Mejor verse en blanco y negro que no verse



Mañana iré por fin al médico, aunque me cueste, eso es algo que siempre me ha dado pánico. Soy una hipocondríaca bastante peculiar. Consejos vendo pero para mí no tengo, y si los tengo suelen ser poco acertados.

Hemos ido al cine y Najwa estaba estupenda como siempre. Se cabrea, se pone cínica y suelta unas frases que no parecen de guión, parecen de su propia alma. Me gusta Najwa, la veo humana y eso me atrae.

La gente que me cae bien es la gente que se cae. La gente que reconoce que mete la pata, la gente que se emborracha cuando no toca, cuando todos los de la fieste están aún sobrios. Me caen bien los que desentonan, los que no hallan nunca un sitio donde caerse muertos. Los que nunca te cuentan su vida en la primera cita. Ni en la segunda, ni en la tercera.

Me gustan las personas que pierden su dignidad de vez en cuando, los que suelen carecer de orgullo, los que rompen vasos contra la pared. A los que les acojona que todo pueda cambiar a la mañana siguiente. Me gustan los que hacen el amor y no se duchan enseguida. Me encantan aquellos a los que se les mueren las plantas por falta de agua, a los que se les queman las tostadas porque se han quedado embobados mirando una baldosa amarilla.

Y no sé cuál es el tema del post, como siempre me suele pasar.

Un post que es un soplo pequeño e invisible, pufff

Hay que ser hermético con quien se merece ser hermético. Hay que lamerle la piel a quien se atreve a lamértela a ti.

Siempre he sido una tipa que inventa teorías absurdas. Pero no me quejo. Por lo menos sigo con la cabeza alta y la mirada bien limpia.

Algo que no se pueda perder, aunque te hayas tomado más copas de la cuenta (¿pensarás en ella al final del verano?)



Un, dos, tres. Un, dos, tres. La he encontrado. A la rubia, a Teresa. Y la he obligado a entrar conmigo en un bar. Es guapa como ella sola. Guapa de las que duelen cuando las miras, de esas que te hacen daño. Me he encendido un cigarrillo y se lo he dicho claro. Sin rodeos.

- Teresa, llevo días siguiéndote la pista. Le has hecho daño a...
- Ya, ya sé a quién. Y no te hagas la lista, que ya sé que érais amigos, que no es un caso únicamente, que sé a lo que te dedicas hace tiempo. Yo también he hecho mis investigaciones.

He visto que la tipa sabía lo que se hacía, así que no he abierto la boca y le he dejado hablar.

Tres horas y media de conversación.

Cinco vodkas, casi dos paquetes de rubios y unas aceitunas.

Y ella seguía entera.

Yo cada vez estaba más cabreada. Hasta que la he cogido del brazo y la he llevado a la calle. La he arrastrado hasta una pared oscura y nos hemos quedado con las caras muy juntas. Teresa se pensaba que la iba a besar porque ha cerrado los ojos y ha ladeado un poco la cabeza.

- ¿Pero, qué haces?

Y entonces ha abierto los ojos y se ha sorprendido. Yo sólo quería saber dónde vive la zorra de la francesa para decirle cuatro cosas. Se ha sentido acorralada y se ha puesto a temblar al sentir que se lo decía al oído.

- No te voy a matar. A las rubias nunca las mato.

Casi estaba llorando pero al final ha balbuceado una dirección. Qué cobarde, Teresa, así defiendes a la que supuestamente es tu amor. Qué mal me he sentido.

Me he alejado sin mirar atrás, sabiendo que Teresa seguía allí, la mitad de borracha que yo. Veinte minutos después, estaba llegando al portal de la zorra francesa.

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Esta noche necesito descansar, me iré a dormir pronto porque estoy agotada. Realmente cuesta muy poco vencer a los sucios de espíritu, a los que le destruyen la vida a los demás con sus trucos baratos. Ese tipo de sujetos acaban desapareciendo como el humo. Tan sólo hay que fumar mejor que ellos.

A veces me explico tan mal que ni mi sombra se queda a escucharme



Una foto y unas palabras.

Solitude what a lame excuse you forget
as the wind blows
Do not cry over
same old news do not tell what the skin knows
So you fade away like a summer day


Él me ha dado un mes para que resuelva el caso. Y yo sigo sin hallar pistas claras, limpias, enteras... Pistas a las que no les falte ningún adjetivo, ningún verbo regular. Pero no puedo con ello. Si fuera mejor detective lo conseguiría, y así también podría pasar facturas más elevadas.

Miércoles. Post en directo. Escribo porque no deseo volver a tropezar conmigo misma. Como la que se desayunaba los diamantes y luego se cabreó en el cielo de los cielos porque todas las niñatas pasean su rostro en miles de bolsos baratos. Qué pena.

He cambiado de canción. La de ahora es más secreta porque necesito tener algún secreto para jugar a mirarme la mano cerrada y soplármela y abrirla, y darme un susto, y no volver a beber más de la cuenta hasta al menos dos días, y no ponerme lentillas para no parecer más buena.

