No te fíes de una detective teñida de rubio



Se me sienta enfrente y me desafía sacando una cajita de balas. No las conocía de esa marca. Me ha descolocado y todavía no hemos intercambiado ni una palabra. Me quedo sin aire en tres minutos y medio. Veo mi reflejo en la cucharilla de café.

Intento pensar en otra cosa para evadirme de allí, para no tener que mirarla, para no quedarme sin saliva. Lo consigo por unos instantes. Pienso en que el sillón de mi despacho se resbala hacia la izquierda. Esa habitación tiene un desnivel muy acusado. Cada cinco frases tengo que moverme hacia la derecha para ir compensando la caída. Una caída lenta pero real. No puedo dejar bolígafos sobre la mesa porque acaban resbalando hacia el suelo. Una habitación barco. Una habitación marea. Una habitación desnivelada.

Vuelvo a mi reflejo en la cucharilla. La tipa de la caja de balas sigue mirándome, impasible. Está esperando una respuesta, pero a mí esa respuesta se me ha quedado atascada como una bola de billar en la garganta. Y es la negra.

Me enciende un pitillo.

Decido levantarme sin mirarla. Oigo sus pasos tras de mí. Sé que camina mirando al suelo. La reconozco. Me reconozco.

Rubia o morena ("dicen que soy tu peinado de hoy, que no duraré")



otra vez siento la tentación
de ceder y perder la razón
en manos de un putón
sin fe ni corazón


Uno de sus mejores temas. Juntas, para volverse loco o loca. La original, inmejorable.

Siempre tendremos cool jazz para cenar, ya se puede desmontar el planeta

POST EDITADO DESPUÉS DE UN CABREO INESPERADO (PAREADO FORZADO)



[Aquí encima se podía escuchar y admirar un vídeo maravilloso de Chet Baker cantando -y tocando- "Time after time" pero ahora aparece un "This video is no longer available due to a copyright claim by Chet Baker Foundation". A la persona que ha colgado el vídeo posiblemente la decapiten, no me extrañaría. Joder, si Chet Baker estuviera vivo seguro que le encantaría saber que hay unos cuantos a los que nos sigue inspirando, que cena con nosotros todos los viernes por la noche...Si Chet Baker estuviera vivo seguro que le gustaría ambientar nuestros posts. Cada vez me da más pena este agarrar el arte con uñas y dientes para que no salga y se escampe, para que no se desborde. Valga el ejemplo alucinante de Flavia Company, estupenda escritora y bloguera que ha decidido colgar en su blog algunas de sus novelas para que se puedan descargar gratis. Eso sí que es ser generoso, por favor. Sigamos abriendo pleitos, sigamos amenazando, sigamos "tacañeando" el arte. Chet, va por ti.]

Me hice creyente de dioses inventados,
De terremotos suaves y fríos,
De tus muslos
Al salir de la ducha.

Me siento a veces
Como una profesora que puntúa
Aleatoriamente
A sus alumnos.

Hago cambios de citas en la agenda
Los días en que necesito
Fugarme contigo
A un mediodía corto y rojo.

La noche del domingo
Es la más triste
Pero también la más
Inspirada.

Ya estoy descontándome
Días,
Botellas de vino blanco,
Mensajes gratis
Y equipajes.

........................................

Esta noche he abierto el sobre de la factura de teléfono. Una frase me ha hecho pensar: "cada vez que envías un mensaje alguien recibe un poco de ti". Orange. Y si lo repienso es cierto, a veces noto que con cada post envío pequeñas partes, trocitos de hueso y pestañas sueltas.

Ojalá pudiera enviarte mi cuerpo entero.

A la impresora le salía humo y a mi cabeza también mientras el jueves se hacía largo como un chicle con azúcar



Yo nunca supe ser breve. Creo que uno de mis mayores defectos es la ausencia de brevedad. Ya conté alguna vez cómo descubrí el significado de la palabra "prolijo". Pues eso.

Cada vez recuerdo menos cosas.

No recuerdo, por ejemplo, haberle regalado a mi hermano ese libro de cuentos. Y menos aún habérselo dedicado. ¿Qué le escribiría?

