Deseo (a veces va bien un título corto, aunque a mí me parecen sosos y sospechosos)



Intentaba escribir el último post del año pero me he dado cuenta de que me puedo plagiar a mí misma (¿esto también es delito, Gobierno de España?, juas) así que lo hago y me quedo tan ancha y tan tranquila...

La mejor canción con la que podría terminar el año

Realmente, me importa poco renegar de mis creencias. Siguen gustándome los Pixies y fumar con ella. Y lo que está más allá de ese límite ya no existe. La detective escribe como una cría cuando repiensa en ella. Debería hacerme cristiana y rezar para que nada cambie, para que no me la arrebaten y para no tirarme con ningún paracaídas trucado. Nunca podré explicar todo lo sucedido este año. Ni siquiera hallo lógico estar a estas horas tratando de ordenarme las ideas, porque en definitiva es lo que trato de hacer. Debo ser una malísima persona porque mataría por ella. Debo ser despreciable porque no pienso dejar que ninguna zorra se le vuelva a acercar. Debo ser una maleducada por escribir este tipo de cosas. Debo ser una engreída, una petulante y cien mil adjetivos más que a más de uno le encanta ir soltando por los peores bares. No soy la mejor promesa, desde luego. Ni la más centrada ni la más buena. Pero lo que tengo claro es que la voy a defender más que nunca de todos esos peligros invisibles que la acechan. Que ella se defiende sola, claro, no soy tan estúpida de no saberlo, pero me hace sentir útil pasearme por la ciudad con la pistola en el bolso. Y me halaga saber que soy la mejor amante que ha tenido nunca. Mi casa se ha llenado de grietas desde que estamos juntas. Y los vecinos han dejado de hablarme y de mirarme. Debo ser algo así como la “guarrilla del primero”. Si no escribo sobre sexo no es porque sea un tema tabú sino porque pensaríais que exagero. Podéis ver las grietas. No exagero, ya dije hace tiempo que jamás había volado de esa manera.

Que tengáis suerte. Toda la suerte del mundo.

Y ahora sé...



Querida Laura,

Te recuerdo en la fiesta de fin de año de hace un par de inviernos. Te saqué de aquel local con la excusa de invitarte a un cigarrillo y acabamos la noche muertas de frío y de cansancio, en un portal antiguo del barrio de Gràcia. Cuando estabas a punto de dormirte en mi hombro, te regalé una foto mía en blanco y negro para que la guardaras en tu cartera si alguna vez se declaraba una guerra civil y me llamaban a filas. Te gustó la idea. Y alrededor de las cinco de la mañana comenzamos a fantasear…

- Te enviaría una carta cada día.
- Te guardaría las primeras margaritas de la temporada.
- Te mandaría tus cigarrillos preferidos en correo certificado.
- Te sonreiría por las noches y delante de los espejos.

Qué exceso de imaginación. Y tú, a punto de dormirte sobre mi hombro. Así que te llevé a mi casa donde James Dean, los Beatles y Paul Newman te dieron la bienvenida con un vaso de leche y una camiseta con aroma a Chanel. Tú, dormida; yo, sin pegar ojo.

Así que aquella misma noche me puse a escribir como nunca lo había hecho. Con un boli que rebasaba los límites de la velocidad, de las erratas y de los verbos irregulares. Tiré los calendarios por la ventana y todas las pelis que me habían hecho daño. Mis propias cicatrices me daban risa. Qué relativo lo vi todo. Qué universo más pequeño.

Volver a escribir. Aprender a escribir.

……………

A Jimena le cuesta dormir por la noche si no la arropas y le cantas tu villancico. Te echa de menos, y también a su hermana. Esta tarde cogemos un avión y volvemos de Madrid para estar a tu lado.

Y ahora, por fin, lo sé.

El lado oscuro aún me hace daño pero sólo a veces



La detective te saluda en Navidad...

Y te deja un tema melancólico y triste de regalo...

Y si un día se te clava la lluvia en las pestañas, tan sólo has de marcar mi número, jamás apago el móvil

el peso

Al final nunca lo supe,
Soy menos fuerte de lo que me hicieron creer.
Si algún día no quieres volver a hablar,
Yo me encargaré de grabar tus sílabas
En una libreta semi gastada.

Me ofrezco como azafata en viajes al extranjero,
No lo dudes, en mi currículum no hay un sólo dato real.
Y si el avión se estrella sobre el mar
Seré la segunda en morir ahogada
Porque el piloto tampoco sabía nadar.

Mentalmente hago malabarismos
Con las emes, las eles, las eses y las jotas,
Para no perder las maletas,
Para que no se me enreden los cordones
Cuando te miro a hurtadillas.

Siempre me encantaron las frases imposibles:
"La mañana de mi muerte",
"El hermano de su hijo único",
"Te olvidaré algún día".
Me pongo otro vodka y me voy a dormir.

Hay mucho que repensar.

I quan va sortir el sol, després de quatre dies...

todos los tejados del mundo

"Me encantaría volverte a conocer". Repetir todo el proceso. Sentir de nuevo el rayo atravesando garganta, pulmones y muslos. Notar que llueve durante varios fines de semana seguidos. Que Antònia Font nos lo reafirmó y Love of lesbian nos guiñó algunos versos.


Pensaves i fumaves, darrera una revista
. Encender todos los cigarrillos consumidos. No comprar nunca el diario los domingos, ni coleccionar los DVD, porque se nos hace tarde en la cama y tenemos que pasar directamente a la cena.

Receptes italianes, és massa temps amb obres. Chet Baker cenando con nosotras. Descorchar de nuevo las botellas de vino blanco. Yo, la experta en bikinis de ingredientes extraños; tú, la experta en desabrocharte botones para que te mire el escote.

I com dos asteroides que han desviat sa ruta
direm que ha estat fantàstic, direm que ha estat sa lluna.

De los tres tenores, sin duda, Pavarotti es/fue/será el mejor

otra noche de hotel

- ¿Me acompañas a comprar la cena?
- ¿Qué cena?
- Pues la de fin de año, tengo que prepararla yo porque ella estará trabajando hasta tarde...

Yo, la amante, debía acompañarla a comprar la cena de fin de año que ella iba a pasar con su pareja. Con su pareja legal, se entiende, que yo era la ilegal. Pero aquello era demasiado así que no accedí. Me fui para casa y no recuerdo bien a qué dediqué aquel tiempo. Supongo que se me fue la mano con las existencias del mini bar.

Si aquel fin de año me hubiera muerto no habría pasado nada extraordinario. Me daba lo mismo todo, así que no pensaba en testamentos ni en novelas torturadas inacabadas. Pensaba en mi cara de detective asustada y pequeña. La que nunca era la primera de la lista, la que nunca era presentada en sociedad, la que nunca salía en las fotos enmarcadas.

Aquel fin de año ella fue consciente de que me quería a mí. Que le suponía un infierno aquella cena. Que le dolía saberme sola en casa, celebrando la derrota y comiéndome los confettis del suelo.

El papel de la amante es jodido. El papel de la que tiene un amante es jodido. El papel de la que soporta los cuernos es jodido. Todos sufren.

Aye me tomé un par de copas antes de ir a trabajar. Supongo que mañana haré lo mismo.

¿Nunca he dicho que el Martini Bianco me da náuseas y que, sin embargo, adoro el Martini Rosso?



Cada día aprendo algo nuevo. Cada día me olvido de algo viejo.
O estoy en lo alto gritándole a mi abrigo,
O me arrastro en lo bajo hablando con mis zapatos.
Es lo que te tiene esta profesión,
Que te quitas horas de sueños
y te las pones de pesadillas visibles.

- Que sí, que sí, que estoy bien.
- ¿Y por qué no me escribes?
- Porque ya no escribo a quien no me escribe.

Las reglas de tres no acostumbran a ser de tres sino de una sola. Te lo guisas y te lo comes. Te lo atragantas tú en tu cuello y lo digiere tu cerebro porque el estómago lo tienes demasiado deambulante.

- ¿A qué te dedicas?

Siempre la misma pregunta. El día en que alguien me pregunte "¿a qué no te dedicas?" haré un monumento a sus ojos y abriré una botella de lo que sea.

El libro de la fiebre



A todos los bienaventurados que hayan delirado alguna vez.

Pescador déjame tu red que un
pensamiento se me fue flotando.

(Hai-Kai japonés)



Esta mañana me he comprado El libro de la fiebre, de Carmen Martín Gaite. La cita que encabeza la obra es la que inicia este post. Como siempre, me conmueve encontrarme con una de sus obras entre las manos. Ésta, en concreto, la desconocía. Es normal, porque hace demasiado tiempo que me he alejado de los libros de ficción.

Pescador déjame tu red que un
pensamiento se me fue flotando.


Carmen Martín Gaite pasó casi cuarenta días en la cama, al borde de la muerte, a causa del tifus. La penicilina no había llegado todavía a España y esa enfermedad era muy grave. Al recuperarse, decidió escribir un libro en el que rescató todas las alucinaciones, sensaciones e ideas varias que la habían envuelto durante la enfermedad. Por lo visto, no llegó a publicar nunca el trabajo completo porque algunas personas -muy allegadas a ella- se lo desaconsejaron.

Qué pena. Menos mal que ahora han rescatado la obra y se ha visto publicada. A veces un consejo te puede hacer abandonar un proyecto, una idea, algo que tal vez podría construirse para perdurar.

Mi abuelo murió poco antes de que llegara la penicilina al país. Se hubiera salvado. No le pude conocer, tan sólo tenía cuarenta años cuando murió.

Pescador déjame tu red que un
pensamiento se me fue flotando.


Abro el libro por la página 124 y elijo una frase al azar. Es un juego que me encanta. Y leo:

Es monstruoso guiarse por el reloj.

Y decido poner punto y final al post porque no encuentro nada mejor que escribir. Qué cierto. Bendita seas.

