Tus pistas, mis pistas…




(El amor distrae, el amor confunde…)

Mi vecina tiene una lavadora que se pasa la noche trotando. Lo malo es que a veces trota por mis sueños y entonces me despierto inquieta, como si me hubiera tragado un dado (a ver si sale un cinco y me toca salir ya)

Esta mañana mi ojo izquierdo parecía la bandera de Euskadi (blanco, rojo, verde) Me había entrado agua y me dolía. Me he dormido y no me ha dado tiempo casi de desayunar. La lavadora trotando… Mientras me lavaba los dientes me he contado una historia de viajes en la que ella me decía haz las maletas, vámonos lejos, pero será una sorpresa, no te pienso decir el destino. Y yo con la boca llena de pasta de dientes -real y ridícula- sonreía ante el espejo y pensaba esto lo voy a recordar todo el día.

Hemos vuelto del hospital, hacía mucho calor, demasiado para mí, que no soporto el verano. Los bebés recién nacidos parecen de cristal, no he podido coger a la niña porque me daba miedo, tan frágil… Hemos vuelto en coche desmontando teorías de estabilidades fingidas, embarazos, felicidades premeditadas y vidas carentes de suerte. Menos mal que aún conservamos una parte completa de humor cínico y libertad.

Por la noche la he imaginado volviendo a casa con gesto cansado, enviándome un mensaje sorprendente, fumándose el penúltimo cigarrillo del día, sonriendo a la autopista, cambiando las marchas con firmeza… y entonces ha sonado Chet Baker y sabía que también sonaba para ella… y me he dado cuenta de que no había planeado su aparición en el post pero que finalmente ella se acaba colando por cualquier rincón, por cualquier rendija, aprovechando la luz, o la oscuridad, porque da igual, porque siempre lo consigue… siempre llega… siempre aparece y eso, para mí, es increíble.

¡Ay, l'amour, l'amour!...
Cogéis un lápiz y os creéis fantásticos
¡Yo también sé decir cosas!
¡Yo también soy maravillosa!
¡L'amour!

Y si es aburrido, yo lo haré divertido...




Me quedo en una esquina mirando cómo arrancas el coche. Tardas un ratito en salir. Yo me siento un poco como una espía que vigila tus gestos, que está atenta ante cualquiera de tus movimientos. Para salvarte de un posible peligro invisible. Te arropo con los ojos. Te hablo mentalmente y tú me escuchas también mentalmente. Y nos escribimos con un código nuevo, mezcla de morse, braille y lenguaje de signos. Tocada y hundida.

Lo mejor de todo es que ha pasado el invierno sin tomar prisioneros -como canta Nixon- y tú y yo hemos salido del naufragio con los vaqueros secos y el pelo mojado.

Soy una equilibrista miope algo torpe. Tú me das la mano desde el otro lado y me regalas unas gafas nuevas de color rojo. Ahora no me importa no combinar los colores. El invierno no ha conseguido vencernos.

Ojoscanica



Anoche hablé con la chica de los ojos de canica. Me lo contó todo, y lo cierto es que la creí. Me explicó que por fin ha conseguido llorar, que llora en la cama, que llora mientras desayuna, que llora camino del tren y cuando lee los mensajes del móvil. Me dijo también que alguien le ha regalado un medidor de dolor y que al principio no le prestó demasiada importancia. Pero anoche lo probó y resultó ser un buen invento. Su dolor estaba al máximo. Se preguntó cómo estaría el dolor de ella. Seguro que al máximo o más, probablemente el medidor se habría desbordado.

La chica de los ojos de canica nunca quiso hacer daño. Siempre se había jurado que no cometería los errores de otros, lo que siempre había criticado, lo que siempre había odiado. Ahora todo es diferente. El desenlace no es el que había imaginado, ¿quién ha sido el imbécil que redactó el guión? ¿Por qué no me dejásteis de secundaria? El papel de protagonista le pesa demasiado a la chica de los ojos de canica. Se ha vuelto tan pequeña que sólo se ven canicas en su rostro. Canicas brillantes, limpias… el resto es oscuro.

La han dejado de lado, la han criticado, apenas nadie se ha puesto en su lugar… y es lógico. Que nadie la aplauda, que nadie la abrace, que nadie le proponga un café para contar penas. En el fondo lo tiene bien merecido; los premios, para los limpios de alma.

Ayer cuando la vi estaba muy seria. Fumaba sin parar y sonreía con asco. Las canicas me miraban interrogantes, como esperando un consejo, una ayuda… un algo. Y entonces pensé que ella también era una sola, como lo somos todos. Así que me la llevé a cenar y nos emborrachamos las dos mientras llorábamos por ella. Y a ella le dedicamos el último llanto del día y pedimos que la primavera la ayude. Y que llegue el verano y consiga despertar limpia de penas.

Incógnitas necesarias




Lo mismo era necesario que tuvieran que pasar diez años para que un mensajero enviara la canción a su destino.

Y que así los centinelas se quedaran dormidos... sssshhhsss...

