Post en directo (III): basta ya de fachadas y corazas de tipa dura



La detective está llorando, sola, sin fumar y con los ojos dispersos.

No le puedo poner un nombre a esto. La oigo, a ella, y se me encoge el alma. Nunca había conocido a nadie así. Esta noche pensaba escribir sobre lo bien que me siento al pasar la aspiradora porque es como si me limpiara el alma, la vida, los esfuerzos. Y al final me he puesto a escribir en directo. Una noche más. Y van dos seguidas.

Tal vez estoy dejando de ser una detective para convertirme en...

La oigo y siento una punzada en el estómago y en la lengua. Las ganas de besarla me duelen tanto que me enfado con los kilómetros y las carreteras. Jamás pensé que existiera alguien como ella. Era mi sueño. El típico sueño adolescente. La persona con la que te gustaría estar. Toda la vida, si puede ser y me dejan.

Una vez escuché una entrevista que le hicieron a una escritora. Le preguntaron qué pensaba del concepto de la media naranja. Ella contestó algo así como que sí, que su media naranja debía existir, pero que estaría en Australia. Y pensé, joder, qué cierto es eso. Aún tenía que encontrarla.

Ahora me doy cuenta de que es absurdo intentar describir esto. No lo conseguiría por mucho que me esforzara. Hay que verla. Verla fumar mientras se toma un café, verla bailar canciones de Najwa en el comedor, verla poner gasolina de una manera tan sensual que matarías porque nadie más la mire, verla escribir un sms, verla conducir, verla...

Encontrarla ha sido reencontrarme conmigo misma. Ya no era yo, ya no me sentía yo. Y me salvó, me rescató de todo y de todos. Y volví a trasnochar, como ahora. Que me da respeto dormirme.

Necesito vivir esto con intensidad, sin perderme ni una frase. Es un plano-secuencia que no se corta...

(Y Fran que nos ponga durante muchos años la banda sonora...)

Post en directo (II)



No hay ni dios en la calle. Ni siquiera pasan coches. He cenado un bocata de pinchos, pimiento verde y queso. Delicioso. He bebido una clara de cerveza. Y unas patatas bravas que te dejan la lengua taladrada. Al llegar a casa he comido un plato de uvas buenísmo.

Ahora escucho a Leonard Cohen. Cuando la conocí, ella llevaba un abrigogabardina gris y llovía como nunca. Volví a llevar lentillas para ella. Ahora me pregunto si dentro de unos meses, o años, o semanas, recordaré esta noche. Si recordaré la cena o que volví a casa en manga corta. Igual que recuerdo ahora aquel día.

Sigue sin haber nadie en la calle. Me pregunto cuánta gente habrá ahora mismo despierta en mi calle. Si alguien escribirá un post. Si alguien se sentirá solo o fatalmente acompañado.

No es bueno exigirse tanto a uno mismo. Yo antes valoraba cosas que ahora, sencillamente, me importan una mierda. Prefiero tener tiempo antes que dinero. ¿De qué te sirve tener pasta si careces de tiempo para gastártela? ¿Para qué quieres trabajar tanto si luego no tienes ni un solo fin de semana libre?

Le he dicho que sonría. Porque estamos vivas y porque estamos bien. Joder, qué obvio, pensaréis. Pues no, no lo es tanto. Puede parecer dramático pero cada día que pasa doy gracias -aún no sé a quién- por poderme levantar y respirar nicotina y tráfico. Por poder beberme una cerveza y decir lo que pienso. Que eso es mucho.

Siguen sin gustarme los perros pero creo que tampoco soy tan mala persona.

De cuando nos pesaba la vida y el abrigo



¿Te acuerdas de cuando escuchábamos a Sabina? De cuando nos saltábamos las clases de Fonética y de literatura del XVIII -qué asco de siglo, qué soso, era el que menos nos gustaba- y nos pasábamos las mañanas enteras en el bar de letras. De cuando empezábamos el día bien temprano con un café y un pitillo. De cuando hacía tanto frío que se nos helaba la lengua al besar. De cuando perseguíamos a algunas chicas que nos parecían misteriosas, inteligentes y guapas. De cuando nos enterábamos de que en realidad eran chicas iguales al resto, peor aún, eran en general unas traidoras que nos mentían, nos sacaban el alma y luego la llevaban a rastras por sitios tan dolientes que se nos olvidaba quién éramos. De cuando pasabamos los duelos amorosos escribiendo en cuartillas que luego abandonábamos en la biblioteca. De cuando volvíamos a caer en los mismos errores y volvíamos a perseguir a cualquier rubia con nombre griego. De cuando nos maldecíamos porque habíamos vuelto a caer y ya no había remedio.

Ahora ya no escuchamos a Sabina. Ahora a veces suena Tom Waits o Chet Baker.

