Cansada de Carol Blenk, de sus metáforas locas y sus repeticiones constantes



Me repito. Lo sé. Lo asumo y me lo como mientras me enciendo el antepenúltimo pitillo de la noche. Clack. El encendedor plateado que se enciende como una pistola, sólo una vez de cada seis o siete.

Me voy a tomar unas vacaciones de ficción, no es nada raro, lo suelo hacer de vez en cuando porque si no... exploto y me asfixio conmigo misma. Con mis palabras y con las imágenes que me saltan en la palma de las manos como aquellas pulgas de mentirijilla que te vendían de pequeña en los kioskos. ¿Dónde están los kioskos de cuando éramos pequeños? Pero eso sería otro post y otra reflexión. Ahora no tengo tiempo porque escribo en directo, son las 22:58 y debería cenar de un momento a otro.

Ya volveré. En breve, o no. Desaparezco, mas no para siempre. Soy una adicta a esto y lo reconozco con la cabeza bien alta y los ojos -aún- limpios.

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Adoro el videoclip. Adoro la canción. Adoro el nombre del tipo que la canta. Os adoro por seguir aquí.


P.D: Ah, no olvidéis que hemos descubierto que Manolo García es hijo no reconocido de Peret y que hemos de difundir esta noticia. Más información en Facebook. Uníos a la causa, por favor.

"As the wind blows" es una de las mejores canciones que he escuchado en toda mi vida



He hallado un diario personal que empecé en 1992 y que di por acabado, de manera brusca y salvaje, en 1994. Abarca mi curso de COU y los inicios en la Facultad. Lo estoy releyendo, con una mezcla de miedo y de curiosidad. No recuerdo apenas nada de lo que escribí allí:

[…] este lunes nevó por primera vez en muchos años. Fue fantástico. Al salir de clase, la nieve lo cubría todo y me lo pasé genial, como una auténtica cría, pisando y cogiendo la nieve. El martes no había clase pero fui de todos modos a la universidad, que estaba casi vacía. Lo pasé bien, me encanta la nieve y en ningún momento sentí el frío.
Hoy he quedado a las ocho de la mañana con T. Hemos estado desayunando juntas y charlando de un montón de cosas. Me cae muy bien. He hecho campana –una vez más- de Latín. He llegado a casa antes de las dos y, sobre las 17:30 h, he ido a tomar algo. He estado con C. un cuarto de hora más o menos y después he quedado allí con A. y L. Después he vuelto a casa con A. y nos hemos hecho un agujero en la oreja izquierda, para llevar otro pendiente. Nos ha quedado muy chulo. Es curioso, aquí acabo de escribir ese tipo de cosas que, generalmente, se suelen escribir en un diario. Bueno, pues éstas son las cosas que yo nunca escribo. No dejan de ser interesantes pero son cotidianas y, por lo tanto, monótonas. Hoy no he dado ni golpe pero he hablado con gente que hacía mucho tiempo que no veía y eso me gusta. También me he encontrado con M., cogiendo el tren, y nos hemos ido a la universidad juntas. La envidio muchísimo porque me gustaría tener ya la carrera acabada como ella la tiene […]

Woman is the nigger of the world (Lennon lo expresó mejor que nadie)



Una de las mejores letras de la historia:

Woman is the nigger of the world
Yes she is...think about it
Woman is the nigger of the world
Think about it...do something about it

We make her paint her face and dance
If she won’t be slave, we say that she don’t love us
If she’s real, we say she’s trying to be a man
While putting her down we pretend that she is above us

Woman is the nigger of the world...yes she is
If you don’t belive me take a look to the one you’re with
Woman is the slaves of the slaves
Ah yeah...better screem about it

We make her bear and raise our children
And then we leave her flat for being a fat old mother then
We tell her home is the only place she would be
Then we complain that she’s too unworldly to be our friend

Woman is the nigger of the world...yes she is
If you don’t belive me take a look to the one you’re with
Woman is the slaves of the slaves
Yeah (think about it)

We insult her everyday on TV
And wonder why she has no guts or confidence
When she’s young we kill her will to be free
While telling her not to be so smart we put her down for being so dumb

Woman is the nigger of the world...yes she is
If you don’t belive me take a look to the one you’re with
Woman is the slaves of the slaves
Yes she is...if you belive me, you better screem about it.

We make her paint her face and dance
We make her paint her face and dance
We make her paint her face and dance


Y aquí está la versión oficial (la del vídeo es en concierto)

Cada día hago 8,4 kilómetros en bicicleta, quiero convertirme en superheroína de cómic rubia y veloz



(Maldito el día en que alguien lanzó mi Autocross a la basura)

A veces acudo al Cash Converter de mi antiguo barrio a deshacerme de objetos inútiles que, ni me sirvieron en el pasado, ni me ayudarán en el futuro. Cojo número y me siento si hay sitio libre, claro. Suelo ver a un tipo que viste siempre igual: un traje azul marino roído y unos zapatos desgastados de color que debió de ser marrón en otra época. Siempre se deshace de joyas: un día es un reloj; otro, una pulsera; hoy, un anillo.

Jamás sonríe y apenas habla, se muestra inquieto como si alguien lo estuviera vigilando. Su prisa, me atrevería a afirmar, es crónica.

Del Cash Converter salgo con apenas diez euros y la sensación de que hoy en día es muy sencillo abandonar lo que ya no te importa. Lo vendes, lo regalas, lo tiras, o le das una patada.

Tan fácil que asusta.

Cuánta gente tendrá frío mientras yo recuerdo lo mejor que puedo, que siempre es a trompicones y en pijama de rayas



La veía cada mañana a las 7:20 más o menos. Llevaba el pelo teñido de azul y yo la bauticé imaginariamente Clementine, en honor al personaje de Eternal Sunshine of the Spotless Mind.