Con 33 y sin pretender aprender a no cometer cacofonías

troncos

He pasado estos últimos días recogiendo leña. No sé si habrá suficiente para todo el invierno, no sé si será poca para calentar su voz y su piel. No tengo manos de leñadora sino de pianista, como siempre me decía mi padre. Me hacía creer que era guapa, que tenía un futuro más o menos perfecto. Al diablo la perfección.

Ahora mismo lo único que me preocupa es seguir consiguiendo leña para que el frío no se nos apodere de los deseos y del tiempo.

Siempre es mejor no acostumbrarse a la belleza



Me he llevado a mi hija Jimena a pasear por la calle de Alcalá. Aguanta el frío como una valiente y yo me alegro en el fondo de que no sea una cría sosa y remilgada. Me pregunta si vamos a subir en el bus de la Navidad pero yo le digo que no porque las colas son muy muy largas, tanto que duran varios años y ella me sigue el discurso pero le noto en los ojos que no se lo cree del todo. Nos sentamos a comer patatas fritas de esas que venden en puestos ambulantes, todas desparramadas sobre un mantel que no ha pasado ningún control de sanidad. Pero qué buenas que están, pese a todo.

No sé si tendré tiempo de volver a escribir. Jimena me ocupa todos los minutos y en Madrid sigue habiendo muchos sitios en los que detenerse.

Yo (primera persona del singular, sola) te descubrí Lisboa, aunque tú aún no lo sepas

you must remember this

Tal vez no sea mala cocinera. Lo único que necesito son ingredientes adecuados y algo de tiempo. Está bien eso de cocinar los domingos mientras ella toca la flauta en el comedor. Me gusta cuidarla y que se sienta segura mientras me las ingenio para no quemarme los dedos en el horno. Pero este no es el tema del post.

Me acabo de dar cuenta de que ya estamos en diciembre y que esta semana es tan corta que empieza y acaba en un suspiro. Ay. Vale, intento no caer de nuevo. Respiro hondo y no me enciendo ningún cigarrillo. El ritmo de escritura es proporcional a la calidad de los textos, así que me duele un poco aquí, en medio del pecho y justo al final de los ojos.

Pienso en las oportunidades, qué tema más manido. Cuántas tesis doctorales apiladas en las bibliotecas que esperan su turno. Las oportunidades en la pequeña y mediana empresa, Las oportunidades en la lírica del siglo XV, Las oportunidades aplicadas a la gestión de las presas en Andalucía... Títulos de obras que me vienen a la cabeza pero que no me sirven para lo que busco. No es necesario ir tan lejos. Se piensa en siete minutos y se escribe en tan sólo tres.

Hay que ser listo o lista para saber cuándo tienes una buena oportunidad ante ti. Si la dejas pasar es que eres imbécil, perdona que te lo diga, pero eres rematadamente y absolutamente imbécil porque sólo se muere una vez y tú ya estás un poco más muerto. En cambio, si agarras a tu oportunidad suavemente, de la mano, o incluso del abrigo, tal vez se quede contigo. Quién sabe, lo mismo le gustas y te desea como quien desea por última vez.

Pero también están los tramposos que perdieron su oportunidad y ahora se retuercen, dolidos y enojados, porque ven su error. Esos no son buenas personas, hacen una zancadilla a la oportunidad y pretenden que se quede con ellos de una manera sucia e invisible. Hay que tener cuidado con estos últimos porque te la juegan en cuanto bajas la guardia.

Tal vez no soy tan mala cocinera como pensaba. Lo que sí es seguro es que jamás haría la zancadilla a una oportunidad, si la perdí es que fui una detective ciega y, si la gané, es que aposté y saqué todas las cartas buenas. Que no estaban marcadas.

El cielo sobre Madrid no es cielo es algo indescriptible (nadie lo entiende, sólo los pilotos de avión)



Supongo que cuesta de creer, que debe parecer extraño.

Las cosas suceden de la noche a la mañana, así, sin avisar.

Un domingo salí a la calle sin paraguas y con un abrigo azul.

El lunes ya no tenía la misma mirada. Nunca más la he vuelto a tener.

El sitio donde siempre estoy segura, como la casilla de "salvada".

Mañana me levanto a las 06:05 AM y hoy me darán, como mínimo, las 02:00 AM



Qué bueno es el Siamese dream...

Esta noche me encantaría pasarla sin dormir, tocando los bongos, la guitarra y cantando contigo. Las mejores cosas de esta vida son gratis.

Una atea tolerante con el cristianismo puede hacer un Belén en su casa si le da gana, a ver quién me critica por eso



Pues yo sí que estoy a favor de las luces de navidad de Madrid. Venga, que se os acaba de caer un mito, pensábais que también este año iba a despotricar en contra de las fiestas navideñas y bla, bla, bla. Qué bonito está Madrid iluminado, venga ya, tanto criticar, que nos come la envidia, hombre. Y yo que perdí las navidades del todo en 1991, no las volví a recuperar. Pero eso es una historia muy larga, no es necesario volver a mencionarlo.

Así que tengo derecho a tener mi dosis de consumismo y de iluminación artificial. Que ya se sabe que todo es una farsa, que todo es mentira y que somos veinte mil veces hipócritas muchos días a la semana. Pero las perdí hace dieciséis años y eso es demasiado tiempo. De Santa Llúcia a Nadal dotze dies de cabal.

No olvido. Aún así, es posible comprar un pedazo de musgo que repare el pequeño agujero negro que nadie ha visto.

Ya nunca veré a Queen en concierto



Hace menos de tres horas estábamos en la cama, mordiéndonos la piel como dos linces bebé salvajes.

Si este año terminara con nieve creo que todos tendríamos algo más de suerte. Hay mucha gente que necesita un poco de suerte, podría dar nombres, podría explicar historias y podría hacer alguna lista. Pero no pienso hacerlo porque a nadie le importa, tan sólo a ellos y a ellas. Sólo soy solidaria con las personas a las que quiero, las demás me importan bastante poco. Ya no pretendo ir al cielo, tan sólo evitarme el infierno. Me encantaría que esas personas encontraran a alguien con quien dormir por la noche. Alguien que les preparara el desayuno. Alguien que no fuera cualquiera.

Hace menos de tres horas estaba salvándome entre las sábanas. Ahora tengo que prometerme a mí misma ser gigante y no caerme de nuevo durante la semana.

(No suelo recomendar pelis pero es que La habitación de Fermat me ha parecido sencillamente sublime. Por diferente y por original)

El Romance del Enamorado y la Muerte siempre me pone la piel de gallina



Lucía, la psicóloga, es rubia y tiene la piel morena. Se nota que se pasa los meses de verano cerca de la playa. Una hora más tarde lo confirmo porque me lo cuenta. Lucía, la psicóloga, no puede ser más guapa. Ni yo más imbécil. Mentí como una bellaca con el título de las rubias. No sé para qué me autoescribo los viernes por la noche cuando debería estar cogiendo fuerzas para mañana.

Lucía, la psicóloga, me emborracha a fuerza de vodka porque sabe que siempre acepto una última copa y de ese modo hace que le escriba una carta temblorosa y cierta de la que media hora después me arrepiento. Pero ella ya la ha guardado bajo llave en el archivador de su despacho y sólo me deja una copia a papel carbón.

Siempre tuve el mismo problema. Siempre caía en la misma trampa. Inseguridad, falta de confianza, llámalo como quieras pero siempre me conduce a lo mismo. Unas se lo tomaban bien, otras peor. Y yo, la que peor se lo tomaba de todas porque era yo. Yo y yo y otra vez yo. Y qué cansancio de yo. ¿Por qué me emborrachas, Lucía? ¿Porque nos enrollamos en segundo de carrera? Podría besarte y llevarte a mi casa, pero es que lo que yo deseo es que no la besen a ella. Que nadie peine su pelo. Que nadie doble su ropa. ¿Sabes que a veces salgo del tren llorando un poquito? Como si fuera la única atormentada del mundo. Mis problemas son los de una pequeña burguesa. Qué vergüenza. Pequeña burguesa, pequeña hamburguesa. Hoy he cogido cuatro autobuses, dos renfes y dos ferrocarrils. A mí no me persigue la muerte, a mí me siguen los enemigos invisibles que son los peores porque no los veo y disparo en vano. Ayúdame, Lucía, a dejar de escribir en mayúsculas. A dejar de centrifugarme las ideas malas. Siempre caigo en lo mismo. Lo sabía. [...]


Ahora hay tan sólo una carta, la que custodia Lucía. La otra la he quemado en el horno.

(He recuperado al Amancio Prada de Juan del Encina y de los romances anónimos que tanto me gustaba aprender de memoria. Tanta belleza hace daño.)

Cuando me pongo trascendental me miro en el espejo y no me reflejo

Esta mañana he hecho una copia de seguridad de todos los documentos de mi disco duro. Me da miedo perder alguno de los archivos, tanto trabajo sería para nada. Ojalá pudiera hacer lo mismo con mi vida en estos momentos, hacer una copia de seguridad que me asegurara que pase lo que pase nada podrá destruirla.

Una copia de seguridad minúscula, para llevarla siempre en la pitillera junto a los pitillos.

Nunca recuerdo los números de las habitaciones de hotel



Hoy ha llovido con tacañería. Ni siquiera he tenido que abrir el paraguas. Los últimos meses del año se ven cuesta arriba si llevo las gafas puestas. Si me las quito, no veo apenas nada y soy capaz de emborracharme con la más mínima dioptría.

Últimamente, siento una especie de asco del pasado que me inquieta. Llevo días borrando pistas y limpiando las ventanas de casa. Ella es lo único limpio que ha habido en mi vida. Lo único que me salva del pasado. Si pudiera rebobinar mi vida, a ella la metería como quien inserta un fotograma determinado en la banda de la película. Nunca fui buena haciendo montajes, ni editando, ni grabando tomas. Yo era de las que hacían las prácticas en directo y aún mantengo esa costumbre. Hacer las cosas en directo tiene su parte buena y su parte mala.

