Cuento los minutos haciendo trampas

[...]


Esa ciudad está más brillante que nunca. Como tú.


[...]

Permítanme ponerme estupenda antes de que se me acabe junio

Y tomarme tres cafés seguidos entre las seis y las nueve de la mañana.
Escribir siete líneas -ni una más, ni una menos-
Con la excusa de introducir un verbo que me suene a ella.

Si no me tiro de la silla y atravieso el suelo de madera imperfecta
Es porque imagino sus ojos y su escote perfecto
Y se me nubla a mí la vista
Y los ojos se me vuelven espesos
Y ya no veo a nadie
Y ya no creo en lo que creo.

Permítanme ponerme estupenda antes de que se me acabe junio
Porque después de esto sigue habiendo vida
Y los poemas en tres minutos y medio
Escritos a hurtadillas en el trabajo
Cuando nadie me vigila
Sé que le van a llegar
Atravesando toda Barcelona.

Que por ti me disfrazo de estatua de la libertad si hace falta



Me levanto a las seis, trabajo un rato en casa y luego me voy al trabajo de verdad, con el que me mantengo. Después de comer, vuelvo a trabajar. Ya de noche, me doy una ducha, ceno, sigo trabajando y me voy a dormir con ganas de que termine junio.

Si tuviera que seguir con este ritmo, creo que un día u otro terminaría quemada.

Me mantengo porque lo sé.

Y si respiro, es porque lo sé.

Y si me cuido, es porque lo sé.

Y si lo sé, es porque sencillamente lo sabe.

Cada día se aprende algo nuevo. Hace poco he descubierto un grupo nuevo, un helado que desconocía, una marca de zapatos deportivos y un secreto en un papel.

Siguen llamándome del trabajo al móvil que ya no utilizo. Me encanta ese sentirte en paradero desconocido. Esta tarde me habría gustado raptarte, llevarte por ahí y no devolverte a casa.

La letra de "Frenesí" me parece la ostia de romántica a la vez que incorrecta:

Quiero que vivas sólo para mí
y que tú vayas por donde yo voy
para que tu alma sea lo más de mí...


Lo mejor es lavarse los dientes inmediatamente después de cenar. Si se deja pasar el tiempo, luego da una pereza horrible.

La envidia es mala



Hay gente que no acepta la realidad. Hay gente que daría la vida por conseguir lo que otros tienen. Hay gente que opina de las relaciones de otros sin tener ni puta idea de lo que esas relaciones significan. Hay gente que no respeta las historias ajenas. Hay zorrillas invisibles -pero no por ello menos reales ni peligrosas- a las que les encantaría que yo diera un resbalón.

Queridas zorrillas, ni un sólo segundo he bajado la guardia. Ni pienso bajarla. Ni un sólo día, ni una sola noche. Cuidado. Si atacan lo que más amo, si talan un árbol y me lo ponen en medio del camino para impedirme el paso, no respondo. Quito el árbol y vuelvo a plantarlo. Y a mí no se me detiene tan fácil.

Todo lo que tengo es porque me lo he ganado, queridas zorrillas, no he robado nada, ni tengo la suerte de los que juegan a la lotería. Y si no lo aceptáis, peor para vosotras. Yo sigo durmiendo acompañada.

Esta noche me voy con Ewan a dar una vuelta. Cada vez somos más amigos. Nos llevaremos la katana, las pistolas, las listas y un par de bolis rojos.

Los Stones tocando y yo, trabajando



Ni siquiera me planteé ir al concierto de esta noche. Pensé, simplemente, que todas las entradas estarían vendidas desde hace meses. Y con mis líos de estudios, trabajo, y casos por resolver, no hubiera tenido tiempo de comprarlas, ni de enfrentarme a colas de fans fantásticamente fanáticos.

Y esta tarde me entero de que había aún 8000 entradas sin vender. Tentada he estado de ir a última hora. Pero me he quedado en casa. Muy quieta. Pintándome las raíces del pelo de color azul. Un azul brillante, verdadero. Que los azules falsos...hay que huír siempre de los azules falsos.

