Lo que siempre quise hacer pero la tecnología no me lo permitía



Estoy creando una especie de antología de todas las canciones que en alguno de estos seis años de vida del blog han ido apareciendo por los escritos. La lista es pública y la iré ampliando día a día, conforme me vaya acordando de los temas. Se puede acceder desde este enlace:


Antología sonora de Narraciones


O bien desde el link que aparece en el menú de la derecha del blog.

Bueno, es otra tontería más pero como para mí las bandas sonoras son importantísimas pues me apetecía compartirlo. Si alguien no tiene Spotify aún es facilísimo, tan sólo hay que crearse una cuenta, es gratis :)

Y no temo a nada más, que me decían



Me pareció tan triste como Roy Orbison,
Tan encerrado como el gigante egoísta,
Tan cursi como las dos líneas anteriores.

Aquel día me escalé el cerebro
Y recuerdo que llevaba los labios
Impregnados de bálsamo rosa.
Me sentía ridícula y torcida.

-Qué fantasmales,
Qué absurdas,
Qué inconexas,
Qué muertas
Son las cosas que nos callamos
Y enterramos bajo la lengua-

Hasta que todo te lleva a recordar
Algunas de las canciones más románticas
De toda tu vida.

No me hacía falta nada,
Ni siquiera ver la luz...

¿Cómo he podido olvidar una de las canciones que más me marcaron?



Te topas con el pasado
Como quien descubre un día
Que la mancha en el rostro
Es de vejez y no de maquillaje.

Y pones la canción en bucle
Una vez tras otra
Hasta que alguien te despierta
De la fantasía estúpida
De creerte en otra ciudad
Con otro nombre.

Comes cacahuetes,
Entras en la tienda nueva Benetton,
Reclamas un recibo cobrado por duplicado
Y buscas en Google el nombre de tu abuela.

La vida.

Y dan las seis y sintonizo a los Stones.

Siete líneas porque si no estuviera resfriada, serían veinte

A las ruinas
No hay que mirarlas
Jamás.

Hay que pasar a su lado
Como si nos filmaran
En el mejor papel
De nuestra vida.

Si adoras a Tom Waits, querido lector, te juro fidelidad eterna



Esos amores típicos de verano que duran lo que una estación. Así fue ella. Una rubia andaluza esbelta y morena. Jamás le confesé mi amor, ni lo deshecho que se me quedó el corazoncillo de cría cuando supe que le gustaba un chico. Nunca imaginó que me pasé el invierno esperando sus cartas.

Veinte años después vuelvo a saber de ella. Su profesión y su cara, que sigue en la misma ciudad y que se acuerda de mí. Que conserva la misma sonrisa.

La vida tiene sentido.

Ha pasado mucho tiempo y me parece extraordinario recobrar ciertos recuerdos. Me encantaría contarle que he llegado hasta aquí junto a alguien que me besa cada noche y cada mañana y que no me importa nada más. Que ahora somos dos y existe una casa con cuadros de Marilyn y de James Dean.

Lo que duró una estación, pero qué intensos son los amores a esa edad.

La mirada más triste



Creo que Clark Gable murió antes del estreno de Vidas rebeldes (1961); y Marilyn Monroe dos años después. Fue su última película completa ya que de Something's Got to Give apenas se conservan treinta y cuatro minutos de rodaje.

Esta noche la he visto por segunda vez en mi vida. Ahora he intentado escribir sobre ella y todo lo que he vuelto a revivir durante esas dos horas. Y no puedo. Siempre me pasa lo mismo al tratar de describir lo bello.

La imagen del potrillo que golpea la pata sobre su madre, que yace en el suelo privada de libertad, es dolorosa. O los tres hombres que se derrumban tras beberse todo el whisky. O ella, más humana que nunca, gritando en medio de la nada.

Qué difícil es entenderlo todo a veces. Qué difícil empezar de nuevo en otro lugar.



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