Cielo gris + lunes + trabajo por hacer = deseo que llegue el viernes



Dos inviernos seguidos buscando el abrigo más parecido al suyo. Al fin lo he encontrado pero jamás seré como Christina.

Canción del eco, Christina Rosenvinge

Condenada por los dioses sin su linda voz
Eco se esconde en la cueva con su dolor.
El corazón mudo sólo puede repetir
las últimas sílabas que acaba de oír.
Narciso, el soberbio, ¡por Dios, qué guapo es!
Las ninfas se ofrecen ante su desinterés.

Pasea en el bosque su melancolía
nada es suficiente, su alma está vacía.
Eco de lejos le espía y suspira amor,
¿cómo confesarlo sin tener su voz?
un claro del bosque se abre para los dos,
la pálida ninfa se muestra toda candor.

¿Quién eres tú, niña loca?
(niña loca, niña loca)

Muero antes que darte un beso
(darte un beso, darte un beso)

Quiero estar solo en el río
(en el río, en el río)

No pensarás que te quiero
(te quiero, te quiero…)

Narciso recibe castigo por ser tan cruel,
el agua nunca fue tan clara ni tanta la sed.
Al ver su reflejo por fin descubre el amor
y ahogado en sí mismo se convierte en flor.
Eco de pena y locura se consumió
sólo quedó resonando sin fin su linda voz.

¿Quién eres tú, niña loca?
(niña loca, niña loca)

Muero antes que darte un beso
(darte un beso, darte un beso)

Quiero estar solo en el río
(en el río, en el río)

No pensarás que te quiero
(te quiero, te quiero…)


Ahora tú, dime, ¿qué demonios hago yo aquí?
¿Soy sólo tu espejo o me ves a mí?
¿Se me consiente algo más que repetir
cada palabra que deseas oír?
Tocas el agua, se te hunde la nariz,
la imagen es vana, el llanto no tiene fin.

¿Quién eres tú, niña loca?
(niña loca, niña loca)

Contigo haré lo que quiera.
(lo que quiera, lo que quiera)

¿No ves qué triste es mi vida?
(es mi vida, es mi vida)

Tú cargarás con mi pena.
(con mi pena, con mi pena)

¿Quién eres tú, niña loca?
(niña loca, niña loca)

Muero antes que darte un beso
(darte un beso, darte un beso)

Quiero estar solo en el río
(en el río, en el río)

No pensarás que te quiero
(te quiero, te quiero…)

Donde esté un buen plato de jamón que se quite el sushi



Tu imagen me llegó
a las seis menos diez
y no pude dormir
ni un instante después:
te confundías con mis sábanas,
te me enredabas en la sien.


Hoy he descubierto que en Spotify ya están los discos de Silvio que había olvidado, como esas imágenes que se olvidan porque duelen y luego ya no crees que sean imprescindibles. Y en absoluto es así.

Tengo revuelto el cerebro, el estómago y la vista. Acabo de descender de un viaje en noria que se ha prolongado poco -sí, no lo niego- pero que me ha dejado con la cara blanca y fingidamente serena. Dime dónde has estado, niña de cara blanca, dónde has dejado tu risa, que no está donde estaba.

Podría ganar 1800 al mes. Un trabajo estable, puentes y vacaciones en agosto. Tranquilidad aparente y mediodías comiendo con los compañeros. Podría ahorrar y tener más caprichos. El verbo tener con las cinco letras.

Cada vez lo deseo menos. Quiero seguir así, viviendo como una pequeña inmadura, a veces derrochando, a veces salvándome. La funámbula que se toma una copa de vodka antes del espectáculo de las cinco. La que vislumbra desde arriba a un público que no teme por ella sino por sus cabezas y los quince euros -con descuento- que le ha costado la sesión del domingo por la tarde.

Pobre funámbula rubia. Tan segura ahí arriba y tan aturdida en el suelo. Recordando a su madre andaluza, que le juraba que nunca se separaría de ella, todas las primaveras, los otoños, los inviernos y los veranos del mundo. Todas las lluvias y todas las fiebres.