Luego se me ha presentado en casa Ewan, de sorpresa, a pesar de que sabe que eso me fastidia mucho. Le he tenido que confesar que aún no tengo su caso resuelto, es que es muy difícil, guapo, muy difícil, y yo estoy sola, y no tengo socios que me ayuden, que todo lo tengo que averiguar yo solita. Y él no tiene dinero para pagarme los gastos del seguimiento del caso. No importa, Ewan, regálame un vídeo chulo. Y se ha sacado de las pupilas el de PJ Harvey y Nick Cave.

Si fuera hetero, sólo por eso ya sería tuya.

Lo Stones tocando. Y qué idiotas que somos a veces. Nos pensamos que no somos capaces de conseguir alcanzar lo que queremos y por eso ni siquiera lo intentamos: ese trabajo no es para mí, ese bar seguro que lo cierran dentro de un cuarto de hora, esa tipa no se fijaría en mí ni de coña.

A veces suena la flauta y lo conseguimos.

Otras veces, la flauta no suena y nos quedamos con los ojos abiertos durante meses...



Sigo acordándome de Bart con el corazón resbalando por la pared. Hago listas con Ewan y los dos nos miramos sin entender qué pasa. Quiere quemar toda Francia, a mí me da miedo que lo haga. Es capaz de incendiar toda una provincia con medio pitillo.

Y como no puedo estar cerca de los Stones, lo estaré de ellos dos, Nick y PJ. A punto de lamerse las lenguas.

James Dean no se ha quitado las gafas porque estaba llorando



No pensaba escribir esta noche. Tampoco mañana. Tampoco pasado. Y no porque no tenga ganas, no, sino porque me falta tiempo y me sobran nervios y cabreos.

El mediodía de hoy ha sido especial. James Dean ha venido a verme, a estar conmigo casi dos horas, a fumarse mis dos últimos cigarrillos.

James Dean estaba solo, agobiado, tembloroso, cansado. Y yo le miraba y le sentía lejos. Y me lo quería llevar de allí, de aquella terraza, pero no podía porque tenía que trabajar. A mí no me gusta sentarme en las terrazas de verano, en esas que ocupan toda la calle y te sientes como un objeto expuesto. Soy de interiores. Después he pensado en qué ciudad sería feliz James Dean. ¿En Florencia? ¿En Barcelona? ¿En Praga? ¿En París? ¿En Madrid?

Dondequiera que no estén sus problemas.

Después se ha ido en su coche y yo he rezado mentalmente por él.

Lo que más me ha fastidiado es que no he podido ver sus ojos. Ni un sólo segundo. Y me he quedado con esa penita toda la tarde.

Nietzsche era un buen músico; todo en el siglo XIX fue mucho mejor que en cualquier otro siglo



Hoy no me apetece dispersarme. Aprovecho que estoy en plena fase de estudiante aplicada que ve cómo se le echa el tiempo encima y que me hallo en medio de un lío de libros, papeles, fotocopias varias de Nietzsche... Y recojo esto:

Tocaba muy bien el piano y es autor de buenas piezas musicales. Después de su hundimiento en 1889 continuó tocando el piano. En Jena, por ejemplo, asistía a un restaurante donde lo dejaban tocar el piano y allí improvisaba durante horas todos los días. Siempre tocó el piano, especialmente obras de Wagner. Nietzsche empezó a componer desde muy chico, en sus años de liceo: bosquejos de un requiem (sin duda inspirado en Mozart), una misa, un oratorio de navidad, un muy hermoso miserere que debió componer bajo la influencia de Palestrina. Escribió además hermosísimas piezas para piano, una quincena de lieders y bosquejos de sinfonías, que -más allá de lo que se hacía en su tiempo- anunciaban la música de Richard Strauss. Nietzsche reelaboraba las impresiones que recogía escuchando a otros, como si estuviera discutiendo con aquellos que podían sentir como él: por ejemplo con Beethoven o Chopin. Después hizo lo mismo en filosofía, con Kant o con Platón.

(Curt Paul Janz, autor del catálogo de las obras musicales de Nietzsche)

Aquí se pueden descargar algunas piezas.

Esta semana es terrible pero a ti ya no te hunde nadie



La señora Blenk, mi madre, estaba hoy muy pequeña.
He leído medio relato en la consulta del médico, mientras esperaba.
La curva del gráfico no estaba ni en la zona verde ni en la amarilla, sino en la roja.
El color rojo sólo es bueno cuando dices que tienes el corazón rojo.
En el resto de casos, es malo.

Y yo sigo mirando tan de cerca a Laura que se me cura la miopía.