A veces tengo la sensación de que se me cuestiona demasiado. Me cuestionan conocimientos, hábitos, formas de ser, palabras, gestos. Qué ganas de sacar la pistola. Los días se salvan por pequeñas pistas que encuentro y que me hacen pensar en que no todo está perdido, en que aún hay gente que merece que la des una oportunidad.

Mi momento feliz ha tenido lugar exactamente hoy a las 10:35 de la mañana:

- Carol, ¿es que eres de Madrid?
- Eh, pues no, ¿por?
- No, porque como eres laísta.

Lo que siempre había soñado se ha cumplido. Puede decirse que ya soy laísta oficial. Y no ha sido nada impostado, ha sucedido de forma natural. Qué curioso. Ya no luchaba por ello y mira por dónde, ahora creerán que vengo del país de los laístas.

A lo mejor ser laístas nos hace fuertes. Debería considerarlo.

Ya tengo la agenda nueva. Es roja, tamaño bolsillo y con vista semanal. Todo lo contrario a lo que estaba acostumbrada.

PD: Tened cuidado con "robar" fotos de Internet. Ayer recibí un mail de una tipa inglesa que me pedía que quitara una de sus fotos de mi blog. Sorry, my darling, perdona por ser tan miserable de lucir tu foto en mi blog, espero que no hayas dejado de ganar dinero por mi culpa y siento mucho el haberte ofendido o el haberte robado ancho de banda de tu espacio. Bla, bla, bla.

La novia era el personaje más desgraciado, pero el que más me llegaba



He esperado 30 y pico de años para tener una guitarra eléctrica.
Ahora tal vez sea demasiado mayor para aprender a tocarla.
Hoy me he sentido pequeña e invisible delante de demasiadas personas.
El cerebro no funciona bien si te cabreas.
Tan sólo deseo funcionar bien.
Han sido demasiados años, sin duda.
En realidad, todavía no he aprendido a hacer ni una jodida cosa de las que más me gustan.
Cocinar, actuar, no dejar pistas, tocar la guitarra.
Tocar el piano.
Ahora sólo me queda el piano imaginario.

Somos como Sailor y Lula, me gusta



Ya tengo cosas para apuntar en el 2008, o sea, que esta semana me voy a comprar la agenda del año nuevo. Hace mucho, mucho tiempo, que llevo una agenda de esas enormes de piel en las que se cambia el recambio cada año. Es una agenda de ejecutiva que iba muy bien con mi vida anterior pero no con la de ahora.

Antes, yo era lo que se llama una adicta al trabajo, una tipa de esas que se va a la cama tardísimo porque tiene que cumplir unos objetivos, porque el trabajo está en la parte más importante de su vida y no sabe ver nada más.

No es que el trabajo fuera lo que más me importaba en la vida. Ahora me doy cuenta de que lo que me pasaba era que sencillamente no tenía nada más. Era una sola. Pero una sola adicta al trabajo. Cuántos domingos me he pasado en casa tan sólo para adelantar trabajo.

Ahora lo recuerdo y me entra pena. ¿Era la misma persona? Debía ser otra, sin duda. Una especie de ejecutivilla con la sombra pegada a la espalda. Qué tipa más aburrida, qué tipa tan invisible.

He descubierto unas agendas moleskine preciosas, son dietario y las fabrican en rojo y en negro. Creo que me compraré la roja. No quiero volver a llevar una agenda como la que tengo ahora. Además, este tipo de agendas me gustan mucho más porque las puedes guardar como si fuera un libro.

Y no, no me patrocina moleskine. Lo que pasa es que el post de hoy lo escribo porque si escribiera sobre la realidad de este fin de semana, tal vez nadie me creería.

Un clavo saca a otro clavo. Pero cuatro clavos hacen una cruz



...Y el poema "Lo steddazzu" se ma caído sobre los hombros como cuando te pones una chaqueta para cubrirte del frío.

Si alguna vez dejo de decir "hasta mañana" es que lo habré perdido todo. Me habré quedado sin pupilas gustativas y sin encendedor a las cinco de la madrugada.

Como vaca sin cencerro



Como vaca sin cencerro. Eso es lo que le dice a Leo Macías su madre. Como vaca sin cencerro, perdida, sin rumbo, sin orientación.

El post anterior llevaba una pista que no supe ver. Gracias a uno de los comentarios la he podido encontrar. Qué curioso, la detective que no sabe ver las pistas que ha dejado ella misma en lo que escribe. He recordado la frase...como vaca sin cencerro. Y la he repetido mentalmente hasta que me han venido ganas de dormir, de meterme en la cama y rezar para que se esfume este lunes.

Leo Macías escribe novela negra porque ya no le sale rosa. Pero esto creo que ya lo anoté alguna vez en este mismo blog. Debía ser el 2005, seguramente. No pienso perder ni un sólo minuto en buscarlo. No volvería a ese año aunque me pagaran.

Leo Macías se va al pueblo de su madre para curarse, para encontrar la parte de ella misma que se le ha perdido. Escucha los consejos de su madre, las canciones de las mujeres del pueblo, el sonido de la madera de los bolillos chocando... Está perdida, anulada, triste, a punto de caer. Como vaca sin cencerro.

A veces hay que entristecerse un lunes para alegrarse al día siguiente. Suele pasar cuando has sufrido mucho, como le pasa a Leo Macías. Es una sobreviviente a sí misma, que suele ser más valiente que sobrevivir a una catástrofe natural.

Me gustaría poder ser una detective valiente que supiera borrar todas las pistas falsas, las huellas feas, los días negros. Me gustaría saber hacer todo eso y más pero creo que no soy capaz de rescatar una novela rosa y esconder bien lejos la negra.

Qué grande es Almodóvar



He cenado patatas fritas sabor jamón, pistachos, kiwi y queso. Vaya mezcla. De fondo el camión de la basura y música secreta. He dejado de ver la tele, ya no sé qué series están de moda ni quién presenta los telediarios. Estoy en medio, ni arriba ni abajo. En un punto medio que no me deprime y me deja dormir por las noches. Tal vez me compre una bici plegable, ya veremos, depende de si este fin de semana está nublado o si hay algún buen concierto.

Me da pena leerme. No releerme, sino leerme. Me reconozco demasiado y eso no puede ser bueno. Me alejo de Carol pero al mismo tiempo cada vez me meto más en su cabeza. Cuesta de entender desde afuera, supongo. Se lo he explicado a Ewan y dice que sí, que él sí que lo entiende. Es que Ewan lo comprende todo a la primera, nunca tengo que esforzarme con él. Debería separarme un poco de su casa y de sus ojos. Es demasiado guapo. Incluso para mí.

Mejor me duerno ya.

No es suerte



Estornudo de tanto enamoramiento que llevo dentro. Me escuecen los ojos y tengo la nariz roja. Mi lado torturado se venga así de mi propia felicidad. ¿Que qué suerte tengo? No, me niego, me niego a la suerte, siempre se lo digo a Laura. No es suerte, es merecido.

Estoy en directo. Un autobús sube por la calle como un preso que lleva cargando piedras a sus espaldas durante cuarenta largos años. Yo también me siento un poco así, salir de noche ya no es lo mío. Fuimos a esos antros de moda en los que yo nunca he estado de moda, ni ganas, pero ahora es diferente porque voy con Laura y con ella todo es nuevo, hasta el rito más antiguo. Se me abre el mundo como a Ali Babá la cueva. Lo malo son los ladrones... Ojalá pudiera volver a atrás para protegerla de todos los ladrones de mirada turbia que durmieron en su cama.

Ella llevaba la cola y el tupé más alto y yo me sentía así la más afortunada del planeta, como en un sueño de ojos abiertos. La quiero para mí siempre.

Nunca me he besado con ninguna rubia pero ahora eso ya no importa, las rubias han dejado de ser mi mito (han tenido que pasar todos estos años)



Hemos pasado cuatro días en Rovaniemi con la sonrisa del sur bien puesta. No hacía frío así que nos hemos paseado por las calles sin el escudo de los abrigos. En Rovaniemi hemos bailado como dos crías, nos hemos besado en las barras de todas las discotecas de la ciudad y nos hemos bebido más de doscientas cervezas.

Mañana tengo que volver al trabajo pero ahora ya no es como antes. Ya no me preocupa ser una tipa respetable y responsable. Ahora me importa más colocarme bien el sombrero o atarme bien los zapatos. Que mi abrigo esté bien limpio y ordenar el cajón de la lencería.

En Rovaniemi hemos hecho varios amigos. Nos han invitado a sus casas y hemos probado sus comidas. Ha sido duro despedirnos de todos ellos.

Soy una novia algo macarra, lo reconozco. Me he puesto a pensar en esto justo a las 01:33 de la noche. Mejor ser algo macarra que algo indiferente. Mejor reconocer los kilos que nos sobran y no falsear los que nos faltan. Qué ridícula me pongo cuando hago filosofía bloguera.

Mañana me levanto a las 07:30 h. A veces me pregunto a qué hora se despertará el resto de personas que me rodea.

Donde esté la castanyada, que se quite Halloween



El frío limpia, el frío cura. El frío me aclara la voz y me oscurece la piel

Esta noche salimos de viaje a Rovaniemi, hace demasiado tiempo que no veo a mi familia. Les daremos una sorpresa.

Añoro estar en el monasterio, con mi voz pálida recordándome quién soy de verdad



(foto de Paola Vaggio)

Si alguien me cuenta lo que me iba a pasar esta noche, me habría vuelto a hacer las huellas dactilares para cerciorarme de quién soy.

