En pleno ataque psicodélico decido no hacerme daño y meterme en la cama, taparme hasta las orejas y dormir



Algunas noches las dedico a buscar vídeos de los Stones de principios de los sesenta, de cuando aún estaba Brian Jones y la tele era en blanco y negro. Qué buenos. Y así me pasan los minutos, haciendo curvas mentales y evitando enfrentarme con tareas menos agradables.

Tengo sed. Eso me pasa por cenar una tostada de anchoas, queso y tomate. Demasiado material para tan pocos cañones. Cuánto exceso.

Ahora que me he quedado sin ideas tal vez lo mejor sea dedicar todo este tiempo a aprender de cosas que no duelan, a tratar de limpiar mejor los espejos y dejar de conducir con los ojos cerrados.

No echo de menos a nadie. Ni me sobran ni me faltan.

Y mi casa nunca había estado tan limpia.

Mañana me pongo ojos nuevos para verte y si se pone a llover ya sería como tener seis ases debajo del sombrero



Mi pequeña rebeldía de hoy ha consistido en ponerme un fondo de escritorio de Sweney Todd. Arriba Johnny Deep, abajo Bardem.

Mi segunda rebeldía ha consistido en saltarme un carajillo de algo en favor de un pitillo en medio de la lluvia minúscula.

Mi tercera rebeldía ha aparecido en el momento en que he decidido correr para coger el tren de las 15:42 y no justo el de después.

Un secreto: cuando iba a EGB formaba parte de un grupo de teddy girls. Grease era nuestro crucifijo y las cazadoras de piel rosa nos parecían más elevadas que una escultura griega.

Cómo no sentirme ajena al mundo y sus costumbres si en plena década de los ochenta me recitaba la letra de "Duke of earl" como si me fuera la vida en ello. A veces aún me pregunto cómo diablos llegaron hasta mi casa esas canciones. Qué letras tan simples pero qué ciertas en el fondo.

Acabo de llamar a la radio para dedicar esta canción. La locutora está durmiendo ya así que yo misma he puesto el vinilo. La ocasión lo merece.

Son dos. Hoy.

And when I hold you
You'll be my duchess, duchess of earl

Tengo diez minutos y una canción de los Stones para escribir este post



Algunas noches me pongo tu camiseta roja para dormir. Como para estar más cerca. Como si aún oliera a ti después de cuatrocientas treinta y dos lavadoras. Este mediodía he estado al borde la locura amorosa, casi me caso contigo y he estado a punto de llamar a tu casa para hablar con tus padres.

Me encanta saber que cuando tú estabas en el instituto -pasando el tiempo tocando la guitarra, en tu grupo- yo me besaba con una morena gilipollas y guarra en segundo de carrera.

Cómo no enloquecer en este jueves desquiciado y desquiciante. Cada semana se compone de una cuenta atrás para lamerte el cuello y las orejas.

Ya no hay enemigos, ni zorras, ni extraños en nuestros sueños. Abro los armarios y veo una ropa interior digna de desfile. Dormir contigo sigue siendo una fiesta después de todas estas lluvias y sequías.

Ahora me jacto de levantar la mirada sin miedo ni vergüenza. A ver quién se atreve a replicarnos.

Este fin de semana no lo pasaremos con Jimena ni con su hermana, Paola junior. Road movie en italiano.

Este blog se hará cenizas el día que me autocensure (post en plan diario del miércoles)



La vida en cámara lenta. Siguiendo unos pasos en travelling lateral, que es más en plan vago, sin acostumbrarse a ponerse las gafas graduadas para preparar una ensalada. Escucho en bucle una canción desde hace un par de días, no me la saco de la cabeza. Yo, la rubia; tú, la morena. Nos fugamos. Road movie. Robamos en un super y nadie mueve un dedo. Somos tan guapas que hacemos daño y así no necesitamos pistola.

Podría morirme mañana y ya lo tendría todo hecho (repito esta frase hasta la saciedad, lo sé).

Una de las personas que fueron más importantes en mi vida duerme esta noche en un hotel situado a unos 20 kilómetros de mi casa. Debe hacer unos ocho años que no nos vemos. Ignora los últimos ocho años de mi vida. Ahora me doy cuenta de que me habría gustado mucho volver a verla.

¿Cómo le cuentas a alguien los ocho últimos años de tu historia?

Yo se los contaría haciendo una lista de canciones…estarían Los Planetas, los Pixies y James Dean. Mis camisetas y mis libretas. Los mojitos y el móvil plateado.