Ese incendio...



Ayer noté por primera vez que había llegado el verano. A mí ya no me destruye. El domingo lo vamos a pasar como dos tigres bebés.

Si yo fuera otra, nunca quedaría para conocer a Carol Blenk



Llego al viernes con una conclusión en la cabeza y con la estúpida necesidad de dejarla por escrito. Soy una tipa rara. Y asocial. Ya lo intuía pero esta mañana se me ha confirmado del todo. Una compañera de clase ha llegado besando a todo el mundo. Menos a mí. Es que es la típica listilla que se ha leído todos y cada uno de los clásicos de la literatura de ayer y de hoy. Mentira. Siempre miente, que yo lo sé. Me he puesto a hablarle de literatura magrebí y entonces se ha tenido que callar. Imbécil, eso es demasiado marginal para ti, ¿verdad? En tu lista de escritoras superfeministasdelaostiatodasellas no cuentan las tipas con velo. Qué gorda me cae esa tipa. Y encima va de tía buena. Juas. Después la gente se ha puesto a hablar de hacer la típica cena de fin de curso y bla bla bla. Que si tú me llamas, que si yo te envío un mail, que si tal, que si cual. Y yo sólo tengo el móvil de dos personas. No soy nada popular. En esas pelis americanas del domingo por la tarde, yo nunca interpretaría a la reina de la fiesta de fin de curso. Yo, sin duda, sería la sola que bebe en un rinconcillo, que fuma a escondidas y que suspira por la guapa del grupo. En fin.

Prefiero ser una borde y una asocial pero ser transparente. No dar una imagen irreal de mi persona. Reconocer que debo ser una egocéntrica acabada ya que me paso todo el blog hablando de mí y de mis historias. ¿Y qué? Antes prefiero eso que pretender pasar por la tipa más liberal del mundo, la que más sale, la que más se emborracha, la que más colegas hace gracias al blog. Lo más triste es creerse uno mismo todo eso y más. Fardar de que uno se va a comer el mundo cuando sale de fiesta cuando ni siquiera se ha emborrachado una sola vez en su vida. Me dan mucha pena esas personas. Y no es que yo esté por encima de todo eso, claro que no. Pero no voy de nada. En realidad, hoy me he dado cuenta de que Carol no es tan personaje como yo me creía. Cada vez nos parecemos más. O ella se asemeja a mí. No sé. No quiero pensarlo.

Ayer no debería haber redactado ese mail. El amor me pierde, está claro. Aunque lo volvería a hacer.

Carta de una tipa oscura un miércoles por la noche

Me he pasado la tarde comenzando un trabajo y comiendo sin parar. Que yo me dedique a comer compulsivamente siempre es indicio de algo. Prefiero no averiguar de qué. Dulce, salado y abstracto. Lo peor es cuando te pones a comer abstracto. Me acabo de dar cuenta de que también me he puesto a escribir compulsivamente.

Tengo miedo de hacer las cosas mal. A todos nos pasa eso, supongo. Nunca he sido una triunfadora, nunca he pretendido ganarme el cielo. Las cosas que pido son tan sencillas como pan, cerveza, dormir sin pesadillas y que los trenes no lleguen tarde.

Ahora me dedico a pedir libros de otras universidades. Hago uso del préstamo interbibliotecario, que es muy útil. Los libros viajan de una ciudad a otra, a mí no me da tiempo apenas a leerlos pero resulta divertido porque escribo mensajes en los márgenes para que alguien los lea, a muchos kilómetros de distancia. A eso me dedico, básicamente.

Elena me ha escrito una carta desde Londres, la he recibido esta mañana:

Carol,

Hace frío y tengo que encenderme los cigarrillos hasta cuatro veces seguidas para poder fumar más o menos bien. La casa donde vivo no me gusta demasiado porque las paredes son grises y me da la sensación de compartir alquiler con los hombres grises de Momo, ¿te acuerdas de ellos? Claro, tú estabas algo obsesionada con eso. Para variar.

[...] y por eso estoy preocupada. La veo allí, hablándonos de todos esos temas, tan real pero a la vez tan enigmática, tan lejana pero tan accesible. No sé, se me va la cabeza. Y sé que es imposible, que jamás tendremos nada, pero no puedo evitar fantasear, sobre todo cuando la veo mirándome y explicándome todas esas historias de libros y guerras. "Estoy tan bien como una puta en su hora libre", como decía Christina.