No recuerdo, tampoco, la última vez que me teñí de rubia. ¿En qué año fue? Hoy he estado a punto de volver a las andadas. Pero me he vuelto a medio camino, antes de llegar.

Llevo todo el día dando vueltas al mismo tema. Mi futuro. El laboral, claro. El sentimental, nadie lo sabe. Ni siquiera los malos, menos aún los buenos. Me veo demasiado mayor para algunas cosas, demasiado pequeña para otras.

Y el cerebro centrifugando.

He pensado en Yukiko. La morena Yukiko. La del cuerpo blanco y los ojos oscuros. La que hace tanto daño que no te queda más remedio que quererla mientras te muerdes la lengua. Para no soltar prenda. Para que no se hunda el barco. ¿Dónde estará ahora Yukiko? ¿Con quién dormirá? ¿A quién le habrá destrozado la vida esta semana?

Deseo saltarme esta noche y amanecer mañana de noche.

(La belleza duele, tu belleza reduele)



A veces los torturados son los que nos dejan las mejores pistas.

Una de mis fantasías era tener una novia que me viniera a recoger a una tétrica estación de Renfe



Todo el frío que he acumulado a las siete de la mañana se ha convertido en calor artificial a las doce de la noche. Sabía que él no me abandonaría. Intuía, en el fondo de mi cerebro, que él no me había dejado de lado.

A las siete cincuenta he buscado un bar donde se pudiera fumar y no había ninguno en un kilómetro a la redonda. Todos abrían a las ocho en punto. He sacrificado el sabor de la nicotina junto al del café. Y aún así he sonreído a la camarera. Le he dedicado una sonrisa en catalán.

A las ocho en punto he saludado a algunos conocidos que me desconocen totalmente. Me han colgado la gabardina al final de la sala -un detalle amable de una rubia cincuentona- y me han mirado bien. Sí, he dicho bien.

Casi a las dos de la tarde hemos terminado la sesión y yo he salido con el sombrero medio caído y la raya de los ojos casi invisible. El tren me ha echado un cable y no se ha retrasado. Mis botas tampoco. Ella tampoco.

Ser puntual es una muestra de amor.

Hemos comido juntas en un restaurante que sólo abre una sala de fumadores para nosotros. Y esta vez no miento. Somos las dueñas inverosímiles de una sala preciosa del siglo pasado, del XIX, que yo me quedé en el XX.

A la hora en que todo el mundo está haciendo números, invirtiendo en bolsa y discutiendo con los policías, nos hemos probado cuarenta y tres sujetadores, veinticinco tangas y doce pijamas.

Si digo que ella -a través de las cortinas del probador- me ha mareado, deslumbrado y descolocado todos y cada uno de los músculos, nervios y tejidos del cuerpo, tal vez vuelva a parecer hiperbólica. Ya tengo cita con el médico. Dice que me lo puede dejar en un simple síndrome metafórico. Ya veremos.

Soy feliz comprando ropa interior. Lo reconozco, es algo superficial, un gesto vanidoso, sin duda. Pero me encanta.

Y termino sin añadir un solo artículo más. Las frases clave que comiencen con el sustantivo o con el adjetivo.

Ya te has quedado conmigo. Y de verdad.

Y Elvis me ha vuelto a salvar.

Me has conocido en un momento extraño, ni me llamo Marla ni soporto a ciertos cantantes baratos



He aprendido otro refrán/sentencia realmente excepcional. El que de trapo llega a toalla no encuentra clavo donde colgarse.

Pienso en varias personas al repetir la frase. Pienso en que no se me da mal lo de idear planes puesto que estoy pisándole los talones. La libreta negra mantiene la calma. Yo también mantengo la calma, que eso siempre es bueno. Al fin y al cabo, un trapo sucio no merece atención. Es su truco pero yo no bajo la guardia.

Dulces sueños a todos los que los merezcan.

Editado unos minutos después...


Lo de mañana me da miedo. Porque seré la más joven, una vez más. Porque seré la menos famosa, la menos valorada, la menos cualidades-de-esas-que-ellos-valoran-tanto-y-yo-tampoco. Porque los sudokus me parecen una soberana tontería.