Su perrilla está enferma. Le duele la mente, el dolor le circula desde el centro de los ojos hasta el final de las patitas traseras. Esta noche cuando la he visto se me ha quedado mirando con los ojos más interrogantes y limpios que he visto en mucho tiempo. En seguida he sabido que estaba herida, que le faltaba un trozo de su vida, un fragmento invisible que nadie sabe hallar.

Un caso muy difícil. Sobre todo para mí, que huyo de los perros.

Esa perrilla no es de este planeta. Yo no sé qué es lo que me ha pasado por la mente, ni qué he sentido al verla tan quieta en la puerta de mi casa. No lo sé, ni quiero saberlo. Así que la he cogido en brazos, no he sentido temor, sólo unas ganas inmensas de calmarla, de protegerla de todos esos miedos invisibles que tanto la hacen sufrir.

Nos hemos sentado en el sofá muy juntas, ella se me ha acurrucado en el pecho y nos hemos tapado con la típica manta de cuadros rojos. Le he puesto el último CD de la colección...

Lloro por los perros que abandonan en la calle,
lo que sienten, lo que sufren,
nadie lo sabe...


y entonces le han brillado mucho los ojos, se ha estirado, se ha acurrucado aún más y... por fin se ha dormido. Llevaba tantos días sin dormir que me he puesto a velarle el sueño.

A mí no me va a pasar nada si me quedo despierta toda la noche del lunes.

Al borde la lluvia

El tiempo está al borde de la lluvia. Yo estoy al borde de la lluvia, también. Es una sensación nueva, distinta, que te asusta pero que al mismo tiempo te da fuerzas. Al límite de la lluvia, al límite de la lluvia. Me gusta cómo suena. Me gusta escribirlo.

Pasaste estos últimos inviernos al calor de un infierno...

Ahora es ésta la canción que me ocupa la casa. La escucho y pienso en ti. Hay mucho de nuestra historia. Hay mucho de tu cuerpo y de tus cigarrillos en ella.

Me voy al trabajo. Creo que me voy a pasar la noche rondando tu casa.

¿Y qué pasa si no tengo orientación?



Entrabas en la FNAC y de repente los cedés paraban sus tracklists para prestar atención al sonido de tus zapatos. Entrabas con las gafas de sol puestas y yo dudaba entre esconderme para alargar el momento o hacerte un puente con los ojos para elevarte aún más del suelo. Me mirabas y se me desaparecían las arrugas de las manos y de los libros. Es bueno que seas imponente. Es bueno que nos deseemos como el primer día. Con locura, con ganas, con los ojos cerrados, con los ojos abiertos. En secreto para que nadie sepa los trucos. Para que nadie sabotee el deseo.

(Pausa)

Veo mi vida en modo flash back. Mis escritos. Que era una torturada. Que no me fiaba de nadie. Que la gente buena sólo existe en algunas películas. Que me costaba aprender a beber manteniéndome en el punto justo de calma y serenidad.

(Fin de la pausa)

Aparecías en mi historia justo en el momento en que el mal ganaba la partida. A veces hay que ser muy mala para que no te pisen el terreno. Para no perder la partida. Para que no te roben el billete de tren y tengas que pedir dinero prestado para poder volver a casa antes de que oscurezca.

Me voy a prohibir la nostalgia gratuíta. Me voy a prohibir la entrada de fantasmas invisibles debajo de la cama. Me voy a prohibir los desvaríos mentales. Me voy a prohibir exigirme imposibles.

"No pierdes lo que das", hoy me quedo con esa frase.

Desfumando cigarrillos rubios



Ojalá hubiera tardado seis horas en volver del trabajo. Qué bien se estaba en el autobús, qué bien, porque he podido sentarme detrás del conductor y era perfecta esa sensación. Me ha gustado porque hacía frío y me he tenido que poner la chaqueta.

Tengo ganas de vestirme de negro. Tengo un nudo en la garganta que no se me va ni siquiera con cien gramos de guindillas trituradas. Todo lo que no le he contado a mi madre no me deja dormir por las noches y hay días en que me despierto muy maquillada -más que cuando me acosté-, dejando un rastro azul y negro encima de la almohada.

Todos tenemos una cajita minúscula en algún lugar del pecho. En esa cajita hay una especie de humo blanco, como el del tabaco. Contiene la parte oculta. Todos tenemos una parte oculta. Y nadie la conoce, tan sólo nosotros. Nada saben de ella nuestros padres, ni nuestros hermanos, ni nuestros amigos, ni nuestras parejas. Nadie. Sólo nosotros. Nuestra alma, nuestras manos y nuestra saliva.

Esta semana la dieta se ha ido a la puta calle. Me atiborro de chocolaté, café y naranjas. Esto debe tener un nombre. Algo en latín, tal vez. Ojalá fuera una tía buena. Ojalá estuviera tan buena que los semáforos se pusieran en verde en mi honor.

Hay días en que te pones a llorar por una gota de lluvia invisible, que ni siquiera existe. Estoy muy harta de ser Carol Blenk. Muy cansada. Fatigada, pequeña. Invisible. Esta noche me habría encantado tener algo para leer de Lulamy.

It's such a sad old feeling
the fields are soft and green
it's memories that I'm stealing
but you're innocent when you dream
when you dream
you're innocent when you dream

Prefiero ser una sola a...



Lo que sentí un día ya lo había filmado alguien mucho antes. Las casualidades. ¿Te acuerdas? Estábamos cerca de la playa, era por la tarde, y vimos fascinadas esta secuencia.

Esta noche he recuperado el momento. Y esta pista es realmente buena. Te lo digo yo.

No me gusta el olor a tabaco en las manos,



Antes de ir al trabajo me he fumado un pitillo y me he puesto un chupito de Baileys. Me han entrado una ganas irresistibles de ir hasta allí semi borracha, de ser mala, algo mala, un poco mala, en su justo punto. Mala. Y no es que estuviera enfadada, nada de eso. Pensaba en Ewan, mi amigo, y en sus penas. Y en los niños pequeños. Y en sus penas.

Compré queso de Mahón en Barcelona pero no sabía igual. Y enseguida se me puso mustio.

Al final sólo me he tomado un chupito. He comprado agua, he tirado un yogur caducado. Me he peinado con un poco de tupé, por cambiarme el gesto, pero no lo he logrado.

A veces me miro en el espejo y no me encuentro. Hay intuiciones buenas e intuiciones malas. Estas últimas es mejor olvidarlas, pasar de largo o fingirse amnésico para que se aburran y se marchen con otro sospechoso.

Qué típico, amigos.

PJ Harvey besa los pianos como nadie



No estuve contigo. No estuve. No estuve. No estuve cuando te caíste al suelo y te rompiste el alma y los zapatos. Ni cuando ganaste aquel primer premio de pilotos de coche con abrigo azul nuevo y limpio. Ni tampoco estuve cuando tuviste que llevar gafas para dibujar con carboncillo aquellos paisajes en alguna ciudad pequeñita del sur de Francia. No estuve cuando a tus padres les tocó un viaje en globo y dieron la vuelta al mundo.

No estuve contigo. No estuve. No estuve. Pero ahora sí estoy. Ahora por fin estoy.

Este año serás todavía más gigante

Soy una tipa impulsiva. Se me ocurre algo y lo hago al momento. Supongo que sonreirás y sabrás entender que no puedo dejar de ser una puta cría.

Ojalá sigas siendo una chica astromántica.

video

Me hiciciste descubrir lo sensuales que suenan las escobillas de jazz



Nunca antes las cenas de sábado por la noche habían sido así. Nunca antes el vino blanco me había sabido tan bueno. Nunca antes me había gustado tanto comprar ropa interior.

Ella escucha a Chet Baker mientras se fuma un cigarrillo. A veces tararea bajito. A veces se traga con cuidado los solos de trompeta.

Y yo sólo pido que siempre me siga las pistas...

La doctora me mandó hacer ejercicios pero los tengo que hacer con los ojos cerrados para no marearme (título absurdo)



Hoy he cogido el autobús justo en esa hora en que cierran los comercios, al volver del trabajo. La peluquería, la pastelería, la tienda de ropa chabacana, la de móviles, la casa de discos... Le he dado unas seis o siete vueltas al cerebro y he pensado que la vida tampoco está tan mal.

Y eso es mucho teniendo en cuenta que suelo ser optimista sólo con los otros.

Un buen día no lo tiene cualquiera



Octubre es un mes lleno de casos no resueltos. Una amante que se ha perdido en la estepa africana, una viejecita adicta al café Nespresso, un treintañero que se esconde de los chicos guapos... Octubre es todo lo complicado que puede ser el peor de los eneros. Tan sólo hay que levantar la cabeza unos centímetros y entonces será suficiente para no ahogarnos.

Al ver aquella avioneta, pensé que no me importaría subirme a ella y no descender hasta que no se me hubiesen oscurecido del todo los ojos. ¿Por qué se oscurecen los ojos?

A veces duermo en un saco de dormir, a los pies de mi propia cama.

Cuidado con el invierno, que te puede atravesar el alma con sus ojos



Cuidado, si te soplan, te vuelas lejos. Túmbate en el suelo después de haber pasado la aspiradora y nunca más tendrás bajo el nivel de glóbulos blancos. En Leaving Las Vegas él se muere bebiendo. Bonita forma de cerrar la caja fuerte. O de morirse.

La belleza sigue siendo un misterio. Qué torturados me resultaron los años noventa. Me gustan las corbatas de chica.

En días como estos siempre se vuelve a Cohen.

Cómo pasar de "som sis milions" a "som quatre gats" (Cómo pasar de "somos seis millones" a "somos cuatro gatos")



Mi hermana es una ecologista cuarentona que se cabrea cuando va en coche y comprueba que poco a poco van desapareciendo los campos porque se construyen pisos. Me hace mucha gracia porque se indigna al ver que yo no pienso lo mismo.

- En algún sitio debe vivir la gente, ¿no?
- Pues no, porque están destruyendo la naturaleza y no les vamos a dejar nada a nuestros hijos.

