Deseo (a veces va bien un título corto, aunque a mí me parecen sosos y sospechosos)



Intentaba escribir el último post del año pero me he dado cuenta de que me puedo plagiar a mí misma (¿esto también es delito, Gobierno de España?, juas) así que lo hago y me quedo tan ancha y tan tranquila...

La mejor canción con la que podría terminar el año

Realmente, me importa poco renegar de mis creencias. Siguen gustándome los Pixies y fumar con ella. Y lo que está más allá de ese límite ya no existe. La detective escribe como una cría cuando repiensa en ella. Debería hacerme cristiana y rezar para que nada cambie, para que no me la arrebaten y para no tirarme con ningún paracaídas trucado. Nunca podré explicar todo lo sucedido este año. Ni siquiera hallo lógico estar a estas horas tratando de ordenarme las ideas, porque en definitiva es lo que trato de hacer. Debo ser una malísima persona porque mataría por ella. Debo ser despreciable porque no pienso dejar que ninguna zorra se le vuelva a acercar. Debo ser una maleducada por escribir este tipo de cosas. Debo ser una engreída, una petulante y cien mil adjetivos más que a más de uno le encanta ir soltando por los peores bares. No soy la mejor promesa, desde luego. Ni la más centrada ni la más buena. Pero lo que tengo claro es que la voy a defender más que nunca de todos esos peligros invisibles que la acechan. Que ella se defiende sola, claro, no soy tan estúpida de no saberlo, pero me hace sentir útil pasearme por la ciudad con la pistola en el bolso. Y me halaga saber que soy la mejor amante que ha tenido nunca. Mi casa se ha llenado de grietas desde que estamos juntas. Y los vecinos han dejado de hablarme y de mirarme. Debo ser algo así como la “guarrilla del primero”. Si no escribo sobre sexo no es porque sea un tema tabú sino porque pensaríais que exagero. Podéis ver las grietas. No exagero, ya dije hace tiempo que jamás había volado de esa manera.

Que tengáis suerte. Toda la suerte del mundo.

Y ahora sé...



Querida Laura,

Te recuerdo en la fiesta de fin de año de hace un par de inviernos. Te saqué de aquel local con la excusa de invitarte a un cigarrillo y acabamos la noche muertas de frío y de cansancio, en un portal antiguo del barrio de Gràcia. Cuando estabas a punto de dormirte en mi hombro, te regalé una foto mía en blanco y negro para que la guardaras en tu cartera si alguna vez se declaraba una guerra civil y me llamaban a filas. Te gustó la idea. Y alrededor de las cinco de la mañana comenzamos a fantasear…

- Te enviaría una carta cada día.
- Te guardaría las primeras margaritas de la temporada.
- Te mandaría tus cigarrillos preferidos en correo certificado.
- Te sonreiría por las noches y delante de los espejos.

Qué exceso de imaginación. Y tú, a punto de dormirte sobre mi hombro. Así que te llevé a mi casa donde James Dean, los Beatles y Paul Newman te dieron la bienvenida con un vaso de leche y una camiseta con aroma a Chanel. Tú, dormida; yo, sin pegar ojo.

Así que aquella misma noche me puse a escribir como nunca lo había hecho. Con un boli que rebasaba los límites de la velocidad, de las erratas y de los verbos irregulares. Tiré los calendarios por la ventana y todas las pelis que me habían hecho daño. Mis propias cicatrices me daban risa. Qué relativo lo vi todo. Qué universo más pequeño.

Volver a escribir. Aprender a escribir.

……………

A Jimena le cuesta dormir por la noche si no la arropas y le cantas tu villancico. Te echa de menos, y también a su hermana. Esta tarde cogemos un avión y volvemos de Madrid para estar a tu lado.

Y ahora, por fin, lo sé.

El lado oscuro aún me hace daño pero sólo a veces



La detective te saluda en Navidad...

Y te deja un tema melancólico y triste de regalo...

Y si un día se te clava la lluvia en las pestañas, tan sólo has de marcar mi número, jamás apago el móvil

el peso

Al final nunca lo supe,
Soy menos fuerte de lo que me hicieron creer.
Si algún día no quieres volver a hablar,
Yo me encargaré de grabar tus sílabas
En una libreta semi gastada.

Me ofrezco como azafata en viajes al extranjero,
No lo dudes, en mi currículum no hay un sólo dato real.
Y si el avión se estrella sobre el mar
Seré la segunda en morir ahogada
Porque el piloto tampoco sabía nadar.

