"Fue aquel verano cuando aprendí a ver las cosas de otro modo"



La detective guarda la gabardina en el armario, hace la maleta, coge un par de billetes de avión y cierra la puerta. Como no tiene plantas, nadie tendrá que regarlas.

Hasta pronto...

PD: Se me olvidaba, dejo canción de regalo, para entretener un poco...

Qué buenas eran las canciones de los Stones y que ganas de que sea mañana por la noche



La mujer de las ojeras
Se aleja lentamente
Mientras enciende otro cigarrillo.
Compra un ramo
De margaritas
Para ofrecérselo
-en la primera iglesia que encuentre-
A la Virgen del Tiempo.

Post en directo



Son las 12:53 AM. Acabo de tomarme un colacao bien frío. Suena Tom Waits, justo esta canción, una de las que más me gustan. No recuerdo en qué momento exacto de mi vida comencé a escuchar a Tom Waits pero es algo curioso que me vuelva justo en determinadas épocas... el verano pasado también lo escuché bastante a pesar de que mi estado de ánimo era muy diferente.

Han cerrado casi todos los bares que hay cerca de mi casa. En la cuenta corriente -actualizada hoy- el último movimiento es un recibo de 67,97 euros y no tengo ni idea de qué es. Hoy me he recogido el pelo y me lo he engominado, parecía una mafiosa de cuello para arriba. He trabajado sin reloj y sin anillos, me sentía más cómoda. Me he puesto un conjunto de ropa interior que me encanta, de color negro y rojo. Es japonés. Siempre pienso en Kill Bill cuando me lo pongo. Seguro que Uma llevaba uno parecido en la secuencia de los 88 maniacos.

Últimamente estoy tan cansada que no me apetece salir a bailar ni emborracharme. He hecho un listado de tareas pendientes para septiembre-octubre-noviembre y me he medio acojonado. Cada año me pasa igual pero siempre me salvo. ¿Te acuerdas de cuando decíamos ¡salve! en aquellos juegos?

Ahora está pasando el camión de la basura. Cuando volvíamos a casa, Elena y yo, siempre nos pillaba el camión de la basura. Ya era como una tradición. Me he quedado esperando la llamada de Elena esta noche. No quiero que nunca dejemos las tradiciones. Nunca. Me da mucho miedo perderla. Aunque nunca lo verbalice.

Me aburro. Miro las estadísticas del blog: no entiendo porqué la gente busca "carol blenk". Soy un personaje. Ni siquiera existo. Cuando apago el pc soy morena y bastante asocial. Pero a todos nos funciona mejor la ficción. En febrero de este año alguien buscó en google una de las frases más curiosas que he leído nunca. Y creo que sé quién es esa persona. No podría ser otra. Sí, sí, sin duda. Juguemos a las pistas pero que sepas que soy detective y eso me da ventaja. Del tema sé mucho.

Siguen pasando los minutos. Aún me tengo que lavar los dientes y poner el pijama. Siempre me pongo el pijama un minuto antes de ir a dormir. No me gusta la gente que en cuanto llega a casa se planta el pijama, o los que se pasan los domingos en pijama. Una opinión. La mía. Y estoy tan cargada de puñetas.

A veces soy mala, muy mala. Hoy, por ejemplo, me habría cargado un blog (no, no es ninguno de los que hay linkados, faltaría más). La tipa que lo escribe me da un asco increíble. Y sé que no debería escribir esto pero, mira, me apetece y punto. Y si una se corta en su blog ya no le queda nada. Bueno, pues eso, que borraría ese blog y a su dueña. La gente no respeta nada, joder. Y no hay nada que me moleste más que un comentario fuera de lugar. Lo siento, a veces saco los dientes. Pero es sólo porque quiero defender lo que más me importa.

Me estoy dando cuenta de que escribir un post en directo es una mierda. Pero hay que estar en la salud y en la enfermedad, como dicen los curas en las bodas de las pelis.

Y, al fin y al cabo, "si alguna vez quise algo que me saliera bien, que sea esto"

Tengo ganas intensas e inmensas de regresar a Madrid.

