Siempre me quedará Silvio

Ayer volví a la ferretería a reclamar por la copia de la llave que me hicieron la semana pasada. Está defectuosa y no abre. Me hicieron una nueva y regresé a casa a probarla. Tampoco funcionó. Volví a la tienda, algo cansada de tanto camino, y de nuevo retocaron la llave. Aún no la he probado, lo haré mañana.

Siempre me ha fascinado que se pueda hacer copia de una llave cualquiera, será más o menos cara, más o menos sofisticada, pero siempre se puede duplicar.

Debería escribir un cuento. La chica que va de ferretería en ferretería intentando que le hagan una buena copia de la llave de su casa. De ciudad en ciudad. Día tras día. Y tal vez el tiempo iría pasando y ella, poco a poco, se olvidaría de dónde está su casa. No recordaría ni la calle, ni la ciudad, ni los vecinos. De tan ocupada que estuvo persiguiendo esa copia, se olvidó de que había dejado la puerta abierta.

Y un día, alguien vio que aquella casa se había llenado de gente extraña que había llegado desde todos los rincones: sacudían su cama, se comían su fruta, destrozaban sus facturas...

A la chica no le dolió todo aquello puesto que no regresó a su casa jamás. Siguió -en vano- buscando el duplicado de la llave.

Quién fuera Alí Babá
Quién fuera el mítico Simbad
Quién fuera un poderoso sortilegio
Quién fuera encantador

"Y José Tomás paró los relojes del mar"

(Los antitaurinos pueden saltarse el post; el resto, ojalá lo disfrute porque lo he redactado con toda mi emoción, el día después de ver a José Tomás)



Nunca había ido a los toros y ayer fue mi primera vez. En un domingo en el que tal vez sea la última corrida de la Monumental en Barcelona, una tarde en la que “José Tomás paró los relojes del mar”, como ha escrito en su crónica el genial Zabala de la Serna:

Y si muriese el mar que sea en esta arena de Barcelona a los pies de José Tomás. Si quieren degollar la Fiesta, cuánta belleza van a matar. De una sola tacada, pureza, verdad y libertad. Derrochar el talento, los pianos de Larrocha, Alicia, el toreo. El toreo es José Tomás. ¿Por qué os duele tanto? ¿Por qué castigáis el espacio donde el alma vuela como voló ayer en la Monumental? A JT le latió el corazón en las muñecas esta vez. Como la última ola.

Casi 20.000 personas en la plaza, lleno absoluto, ni una entrada disponible. Jamás pensé que sentiría lo que sentí al ver torear a José Tomás. No soy una experta, ni mucho menos, es más, reconozco que no tengo ni idea del arte del toreo pero después de verle a él… hay un antes y un después.

Ese hombre no es humano. Se arrima al toro como quien se arrima a un gato, valiente y elegante, lento y sincero. Ahora comprendo las palabras de la fotógrafa Anya Bartels:

Hace aproximadamente unos doce años vi torear en una plaza de toros a José Tomás. Fue, sin duda ninguna, un momento que marcó mi vida. Hay una antes y un después. La sensación y emoción que me produjo su toreo fue tan profunda e impactante que tuve que seguirle a partir de este momento como aficionada, siempre con la cámara en la mano. […] Desde que José Tomás reapareció el 17 de junio 2007, después de 5 años de haber estado retirado, he seguido prácticamente todas sus faenas y sé que jamás dejaré de seguirle allá donde él toree.

(Ella ha publicado José Tomás. Serenata de un amanecer, un libro impresionante de fotos del torero)

El domingo ella estaba allí, viendo la corrida. Cuando José Tomás dio la vuelta al ruedo, Anya le tiró un pañuelo y él se acercó a a devolvérselo, con dos besos. Me pareció un momento precioso y me sentí afortunada al poder verlo tan cerca.

Qué emocionante el silencio en la plaza, ¿cómo es posible que ni una sola de las casi 20.000 almas se atreva a respirar? Yo no imaginaba que en los toros había tanto respeto, tanto silencio, tanta belleza. Desde luego, ahora puedo afirmar que no te puedes morir sin antes haber visto una corrida de toros. Sobre todo si tienes la suerte de haber asistido a una faena de José Tomás.

Es algo fascinante.

Y nos quieren vender que ir a los toros no es digno de personas civilizadas o cultas. Para mi asombro, la plaza estaba llena de gente de mi edad, de parejas, ¡de un montón de tipas guapas!, de catalanes y catalanas que se expresaban en catalán. Y me entero de que uno de mis poetas preferidos, Pere Gimferrer, ha redactado y firmado su propio manifiesto en defensa de los toros en Barcelona:

Queremos, con ocasión de esta Fira de la Mercé que reunirá a decenas de miles de personas en el histórico coso de Barcelona, hacer un llamamiento a todos los ciudadanos de Catalunya. No sólo a los aficionados, sino a todos sin excepción: taurinos, antitaurinos e indiferentes ante la fiesta de los toros. Queremos recordar a todos los catalanes que con la prohibición de la fiesta de los toros lo que podría ser prohibido es una parte de libertad, es un espacio de libertad lo que todos perderíamos. […] Cada vez que la libertad de alguien se ve negada o limitada, la libertad de todos pierde peso, se debilita, se empequeñece. Queremos recordarlo ante todo a nuestros representantes parlamentarios que han de tomar la decisión: no sólo es la realidad cultural, festiva, tradicional, económica y social de los toros lo que está en juego: es la propia libertad.

