Llámame castiza, pero es que yo era más de Marisol que de Michael Jackson (en paz descanse), ya que nos ponemos a enumerar niños artistas...



La letra de Zorongo gitano siempre me ha parecido bellísima. Suele pasar que las canciones populares, esas anónimas que después recopila/descubre alguien son algo increíblemente cercano a pesar del tiempo pasado o la distancia geográfica.

Me hice un poco fan de Marisol desde que aquel verano, en el pueblo, vi un documental sobre su torturada vida. Pero vamos, que no es que yo me ponga sus discos, hasta ahí hemos llegado. Lo que pasa es que esta noche la he recuperado con ese tema perfecto.

Luego me he puesto a ver otras versiones:

La Argentinita con Federico García Lorca al piano, para mí es la mejor o quizás la versión que más me emociona.

Carmen Linares, la flamenca más elegante.

Una versión de Ana Belén que es para matarla porque la destroza, qué rabia me da esta mujer.

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Poco más por hoy. He descubierto que caminar más de una hora con sandalias es lo más incómodo del mundo. He entrado en una iglesia y he puesto una vela. Me he sentido un poco mal recurriendo a la religión para pedir algo que necesito y deseo con toda mi alma. Espero no ser castigada por ello. A veces hago cosas así, de manera irracional.

Mañana me voy a las rebajas porque no tengo pantalones de verano. Aunque no pienso comprar nada sólo por comprar. Adoro los tejanos así que puedo pasar el verano metidita en ellos.

Los tejanos son, para mí, la única prenda de ropa que siempre te queda perfecta.

(El título es tan largo que no he podido incluirlo aquí, véase el primer párrafo del post)

La señora Blenk me ha regalado mi perfume favorito, puesto que sabía que yo ya no tengo dinero para poder permitírmelo (no ejerzo de víctima de la crisis, no señores, no, simplemente gasto el dinero en otros temas más urgentes)



Las cosas que me sostienen diariamente no son ni demasiado increíbles ni demasiado difíciles de conseguir. Tomarme un mojito con ella en el balcón de casa, poder ver capítulos de los Simpson o escuchar a La Costa Brava. Grandes. Necesarios para llorar de vez en cuando y que no se nos quede el corazón templado sino bien caliente.



Me digo la frase secreta que el profesor suplente Bergstrom le regala a Lisa. Me la escribo en un papelito y me la guardo en un bolsillo.

Este año sólo me voy a regalar ese papel. Perdón, el “sólo” debería eliminarse ya que es prescindible.

Este año me voy a regalar ese papel. Con la frase secreta.

Yo es que soy mucho de frases ocultas, mensajes invisibles y pistas en la ciudad.

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La chica de Toledo me ha llamado para felicitarme y le he dicho que no ambiciono nada más en esta vida. Que todo se quede como está. Me ha emocionado saber que pensó en nosotras y que hay alguien que la cuida a ella.

Y de rebote he pensado en la poca gente que tengo cerca. Poca en cuanto a cantidad pero la calidad es enorme y yo no sabría ni siquiera medirla.

Con decir que en Facebook tengo apenas veinte amigos lo digo todo.

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Hoy han arreglado por fin la tubería que perdía agua y he sentido que se cerraba algo. Como si fuera una cicatriz. Y que hay cosas que se arreglan para que otras se estropeen. Gracias a la fuga de agua, por ejemplo, las plantas que había justo debajo crecían más verdes que el resto; por el efecto aspersor, supongo.

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A mí es que los cumpleaños siempre me han puesto triste. No por el hecho en sí de envejecer sino porque hay gente que tiende a la melancolía o simplemente a quedarse callada.

Nunca fui una tipa de conversación larga. El rollo siempre lo tuve más en el papel en blanco.

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Ahora la duda consiste en deambular conmigo misma o irme a la frutería.

Las palabras las carga el diablo, casi tanto como las pistolas



Ayer me llamó Lucía para decirme que me había leído y que le había gustado el post. Me hizo mucha ilusión y creo que voy a rezar un poquito cada día –rezos inventados, por supuesto- para que tenga suerte y apuebe el examen del día 27.

Lucía está en la lista de personas que salvaría del planeta.

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Ahora es cuando me entra el miedo escénico y salgo corriendo. Me pongo a Tom Waits y, como siempre, me salva del agujero, de la trampa, del mapa trucado.

Mi madre sigue diciéndome que debo ponerme anti ojeras. Para los que no me conocen –físicamente, quiero decir- soy una tipa muy ojerosa. Pero ojeras genéticas, no de las que salen por no haber dormido o de las penas. A mí esas cremas me parecen como los embellecedores de las puertas, ventanas, etc. Tapan lo realmente importante: los tornillos, los clavos, las juntas con silicona… Además, los embellecedores siempre terminan por desprenderse, al menos así sucede en mi piso.

No quiero ponerme anti ojeras. No quiero negar lo que no tengo ni cómo soy.

Y ahora me voy a preparar un bocata de bacon con queso. Para echarle el cierre al jueves.

Tú y yo -por fin lo sé definir- tenemos una historia cósmica



Y a pesar del paso (o peso) de los años, sigo teniendo las mismas dudas. Las mismas cuestiones sin responder. ¿Por qué Falete es una especie de Antony (el de Antony and the Johnsons), salvando las distancias musicales? ¿Es cierto aquel rumor de que Silke -la divina misteriosa de Tierra- se lió con Rosana? ¿Por qué los fabricantes hacen las fundas tan estrechas que luego es imposible meter dentro los objetos que las contienen? Fundas de paraguas, fundas de camas hinchables, etc. Las fundas sufren y amenazan con romperse.

