El cielo sobre Madrid no es cielo es algo indescriptible (nadie lo entiende, sólo los pilotos de avión)



Supongo que cuesta de creer, que debe parecer extraño.

Las cosas suceden de la noche a la mañana, así, sin avisar.

Un domingo salí a la calle sin paraguas y con un abrigo azul.

El lunes ya no tenía la misma mirada. Nunca más la he vuelto a tener.

El sitio donde siempre estoy segura, como la casilla de "salvada".

Mañana me levanto a las 06:05 AM y hoy me darán, como mínimo, las 02:00 AM



Qué bueno es el Siamese dream...

Esta noche me encantaría pasarla sin dormir, tocando los bongos, la guitarra y cantando contigo. Las mejores cosas de esta vida son gratis.

Una atea tolerante con el cristianismo puede hacer un Belén en su casa si le da gana, a ver quién me critica por eso



Pues yo sí que estoy a favor de las luces de navidad de Madrid. Venga, que se os acaba de caer un mito, pensábais que también este año iba a despotricar en contra de las fiestas navideñas y bla, bla, bla. Qué bonito está Madrid iluminado, venga ya, tanto criticar, que nos come la envidia, hombre. Y yo que perdí las navidades del todo en 1991, no las volví a recuperar. Pero eso es una historia muy larga, no es necesario volver a mencionarlo.

Así que tengo derecho a tener mi dosis de consumismo y de iluminación artificial. Que ya se sabe que todo es una farsa, que todo es mentira y que somos veinte mil veces hipócritas muchos días a la semana. Pero las perdí hace dieciséis años y eso es demasiado tiempo. De Santa Llúcia a Nadal dotze dies de cabal.

No olvido. Aún así, es posible comprar un pedazo de musgo que repare el pequeño agujero negro que nadie ha visto.

Ya nunca veré a Queen en concierto



Hace menos de tres horas estábamos en la cama, mordiéndonos la piel como dos linces bebé salvajes.

Si este año terminara con nieve creo que todos tendríamos algo más de suerte. Hay mucha gente que necesita un poco de suerte, podría dar nombres, podría explicar historias y podría hacer alguna lista. Pero no pienso hacerlo porque a nadie le importa, tan sólo a ellos y a ellas. Sólo soy solidaria con las personas a las que quiero, las demás me importan bastante poco. Ya no pretendo ir al cielo, tan sólo evitarme el infierno. Me encantaría que esas personas encontraran a alguien con quien dormir por la noche. Alguien que les preparara el desayuno. Alguien que no fuera cualquiera.

Hace menos de tres horas estaba salvándome entre las sábanas. Ahora tengo que prometerme a mí misma ser gigante y no caerme de nuevo durante la semana.

(No suelo recomendar pelis pero es que La habitación de Fermat me ha parecido sencillamente sublime. Por diferente y por original)

El Romance del Enamorado y la Muerte siempre me pone la piel de gallina



Lucía, la psicóloga, es rubia y tiene la piel morena. Se nota que se pasa los meses de verano cerca de la playa. Una hora más tarde lo confirmo porque me lo cuenta. Lucía, la psicóloga, no puede ser más guapa. Ni yo más imbécil. Mentí como una bellaca con el título de las rubias. No sé para qué me autoescribo los viernes por la noche cuando debería estar cogiendo fuerzas para mañana.

Lucía, la psicóloga, me emborracha a fuerza de vodka porque sabe que siempre acepto una última copa y de ese modo hace que le escriba una carta temblorosa y cierta de la que media hora después me arrepiento. Pero ella ya la ha guardado bajo llave en el archivador de su despacho y sólo me deja una copia a papel carbón.