32 horas no me bastan, necesito/quiero/deseo más



Sus gafas. Soy algo fetichista, lo reconozco. Y mitómana, también.

Me cansan los Dire Straits, Phil Collins y a veces incluso Eric Clapton



Cuando era una cría me sentaba, ponía esta canción y fingía que tocaba el piano. La introducción tenía unas notas que me ponían los pelos de punta.

Dentro de una semana comienzo a estudiar de nuevo. Me impone la idea. Tomar apuntes y todo eso. Me pregunto si seré capaz de volver a retomar ciertos temas y hábitos.

Todos sentimos miedo. Todos mezclamos pensamientos equivocados con pensamientos que dan en el blanco.

Esta mañana me han dicho que no existo. No encuentran uno de mis expedientes así que no consto en las listas. Soy un jodido nombre en blanco. Una tipa que trata de colocarse en una fila que, por lo visto, no está reservada para ella.

Me he tomado seis carajillos y tres vodkas. Luego he comprado una pistolita de bolso, de esas pequeñas, una monada. Ocupa tan poco sitio... Me he sentado en un bordillo a fumar y he pensado en lo mala que es la envidia.

Los camareros nos odian. Algunas personas que nos rodean también. Los profesores son un gremio que no envejece, fíjate y verás. También nos odian, no te fíes.

Al sexto cigarrillo ya estaba algo mejor. Pero seguía pensando en la envidia. Entonces he decidido que este invierno no pienso quedarme sola ni un solo domingo.

Maddlemans haciendo slalom por tu cuello



Su primer novio, posiblemente al que más quiso y el que menos daño le hizo. Hace poco fui a ver una exposición que recogía un montón de objetos relacionados con Marilyn. Como buena detective, estuve haciendo fotos de todo hasta que uno de los vigilantes me descubrió y me vi obligada a guardar la cámara. La foto de arriba es de Marilyn con su primer novio. Una de las que más me dispersaron. Me gusta su sonrisa, su mirada bajo el flequillo rubio. Cómo le coge de la mano. El crío parece algo más tímido.

Cuando miro algunas fotos suelo pensar en Marilyn. A veces me descubro como una sola, con camiseta de rayas marineras -como las modernillas- y el pelo recogido. Mirando un mar, aquel mar. Otras veces me veo a mí misma mirando el objetivo como quien mira a un fusil.

Cada mañana cruzo los dedos para no destrozar la historia. ¿Podré conseguirlo? No debería hacerme tantas preguntas pero es inevitable. ¿Y si al final resulta que yo tampoco soy un planeta? Sé que es estúpidamente egoísta -y las 01:36 AM no es buena hora- dolerse por los besos que tú no has dado, por los regalos que no compraste o por las noches no compartidas. El pasado no debería importar, ni doler, ni repasarse como un mapa lleno de pistas. Ni tampoco como una amenaza.

Hay noches en que me siento como una incauta que duerme con una caja de explosivos bajo la cama. Apenas me muevo. Apenas respiro. Los ojos abiertos, el dedo en el gatillo. Por si acaso.

Me río de mí misma. No hay nada que temer. Esa bola se ha roto ella solita. Y las que no se rompan acabarán por desaparecer de mi suelo, de tu historia, de la mía; y no habrá más pistas escondidas ni planos bajo la almohada.

Ni un sólo maddleman intruso en tu cuello.

El primero de muchos inviernos (tenemos pendiente el estreno de Pierrot le fou)



Aviso: post excesivamente largo y aburrido. Lo escribo para mí misma, para sentirme mejor recordando ciertas cosas. Mucho valor hay que tener para leerlo, en fin… avisados estáis…

Creo que me he engordado unos tres o cuatro kilos. Me han salido más canas y tengo el pelo más rubio por la parte de delante, como cuando era pequeña, que el sol me desteñía las raíces. Hacía muchos años que no me ponía tan morena. Llevo sin fumar desde el 2 de septiembre pero no lo he dejado, faltaba más, sólo que hay algunas semanas del año en las que dejo de fumar y de conectarme a Internet y al resto de tecnologías; una especie de aislamiento que me ayuda a reencontrame con algunas cosas. Qué misticismo más barato, ¿verdad?