Mentalmente hago malabarismos
Con las emes, las eles, las eses y las jotas,
Para no perder las maletas,
Para que no se me enreden los cordones
Cuando te miro a hurtadillas.

Siempre me encantaron las frases imposibles:
"La mañana de mi muerte",
"El hermano de su hijo único",
"Te olvidaré algún día".
Me pongo otro vodka y me voy a dormir.

Hay mucho que repensar.

I quan va sortir el sol, després de quatre dies...

todos los tejados del mundo

"Me encantaría volverte a conocer". Repetir todo el proceso. Sentir de nuevo el rayo atravesando garganta, pulmones y muslos. Notar que llueve durante varios fines de semana seguidos. Que Antònia Font nos lo reafirmó y Love of lesbian nos guiñó algunos versos.


Pensaves i fumaves, darrera una revista
. Encender todos los cigarrillos consumidos. No comprar nunca el diario los domingos, ni coleccionar los DVD, porque se nos hace tarde en la cama y tenemos que pasar directamente a la cena.

Receptes italianes, és massa temps amb obres. Chet Baker cenando con nosotras. Descorchar de nuevo las botellas de vino blanco. Yo, la experta en bikinis de ingredientes extraños; tú, la experta en desabrocharte botones para que te mire el escote.

I com dos asteroides que han desviat sa ruta
direm que ha estat fantàstic, direm que ha estat sa lluna.

De los tres tenores, sin duda, Pavarotti es/fue/será el mejor

otra noche de hotel

- ¿Me acompañas a comprar la cena?
- ¿Qué cena?
- Pues la de fin de año, tengo que prepararla yo porque ella estará trabajando hasta tarde...

Yo, la amante, debía acompañarla a comprar la cena de fin de año que ella iba a pasar con su pareja. Con su pareja legal, se entiende, que yo era la ilegal. Pero aquello era demasiado así que no accedí. Me fui para casa y no recuerdo bien a qué dediqué aquel tiempo. Supongo que se me fue la mano con las existencias del mini bar.

Si aquel fin de año me hubiera muerto no habría pasado nada extraordinario. Me daba lo mismo todo, así que no pensaba en testamentos ni en novelas torturadas inacabadas. Pensaba en mi cara de detective asustada y pequeña. La que nunca era la primera de la lista, la que nunca era presentada en sociedad, la que nunca salía en las fotos enmarcadas.

Aquel fin de año ella fue consciente de que me quería a mí. Que le suponía un infierno aquella cena. Que le dolía saberme sola en casa, celebrando la derrota y comiéndome los confettis del suelo.

El papel de la amante es jodido. El papel de la que tiene un amante es jodido. El papel de la que soporta los cuernos es jodido. Todos sufren.

Aye me tomé un par de copas antes de ir a trabajar. Supongo que mañana haré lo mismo.

¿Nunca he dicho que el Martini Bianco me da náuseas y que, sin embargo, adoro el Martini Rosso?



Cada día aprendo algo nuevo. Cada día me olvido de algo viejo.
O estoy en lo alto gritándole a mi abrigo,
O me arrastro en lo bajo hablando con mis zapatos.
Es lo que te tiene esta profesión,
Que te quitas horas de sueños
y te las pones de pesadillas visibles.

- Que sí, que sí, que estoy bien.
- ¿Y por qué no me escribes?
- Porque ya no escribo a quien no me escribe.

Las reglas de tres no acostumbran a ser de tres sino de una sola. Te lo guisas y te lo comes. Te lo atragantas tú en tu cuello y lo digiere tu cerebro porque el estómago lo tienes demasiado deambulante.

- ¿A qué te dedicas?

Siempre la misma pregunta. El día en que alguien me pregunte "¿a qué no te dedicas?" haré un monumento a sus ojos y abriré una botella de lo que sea.

El libro de la fiebre



A todos los bienaventurados que hayan delirado alguna vez.

Pescador déjame tu red que un
pensamiento se me fue flotando.

(Hai-Kai japonés)



Esta mañana me he comprado El libro de la fiebre, de Carmen Martín Gaite. La cita que encabeza la obra es la que inicia este post. Como siempre, me conmueve encontrarme con una de sus obras entre las manos. Ésta, en concreto, la desconocía. Es normal, porque hace demasiado tiempo que me he alejado de los libros de ficción.

Pescador déjame tu red que un
pensamiento se me fue flotando.


Carmen Martín Gaite pasó casi cuarenta días en la cama, al borde de la muerte, a causa del tifus. La penicilina no había llegado todavía a España y esa enfermedad era muy grave. Al recuperarse, decidió escribir un libro en el que rescató todas las alucinaciones, sensaciones e ideas varias que la habían envuelto durante la enfermedad. Por lo visto, no llegó a publicar nunca el trabajo completo porque algunas personas -muy allegadas a ella- se lo desaconsejaron.

