Los verbos activos vs los pasivos (o la guerra de las pestañas confundidas)



Quiero conseguir una botella
De cristal limpio y transparente
Para utilizarla como catalejo
Las noches que te separes de mí.

Quiero escribirte en el tren
De vuelta
Del trabajo
Que maldigo todos los lunes.

Quiero escaparme de cien hospitales
Porque no creo en las oraciones
Que me obligan a masticar
Después del postre.

Y quiero,
Maldita sea, quiero,
Que me vendes los ojos
Cuando ya no me dejen quererte.


Poemas de la escapada
Lunjak Martol (1974-2008)

Si es que todo es mentira… (o el corto que me hubiera gustado escribir)



Desgasté el vhs en el que tenía grabado este corto. Los milagros de Internet hacen posible que ahora se pueda ver online tantas veces como se quiera. Y desde cualquier país del mundo.

He llevado tres cintas de vídeo antiguas a una tienda para que me las pasen a digital. En ellas aparecen personas a las que ya no puedo ver, ni hablar, ni enfadarme con ellas, ni explicarles qué hago.

No sé si seré capaz de verlas o si, al contrario, las guardaré en un cajón. Pero deseo tenerlas conmigo. Por eso de las cosas que los nietos deberían saber.

Iba a concluir con una conclusión ¿cuál? No acierto a dar con ella.

Soy fan de Doña Ana, ahí es nada



Querida Paola,

El ocio se me acaba. Adiós a las horas muertas contando mis propias letras y espiando a las vecinas. Es hora de recoger y de hacer la maleta poniendo separada la ropa limpia.

Me siento como una adolescente perezosa que no ha hecho los deberes de verano y que tiembla ante los exámenes de recuperación de septiembre. ¿Y qué? Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde, como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante,... que diría Jaime (si no me falla la memoria).

Pues lo dicho. Que somos jóvenes. Que se me acaba la conexión a Internet y no tengo más saldo y tampoco más días.

Este no es un post de reflexión ni nada que se le asemeje. Es un escrito en plan "sigo adelante" porque me siento algo nerviosa.

Y motivos tengo...

Tu soldado regresa a casa.

Ni tengo una infancia traumática ni idílica



Infancia de chándal azul marino con rayas blancas a los lados. La emoción en el 88 cuando supimos de las olimpiadas. Escribid un poema sobre los Juegos Olímpicos de 1992, en rima consonante. Y el título pintado con los aros olímpicos y lápices de colores. Que voy a sacar punta. Y te levantabas hasta la papelera para hacer corrillo con el resto que también había ido a sacar punta. Cuatro chismes y de nuevo a tu sitio.

En la hora dedicada a biblioteca cada uno aportaba un libro de los de Barco de Vapor. Aún no nos obligaban a comprarlos en catalán, cada uno leía en la lengua que le daba la gana. Te leías el tuyo y después ibas leyendo el del resto de compañeros de clase. Estaban los de la serie roja, naranja y azul. Los de la roja eran los de los más “avanzados” y, el resto, era más “fácil de leer”. El tuyo era de la serie roja porque eras de las que sacaban buenas notas y escribías sin faltas. En aquella clase había cuatro o cinco sólo de la serie roja así que cuando te los habías leído todos ya no te quedaba más remedio que leer los del resto de series. A ti te gustaban todos.

Elegiste para comprar uno que se titulaba El maestro y el robot, aún está en la estantería de las lecturas infantiles. Creo que era algo así como ciencia ficción rural, me impactó mucho.

Luego te caías en el patio y el chándal azul marino con rayas blancas a los lados se destrozaba por las rodillas. Tu madre le cosía rodilleras porque el chándal aún estaba nuevo para desecharlo. Te ponían mercromina cuando no estaba prohibida y enseguida salían las costras –como las que tienes ahora en el pie-, que parecían montañas diminutas. Las costras no se arrancan, recuerda, porque te quedará la marca para siempre.

A escondidas, te las arrancabas. Si había suerte, no salía nada de sangre; si no, de nuevo el proceso.

La marca, eso sí, perdura para toda la vida. Las madres no mentían.

Pequeña anotación para adelantar el tiempo



Quiero volver y que veamos juntas Orfeo negro con una cerveza y un pitillo.

Ése es mi mayor deseo ahora mismo.

La joven hikikomori



Pasé mucho tiempo obsesionada con esta canción y su videoclip.

Blanco.
Tiempo blanco.
Sábanas blancas.
Refugio blanco.

La joven hikikomori
Mira su piel blanca
Y la ventana
Se cierra sola.

Japón no es el mundo,
Es una tierra
Separada por océano
Aislado.

No hay silencio
Ni amigos,
No entran
Lluvias ni rayos.

Hoy es ocho
De septiembre,
Lo ve en el calendario
Que cuelga de su pared blanca.

La última vez que salió
Era ocho de marzo,
Una amiga la paró en la calle
Y tomaron una Coca Cola.

Anotación desde un teclado diminuto limpio de pasado

Llevo una semana aquí. Esta noche he mirado las fotos que tengo guardadas en el móvil, no recordaba ésta. Tiene un azul difícil de captar, menos aún si no eres hábil con la fotografía.

Ha llegado septiembre y me ha vuelto a pillar desprevenida con las tareas a medio hacer y el pelo sin cortar. ¿Recuerdas que te comenté que quería hacerme rastas? Ya no sé si quiero, pienso en el mantenimiento y todo eso. Creo que me voy a echar atrás. Se quedan los rizos.

Esta noche he cocinado guacamole en tu honor. Me ha quedado muy bueno a pesar de que he olvidado añadirle un chorrito de aceite. Con un solo aguacate porque era para una sola persona. Uno solo para una sola.

He tratado de no estar triste y lo cierto es que lo he conseguido pero siempre hay una noche en la que te derrumbas. Si esta situación se prolongara no sé qué haría.

Me parece recordar -como siempre mezclo temas sin ton ni son- que para "Ana Karenina" filmaron dos finales diferentes y que cada distribuidor o sala elegía el que más le interesaba para exhibirlo ante el público. Para que luego digan que la interactividad es un concepto moderno, ya, no es lo mismo, ya me entiendo.

Una película dura, Greta Garbo tan cerca de la belleza perfecta, un domingo. Uniendo estas palabras no me ha salido nada mejor.

Hoy he ido a misa. Voy una vez al año a pesar de ser bastante atea, cosas de la vida. He pensado en ti y he tratado de rezarte algo original y sentido. No me salía apenas nada más que dos o tres frases en las que me he quitado el sombrero, he lanzado el pitillo y me he puesto a tus pies.

La ofrenda está en mi pensamiento.

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