Tal vez las promesas que se hacen a los niños son demasiado irreales para ser ciertas.

Y ahora, una simple red que se retira en el momento justo en que ella escala hacia lo más alto. La red quita emoción y público, cielo, y los tiempos no están para hacer tonterías, le escupe su jefe.

Qué sola. Qué lejos. Qué pequeña.

Se toma el pulso a sí misma, le enseñó su primer amor. Y también con ella aprendió a fumar y a quitarse el vestido sin mostrar la ropa interior. Acciones sencillas, aprendizaje sin exámenes de validación.

Conocer a desconocidos



Conocer a desconocidos con manos de arqueóloga deslumbrada. Imitar vocales impronunciables y sacarse las gafas de sol sabiendo que hay riesgo de sufrir un eclipse. Beberte cuatro copas de tinto triste porque no posee etiqueta que declare su linaje. Escribir notas de pérdida, añoranza y deseo como quien se presenta a un examen con las respuestas ocultas en el bolsillo. No creer en lo que se ve.

In memoriam Kolabora



Han cerrado el Kolabora.
Nuestro restaurante,
El de la calle Libertad,
El que era naranja,
El que nos acogió la primera vez,
Y la segunda
Y el resto.

El Kolabora lleno de humo
Y de camareros cachas
Que te preguntaban
"¿Tomáis postre, chicas?"

El Kolabora
Cerrado
Con un móvil apuntado en el cristal
A modo de epitafio.

Una letra menos
En Madrid,
Como si a la vida
Se le cayeran botones
Y todo resultara
Un simulacro imperfecto,
Urgente
Y mal improvisado.

Caen los mitos,
Los retos se funden
Y la confianza tiembla.

No importa.

No importa
Si al final alguien te recibe
Y se lamenta contigo
Por el restaurante naranja.

No era el mejor del mundo,
Pero era el nuestro.

pequeño poema inacabado por falta de tiempo, mas no de recursos

dejo aquí
algo pequeño
escondido
bajo las minúsculas
que no suelo emplear
al inicio
de las frases
y de los tragos

parezco guapa
y distinta
sin mapas
ni linternas
para alumbrar
las esquinas

oigo
que me explican
una fábula
en la que la chica
morena
ya no sueña
con ser rubia
ni con encontrarse
a un superhéroe
pelirrojo

sonrío
a pesar de que hoy ya no llueve
esperando
un tren
que me lleva
donde yo quiero
no donde ellos quieran

esta mañana
como me suele suceder
he hallado al respuesta
al enigma
pasando la aspiradora

no volveré a pasar frío
con mi abrigo nuevo

¿Quién eres tú, niña loca?



Como es tradición,
La misma canción de cada año,
Mientras a las 11:17 me tomo una tapa de jamón.

Se me ha agarrado por dentro y no me suelta,
No lo he dicho yo pero me sale
De los labios y de las manos
A pesar de que ni siquiera sé a qué me refiero.

Madrid no será lo mismo
Sin tus pasos,
Sin tu risa al salir del hotel casa,
Sin tu pitillo en la plaza.

El eco es muy peligroso
Porque sesga las frases
Por donde está prohibido
Y elimina algunas preposiciones.

¿Quién eres tú, niña loca?

Que me llevas al filo de la autopista
Y no me empujas,
Me salvas con una sola pestaña.

Por las mañanas sigo viendo
Al chico rubio de la funda de guitarra roja a la espalda,
A la chica estúpida de la panadería,
A la mujer que barre su trozo de acera
Aunque volverá a ensuciarse por la tarde.

Despegarme de ti como una tirita enquistada
En una herida más limpia que tus sábanas,
Reconocerme las espaldas
Entre ciento veinte impostoras.

Ser capaz de preguntarme
Qué demonios hago allí
Insistiendo en ocultar mi miopía
Y mis carencias
A los jueces.

¿Quién eres tú, niña loca?
Que me visto de rojo un día antes
Para celebrarlo contigo
En la cama
Llegando una vez tras otra
Y casi muriendo,
Casi perdiendo la conciencia
De que somos dos
Solas.

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