocida para ti.

Ha faltado un poco más de intensidad solar
para que fuera verano
en nuestra calle
pero nos hemos atrevido a estrenar
el pitillo con cerveza en nuestro rincón balcón.

No hay que olvidarse de las cosas sencillas
ni de nuestros nombres reales
o de que me encanta Bad kids
aunque sea una cancioncilla fácil.

Me imagino con mi grupo cantándotela
en un pueblo minúsculo del norte de Inglaterra
(de pequeña le decía a todo el mundo que era inglesa
y dibujaba la bandera británica hasta la saciedad)
y al final del concierto me vendrías a buscar
y volveríamos
como siempre
al final de nuestra propia calle.

And I remember quiet evenings trembling close to you...



Operator, number, please: it's been so many years
Will she remember my old voice while I fight the tears?
Hello, hello there, is this Martha? this is old Tom Frost,
And I am calling long distance, don't worry 'bout the cost.
'Cause it's been forty years or more, now Martha please recall,
Meet me out for coffee, where we'll talk about it all.

And those were the days of roses, poetry and prose
And Martha all I had was you and all you had was me.
There was no tomorrows, we'd packed away our sorrows
And we saved them for a rainy day.

And I feel so much older now, and you're much older too,
How's your husband? and how's the kids? you know that I got married too?
Luck that you found someone to make you feel secure,
'Cause we were all so young and foolish, now we are mature.

And those were the days of roses, poetry and prose
And Martha all I had was you and all you had was me.
There was no tomorrows, we'd packed away our sorrows
And we saved them for a rainy day.

And I was always so impulsive, I guess that I still am,
And all that really mattered then was that I was a man.
I guess that our being together was never meant to be.
And Martha, Martha, I love you can't you see?

And those were the days of roses, poetry and prose
And Martha all I had was you and all you had was me.
There was no tomorrows, we'd packed away our sorrows
And we saved them for a rainy day.

And I remember quiet evenings trembling close to you...

"Con tu gabardina gris pareces mucho más alta", es una pista importante para no perder


He descubierto una canción maravillosa, de melodía sencilla, de letra clara y sin dudas ni sentidos crípticos. Trasteando en Facebook la he hallado en el de mi revista favorita, Iguazú. Me he emocionado al pensar en Nuria y en su guapa. En lo poco que nos vemos pero en lo mucho que deseo que estén bien y sean felices.
Y cierro el inciso cursi pero a veces me pasan estas cosas. Que doy gracias por el genial descubrimiento. Últimamente, me alimento de canciones que repito y repito hasta que casi se me desgastan.
……………………………………………………………………………….
Esta tarde ella estaba cantando y he pensado que podría volverme a enamorar sólo con su voz. Suena raro pero era como si ella no estuviera en la habitación de grabar, como si fuera otra chica, diferente, una desconocida seductoramente conocida. Entonces he puesto la canción porque la ha asociado al momento y ya está. He vuelto a ser Carol, me he sentido bien fumándome un cigarrillo a solas mientras ella se secaba el pelo. También he pensado en mi madre y me han venido ganas de llorar, sólo unas lagrimillas, porque la quiero y veces la quiero menos y eso me pone triste. Luego recapacito y comprendo que no soy mala, sólo que a veces las situaciones son algo complicadas y me faltan recursos o por lo menos yo no sé encontrarlos en el momento justo.
Trago agua y sigo.
También he pensado en mi pelo salvaje, en el tiempo que hace que no me lo tiño. Y en lo poco interesante que debe de resultar este post.
En realidad sí hay algo importante en lo que acabo de escribir. Para mí sí lo es. Ese volver a ser Carol, aunque sea intermitentemente. Creer en uno mismo debería ser algo obligatorio, no te deberían dejar pasar de curso sin escribirlo cien veces seguidas.
De pequeña no era demasiado buena persona.

Obsesionarse por una canción es muy de detectives pero no pienso obsesionarme por una obsesión que no hace daño a nadie, ni siquiera a mí misma


Para mí ha sido un día más, para una compañera ha sido un día de mierda.
Yo no sabía que existía un comité de la muerte en uno de los sitios que trabajo (recuérdese que soy autónoma, una nómada de los puestos de empleo) y hoy he tenido la oportunidad de ver sus sombras moverse por los despachos.
Cada vez que esos tipos entran por la puerta nos ponemos a temblar.
He comprendido la magnitud de la tragedia en ese mismo instante.
Unos minutos después, la llamaban al despacho. Se ha girado y nos ha lanzado un adiós como el que sabe de su inminente ejecución.
Yo me tenía que ir, después me han confirmado su despido. Así, de repente, sin avisar y sin ponerle una red para que la caída fuera más leve.
Se me ha puesto un nudo en la garganta. Nunca había sido testigo de un despido fulminante.
¿Quién despide a los que despiden?
..............................................................
La canción es perfecta.

