De tant pensar en tu em cauen els cabells



Ha sido un día larguísimo. He hablado poquísimo y he comido sola mirando una serie de mediodía, de esas de amores imposibles que hacen que te cabrees con el mundo de la ficción porque siempre hay un cabrón que separa a dos que se quieren. Jodidos guionistas. Qué bellacos. Yo un día también quise ser guionista, cuando escribir era el motor, el vehículo e incluso el volante.

Ahora sólo me muevo en transporte público.

Me he duchado mientras me fumaba otro cigarrillo. Nunca se me apagan, aún no logro entender porqué. He pensado en Laura -llevo meses pensándola y repensándola- y en las cosas que hablamos. Jamás había hablado tanto y tan bien con alguien. De tant pensar en tu em cauen els cabells.

Llevo tiempo intentando descrifar nuestros códigos. Debe ser algo parecido al surrealismo mágico. Con un punto de absurdo, claro. Esa corriente debería inaugurarse cualquier febrero.

Mentalmente, hace mucho que la quiero. Incluso antes...antes...antes

"¿No decías que los libros son una metáfora?", dijo mi madre.



(Este post no es mío, es de alquiler...)

Me dijiste que te gustó el concepto de "los solos" de la detective. Que cuando me conociste pensaste "es otra sola dentro de su cuento". Dos solas cada una con su cuento a cuestas. Y los cuentos se han cruzado y estamos llenando juntas páginas en blanco que no conocíamos. Suena a metáfora cursi, pero no me importa.

En casa de la detective hay un tatami y grietas en la pared. Me las enseñó un día. Entonces yo no sabía que a pocos kilómetros en línea recta había una cama pequeña (para dormir abrazadas) y una casa grande con gnomos escondidos en el jardín y árboles que crecían de una pequeña semilla.

Y yo te dije, para impresionarte, que el concepto de "los solos" en realidad era mío, pero lo cierto es que la detective y yo lo descubrimos al mismo tiempo, siguiendo distintas pistas. Mi madre diría: "Dios los cría y ellos se juntan", pero más bien es que los solos crecen, escriben cuentos y ellos se cruzan.

Déme algo para que él olvide y le pagaré lo que usted me pida, Blenk



Un caso complicado de resolver. Uno de tantos, para variar. Se trata de una tipa que quiere que le borre los recuerdos, pero no a ella, sino a su pareja. La he intentado convencer de que eso es absurdo, porque ella seguirá recordando, aunque él ya no lo haga pero ha insistido: quiero que él no recuerde nada. Que se olvide de todo y de todas. Le he explicado con paciencia que todos tenemos un pasado y que en ese pasado entran amores, amantes, desengaños y penas varias, pero que es normal, que es un historial que no hace daño, que es incluso necesario para enriquecernos. Y una mierda, me ha dicho la tipa.

Le he dicho que la iba a traer un café para ver si se calmaba un poco y me ha contestado que era demasiado tarde, que le pusiera una copa. Yo estaba desconcertada.

- Mire, señora Montalvo, no tengo ningún tipo de bebida en el despacho, lo siento.
- Y una mierda –segunda vez, parece adorar este vocablo-, veo media botella de vodka debajo de aquella estantería…
- Ah, sí, bueno, vale, de acuerdo…

Le he puesto una copa que ni yo me la tomo cuando estoy estupenda, pero ella se la ha tomado como quien se toma un vaso de agua. Elegante y sin respirar apenas.

- Quiero que le borre los recuerdos de todas estas tipas.

Y me ha alargado un montón de fotos: rubias, morenas, teñidas, naturales, rapadas… Pero eso no era todo, luego me ha dado un montón de cartas.

- ¿Y esto?
- Es información adicional. He pensado que de las que no tenía foto tal vez le podían servir otras pistas, cartas, por ejemplo. ¿No le sirven?
- Eh, sí, sí, claro, está bien.

Estaba alucinada, he calculado aproximadamente unas 60 chicas. Me ha parecido demasiado pero no le he querido decir nada por no ofenderla.

- Señora Montalvo, bien, pues supongo que ya dispongo de todo el material que necesito así que…
- Bueno, no está todo.
- Dígame.
- Falta la última.
- ¿La última?
- Sí, la última amante.
- Bueno, no creo que sea ningún problema –yo pensaba, total, una menos, no creo que venga de ahí-
- O sí… ésa fue la peor de todas.
- Perdone que sea indiscreta pero, ¿por qué dice eso?
- Porque fue la única con la que jamás llegó a nada.
- Oh, bueno, en ese caso no se preocupe, no creo que sea problema. La olvidará sin tener que hacer demasiado esfuerzo.
- ¿Lo cree usted, Blenk?
- Ya lo creo. Déjeme unos días para planificar la estrategia y para comprobar algunos de los patrones de conducta de su marido y en seguida me pondré en contacto con usted.

