Confieso que no soy rubia y que cada día miento más que el anterior

como darth vader

La canción que perseguí durante años y que justo encontré en el 2006

Hoy me han puesto un empaste provisional. Provisional. Esa palabra significa mucho. Y aquí, otra de mis manías: soltar una palabra, tirar de ella y sacar una lista de sentidos enredados. Provisional, eso era, provisional. Algo tendrá que ver con visión, seguro. ¿Cuántas cosas de mi vida eran/son provisionales? Paso de redactar una lista, que no está la noche para lanzar agujeros al espacio. Empecé el año con Niños Mutantes y lo termino con Tachenko. Durante los diez meses restantes han pasado tantas historias –diferentes ramas de un mismo árbol, posiblemente- que me da pereza recordarlas. Los solos seguimos siendo unos solos y eso no lo cambia nadie, ni siquiera conocer tus orígenes verdaderos. Soy muy pija con la cristalería, el cava en copa de cava y el vino en copa de vino. Y si no es así, no me sabe tan bien. Hoy he cambiado las sábanas y he puesto el nórdico. Casi tres cuartos de hora he tardado. Es que también soy pija con el tema ropa de cama. Todo perfecto, sin arrugas. Porque sé que luego vendrán los salvajes polares a llevárselo todo y me gusta que no encuentren obstáculos a su paso. Lo provisional y lo que trasciende. Lo efímero y lo salado. Lo amarillo y lo frío. Lo que nunca bebo y lo que me riega la lengua. Dejar un trabajo me da miedo porque nunca sé cuál debe ser la primera frase: quiero dejar de estancarme; quiero cobrar más; quiero que os apréndáis de una maldita vez mi nombre, Homer, Homer Simpson. Si apunto en un papel todo lo que me gustaría ser o saber hacer necesito salir corriendo a la librería a por un paquete de folios. Aprender a tocar la guitarra, no desmayarme cuando veo sangre o conducir sin poner en peligro mi vida. Me río de las estupideces que deben contar de mí por ahí, todo exagerado, te lo juro. No te creas nada porque esos deben odiarme tanto que les estallan los tímpanos. En sus buzones sólo hay propaganda electoral caducada. Me gustan aún más los blogs que ya me gustaban y me asquean aún más –pero mucho más- los blogs que ya me asqueaban. Ayer estuve bebiendo con Elena. Está mucho más guapa que el resto de elenas del planeta, dónde va a parar. Como siempre, me reconfortan sus consejos y sus ideas. Hablamos de nuestras venas, de las paredes de nuestras casas y de cómo odiamos a esos grupillos como Amaral, por poner un ejemplo. Sigue tan cínica como siempre. Luego se nos unió la finlandesa del don de saber quién ha estado enrrollado con quien con sólo mirar y tratamos de consolarla. La pobre dice que regresa a su país, a ver si allí deja de ver fantasmas y recompone su propia historia. No la vimos con demasiada buena cara pero es lo que tienen algunas rubias finlandesas, que sufren arrugas y ojeras perpetuas. Inseguridad. Otro de los capítulos. Muchos de los conflictos vienen de ahí, de esa inseguridad que nos azota. Esa que nos hace sentirnos una mota de polvo en medio de las vías del tren. La inseguridad de la mala, de la que hace que te odies, te odien, te odiemos, te odia. A más inseguridad, menos fuerzas. Realmente, me importa poco renegar de mis creencias. Siguen gustándome los Beatles y fumar con ella. Y lo que está más allá de ese límite ya no existe. La detective escribe como una cría cuando repiensa en ella. Debería hacerme cristiana y rezar para que nada cambie, para que no me la arrebaten y para no tirarme con ningún paracaídas trucado. Nunca podré explicar todo lo sucedido en el 2006. Ni siquiera hallo lógico estar a estas horas tratando de ordenarme las ideas, porque en definitiva es lo que trato de hacer. Debo ser una malísima persona porque mataría por ella. Debo ser despreciable porque no pienso dejar que ninguna zorra se le vuelva a acercar. Debo ser una maleducada por escribir este tipo de cosas. Debo ser una engreída, una petulante y cien mil adjetivos más que a más de uno le encanta ir soltando por los peores bares. No soy la mejor promesa, desde luego. Ni la más centrada ni la más buena. Pero lo que tengo claro es que la voy a defender más que nunca de todos esos peligros invisibles que la acechan. Que ella se defiende sola, claro, no soy tan estúpida de no saberlo, pero me hace sentir útil pasearme por la ciudad con la pistola en el bolso. Y me halaga saber que soy la mejor amante que ha tenido nunca. Mi casa se ha llenado de grietas desde que estamos juntas. Y los vecinos han dejado de hablarme y de mirarme. Debo ser algo así como la “guarrilla del primero”. Si no escribo sobre sexo no es porque sea un tema tabú sino porque pensaríais que exagero. Podéis ver las grietas. No exagero, ya dije hace tiempo que jamás había volado de esa manera.

Ahora me doy cuenta de que en realidad este es el post más largo del año, el más improvisado, el más en directo y el último.