¿Estoy perdiendo el mundo de vista? Pues tal y como van las cosas, es muy posible. He merendado palomitas y estoy cenando chocolate 70% con una torta de aceite Inés Rosales. Más pistas no puedo dar, más pistas me niego a dar.

Mañana no tendré otro remedio que poner cara de interesada cuando de lo que único que tengo ganas realmente es de firmar un puto contrato, comprar ropa interior en las rebajas y beberme un vodka al llegar a casa.

Supongo que no se entiende nada.

Al llegar aquí es cuando se decide volver a la salida o saltarse las reglas del juego.

Yo ya he elegido. Y no voy a tener miedo.

Y este lugar y ella maldita sean



Jimena y el lince bebé se han quedado dormidos en el sofá. Qué pequeños que son. El lince apoya la cabeza en el pecho de Jimena. Parecen tan ajenos al mundo... A Jimena le gusta mucho "Houston, tenemos un poema". Y los poemas siderales.

Hoy he caminado mucho rato. He salido media hora antes de casa y he entrado en todas esas tiendas absurdas que no cierran los mediodías. No he comprado nada y lo he comprado todo.

He seguido caminando al volver a casa. A veces, al caminar sola, recuerdo cuando decían que el mundo se acabaría en el 2000. Ese día yo estaba muy triste visitando La Alhambra.

..................................

Cojo a Jimena en brazos y la dejo en su cama. Arropo al lince bebé y me voy a dormir medio sonámbula.

Poemilla para que duermas en calma y sueñes con astronautas



A partir de ti el tiempo
Que no se cuenta con las medidas
De los hombres
Sino de los astronautas.

Escribo tanto que no puedo recordar lo último escrito

Se me desbordan las imágenes. He vuelto a ser yo. La tipa a la que despidieron de su puesto de controladora aérea por exceso de imaginación. Vuelvo a tener la cabeza a punto de estallar, pero no de locura, sino de imágenes, olores y verbos. Me bebo el café y se me ocurre un personaje. Me subo al tren y al ver a la pija de mi lado se me ocurre una trama secundaria.

Que escriba tanto no implica ni que sea bueno, ni que sea original, ni que esté orgullosa y lo vaya vendiendo por las esquinas y los kioskos.

- Por tres euros te paso mi poemario, rubia.

Ni tiempo tengo de responder comentarios, ni comentar fotos, ni colgar canciones. Ni tiempo tengo de elegir fotos que ilustren los escritos. Me falta el tiempo. ¿Y si mañana me muero?

- Pues enterradme en vaqueros.

Pero vuelvo a ser yo, y eso es lo que importa. Qué cojones la hormiguita. Ya no me nublo más, ostia. Palabrotas, las justas. Pero decirlas, hay que decirlas.

Escribo posts pero también escribo en mi libreta negra, pero también en mi agenda roja, pero también donde puedo dependiendo del momento.

Y sigo siendo repetitiva hasta la saciedad. Repito, repito y repito. Me fugo los martes y no se me ve el pelo hasta los miércoles a las ocho de la mañana. Gran evasión la tuya, Blenk.

Tengo un mail pendiente. Y un plan c, por si acaso.

Mejor ser invulnerable que lamentarse por las esquinas en plan perro lastimero

Te escribo desde el trabajo. Me llamas desde una carretera. Pienso en que las carreteras son tuyas y sé que te las mereces. Pero al mismo tiempo pienso en que las teclas son mías y en que también me las merezco.

Leo lo que me escriben con tanta atención como descifro las huellas dactilares así que estoy aprendiendo tanto como en los primeros días de detective. Cuando tan sólo era una aprendiz y aún no se me habían borrado las marcas de las suelas de los zapatos.

Una vez, hace muchos años, cayó en mis manos un billete falso de las antiguas 2000 pesetas. Aquellos billetes rojos, pequeños… Alguien me lo endosó y, evidentemente, yo también tuve que desprenderme de él. Algún hipócrita supongo que me diría aquello de “llévalo al banco, no seas tan miserable de colárselo a otra persona”. Finalmente, pagué con él un periódico y alguna revista. Sólo recuerdo que era domingo y que estaba de vacaciones en el sur de España.

