Presentación del libro de las 34 astronautas en Bilbao



Aún estoy huyendo de los "buenos" pero debo dejar constancia aquí de la tercera presentación de nuestro librillo naranja, ¿De otro planeta?

Este jueves se presenta el libro en Bilbao.

Presentación del libro ¿De otro planeta?
A cargo de la autora: Nuria Rita Sebastián
Lugar: Casa del Libro. Bilbao. (Alameda de Urquijo, 9)
Fecha: jueves 30 de noviembre
Hora: 19:30

Esperamos veros por allí y que la asistencia de todos vosotros acompañe a nuestra editora.

(Vuelvo en diciembre, este post era un aviso de convocatoria sólo)

Son los buenos los que nos persiguen, que los malos nos ignoran

Mi lince bebé está a salvo.

Al final, cambiamos de estrategia. A Paola Vaggio se le ocurrió una gran idea: llevarse al lince bebé en su avioneta a un lugar seguro. Sólo ella conoce el lugar exacto donde lo hemos escondido, es la única forma de que nadie nos descubra.

El viaje duró un par de horas y la aviadora le contó a mi lince bebé una de las historias más encantadoras (de encantamiento) que he oído nunca. Pude oír la narración gracias a la radio que ella tiene instalada en la cabina del piloto. Al menos me consuela saber que alguien de confianza lo llevó lejos.

Cuando la aviadora regresó a casa, yo me había fumado dos cajetillas de tabaco rubio y había vaciado casi una botella de vodka. Paola me entregó esta foto:



- Carol, sus ojos me dijeron que siempre te recordará. Y que algún día, cuando todos se hayan olvidado del asunto, le gustaría que le fueras a buscar. Esta foto es de él con su madre. Me pidió que te la entregara para que se la guardes.

Sonreí. Me metí en la cama y me quedé dormida con la ropa puesta.

Where did you sleep last night?, nos preguntarán mañana



La cosa se ha puesto fea, muy fea. Tengo a los de la protectora pisándome los talones. Me han pinchado el teléfono y el móvil creo que también. Esta tarde, al salir del trabajo, he notado que un tipo me seguía. Ahora mismo lo tengo rondando por mi calle todavía, y eso que son casi las dos de la mañana.

Así va el país. La polícia, los ecologistas, los vegetarianos y todos los políticamente correctos van a por mí. Y todo por culpa de mi lince bebé.

He hecho las maletas y esta madrugada me largo de Madrid. Esta noche la pasaré en casa de Paola Vaggio, la aviadora italiana, que nos dará refugio y algunas cosas para el viaje. Ya sabéis, pasaporte falso para el lince bebé, ropa para despistar a la policía y esas cosas. Pero mañana temprano nos marcharemos porque no quiero comprometerla. No puedo decir dónde vamos porque sé que leen mi blog, que lo he visto en las estadísticas. Maldita sea.

Sólo quería escribir este post para agradeceros los ánimos y el apoyo, los buenos consejos y la inspiración que me habéis dado. Gracias a ello no me he dejado caer rendida.

Me despido de momento, espero poder volver en diciembre. Hasta pronto y un beso.

(Al lince bebé le gusta este vídeo de Nirvana porque Kurt sólo muestra sus ojos un segundo, minuto 04:03, y me hace detener el vídeo una y otra vez para ver los ojos bonitos de Kurt)

The world is at your command



Desde que vivo en Madrid todo parece que va algo mejor. Ya no duermo tumbada en el techo, por fin he dejado de tomar Baileys para desayunar. Ahora sólo lo bebo para merendar.

He dejado de tenerme miedo. Ahora soy capaz de mirarme de frente, en el espejo, con las lentillas puestas. Hasta hace poco recuerdo que me falseaba la realidad con la miopía.

La noticia triste del día es que el lunes la protectora se me lleva el lince bebé. Algún imbécil me ha denunciado y me lo van a arrebatar. Por lo visto no soy capaz de cuidar de él. No debo ser una buena influencia. De nada sirve que me disfrace de zíngara para hacerle reír, ni que le cocine gambas al ajillo. Ni que le escriba notitas en finlandés para desearle buenas noches.

Hay personas empeñadas en arrebatarnos lo que más queremos.

El lunes se llevarán a mi lince bebé a algún lugar donde yo no pueda verlo (me han dado una orden de alejamiento, es alucinante). Pero mis botas seguirán andando por donde me de la gana. No podrán impedirme que atraviese todos los charcos que sean necesarios para…

Me cansa la gente que no tiene dudas



(Hace tres días que he conseguido el lince ibérico bebé)

Mi madre se ha quedado con el lince bebé mientras yo estaba trabajando. No me fío de dejarlo en otras manos, no vaya a ser que me denuncien o que me lo revendan por ahí. Cuando he vuelto a casa estaba aún durmiendo en su cunita de lince, me he acercado con cuidado para ver si respiraba. Estaba todo en orden pero de repente se ha puesto a toser y se ha despertado con su propia tos. Entonces lo he tapado para que siguiera durmiendo pero, al verme allí, se ha puesto a llorar. Y estaba realmente afligido, sollozaba, temblaba entero. Así que lo he sacado de la cuna y me lo he llevado en brazos. A tomar por saco la siesta, he pensado, ya dormirá esta noche.

