Pequeñas palabras para terminar una semana interminable

Llevo tres días sin salir de casa. Ayer tuve fiebre y hoy tengo la garganta dolorida como si me hubiera tragado un cactus.

Y eso que nunca me quejo de nada.

Pero es que ni siquiera tengo ganas de escribir. A veces, cuanto más te obsesionas por algo es mucho peor. No levanto cabeza.

Y eso que nunca me quejo de nada.

Pero hoy hubiera vendido mi alma por un abrazo.

¿Cuántos extraños caben en un único cuerpo?



La chica que ha venido a tomar las medidas de los armarios ha fingido no mirar en el interior de ellos, pero he descubierto que sí, que miraba de reojo mis cosas. Las fotos, los zapatos caducados, las bolsas de deporte que nunca contendrán objetos de deporte. Todo eso ha debido ver.

La he dejado sola, fingiendo una tarea de esas imaginarias que me reclamaba en la cocina. Como cuando finjo que hablo por el móvil, siempre que no deseo saludar a nadie. Me he hecho una experta en ese arte, casi tanto como cuando toco la batería imaginaria. Ella sola se ha debido sentir tentada. ¿Qué ha debido hacer mientras yo fingía en la otra habitación?

Me equivoqué al tomar las medidas -no podía ser de otra manera- y resulta que ni los cajones han de ser tan pequeños ni los estantes tan grandes. Ahora resulta que no sé tomar medidas y si lo pienso detenidamente, tampoco es tan raro. Tan raro en mí, quiero decir. Me he pasado mucho tiempo intentando enmendar errores de medida: que si demasiado blanda, que si demasiado compasiva, que si demasiado cabrona, que si demasiado ingenua...

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Total, que hace días que la tengo en la cabeza. Qué grande que es.

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El presupuesto. Mis fallos de medida han hecho que me cueste más dinero de lo que pensaba. Este error con dinero se paga; los otros, ni volviendo a medir.

Curiosamente, me ha desaparecido un CD de Marlango y otro de Tom Waits.

Sólo una noche

Me pone muy feliz saber que el director más grande de este país está trabajando en algo que pinta muy bien...

Y ya está. Sonrío. Joder, cómo está la rusa, Paola.

Es bueno tomar frutos secos después de cenar, o en algún momento del día, y este finde me gustaría que ella me preparara un buen mojito



Querida Blenk,

Al final uno siempre está solo. Qué cierta aquella frase que me escribiste un viernes por la noche en aquel billete de cien pesetas. Era de Falla, aún me acuerdo, de color marrón. Estaba tan gastado que decidiste que una frase en tinta verde no iba a hacerle
demasiado daño.

¿Te puedes creer que aún lo guardo en la cartera? Y hoy sin motivo alguno he terminado el día buscando tu nombre en el Google mientras sonaba el Sleepwalk, de los Shadows. Y qué bueno que era ese tema, que no lo habías escuchado hasta que te pasé aquella cinta grabada pirata. En aquella época la SGAE no se dedicaba a perseguir las cintas que pirateábamos de vinilos. Me parece maravilloso que se grabara también el delicioso crujido de la aguja cayendo en el disco.

Te recuerdo escuchando el Sleepwalk, sentada sobre el capó del coche, fumando como si fuera el último gesto que podías hacer en tu vida. Diciendo que aquella canción era para escucharla sola o con alguien que estaba aún por llegar.

Aquella fue la noche de la frase en el billete de cien pesetas. Qué cierta aquella frase, Blenk.

(…)

… y ahora te dedicas a resolver casos, cuando la última vez que nos vimos fantaseabas con la loca idea de montar una academia de lenguaje para sordos en tu ciudad. Ya veo que al final optaste por llevar a cabo un proyecto aún más disparatado… Pero lo que es la vida, Carol, lo que es la vida, ahora te escribo para pedirte que me lleves un caso muy delicado.

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María me ha escrito para decirme que desde hace tres semanas recibe cartas anónimas con un paréntesis dibujado en medio de una hoja en blanco. Desea saber quién le envía esos anónimos y cuál es su significado.

Creo que ya tengo la primera pista para empezar a resolver ese caso. Los paréntesis suelen indicar siempre lo mismo.

Espero que la noche no sea demasiado larga. Me conozco cuando se trata de resolver un caso.

Todos creemos tener algo muy especial (recé para que los amarillos marcaran un gol y mi plegaria surgió efecto en el último momento)



Cat Power sale en My blueberry nights. Ni tú ni yo nos dimos cuenta de que era ella. Sólo nos susurramos un “joder, qué buena que está la novia rusa” en medio del silencio del cine Comedia del Passeig de Gràcia.

A mí siempre me ha gustado no saberlo todo. Algo así como que te queden cosas pendientes. No haber viajado a ciertos países, no haber probado ciertas comidas o no recordar dónde queda el pedal del embrague del coche.

Esta tarde he enviado cuatro currículums sin mentiras. Esta vez he dicho que mi nivel de inglés era medio, no alto. Lo cual no me parece justo puesto que me sé todas las canciones de los Beatles. Algo que muchos pretenciosos que tienen el first jamás sabrán. Por mucho que lo intenten.

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Hoy me he sentido feliz yendo en bici por calles que estaban cortadas al tráfico. Como una pequeña salvaje que se ríe de señales de tráfico como las que hay a la salida de los túneles, sí, esas en las que se ve un signo de interrogación y una luz con los pelos hacia atrás. Surrealista.
Yo nunca me había reído así con nadie.

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Y esto es un bonus track de buenas noches para ti. Ayer tuve un mal día, rompí algunos vasos. Cada vez me gustas más.

Las noches sin ti son un infierno



Supongo que nunca volveré a vivir una etapa como ésta. Con todo el tiempo del mundo por delante, con menos dinero pero más morena. Fumando sólo los fines de semana y las tardes que se me hace tarde resolviendo asuntos complicados.

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Tengo ganas de ver a Elena y que me cuente su historia. Hace mucho tiempo que no me explican una historia tan bella como la suya; tanto, que no es digna de contarse aquí. Ni con mis palabras.

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Cuatro días en la playa. Cinco días de comida italiana, vino blanco y pitillos mirando el mar. El hachazo del lunes en medio del corazón y de las pestañas. Zas. ¿Cómo suena un hachazo? Zas.

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Aprender a tocar la guitarra, inflar las ruedas de la bici y resolver un par de casos. Ahora mismo, es lo único que tengo pendiente. No me tengo que reconciliar con nadie. Los que me tenían que perdonar, si no me han perdonado aún, jamás lo harán. Y a estas alturas, los que me perdonaron, tienen un abrazo invisible y una bala en la basura.

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Unas horas de sol y ya tengo marca. Soy una detective gitana.

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