Tengo un mes, no toda la vida. Él se me pierde por bares y hospitales. Yo no lo encuentro ya como lo encontraba antes, afeitado y limpio. Sereno y sin temblar.

A mí también me tiemblan los párpados, Ewan. Seguimos siendo unos pequeños frágiles.

Qué bien me fue pasarme al lado oscuro, que si no me hubiera muerto de la pena



Llevo tres días escuchando el mismo tema. Llevo tres días con dolor de cuello. Llevo tres días deseando el fin de semana y una piel morena de mar imposible.

Es curioso cómo podemos oscilar del cielo al infierno, o deambular de la panadería al bar. Cómo podemos sonreír con gesto de asco o besarnos la mano pensando que son unos labios.

Me quedan muchas pelis por ver, no me avergüenzo de ello aunque sean clásicos que todo el mundo afirma haber visto.

Antes iba al trabajo vestida de semipija, ahora voy como una indie porque está visto que no me van a hacer fija en la puta vida. Lo siento, guapa, eres buena y responsable pero sigue como estás, que no nos interesa verte de otra manera. Por eso voy al trabajo con camiseta y los vaqueros sucios, no porque sea una guarra sino porque esa prenda de ropa me encanta llevarla sucia.

Debería comprarme un diccionario de sinónimos para no repetirme tanto. Redundancias y flores.

Your side always was a bit lonely. But I wouldn't sit anywhere else.



Fotos de cuando era más rubia. Fotos sin retocar que parecen más falsas que las retocadas. De cuando no me querían de verdad. Qué malo es que te quieran de mentira. Pero ahora ya no recuerdo nada de eso. Mi ropa era más fea y más oscura. Ahora incluso me visto de rojo. Tengo ganas de ir algún día a los toros, que nunca he ido. De rojo.

El camino del trabajo al tren se me sigue haciendo largo y cuesta arriba. El otro día una señora trataba de subir unas escaleras mecánicas que bajaban. La señora era mayor y no lograba avanzar, claro, iba en sentido contrario. La escalera de al lado iba llena de gente y nadie reparó en ella. Una pareja se cruzó con ella en las mismas escaleras y no fueron capaces de decirle nada. Si no lo veo, no lo creo. Me dieron ganas de llorar. Por la señora desconocida. Siempre lloro por cosas tontas como ésta. Como el capítulo del señor Bergstrom de los Simpson. O algunas que me callo porque hay cosas que es mejor no confesar.

Tengo tortícolis, dolor de espalda y me he tenido que duchar dos veces. Cada vez nos sale mejor. O sea, que mi sombra ya no me da tanto miedo como antes. Ni quedarme sin trabajo, ni sin sillas en casa.

Me descubre música nueva y los anillos se me desperezan entre los dedos. Se me curan las dioptrías y los oftalmólogos llaman a casa y me amenazan con frases absurdas. Me quieren sacar dinero y yo les enseño la culata de la pistola asomando por el bolso. Ahora soy yo la que se ríe, queridos.

No quiero sentarme en otro lugar que no sea a su lado.

Mejor hablar poco que escribir de más



Estoy en misión secreta. A partir de ahora debo tener cuidado con lo que miro, hablo y huelo. Espero no hablar más de la cuenta. Sé guardar secretos pero no los labios.

Sobre la isla, bajo la isla, en la isla, y que nadie nos descubra



Llego al domingo con el cuerpo rendido pero contento. Con ganas de escribir, de escribirte, de escribirme. Para que no me olvide de nada, ni del gusto del humo con insomnio, ni de los flanes caseros que te hice el sábado.

Esa foto me gusta. Estamos en un rincón secreto de la isla. Lo descubrimos de día pero lo disfrutamos de noche. Al principio había una silla únicamente, luego dos. Y dos sombras morenas que se ponen a bailar a la luz de los faros.

La luz de los faros es hipnótica si la miras en silencio. Ssssshhhhssss. Se refleja en el agua y entonces sólo te queda el misterio. Los submarinistas que se sumergen de madrugada y ariesgan sus vidas, qué miedo, yo nunca haría algo así. La luz de los faros. La echo de menos. Esta noche dudo entre dormirme poco a poco o seguir escribiendo hasta que los dedos se me tiñan de negro.

He descubierto que es mejor ser sincera. No engañar gratuítamente. Ya lo sabía pero era necesario redescubrirlo. Hay que ir con los ojos por delante, sin gafas de sol. Y dejarte el pelo suelto para hacer mejor el amor.

Cada día que pasa me crecen menos canas gracias a ella.

Si me (he) visto, no me acuerdo



Viernes por la noche. Me han venido unos amigos a buscar al trabajo. Hemos tomado algo en una terraza, supongo que alguna vez ya he dicho que no me gustan las terrazas de verano. Cuántas tonterías tengo. Hemos hablado, nos hemos contado las últimas novedades, lo típico. Ha estado bien escuchar a Elena y verle de nuevo los ojos. La echo de menos, ya no quedamos como solíamos quedar. Me he sentido algo triste. Y Elena tiene una gran historia que algún día tendrá que cerrarse. Y ojalá se cierre bien.

