Cuatro



Cuatro eran los Beatles. Y cuatro siguen siendo.

Y se cae la noche.
Y la agenda se me llena de papelillos rojos.
Una página arrugada y un poco de Cune en la copa.
Que beber tinto un jueves por la noche tiene
Algo de gesto rebelde.

Quería escribir un rezo nocturno,
Un sortilegio,
Una oración invisible.
Para que nunca se termine.

Y aquí lo dejo.

Ni rezo,
Ni sortilegio,
Ni oración.

Creo que basta con mi ropa interior
Y sentir
Que esta historia no se parece
A ninguna de las que había imaginado.

Por ser el día que es, que lo merece todo.

Cuatro eran los Beatles. Y cuatro siguen siendo.


Los vecinos siguen haciendo obras sólo en sábado



En el desayuno, me he vuelto a hacer la pregunta recurrente. Cómo me imagino dentro de diez años. Nunca se me ocurre nada. Nunca sé qué responder. Creo que llevo haciéndome la misma pregunta desde que era una adolescente. Una cosa es preguntar "¿cómo te imaginas?" y otra bien diferente el "¿cómo quisieras estar?". La segunda cuestión la tengo clarísima -como la mayoría, supongo-, pero es en la primera en la que me quedo en blanco.

No debería darle más vueltas al asunto, lo sé. Al fin y al cabo, todo es tan relativo y tan subjetivo...

Por ejemplo, en la báscula de casa de mi madre peso dos kilos menos que en la de mi casa. Lo cual me hace pensar que paso de hacer dieta, que la tragedia es mínima.

Busco más casos de relatividad pero no se me ocurren.

Tal vez, trabajar en sábado no sea bueno para la salud. O lo que pasa simplemente es que me cuesta horrores saber si una analepsis es interna, externa o mixta (por no añadir lo de heterodiégetica, homodiegética, etc.)

A ver si va a ser que llevo demasiado tiempo sin ejercer de filóloga... Como detective he pasado muchos meses y ahora, que me llegan los casos a cuentagotas, me siento algo desubicada.

Vuelvo a sentir que la libertad que se tiene en el blog no se tiene en ningún otro lado. Al menos eso es lo que notamos los que escribimos como salvajes, sin quitar comas, sin añadir puntos y sin retocar verbos.

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Ella está en la otra habitación. Silencio. De vez en cuando encendemos un cigarrillo y el aroma vuela de un espacio a otro. Noto cuando fuma. Nota cuando fumo. Y también cuando escribe en el ordenador. Su teclado es más ruidoso. El mío es algo más brusco. Más de un mes.

Que el tiempo no nos cambie -algo así aparecía en un poema de Gil de Biedma, no recuerdo cuál-, que me siga emocionando su presencia súbita a mi lado como si fuera el primer encuentro.

Leed "L'illa de l'última veritat", os lo ruego



La noche ha sido rara. Apenas he dormido cuatro horas y me encuentro en ese estado hipnótico en el que sientes ganas de meterte en la cama pero, al mismo tiempo, estás más activa de lo normal.

Al igual que el sábado pasado, el vecino sigue haciendo obras y es imposible dormir o pensar con coherencia.

Se me ocurre que podría recomendar un libro y explicar una pequeña historia. El libro es L'illa de l'última veritat, el último trabajo de Flavia Company. La versión en castellano saldrá de aquí unos meses a la venta así que no hay excusa lingüística para acceder a la lectura. Así da gusto.

No me veo capaz de explicar el argumento de forma que se entienda porque, como he dicho antes, mi cabeza está demasiado espesa. Hay más información en el blog de la autora y en muchos de los enlaces que hay publicados allí.

Hay que leerlo. No defrauda. La historia tiene algo enigmático que sorprende -sobre todo al final- y que cuando doblas la última página te hace respirar hondo y pensar: la vida es esto que veo ante mí pero podría haber sido esto otro que se halla oculto.

No sé si me explico. L'illa de l'última veritat es un libro para releer y para buscar todas las pistas que hay sembradas con esmero por la autora (qué cursi esto último, por dios). Un libro de los buenos, de los que merecen estar en la estantería bien visibles, en el sitio de honor.

Después de su lectura, aún tengo a los dos personajes en mente. Mientras cocino o cuando paso la aspiradora, los imagino a mi lado, observándome y haciéndome preguntas. No me he vuelto chiflada, no. Es que en eso consiste la buena literatura. Como cuando me sentaba al lado de Ana Ozores en misa. Justo igual.

En resumen, hay que leerlo. No se puede dejar escapar.

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Y ahora la pequeña historia. De cómo conocí la obra de Flavia Company.

Y voy a resumir muchísimo porque creo que lo pesado, si breve, se hace menos pesado.