Tal vez sea la última vez que se abre la Monumental. Tal vez sea la última vez que hayamos podido sentir latir a José Tomás en Barcelona. Una pena.

Y hoy me apetece volver al gran poeta, y así recordar unos de los versos de la elegía más estremecedora de la literatura española (y universal, me atrevo a escribir):

No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.

"Urtain, eres tan fuerte que con tus manos podrías matar"



La obra de teatro se llama Urtain y se puede ver en Barcelona, en el teatre Romea (c/ Hospital, 51). A mí me parece una de las mejores obras que visto nunca. Aún estoy emocionada.

Repasa la vida del boxeador José Manuel Ibar Aspiazu -más conocido como Urtain- que destacó en los años 68-77. Su vida fue bastante difícil: devaneos con el alcohol, los excesos, los fracasos en los negocios, etc. Y todo ello desembocó en su suicidio, justo cuatro días antes de los Juegos Olímpicos del 92.

Aquí un resumen en Wikipedia

Aquí un buen artículo de El País


Y la obra... simplemente hay que verla.

Chimeneas y tu ropa al sol (ya te amaba, y no sabía ni que existías)




La ropa recién lavada y tendida. Cuando se pone a llover y tienes que guardar el tendedero (aka sisí) corriendo, a toda prisa.

Siempre me ha tranquilizado el olor a ropa limpia. Las sábanas blancas, la ropa interior conjuntada y desconjuntada cuando la tiendes, las toallas desnudas.

Y fuera sigue lloviendo. No sé de qué me quejo ya tengo lo que quiero...

No me importa ser primitiva

Es fin de semana. Ella no está en su ciudad natal y tiene anginas. No puede ir a ningún CAP así que decido ir a una farmacia a conseguir medicinas que le alivien. Pido Clamoxil -que por lo visto cura muy bien- y la farmacéutica me mira:

- ¿Tienes receta?
- No...
- Pues, ¿sabes que no te lo puedo vender sin receta médica?
- ¿No?
- No puedo.
- Increíble, o sea, ¿puedo abortar con una pastilla sin receta médica pero no me puedo curar unas simples anginas? Es que me parece alucinante. Qué país.

La farmacéutica decide venderme el clamoxil pero me advierte que no vuelva a pedírselo nunca más, que no lo puede vender si no es con receta. Yo le digo que no hace falta que me lo venda, que no la quiero perjudicar ni meter en un lío (esa técnica siempre siempre siempre me funciona) pero ella se empeña en que me lo lleve.

(Antes de irme le dejo bien claro que no la culpo a ella de las imbecilidades de otros)

...............................

Llego a casa con las pastillas y me siento como un jefe de tribu que ha conseguido cazar una buena pieza y regresa, feliz y cansado, con su amor.

Cuentos que no me creo ni me cuento

Me escribo con miedo.
El vértigo se me ha curado
Mas no el frío.

Qué pequeño se ve todo
Si te roban los prismáticos.

Me han cobrado dos veces
Unas entradas
Y aún no me han devuelto el dinero.

He perdido un trabajo
Por no saber inglés
Y no era algo necesario.

No entiendo qué pasa.
No entiendo qué me pasa.

Me he creado un avatar idiota
Que no se parece a mí
Para reencontrarme en otra.

No ha funcionado.

Y me acuerdo del poema de Kavafis
Que tanto me tocaba...


Los dioses abandonan a Antonio.

Claro, Michi Panero era de los "Panero", no podía ser de otra manera



Qué pequeños somos todos.

De pequeña jugaba a ser manca, y ahora me he perdido



De nuevo, las ironías de la vida. Y mis hipérboles, claro.

Estoy harta de soportar ciertos comentarios y opiniones sobre mi vida. Que la gente que no sabe nada de nada se crezca y que te cuestionen lo que haces o lo que dejas de hacer.

Seguramente me estoy equivocando, puede que no haya sabido hacer mejor las cosas pero no aguanto oír más algunas frases.

Hoy me he hundido. Ayer me hundí.

Y pensé que la llamada llegaría. Y no llegó. Y no estaba de camino. Y ahora un imbécil ocupa mi lugar.

Aunque eso es ahora lo de menos. El día que no pueda pagar las facturas, entonces sí que empezaré a llamar a los gobiernos y a los reyes magos.

A algunos nos dan un gramillo de tristeza y lo convertimos en kilo.

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