La he acompañado a la salida y después me he sentado en frente de la ventana que da a la calle. La he visto hablar por el móvil y subirse a un taxi. Todavía es atractiva.

He decidido no atender más llamadas esta mañana y terminarme la botella de vodka. Me sabe mal haberla mentido pero no creo que yo arregle el mundo ahora a estas alturas con una sinceridad más falsa que cualquier mentira. Todos somos algo señora Montalvo.

Soy vaga y mi nivel de idiomas extranjeros es pésimo así que prefiero ver las pelis dobladas

Hay días que son en blanco y negro. Hoy cuando llegaba a la facultad, se ha puesto a llover con sol. Eran gotitas pequeñas. Se me han mojado las gafas sólo un poco porque apenas ha durado unos minutos. Y me he acordado del corto de Tim Burton, uno que me encanta.



Cuántos torturados por el mundo tocando la flauta.

Valeriano y Gustavo Adolfo hicieron un libro impresionante juntos



Es divertido asistir a un congreso. A mí me gusta ir sola, sentarme en una fila al lado del pasillo, siempre cerca de un posible pitillo si el ponente me aburre. Pero lo mejor de todo suele ser leer la mente de los asistentes:

El de la izquierda: ¿Qué le diré a mi hermano cuando se entere?
La de la derecha: ¿Cómo me voy a escaquear de la cena del viernes?
El de atrás: ¿Dónde estará ella?
La de delante: ¿Por qué me tuvo que dejar en la estacada?


Me inquieta comprobar que todos los pensamientos se centran en hacerse preguntas. Y el pensar que cualquier otro asistente puede estar leyendo mis frases mentales.

¿Por qué me abro las cartas que no me envían?

Como véis, he perdido totalmente el hilo narrativo. Y ya no hay vuelta atrás posible.

Ni en mil siglos de tortura lo contaría



Estoy escuchando una canción que es realmente brutal, suena una y otra vez, sin tregua, sin descanso... y es bien curioso porque al final la cantante parece quedarse sin voz porque, claro, tiene que cantar mil veces seguidas y eso casi nadie lo soporta.

Hay un spray para la garganta que lleva regaliz, menta, miel y mil ingredientes más. Me encanta quedarme afónica para poder echármelo.

Jamás contaría nada de lo que pasa en mi cama tatami. Ni en mil siglos de tortura lo contaría.

Ni siquiera contaría cuál es la canción que suena ahora mismo sobre este teclado.

No hay que compartirlo todo, no hay que mostrarlo todo. Corremos el riesgo de volvernos transparentes y normales.

El día en que las grietas se hagan insoportables, entonces nos cambiaremos de casa.

"Nunca olvido una cara, pero con usted voy a hacer una excepción", que diría Groucho, y es justo lo que deberíamos hacer más a menudo algunos



Me gusta comenzar a escribir con un "a veces". Ya sé que es repetitivo y poco original pero no pretendo aspirar a mucho más. Me gusta comenzar con un "a veces" porque las historias -mis historias- son un a veces, no un siempre, y tampoco un nunca.

A veces me meto en la boca del lobo yo sola. Intento saber cosas que no debería saber. Cuando llego a ellas, me asusto y salgo corriendo, meto la cabeza en la máquina de helados y me congelo el cerebro todo el tiempo que puedo. Cuando se me descongela -suele tardar unas seis o siete horas- ya estoy algo más inmune al dolor.

A veces tengo malos presagios. Lo complicado del asunto es que no acierto a ponerles nombre ni a definirlos. Son presagios pequeños, de los que se te instalan en un rincón del cuerpo, no sé dónde exactamente, y hay que tener cuidado porque si no se disipan en seguida pueden ir creciendo como un tumor. Y resulta que al final te los crees y te agarras a ellos como quien se agarra a una biblia de la religión que sea.

A veces soy tan críptica que me encantaría cambiarme la piel y darme una vuelta por el barrio sin mirarme los zapatos mientras camino. Pistas, pistas, pistas, las putas pistas que a veces nos hacen perder la cabeza.

¿Cómo hacer feliz a una niña de siete años?