Que tengáis suerte. Yo cada vez creo más en la suerte.

Orange es indie



La canción que estabas esperando...

Una semana. De nuevo el frío. De nuevo los temblores de párpados y de lengua. El otro día, por lo visto, era el día del orgasmo mundial. Me imaginé a todo el planeta Tierra haciendo el amor al unísono y casi me desmayo de la impresión. Todos flotando, a veinte mil kilómetros del suelo. Ummm, no estaría nada mal.

Aquí estoy, aún en mi torre, que no hay nadie que me baje de ella. Merendando vinilos aún sin estrenar y bebiendo vino blanco, copa tras copa, que apenas si da tiempo a que se enfríe. Me acabo de medir, he adelgazado casi un kilo y he bajado tres centímetros de estatura. Mis buenas intenciones no me crecen ni reducen las penas invisibles.

La gente se obsesiona con ser feliz en Navidad, es como si fuera algio obligatorio y no, no lo es en absoluto. Puedes estar igualmente jodido. Nunca faltan motivos: estar enfermo, estar solo sin quererlo, que te sean infiel, que no te correspondan, que estés sin dinero, que hayas perdido a alguien irrempazable...

Trabajar en festivo deprime mucho. Ves a todo el mundo feliz y con las bolsas de regalos y tú con cara de espantapájaros sin peinar. La llegada de la noche no motiva. Supongo que tendré que beberme todo el vodka de la ciudad para poder mirar con ojos más o menos turbios.

Por supuesto, no voy a quejarme porque estar viva y con los pies firmes ya es motivo suficiente para dar gracias a quien sea (aunque sea a mí misma)

La echo terriblemente de menos. Aunque sé que desde el otro extremo del planeta me está pensando.

Una semana.

Vamos de acá para allá con la sonrisa criminal



Me gustaría saber porqué se me atrancan las hojas en la impresora siempre que hago más de seis copias. Como la bola de billar que se te queda en la garganta. También atrancada.

Sigo con mis pequeñas adicciones. Con mis manías diminutas. Soñando con Laponia y durmiendo cada vez menos. Hay gente que vive como los vampiros. Tú ya sabes.

A veces un simple gesto te puede cambiar la vida. Una palabra mal dicha o un guiño al párpado equivocado te pueden desordenar la historia.

Yo ya no tengo edad de ser correcta. Así que no me habléis de adoptar canarios en peligro de extinción o de bautizar chuchos.

Todavía recuerdo aquella conversación:

- Carol, prométeme que no seremos la típica pareja que el domingo se planta el chándal y se va de excursión a la montaña. Prométemelo.

Y me limité a sonreír mientras me encendía un pitillo y preparaba la comida a las seis de la tarde.

No, ya no tenemos edad de ser correctas.

El lado oscuro de la navidad (parte... véte a saber qué parte es ya)



¿Dónde estabas hace cinco años? Estaba intentando construir una vida. Tratando de dejar a un lado asuntos de infidelidades, amantes, desconciertos y fugas a media noche. Se me había ido la mano con la mezcla de bella irrealidad/realidad cruel y llegué a creer que siendo un personaje secundario podría tener una oportunidad. Mi oportunidad.

Esto lo escribí hace dos años, diciembre de 2004. Qué peligroso es releer el blog de uno mismo. Es como cuando ves en el armario una camiseta que ya no te sienta bien, que te resulta casi desconocida y te preguntas ¿pero de verdad llevaba esto puesto?. En ese post yo hablaba de una relación pasada en la que fui la amante de alguien. Situación dolorosa donde las haya. Ahora no me voy a poner a arrepentirme de nada pero, vamos, que tampoco es para darse un homenaje.

Hay que tener narices para dejar a tu pareja y largarte con tu amante. Y no todo el mundo dispone de los arrestos necesarios para hacerlo. Ups, pero el post no trataba de este tema.

Quería explicar que hoy me he sentido ignorada en el trabajo. Estos días me cuestiono muchas cosas. Debe ser el fin de año que nos afecta y nos da a todos por hacer balance absurdo de todo lo que hemos hecho o dejado de hacer.

Me pongo a hacer listas. Me encanta. Un vicio que tengo algo descuidado. Venga, improviso una en directo:

- Tres cosas buenas que has hecho en el 2006:

1. Romper con una relación estancada, agonizante y absurda.
2. Volver a ser yo.
3. Tropezarme con la media naranja que no vive en Australia.

- Tres cosas no tan buenas que has hecho en el 2006:

1. Estancarme laboralmente.
2. No ahorrar.
3. Descuidar a ciertos amigos.

Cómo añoro Madrid. Desde que he vuelto me siento descolocada e impaciente. Y mi lince bebé tan lejos.

No sé cómo terminar el post, tal vez sea simplemente un post lleno de pistas... (poned aquí la frase que queráis y lo damos por cerrado)

PD: Olvidaba mencionar que el otro día volví a llorar por Darth Vader.