Me daba el 20 minutos y se quedaba el frío. Yo me iba a trabajar y ella rezaba por irse a casa. En realidad, encontrarnos era un ritual más.

Desayunar a una hora concreta, vestirse siguiendo un orden, pintarse los ojos de color negro. Rituales. Y por aquella época yo solía sentarme en cualquier barra de cualquier bar a tomarme un cortado y un pitillo antes de trabajar. Ahora sé que lo hacía sólo para pensar en mí unos minutos, los únicos que tenía para estar sola.

Mi antiguo trabajo me desgastaba los huesos y las palabras. Aunque a veces pienso que tenía algo bueno: trabajaba tantas horas que nunca me permitía el lujo de cansarme ni de arrastrar las sílabas por la calle.

Un día fui a coger el tren y Clementine no estaba. Nunca la volví a ver en aquella estación. Ahora, cada vez que cojo un tren temprano, la recuerdo y me pregunto si aún tendrá frío. Mi venganza consiste desde entonces en rechazar todos los diarios gratuitos que me ofrecen unas manos que no son las suyas.

If...



Hace unos días me encontré con mi segundo novio, un chico que hace quince años vestía de negro, llevaba patillas y me presentó a los Pixies. Ahora está calvo, lleva americana y, en lugar de apuntarte su número de móvil en la mano o en un papelucho, rebusca en su cartera de piel una tarjeta del trabajo.

Si me hubiera quedado con él, ahora seríamos profesores en alguna universidad del extranjero, posiblemente dando clases de español a adultos enamorados de la paella, las sevillanas y Dalí. O no.

Volveremos a quedar y no sabré cómo explicarle que no me he casado, que no tengo hijos ni chuchos, que odio muchas cosas que la gente corriente adora y que tengo fobia al mar y a las pesadillas basadas en hechos reales. Que no me creo ni más ni menos pero que adoro los cuentos que me invento para levantarme cada día y borrar los lunes lo mejor que puedo.

A veces no soy tan mal cocinera.

Te lo debía



¿Qué sucede cuando te mueres de repente?

¿Quién se hace cargo de tu cuenta de Gmail? ¿Qué deben de pensar tus contactos lejanos al notar que ya no te conectas al chat? ¿Qué será de tu blog sin actualizar? ¿Te echará de menos la chica de la panadería? ¿Qué sentirá el chico de la revisión anual de la caldera cuando llame a tu casa y nadie le conteste? ¿Y tu dentista cuando nadie haya acudido a la cita del jueves a las 19:30 h? ¿Quién te sustituirá en el trabajo? ¿Quién herederá tus libretas negras?

He escrito tu nombre en Facebook. Estás allí. Como una planta que lucha contra la falta de agua y de vitaminas. Una planta a la sombra. Sigues en esa pequeña parcela virtual, tan sólo se pueden ver un par de fotos tuyas de perfil, tomadas por ti mismo ya que tu brazo estirado hacia el objetivo así lo denota.

Hacía diecisiete años que no sabía nada de ti. Me he puesto a llorar como una imbécil porque seguías siendo –sigues siendo, maldita sea, en mi memoria tú no te vas a morir nunca, tú no te vas a morir nunca- el chico guapo, culto y distinguido de la Facultad.

A veces pensaba en ti. En dónde estarías. De qué trabajarías. Con quién compartirías tu casa y tu cama. Qué ilusa. Debería haberte escrito una carta. Una de esas epístolas románticas y torturadas en las que se agradece a alguien su labor didáctica realizada en el pasado.

Por supuesto, no lo hice.

Ahora me apeno sola mirando tu foto. Cuatro meses después de esa foto morías de una manera preciosa pero absurda. Joven. Parecías feliz con barba de un día.

Hasta siempre, profesor.

Quien no tiene una canción secreta no tiene alma (yo jamás, jamás, jamás, revelaré cuál es la mía)



Esta noche tan sólo tengo una banda sonora rondándome. Las cosas no son blandas o duras, sino frágiles o indestructibles.

Han cambiado la hora pero yo sigo comportándome como antes. Tomo el autobús a las cinco de la tarde, llego sobre las cinco y media -pasadas, casi siempre- y bajo con las gafas de sol puestas a comprar provisiones: jamón, lechuga, tomates y leche.

Me cabrea mucho que alguien desconocido me mire de arriba a abajo.

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Desconecto. Me imagino tendiendo la ropa en un terrao andaluz. Como los de mi infancia inventada, claro. Al lado de mi madre inglesa, más inglesa aún en una tierra de eses devoradas.

Al final me tengo que despertar a mí misma. Lo he vuelto a hacer y me arrepiento. Pasar la línea y esconderte luego para que no te copien las huellas dactilares.

Conecto unos minutos antes de irme a la cama y tomo conciencia de lo relevantes que pueden ser algunas frases en la vida. Una escritorcilla, una dependienta, una camarerucha. Conecto más fuerte aún.

Sigo insegura. Qué humana. Qué Dorian Gray a pesar de todo.

Las preguntas de difícil respuesta son las que más me inquietan



Me pregunto si la búsqueda de la pasión sería un buen tema para una novela. En eso ando estos días. De nuevo vuelvo a tener demasiadas listas en la cabeza y pocos euros en la cuenta. Sobreviviendo, que es lo que importa.

Esta tarde pensaba en lo que me gustaría poder ir a trabajar con traje y corbata. Si pudiera, llevaría una camisa impecable, con gemelos plateados y sombrero. Los zapatos limpísimos, por supuesto, así como el nudo de la corbata, que sería perfecto.

Tal vez el tema adecuado no sea la búsqueda de la pasión sino la búsqueda de la estética.

Me pierde.

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