He pasado por tu casa veinte veces



Ahora los veranos ya no son una pesadilla. Ya no soy una torturada narradora en primera persona.

Justo un año y medio después repaso las notas y descubro tantas pistas que no sé si podré dormir a tantos kilómetros del cuerpo del delito



I'd be your favorite cartoon
(que nunca hay dar ninguna canción por sobreentendida)

Suelo evitar los pasos de cebra -no me refiero a (per) seguir zapatos de cebra-, busco los semáforos en rojo, porque me permiten pararme –otro ratito más– a pensar. Believe me when I tell you… Y vuelven a ser las ocho de la mañana y me imagino que tengo una máquina de escribir chiquitita en el bolsillo. Y que, sin que nadie se de cuenta, te redacto una carta, que será una mini carta porque los bolsillos son pequeños y el tiempo que dura el semáforo en rojo, escaso.

Lo mejor de los martes es que paso por un semáforo que hay que cruzar pulsando un botón, quedan muy pocos de esos. A mí me gusta pasar por allí, me siento poderosa. Soy capaz de detener el tráfico cuando quiero. Pulso el botón y cuento mentalmente, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… nunca llego a diez, es muy rápido. Me gusta imaginar que los coches se han parado porque tengo superpoderes. La culpa fue de esa canción. Hasta ese momento yo me creía invulnerable a los besos.

I'd love to see you Saturday afternoon
I'd stick around and go with you to church
I'd love to sell your backbone to my fans
I'd be your favorite cartoon


Lo peor de los miércoles es que tengo más tiempo y se me acaban las estrategias para no pensarte. Lucho con todas mis fuerzas, cierro los ojos hasta que se me oscurece el mundo, me pliego como un paraguas pero todo es en vano. Te has esparcido como el café que esta mañana se me derramó sobre la mesa, manchando los folios que tengo escritos para perderme la vida. Y pienso en ti con el pelo moreno pero luego te me vuelves rubia para despistarme. A pesar de que ya no me dejo engañar, me pierdo en algunas ciudades pero si me das un mapa soy la reina de lo secretos urbanos. Y te imagino caminando, camino del trabajo, con cara de cansada, pero la imagen se me nubla y vuelves a llevar un jersey naranjaverdeamarillonegromarrón. Porque seguro que, como a mí, no te gusta demasiado el blanco.

Despiezo los textos en párrafos, luego en frases y concreto palabras. Nunca se me dio bien resumir y contigo no haría una excepción. Así que me vuelvo a la calle a buscarte, que nunca se sabe, que la vida es muy extraña y podría ser que te encontrara remendando un libro en una esquina cualquiera o fugándote sin pagar de una cafetería en ruinas.

Hago mentalmente un top ten de canciones que podrían gustarte pero me arrepiento y las elimino con una tecla de suprimir que llevo en el bolso y que arranqué de un ordenador en pleno ataque de timidez. Al final elijo una en italiano, para que no te cueste entenderla.

Me aburro. Hago otra lista, esta vez de comidas, pero como no sé qué prefieres me vuelvo loca cocinando pasta gallega, costillas andaluzas y sopa madrileña. Y como cocino fatal, tengo que esconderlo todo para que no veas que acabo de llamar al cátering.

Descubrirte ha sido como cambiar las sábanas a la cama y dormir noventa horas seguidas perdiéndome por países que desconozco pero que sé que tú conoces y preguntándome qué debo hacer para que compres dos billetes de tren y nos fuguemos un buen día a las siete y media de la mañana. Soy capaz, por fin, de escribir un frase entera sin comas.

Encontrarte ha sido aprenderte como quien se presenta a un examen test ficticio. Las respuestas en blanco no cuentan pero ten cuidado porque las erróneas bajan nota. Y mi pregunta siempre era la misma: ¿qué pasa si todas las respuestas son incorrectas? Que tendrás un menos cinco, un menos siete, un menos nueve… y me quedaba mirando por la ventana. Yo no sabía nada de niñas. ¿Adónde corren las niñas? ¿Y por qué ésa me miraba así? Si me hubiera mirado menos, yo habría seguido corriendo hasta atrapar el balón o, un poco antes, si la bota de ese niño hubiera chutado bien, de lleno, el balón se habría quedado dentro del colegio y puede que yo en la portería si ese día hubiera salido más tarde… Todos me habrían felicitado, pero no fue así.

Tuve que quedarme muy quieta para que ella se acercara… ¿Adónde corría esa niña?

……………

Al final me lo jugué todo a una sola carta, sin tener ni idea de cómo iba el juego. Aposté al 33 negro y cruzé los dedos, soplé los dados y le dí a enviar, a send, a play, a validar, a todas las teclas que pude y que conocía.

Las pistas se descubrieron y a mí, por fin, se me comenzó a desequilibrar el pulso.