Una temporada en el infierno


Soy una detective sin glamour, cierto. Me lo ha dicho Elena y siempre hago caso de lo que ella me dice. Ni siquiera me gusta el whisky. Ni siquiera iré al cielo. Elena se ha reído, las dos iremos al infierno, le he dejado a ella el ático y yo me he pedido el primer piso. Dice que en el infierno nos vamos a encontrar todos, que seremos muchos. Creo que nos hemos fumado más de cinco paquetes de tabaco en unas tres horas. Dios, soy tan hiperbólica que a veces me canso de mí misma.

Ella está triste, lo sé aunque no se lo haya dicho. Yo estoy triste, lo sé aunque no me lo haya dicho. Me gusta la gente que te dice las cosas a la cara, la gente que no te miente, la gente que te escupe las verdades sin masticar. Pocas personas quedan así. La noche va a ser larga, lo sabemos.

Ojalá todo fuera tan sencillo como saber cuándo colocar un punto y coma y cuándo una sola coma. El punto marca la diferencia, ten cuidado, porque si lo colocas mal puedes variar el sentido. Qué lúcida estoy con algunas copas de más. Qué valiente.

Dos ostras



Qué más puede darte el mundo
Si cada segundo es una primera vez
Somos verdaderos gigantes…

Ey, créetelo, valiente…

Como si me hubiese puesto la ropa del revés.
Como si los trenes hubieran invertido su recorrido
Y todo fuera ahora a cámara rápida.
Como si me hubiera desaparecido la miopía al verte de cerca.

Me gustó tanto encontrarte en el cumpleaños de Ronaldo
Que fui por una noche la tipa de las manos risueñas
Y te invité a una tónica mágica.

Ahora me dedico a esperarte en mi castillo
Atrincherada, sin dormir apenas,
Redactándote cartas en las que te explico
Cómo invierto el tiempo que no pienso en ti.

Ya no necesito fabricarme historias perfectas.

Márcame como spam



Hace algunos meses me preocupaba porque no tenía apenas nada estable en mi vida. Ahora, marzo me ha descolocado, me ha pillado indefensa, sin armas bajo la chaqueta y con los ojos entreabiertos. Todas las canciones hablan de mí, todas las pelis que empiezo a ver y que no acabo me recuerdan a ti. Parece que el mundo se empeña en subrayarnos, en escribir nuestros nombres en cursiva, en hacer que rimen las despedidas de nuestros mensajes. Me atraganto yo sola de tanta cursilería. Y me odio a mí misma por pronunciar frases tremendamente nostálgicas. Tierra, trágame pero ya.

Tal y como imaginaba, te encajan todas las acepciones del verbo…

Encantar:

(Del lat. incantāre).
1. tr. Someter a poderes mágicos.
2. tr. Atraer o ganar la voluntad de alguien por dones naturales, como la hermosura, la gracia, la simpatía o el talento.
3. intr. Gustar en gran medida, agradar mucho.

Vámonos a la India de viaje.

PD: Dejo clip de regalo…

Página 22




La chica del pelo azul -Clementine- me da el diario como cada mañana. Luego, en el tren, intento leer algo pero no puedo porque me mareo así que no me queda más remedio que observar cómo leen los otros pasajeros. Hay una chica de pelo larguísimo que se sube y se baja en la misma estación que yo, cada día sigue la misma rutina. Toma un café rapídisimo en el bar de la estación y luego se pone a leer un tocho de libro (no he llegado a saber el título porque lo lleva como escondido). El señor semicalvo que siempre siempre siempre viste la misma cazadora raída y sucia. Haga lluvia o haga sol. Me parece un señor muy triste.

Aún a riesgo de marearme, he leído tu horóscopo: "el conocimiento de una excelente noticia altera tus planes para el día de hoy". Me he puesto a divagar pensando en qué noticia sería esa, cuando me fijado en una chica que leía un libro, de pie, entre la gente. Y he pensado que porqué estaba de pie, si había sitios libres.

...Y entonces he llegado a mi parada, ella me ha dejado pasar y me ha guiñado un ojo en negrita.

Tanka, que no tanga

Bueno, sí, lo reconozco, soy de esas tipas que se pican con estas cosas… Iurema me ha dejado el último meme, un poco complicadillo, la verdad, pero lo he pasado bien. Ahí lo dejo:

para arrancarme

hoy algo más de historias

ya sólo debes

invadir, tú, mi cama

y dejar ver, yo, mi piel


Las reglas del juego son:

Cada jugador invitará a dos participantes, indicando las reglas del juego y avisándolo en su blog.
El invitado al que se pasa la estafeta, iniciará la composición con la frase pivote del participante anterior, quien deberá resaltarla con cursiva y en color rojo.

La forma será de Tanka (tipo de poesía tradicional japonesa). La estructura constará de cinco versos de 5-7-5-7-7 sílabas. Un tanka puede ser un texto, dividido en cinco partes, usando treinta y una sílabas o menos, permitiendo que fluya la prosa peótica dictando la longitud de las síneas que quedarán separadas por sigos de puntuación. La disposición de las sílabas puede ser irregular pero siempre conservando el mismo número de versos. El invitado elegirá la unidad rítmica que prefiera.