He vuelto a casa y me he preparado la cena:

- Gazpacho (con trocitos de pepino y zanahoria)
- Jamón
- Queso
- Maíz
- Melocotón
- Agua
- Pistachos

Me lo he comido en ese orden.

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Luego he recordado la primera vez que escuché a Marlango. Fue por casualidad que tenía puesta la tele y lo cierto es que me quedé muy embobada con aquella primera actuación en directo. Me llegó mucho. Ya, venga, decidme que Leonor está de moda y que gusta a todos, pero a mí me importa un pimiento. Creo que esa tipa tiene estilo y recuerdo ese viernes mirando la tele.

Lo peor, tal vez, sea no destacar en nada. No sentirte ni guapa, ni graciosa, ni simpática, ni responsable, ni nada de nada. Seguir siendo la chica de la fiesta que bebe vodka en un rincón, quedarte en un hueco oscuro y desear que llegue un vendaval que se lleve tus miedos para siempre, que se te borre la imagen de la rara en el patio del colegio, de los bocatas en los portales, de las aceras sucias de Barcelona, que cada vez te gusta menos, que cada vez te inspira menos belleza. Que no sé qué pensar.

Salir alguna vez guapa en las fotos. Todo debiera ser tan sencillo como eso. Ser inmortal me importa muy poco. Suelo despertarme con la ilusión de beberme el zumo de naranja como cada mañana. Qué cosas tan sencillas, ostia. Y me tomo el café de la cafetera nueva y sonrío porque me gastaré una pasta en café pero y lo bueno que está, que el aroma se dispersa y la casa se me llena del norte de África en unos minutos y eso es una maravilla, porque otra cosa no, pero el sentido del olfato lo tengo muy desarrollado, que hoy se me ha acercado una pija que llevaba un perfume que tumbaba de lo bueno que era, qué sensual, qué delicado, qué ganas de preguntarle la marca para salir como loca a comprarlo.

Leonor Watling tiene miedo a volar y dice que hace siempre un "protocolo de vuelo", que para quitarse el pánico se medio emborracha y así vuela mejor. Yo debo tener muchos protocolos de vuelo, ¿y qué? A veces me gustaría salir a la calle con velo, vaya afirmación más gilipollas. Volar con velo al centro de la tierra. Levantarme por la mañana y que alguien me admire, que alguien sienta que soy importante y que hago las cosas más o menos bien, con una lógica. Con velo o sin velo. Ser capaz de levantarme sin las piernas.

Hay películas que son una joya y hay otras que...mejor olvidarlas (vean Cándida, que es una maravilla)



Hoy han salido las notas. Tengo un ocho. Eso está muy bien teniendo en cuenta las condiciones en las que hice el trabajo. Me esperaba como mucho un seis. Pero se ve que las matemáticas no son cosa de detectives.

Es curioso. Cuando las cosas te salen bien no te acabas de sentir feliz. O somos excesivamente torturados o somos unos engreídos. Tendencia a ver la botella medio vacía y, encima, bebértela mientras miras a cámara en un plano corto. Ojalá hubiera sido locutora de radio. Pero la nota media no me daba para entrar a Periodismo.

Una noche más. Se ha puesto a llover y no quiero dormir.

Los posts que no se publican son los más reales



Ya he llegado a casa. Todo sigue igual, unos centímetros de polvo, la nevera semivacía y las plantas algo marchitas. No puedo decir que he vuelto mejor de lo que me fui. Sigo con las mismas paranoias y los mismos kilos de más. No seguí del todo las normas del monasterio… conseguí colar el iPod y una moleskine donde apunté algunas tonterías de esas que me pasan por la cabeza y los dedos. Lo escondí todo en un rincón del claustro y por las noches salía un momento a coger los objetos clandestinos. Es complicado estar sola. Y en mi caso es curioso porque yo siempre he sido una sola, me he pasado los treinta y pico años sola, sin nadie a mi lado, y tan bien, lo soportaba como una detective valiente pero ahora las cosas han cambiado y ser una sola a veces pesa demasiado. En fin.

Ella, mientras, estaba en la segunda isla más bonita. Después de cenar me la imaginaba tomando una caipirinha en el bar del hotel. Y en la playa, la sola más guapa de todas las solas, de todas las italianas. Es lo que tiene haber nacido en Venecia, que luego ese rasgo se te queda en la piel, por muchos años que hayas pasado lejos de tu tierra. Me ha costado mucho conciliar el sueño en el monasterio porque extrañaba la cama y lo único que podía hacer era imaginármela en la isla.

Lo mejor de todo esto es que al final Lucía regresa con Lorenzo a Madrid y se quedan juntos. En nuestra historia no hay ninguna Elena –la mejor paellera de todo Valencia- ni ninguna Luna. A veces yo soy algo Lorenzo y a veces me sale Lucía cada dos segundos. Eso poco me importa. El cuento sigue lleno de ventajas y Julio sigue siendo mi dios aunque esto último me haya dado mucha pena. Es muy difícil superar tantas obras maestras. Tal vez imposible.

Hemos vuelto a casa con los ojos más limpios y las manos muy morenas.

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