Lo he puesto en el sofá y nos hemos mirado. Aún estaba llorando y temblando. Me estaba diciendo muchas cosas mentalmente, lo he sentido. Qué pequeño se veía, qué desconsolado. Qué fuera del mundo.

Le he hablado, lo he consolado como he podido y le he acariciado el pelo. Poco a poco se ha ido calmando y ha dejado de llorar. Pero yo sé que seguía sintiendo miedo. Ese miedo primitivo y doloroso. Justo como el que yo siento a veces cuando pienso que soy más vulnerable de lo que desearía, por ejemplo.

Nos hemos quedado prácticamente toda la tarde así, acurrucados en el sofá, mirándonos y sin movernos. Hasta que ya no había luz.

(La canción de los Stones es su preferida, siempre se duerme con ella)

Post con un par de copas de más (que la detective también baja la guardia de vez en cuando)



The answer came like a shot in the back...

La canción comienza con esa frase. Llevo varios días escuchando la misma canción. Yo soy así de obsesiva. Con la música, sobre todo. Tan sólo hay que desear escucharla.

Ella no es normal. Jamás había conocido a alguien así. Que suena a tópico, que se lee como un tópico. Vale, dejadme de leer si os cansa. Mandad mi blog a la mierda. Mandadme a mí. Porque ya no tengo ideas originales (las tuve algún día, acaso?). Porque ya no soy ni un uno por ciento de creativa (lo fui algún día, acaso?). Que me da igual. Que nadie me paga por hacer esto. Que ya no escribo con las manos. Ahora escribo con los ojos.

A veces siento un miedo pequeño que me da bocaditos en las orejas hasta que se me caen los pendientes. A veces me voy a dormir y por la mañana no recuerdo en qué momento de la noche me puse a recitar aquel par de versos de Pavese que me aprendí en italiano tan sólo porque me sonaban bien.

Esta noche nos hemos hecho el control de alcoholemia mientras cenábamos. El aparato era de Elena, que siempre lleva artilugios de ese estilo en su bolso. He soplado y la lucecita era roja, muy roja. Como el corazón escondido de Otto.

A partir de mañana voy a iniciar los trámites para comprar un lince ibérico bebé. Es muy difícil comprar uno. Es ilegal porque están en peligro de extinción. Pero a mí eso me da igual. Creo que es un animal realmente precioso. Estéticamente inmejorable.

La respuesta te llega a veces como un disparo por la espalda. Que se te clava, que se te hunde, bien hondo, bien hondo, bien hondo. Me gusta el número tres, por eso a veces repito las cosas mentalmente tres veces. Y cuando voy a clase en la universidad procuro sentarme en la fila tres.

Esta noche me ha llegado la respuesta como un disparo y me ha gustado.

Ahora mismo, a estas horas, sé que alguien compra un billete de avión para llevarme bien lejos. A la ciudad que tanto echo de menos.

(re) pensar es bueno para la salud y para mí



He vuelto del trabajo (re)pensando más de la cuenta.

Los que salimos del tren por las escaleras y los que lo hacen utilizando el ascensor. Es algo que siempre me hace pensar. Somos pocos los que subimos por las escaleras. Lo hacemos en silencio. Sin rozarnos, sin prisa. Sin mirarnos. Otra vez me ronda el tema de los solos… está claro que son los solos los que no utilizan el ascensor.

Un rato antes, he vuelto a ser la única fumadora que esperaba el tren. Ya no fuma nadie a esas horas. Había una cámara. Me la he quedado mirando, me he acercado y le he soltado el humo en la lente con descaro. Me he sentido una imbécil haciendo eso pero no lo he podido evitar. Eran mis dos minutos de exhibicionismo diario, la ración que me dedico cada día a hacer un poco el ridículo.

Hace años me ponía triste que alguien cuestionara mi trabajo. Ahora ya sólo me cabrea.

Tengo una lista de categorías contra las que luchar. De mentirijilla, claro. O no tanto, que yo no me fiaría de mí misma y menos de mis listas. Redactar la lista me tranquiliza porque si identificas al enemigo ya tienes mucho trabajo hecho. No pienso bajar la guardia, no puedo permitirme ese lujo. Al más mínimo fallo podría perderlo todo y no puedo consentirlo porque entonces ya sólo quedaría de mí la gabardina y la pitillera plateada.

Me hace gracia saber que mientras ella duerme yo me quedo aquí mirando a nadie por la ventana. Redactando párrafos absurdos que seguramente leerá desde el trabajo mientras yo, en otro lugar, tomaré algún tren y volveré a cansarme subiendo escaleras. Ser tan estética puede ser malo para la salud.