Juas, pienso. Qué hartita estoy del argumento ese de la "herencia de la tierra". Como si realmente nos importara lo que va a pasar cuando estemos en la tumba.

- Mira, si ya no se pueden hacer pisos en la ciudad que los hagan donde sea...
- Qué egoísta que eres, Carol. No sabes lo que estás diciendo. Me parece mentira que pienses así, tú que tienes estudios.

Es que mi hermana se piensa que porque tengo estudios soy una tipa civilizada y coherente.

- Tal vez, pero tú sí que me pareces egoísta, hermanita. Tú ya tienes tu piso y tu apartamento en la playa. A ti te da igual. Pero hay mucha gente que desea tener algo. Y para el coche, que me estoy mareando.

Me he bajado y me he puesto a correr. Estos últimos días me está costando mucho entender este mundo. Lo mismo necesito un cambio de cerebro.

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Mañana voy a hablar latín o euskera en el trabajo, a ver si me echan a la calle como a ella. Total, tampoco me hacen fija.

Y los que se atrevan que pinchen aquí y que lean algo que no puede ignorarse, ya que es realmente triste y avergonzante.

Una tontería es una tontería, da lo mismo en la lengua en que se diga, y una frase de Shakespeare suele ser una genialidad, en inglés, francés, castellano, catalán o checo. ¿Nos hemos olvidado de una verdad tan elemental o los intereses políticos prescinden del humanismo?

Cristina Peri Rossi

Si te derrites, desapareces



A veces me cansa tanto que me miren que necesito meterme en casa y beberme una garrafa entera de ocho litros de agua. Para lavarme de miradas ajenas. No es una pose. No es una hipérbole. Y me cansa que me escudriñen con sus párpados para descubrirme los fallos.

A mí ya me da igual todo eso.

El derecho a no estar.

La última vez que hablé por teléfono con Elena estaba muy jodida. Yo necesitaba verla, mirarla y decirle que no he cambiado, que sigo envejecida como siempre. Y con ganas de que volvamos a reírnos de ellos. Pero no quería salir. El derecho a no estar.

Es algo que nos cuesta entender. Y a veces sucede. Y se necesita.

El amarillo salva de tanta historia absurda y aburrida, no puedo dejar que los tipos malos me venzan



Me he manchado las manos de helado de nata. Ya no tengo edad de hacer este tipo de cosas, supongo. Una de mis mejores amigas acaba de ser madre. Y yo anoche estaba rebuscando entre mis papeles un viejo manual para aprender acordes de guitarra. Ella ha tenido un bebé y yo una guitarra eléctrica. Qué contraste. Y no es que sea peor ni mejor mi vida. Es que es un contraste. La edad de sentar la cabeza. Ya sé, es asentar, pero me cuadra mucho más sentar. Porque siempre me inagino a una cabeza bien fea tomándose un té encima de una silla de mimbre. Las sillas flamencas son siempre de mimbre.

A mí las pesadillas nunca me pillan de noche, lo hacen de día cuando tengo los ojos mucho más abiertos. Para mí es mucho peor así porque las siento más reales que las nocturnas. Y encima no te puedes despertar ni darte la vuelta en la cama. Por la noche pongo bajo la almohada las pastillas que me dio la doctora. Me dijo que no recurriera a ellas si no era absolutamente necesario. ¿Cuándo son las cosas absolutamente necesarias? ¿Cuándo? ¿Cuándo te marchitas? ¿Cuándo te pones triste a una hora extraña? ¿Cuándo quieres estar sola y acabas de entrar a un concierto (tal vez el concierto de tu vida) ¿Cuándo te lo piensas un par de veces antes de entrar al trabajo?

Voy a parar el post porque esto me parece una especie de coche sin frenos.

Me estoy enganchando a Amy Winehouse. Y no puedo despegarme de ella.

Algunos siempre tenemos el cerebro en modo centrifugado y eso al final desgasta



Dos o tres pastillas al día. Una espuma que parece nata pero que huele a perfume italiano. Unas pastillas peligrosas que me ha dicho la doctora que sólo las tome si estoy muy desesperada. Pero que las tome sólo por la noche y si el día después no tengo que ir a trabajar.

- Puedo darle la baja si quiere, señorita Blenk.
- ¿La baja? No puedo coger la baja, doctora, soy detective.

Pone cara de no entender lo que digo. Le explico que el negocio de detective es un negocio familiar, que lo tomé de mi familia y que, por lo tanto, no puedo cogerme una baja así como así.

- Intente descansar.

Le doy las gracias y me voy. Salgo del banco con el cheque del caso de Teresa. No lo he resuelto pero Ewan me ha pagado muy bien. Es un tipo generoso, sin duda. Por resolver medio caso me ha pagado como si hubiera cerrado cinco casos particulares.

Mentalmente me prometo a mí misma ser buena.

Mejor verse en blanco y negro que no verse



Mañana iré por fin al médico, aunque me cueste, eso es algo que siempre me ha dado pánico. Soy una hipocondríaca bastante peculiar. Consejos vendo pero para mí no tengo, y si los tengo suelen ser poco acertados.

Hemos ido al cine y Najwa estaba estupenda como siempre. Se cabrea, se pone cínica y suelta unas frases que no parecen de guión, parecen de su propia alma. Me gusta Najwa, la veo humana y eso me atrae.

La gente que me cae bien es la gente que se cae. La gente que reconoce que mete la pata, la gente que se emborracha cuando no toca, cuando todos los de la fieste están aún sobrios. Me caen bien los que desentonan, los que no hallan nunca un sitio donde caerse muertos. Los que nunca te cuentan su vida en la primera cita. Ni en la segunda, ni en la tercera.

Me gustan las personas que pierden su dignidad de vez en cuando, los que suelen carecer de orgullo, los que rompen vasos contra la pared. A los que les acojona que todo pueda cambiar a la mañana siguiente. Me gustan los que hacen el amor y no se duchan enseguida. Me encantan aquellos a los que se les mueren las plantas por falta de agua, a los que se les queman las tostadas porque se han quedado embobados mirando una baldosa amarilla.

Y no sé cuál es el tema del post, como siempre me suele pasar.

Un post que es un soplo pequeño e invisible, pufff

Hay que ser hermético con quien se merece ser hermético. Hay que lamerle la piel a quien se atreve a lamértela a ti.

Siempre he sido una tipa que inventa teorías absurdas. Pero no me quejo. Por lo menos sigo con la cabeza alta y la mirada bien limpia.

Algo que no se pueda perder, aunque te hayas tomado más copas de la cuenta (¿pensarás en ella al final del verano?)



Un, dos, tres. Un, dos, tres. La he encontrado. A la rubia, a Teresa. Y la he obligado a entrar conmigo en un bar. Es guapa como ella sola. Guapa de las que duelen cuando las miras, de esas que te hacen daño. Me he encendido un cigarrillo y se lo he dicho claro. Sin rodeos.

- Teresa, llevo días siguiéndote la pista. Le has hecho daño a...
- Ya, ya sé a quién. Y no te hagas la lista, que ya sé que érais amigos, que no es un caso únicamente, que sé a lo que te dedicas hace tiempo. Yo también he hecho mis investigaciones.

He visto que la tipa sabía lo que se hacía, así que no he abierto la boca y le he dejado hablar.

Tres horas y media de conversación.

Cinco vodkas, casi dos paquetes de rubios y unas aceitunas.

Y ella seguía entera.

Yo cada vez estaba más cabreada. Hasta que la he cogido del brazo y la he llevado a la calle. La he arrastrado hasta una pared oscura y nos hemos quedado con las caras muy juntas. Teresa se pensaba que la iba a besar porque ha cerrado los ojos y ha ladeado un poco la cabeza.

- ¿Pero, qué haces?

Y entonces ha abierto los ojos y se ha sorprendido. Yo sólo quería saber dónde vive la zorra de la francesa para decirle cuatro cosas. Se ha sentido acorralada y se ha puesto a temblar al sentir que se lo decía al oído.

- No te voy a matar. A las rubias nunca las mato.

Casi estaba llorando pero al final ha balbuceado una dirección. Qué cobarde, Teresa, así defiendes a la que supuestamente es tu amor. Qué mal me he sentido.

Me he alejado sin mirar atrás, sabiendo que Teresa seguía allí, la mitad de borracha que yo. Veinte minutos después, estaba llegando al portal de la zorra francesa.

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Esta noche necesito descansar, me iré a dormir pronto porque estoy agotada. Realmente cuesta muy poco vencer a los sucios de espíritu, a los que le destruyen la vida a los demás con sus trucos baratos. Ese tipo de sujetos acaban desapareciendo como el humo. Tan sólo hay que fumar mejor que ellos.

A veces me explico tan mal que ni mi sombra se queda a escucharme



Una foto y unas palabras.

Solitude what a lame excuse you forget
as the wind blows
Do not cry over
same old news do not tell what the skin knows
So you fade away like a summer day


Él me ha dado un mes para que resuelva el caso. Y yo sigo sin hallar pistas claras, limpias, enteras... Pistas a las que no les falte ningún adjetivo, ningún verbo regular. Pero no puedo con ello. Si fuera mejor detective lo conseguiría, y así también podría pasar facturas más elevadas.

Miércoles. Post en directo. Escribo porque no deseo volver a tropezar conmigo misma. Como la que se desayunaba los diamantes y luego se cabreó en el cielo de los cielos porque todas las niñatas pasean su rostro en miles de bolsos baratos. Qué pena.

He cambiado de canción. La de ahora es más secreta porque necesito tener algún secreto para jugar a mirarme la mano cerrada y soplármela y abrirla, y darme un susto, y no volver a beber más de la cuenta hasta al menos dos días, y no ponerme lentillas para no parecer más buena.

Tengo un mes, no toda la vida. Él se me pierde por bares y hospitales. Yo no lo encuentro ya como lo encontraba antes, afeitado y limpio. Sereno y sin temblar.