El que no se haya sentido algo psicópata alguna vez que deje de leer este post



Limpiando un mueble, se resbaló una botella de tinto y dejó el suelo teñido de un rojo que hería la vista. El exceso de botellas en el armarito de madera tuvo la culpa; si hubiéramos sido menos alcohólicas, todas las piezas habrían estado en su sitio correcto, no apiladas, y se habrían mantenido intactas.
Me pasé media mañana limpiando los restos del crimen. Mientras, pensaba en cómo se debe sentir un asesino; recordé Volver, de Almodóvar, cuando Penélope limpia la sangre de su marido muerto en la cocina. Magníficos los planos del mocho escurriendo la sangre en el cubo y los del papel de cocina empapándose.
No sé si llegado el momento sería capaz de matar a alguien. De pensamiento sí, claro, lo he tramado muchas veces: con veneno o con puñal, nunca con revólver porque me sería muy difícil conseguir uno.
Aunque ahora que lo pienso -bien serena, con sólo un gin tonic en el cuerpo- no necesito nada más que una mala mirada para eliminar a cualquier enemigo. Hay que darse el placer de vez en cuando de sentirse poderosa y alta.
………………………………………………….
Qué comunidad autónoma más pesada y repetitiva la mía. Los dioses aquí son el Barça, TV3, Bruce Springsteen y Josep Guardiola. Cada vez lo soporto menos, ojalá perteneciera a otra comunidad más salá como la madrileña o la balear. Por suerte, mi sangre andaluza compensa toda esta necedad y así me siento capaz de capear las tonterías que leo/veo/oigo contínuamente.
Jamás he sido futbolera, pero ahora deseo con todas mis ganas que el Real Madrid gane la liga, aunque en el fondo me importe un pimiento.
Adoro la imperfección de Mourinho. Un tipo extraño, lunático e impulsivo.

post en directo y sin respirar



conducía hacia londres y no me di cuenta de que el coche se me iba directamente al mar pero no es que fuera drogada ni bebida ni nada de eso es sólo que llevaba una pistola en la guantera y un tatuaje recién hecho aún sangrándome en el hombro derecho algo así como una espiral amarilla y azul que me hice el mismo día que la gitana me abandonó en barcelona porque se había encaprichado de otra tipa algo más alta y con más tetas así que lo único que podía hacer aquel maldito viernes de octubre era conducir a londres con todas mis fuerzas tratando de que la gasoina se me alargara tanto que me permitiera no parar jamás incluso más allá de londres o lo mismo podría tal vez llegar hasta liverpool para seguir la voz de john lennon que seguro que estaría allí esperándome como otro de mis ángeles de la guarda como mis queridos pixies


que son lo mejor de la música porque gracias a ellos sigo gritando y saltando cuando me quedo sola en casa y entonces no importa que tenga ya casi cuarenta años o treinta y pico tirando a cuarenta porque lo que realmente importa es que no seas una cateta y que aún te quede bien la ropa del berska o cómo diablos se escriba que tú ya te encargas de intentar parecerte a las tipas que salen en el sartorialist a pesar de que haya personas envidiosas que te miran mal juas cómo te vas a reír tú de ellas cuando sepan que ahora vuelves a ser feliz y que duermes por las noches y que hey te sigue pareciendo una canción para enrrollarte con tu chica porque siempre será la canción más sensual de los pixies


me voy a respirar

Llevo con ella en la cabeza casi una semana


A veces los héroes, cuando terminan la lucha, se dejan caer, exhaustos y mareados. Tras la pelea no saben qué camino seguir ni cuál es ahora su hueco en la vida. Han perdido todas las metas y se sienten invisibles e innecesarios. ¿Qué hay después de la lucha? ¿Alguien lo sabe? ¿Qué hace el héroe tras matar al alien, dragón, o mafioso? Tumbarse en el suelo con las heridas llenas de sangre y fumarse un cigarrillo para celebrar su triunfo.
Su triunfo en soledad.
Amargo y difícil.
Es como cuando has terminado un examen complicado y no tienes nada más que estudiar. El descanso te abruma y tratas de llenar el vacío con otras tareas para distraerte y dejar de pensar en la lucha pasada.
Mortales y rubios.
Hace poco aprendí lo que significa el concepto de actividad sustitutoria. Es algo así como toda aquella actividad que realizamos para no hacer otra que, por lo general, es la que realmente urge. Por ejemplo, sabemos que tenemos que lavar las cortinas de casa pero nos da una pereza increíble; entonces, optamos por “sacarnos” otras tareas de la manga para hacerlas y así tener la excusa perfecta de no lavar las cortinas, a pesar de que sea algo a lo que nos tendremos que enfrentar un día u otro.
Una actividad sustitutoria puede ser pasear por la ciudad al caer el sol para no enfrentarse a uno mismo, a sus dudas y a sus argumentos temblorosos.
Todos tenemos actividades sustitutorias en esta vida.
Beber para anestesiarte y que el desayuno no se te confunda con la cena. O vestirte de negro para ocultar que la ropa interior es roja sangre, roja guindilla o roja tapón de botellín de agua.
Últimamente me aburre mucho la gente. No lo digo en plan tipa interesante, lo confieso porque aquí puedo susurrarlo sin que se me echen encima sombras malas de las que me critican.
Hace tiempo que no me flagelo y me siento unos gramos más feliz.
…………………………………………………………………………………………………………………………...
El 29 de febrero se debería instaurar para hacer actos irrepetibles y locos. A mí me encantaría, por ejemplo, tomar un avión a cualquiera de nuestros destinos.
No habrá otro día como el de hoy hasta dentro de cuatro años. Y aún así, no será como el de hoy. Seremos otros, respiraremos diferente, besaremos diferente, beberemos otras bebidas y llevaremos otros zapatos.
Me intriga el futuro pero sólo ha de contar el presente.
Tú y yo vamos a volver a ……. en el 2012. Te he reecontrado después de la lucha sangrienta y eres de nuevo la chica a la que cuido para que el viento no le despeine el flequillo, como decía aquella canción madrileña.

Tengo un día rojo (parte IV)



Hace casi siete años que no escribo una de las partes de esa serie de posts en los que hablaba de tener un día rojo. Ha llegado el momento de recuperar ese tema. Ahora, o se me quemará por dentro.

Qué grande.

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