La atracción de lo escabroso



Reconozco que desde el inicio me ha dado mucha rabia el fenómeno Millenium, sería largo y aburrido explicar aquí y ahora los motivos. Un apunte: hace mucho tiempo viajaba en tren y vi a una pija que leía un tocho, me llamó la atención el título: Los hombres que no amaban a las mujeres. Pensé que era una novela gay -lo cierto es que me extrañó un poco que la tipa leyera ese género- pero no retuve la información hasta que al cabo del tiempo oí hablar de la obra, que ya se había convertido en bestseller.

No he leído la novela pero ayer vi la película, la correspondiente a la primera parte de la saga. Creo que es una buena obra (la del cine, no puedo opinar de la novela), que hay detrás un buen guión y una trama que te mantiene intrigada. No obstante, para mí no será un clásico jamás (aquí, lo reconozco, me estoy pasando de lista). Léase lo que escribió en su día el genial Italo Calvino al respecto (no tengo tiempo de buscar ese maravilloso artículo pero seguro que está en Internet, como todo)

Y éste es el momento en el que lanzo la reflexión que me vino a la mente ayer, al ver los títulos de crédito. Me parece escalofriante -sí, escalofriante- que una de las novelas más leídas y más vendidas y más todo de los últimos tiempos trate ciertos temas que son para poner los pelos de punta del más chungo. Y no, no voy de cateta remilgada ni de la típica que se horroriza ante crímenes, masacres, violaciones y torturas. No se trata de eso.

Lo único que me llama la atención es que una novela que tiene un argumento tan terrible y escabroso esté consiguiendo ese éxito. Igual mi reflexión es absurda pero a mí me pone los pelos de punta, repito, que todo el mundo esté como loco con esa novela.

PD: No tengo tiempo de hablar de la protagonista que empieza siendo lesbiana y acaba hetero porque me voy al cine pero ahí queda eso.

Un martes que pasa sin pena ni gloria


Una cuarta parte de los lectores de este blog son mexicanos así que el post de hoy es de agradecimiento hacia ellos. No sé si llegan de casualidad o si son lectores habituales pero, de todas formas, lo agradezco.

A la niña de rojo ya no la ves

En un chasquido de dedos se puede comprender todo.

Este mediodía veía las noticias en la cadena de las Islas Baleares, buscaban entre los trozos de edificio...

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Desde que he dejado de fumar me llegan menos casos por resolver al despacho. ¿Soy peor detective por eso, acaso?

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Las riendas.
Omega es una canción hipnótica
Difícil de soportar con
Los ojos abiertos.
Me duele el cuello
De un dolor intenso
Y azul marino.
No siempre se descorcha cava
A veces se tapan botellas de agua.

Hoy, por fin, he sido gigante, por fin, por fin, por fin



(Siempre he tenido el corazón de teddy girl, desde que iba al cole y me pirraba por Wanda Jackson)


Quiero casarme contigo y que en nuestra boda suene Those magic changes. Y que bailemos genial -un baile agarrao, como debe ser- y que todos nos miren orgullosos.

Hoy, por fin, he hecho algo de lo que me siento orgullosa.

Me apetecía contarlo, aunque sea breve.

Diseño nuevo, vida nueva y a ver si puedo ser gigante de una vez



(¿A dónde van los astronautas tristes?)

Cambiar el diseño como quien se cambia un traje. Es domingo y me gustaría ser pequeña, que mi madre me peinara las coletas y que me llevara a misa de las doce. Sonreír sin que me cueste demasiado y atreverme a enseñar las fotos de las que me siento más orgullosa.

Me vuelve la canción como un pálpito en el pecho y en la garganta.

El interlocutor es lo que te hace levantarte, admirarte y salir corriendo a pintarte los ojos



He salido de casa a las 7:10 AM porque el bus pasa a las 7:15 y si lo pierdo entonces pierdo el tren, y si pierdo el tren, llego tarde al trabajo. El efecto dominó.