A mí también me tiemblan los párpados, Ewan. Seguimos siendo unos pequeños frágiles.

Qué bien me fue pasarme al lado oscuro, que si no me hubiera muerto de la pena



Llevo tres días escuchando el mismo tema. Llevo tres días con dolor de cuello. Llevo tres días deseando el fin de semana y una piel morena de mar imposible.

Es curioso cómo podemos oscilar del cielo al infierno, o deambular de la panadería al bar. Cómo podemos sonreír con gesto de asco o besarnos la mano pensando que son unos labios.

Me quedan muchas pelis por ver, no me avergüenzo de ello aunque sean clásicos que todo el mundo afirma haber visto.

Antes iba al trabajo vestida de semipija, ahora voy como una indie porque está visto que no me van a hacer fija en la puta vida. Lo siento, guapa, eres buena y responsable pero sigue como estás, que no nos interesa verte de otra manera. Por eso voy al trabajo con camiseta y los vaqueros sucios, no porque sea una guarra sino porque esa prenda de ropa me encanta llevarla sucia.

Debería comprarme un diccionario de sinónimos para no repetirme tanto. Redundancias y flores.

Your side always was a bit lonely. But I wouldn't sit anywhere else.



Fotos de cuando era más rubia. Fotos sin retocar que parecen más falsas que las retocadas. De cuando no me querían de verdad. Qué malo es que te quieran de mentira. Pero ahora ya no recuerdo nada de eso. Mi ropa era más fea y más oscura. Ahora incluso me visto de rojo. Tengo ganas de ir algún día a los toros, que nunca he ido. De rojo.

El camino del trabajo al tren se me sigue haciendo largo y cuesta arriba. El otro día una señora trataba de subir unas escaleras mecánicas que bajaban. La señora era mayor y no lograba avanzar, claro, iba en sentido contrario. La escalera de al lado iba llena de gente y nadie reparó en ella. Una pareja se cruzó con ella en las mismas escaleras y no fueron capaces de decirle nada. Si no lo veo, no lo creo. Me dieron ganas de llorar. Por la señora desconocida. Siempre lloro por cosas tontas como ésta. Como el capítulo del señor Bergstrom de los Simpson. O algunas que me callo porque hay cosas que es mejor no confesar.

Tengo tortícolis, dolor de espalda y me he tenido que duchar dos veces. Cada vez nos sale mejor. O sea, que mi sombra ya no me da tanto miedo como antes. Ni quedarme sin trabajo, ni sin sillas en casa.

Me descubre música nueva y los anillos se me desperezan entre los dedos. Se me curan las dioptrías y los oftalmólogos llaman a casa y me amenazan con frases absurdas. Me quieren sacar dinero y yo les enseño la culata de la pistola asomando por el bolso. Ahora soy yo la que se ríe, queridos.

No quiero sentarme en otro lugar que no sea a su lado.

Mejor hablar poco que escribir de más



Estoy en misión secreta. A partir de ahora debo tener cuidado con lo que miro, hablo y huelo. Espero no hablar más de la cuenta. Sé guardar secretos pero no los labios.

Sobre la isla, bajo la isla, en la isla, y que nadie nos descubra



Llego al domingo con el cuerpo rendido pero contento. Con ganas de escribir, de escribirte, de escribirme. Para que no me olvide de nada, ni del gusto del humo con insomnio, ni de los flanes caseros que te hice el sábado.

Esa foto me gusta. Estamos en un rincón secreto de la isla. Lo descubrimos de día pero lo disfrutamos de noche. Al principio había una silla únicamente, luego dos. Y dos sombras morenas que se ponen a bailar a la luz de los faros.

La luz de los faros es hipnótica si la miras en silencio. Ssssshhhhssss. Se refleja en el agua y entonces sólo te queda el misterio. Los submarinistas que se sumergen de madrugada y ariesgan sus vidas, qué miedo, yo nunca haría algo así. La luz de los faros. La echo de menos. Esta noche dudo entre dormirme poco a poco o seguir escribiendo hasta que los dedos se me tiñan de negro.

He descubierto que es mejor ser sincera. No engañar gratuítamente. Ya lo sabía pero era necesario redescubrirlo. Hay que ir con los ojos por delante, sin gafas de sol. Y dejarte el pelo suelto para hacer mejor el amor.

Cada día que pasa me crecen menos canas gracias a ella.

Si me (he) visto, no me acuerdo



Viernes por la noche. Me han venido unos amigos a buscar al trabajo. Hemos tomado algo en una terraza, supongo que alguna vez ya he dicho que no me gustan las terrazas de verano. Cuántas tonterías tengo. Hemos hablado, nos hemos contado las últimas novedades, lo típico. Ha estado bien escuchar a Elena y verle de nuevo los ojos. La echo de menos, ya no quedamos como solíamos quedar. Me he sentido algo triste. Y Elena tiene una gran historia que algún día tendrá que cerrarse. Y ojalá se cierre bien.

He vuelto a casa y me he preparado la cena:

- Gazpacho (con trocitos de pepino y zanahoria)
- Jamón
- Queso
- Maíz
- Melocotón
- Agua
- Pistachos

Me lo he comido en ese orden.

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Luego he recordado la primera vez que escuché a Marlango. Fue por casualidad que tenía puesta la tele y lo cierto es que me quedé muy embobada con aquella primera actuación en directo. Me llegó mucho. Ya, venga, decidme que Leonor está de moda y que gusta a todos, pero a mí me importa un pimiento. Creo que esa tipa tiene estilo y recuerdo ese viernes mirando la tele.

Lo peor, tal vez, sea no destacar en nada. No sentirte ni guapa, ni graciosa, ni simpática, ni responsable, ni nada de nada. Seguir siendo la chica de la fiesta que bebe vodka en un rincón, quedarte en un hueco oscuro y desear que llegue un vendaval que se lleve tus miedos para siempre, que se te borre la imagen de la rara en el patio del colegio, de los bocatas en los portales, de las aceras sucias de Barcelona, que cada vez te gusta menos, que cada vez te inspira menos belleza. Que no sé qué pensar.

Salir alguna vez guapa en las fotos. Todo debiera ser tan sencillo como eso. Ser inmortal me importa muy poco. Suelo despertarme con la ilusión de beberme el zumo de naranja como cada mañana. Qué cosas tan sencillas, ostia. Y me tomo el café de la cafetera nueva y sonrío porque me gastaré una pasta en café pero y lo bueno que está, que el aroma se dispersa y la casa se me llena del norte de África en unos minutos y eso es una maravilla, porque otra cosa no, pero el sentido del olfato lo tengo muy desarrollado, que hoy se me ha acercado una pija que llevaba un perfume que tumbaba de lo bueno que era, qué sensual, qué delicado, qué ganas de preguntarle la marca para salir como loca a comprarlo.

Leonor Watling tiene miedo a volar y dice que hace siempre un "protocolo de vuelo", que para quitarse el pánico se medio emborracha y así vuela mejor. Yo debo tener muchos protocolos de vuelo, ¿y qué? A veces me gustaría salir a la calle con velo, vaya afirmación más gilipollas. Volar con velo al centro de la tierra. Levantarme por la mañana y que alguien me admire, que alguien sienta que soy importante y que hago las cosas más o menos bien, con una lógica. Con velo o sin velo. Ser capaz de levantarme sin las piernas.

Hay películas que son una joya y hay otras que...mejor olvidarlas (vean Cándida, que es una maravilla)



Hoy han salido las notas. Tengo un ocho. Eso está muy bien teniendo en cuenta las condiciones en las que hice el trabajo. Me esperaba como mucho un seis. Pero se ve que las matemáticas no son cosa de detectives.

Es curioso. Cuando las cosas te salen bien no te acabas de sentir feliz. O somos excesivamente torturados o somos unos engreídos. Tendencia a ver la botella medio vacía y, encima, bebértela mientras miras a cámara en un plano corto. Ojalá hubiera sido locutora de radio. Pero la nota media no me daba para entrar a Periodismo.

Una noche más. Se ha puesto a llover y no quiero dormir.

Los posts que no se publican son los más reales



Ya he llegado a casa. Todo sigue igual, unos centímetros de polvo, la nevera semivacía y las plantas algo marchitas. No puedo decir que he vuelto mejor de lo que me fui. Sigo con las mismas paranoias y los mismos kilos de más. No seguí del todo las normas del monasterio… conseguí colar el iPod y una moleskine donde apunté algunas tonterías de esas que me pasan por la cabeza y los dedos. Lo escondí todo en un rincón del claustro y por las noches salía un momento a coger los objetos clandestinos. Es complicado estar sola. Y en mi caso es curioso porque yo siempre he sido una sola, me he pasado los treinta y pico años sola, sin nadie a mi lado, y tan bien, lo soportaba como una detective valiente pero ahora las cosas han cambiado y ser una sola a veces pesa demasiado. En fin.

Ella, mientras, estaba en la segunda isla más bonita. Después de cenar me la imaginaba tomando una caipirinha en el bar del hotel. Y en la playa, la sola más guapa de todas las solas, de todas las italianas. Es lo que tiene haber nacido en Venecia, que luego ese rasgo se te queda en la piel, por muchos años que hayas pasado lejos de tu tierra. Me ha costado mucho conciliar el sueño en el monasterio porque extrañaba la cama y lo único que podía hacer era imaginármela en la isla.

Lo mejor de todo esto es que al final Lucía regresa con Lorenzo a Madrid y se quedan juntos. En nuestra historia no hay ninguna Elena –la mejor paellera de todo Valencia- ni ninguna Luna. A veces yo soy algo Lorenzo y a veces me sale Lucía cada dos segundos. Eso poco me importa. El cuento sigue lleno de ventajas y Julio sigue siendo mi dios aunque esto último me haya dado mucha pena. Es muy difícil superar tantas obras maestras. Tal vez imposible.