A mi madre le dan miedo los 300 kilómetros por hora del AVE. A mí me conmueve tener tan cerca mi tierra. Pero preferiría sentir los chalecos bajo mi asiento, en un avión.

En el trabajo han intentado sabotearme y dejar mi rostro por los suelos. Me he puesto entre cínica, déspota y cabreada. Ha funcionado. Llevar una agenda roja se ve que impone más que sacarse la corbata por la boca. A veces fantaseo con la idea de que me echan y me despido cantando en plan Pietra Montecorvino.

Las pistas, los mensajes, los minutos de café y los pitilllos

Si el rezo anterior dio resultado...

No hay que abusar, lo sé.

Así que como tengo un intento más...

Ojalá sea siempre tu chica.


Me conmueve saber que me puedan leer a primera hora de la mañana.

Pequeño rezo nocturno para un perrillo negro



Me pregunto si tendrá miedo esta noche.
Si podrá dormir en un sitio oscuro.
Si oirá otros ruidos lejanos.
Si se acurrucará con los ojos abiertos.

Me pregunto si echará de menos
Estirarse bajo tu cama
Y dormirse, calmado y sereno,
Debajo de tu corazón.

......................

Mañana te seguirá de nuevo.
Te pisará, torpe y pequeño,
La sombra.
Y te lamerá el alma
Como yo te lamo la piel.

Joan me acompaña mientras vigilo esa casa y cuando paseo por Malasaña



Mi tercer día en Madrid. Ya he encontrado el piso donde vive Teresa, un segundo sin ascensor, por la zona de Lavapiés. No ha sido muy difícil con todo el material que había recopilado en Barcelona. Parece que sigue un horario bastante regular: su trabajo, su compra, su paseo del perro, sus olvidos... Eso es algo que me ha llamado la atención: suele tener que volver a casa porque parece ser que siempre se olvida de coger -o hacer- alguna cosa.

Esta tarde me he pasado casi cinco horas sentada enfrente de su piso. Hacía mucho frío y un tipo casi me roba el móvil. Pero he logrado tomar muchas notas y...he podido entrar en su casa y husmear casi media hora.




He hecho fotos, he copiado notas, números de móvil, direcciones de restaurantes... La verdad es que es una tipa muy despreocupada, tenía razón Ewan. El jodido Ewan siempre ha tenido razón, he releído todo lo que me queda de él y ahora sé que me voy a pasar la noche en vela.

Por otro lado, la vida en Madrid es muy tranquila, en calma, como si fuera a pasar aquí meses. Por las mañanas suelo desayunar en la cafetería Nebraska, la de la Gran Vía, más que nada por estética, a pesar de que no se puede fumar. Pero me recuerda tanto a Continental 62, que sólo por eso merece la pena.

A media mañana, si me siento espesa, entro en Casa Labra a picar un par de croquetas y a tomarme una cerveza. En la calle, manteniendo el equilibrio para sujetar el vaso, el pincho, el pitillo y el móvil. Todo un malabarismo.

La comida la alterno, nunca repito de sitio, estoy descubriendo algunos buenos rincones que luego apunto en la libreta para no olvidar. Eso sí, el café del mediodía en la Plaza Mayor. En tu honor.

En Chueca hago las cenas, normalmente en el Kola Bora o en el Samá Samá, que resulta íntimo incluso para una sola.

Y terminar el día en el Palacio de Oriente me relaja antes de que se ponga el sol porque aún puedo ver allí... bueno, una tontería, pero eso me recuerda a ti, Laura.

Qué valientes los que secuestran revistas de poesía



Reproduzco aquí la nota redactada por nuestra editora, Nuria Rita Sebastián, del 29 enero...

Se ve que una revista gratuita y sin publicidad no entra dentro de un sistema de aduanas.

Hace unos días, hicimos un envío de revistas a Nicaragua. Para asegurarnos de que llegaba a la puerta de casa de la persona que las recibía, y porque nos corría un poquito de prisa porque queremos estar presentes en el Festival Internacional de Poesía de Granada, Nicaragua, que es uno de los eventos poéticos más importantes a nivel internacional, pagamos la tarifa más alta de Correos, en la que se incluía todo y llevaban la revista a la misma puerta.
Bien, pues ahora resulta que no. Que la revista ha sido retenida en la aduana y está sometida a un impuesto de unos 60/80 dólares por cada caja (enviamos 2) porque es considerada “impreso publicitario”.

Esto es el colmo. Enviamos una revista gratuita y sin publicidad, que se repartirá gratis en Nicaragua, en la que trabajamos gratis e incluso perdemos dinero (los envíos salen de nuestro bolsillo, nadie nos los subvenciona) y lo que nos encontramos es con un secuestro aduanero, del que sólo podemos salir pagando la tasa correspondiente.