Tengo ganas de verte, Carol. ¿Cuándo tienes vacaciones? ¿Nunca? Ya, tú como siempre.

Te escribo de nuevo mañana. He dejado de usar Internet, vuelvo a la época de ungaunga.

Besos de Elena.

Vaya. Otro típico caso de enamoramiento de profesor. Aquí me parece que poco voy a poder hacer. Que se termine el curso, que la suspenda o que la mancha de mora... ya se sabe. Lo cierto es que conociendo a Elena me extraña mucho que le haya sucedido algo así. Bueno, lo dejo por hoy. Mejor me lavo los dientes y me tomo un vodka para dormir.


He decidido volver de Madrid porque no soporto estar sin ella. Que por muy bonita que sea la capital, no me compensa. Aunque tomar un café el domingo en la Plaza Mayor, mientras se derrumba el sol, es algo insuperable. Y más aún si la casualidad hace que te encuentres con un post-it de Paola Vaggio.

Si apruebo en septiembre, me voy a comprar un capricho, he dicho



Esta mañana he quedado con una profesora para comentar algunos aspectos de un trabajo. Hemos comenzado hablando de la representación de la identidad, de los tipos de narrador y de la literatura finlandesa...y hemos terminado criticando el modelo educativo de Bolonia.

Si es usted profesor, calcule los minutos y segundos exactos que ha de dedicar el estudiante a leer en su casa el artículo. Calcule también el porcentaje de tiempo que debería dedicar a comer, a tocarse las narices y a fumar, además de realizar esquemas de las diferentes unidades didácticas.

Si es usted estudiante, no se fatigue, que no le duela estudiar, no amplíe conocimientos, no pretenda asistir nunca más a clases magistrales, por dios, qué atraso, el profesor le guiará, le llevará de la manita como si fuera usted idiota y le irá susurrando al oído todo lo que debe hacer. Nada de pensar de más.

Por supuesto, nada de estudiar Humanidades, ni Filologías, ni Historias del Arte... porque ahora la universidad se úne más que nunca a la empresa y pasa lo que pasa.

Nos hemos puesto algo tristes al sentir que los buenos tiempos se están acabando y parece ser que no podremos evitarlo.

Después he estado vagando alrededor de una hora y media. He entrado en tres bibliotecas y tres liberías. El número tres siempre me ha gustado. Nunca pienso en señales pero esta mañana había unas cuantas rondándome los ojos. La primera canción que ha sonado en el iPod, el encuentro con un familiar, la lectura de un diario sensacionalista gratuíto, el pelo más rojo que de costumbre, los vaqueros sucios, el cambio de melodía de móvil, la comida más buena que nunca, los kilos que he ganado, la barriga que tengo y que parece que no voy a perder, todo lo que pienso y no me atrevo a verbalizar por miedo a nada.

Me han invitado a una boda preciosa de dos tipas estupendas pero no puedo ir porque trabajo. A veces no se puede tener tanta suerte. Me conformo con cinco letras.

Nos han regalado un billete de metro de diez viajes sin estrenar



La 01:02 h. Es un buen momento para cenar. Estrenamos junio y ya estoy deseando que se acabe. Abril es el mes más cruel y junio el más estresante. Tengo tanto trabajo pendiente que no sé por dónde empezar. Pero no pienso sentirme culpable por estar aquí escribiendo mientras se me pasa la noche. Ni hablar.

Hago mentalmente una lista de cosas para almacenar/reservar/modificar. No la escribo porque es demasiado íntima y salen imágenes que las quiero para mí sola. Egoísta y sola. Toma ya.

Esta tarde he sentido una punzadita pequeña en algún lugar entre el cuello y el ombligo. Pero ha sido tan leve que no me he asustado. Antes -me conozco- habría sido mucho más dolorosa y ya me habría puesto a partir sandías a patadas. Ahora me limito a respirar hondo y a repetirme una frase de cinco palabras y veintiséis letras. Es mi frase. Bueno, en realidad es su frase, pero ella me la deja pronunciar porque sabe que conozco realmente su sentido.

Estoy salvada, así que no vale tener miedo ni inseguridades.

Las 01:06 h. Ahora sí me voy, por fin, a cenar.

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