Siempre tuve el mismo problema. Siempre caía en la misma trampa. Inseguridad, falta de confianza, llámalo como quieras pero siempre me conduce a lo mismo. Unas se lo tomaban bien, otras peor. Y yo, la que peor se lo tomaba de todas porque era yo. Yo y yo y otra vez yo. Y qué cansancio de yo. ¿Por qué me emborrachas, Lucía? ¿Porque nos enrollamos en segundo de carrera? Podría besarte y llevarte a mi casa, pero es que lo que yo deseo es que no la besen a ella. Que nadie peine su pelo. Que nadie doble su ropa. ¿Sabes que a veces salgo del tren llorando un poquito? Como si fuera la única atormentada del mundo. Mis problemas son los de una pequeña burguesa. Qué vergüenza. Pequeña burguesa, pequeña hamburguesa. Hoy he cogido cuatro autobuses, dos renfes y dos ferrocarrils. A mí no me persigue la muerte, a mí me siguen los enemigos invisibles que son los peores porque no los veo y disparo en vano. Ayúdame, Lucía, a dejar de escribir en mayúsculas. A dejar de centrifugarme las ideas malas. Siempre caigo en lo mismo. Lo sabía. [...]


Ahora hay tan sólo una carta, la que custodia Lucía. La otra la he quemado en el horno.

(He recuperado al Amancio Prada de Juan del Encina y de los romances anónimos que tanto me gustaba aprender de memoria. Tanta belleza hace daño.)

Cuando me pongo trascendental me miro en el espejo y no me reflejo

Esta mañana he hecho una copia de seguridad de todos los documentos de mi disco duro. Me da miedo perder alguno de los archivos, tanto trabajo sería para nada. Ojalá pudiera hacer lo mismo con mi vida en estos momentos, hacer una copia de seguridad que me asegurara que pase lo que pase nada podrá destruirla.

Una copia de seguridad minúscula, para llevarla siempre en la pitillera junto a los pitillos.

Nunca recuerdo los números de las habitaciones de hotel



Hoy ha llovido con tacañería. Ni siquiera he tenido que abrir el paraguas. Los últimos meses del año se ven cuesta arriba si llevo las gafas puestas. Si me las quito, no veo apenas nada y soy capaz de emborracharme con la más mínima dioptría.

Últimamente, siento una especie de asco del pasado que me inquieta. Llevo días borrando pistas y limpiando las ventanas de casa. Ella es lo único limpio que ha habido en mi vida. Lo único que me salva del pasado. Si pudiera rebobinar mi vida, a ella la metería como quien inserta un fotograma determinado en la banda de la película. Nunca fui buena haciendo montajes, ni editando, ni grabando tomas. Yo era de las que hacían las prácticas en directo y aún mantengo esa costumbre. Hacer las cosas en directo tiene su parte buena y su parte mala.

A veces tengo la sensación de que se me cuestiona demasiado. Me cuestionan conocimientos, hábitos, formas de ser, palabras, gestos. Qué ganas de sacar la pistola. Los días se salvan por pequeñas pistas que encuentro y que me hacen pensar en que no todo está perdido, en que aún hay gente que merece que la des una oportunidad.

Mi momento feliz ha tenido lugar exactamente hoy a las 10:35 de la mañana:

- Carol, ¿es que eres de Madrid?
- Eh, pues no, ¿por?
- No, porque como eres laísta.

Lo que siempre había soñado se ha cumplido. Puede decirse que ya soy laísta oficial. Y no ha sido nada impostado, ha sucedido de forma natural. Qué curioso. Ya no luchaba por ello y mira por dónde, ahora creerán que vengo del país de los laístas.

A lo mejor ser laístas nos hace fuertes. Debería considerarlo.

Ya tengo la agenda nueva. Es roja, tamaño bolsillo y con vista semanal. Todo lo contrario a lo que estaba acostumbrada.

PD: Tened cuidado con "robar" fotos de Internet. Ayer recibí un mail de una tipa inglesa que me pedía que quitara una de sus fotos de mi blog. Sorry, my darling, perdona por ser tan miserable de lucir tu foto en mi blog, espero que no hayas dejado de ganar dinero por mi culpa y siento mucho el haberte ofendido o el haberte robado ancho de banda de tu espacio. Bla, bla, bla.