Hoy me he puesto las Martin's porque llovía y porque necesitaba recuperar un objeto amado. Y el abrigo azul, porque ella me dijo anoche que me abrigara y que no me pusiera cualquier chaquetucha.

Hay días en los que de repente se te agolpan muchas cosas que habías dejado de lado o que, simplemente, habías olvidado. A mí hoy se me ha venido a la puerta de casa este fragmento de entrevista de Carmen Martín Gaite. Aunque supongo que no ha sido casual del todo. Estaba leyendo a la editora y en uno de sus comentarios se ha dicho algo que me ha incitado a buscar y a buscar. Y he encontrado. Y resulta que el fragmento del vídeo es de Esdepp. Y entonces me ha cuadrado todo.

El interlocutor.

No había sido tan consciente de esto como ahora, a las 00:25 AM. No buscamos novias, ni amigos, ni esposas, ni amantes, ni padres, ni hermanos, ni colegas. Buscamos un interlocutor. Se trata de eso. Si el interlocutor, además, coincide que es tu pareja ya es encontrar el cielo. Si no lo es, pasarán cosas que tal vez es mejor no saberlas.

Me estoy poniendo filósofa, se me va la mente. Cierro y a dormir.

En cuanto publique este post me voy a su lado



Los mentirosos necesitan tener buena memoria. La frase es de Quintiliano. La he visto por ahí.

He cenado un bocata de sobrasada, una ensalada, un kiwi y agua. Llevo más de un mes sin fumar y sin beber. Y no, no estoy enferma. Y no, no es que me lo haya propuesto. Ha surgido así por aquellas cosas de la vida.

Los mentirosos necesitan tener buena memoria. Es ahora, al reparar en ella, cuando me doy cuenta de lo cierta que es esa frase.

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Las palabras comodín son muy peligrosas para la lengua y, por extensión, para los hablantes. Son aquellos términos -sustantivos, adjetivos, verbos e incluso algunas expresiones- que empleamos de manera indiscriminada. Todas aquellas palabras que encajan en cualquier frase o contexto y siempre quedan bien. ¿Cuál es el problema? Pues que no precisan el significado, es decir, que la frase se comprende pero se podría detallar aún más el sentido. Algunos ejemplos (las palabras comodín están marcadas en negrita):

Ese aspecto está poco tratado en el manual.

Pedí una cosa que estaba bien buena.

Voy a hacer mejor el diseño.

Por supuesto, las frases se entienden pero sería preferible redactar algo como:

La discriminación está poco tratada en el manual.

Pedí una paella que estaba bien buena.

Voy a dibujar mejor el diseño.

Si no precisamos, ¿cómo saber a qué nos referimos? En el primer caso podemos estar hablando tanto de "discriminación" como de "crisis económica"; en el segundo, tanto de "paellas" como de "pizzas"; y en el tercero, tanto de "dibujar" como de "trazar".

¿Por qué empleamos tantas palabras comodín? (y me incluyo en la pregunta). Porque es lo más fácil, lo que menos cuesta.

Así en la vida. Nos empapamos de comodines y los empleamos como escudo, como antena, como espada. Para respirar, para engañar, para vestirnos. La salida fácil, sí, pero también la más cómoda.

Y lo complicado es deshacerse de ellos, de los comodines.

Cuando me emociono, suelo escribir muy poquito



Cuando te conocí tenías veintipico y eras una pequeña salvaje.
Ahora, te pasas por los pelos de los treinta, pero sigues siendo una pequeña salvaje.

Creo que no te puedo decir nada mejor que lo que cantó Elvis alguna vez, que nunca caminarás sola.

Y ojalá pueda cumplirlo para ti, si es posible, toda la vida.