Nunca más me han vuelto a colar un billete falso. Sé detectarlos perfectamente. Si te cae en las manos, sácalo lo antes posible, no pierdas ni tu tiempo ni tu dinero. A los billetes falsos les pasa lo mismo que a los ex y a las malas personas: que hay que colarlas por ahí, porque en la propia vida estorban.

Te escribo desde el trabajo y te digo que hoy me siento la detective más temeraria porque tengo un plan b que no me va a fallar.

Escuchando a Manfred Mann se me ocurren seis o siete estrategias seguidas para darle esquinazo a los buenos pensamientos

Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Otro de los refranes de mi madre. Y añado: y antes a alguien que no te cuenta toda la verdad. Qué subjetivos los refranes. Como algunos colores.

Donde yo veo verde, algunos ven negro. Donde yo distingo amarillo, otros sólo blanco. Me paso las horas trabajando delante del ordenador, escuchando emisoras en inglés de véte a saber qué países europeos cercanos que a mí me suenan lejanísimos por el cansancio y las botas de agua que nunca se me secan.

En mi ciudad está nevando muy fuerte. Tal vez nos quedemos aislados. Por si acaso, he almacenado algunos cartones de tabaco rubio, un par de gafas de sol y algunos chicles de hierbabuena por si me entra algún ataque de pánico.

Ya no tengo miedo. Hoy me he vuelto a mirar al espejo y, por fin, me he visto en colores. Resulta que llevaba el pelo teñido y me acabo de dar cuenta de ello.

No se pilla antes ni a los mentirosos ni a los cojos. Los primeros en caer son los que no te dicen la verdad, los que la ocultan basándose en falsas teorías del dolor y de la sinceridad verdadera. A esos se les mira fíjamente y ya no es necesario decirles nada: que ellos ya se dan cuenta del mal que están haciendo. Y poco a poco, se ahogan.

Nada como el chisporroteo de un vinilo un sábado al mediodía



Me he puesto el disco que los Beatles grabaron con Tony Sheridan en 1961. Qué maravilla. Y qué bien suena la voz desgarrada de John Lennon en el primer corte.

Lo importante es la canción, el post y mis manos que se escapan arrastrándose por cortezas de árboles y autopistas a Girona



...tejados mojados, tejados de lujo, tejados tristes, tejados descentrados, tejados borrados, tejados ilusos, tejados azules, tejados encontrados, tejados evaporados, tejados repetidos, tejados cabreados, tejados abandonados, tejados hambrientos, tejados borrachos, tejados desnudos, tejados iluminados... y yo soy alguien que tiembla al enfocar el objetivo, me salen los cenitales pálidos, los picados confusos y los zoom se me escurren por las sienes.

Pero nadie se sube donde yo me subo para capturarte lo torturado del cielo. Nadie.

....................................

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Te imaginé en un avión,
borracha de ingravidez,
sin conocer bien tu misión.

Primero pediré lluvia de abril,
después me marcharé lejos de aquí.

Te imaginé diciendo adiós
en un avión a reacción.

Las nubes como tú nunca se ven,
las cosas son así, no salen bien.

Es bueno hablar y después beberse tres vasos de agua seguidos mientras te fumas un piti (y reírse de ciertos escritos, claro)



Qué bien he cenado esta noche, qué bien. Los malos suelen ser malos y los buenos, idiotas. Así que el reino de los cielos será de los malos, que no nos engañen con pecados y otras historias.

Hoy me he cabreado en el trabajo. Me han contratado de profesora para impartir una materia de un curso de Criminología avanzada. Un grupito, al fondo de clase, parecía que no tomaba demasiado en serio mis explicaciones. Poco a poco he ido bajando el tono de voz hasta que apenas se me distinguía el acento. Ha sido fulminante el efecto. Todos callados. Pero no me bastaba con eso así que me he dado el lujo de ser cínica, arrogante y explícita.

- ¿Queda claro o no?