Hemos vuelto a casa con los ojos más limpios y las manos muy morenas.

Te dejo una carta para que la leas cuando esté en el monasterio



Laura,

Me pareces aún más misteriosa que cuando no te conocía. Una noche te salvé y tú me devolviste la jugada salvándome un mediodía. Ahora lo recuerdo y se me hacen añicos las pupilas de tanto que me emociono. Cuando leas esta carta ya estaré camino del monasterio, mi madre me llevará en coche, son unas ocho horas de camino, en el sur, y ya sabes que a mí el sur no me tira demasiado. Qué misteriosa eres. Y cuánto hay en tu misterioso cerebro. Que por aquel entonces yo ta te quería, que ya me preocupaba por ti. Así que imagínate ahora. Con mis centinelas vigilando todo el día, para que no te hagas daño, para que no te hagan daño. Te veo mucho más limpia que antes, que yo nunca había visto una mirada como la tuya, en serio. Tanto que me conmueve. Te veo más perfecta que antes, cuando no te conocía. Y mejor persona, y más tierna, y más sensual, y más guapa. Que yo jamás había besado un cuerpo como el tuyo, pensaba que eso sólo les pasa a otros y a otras. A veces me siento como una hormiguilla lamiéndote los muslos y me sonrío porque eres algo secreto. Te veo más fuerte, más alta, más gigante, más lista. Y eso hace que me esfuerce en ser yo mejor persona. Ya no estoy tan torturada como antes porque trabajo cada día en mis casos y he dejado de detectivear para no hacerme daño. Tu presente está más limpio que cualquier desierto virgen de África.

Pero hay una única cosa que no puedes pedirme.

Tal vez pille una sobredosis de juanolas si sigo con este ritmo, fantaseando con mi presente mientras trabajo con cara de sonámbula



He vuelto, por unos momentos, a mi pasión por las listas absurdas. He hecho una de mis defectos y me he vuelto del revés para disimular la vergüenza. Pretenciosa y borde. Desorientada y melancólica. Joder. Llevo demasiados días tosiendo como consecuencia de un resfriado. Ingiero una dosis de pastillas juanolas que empieza a ser preocupante, porque estoy dejando de comer -he perdido el apetito, todo me sabe a regaliz- y comenzando a tener alucinaciones. Rollo droga lisérgica, tal vez. El caso es que mi madre me ha llamado para preguntarme qué tal, para ver si ya se me había caído el bronceado y desteñido el pelo rubio. Y para cantarme la canción de Lennon de turno, una tradición que a veces se hace pesada, sobre todo cuando tienes ganas de colgar para no llegar tarde al trabajo. Detesto la impuntualidad. Y a las personas que no reconocen nunca que están jodidas, sí, esas son las peores. Si es que yo siempre fui más cercana a los segundones, a los perdedores, a los que están mal y se regodean en ello. Los que machacan mil veces con la misma historia del pasado, una y otra vez. Los que reconocen que se han quedado sin amigos por ser demasiado asociales.

- Mamá, oye.
- ¿Qué pasa Carolina?
- Que...tengo miedo, ostia, mucho miedo.
- Pero hija...yo...

Y le he colgado. He empezado a sudar del pánico y he tenido que salir de casa como alma que lleva el diablo.

Y entonces he visto que no tenía dónde ir. Una detective despeinada, con la gabardina sin botones -me los he comido en pleno ataque de furia triste- debe ser algo patético, sin duda. Así que me he sentado en un banco y me he puesto a fumar con los ojos medio cerrados. Me he puesto a pensar qué haría si tuviera dinero... He sido tres minutos y veintinueve segundos algo más feliz pero después he vuelto a verme las manos y me he quedado medio muda.

Mi madre me ha enviado un sms justo en ese momento: t he pagado 2semans n un monasterio,todo incluido.ve y curate,hija.

Tengo toda la noche para pensarlo. Pero no voy a necesitar tanto tiempo. He decidido irme, esas dos semanas puede que me ayuden a recuperar los botones de la gabardina. Poco equipaje. Algunos libros y una foto de Laura.

¿Dónde está el universo?



Hay una pregunta que me angustia desde pequeña. Nadie me supo contestar algo coherente, jamás. Claro que yo nunca me he codeado con físicos eminentes y ese tipo de personas respetables -y no lo digo con sorna- que te trazan una ecuación galáctica con un compás de veinte patas y un bolígrafo de ocho colores.

Me he vuelto a hacer la pregunta justo esta noche, en este hall de hotel extranjeramente cálido, en medio de una tierra que desconozco. Con un vodka a la derecha y un cenicero a la izquierda. Ella juega a billar pero es tan fascinante que hasta las bolas se le están derritiendo sobre la mesa.

Eso de que las grandes ciudades se quedan vacías en verano es mentira. Cabezas, vaqueros, toallas y cartas de restaurante. Creo que me volvería loca en un crucero, no podría soportar dormir rodeada de agua. Se me volaría el cerebro, los párpados y las huellas dactilares. La tierra me da seguridad, sin duda.

Estos días me han servido para descubrir que soy una tipa de necesidades básicas, aunque me empeñe en mostrar lo contrario. Y si tienes una sola cosa -la más importante- lo demás resulta invisible y sin sabor, como el agua del grifo.

Cada vez me gusta más viajar en avión. Pensar que puedo morir en el trayecto no significa demasiado, me coloco el sombrero, me tapo los ojos y me entretengo con el chicle. Y recuerdo la época de mi vida en que trabajé de controladora aérea. Y también la forma tan sucia en que me despidieron.

Tengo sólo dos semanas para resolver un caso complicadísimo. Y ya he perdido el lunes. Un día. Pero, ¿qué significa realmente perder un día?

No he conseguido aprender a resumir



Hoy nos hemos levantado a las 6 de la mañana. Ella se ha ido a hacer unas gestiones y yo la he acompañado hasta el párquing. Me he quedado en casa, sola. No sabía si meterme en la cama, desayunar algo más o ponerme a hacer trabajillos domésticos. Al final me he vuelto a la cama y he dormido hasta las diez y pico.

Nunca había reparado en lo vacía que se queda la casa sin ella. Es muy curioso pero hasta esta mañana no había caído en ello. Las fotos de Elvis, las de James Dean, los limones en la nevera, las Coronitas, las camisetas, los cepillos de dientes. Qué vacío más vacío.

Esta noche he hecho la maleta por fin. Pesa diez kilos clavados así que podré saltar de un avión a otro sin despegarme de ella. Me encantan los equipajes reducidos. Y hablar con Laura sin el sombrero de detective.

He pasado por tu casa veinte veces



Ahora los veranos ya no son una pesadilla. Ya no soy una torturada narradora en primera persona.

Justo un año y medio después repaso las notas y descubro tantas pistas que no sé si podré dormir a tantos kilómetros del cuerpo del delito



I'd be your favorite cartoon
(que nunca hay dar ninguna canción por sobreentendida)

Suelo evitar los pasos de cebra -no me refiero a (per) seguir zapatos de cebra-, busco los semáforos en rojo, porque me permiten pararme –otro ratito más– a pensar. Believe me when I tell you… Y vuelven a ser las ocho de la mañana y me imagino que tengo una máquina de escribir chiquitita en el bolsillo. Y que, sin que nadie se de cuenta, te redacto una carta, que será una mini carta porque los bolsillos son pequeños y el tiempo que dura el semáforo en rojo, escaso.

Lo mejor de los martes es que paso por un semáforo que hay que cruzar pulsando un botón, quedan muy pocos de esos. A mí me gusta pasar por allí, me siento poderosa. Soy capaz de detener el tráfico cuando quiero. Pulso el botón y cuento mentalmente, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… nunca llego a diez, es muy rápido. Me gusta imaginar que los coches se han parado porque tengo superpoderes. La culpa fue de esa canción. Hasta ese momento yo me creía invulnerable a los besos.

I'd love to see you Saturday afternoon
I'd stick around and go with you to church
I'd love to sell your backbone to my fans
I'd be your favorite cartoon


Lo peor de los miércoles es que tengo más tiempo y se me acaban las estrategias para no pensarte. Lucho con todas mis fuerzas, cierro los ojos hasta que se me oscurece el mundo, me pliego como un paraguas pero todo es en vano. Te has esparcido como el café que esta mañana se me derramó sobre la mesa, manchando los folios que tengo escritos para perderme la vida. Y pienso en ti con el pelo moreno pero luego te me vuelves rubia para despistarme. A pesar de que ya no me dejo engañar, me pierdo en algunas ciudades pero si me das un mapa soy la reina de lo secretos urbanos. Y te imagino caminando, camino del trabajo, con cara de cansada, pero la imagen se me nubla y vuelves a llevar un jersey naranjaverdeamarillonegromarrón. Porque seguro que, como a mí, no te gusta demasiado el blanco.

Despiezo los textos en párrafos, luego en frases y concreto palabras. Nunca se me dio bien resumir y contigo no haría una excepción. Así que me vuelvo a la calle a buscarte, que nunca se sabe, que la vida es muy extraña y podría ser que te encontrara remendando un libro en una esquina cualquiera o fugándote sin pagar de una cafetería en ruinas.

Hago mentalmente un top ten de canciones que podrían gustarte pero me arrepiento y las elimino con una tecla de suprimir que llevo en el bolso y que arranqué de un ordenador en pleno ataque de timidez. Al final elijo una en italiano, para que no te cueste entenderla.

Me aburro. Hago otra lista, esta vez de comidas, pero como no sé qué prefieres me vuelvo loca cocinando pasta gallega, costillas andaluzas y sopa madrileña. Y como cocino fatal, tengo que esconderlo todo para que no veas que acabo de llamar al cátering.