Debe existir el concepto de pivote o eje del poema: en algún punto de la tercera línea va a existir una imagen que relaciona o liga las dos primeras líneas con las últimas.

El tema será libre.

Cada participante debe señalar el blog del que proviene y enlazar los blogs de los participantes.

Nunca mando los memes pero esta vez haré una excepción porque… me apetece leer lo que le pasará por la cabeza a La Dietrich y a Paola Vaggio.

Sin conocer bien tu misión...




Las nubes como tú nunca se ven...

La culpa fue de marzo






Me invade un cabreo finjido porque me digo a mí misma que no voy a escribirte más. Me tomo un café sin azúcar a ver si se me borra la mueca que me distorsiona los labios. Siempre quise ser rubia, pero eso tú ya lo sabes. Siempre quise hablar con acento de algún lugar más definido. Pero no, que no deseo evadirme del tema. En el momento en que me he puesto a hablar de ti, me he sabido perdida.

Esta mañana me he subido en unas escaleras mecánicas. Ellas bajaban y yo subía. Qué difícil era, no lo he conseguido. Lo mismo, contigo. Hago malabarismos para no pensarte. Para no quemarme el cerebro pensando horarios de metro, de autobuses, de gasolineras perdidas… pero no lo consigo. Ya no tengo fuerza de voluntad ni buenos pensamientos. Hace días que veo tu cuello en blanco y negro en la barra del bar donde tomo café, en el quiosco donde compro un diario, en una compañera de trabajo, que no eres tú. Lo malo es que ahora ya no lo imagino, lo terrible es que ahora ya lo veo.

Y te pregunto mentalmente si hoy has dormido bien, qué vas a comer, qué ropa te has puesto o a quién le has dado un beso. Y yo sé que tú en el fondo me oyes, que aunque te empeñes en disimular, algo intuyes. Y aprovecho ese segundo del día en que coincidimos mentalmente para explicarte -rápido, muy rápido- que me duele todo, que me duele mucho, que el estómago se me ha encogido… y que tengo miedo.

Pero me olvido del miedo y me visto de dj para poder enviarte una canción cualquiera que te diga todo y que te diga nada, que te haga retroceder y avanzar a partes iguales. Una canción que te confunda y que te desespere. Porque quiero que estemos empatadas, quiero contagiarte como una egoísta mi dolor de estómago y que te duela, auque sea, la mitad que a mí.

Qué guapo era Kurt Cobain.

no recordarás nada durante el día…

«A veces, en otros sueños, he creído que no eres sino una estatuilla de bronce en el rincón de algún museo. Tal vez por eso sientes frío»

Me he confundido y he pensado que te había visto mirando en la sección de discos. He comprado uno de los Pixies que estaba de oferta y luego he imaginado que te acercabas por detrás y me preguntabas ¿qué tal está este de Sidonie? Y yo te contestaba no lo sé, sólo conozco un par de canciones. Tu cara era mitad de enfado, mitad de sueño.

Luego he ido a la sección de cine pero no tenían lo que buscaba. Has pasado por mi lado y te has acercado al mostrador, pidiendo exactamente el mismo título. Para ti sí tenían esa película. Me has hecho una mueca, has pagado y te has ido sin decir ni mu.

He cogido el tren y me he puesto a descifrar pistas pendientes, libreta y bolígrafo negro en mano. Estaba concentradísima cuando he recibido un sms: bájate en la próxima parada, por favor. Nerviosa y feliz me he bajado, pero se ha puesto a llover. Y llovía sobre mis zapatos nuevos, pero no sobre mi ropa. Alguien se empeña en que no camine.

Por el camino he recordado que ayer no sabía en qué letra del abecedario ubicar tu nombre. Así que decidí no ubicarla en ningún lugar concreto, dejar que se acomode donde prefiera.

No estabas esperándome en esa estación. He caminado hasta la siguiente y tampoco estabas. Mi nombre ha perdido un par de letras por el camino y he sentido miedo. De volverme pequeña, de gastar las monedas del bolsillo, de quedarme sin pintalabios… Un señor mayor me ha dicho que alguien había preguntado por mí pero no ha sabido decirme quién era. Y me he puesto algo desagradable con él porque necesitaba saber si realmente eras tú: pero, ¿tenía el pelo corto o largo? ¿los ojos oscuros? ¿llevaba abrigo? El señor no me sabía responder pero se le notaba que mentía. El temblor de la ceja, el gesto de disimulo al rascarse la nariz. Me he alejado caminando con rabia diminuta.

He regresado a casa colándome en el tren. El trayecto de vuelta ha sido tan lento que me daba tiempo a leer los rótulos de las tiendas, los números premiados en los puestos de la ONCE, la marca de tabaco de las colillas en el suelo…

Y entonces te he descubierto sentada en una marquesina de autobús, helada de frío, sin bufanda, diciéndome hola con la mano y enviándome un solo beso.

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