Elvis será tu ángel de la guarda



Me quedé viendo cómo se alejaba su coche. Siempre lo hago y siempre pienso que ella me ve por el retrovisor, pero resulta que me acabo de dar cuenta de que no me ve, desde ese ángulo resulta imposible. Mejor.

Me quedé plantada en medio de la calle, justo entre las mesas de una terraza de verano llena de gente atiborrándose de frankfurts y coca-colas sin gas -de tanto estar aburridas sobre la mesa y sin hielo- que no repararon en mi pinta de naúfraga. En una mano, una bolsa con ron añejo y azúcar moreno de caña. En la otra mano, mi equipaje de fin de semana.

Estamos a lunes y ya la estoy echando de menos. Le escondí en el bolso mi último camel, todavía en la cajetilla. Fumátelo a mi salud cuando estés allí, te ayudará a no echarme de menos, será como si estuviera a tu lado.

Esta tarde, mientras se hacía de noche, ella ha encontrado el momento justo de fumar mi cigarrillo. Al caer el sol, sola como las solas. Como las solas de verdad que fuman sentadas en las rocas, mirando cómo se cierra el día. Que al final el día se cierra de golpe y si te entretienes un poco te lo puedes perder.

Me he pasado el día imaginándola mientras trabajaba mis ocho horas diarias. Y si no fuera por eso, ser detective no tendría sentido.

Madame Bovary c'est moi (y yo, y tú, y todos un poco)



Me han encargado preparar una maleta con lecturas para el verano. Es para alguien que va a pasar un mes en absoluta soledad así que me he pasado un buen rato tratando de elegir las obras lo mejor posible. He tardado toda la noche en elegir seis títulos, me ha salido ese número, ni uno más ni uno menos. He repasado uno a uno los títulos de las estanterías, me ha costado elegir (véase la nota de presentación de este blog, juas) porque ningún libro me parecía lo suficientemente bueno. Y con la excusa de encontrar buenas lecturas, he recordado los momentos en los que compré esos libros, lo que significaron sobre mí o simplemente qué pasaba por mi vida por aquel entonces.

(Aquí iría un párrafo de esos densos en el que explicaría con toda suerte de detalles la historia de cada novela, el porqué de las páginas subrayadas, y etc. etc. Pero me lo salto porque no son éstas horas de ocupar el tiempo leyendo dispersiones de este tipo)

He abierto las páginas de los seis libros. Esquinas de páginas dobladas, palabras subrayadas o envueltas por círculos a lápiz, pétalos de flor disecados en medio de una página al azar -esto sí que es de tipa cursi, pero es que me encantan las flores, raras por supuesto- y alguna hoja escrita a mano -ajena- junto con recortes de diario:

Lunes 6 de julio de 1998: la poeta catalana Maria Mercè Marçal muere en Barcelona víctima de un cáncer a los 45 años

Sólo he leído el titular, no me apetecía leer la nota entera. Reconozco que ella no me gustaba demasiado como poeta pero su novela (fue su única novela, ¿verdad?) era asombrosamente perfecta y te enganchaba como sólo lo hacen las buenas novelas. Me gustaría mucho volverla a leer pero no creo que pueda (el tiempo el tiempo el tiempo sin comas que lo separen y lo detengan...)

Finalmente, he hecho la maleta con estos seis títulos:

1. Madame Bovary
2. La passió segons Renée Vivien
3. Tristán e Iseo
4. El retrato de Dorian Gray
5. El amor dura tres años
6. (No digo cuál es porque es demasiado personal)

Me ha quedado bien la maleta con las seis obras. Ahora sólo me falta dejársela en la puerta de su casa con una nota sacada de una frase que subrayé hace demasiados años:

Pero lo que los dioses dan, lo quitan muy pronto.

Así que debo aprovechar todas y cada una una de las noches serenas que me han sido otorgadas.

Las personas como yo han de tener cuidado de no (re) caer en la melancolía



De pequeña soñaba con tener una guitarra eléctrica y un grupo. Ser la cantante, la guitarra rítmica o ambas cosas. Eso era lo de menos, yo lo que realmente deseaba era una guitarra eléctrica, tipo Les Paul, por ejemplo. Claro, a mí me iba más ese estilo que el estilo Fender, me había criado con los Beatles y eso marca mucho. Claro que tampoco yo era tan original, supongo, de críos todos hemos soñado con ser músicos, guapos, y con ligar después de los conciertos. En fin.

La guitarra de la foto duerme en mi casa. Es mía. Ella me la ha regalado para mi cumpleaños. Al final, no he tenido un grupo, ni he sido cantante, ni nada de eso. Pero tengo la guitarra eléctrica y eso era lo importante.

Hay días en que siento tanto vértigo que tengo que sentarme a rezar para no caerme. Me invento los rezos, que soy atea, pero creo que no lo debo hacer del todo mal porque ahí arriba deber existir alguien que me está echando un cable.

Mil millones de años más



De repente me han venido unas ganas tremendas de que sea invierno. Me ha apetecido ponerme un abrigo gris, de chica chica. Un abrigo gris de chica chica no es lo mismo que un abrigo de chica. Pero es verano y sigo empeñándome en vestir dos tallas menos que la mía.