Mi lince ibérico seguro que sigue escondido en algún lugar de Madrid... ojalá pudiera arroparle esta noche



La gente que vuelve a casa en el tren de las ocho no parece desear volver a casa. Sus caras son tan inexpresivas como un día corriente que se ha quedado atrapado entre dos festivos.

Si tú me esperaras en casa, aceleraría los trenes hasta que las vías saltaran por los aires.

Eran las 8:35 de la tarde del primer día cuando salía de Munich, y llegaba a Viena a primera hora de la mañana siguiente.



Tengo algunos dientes nuevos, no todos, unos pocos tan sólo. Ahora ando algo preocupada. ¿Sabré comer? ¿Conseguiré seguir fumando como hasta ahora? ¿Podré beber directamente de las botellas de cerveza? La dentista ojos polniuman me ha dicho que no me preocupe, que dentro de unos días todo será como antes, normal. Le he dicho que a mí lo de las muelas y los dientes me parece como un puzzle, que a veces cuesta mucho que te encajen todas las piezas. Sus ojos se reían por encima de la mascarilla. A mí no me gustan nada los puzzles, me parece un entretenimiento bastante tonto, la verdad. Sobre todo si luego lo pegas a una tabla de madera y lo cuelgas en la pared del comedor. Joder, qué preciosidad. El número de piezas es inversamente proporcional al de...

En el fondo, a mí lo que me angustia son los besos. ¿Cómo se debe besar con dientes nuevos?

...said Freud and Rilke all the same...



No es lo mismo desear un beso de un desconocido que el beso de un conocido.

Escribir es bueno para la salud, casi tanto como fumar



Hay que redescubrir las historias para que sigan brillando.

Nunca nos ayudaron los dioses



Esta tarde la he pasado en El Retiro. Hacía más frío que las otras tardes, era un placer poder arrebujarse en el abrigo de nuevo.

(Sigo rezando para que no nos pille tan rápido la primavera)

Me da mucha pena siempre que paso por delante de un guiñol en el que un muñeco solitario, con acento argentino, trata de congregar al público. Nunca se acerca nadie hasta allí. Suelo quedarme unos minutos para ver si viene alguien más. Nada. El muñeco repite constantemente va a comensar la funsión, aserquénse, asérquense...

En El Retiro hay muchos solos. El ángel caído es otro de ellos.

En la cara lleva
tres años perdidos
y el frío de las seis de la mañana.


Ahora, voy a ver si tengo la suerte de encontrarme con lo que quiero encontrarme.

Mi hermano fue a un concierto de Bob Marley y yo siempre le envidié por ello



Una mañana se despertó como si se le hubieran metido decenas de alfileres por los oídos. Abrió los ojos y lo vio todo en blanco. Y negro.

Había sucedido.

Ni era el mejor día ni el peor. Uno de tantos. Y ella, una de tantas.

De repente, notó cómo todo el talento y la inteligencia se le esfumaban, como el agua en la bañera sin tapón. Seguro que no era la única que recordaba el capítulo en el que Homer se saca el lápiz del cerebro. Pues a la inversa.

Se acabó.

Pero la belleza le seguía doliendo.

Gigantes en la cama



Las horas de sueño me parecen un desperdicio. He decidido no volver a dormir jamás.

pienlentokone putosi



Recuerdo cada uno de los pitillos que no hemos fumado.

Como cuando estuvimos en Australia grabando un anuncio de Orange. O cuando fuimos al concierto de ese grupo mallorquín porque las entradas se habían agotado. O cuando nos compramos lentillas marrones para fingir que éramos alemanas auténticas.

Una hiperbólica + otra hiperbólica = dos solas

El tiempo se me echa encima y aún no tengo un tema para mi trabajo. Soy una alumna pésima.

- Blenk.
- ¿Sí?
- Recuerde que en julio debe presentarnos un esbozo de su trabajo.
- ¿Un esbozo?
- Sí, un capítulo más o menos definitivo.
- Sí...claro, no hay problema.

La dispersión no me ayuda. Y reducir las horas de sueño, tampoco.

Voy a cambiar mi número de móvil y a borrar de mi vida el antiguo. Los detectives deben ir borrando las huellas de los sitios por los que han pasado. Algo así como cambiar de contraseña.

Me duermo con el camión de la basura de fondo. Es la 01:31 AM. De nuevo en directo.