Y me quedo callada un ratito...

Para ser detective no basta con detectivear sino que la noche nos ha de ser propicia



De pequeña me contaban muchas historias, todas mentira. Ahora entiendo este gusto que tengo por la ficción, me educaron para ello, está claro. Por ejemplo, la historia de los sellos de correos. Por lo visto, durante la I o la II Guerra Mundial era común y frecuente ocultar mensajes breves bajo los sellos de correos. Una manera de burlar la vigilancia y poder así enviar todo tipo de claves secretas. Yo era una cría muy impresionable y recuerdo lo que me impactó aquella historia. Imaginaba todo tipo de frases: bombardearemos primero París; traed agua y comida a Roma; evitad el paso por Berlín; te quiero Otto, cásate conmigo...

El sábado eché al buzón una carta con dos pistas escondidas. Ella descubrió la primera de las pistas pero tuve que decirle que la segunda de ellas estaba oculta bajo el sello. Soy tan hiperbólica que compré un sobre aéreo y los de Correos han tenido que sacar una avioneta especial para que mi carta llegue de mi casa a la suya. La podría haber enviado por correo normal pero preferí que fuera por correo aéreo. La ocasión lo merece.

Y sé que piensas que estoy algo ida pero nunca pierdo una sola oportunidad de…



Empatizar. Reconozco que no conocía este verbo hasta el día en que mi amiga la enfermera guapa me lo enseñó. Recuerdo que me explicó lo importante que es empatizar con los enfermos para poder así entenderles y, de algún modo, acercarse a ellos. Me gustó mucho ese verbo. Y que fuera justo una enfermera la que me lo descubriera. Ojalá yo fuera capaz de empatizar más a menudo.

De pequeña solía jugar a algo un poco… ¿cómo decirlo? ¿extraño? Era un juego que me había inventado yo solita y que consistía en sacarte el brazo derecho de la manga, o sea, en fingir que eras manca. Algo macabra la niña, lo sé. El juego se basaba en hacerlo todo con un solo brazo y era complicado, eh? porque encima el brazo izquierdo. Y no soy zurda. Lo mejor era cuando me veía mi madre.

- ¿Qué haces, Carolina?
- Estoy jugando…
- ¿Y se puede saber qué haces con la manga sacada?
- Es por si algún día me quedo sin brazo.

Mi madre no daba crédito. La pequeña Blenk se inventaba unos juegos rarísimos, sin duda.

- Es que si alguna vez me quedo sin brazo así habré ensayado y podré hacer cosas…

Para mí, el hecho de quedarse sin brazo debía ser equivalente a, por ejemplo, quedarse sin tabaco o sin café. Algo que te podía pasar un día cualquiera y sin hacer nada.
……………………….

Hoy está siendo un día raro. Tengo que dormir en una casa en la que hace demasiados años que no duermo sola. Y creo que tendré un poco de miedo. Hoy es un día muy raro. Me he imaginado que no estabas. En mi vida, se entiende. Que no nos habíamos conocido. Que no me habías salvado. Que nunca te mordí el cuello. Que jamás nos besamos en Gràcia. Que la camiseta que llevo puesta hoy no es tuya. Que los posts de los últimos meses son fingidos…

Estoy jugando a ser manca de ti. A ver qué tal se vive sin tus mails, tus sms, tus fotos geniales… por si algún día me quedo manca de verdad, que nunca se sabe.

Aunque… paso de este juego, que ya no tengo ocho años. Te voy a llamar mientras me fumo un cigarro.

PD: Se agradece que sigáis dejando descripciones en el post anterior...

Vuelvo a las listas y a las descripciones (las propias y las ajenas)



Vale, a ver quién se atreve a describirse utilizando veintisiete palabras... La gracia está en hacerlo de un tirón, sin pensar demasiado, que salga espontáneo.

Empiezo yo, que no se diga:

Tipa miope delgada de piel morena, adicta a los vaqueros, al café, a los cigarrillos dispersos, al círculo polar, a las camisetas y a sembrar pistas imposibles.