Me han dado ganas de llorar.

De hecho he llorado sintiéndome impotente ante tal abuso. Si no pago, sólo tengo dos opciones: o que las revistas vuelvan a España (y no me devuelven el dinero pagado), o dejarlas “en abandono”. “Sería una manera muy poética de terminar para mis revistas”, le he dicho a la chica de Fedex en Nicaragua (la he tenido que llamar yo misma, porque por supuesto, Correos ya no se había ningún cargo).

He decidido que voy a pagar el rescate. Con esto, enviar dos cajas de Iguazús a Nicaragua, cada una de ellas con 70 ejemplares (10 kg), me saldrá por la bonita suma de 400 euros*. Vamos, casi el alquiler de mi piso. Que no gane dinero con la revista, vale. Que pierda mi tiempo con la revista, vale. Que a veces pierda hasta salud y tiempo de estar con la gente que quiero, vale. Porque el resultado y los comentarios de la gente cuando la ven, compensan todo. Pero que encima una aduana me la retenga y me obligue a pagar un impuesto estúpido, es demasiado.

A veces me pregunto si merece la pena.


En resumen, que Iguazú espera un rescate y por ese motivo se ha iniciado una campaña solidaria para rescatar la revista de su trágico fin. Sabiendo lo que significa esa revista para nuestra querida editora con carrito, vale la pena que divulguemos la noticia y que, en definitiva, intentemos sacar toda la pasta que podamos.

Os dejo algunos enlaces de interés...

Campaña Solidaria: dona 1 euro para "iguazú nº 20 Mercuriana"

Revista Iguazú

Revista Iguazú nº 20 Mercuriana (para descargar en pdf)

El blog de la editora con carrito

Amami Alfredo, amami quant’io t’amo...addio!



En un foro literario cualquiera, una chica -desconocida para mí- ha recomendado este blog diciendo algo así como que no era un libro pero que tenía algo que le había gustado. Curiosidades de la vida, supongo. Un punto de felicidad añadido. Gracias.

Mañana salgo para Madrid a seguir la pista de Teresa. Supongo que no estoy actuando como una detective profesional, ya que estoy prestando demasiada atención a este caso, en detrimento de los otros, claro. La verdad es que nunca he sido demasido racional con demasiados temas y Ewan es uno de ellos. Cada día le veo más desesperado y me duele tanto como si me clavaran un trozo de espejo en el pecho. Y que no se me reflejara nada.

Las imperfecciones de la vida. Una detective imperfecta. Una sola imperfecta. En las imperfecciones de los otros buscamos algún tipo de perfección que nos pueda salvar de nosotros mismos y de nuestro hastío.

Es curioso, a pesar de todo, tengo la sensación de que por mucho que zanje este caso, sea para bien o para mal, jamás podré meterlo en la máquina trituradora de papel.

Me despido con gesto cansado pero sin echarme de menos. Espero volver. Y que todo por aquí siga igual.

Tengo un móvil secreto para llamarte, para que nadie nos escuche



A veces hay que ser rápida. Acabo de descubrir que anoche me pincharon el teléfono. Menos mal que todo ha terminado con un balazo y un archivo mp3 en mi bolso.

Aparece un "lucharía por ti hasta morirme" en un papelito, entre mi ropa interior...

No es que sea críptica, es que a veces soy algo extraña



Yo nunca había llorado leyendo. Ahora estoy en casa con la calefacción al límite porque he descubierto unos gramos de nieve debajo de la cama. He sacado al balcón la colección de brújulas para asegurarme de que cada día voy algo más centrada. Pensar que aún existe gente buena consigue que pueda dormir por las noches. Elena, mi madre, ella.

Cada vez que resuelvo un caso me quedo un poquito vacía. Como cuando haces un examen y te dejas caer en la cama. Tanto esfuerzo...y al final todo se resuelve en una suma sencilla que oscila del cero al diez.

Este caso está a punto de resolverse, o mejor dicho, está a punto de de darse por terminado. Tal vez no lo llegue a resolver nunca, porque no quiero, porque es mejor así. Porque podría matarle las letras a alguien y alguien matármelas a mí.

Dejo el caso porque me da la gana, porque me aburre y ahora sé que no fue necesario que firmara nada. Tenía la batalla ganada de antemano.

Se me agotan los títulos pero me crecen los secretos en domingo

video

Yo no sabía que en un sofá se podía nadar tan bien...

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