El regalo

Las teorías están por inventar y cada vez me gusta más cenar poco por las noches



Escribir por encargo puede ser maravilloso o un infierno. Sólo sé que llevo apenas cuatro páginas en media tarde. Yo, que suelo escribir tan rápido como respiro; yo, que redacto como una salvaje (no me enorgullezco de ello)

Nunca había escrito teatro por encargo. Sólo había actuado, en mi propia casa, gratis.

''El suicidio se evita hablando de él'', dice una experta; y yo me evito hablando del suicidio



Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada 40 segundos una persona se quita la vida en el mundo. En España, en 2002 fueron unas 3.500. La mayoría son jóvenes (entre 15 y 25 años) o muy viejos (a partir de los 75), y entre los primeros es ya la segunda causa de muerte tras los accidentes de tráfico.

Me llega una frase de Carmen Tejedor, tal vez una de las personas que más están haciendo en este país para combatir el suicidio: Quien intenta un suicidio siempre querría vivir de otra manera.

Es para pararse a reflexionar.

Dese mi ignorancia -lo asumo abiertamente- me pregunto cómo es que no se lanzan mensajes para prevenir posibles conductas suicidas entre la población. Yo pensaba que se trataba de episodios aislados, de pocos casos, pero las estadísticas son realmente alarmantes: el suicidio como causa de muerte es la segunda entre las que no son enfermedades, y sólo se ve superada por los accidentes de tráfico.

Se comenta que este tipo de estadísticas e informaciones no se hace público para evitar posibles conductas de imitación. Ellos son los que mandan y los que manejan los datos pero creo que no es la mejor opción, lo mismo me equivoco. Más acertada me parece la opinión de Carmen Tejedor:

Existe la creencia de que hablar del suicidio aumenta el riesgo. Se cree que es contagioso, porque un 90% de la conducta humana se aprende por imitación. Yo pienso que el suicidio se evita hablando de él. ¿Sabe qué es lo que más preocupa a quien ha intentado matarse y se lo han llevado en ambulancia de casa?: Volver a casa. Un vecino con tendencia suicida es mucho más censurado en el barrio que un borracho.


Para reflexionar, sí.

Se pueden consultar las estadísticas del suicidio en España aquí.

Un buen artículo en El País (del 2004 pero actual, lamentablemente)

Entrevista a Carmen Tejedor, gran experta en el tema

Los casos creativos me resultan los más difíciles de resolver




(Qué dioses los Stones. He aquí una de mis preferidas)


Me llaman para resolver un caso. De tipología, creativo. Yo añadiría "marrón" o "mala jugada". Blenk, escriba una historia de diez minutos de duración con los siguientes condicionantes, bla, bla, bla.

Por supuesto, no me pagarán ni un duro (me niego a adecuar algunas frases de este tipo al euro; además, recuerdo desde aquí que siempre estuve en contra de esta moneda).

Y yo qué sé. Y yo qué sé. Y yo qué sé. Si ahora mismo me encerraría dentro de una baraja de cartas, en medio del caballero y de alguna copa.

El último día que fumé fue el 14 de septiembre. Después, tan sólo un pitillo. Tal vez deje de fumar para siempre, o tal vez no. Me ayuda a pensar y a mirarme un poco más las manos.

Y qué sé yo.

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Paola me ha leído una frase de Ray Loriga que le ha recordado a lo que a veces escribo. Me he sentido tan feliz que podría haberme tragado veinte lámparas de pie de veinte comedores, de veinte pisos diferentes. Decía algo así como comencé a correr tanto que cuando pasaba cerca de un colegio los niños temblaban en sus asientos. Lo cito de memoria por lo que seguramente estoy errando en la exactitud. Pero eso ahora mismo es lo que menos me importa.

Editado minutos después: en Internet, si sabes buscar, está todo... he hallado la cita exacta de Loriga: Corría tan deprisa como podía, y podía correr realmente deprisa. Tanto que los niños temblaban en sus asientos cuando pasaba cerca de un colegio.

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