Qué pena. Menos mal que ahora han rescatado la obra y se ha visto publicada. A veces un consejo te puede hacer abandonar un proyecto, una idea, algo que tal vez podría construirse para perdurar.

Mi abuelo murió poco antes de que llegara la penicilina al país. Se hubiera salvado. No le pude conocer, tan sólo tenía cuarenta años cuando murió.

Pescador déjame tu red que un
pensamiento se me fue flotando.


Abro el libro por la página 124 y elijo una frase al azar. Es un juego que me encanta. Y leo:

Es monstruoso guiarse por el reloj.

Y decido poner punto y final al post porque no encuentro nada mejor que escribir. Qué cierto. Bendita seas.

Con 33 y sin pretender aprender a no cometer cacofonías

troncos

He pasado estos últimos días recogiendo leña. No sé si habrá suficiente para todo el invierno, no sé si será poca para calentar su voz y su piel. No tengo manos de leñadora sino de pianista, como siempre me decía mi padre. Me hacía creer que era guapa, que tenía un futuro más o menos perfecto. Al diablo la perfección.

Ahora mismo lo único que me preocupa es seguir consiguiendo leña para que el frío no se nos apodere de los deseos y del tiempo.

Siempre es mejor no acostumbrarse a la belleza



Me he llevado a mi hija Jimena a pasear por la calle de Alcalá. Aguanta el frío como una valiente y yo me alegro en el fondo de que no sea una cría sosa y remilgada. Me pregunta si vamos a subir en el bus de la Navidad pero yo le digo que no porque las colas son muy muy largas, tanto que duran varios años y ella me sigue el discurso pero le noto en los ojos que no se lo cree del todo. Nos sentamos a comer patatas fritas de esas que venden en puestos ambulantes, todas desparramadas sobre un mantel que no ha pasado ningún control de sanidad. Pero qué buenas que están, pese a todo.

No sé si tendré tiempo de volver a escribir. Jimena me ocupa todos los minutos y en Madrid sigue habiendo muchos sitios en los que detenerse.

Yo (primera persona del singular, sola) te descubrí Lisboa, aunque tú aún no lo sepas

you must remember this

Tal vez no sea mala cocinera. Lo único que necesito son ingredientes adecuados y algo de tiempo. Está bien eso de cocinar los domingos mientras ella toca la flauta en el comedor. Me gusta cuidarla y que se sienta segura mientras me las ingenio para no quemarme los dedos en el horno. Pero este no es el tema del post.

Me acabo de dar cuenta de que ya estamos en diciembre y que esta semana es tan corta que empieza y acaba en un suspiro. Ay. Vale, intento no caer de nuevo. Respiro hondo y no me enciendo ningún cigarrillo. El ritmo de escritura es proporcional a la calidad de los textos, así que me duele un poco aquí, en medio del pecho y justo al final de los ojos.

Pienso en las oportunidades, qué tema más manido. Cuántas tesis doctorales apiladas en las bibliotecas que esperan su turno. Las oportunidades en la pequeña y mediana empresa, Las oportunidades en la lírica del siglo XV, Las oportunidades aplicadas a la gestión de las presas en Andalucía... Títulos de obras que me vienen a la cabeza pero que no me sirven para lo que busco. No es necesario ir tan lejos. Se piensa en siete minutos y se escribe en tan sólo tres.

Hay que ser listo o lista para saber cuándo tienes una buena oportunidad ante ti. Si la dejas pasar es que eres imbécil, perdona que te lo diga, pero eres rematadamente y absolutamente imbécil porque sólo se muere una vez y tú ya estás un poco más muerto. En cambio, si agarras a tu oportunidad suavemente, de la mano, o incluso del abrigo, tal vez se quede contigo. Quién sabe, lo mismo le gustas y te desea como quien desea por última vez.

Pero también están los tramposos que perdieron su oportunidad y ahora se retuercen, dolidos y enojados, porque ven su error. Esos no son buenas personas, hacen una zancadilla a la oportunidad y pretenden que se quede con ellos de una manera sucia e invisible. Hay que tener cuidado con estos últimos porque te la juegan en cuanto bajas la guardia.

Tal vez no soy tan mala cocinera como pensaba. Lo que sí es seguro es que jamás haría la zancadilla a una oportunidad, si la perdí es que fui una detective ciega y, si la gané, es que aposté y saqué todas las cartas buenas. Que no estaban marcadas.

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