Me he vuelto leísta



Se acabó. Me vuelvo a Barcelona en el primer vuelo de mañana. Hay alguien que me necesita. A pesar de las pelucas y de las croquetas de Tetuán.

Todo lo que tenemos que decir está en un anuncio de vaqueros. Qué superficial es a veces la detective. Da igual, yo sé que están conspirando en contra.

Los muros nos los comemos a fuerza de atravesarlos.

Mi dentista tiene ojos polniuman



Aún no entiendo que una tipa como Leonor Watling se haya liado con un tipo como Jorge Drexler.

Ya véis, sigo quitándome lectores del blog.

Al final sólo quedaremos tú, yo, y los que se pasaron al lado oscuro.

Una rusa es una rusa



Esta mañana he estado con la finlandesa que sabe ver cuándo dos personas se han enrollado -sólo con mirarlas, sin conocerlas- en el parque del Retiro. Nos hemos dado una vuelta por los alrededores del palacio de cristal y hemos pasado las horas fumando y hablando.

A pesar del frío, me ha confesado que echa de menos su tierra nórdica. Yo le he confesado otras cosas. De fachadas, miedos y libros forrados de azul porque el amarillo se ha terminado.

La finlandesa no se gusta a sí misma. Bueno, my dear, eso nos pasa a muchos. Me ha dicho que mañana se va a operar de la vista para ver si algún cirujano intrépido es capaz de quitarle su original sentido.

Hemos terminado la mañana medio borrachas, medio llorantes, corriendo por una calle de nombre medio esquimal, medio castiza.

Allí, "sí" (y me quedo ya todo diciembre en Madrid)



Esta mañana, en la Gran Vía de Madrid había una cola increíble en la Administración de Lotería de Doña Manolita. En algunas calles puedes comprar los décimos dos euros más caros sin tener que hacer cola. Los letreros de los puestos aseguran que la lotería efectivamente es de la administración de Doña Manolita. Si pagas más, te ahorras la cola. Pero no todo en la vida se soluciona con dinero. Venga tópicos.

Yo antes era algo más rica y tenía el tiempo libre llenito de penas. Ahora soy algo más pobre y el tiempo libre me lo paso inventándome historias para que ella nunca se me aburra.

Esta mañana, al pasear por la Gran Vía, he pensado en que a mí ya me tocó la lotería un domingo astromántico.

Era sábado por la noche, Juan de Pablos pinchaba en el Nasty (Barbarella) y bailamos canciones de Navidad -de esos grupos alternativos que a mí/ti tanto nos gustan- en uno de esos días irrepetibles en que apenas llenamos la pista seis o siete personas.

Ya lo creo, a mí me tocó la lotería.

A todos/as los que nos odian, porque no dejaremos jamás que nos venzan



Esta tarde me ha llamado mi madre.

- ¿Carolina?
- Hola mamá, ¿qué tal?
- Hija, te llamo para decirte que naciste en Toledo y que tu padre…

He colgado el teléfono, no quería escuchar el resto de la historia. Ya me la imagino. Mi familia y sus excesos de vodka y ficción, siempre haciendo estragos.

Me he puesto a hacer la maleta: sólo contiene ropa interior y vaqueros. El resto ya lo compraré o robaré, dependiendo de si llueve o hace sol. Luego la he llamado.

- ¿Sí?
- Hola guapa.
- Ei, ¿qué haces?
- La maleta. ¿Te vienes conmigo a Toledo?
- Eh, pues….
- Vale, te paso a buscar al trabajo. Ciao.

Ella me va a ayudar a encontrar mis raíces, a saber quién demonios soy realmente. Me he cansado de ser una sola. Ya no puedo más. Necesito a otra sola. Y ahora que nos hemos encontrado, ha dejado de llover hacia abajo.

Va a ser un viaje muy importante porque simboliza muchas cosas. Yo he volado mi pasado por los aires y es ahora cuando empiezo desde cero.

Soy la típica detective que comete el peor de los errores. Esto ya lo dije hace meses, a principios de año. Y bendito el día en que cometí ese error que me salvó la historia.

Sigo acostándome pasadas las dos de la mañana.

Algún día -lo sé- nos iremos a comer juntas las tres y nos reiremos de los malos en su cara



A veces nos ponemos tristes por otros.
La noticia me cayó como una bomba atómica en medio del pecho.
Primero, me destrozó la piel.
Luego, la ropa.
Y no al revés.
A ella también le puso triste la noticia.
Hablamos y la imaginamos en medio de un paisaje feo y seco.
A veces necesitamos escribir así, un poco, de duelo.
La noticia nos ha hecho tener miedo
Así que hemos decidido armarnos con espadas, pistolas y venenos.
Más que nada, por si tenemos que eliminar a algún malvado.
Ella me dice que la gente es envidiosa,
Que quieren lo que no tienen.
Que les jode que otros sean felices sin simulacros.
La noticia nos ha caído deslumbrante y cercana.
No quiero que te salpique nada de lo que pueda hacer daño.

Yo no pienso bajar la guardia ni un sólo segundo, eso que quede claro.

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