Descubrirte ha sido como cambiar las sábanas a la cama y dormir noventa horas seguidas perdiéndome por países que desconozco pero que sé que tú conoces y preguntándome qué debo hacer para que compres dos billetes de tren y nos fuguemos un buen día a las siete y media de la mañana. Soy capaz, por fin, de escribir un frase entera sin comas.

Encontrarte ha sido aprenderte como quien se presenta a un examen test ficticio. Las respuestas en blanco no cuentan pero ten cuidado porque las erróneas bajan nota. Y mi pregunta siempre era la misma: ¿qué pasa si todas las respuestas son incorrectas? Que tendrás un menos cinco, un menos siete, un menos nueve… y me quedaba mirando por la ventana. Yo no sabía nada de niñas. ¿Adónde corren las niñas? ¿Y por qué ésa me miraba así? Si me hubiera mirado menos, yo habría seguido corriendo hasta atrapar el balón o, un poco antes, si la bota de ese niño hubiera chutado bien, de lleno, el balón se habría quedado dentro del colegio y puede que yo en la portería si ese día hubiera salido más tarde… Todos me habrían felicitado, pero no fue así.

Tuve que quedarme muy quieta para que ella se acercara… ¿Adónde corría esa niña?

……………

Al final me lo jugué todo a una sola carta, sin tener ni idea de cómo iba el juego. Aposté al 33 negro y cruzé los dedos, soplé los dados y le dí a enviar, a send, a play, a validar, a todas las teclas que pude y que conocía.

Las pistas se descubrieron y a mí, por fin, se me comenzó a desequilibrar el pulso.

Elvis será tu ángel de la guarda



Me quedé viendo cómo se alejaba su coche. Siempre lo hago y siempre pienso que ella me ve por el retrovisor, pero resulta que me acabo de dar cuenta de que no me ve, desde ese ángulo resulta imposible. Mejor.

Me quedé plantada en medio de la calle, justo entre las mesas de una terraza de verano llena de gente atiborrándose de frankfurts y coca-colas sin gas -de tanto estar aburridas sobre la mesa y sin hielo- que no repararon en mi pinta de naúfraga. En una mano, una bolsa con ron añejo y azúcar moreno de caña. En la otra mano, mi equipaje de fin de semana.

Estamos a lunes y ya la estoy echando de menos. Le escondí en el bolso mi último camel, todavía en la cajetilla. Fumátelo a mi salud cuando estés allí, te ayudará a no echarme de menos, será como si estuviera a tu lado.

Esta tarde, mientras se hacía de noche, ella ha encontrado el momento justo de fumar mi cigarrillo. Al caer el sol, sola como las solas. Como las solas de verdad que fuman sentadas en las rocas, mirando cómo se cierra el día. Que al final el día se cierra de golpe y si te entretienes un poco te lo puedes perder.

Me he pasado el día imaginándola mientras trabajaba mis ocho horas diarias. Y si no fuera por eso, ser detective no tendría sentido.

Madame Bovary c'est moi (y yo, y tú, y todos un poco)



Me han encargado preparar una maleta con lecturas para el verano. Es para alguien que va a pasar un mes en absoluta soledad así que me he pasado un buen rato tratando de elegir las obras lo mejor posible. He tardado toda la noche en elegir seis títulos, me ha salido ese número, ni uno más ni uno menos. He repasado uno a uno los títulos de las estanterías, me ha costado elegir (véase la nota de presentación de este blog, juas) porque ningún libro me parecía lo suficientemente bueno. Y con la excusa de encontrar buenas lecturas, he recordado los momentos en los que compré esos libros, lo que significaron sobre mí o simplemente qué pasaba por mi vida por aquel entonces.

(Aquí iría un párrafo de esos densos en el que explicaría con toda suerte de detalles la historia de cada novela, el porqué de las páginas subrayadas, y etc. etc. Pero me lo salto porque no son éstas horas de ocupar el tiempo leyendo dispersiones de este tipo)

He abierto las páginas de los seis libros. Esquinas de páginas dobladas, palabras subrayadas o envueltas por círculos a lápiz, pétalos de flor disecados en medio de una página al azar -esto sí que es de tipa cursi, pero es que me encantan las flores, raras por supuesto- y alguna hoja escrita a mano -ajena- junto con recortes de diario:

Lunes 6 de julio de 1998: la poeta catalana Maria Mercè Marçal muere en Barcelona víctima de un cáncer a los 45 años

Sólo he leído el titular, no me apetecía leer la nota entera. Reconozco que ella no me gustaba demasiado como poeta pero su novela (fue su única novela, ¿verdad?) era asombrosamente perfecta y te enganchaba como sólo lo hacen las buenas novelas. Me gustaría mucho volverla a leer pero no creo que pueda (el tiempo el tiempo el tiempo sin comas que lo separen y lo detengan...)

Finalmente, he hecho la maleta con estos seis títulos:

1. Madame Bovary
2. La passió segons Renée Vivien
3. Tristán e Iseo
4. El retrato de Dorian Gray
5. El amor dura tres años
6. (No digo cuál es porque es demasiado personal)

Me ha quedado bien la maleta con las seis obras. Ahora sólo me falta dejársela en la puerta de su casa con una nota sacada de una frase que subrayé hace demasiados años:

Pero lo que los dioses dan, lo quitan muy pronto.

Así que debo aprovechar todas y cada una una de las noches serenas que me han sido otorgadas.

Las personas como yo han de tener cuidado de no (re) caer en la melancolía



De pequeña soñaba con tener una guitarra eléctrica y un grupo. Ser la cantante, la guitarra rítmica o ambas cosas. Eso era lo de menos, yo lo que realmente deseaba era una guitarra eléctrica, tipo Les Paul, por ejemplo. Claro, a mí me iba más ese estilo que el estilo Fender, me había criado con los Beatles y eso marca mucho. Claro que tampoco yo era tan original, supongo, de críos todos hemos soñado con ser músicos, guapos, y con ligar después de los conciertos. En fin.

La guitarra de la foto duerme en mi casa. Es mía. Ella me la ha regalado para mi cumpleaños. Al final, no he tenido un grupo, ni he sido cantante, ni nada de eso. Pero tengo la guitarra eléctrica y eso era lo importante.

Hay días en que siento tanto vértigo que tengo que sentarme a rezar para no caerme. Me invento los rezos, que soy atea, pero creo que no lo debo hacer del todo mal porque ahí arriba deber existir alguien que me está echando un cable.

Mil millones de años más



De repente me han venido unas ganas tremendas de que sea invierno. Me ha apetecido ponerme un abrigo gris, de chica chica. Un abrigo gris de chica chica no es lo mismo que un abrigo de chica. Pero es verano y sigo empeñándome en vestir dos tallas menos que la mía.

La Sra. Blenk me estaba haciendo un juego de sábanas. Está bordado por ella, de joven, de cuando vivía en Gran Bretaña. Era un secreto, pero ya no ha podido aguantar más y me lo ha enseñado. Es precioso. Lo he imaginado puesto en nuestra cama y me he emocionado. Son florecillas inglesas muy pequeñas, de colores, perfectísimas. De cuando la Sra. Blenk tenía una vista telescópica.

Ya me ha terminado el juego de sábanas. Lo ha metido en una bolsa roja de unos grandes almacenes para que lo lleve a casa. Lo he estado tocando. Me he quedado conmovida. Yo no quiero que ella se me vaya nunca.

Esta canción me deshiela.

¿Puede uno llevarse el mar donde no hay mar? Ahora sé que hay una fórmula para conseguirlo, se necesitan varios aviones...



He ido a buscar a Laura al trabajo, ella no sabía nada así que ha sido una sorpresa de esas de verdad, de las que quedan pocas ya. He llegado diez minutos antes de que ella saliera por la puerta. Me he fumado un cigarro, me he conectado el iPod y me he puesto a vigilar la puerta del sitio donde trabaja. No he quitado la vista ni un solo instante, no vaya a ser que la chica salga tan rápida que no me vea. Pero me ha visto y nos hemos quedado asombradas de que fuera tan real, tan fuerte. Uala.

Me encanta la calle que tengo que atravesar para llegar hasta su trabajo. Hace un poco de cuesta pero nunca me cansa, la verdad. Es una calle que parece un poco de pueblo, a pesar de estar en plena Barcelona. Hay un sitio donde arreglan motos, una cafetería muy moderna, unas señoras que planchan la ropa que les llevas, un restaurante italiano tan pequeño como un dedal, una peluquería de las que pasas por la calle y huele tan bien que te dan ganas de entrar a cortarte el pelo…

Es una calle tan especial que no me parece que pueda existir. Pero existe. Y últimamente compruebo que existen más cosas de las que a mí me enseñaban cuando era pequeña.

Justo cuando he llegado al sitio ha comenzado a sonar Moon river. Y yo es que soy muy tonta para esas cosas así que he pensado que aquello era una señal, que alguien me estaba poniendo la banda sonora para que no me pierda. Y no me he perdido. Yo, la adicta a llevar mil mapas en el bolso.

Hemos pasado la tarde haciendo cosas de chicas: besándonos, mirando muebles imposibles, tomando bebidas rojas y fumando mientras avanzaba la tarde, hablando de cosas secretas, celebrando que he terminado los trabajos y que ahora sólo me falta aprobarlos (cruzo los dedos, los cruzo, los recruzo).

Nos hemos comprado una Moleskine de Madrid. Es una especial que lleva planos de las calles y del metro, hojas en blanco, apartados para escribir nombres de sitios para comer, bailar, etc. No es una pijada, es una preciosidad. Ya que somos adictas a Madrid, seámoslo bien, con estilo, claro que sí. Esta noche ya he apuntado un par de sitios para comer. Es muy estética, y yo me muevo por estética. ¿Y qué? ¿Pasa algo?

- ¿Sabes por qué nos gusta tanto Madrid?
- Pues la verdad…no lo sé…¿por qué?
- Porque nuestros problemas no están en Madrid.

Qué cierto. No puede ser malo que te gusten las cosas bellas.

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