No tengo tiempo de detenerme en los semáforos pero sigo atenta a las buenas pistas



Descubrirte ha sido como volver a notar lo sensual que suenan los vinilos de jazz en el tocadiscos.

Post escrito en el trabajo



Bajada de diez grados en la temperatura. Café, pitillo y cazadora vaquera. Sillas de madera, barra de bar y música de los sesenta. Las trampas ya no están abiertas. Se han cerrado de repente. Y de nuevo es imposible no pensarte.

El invierno. Que se nos viene encima con las gafas de sol en el pelo.

Qué buenos eran los Stones…



Mientras escribo este post hay unos tipos que se juegan el tipo subidos a unas escaleras para quitar los pósters de todos esos memos.

Me apena ver cómo se comportan algunas personas. Me decepciona. Me pone, incluso, algo triste. Suerte tengo que me salva este cinismo y esta mala leche con las que nací.

Hace años voté a un partido radical, muy radical… de extrema, bueno, de extremísima izquierda. Y no me arrepiento, claro que no. Porque creía en ello firmemente. Y tenía que ser consecuente con mis ideas. Jamás encontré a nadie que me censurara por ello, nunca oí ningún tipo de comentario insultante o despectivo al respecto.

Pasó el tiempo y dejé de votar por…motivos que no vienen al caso y que no interesan a nadie. No me convencía ningún partido. Lo cual también es respetable.

Me niego a ser despectiva con las personas que no comparten mi ideología. No pienso caer en ese juego.

Porque sé que lo que les jode realmente es saber que no somos como ellos, que no pensamos igual. Les fastidia no poder etiquetarnos, no poder acusarnos de nada. Porque somos respetuosos, porque nos negamos a ser intolerantes. No somos un número más de sus estadísticas.

Que cada cual vote a quien le de la puta gana, ¿ha quedado claro?

Yo lo que sí tengo claro es que sólo a una tipa con clase le puede gustar esta canción de los Stones. Y ella tiene más clase que nadie.

Post en directo (IV)



Demasiado tiempo sin ser yo. Eso no podía ser bueno. Algo que se estaba gestando desde hacía muchos meses… tal vez incluso un año. Releo algunos mails que envié el verano pasado, el del 2005, y lo que está escrito, está escrito y ya está. Cuántas cosas fui diciendo por ahí. Ya estaba perdida. Y el caso es que me lo decían, pero una no se ve hasta que el espejo no se le rompe en las narices.

Hace días que me analizo. Las cosas que hice o más bien las que dejé de hacer. Hay reacciones demasiado brutales como para ser tenidas en cuenta. Nunca he ido al psicólogo. Tampoco al psiquiatra. Creo que dejé de emborracharme el día en que alguien me correspondió. Quizás hubiera terminado siendo una alcohólica poco anónima.

Una de las noticias más terribles de mi historia me pilló con unos grados de más en las pupilas y en la lengua.

Aquella noche habría sido capaz de cargarme al tipo chungo que iba a entrar en el cajero antes de que le hiciera algo a ella.

El otro día un compañero de trabajo me advirtió de que tuviera cuidado con la manera en que conducía mi vida laboral. Apenas nos conocemos, pero me dijo que él había tenido un ataque de ansiedad bastante imponente. Ten cuidado, Carol, que yo desde entonces me estoy medicando, me dijo.

Necesito encontrar un tema de trabajo para hacer una investigación. Volver a estudiar no significa sólo tomar apuntes y aprovechar para fumarte un pitillo en el césped de otras épocas. Necesito un tema, un algo, un qué, lo que sea para escribir y dispersarme.

Mis compañeros ya tienen todos un tema. Sí, es como para deprimirse. El otro día me tuve que inventar una mierda de tema para no desentonar. Me daba vergüenza decir no tengo tema, señor profesor, catedrático de la ostia, que yo le respeto mucho, claro que sí, pero respéteme a mi también, por favor, que no tengo la cabeza para pensar ni para expresarme con claridad. No tengo tema.

Sigo pensando. Hoy me he pasado el día trabajando en tareas que tenía atrasadas. Luego me he dispersado y me he puesto a buscar vídeos de Rasca y Pica (como el de más arriba). Ya sabes, adictísima a los Simpsons. De toda la vida. Qué buenos son estos dibujos. Ahora que lo pienso, hoy ha habido elecciones y no he ido a votar.

Es bueno marcarse metas, no límites. Ya, la típica frasecilla que queda genial decir y, cómo no, escribir. Qué bueno era Carlos Cano, oye. Qué bien cantaba el tipo. Y toda mi sangre se puso de pie. A ver quién escribe algo mejor que eso. Lo que a mí me está pasando no es mentira ni verdad. No sé, no sé, no sé. Y si esto no me sale bien, y si no supero la prueba. Y si no encuentro un tema. Y si no sé sacar tiempo y me caigo a mitad del camino…

Mejor no volver a tropezar con una misma que para eso ya tenemos la peli. Y Tiffany.

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