Terminar un discurso cualquiera con un "¿queda claro o no?" te asegura el éxito aunque seas el patán más patán de los infiernos. Ni qué decir tiene que se han apartado de mi camino cuando he salido de clase.

En clase, como en la vida, hay momentos en que es justo -y todos nos lo merecemos, ostia- ajustarse los hombros al cuerpo, borrar la tarjeta sim del móvil y darle la vuelta a algunas cartas de la baraja. Y que alguien te abra los ojos y te diga cosas que tal vez tú sabes pero que habías olvidado a causa del exceso de subrayados.

Gracias.

Algún día seré buena cuidando plantas y nunca más se me morirán



Lo que no va en lágrimas, va en suspiros.

Uno de los refranes que más me gustan. Lo aprendí de mi madre y esta tarde se lo he dicho a Jimena, muy bajito, al oído. Me ha mirado sin entender nada y me ha abrazado muy fuerte. Qué pequeña.

Tomarle el pelo a una detective puede salir muy muy caro (y no hablo de euros)



Pues a lo mejor parezco una frívola
Que no se entera de nada.
A lo mejor.
Prefiero escribir en semiverso
Que en prosa entera
Porque entonces corro el riesgo
De sacar la lista
Y que vean tu nombre
Tachado en rojo.

Bendita seas O-Ren Ishii por abrirme el cielo.
Y el cerebro.

Pues lo mismo parece que no escucho las fotos
O que soy medio alcohólica
O que sólo me miro el ombligo.
Pues cuidado,
Si me cabreo
Mejor que se pongan los semáforos en verde
Porque no respondo.

Bendita seas O-Ren Ishii por abrirme el cielo.
Y el cerebro.

Ya no es cuestión de vanidad,
Etiqueta
O cordura.
Soy una tipa educada
Pero a partir de mañana
Me encierro en casa a fabricar
Venenos,
Fiebres malas
Y calendarios falsos.

Bendita seas O-Ren Ishii por abrirme el cielo.
Y el cerebro.

Este febrero tiene veintinueve días.
Eso significa que me estoy poniendo
Muy trágica
Y que si abro la boca
Alguien cerrará una puerta.

La cabeza, yo, la tengo muy alta.
Así que tomarle el pelo a una detective
Puede salir muy caro.

Qué ganas de ir a las rebajas...¿o es que una detective no tiene derecho a rebuscar trapos?



He pasado dos días sin comer; no por gusto, evidentemente. He estado algo enfermucha y de muy mal humor, me he pasado estos últimos días con la pistola entre los dientes y jurando y rejurando en alemán clásico (del que nadie entiende). Hoy he vuelto a civilizarme y me he preguntado: "A ver, Carol, ¿qué tanto por ciento de tu alma está aún vagando por los infiernos?".

No os hagáis nunca preguntas del tipo qué pasaría si...

Así que he dejado las cuestiones trascendentales y me he puesto a mirarme en el espejo. Podría cortarme el pelo al uno, o tal vez hacerme otro tatuaje. Podría. Pero no lo voy a hacer porque las tías tías llevan el pelo largo (ui, ya sé, ya sé, me estoy quitando lectoras, jaja) y el tema tatuajes está demasiado manido.

He dejado de mirarme en el espejo y me he metido en la cama pensando en la comida de mañana. Me he tenido que levantar para elegir la ropa. Estos rituales no los cambio por nada del mundo.

A ver quién me desafía ahora



En siete minutos te hago un resumen de mis treinta y tres años.
En cinco días te transcribo mis defectos
Y en un cuarto de hora mis virtudes.

A veces me despierto con las yemas de las manos
Teñidas de azul
Y entonces recuerdo
El día en que una de mis mejores amigas
Me dijo que los reyes no eran los reyes.

Íbamos de camino al colegio
Sin lluvia y sin nieve.
Pero yo siempre vestía botas de agua,
Siempre botas boteándome el pecho y las rodillas.
Las rodillas aún con las cicatrices
De la infancia semi feliz,
Los recuerdos de un padre, de una madre
Y algunos hermanos mayores que me hacían de padres
Más que de hermanos.