La novia era el personaje más desgraciado, pero el que más me llegaba



He esperado 30 y pico de años para tener una guitarra eléctrica.
Ahora tal vez sea demasiado mayor para aprender a tocarla.
Hoy me he sentido pequeña e invisible delante de demasiadas personas.
El cerebro no funciona bien si te cabreas.
Tan sólo deseo funcionar bien.
Han sido demasiados años, sin duda.
En realidad, todavía no he aprendido a hacer ni una jodida cosa de las que más me gustan.
Cocinar, actuar, no dejar pistas, tocar la guitarra.
Tocar el piano.
Ahora sólo me queda el piano imaginario.

Somos como Sailor y Lula, me gusta



Ya tengo cosas para apuntar en el 2008, o sea, que esta semana me voy a comprar la agenda del año nuevo. Hace mucho, mucho tiempo, que llevo una agenda de esas enormes de piel en las que se cambia el recambio cada año. Es una agenda de ejecutiva que iba muy bien con mi vida anterior pero no con la de ahora.

Antes, yo era lo que se llama una adicta al trabajo, una tipa de esas que se va a la cama tardísimo porque tiene que cumplir unos objetivos, porque el trabajo está en la parte más importante de su vida y no sabe ver nada más.

No es que el trabajo fuera lo que más me importaba en la vida. Ahora me doy cuenta de que lo que me pasaba era que sencillamente no tenía nada más. Era una sola. Pero una sola adicta al trabajo. Cuántos domingos me he pasado en casa tan sólo para adelantar trabajo.

Ahora lo recuerdo y me entra pena. ¿Era la misma persona? Debía ser otra, sin duda. Una especie de ejecutivilla con la sombra pegada a la espalda. Qué tipa más aburrida, qué tipa tan invisible.

He descubierto unas agendas moleskine preciosas, son dietario y las fabrican en rojo y en negro. Creo que me compraré la roja. No quiero volver a llevar una agenda como la que tengo ahora. Además, este tipo de agendas me gustan mucho más porque las puedes guardar como si fuera un libro.

Y no, no me patrocina moleskine. Lo que pasa es que el post de hoy lo escribo porque si escribiera sobre la realidad de este fin de semana, tal vez nadie me creería.

Un clavo saca a otro clavo. Pero cuatro clavos hacen una cruz



...Y el poema "Lo steddazzu" se ma caído sobre los hombros como cuando te pones una chaqueta para cubrirte del frío.

Si alguna vez dejo de decir "hasta mañana" es que lo habré perdido todo. Me habré quedado sin pupilas gustativas y sin encendedor a las cinco de la madrugada.

Como vaca sin cencerro



Como vaca sin cencerro. Eso es lo que le dice a Leo Macías su madre. Como vaca sin cencerro, perdida, sin rumbo, sin orientación.

El post anterior llevaba una pista que no supe ver. Gracias a uno de los comentarios la he podido encontrar. Qué curioso, la detective que no sabe ver las pistas que ha dejado ella misma en lo que escribe. He recordado la frase...como vaca sin cencerro. Y la he repetido mentalmente hasta que me han venido ganas de dormir, de meterme en la cama y rezar para que se esfume este lunes.

Leo Macías escribe novela negra porque ya no le sale rosa. Pero esto creo que ya lo anoté alguna vez en este mismo blog. Debía ser el 2005, seguramente. No pienso perder ni un sólo minuto en buscarlo. No volvería a ese año aunque me pagaran.

Leo Macías se va al pueblo de su madre para curarse, para encontrar la parte de ella misma que se le ha perdido. Escucha los consejos de su madre, las canciones de las mujeres del pueblo, el sonido de la madera de los bolillos chocando... Está perdida, anulada, triste, a punto de caer. Como vaca sin cencerro.

