Mejor soñar con astronautas que con vasos de vodka derramados en el desierto



El espacio es un lugar tan vacío sin ti.

Y este lugar, y ellos, malditos sean.

Déu de s'univers, no me diguis que me deixes aquí tirat i aquí tirat.

En el espacio hay un astronauta solo, llorando.

"No conozco a nadie que no esté loco"



Yo la invité, sí, la invité a una fiesta.
Ella decía esto es un funeral.
Muerta la rabia seguirá el problema,
curado el perro ya estaréis muy mal.


Una llamada de teléfono. Una conversación breve, algo de negocios, no interesa. Un señor que me pregunta si soy tal y si vivo en tal sitio. Yo que digo que sí y que le pregunto cómo lo sabe. Él que me dice que su mujer me conoce, que se llama tal. Y yo que le respondo que sí, que la conozco, que me alegro de saber de ella, que le dé saludos.

El pasado que vuelve como una ola remota a la arena cercana.

Lo cierto es que no me reconozco. Intento evitar a los conocidos de esa época. No es que me avergüence de ellos, ni de lo que hice o no hice. No se trata de eso. Más bien es una especie de pereza a tener que relatar mis últimos quince años de vida.

¿Cómo resumes quince años de vida?

A mí nunca se me dio bien resumir. Ya me lo decían los profesores: qué prolijos te quedan los textos, Carolina. Y yo lo intentaba corregir, pero no podía. Es como cuando te da mucho asco una comida determinada y te la tragas a la fuerza. Se te hace largo y doloroso el acto de comer. Pues lo mismo a mí con las narraciones.

No me veo capaz de resumir quince años de vida. Lo asumo

Si no has visto nunca The L Word, sáltate el post o léete el anterior

Anoche decidí que escribiría un post sobre esta serie, sobre The L Word. Vimos el último capítulo, el especial, el último ultimísimo, pero esta vez de verdad. Y nos quedamos como quien despide a un buen amigo en el tren. O en el aeropuerto, que parece más trágico.

Reconozco que tengo delito, sí, lo asumo en público. Había oído hablar de la serie a muchas chicas pero no me interesaba lo más mínimo. Me parecía algo chabacano, del populacho, yo qué sé. Carol la snob, la que se jacta de no ver la tele jamás de los jamases, la que sólo salva de la quema a cuatro series y del resto… mejor ni hablar.

Error de los errores.

El caso es que me enganché en la cuarta temporada y la cosa siguió. Hasta el punto que me instalé un programita de esos p2p para descargarme la sexta temporada. La última. Yo, la snob, la que se jactaba de no haberse descargado música jamás. Qué absurda, ahora que lo pienso.

En cuanto a la serie… pues muy buena, a mí me lo parece. Ahora estoy leyendo comentarios en Internet que cuestionan la calidad de los guiones, de las tramas, de la verosimilitud de los personajes. En fin, que todo esto me repatea el alma. Pónte tú a escribir una serie, querida, redacta un capítulo piloto, aguanta seis temporadas y convierte a tus personajes en seres vivos. Qué fácil es criticar.

No digo que The L Word sea la serie de mi vida. Pero reconozco que me llevé una grata sorpresa con ella. No quiero preguntarme si la realidad es o no así. Melrose place no era real; Doctor en Alaska, tampoco; V, nada más lejos de nuestros barrios. Pero qué felices hemos sido con esas escapadas mentales de nuestro ser, de nuestros pequeños desengaños.

Una pena que termine, lo cierto. Nosotras la veíamos los viernes por la noche, fumando y bebiendo mojitos caseros. Jamás podré olvidar esos momentos.

Y no hablaré del final, de la incógnita acerca de la muerte de ese personaje (no hablo más para no fastidiar el final a quien no la haya visto). Tengo una teoría loca y otra más seria. Me las reservo.

Siempre hay que agradecer las cosas buenas. Es algo que aprendí y lo practico. Así que mi primer homenaje es para las chicas del Subtituling Team 2009 y para Yoda. Os sonarán esos nombres si sois algo negadas con la lengua inglesa y agradecíais como agua de mayo los subtítulos en castellano. Vaya labor social que hacían esas chicas, mi aplauso para ellas. Eso sí que es trabajar para la comunidad, a cambio de nada. Es que la cosa es más fuerte, más increíble, de lo que parece: miles de personas han podido seguir esa serie gracias a los subtítulos de un grupo de chicas altruístas. Si fuera socióloga, ya tendría tema de estudio.

Mi segundo homenaje, para Helena Peabody. Por ser mi preferida (dios, soy tan adolescente a veces), y por la rabia que me dio cuando la más guapa se queda con la más fea (rayos y truenos, ¿a quién se le ocurrió eso?, me da igual parecer una frívola, pero qué asco de Dylan, arggg), por ser una pija que se humaniza -toma ripio- pero, sobretodo, por la temporada quinta. Ahí fue cuando me caí rendida. La belleza que duele. Cuánto tiempo sin sentir esa sensación. Uf.