Sigo tus pistas desde los cuatro años



El otro día me puse a leer papeles antiguos. Las típicas cartas que te da pena tirar, las postales desde sitios a los que tú no has ido pero otros sí fueron, los dibujos que te regalaron... Encontré bastantes cartas de Elena y recordé lo bien que escribía. Y digo "escribía" en pasado porque hace mucho que no leo nada suyo. Me encantaban sus cartas porque me llegaban a casa sin sello, me las daba en la mano y yo las leía vivas, que nunca se me caducaban en los cajones.

Me imaginaba a Elena en cualquier barra de cualquier bar de Barcelona, preferiblemente de la zona de Sagrada Familia, sentada sola y fumando un cigarrillo tras otro(¿te acuerdas de aquella noche en que me ibas a dejar las llaves del piso de tu novio, pero justo dejé de ser la amante de aquella tipa?). Te dabas el lujo de beberte doce cervezas seguidas en la época en que no existían los puntos ni los euros. Y era entonces cuando te acordabas de mí, a kilómetros de distancia, pero susurrando en el taburete de al lado. Y me escribías. A veces en una servilleta de papel arrugada, a veces en un folio casi blanco.

No fui capaz de leer una sola de tus cartas. Me puse triste. Qué imbécil. Si te tengo casi al lado. Pero me dio pena que ya no nos escribamos. Que no tengamos historias turbulentas que contarnos, ¿te acuerdas de cuando llevábamos vidas paralelas? Yo sí, lo recuerdo.

Y me recuerdo a los ocho años, desafiante, plantándote cara y negándome a seguirte. Gracias a eso, estamos aún cerca.

Rizzo, en realidad, era una sola



Grease me gustaba mucho más que Xanadu, que me parecía muy hortera. No sé porqué, pero las chicas rubias me parecían algo alucinante. Ahora me parecen alucinantes los mapas de pecas a un milímetro.

Me gusta cuando Laura aparece en mi calle y me subo en su coche como quien se sube en una nave espacial para dos, ¿existe eso?

Le arrestaron varias veces por llevar armas por la calle y porque retaba a duelo a pintores que intentaban hacerle la competencia



Me cansa estar en contra de tantas cosas. En realidad no disfruto con ello, sería más fácil dejarse llevar y no pisar el lado oscuro. Suena Sinitaivas y me quedo pequeña. He tenido que poner de nuevo la calefacción. Escribo con las pestañas porque las manos las tengo cortadas por el frío.

A veces me canso de Blenk, de la ficticia y de la real. Y cuando esto sucede, me planteo inventarme otra tipa, tal vez morena, que sea capaz de comer más con los ojos que con la boca.

Cuando era pequeña, recuerdo que un día mezclé en la palma de la mano un poco de azúcar y un poco de sal. Alguien me había dicho que así se fabricaba un sabor realmente asqueroso. Me faltó tiempo para probarlo. Es el sabor más repugnante que he probado en mi vida.

Ser curiosa es uno de mis mayores defectos. Tengo un tipo de curiosidad detectivesca que me hace escudriñar mapas, relatos y fotografías viejas en busca de pistas que véte a saber dónde me llevan. He intentado ser menos curiosa pero es algo que no controlo. Me resulta más asequible dejar de fumar, por ejemplo.

Son mis trapos sucios lo que tienes que querer, como decía la canción. Y the answer came like a shot in the back, añado, que también me cuadra.

Quizás quiso decir: lyrics. Y qué listo es el jodido Google que sabe que nunca recuerdo si es lirycs o lyrics. Como nosotros, que a veces decimos cosas que no son realmente las que queremos que otros oigan/lean/traguen sin masticar. Quizás quiso decir que la gusta que se disperse. Quizás quiso decir que siente haber hecho las cosas tan mal. Quizás quiso decir que le duele un poco el alma pero que calla porque es mejor que los trenes sigan retrasándose. Para no perder la costumbre.

Perder la costumbre es una expresión absurda. A mí sí me gustaría perderla, para que la historia nunca se repitiera. Para que siempre tuviera giros y que los segundos actos no resultaran planos sino lo más cercano a una curva oscilante.

Las tipas que leen cómics siempre me parecieron interesantes, de hecho, soñaba con llegar a conocer alguna de esas chicas interesantes que leen cómics



La planta que hay en mi balcón es de plástico. Me la regaló mi madre después de varios intentos frustrados de revivir margaritas, blancas, por supuesto. Ahora la planta se llena de polvo y me recuerda constantemente mi olvido y mi descuido. El otro día decidí regarla y me miró mal. Me dio tanta vergüenza que salí corriendo y no regresé hasta bien pasada la madrugada.