Estaba en la universidad, no recuerdo el curso porque en aquella época te matriculabas de las asignaturas sin ton ni son, mezclando niveles, solapando clases y demás barbaridades que ahora serían impensables con Bolonia. Alguien me ofreció -como quien te da el primer pitillo o la primera cerveza- Dame placer, una novela de una tal Flavia Company. Se me olvidó decir que yo estaba pasando por uno de los peores momentos amorosos de mi vida. Cierro el inciso.

Acabo de caer en la cuenta de que la chica que me lo recomendó me gustaba, claro, por eso supongo que me lo compré. La fuente era muy fiable.

Mientras, en clase, los hermanos Blecua, Carme Riera y tantos otros nos hablaban de cosas que nos hacían olvidar nuestros nombres y las horas de insomnio rezando a quien no debíamos rezar. Desayunábamos tan sólo un café con leche y un pitillo. Cuando aún se podía fumar en el bar de Letras.

Creo que leí Dame placer en estado de éxtasis. Creo que tuve fiebre. Que perdí la noción del tiempo. Que encontré el sentido a estar enferma de amor. Porque yo por aquel entonces tenía el mal medieval, sin duda (me hice fanática de la literatura medieval, pero eso es otro tema).

Nunca en mi vida he subrayado más otro libro. Ni siquiera Carol. Creo que ni El Quijote. Y lo asombroso es que no lo he releído jamás pero que, curiosamente, puedo recordar muchas de las sentencias que subrayé.

Si alguien me hubiese hecho la pregunta, Dame placer es el libro que yo hubiera deseado escribir.

Tras Dame placer vendrían otros, era de esperar. No me pondré a hablar de ellos porque sería alargar el post como quien alarga un chicle en la boca demasiado tiempo. Además, mejor que cada uno descubra lo que tenga que descubrir o lo que su azar personal le depare.

Como novela especial, por ejemplo, tengo muy presente siempre La mitad sombría. Es un texto hipnótico y extraño. Me gusta con locura y hay un personaje en concreto que me parece alucinante. La pianista que se transforma en alguien totalmente diferente de quien era en un principio. Laura Jáuregui, que un día tocó sin partitura y la vida le dio un vuelco. Una novela tremendamente buena. Pero había prometido que no me iba a extender más al respecto.

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Y aquí acaba la historia. Lo mejor de todo es que aún me quedan muchas obras por leer de ella y que están por casa, pululando de un lado a otro, como con vida propia, haciéndose un hueco en pequeños rincones.

Alguna vez he comentado que tenemos pequeños dioses -mi chica y yo- que nos protegen tanto del tedio como del dolor, como de los malos invisibles. Uno es Elvis, siempre a punto para echarnos un cable. Esta mañana me he dado cuenta de que ella es otro de nuestros pequeños dioses, y no porque la veamos sobrehumana, ni mucho menos, sino porque siempre está cerca, real y transparente. No nos referimos a ella como Flavia Company sino como Flavia, a secas.

Tenemos suerte de que escriba. De que exista y de que presente libros cerca de donde vivimos. Si viviéramos en Laponia no podríamos acudir a la cita.

Ojalá no deje nunca de escribir novelas, cuentos o lo que sea. Y ojalá mantenga su honradez, su sinceridad y ese estar cerca de los lectores. Eso, no tiene precio.

Deberíamos ser capaces de tocar sin partitura.

De cuando LW no era madre, no estaba con el odioso JD y enloquecíamos por ella

video

Be that easy, de Sade. No suena mal. Otra a la que perdí la pista en 1988. Otra mañana resolviendo burocracias varias frente al ordenador. La suerte que tengo es que hay una ventana a mi derecha y un cuadro de Marilyn a mi izquierda. Siempre tuve la mirada muy estética, qué le vamos a hacer.

El mundo no está montado para los serios. Ni para los que no saben ser falsos, ni para los que no resultan simpáticos. Adivinaron: soy seria, nada falsa y la simpatía... digamos que tampoco es mi fuerte.


Por eso te caen tan pocos casos, Blenk, justo por eso.


A veces te confunden la timidez con la sinceridad. Una persona puede no ser tímida pero pasar de hablar, o de mantener conversaciones absurdas. O simplemente de abrir la boca. No soporto a la gente que habla por los codos sin conocerte de nada. Por eso me caen tan pocos casos, rubia, por eso.


Recibo un correo de una cría a la que su madre no deja conectarse a la última tontería de Google, ese tal Buzz. Le he dicho que no se pierde nada, que ahí sólo estamos los que vamos soltando pistas y saltando por ellas como funambulistas invisibles.

La cría ha resultado ser mi sobrina. Qué pequeña. Qué sola. Qué sobrina más sola tengo. Me consuela chatear con ella sabiendo que está a tantísimos kilómetros.