Dejo el vídeo –me ha costado horrores hallarlo entre las veinte mil tonterías varias del santo youTube- del momento sublime en que Helena se pira con la pasta y deja a todo el mundo sin saber qué ha pasado realmente. Fue un giro loco del guión pero me encantó. La vida a veces también da esos giros locos. Y menos mal, que si no fuera así estaríamos fríos por dentro.

No me extiendo más…

Qué bueno es El Retrato de Dorian Gray, debería ser lectura obligada en secundaria, y menos plan Bolonia



Que todo es respetable, de acuerdo. Pero me sigue pareciendo ridículo que te tengan que gustar las cosas que le gustan a la mayoría de personas. Los escritores altísimos y elevadísimos, los cantantes que llenan estadios de deporte… para qué seguir, ya se sabe a qué me refiero.

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Cada vez tengo menos casos que resolver. O la gente no confía en mí, o se ha escampado el rumor de que no soy demasiado buena con los finales, no lo sé. Lo cierto es que me duele bastante, a pesar de que trato de que no se me note lo más mínimo. ¿Por qué, no obstante, se me dan tan bien los inicios?

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Debería haber tenido más cuidado en el último caso. Esa tipa ha hablado de más y ahora media Barcelona sabe que a veces se me va la mano con el vodka. Esa tipa está resentida conmigo porque no he sido capaz de hacer que regrese su antiguo amor. No comprende que los antiguos amores no vuelven sino en pesadillas.

Pero claro, quien no quiere creer en algo jamás va a dejarse convencer por otros.

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Pienso demasiado (en) estos días.

Recuerdo cuando mi hermano contaba que había ido a un concierto de Bob Marley. Y a mí, una pequeñuela de seis o siete años (no más), aquello me parecía la hazaña más hazaña del mundo. Le envidiaba, le admiraba. Miraba la entrada del concierto a hurtadillas porque sabía que la guardaba en el cajón de su mesilla de noche.

Me encantaría saber si aún la conserva.

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Por suerte, tú yo no hemos perdido el sentido del humor. Espero que eso no suceda el día en que se me nuble la firma y me vea más alta. O más rubia.

Cuatro razones para reírse una cuando está sola:

Me encanta esta tipa. Rubia, pija y vasca. Es genial. El videoclip rollo road movie con chuchos no tiene desperdicio. A mí me sigue pareciendo guapa, lo siento.

Qué blando, qué típico, qué aburrido. En definitiva, qué pesado.

Me gusta verlos juntos. Y los que los critican es que son unos envidiosos. Qué sexi esa manera de tocar la guitarra juntos.

Y recordar cuando era una cría y las sábanas blancas volaban cada vez más blancas en una terraza de Andalucía. Y los Hombres G eran nuestros Beatles.


PD: Y hay un antes y un después del tema de Bob Marley que encabeza el post.

Have no fear for atomic energy,
cause none of them can stop the time.

Hay que tener aliados



Hay que tener aliados.

Para que te lleven como un camafeo,
Para que te soplen la arena sobre las cejas,
Para que te cedan un taxi
Si quieres volverte a casa
Antes de las cinco.
De la madrugada, siempre de la madrugada.

Un viernes por la noche
Descubrí que la enemiga
Llevaba restos de barra de labios casi rosa
Justo en medio de su labio inferior.
Y me sonreía con una arrogancia
Infinita.
La de alguien que hace trampas
Y se sabe vencedor justo.

Por suerte,
Tan sólo era una pesadilla.

Hoy, lunes de marzo,
A las 7:45 de la mañana,
Era yo la que tenía
Restos de barra de labios casi rosa
Justo en medio de mi labio inferior.

Hoy he aprendido a contar hasta cuatro




Si no empiezo a hacer algún tipo de actividad en serio voy a perder los papeles. Las facturas no esperan ni las horas tampoco, las que pasan, digo. Tareas de burguesa, pero el ocio no te da de comer ni te alimenta el alma. He empezado a tener miedo cuando me he visto buscando vídeos de Helena Peabody en youtube. O después de hacer una merienda doble. No he fumado un solo cigarrillo en todo el día, pero eso tampoco tiene demasiado mérito porque no soy fumadora compulsiva sino de placer. He escrito un mail importante, he leído el último de Flavia Company, Con la soga al cuello, impresionante, como siempre. Me he peinado diferente, me he pintado los labios con un color nuevo, pero me quedaba mal. He detectiveado un poco y me he reído de algunas zorrillas. Eso siempre alegra. He llenado un poco la agenda para el jueves, no me he tomado un zumo de melocotón porque me he bebido un vaso de leche.

En definitiva, he aprendido a contar hasta cuatro.

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