Qué buena está el agua de Lanjarón

En mi ausencia han edificado un par de casas con piscina pero no me entretiene demasiado ver cómo los dueños se secan al sol. También han arreglado las aceras y han cambiado las farolas, ahora son mucho más modernas. Y me encanta una casa nueva de esas de película con placas solares en el techo. Creo que le haré una foto. Siempre me hace gracia estos arrebatos de chica humilde que tengo: hacer fotos a casas, a coches, a motos, etc. No es que ansíe ser rica, no es eso, más bien diría que es un ramalazo de cría o algo similar.

Dos cañas de cerveza -con sus correspondientes dos tapas enormes de paella- además de una tapa de migas para dos personas: 3,20 euros. Sigo alucinando con el coste de la vida aquí.

Pero lo monetario no es lo que más me admira sino otros aspectos. Ayer, al entrar en la ferretería, el dependiente guapo bebía del botijo que había en un rincón del mostrador. La chica de la tienda Movistar anotó mi móvil para llamarme si me conseguía lo que le había pedido. La mujer de la perfumería me enseñó por lo menos quince variedades diferentes de crema de manos con aloe vera o con avena. Horas antes, un chico me ayudó a bajar las maletas del tren mientras una señora me preguntaba dónde me bajaba y si tenía taxi u otro modo de llegar al pueblo.

Aquí los perrillos son muy andaluces. Se pasan el día en la calle a pesar de no ser vagabundos ya que se nota que tienen casa, collar y que están bien alimentados. A mí me da igual, los perrillos andaluces también me dan miedo. Ayer tuve que dar una vuelta increíble para no pasar al lado de tres chuchos que me miraban desde lejos.

Estoy leyendo Entre visillos y creo que me siento un poco Pablo Klein, salvando las distancias, claro.

Me he comprado un vestido para llevar con escote moreno. Tengo ganas de estrenarlo con Paola.

Qué pesaíta que estoy con Bob Marley, pero no lo puedo –ni deseo- evitar



Supongo que conocí a Bob Marley a raíz de su muerte, posiblemente todos los medios lo sacaron a la luz y yo, pequeña de seis años, me quedé con su cara. Busqué su música en mi casa, la puse una y otra vez y vi todos aquellos vídeos en la tele: qué guapo, qué delgadez más bella, qué pelo, cómo bailaba… Y aquella mítica camisetilla tejana ajustada que yo soñaba tener algún día, para ponérmela yo, claro. No, qué va, la niña no estaba colgada.

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Mientras conducías por la carretera de las curvas pensaba en todo lo que tenemos por delante. Algo parecido tal vez a una vida con curvas. Miraba la pulsera de cuero que te ha hecho mi madre y me gustaba verla en tu piel morena.

Nunca creí en ángeles ni cosas de ese estilo. Ahora sé que los que nos cuidan puede que sean Elvis y Bob. Sí, son ellos. Porque lo siento y sé que nos van a salvar de todo aquello de lo que no podamos salvarnos nostras solas, que no siempre somos tan fuertes ni tan gigantes.

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Estas cuatro tonterías van por ti, mi chica. Necesitaba decírtelo a modo de post data.

El mareo lo siento al bajar del barco y comprobar que dejamos atrás la isla



Creo que jamás en mi vida volveré a ver a los Wailers en Formentera.

Tengo tanto que contar que no sé si seré capaz de estar a la altura.

No creo que fuera casual que aquel camarero nos confesara que Medem se había hospedado -con todo su equipo- justo allí para filmar Lucía y el sexo. Y no creo que fuera casual que nosotras también nos durmieramos mirando el faro de Lucía, lo veíamos desde el balcón, a lo lejos.

Estoy algo nerviosa, no lo puedo evitar, supongo que eso significa que aún soy como una puta cría



Si no recuerdo mal, creo que en 1973 Lennon se separó de Yoko Ono durante dieciocho meses y se marchó a California. Ya en 1974, John se trasladó a Los Angeles con May Pang, una especie de secretaria o asistente, con la que tuvo una relación. John y Yoko se separaron de mutuo acuerdo, un poco para comprobar lo fuerte que era su relación y, también, para experimentar musicalmente por separado. Por lo visto, Yoko le instó a que tomara a May Pang como amante.



Más tarde, Lennon tocó junto a Elton John en el famoso concierto en el Madison Square Garden. Yoko Ono estaba entre los asistentes, pero John no lo sabía. Como May Pang no estaba presente, Yoko se acercó a John tras el concierto y, cuenta la leyenda, que lo volvió a conquistar con tan solo una mirada. Jamás volvieron a separarse.

Es lo que sé, lo que recuerdo, lo que he leído por ahí. Como en la gran mayoría de casos, la realidad sólo la conocen los implicados.

A mí Yoko Ono me cae bien, creo que es una tipa íntegra y honesta. Me conmueve, siempre me ha conmovido la relación que tuvo con John.

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Ahora caigo en la cuenta de que no empecé ni con un te quiero, ni con un te necesito ni con un te deseo. Empecé –o al menos es uno de mis primeros recuerdos- con un quédate a mi lado. Ella tenía algo que olvidar y yo alguien a quien dejar. Mi prioridad era que se quedara a mi lado y después… pues después ya se vería.

De ahí la excelente versión de John Lennon que encabeza el post. Nunca oí un saxo mejor integrado que el que él solía emplear en algunos de sus temas.

¿Dónde estábamos entonces, cuando tanto lo necesitamos? (que diría aquella canción -cambiando la letra- de El Último)



Lo que son las cosas. Lo invisible que es bello y que nos pasa desapercibido.

En pleno redescubrimiento de la televisión, me cae sobre los ojos una serie que nunca supe si era en plan serio o en plan guasa. Y de veras resulta que la serie en sí es rebuena, o a mí me lo parece.

Pero lo mejor es la historia de las chicas. Pepa y Silvia. Lo admito, que me emociono en seguida, que me basta y me sobra con cinco minutos de gloria de un personaje para hacerme fan. Y así me hago seguidora de Pepa, la tipa andaluza policía que tiene un humor y unos labios que te desencajan el alma entera. Hay que verlo.

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De José Tomás, hablaré otro día. Que Barcelona, en su empeño impostado de ser ciudad antitaurina, no pudo ni con el hombre, ni con el héroe, ni con las 18.000 personas que abarrotaban la plaza. No sé dónde leí que lo que más les fastidiaba es que la fiesta no sea made in Catalunya. Pues mira, que tal vez sea eso.

A mí se me puso un nudo al leer las crónicas. Qué poéticas son las crónicas taurinas. Dignas del mejor análisis sintáctico o retórico.

Pero lo dicho, que del héroe hablaré otro día.



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En fin, regresamos de una playa para marcharnos a otra. No en vano es la primera vez en TODA mi vida que puedo disfrutar de más de dos semanas de vacaciones, como cualquier habitante de este país.

Casi cinco años escribiendo y siempre vuelvo a los mismos temas, mientras fumo cigarrillos imaginarios y veo cómo saltan las cenizas por la ventana



Un milagro es que un crío se ponga a tocar la guitarra y logre que salga el sol.

Un hecho excepcional es que después de todo este tiempo ella me siga fascinando como la primera vez que nos vimos y yo no pude soportar su manera de mirarme.

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