Me gusta escribir en verano porque todo el mundo está de vacaciones y ni dios me lee



El día en que murió John Lennon recuerdo que mi madre nos sentó a la mesa y nos miró a todos muy seria.

- Hoy no iréis al colegio. Se ha muerto John Lennon.

Como éramos pequeños no entendimos muy bien la gravedad del asunto pero sí recuerdo que tuvimos consciencia de que algo terrible había pasado. Si mi madre no nos llevaba al cole debía tener un motivo importante para ello.

Aquella mañana desayunamos por primera vez tostadas con mermelada alemana. Siempre comíamos galletas pero aquel día Mary Blenk nos preparó un desayuno buenísimo con leche, tostadas y mermeladas de mil sabores. Yo no entendía nada, ¿cómo es que mi madre tenía tantos tipos de mermelada alemana si nunca nos la ponía para desayunar? Y ella tampoco comía jamás tostadas, mi madre nunca desayunaba en casa, que yo recuerde… Lo curioso del caso es que los tarros de mermelada estaban todos empezados, absolutamente todos… y les faltaba más o menos la mitad a cada uno. ¿Quién demonios comía mermelada alemana entonces en aquella casa? Frank Blenk –mi padre- tampoco podía ser porque hacía años que no asomaba por casa, era algo así como un cartero-escritor maldito que vivía en algún lugar cercano a Londres. Pero nunca supe dónde exactamente.

Así que la mañana en que murió Lennon yo estaba divagando con la vista puesta en los ocho o nueve tarros de mermelada que mi madre había ordenado sobre la mesa de la cocina.

- ¡Carolina! ¡Deja de dispersarte de una vez!, ¿quieres?

Mi madre siempre me pillaba cuando me dispersaba, lo odiaba. Era como no poder tener secretos. Sólo podía dispersarme tranquilamente cuando salía de casa o escribiendo. Como ahora.

Me comí diez tostadas (repetí la de fresa) y me senté en el sofá. Nuestra madre nos puso God en el tocadiscos y recuerdo que la vi llorar por segunda vez en mi vida. Y así fue como en una mañana aprendí el inglés básico de las canciones. Ese que se ciñe estrictamente al I need you, I miss you so, I hate you, I love you, etc. Gran logro para una cría. Pero mi mente no podía dejar de pensar en quién se comía la mermelada en casa… aquello me parecía mucho más extraordinario y necesario que rezarle al beatle muerto.

Y hoy, veintiséis años después, he vuelto a ver aquellos tarros de mermelada. Los mismos tarros de mermelada. Idénticos. De Alemania. Como si no hubiera pasado el tiempo. Ha sido en casa de Elena, a la hora del desayuno.

- ¿Y esta mermelada?
- Es alemana, buenísima.
- Ya, ya, eso ya lo veo pero, ¿de dónde la has sacado?
- Me la ha traído mi madre de su pueblo. Por lo visto de joven sólo desayunaba eso. Una tía rara mi madre, ¿eh? Se ha vuelto loca trayéndome sabores…

A mí se me ha parado el pulso. Elena y yo íbamos al mismo colegio de pequeñas. Recuerdo que su madre era la mamá guiri, la llamábamos así porque era la típica alemana super rubia y,claro, destacaba entre tanta morena. He intentado atar cabos, seguir pistas… no sé, ella y mi madre a veces hablaban a la salida del colegio, mientras nos esperaban…

- Ei, ¿Carol?
- ¿Qué?
- Tía, que te has quedado embobada, ¿estás bien?
- Sí, sí, perdona, oye, me tengo que ir, ¿vale? Te llamo luego, que este viernes estoy sola en casa, podrías quedarte a dormir…
- Bueno, te digo algo…

He salido de casa de Elena con sensación de ahogo, de detective que está a punto de descubrir algo impresionante… Hay algunas historias que te pillan por sorpresa y no sabes bien cómo reaccionar.

Después, en el tren, me he dado cuenta de que he dejado a Elena con las tostadas intactas sobre la mesa…

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