A veces hay que entristecerse un lunes para alegrarse al día siguiente. Suele pasar cuando has sufrido mucho, como le pasa a Leo Macías. Es una sobreviviente a sí misma, que suele ser más valiente que sobrevivir a una catástrofe natural.

Me gustaría poder ser una detective valiente que supiera borrar todas las pistas falsas, las huellas feas, los días negros. Me gustaría saber hacer todo eso y más pero creo que no soy capaz de rescatar una novela rosa y esconder bien lejos la negra.

Qué grande es Almodóvar



He cenado patatas fritas sabor jamón, pistachos, kiwi y queso. Vaya mezcla. De fondo el camión de la basura y música secreta. He dejado de ver la tele, ya no sé qué series están de moda ni quién presenta los telediarios. Estoy en medio, ni arriba ni abajo. En un punto medio que no me deprime y me deja dormir por las noches. Tal vez me compre una bici plegable, ya veremos, depende de si este fin de semana está nublado o si hay algún buen concierto.

Me da pena leerme. No releerme, sino leerme. Me reconozco demasiado y eso no puede ser bueno. Me alejo de Carol pero al mismo tiempo cada vez me meto más en su cabeza. Cuesta de entender desde afuera, supongo. Se lo he explicado a Ewan y dice que sí, que él sí que lo entiende. Es que Ewan lo comprende todo a la primera, nunca tengo que esforzarme con él. Debería separarme un poco de su casa y de sus ojos. Es demasiado guapo. Incluso para mí.

Mejor me duerno ya.

No es suerte



Estornudo de tanto enamoramiento que llevo dentro. Me escuecen los ojos y tengo la nariz roja. Mi lado torturado se venga así de mi propia felicidad. ¿Que qué suerte tengo? No, me niego, me niego a la suerte, siempre se lo digo a Laura. No es suerte, es merecido.

Estoy en directo. Un autobús sube por la calle como un preso que lleva cargando piedras a sus espaldas durante cuarenta largos años. Yo también me siento un poco así, salir de noche ya no es lo mío. Fuimos a esos antros de moda en los que yo nunca he estado de moda, ni ganas, pero ahora es diferente porque voy con Laura y con ella todo es nuevo, hasta el rito más antiguo. Se me abre el mundo como a Ali Babá la cueva. Lo malo son los ladrones... Ojalá pudiera volver a atrás para protegerla de todos los ladrones de mirada turbia que durmieron en su cama.

Ella llevaba la cola y el tupé más alto y yo me sentía así la más afortunada del planeta, como en un sueño de ojos abiertos. La quiero para mí siempre.

Nunca me he besado con ninguna rubia pero ahora eso ya no importa, las rubias han dejado de ser mi mito (han tenido que pasar todos estos años)



Hemos pasado cuatro días en Rovaniemi con la sonrisa del sur bien puesta. No hacía frío así que nos hemos paseado por las calles sin el escudo de los abrigos. En Rovaniemi hemos bailado como dos crías, nos hemos besado en las barras de todas las discotecas de la ciudad y nos hemos bebido más de doscientas cervezas.

Mañana tengo que volver al trabajo pero ahora ya no es como antes. Ya no me preocupa ser una tipa respetable y responsable. Ahora me importa más colocarme bien el sombrero o atarme bien los zapatos. Que mi abrigo esté bien limpio y ordenar el cajón de la lencería.

En Rovaniemi hemos hecho varios amigos. Nos han invitado a sus casas y hemos probado sus comidas. Ha sido duro despedirnos de todos ellos.

Soy una novia algo macarra, lo reconozco. Me he puesto a pensar en esto justo a las 01:33 de la noche. Mejor ser algo macarra que algo indiferente. Mejor reconocer los kilos que nos sobran y no falsear los que nos faltan. Qué ridícula me pongo cuando hago filosofía bloguera.

Mañana me levanto a las 07:30 h. A veces me pregunto a qué hora se despertará el resto de personas que me rodea.

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