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Abro el archivador y procedo a triturar algunos casos que han prescrito. Sigue el viento y esta tarde iré a comprar una cafetera. Esta última frase es de esas que relees y te parece enigmática:


Sigue el viento y esta tarde iré a comprar una cafetera.


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No soy más feliz desde que soy coordinadora de algo. No es que creyera en ello pero tal vez tenía un pequeño poso de ilusión.

Vivir sin un contrato es como ir a caballo a los sitios en lugar de utilizar el coche. Tardas mucho más de lo normal, los charcos te ensucian la ropa y eres responsable de lo que le suceda a tu caballo.

Vuelvo a ser una pianista imaginaria



(Aquí la versión original, con un piano y una instrumentación que te desmontan el alma)

Me he pasado la mañana haciendo de pianista imaginaria. Esta vez sí, con un piano de verdad, con las manos reales y la voz del acento de ningún lugar.

If I was a Londoner, rich with complaint
Would you take me back to your house
Which is sainted with lust and the listless shade
If I could have held you once more with that light
It's nothing to you, but it keeps me alive
Like a Valentine's Day, it's a Valentine's heart, anyway

The king and the ages, they fall by the plan
It's always the tired and the ordinary man
(It's the) challenge it's funny and such
I want to see you again
I want to see you again
It's so simple and plain
But I'll come back and see you again

The lie is the angel, it doesn't exist
I tell you it's funny but you like just to twist all my words
It's a shame you're so young
My word, it's a shame I'm so dumb
I figure a house with the smoke and the fence
The people round here would be pleased
Take my word on this

I would believe just in you, just believe in you
And five days to catch me around with my ring
As I visit the friendships which meant everything to the girl
With the clown's face, to the girl with the clowns face, round here.


En 1988 yo tenía 14 años; la cantante, 19. Siempre creí que era mayor. Me gusta la gente que canta con los ojos cerrados y el flequillo ocultando las sílabas.

Ojalá pudiera pasar la noche en vela, escuchando a Wagner



Tristan und Isolde tiene como punto de partida un poema medieval de Gottfried von Strasburg (hacia 1210), sobre una leyenda de orígen celta, que narra los trágicos amores de Tristany e Iseo. Se estrenó en 1865 en el Teatro de la Corte de Munich. Wagner hizo de Tristan und Isolde la expresión más poderosa de la pasión amorosa que se afirma, incontenible, a despecho de la propia voluntad, de las normas morales y de las leyes divinas, y que sólo halla en la muerte su cumplimiento. Utilizó una música nueva, al límite de la tonalidad, de un cromatismo exasperado, punto sin retorno en la ópera romántica y punto de partida de la música de nuestro tiempo.

(Texto extraído de la página del Gran Teatro del Liceo, la traducción del catalán es mía así que recomiendo que quien lea catalán lo haga en el texto original)

Cinco horas de ópera. Tres actos y una lágrima al final, tan sólo una, como la del llanto romántico (aquí me viene a la memoria el espléndido artículo del maestro Russell P. Sebold, ¿por qué sigo recordándolo a pesar del tiempo y de mi memoria siempre tan indisciplinada?). Isolde se muere ante nosotros en su "Mild und leise wie er lächelt". Y ahí asoma la lágrima romántica (a este momento se le denomina -si no me equivoco- la muerte de amor o Liebestod).

En el fluctuante torrente,
en la resonancia armoniosa,
en el infinito hálito
del alma universal,
en el gran Todo...
perderse, sumergirse...
sin conciencia...
¡supremo deleite!


Los preludios tienen algo mágico, misterioso, inquietante, doloroso, como cuando no sabes si estás dormido o despierto y dudas de todo lo que te rodea, de todos los ruidos a tu alrededor... El preludio del acto I y el del acto III son puro éxtasis.

Mi chica morena a mi lado. Besos custodiados bajo llave. Miradas de reojo compartiendo la lágrima romántica, aún sin saberlo. Un palco bello como el XIX imaginado.

La historia ya me atacó cuando tenía unos 14 o 15 años, no recuerdo. Y ayer, en el Liceo, volvió a morderme la garganta y los pensamientos. Me empapé bien del libreto (aquí en castellano) la mañana del domingo, sabiendo que tenía tareas más urgentes que realizar pero...

Así que me he quedado medio muda y medio rubia pensando en Iseo la Brunda...

Para quien lo use, en Spotify hay tres versiones de esta ópera (la de 1973 suena exquisitamente antigua, como si de un vinilo se tratara)

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Y para compensar tras tantos sentimientos decimonónicos... admito en público que soy una devota del blog The Sartorialist (lo siento, me chifla, unos días más y otros menos)

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