Otros días me despierto
Y me desespera comprobar que la miopía
No se me cura.
Aunque las gafas me entusiasmen.
Aunque las lentillas nunca se me rompan,
Una minúscula parte de mí se siente miope
No sólo al ver el mundo
Sino al pisar la tierra,
Al volver al sur
Aunque mi madre me jure que nació
En Gran Bretaña.

Somos una familia de mentirosos,
De los que mienten por mentir,
Mentiras gratuitas, las llaman algunos.

Ayer me fui a trabajar y ella se quedó comprando.
Me quedé un rato mirándola por detrás,
Su gabardina de color indefinido,
Sus botas de aviadora,
Su pelo callado.
Y entonces me di cuenta de que después
De todo este tiempo
Su belleza me sigue haciendo daño.

Subí al autobús al límite de la parada
Y decidí mentalmente que
Si no tuviera que trabajar no me dedicaría a otra cosa
Que no fuera suplantar a su sombra.

A las ex, ni agua



Me maravillo cuando descubro grupos nuevos. Poco me importa que sean malos, que nadie los conozca o que se me rían de ellos. El nuevo año me ha traído más municiones, más pintalabios y menos paciencia.

He estado con Elena y, como siempre, hemos acabado borrachas en nuestro bar preferido del barrio. Dios, cuántas erres tiene esta frase. Cuántas neuronas este teclado. Decía que Elena y yo nos hemos puesto a disertar sobre las ex y hemos hecho una de esas tipologías que quedan tan bien en algunos blogs (juas, pretendo ser sarcástica, ya que estoy en el sector intelectual, cosa que aún me hace descojonarme, con la cantidad de tacos que soy capaz de escribir, fingir y sacar a la luz, en fin...)

- Carol, a las ex, ni agua.
- ¿Ni agua?
- Ni agua, Carol, ni agua. Que en Navidad todas vuelven a casa, como los putos turrones.
- Bueno, eso de casa es un decir, será a la ex casa.
- Claro, a la ex casa, porque en la mayoría de casos no tienen dónde caerse muertas.

Risa. Pitillos y más cervezas. Cuando te ríes de tu ex o de tus ex es que ya te has curado y te permites la chulería. Pues sí, qué coño, me río, me re-río (que aún es más) porque véte tú a saber las veces que se habrán reído de mí. Qué ancho es el planeta Tierra. Y así hemos llegado a las categorías, porque nos encanta generalizar y establecer tópicos. Hablamos de las ex que nos dejaron:

- Tipo 1: las que ahora tienen una vida ma-ra-vi-llo-sa y te lo acaban restregando como queriendo decir "qué bien hice dejándote, ya que me esperaba una mierda de vida a tu lado". Tienen trabajo estable, dos niños, un apartamento en la playa, saben lo que significa TAE, euribor, IAE y demás. ¿Perder la cabeza?, ui, jamás.

- Tipo 2: las que ahora les va fatal pero, mira, por lo menos lo reconocen y desean volver a tu lado. Las más sinceras porque saben que metieron la pata y se arrepienten por los siglos de los siglos. No caen del todo mal porque dan un pco de pena pero nunca debemos bajar la guardia ante ellas.

- Tipo 3: las que ahora también les va fatal pero fingen que están de puta madre y que no cambiarían lo que tienen por nada en el mundo. Son orgullosas, vanidosas y otros adjetivos similares.

- Tipo 4: las que acaban de ser dejadas y corren a llamar tu atención para recuperarte ("¿Ahora te acuerdas de mí, so zorra?", deberíamos decirles). Son las típicas que padecen el síndrome del "perro del hortelano". Y normalmente son las más insoportables, por patéticas, por tramposas y poco honestas. Según Elena, las peores, porque intentan colarse en tu vida como el líquido por un embudo. A saco.

Me divierto mucho con Elena. Es una de las pocas personas con las que puedo sacar brillo a la pistola y ella nunca se escandaliza. Ya véis, el 2008 no me ha hecho mejor persona.

Moraleja del día: qué chabacano es el Messenger de Hotmail, tenía razón de no querer probarlo nunca.

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