Los de arriba están haciendo obras y tengo la cabeza metida dentro de una olla para no oír los golpes



Mi estrategia de mudanza consiste en llevarme cada día una bolsa llena de libros de casa de mi madre. A mi nuevo hogar, se entiende. De ese modo, evito tener que transportar cajas enteras y, de paso, también evito el vacío progresivo de la librería. Ayer me traje los que me faltaban de Cátedra Letras Hispánicas (los negros, tan bonitos...) y también una colección a la que tengo mucho cariño porque de ahí conocí a Gil de Biedma, a Costafreda y a otros tantos: la colección Los Poetas, de la editorial Júcar. Por cierto, qué inspirada la historia de esta editorial...

Ahora la duda se plantea entre ordenar alfabéticamente o por colecciones. Si elegimos la estética o lo práctico. Ummm...

(El primer verso lo robo de un comentario que dejó Izaskun porque me pareció lo más bello que he leído en meses, soy así de exagerada)



Me encontré a tu madre ayer en misa,
Me senté a su lado y, casi sin respirar,
Le pregunté por los geranios y los limoneros
De tu abuela.

Y casi sin respirar también
Me atreví a preguntarle
Si te podía invitar de mi parte
A la comida de final del invierno
Que hará mi madre en casa de mis tíos,
Ya sabes,
Los que se volvieron de la capital
Porque les falló el negocio,
Aquella especie de sueño americano
De ferretería de lujo en un barrio
En el que la gente es tan sencilla
Que aún te da los buenos días por las mañanas.

Durante la misa cerré los ojos
Y tu madre rezaba con una voz
Rubia
Y suave.

Pensaba en que algún día
Tendría una casa para ti y para mí
Con ventanas marrones
Y vistas de una Lisboa de mentira.

Me levantaría temprano
Para recoger todo el frío de la casa
Y que tus pies nunca temblaran.

Cocinaría los fines de semana
Para recuperar todas las comidas
Que nos hubiéramos perdido
Durante la semana.

Nos reiríamos de los que se pierden la vida,
De los que no saben traducir latín,
De los que ven esas series estúpidas
Y duermen más de ocho horas seguidas.

Imaginaba
Nuestra casa
En un primer piso porque odio los ascensores.

Imaginaba
Dormir al lado de un póster de James Dean
Y otro de Marilyn en el comedor.

Imaginaba nuestras noches
Cenando bikinis bajo la lluvia
Y leyendo a Flavia.

Abrí los ojos,
La misa terminaba
Y tu madre hacía la cola para comulgar.

Salí de la iglesia
Y te escribí todo esto
Mientras escuchaba esta canción.

Mi rubia preferida, tal vez



Las piñas del Monte estaban de oferta: dos por tres euros. Baratísimas, sobre todo teniendo en cuenta que eran las auténticas del Monte. He comprado atún en escabeche a granel, algo más de cien gramos, a muy buen precio también. El trozo tiene más cantidad que el que te viene en una lata de atún corriente, sin duda. Muy bueno, en casa lo he probado en plan tapa. Algunas patatas y pan.

Estoy descubriendo que me encanta la vida de ama de casa. Si te dedicas a esto no te aburres, eso está claro. Entre limpiar, comprar y cocinar se te va el día.

A muchos les debo parecer una simple. Pero para alguien que ha estado no sé cuántos años de su vida trabajando unas diez horas diarias de lunes a sábado, esto supone una etapa nueva de descanso que es alucinante.

Un post de relleno, nada reseñable en el día de hoy.

Mejor un monólogo antes que un soliloquio (si yo fuera un chico, me gustaría tener el físico de James Dean)



Si te sudan las manos, señal de que algo va mal. En mi caso se trata de nervios y malestar. El dolor que produce comprobar eso de que "la felicidad nunca es completa" es tan inquietante como que te salga podrida la última pipa de la bolsa o que se te destroce una nuez entre los dedos por exceso de fuerza.

A veces me da por pensar que si eres algo feliz, si consigues aquello que tanto anhelabas, ocurrirá algo que te lo fastidiará, irremediablemente. Una especie de multa, una penalización, un deseo manchado de negro, un virus informático destrozándolo todo. Un castigo porque las cosas te han ido bien.

Y tú en el centro de la diana. Con los ojos cerrados y el pecho descubierto. Esperando que la flecha acierte o que se pierda en otra persona. En un gesto de valentía abres los ojos y rezas: la felicidad no debe ser esto, algo que me sube arriba y me suelta encima de un precipicio desierto. Es cruel y gratuito.

Rebobinas tus frases, las analizas. Todo limpio, todo en orden. Visualizas tus gestos, los analizas. Nada que anotar, todo es correcto. ¿Dónde se halla, pues, ese punto en el que se produjo el error? ¿Dónde la equivocación? ¿Dónde el traspiés?

Y no hay nada.

Llegar a casa y verla a ella. Saber que es lo único que te salva y te levanta para que no pises el barro.

Esta tarde me encantaría beberme alguna copa de más y fumarme medio paquete de cigarrillos. Pero se me dobla el alma porque además de haber dejado de fumar -decisión propia, sin ningún trauma-, he reducido la ingesta de alcohol de una manera increíble.

Tengo ganas de pasear bajo el frío.

La gente tiene la creencia de que trasladar un piano es como trasladar un elefante

Esta es la primera noche que su piano duerme en casa. Siempre imaginé este momento y ahora que lo tengo aquí, tan cerca, no sé qué decir. Escribo mientras ella ensaya una pieza del XIX. Veo el reflejo de su rostro en el piano. Su sonrisa. Y justo ahora, a las 20:14, tengo la certeza de que jamás veré nada tan bello como eso.

Mi última noche (Tarantino siempre tiene un gusto musical exquisito)



Estoy nerviosa como una novia en su noche de bodas. La comparación puede parecer absurda pero yo sé de qué hablo.

Empiezo el año como coordinadora de algo y eso es relevante para mi situación laboral. Me repito a mí misma que debe ser importante así que voy a apuntar en una lista todas y cada una de las tareas que realizaré como coordinadora de algo. Para que no se me olvide ninguna. Siempre he sido muy organizada, en eso no he cambiado en absoluto.

No obstante, siento que es más decisivo que mañana vaya a recoger a mis sobrinos al colegio y que les lleve a cada uno un paraguas para que no les cale la lluvia. Y que, de vuelta a casa, nos paremos en una panadería a comprar donuts de chocolate, porque los viernes es un día especial y se pueden comer cosas de ese estilo.

Pero si esta noche estoy nerviosa no es por eso, ni por ser coordinadora de algo ni por mis sobrinos. Se debe a que me siento como una novia en el preludio a su noche de bodas.

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