He estado unas semanas de vacaciones con mi madre. Le he hecho de intérprete porque, como ya sabéis, la señora Blenk no domina demasiado el castellano. Me da un poco de vergüenza porque ya debería haber aprendido algo, teniendo en cuenta los años que hace que vive en la península… En fin, que hemos desayunado juntas todos los días pero, como siempre, no nos hemos contado ni un solo secreto. He llegado a pensar que es una especie de Dorian Gray, que no envejece exteriormente. La otra tarde volvió con una bolsa llena de almendras, las había cogido de una finca ajena, bueno, en realidad el viento las había arrastrado hacia el exterior. Sólo cogió unas pocas porque un chucho le comenzó a ladrar y a ella le dan miedo los chuchos. Puedo imaginarla corriendo, sujetándose el sombrero con una mano…

Durante los días que he estado con la señora Blenk la he echado terriblemente de menos. A ella. Es la primera vez que nos hemos separado tanto tiempo. Me ha dado miedo porque he sentido que si la pierdo me pierdo yo. Los equilibrios a veces son buenos. Como la calma. Como el hueco que existe en algunos cuellos. Como su pelo secándose sobre la arena. Algunas tardes la he llorado/cantado un poquito mientras se hundía el sol (A los catorce años, casi quince, con las rodillas esqueléticas y blancas, la cara tan redonda y tan mal pintada…). He hecho fotos al mismo tejado -rollo el tipo de Smoke- cada día, a la misma hora. No soy buena fotógrafa pero ahora he descubierto que me gusta tener recuerdos. Hay una laguna de fotos de una buena parte de mi vida y no deseo que me pase de nuevo. Ni una sola miga a la basura.

Odiaría el verano excepto porque…

1. La playa de Gausbini me pareció la más bella del planeta. Tal vez porque nos embadurnamos de arcilla y luego nos secamos al sol. O porque nos bañamos desnudas y solas y en medio de la tierra. E inevitablemente se nos fueron las lenguas y las manos…

2. Se me durmió en los brazos una tarde que estábamos en el banco de un parque. Habíamos bebido rápido y alegre en un restaurante frente al mar, en el puerto. El único restaurante de allí, nada de guiris, ya me entendéis, la buena comida es la de aquí, pescaíto recién traído de las olas. Ups, me disperso. A ella se le subió el vino y no podía conducir así que nos quedamos en aquel parque. Unos chicos jugaban a petanca y un matrimonio aburrido y casi amortajado nos miraba con una desaprobación ofensiva. Así que me encendí un cigarro y les dije con los ojos más cabreados que pude poner: Estamos enrolladas, sí, y os jode porque parecemos chicas hetero, ¿no?

3. Cada mañana nos despertábamos con la música de su móvil y yo me ponía a bailar en plan pequeña. Esa canción me recordaba a la fiesta de Desayuno con diamantes, debería sonar algo así en esa fiesta. Y al final ella se contagiaba y acabábamos las dos bailando en la cama.

4. Escuchamos un concierto de guitarras, empezaron con los Beatles y a mí me volvió a parecer una señal. Seguíamos el ritmo con los pies y fumamos frente a un par de carajillos de Baileys. Y ella les felicitó al acabar. Me gustaría encontrar una canción que tocaron en su idioma…

5. Una noche nos pusimos a contar estrellas y perdimos la cuenta. Y es verdad que yo nunca había hecho eso con nadie, a pesar de que sea algo super tópico y típico de las parejitas. Pero es que cielo como ese no lo había visto en mi vida...

6. Era bonito ir a buscar a la chica fotógrafa a su casa, subirnos en el coche y llegar a cualquier lugar. Escuchar su canción –sí, la que grabó con su familia- y mirar felices por la ventanilla. La chica fotógrafa nos explicaba historias de su tierra, siempre interesantes, y con ella trepamos por un acantilado de vértigo para conocer la historia de un tipo que se arrojó al mar… Pero eso es otra historia. El día que nos despedimos de ella sentimos que nos dejábamos un pedacito de algo en aquel lugar. Y nos dio penita, claro que sí.

7. La última mañana hicimos el amor como dos pequeñas salvajes oyendo el ruido de las olas chocando contra las barquitas.

En resumen, que estoy haciendo justo lo que no recomiendan todos los expertos psicólogos: volver de vacaciones el día antes de comenzar a trabajar. Así que con algo de suerte esta semana estaré jodida y la que viene más aún.

Pero lo cierto es que todo esto apenas me importa porque ella me sigue pareciendo de otro planeta…

Volveré a buscarte en septiembre (mini post en medio de un viaje, sigo sin conexión)

Nos paramos en medio de la carretera a comer los bocatas que hicimos mangando comida del buffet libre. Abrimos las puertas del coche para que entrara el aire. El día había sido duro pero estábamos como dos tipas grandes en medio de un lugar precioso. De repente sonó Stand by me y yo le dije ¿bailas?... y entonces me contestó: ¿a que no hay huevos?

Y así fue como salimos del coche y nos pusimos a bailar en medio de la nada, en bikini y bajo el sol del mediodía.

Y creo que los coches que pasaban por la autopista nos admiraban, al menos yo nunca me había sentido tan valiente y guapa.

(Supongo que nadie creerá lo que hicimos ayer por la mañana. Supongo que escribir este post a estas horas y con el cansancio que acumulo está tan sólo justificado porque deseo que tú lo leas)

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