Esta tarde me preguntaba cómo conducía mi padre. ¿Conducía bien o mal? ¿Era temerario al volante o, por el contrario, prudente? Lo he olvidado. Es curioso que olvidemos cosas de este tipo y, sin embargo, que recordemos detalles que parecen simples anécdotas al pasar los años.

Siempre me da por pensar de más cuando voy en el tren. No obstante, prefiero pensar de más antes que pensar de menos.

Ayer me enfadé porque se habían agotado las entradas de un concierto. Lo solucioné comprándome un par de cedés. Vuelvo a tener veintipico años y eso es estupendo.

Desde que me ducho con una radio acuática enganchada a la pared -ventosas espantosas- he vuelto a recuperar a los Beach Boys y los grupos de la Motown que tanto me gustan.

Y esto es como un listado de ideas que transcribo mientras ella se me duerme en una cama azul.

Si tuviera blog, hablaría de columpios y de platillos volantes...



La detective me ha prestado este post para escribir de incógnito. Se nos ocurrió mientras escapábamos de los malos (como ella es más lista siempre se escapa). Nos colamos en una barbacoa y comimos chuletillas y salchichas y muchas cosas de esas "insanas" que están riquísimas. Nos tuvimos que ir corriendo cuando empezó a haber mucho humo y las alarmas de incendio estaban a punto de activarse (como todo el mundo sabe, las alarmas de incendio son grandes enemigas de las detectives en huida)

El caso es que entre carrera y carrera yo le conté una historia de columpios y ella me explicó esto de los blogs. Me dijo que para probar, por un día al menos, me prestaba un huequito aquí. Y ahora se me ocurre que podría hablar de mandarinas malvadas a las que sacar la lengua por la noche. O de mañanas en las que amanezco con el mar dibujado en la espalda. O de que estoy haciendo mi particular "inventario de lugares propicios al amor", que como dice el poeta, "son pocos" y en esta ciudad parece que menos, porque cada vez que nos besamos convocamos un aluvión de gente (algunos sonríen, otros nos miran con reprobación, y los más con envidia, yo creo). Podría hablar, tal vez, de ciertas manos descaradas y suaves, o de anuncios de tejanos.

Bueno, la verdad es que ahora mismo, no se me ocurre nada más. Mi estómago lleva un rato gruñendo y creo que me pide que termine este post y le dé galletas de chocolate. Ñam ñam.

Las mejores road movie no son las que ves en el cine

road movie cercana

Lo celebro a solas escribiendo la historia para que no se me vaya el gusto de la boca. A veces se gana y a veces se pierde. Y cuando ganas es porque los planetas se han hecho colegas de tus fotos y de los pastelillos que compras en esa pastelería inaugurada en 1928.

Ella es tan brillante que aparcó el coche en pleno Passeig de Gràcia, enfrente de Cartier, el sábado a las 19:50 horas. Éramos la envidia de todos los conductores y de los maniquíes de la tiendas pijas. Nos tomamos un mojito y salimos corriendo para ver si pillábamos algún fragmento de eclipse.

Y sí, lo pillamos.

Nos sentamos en la terraza y escuchamos vinilos. Qué bien saben los cigarrillos compartidos y qué bien suena Elvis de fondo de un eclipse.

Me falla un botó de s'abric i... d'es cap



Mañana escucharé hablar a alguien a quien no escucho hablar desde el 94 o el 95. Qué emoción.

Me dan miedo las alarmas que saltan a medianoche. Suelo salir de la cama y me acerco a la ventana a espiar para comprobar que no, que no es mi casa la que están robando.

MI madre me decía que caminara siempre alejada de los balcones porque el viento podía volcar las macetas. Pero si te acercas más a la carretera, te puede atropellar algún coche que se desvíe, pensaba yo.

Siempre hay peligros invisibles acechando. Pero no deja de ser emocionante ver a alguien después de doce años. Tan sólo hay que aprender a defenderse con todo el cuerpo.

Siempre me gustó más el nueve que el diez



Esta tarde al volver a casa en el tren, he visto a una chica sentada en el suelo del vagón. Llevaba gafas y un anillo plateado. Me ha parecido maravilloso que leyera una fotocopia titulada "Métrica española".

He seguido observando el vagón. Iba uno de mis antiguos profes de latín, creo que el que me tocó cuando repetí. Qué majo era. Estaba concentrado, bebiendo agua de un botellín y mirando a su alrededor. Otro solo más.

Que la gente aún estudie métrica me parece un milagro.

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