La Sra. Blenk me estaba haciendo un juego de sábanas. Está bordado por ella, de joven, de cuando vivía en Gran Bretaña. Era un secreto, pero ya no ha podido aguantar más y me lo ha enseñado. Es precioso. Lo he imaginado puesto en nuestra cama y me he emocionado. Son florecillas inglesas muy pequeñas, de colores, perfectísimas. De cuando la Sra. Blenk tenía una vista telescópica.

Ya me ha terminado el juego de sábanas. Lo ha metido en una bolsa roja de unos grandes almacenes para que lo lleve a casa. Lo he estado tocando. Me he quedado conmovida. Yo no quiero que ella se me vaya nunca.

Esta canción me deshiela.

¿Puede uno llevarse el mar donde no hay mar? Ahora sé que hay una fórmula para conseguirlo, se necesitan varios aviones...



He ido a buscar a Laura al trabajo, ella no sabía nada así que ha sido una sorpresa de esas de verdad, de las que quedan pocas ya. He llegado diez minutos antes de que ella saliera por la puerta. Me he fumado un cigarro, me he conectado el iPod y me he puesto a vigilar la puerta del sitio donde trabaja. No he quitado la vista ni un solo instante, no vaya a ser que la chica salga tan rápida que no me vea. Pero me ha visto y nos hemos quedado asombradas de que fuera tan real, tan fuerte. Uala.

Me encanta la calle que tengo que atravesar para llegar hasta su trabajo. Hace un poco de cuesta pero nunca me cansa, la verdad. Es una calle que parece un poco de pueblo, a pesar de estar en plena Barcelona. Hay un sitio donde arreglan motos, una cafetería muy moderna, unas señoras que planchan la ropa que les llevas, un restaurante italiano tan pequeño como un dedal, una peluquería de las que pasas por la calle y huele tan bien que te dan ganas de entrar a cortarte el pelo…

Es una calle tan especial que no me parece que pueda existir. Pero existe. Y últimamente compruebo que existen más cosas de las que a mí me enseñaban cuando era pequeña.

Justo cuando he llegado al sitio ha comenzado a sonar Moon river. Y yo es que soy muy tonta para esas cosas así que he pensado que aquello era una señal, que alguien me estaba poniendo la banda sonora para que no me pierda. Y no me he perdido. Yo, la adicta a llevar mil mapas en el bolso.

Hemos pasado la tarde haciendo cosas de chicas: besándonos, mirando muebles imposibles, tomando bebidas rojas y fumando mientras avanzaba la tarde, hablando de cosas secretas, celebrando que he terminado los trabajos y que ahora sólo me falta aprobarlos (cruzo los dedos, los cruzo, los recruzo).

Nos hemos comprado una Moleskine de Madrid. Es una especial que lleva planos de las calles y del metro, hojas en blanco, apartados para escribir nombres de sitios para comer, bailar, etc. No es una pijada, es una preciosidad. Ya que somos adictas a Madrid, seámoslo bien, con estilo, claro que sí. Esta noche ya he apuntado un par de sitios para comer. Es muy estética, y yo me muevo por estética. ¿Y qué? ¿Pasa algo?

- ¿Sabes por qué nos gusta tanto Madrid?
- Pues la verdad…no lo sé…¿por qué?
- Porque nuestros problemas no están en Madrid.

Qué cierto. No puede ser malo que te gusten las cosas bellas.

He sobrevivido al miércoles, ahora sólo queda esperar, como si de un parto se tratara



Me he comprado un molinillo de viento para ponerlo en el balcón. Tiene forma de flor. Me gusta. Es lo más positivo que he hecho en varias semanas.

Pero mañana -lo prometo- haré otra cosa más.

Si sobrevivo al miércoles...



Yo nunca había hecho el amor tan bien como ahora. Ni tan de verdad. Ni tan fuerte. Como con ella, con nadie.

Y nos dormimos al final como dos linces bebé.

Mañana tengo que hablar en público, estoy nerviosa, nerviosa, nerviosa...



No me gustan los zapatos de verano. Me parecen feos y vulgares. Hoy llevaba unas menroquinas-albarcas-o-cómo-queráis-llamarlas pero me tiñen los pies de azul y me da mucha rabia.

Tengo ganas de que termine esta semana. Nunca pensé que volver a ser estudiante sería tan complicado. Los estudiantes que trabajan, los estudiantes sin tiempo para estudiar, los estudiantes sin tiempo para hacer trabajos...

No me gustan los zapatos de verano. Pero yo sé que este verano voy a encontrar unos zapatos bonitos. Y ella me va a ayudar a encontrarlos. Como las otras cosas. Como todo.

(Escuchar esta canción me dará suerte, a ella acudo como si de un conjuro se tratara...todo tiene relación en esta vida, y los encuentros no son porque sí)

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