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Esta tarde, mientras hacía limpieza general de la cocina, sonaba al azar:

Ya no como en el plato del perro,
por las noches vuelvo a tener sueño.

Tengo un podio en mi casa,
soy el primero cuando quiero.


(Aquí una curiosa versión que desconocía, de Nacho Vegas)

Y la canción me ha llevado a pensar en el drama que hemos de pasar una vez que concluye una relación. La pena, la agonía, el perder el sentido en el mundo, el desconfiar de todo y de todos, el creer que nunca podremos volver a viajar a capitales bonitas. Todo eso y mucho más.

Nadie se salva de ello. En algún momento pasamos por ese mal trago, da igual que seas más o menos fuerte, no se salva nadie.

Por suerte, al final, un día cualquiera -de los que no están marcados en el calendario- te levantas y te das cuenta de que la noche anterior ya no cenaste en el plato del perro.

Que como siempre dice mi madre, si las primeras penas duraran estaríamos muertos.

Con la mente en blanco llevo demasiados días y aún no sé si esto es transitorio o un castigo por ser tan malilla



Los últimos días los estoy pasando haciendo limpieza en casa, comprando muebles y diseñando comedores con estudio incorporado. Olvidaba que también he recuperado a Extremoduro, algo que no puedo dejar de mencionar (al final del post incluyo cinco temas como cinco maravillas). Y también olvidaba decir que he vuelto a ver la tele, algo que me ha hecho ilusión. En concreto, sigo dos programas: una serie que emiten en el canal de Catalunya TV3, que tiene un guión que me parece brutal; y un programa de la Cuatro que es todo mentira pero que me hace reír como hacía tiempo que no reía viendo la tele. Supongo que puede parecer tonto que hable de estas cosas pero es que para mí son tan nuevas…

Por otro lado, no me separo del móvil. Espero una llamada que me podría resolver la vida. Tengo muchos puntos para que se haga realidad pero me da miedo ser demasiado positiva y después quedarme en la estacada.

Lo cierto es que deseo esa llamada más que nada en este mundo ahora mismo. Y no me mueven los motivos económicos. Se trata de algo más fuerte. Intento no pensar demasiado pero lo cierto es que mi cabeza siempre me vuelve ahí, justo a esa llamada.

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Todo esto tal vez oculte lo que más me preocupa. Sigo con el teléfono de la psicóloga en la agenda pero no me veo con fuerzas. Además, nunca se me dio bien hablar con desconocidos. Prefiero ponerme a llorar antes de dormir o al ver las noticias. Lo típico, supongo. La detective que no es tan detective.
Y de nuevo, me vuelve la postdata de lo bien que resuelvo los casos ajenos mas no los propios.

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Sucede que me canso de mi piel y de mi cara



Razonar es siempre tan difícil para mí


Y yo me quedo en casa, me duele todo, quién va a aguantarme con este mono


Voy que ni toco el suelo y espantao hasta las nubes


Pero ahora prefiero ser un indio, que un importante abogado

Lo que dice Loquillo en el minuto 4:37 me parece más hermoso que lo que puedan decir Zapatero, Rajoy o cualquier otro inútil de este planeta



Entre millones de luces de ciudad
todas las noches brilla una
no sé si existe ni apenas donde está
pero ella no me olvida nunca.

Y literatos sabios descifrarán mis rimas
psiquiatras argentinos
lo harán con mis complejos
y ellos te hablarán de si
te amé bien.

Quizá el cuadro que resultará
te desenfoque mi recuerdo
te contarán de mí, quizás lo peor,
quizás no sé si haya existido.

Pero si miro ahora la ciudad ya medio a oscuras
entre todas las luces
siento que brilla una
y alguien me besa la nuca
sin estar aquí.


PD: Siempre fue mi preferida.

Soy tan feliz cuando hago de pianista imaginaria...



Ha salido el sol, arrogante y español. Me parece una de las frases más sublimes que he escuchado jamás en una canción. Y que no me toquen ahora las narices los nacionalistasmodernillosprogresdebajaalcurnia. Me parece preciosa esa frase.

Me siento tan completa cuando toco el piano imaginario. Tanto, que a veces me pongo a llorar ante mi público imaginario. Me levanto, saludo con los ojos imaginarios -nunca con la mano- y hago una pequeña reverencia imaginaria para cerrar el concierto.

Siento los aplausos imaginarios sobre los hombros y las voces de algunas personas del público que se alzan, algo tímidas, sobre sus asientos. Esas noches siento una vergüenza imaginaria que me hace desaparecer lo más rápido posible detrás del telón.

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El último concierto, sin embargo, fue un fracaso. No hubo aplausos imaginarios. Ni miradas imaginarias sobre mi rostro. Ni partituras imaginarias. No sé qué pudo pasar. Tal vez equivoqué la partitura o la dirección del teatro. Puede que no fuera vestida para la ocasión, o que se me notara demasiado la última copa de vodka ingerida minutos antes.

El último concierto fue un fracaso porque no fui capaz de ver mi piano imaginario.

Y he sentido tanto miedo que ya no sé si algún día podré volver a tocar.

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